Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Character:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-12-24
Completed:
2023-01-04
Words:
6,422
Chapters:
3/3
Comments:
23
Kudos:
166
Bookmarks:
3
Hits:
1,404

Bocón

Chapter 3

Notes:

mejor que 2 son 3 dijo lali

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Por el resto de tu día laboral no dejaste de repetir esas últimas palabras en tu mente “ Nos vemos más tarde ”.  ¿Qué quería decir? ¿Iba a pasar por tu oficina? ¿Quería que vos fueras a buscarlo? Todo era muy confuso y después de lo sucedido en la conferencia de prensa no podías hilar un pensamiento coherente.

 

Gracias a Dios el día había sido bastante relajado y no tuviste que forzar a tu cerebro a pensar. Terminaste de recoger todas tus pertenencias y saliste de tu oficina. Como siempre, estaba lloviendo, lo cual no te hubiera molestado tanto si no fuera por el hecho de que tenías que volver a tu casa en transporte público porque a tu auto se le había ocurrido dejar de funcionar hace una semana. 

 

Caminaste distraída por los pasillos del predio hasta llegar a la salida que desembocaba en el estacionamiento, donde también te esperaba la parada del colectivo que debías tomar, y notaste más gente de la que usualmente solía haber en el lugar. Los jugadores siempre terminaban su día o más temprano o más tarde que vos y nunca te cruzaste con ninguno. Sin embargo ahí estaba todo el plantel del Aston Villa, cada uno dirigiéndose a su respectivo auto y ninguno notando tu presencia. Tan disimuladamente como tu desesperación te lo permitió te esforzarte para ver si divisabas al hombre que te había provocado tu lapso mental.

 

—¿A quién buscas?

 

La voz del susodicho te sobresaltó de tal manera que provocó que te dieras vuelta de un salto para enfrentarlo. Te encontraste con que Emiliano se encontraba prácticamente pegado a tu cuerpo y te preguntaste cómo carajo no te habías dado cuenta ¿tanto te rompió?

 

—No me asustes pelotudo.

 

Le pegaste en el brazo. Hace mucho no hacías eso. Se sentía bien, no tan bien como besarlo, pero bien de todas formas.

 

—¿Podes parar de pegarme? Pensé que ya habíamos terminado con esa etapa.

 

El hombre frotó su brazo herido con un puchero. Vos revoleaste los ojos. No cambia más.

 

—Perdón, una vieja costumbre.

 

Sin saber muy bien que decir te dedicaste a mirarlo. Tenía el pelo mojado, seguramente se había dado un ducha luego del entretenimiento porque, gracias a su cercanía, podías oler un aroma fresco y limpio que se desprendía de su cuerpo y su ropa. Además, gracias a que estaban debajo de la parte techada del estacionamiento, la lluvia no lo había alcanzado. 

 

—Te vas a resfriar.

 

—¿Qué?

Estabas tan embobada viéndolo que no te diste cuenta de lo que habías dicho hasta que él te respondió. Tampoco te habías dado cuenta que Emiliano también se había quedado embobado mirándolo. Al final, parecían dos boludos parados en silencio mirándose como dos adolescentes hormonales.

 

—Tenés el pelo mojado, te vas a resfriar.

 

—Ay, mi amor ¿ahora te preocupas por mi?

 

Por primera vez en toda su relación el arquero esquivo tu golpe. Detuvo tu mano, envolviendola con la suya y te acercó aún más a su cuerpo, lo que parecía imposible porque ya estaban muy cerca. Contuviste la respiración. La cercanía era tal que podías escuchar su corazón, parecía que iba a mil por hora y el tuyo seguramente estaba igual o peor. Otra vez tus ojos se dirigieron a su cara, pasando por cada una de sus facciones rápidamente para poder recordarlas para toda tu vida: sus ojos marrones, sus labios donde se comenzaba a formar una sonrisa… 

 

—¿Querés venir a comer a casa?

 

La repentina pregunta logró que vuelvas a la realidad, tomando una bocanada de aire para recuperarte, te separaste ligeramente del hombre, pero continuaste mirándolo a los ojos. 

 

—¿Me estás invitando a cenar a tu casa?

 

—Sí boluda, ¿qué estás, sorda?

 

—Tratame bien porque no voy un carajo hijo de puta.

 

—Bueno eh, tratame bien vos también.—Emiliano quería hacerse el ofendido, pero no pudo evitar la risa que le causabas. Y vos no pudiste evitar soltar una sonrisa frente a su reacción.—Bueno ¿venís o no?

 

—Sí, obvio, me re cago de hambre.

 

Para no revelar de qué era de lo que en realidad tenías hambre, te diste vuelta, dándole la espalda, y corriste un poco para llegar rápidamente al auto de Emiliano. Gracias a todos los santos, él no era tan estupido como vos lo acusabas de ser y te siguió instantanemante. Con un botón, abrió las puertas del vehículo y los dos se metieron dentro, resguardandose de la lluvia. 

 

La radio se prendió junto al motor y una canción de Taylor Swift comenzó a sonar. Vos, swiftie medio enferma, no ibas a decir nada, ya que pensabas que era una casualidad de la vida que un estación de radio inglesa estuviera reproduciendo London Boy , pero el segundo que tus ojos conectaron con la radio te diste cuenta de que se estaba reproduciendo un disco. ¿Es joda? Te giraste a verlo con una ceja levantada.

 

—¿Qué?

 

Emiliano claramente no entendía tu mirada interrogativa, así que apuntaste al aparato de donde salía la música divertida.

 

—¿Qué me estás haciendo, una joda para videomatch?

 

Ante tu gesto y tu tono de voz burlón, el hombre decidió hacerse el ofendido.

 

—¿Tenés un problema con que me guste la Taylor?

 

No pudiste contener la carcajada que salía de tu boca, ni el gritito que la acompañó.

 

—AAAAAAA NO NO LO PUEDO CREER QUE TE GUSTE TAYLOR SWIFT ES UN MONTÓN.

 

Emiliano te miró entre extrañado y divertido mientras trataba de manejar el vehículo en las calles mojadas de la ciudad inglesa.

 

—Flaca, estás enferma vos.

 

La situación totalmente ridícula mezclada con tus nervios se manifestaron en las lágrimas que se acumulaban en tus ojos mientras la risa no cesaba.

 

—Si, un poco enferma estoy si me gustas vos.

 

La confesión salió entre risas antes de que te dieras cuenta. Emiliano se quedó callado ante tus palabras y se giró para verte, con una expresión imposible de leer. Vos también te quedaste callada cuando te diste cuenta. Le devolviste la mirada, asustada por la reacción que podría tener ante lo dicho.  

 

Para tu sorpresa, el hombre comenzó a reírse y su risa era tan contagiosa que provocó que la tuya regrese.

 

—¡Vos también me gustas tarada! 

 

Te reíste más fuerte, y él también.

 

Las lágrimas brotaban de tus ojos y en tu ataque de risa histérico no podías controlar tu cuerpo. Ya no sabías si llorabas de la risa o de emoción, pero simplemente dejaste que todos tus sentimientos se manifestaran en lo que probablemente sea el viaje en auto más raro de tu vida. Te estabas mostrando completamente vulnerable ante el hombre que muchas veces habías llamado tu “enemigo mortal” mientras él se reía junto a vos y Taylor Swift cantaba sobre amar a alguien tanto que duele en el fondo.

 

El viaje consistió en ataques histéricos de risa y silencios cómodos. Por suerte no fue tan largo y luego de unos minutos llegaron a la casa de Emiliano. Él salió primero del auto y lo rodeó rápidamente para poder abrir tu puerta, como todo un caballero te ofreció su mano y vos la tomaste sin pensarlo dos veces. 

 

Caminaron de la mano hasta la entrada de la casa, él no te soltó ni para abrir la puerta e ingresaron juntos a su hogar. Apenas entraron, un perro apareció corriendo desesperado por ver a su dueño. Ahora si, Emiliano soltó tu mano para poder arrodillarse y acariciar al animal que festejaba la llegada del hombre. 

 

—¿Qué pasó? ¿Qué pasó mi amor?

 

La ternura y amor que le demostraba al animal te derritió. Literalmente, porque te dejaste caer al suelo para poder estar a su altura. 

 

—Mi vida más tierno ¿cómo se llama?

 

Tu pregunta pareció hacerle acordar a Emiliano que estabas ahí porque se giró a verte y el movimiento permitió que el perro se diera cuenta de tu presencia. Inmediatamente dejó a su dueño para ir a investigar a la extraña moviendo la cola de lado a lado.

 

—Skyla.

 

—Hoooola Skyla, hola chiquita.

 

Como te era costumbre a la hora de interactuar con un perro empezaste a hablarle como si fuera un bebé. Se ve que a Skyla le gustaba ya que se tiró al piso para que puedas acariciarle la panza. Lo hiciste gustosa mientras Emiliano se paraba y se adentraba más en su casa.

 

Muchas caricias después, el animal decidió que era más divertido investigar los sonidos que venían desde otro lado de la casa y vos decidiste seguirla. La perra te guió por el lugar hasta llegar a la cocina, donde te encontraste con una escena maravillosa: Emiliano, con un delantal, cocinando.

 

—Aaah bueno, ¿me estás cocinando?

 

El hombre se sobresaltó al oír tu voz y giró la cabeza para mirarte mal. Te acercaste hasta quedar a su lado y apoyaste tu cuerpo sobre su costado para poder ver que estaba haciendo. Canelones. Sentías que te desmayabas, era el mejor día de tu vida.

 

—Amo, amo los canelones.

 

Sonreíste mientras pasabas los brazos por su cintura para poder abrazarlo. Emiliano dejó salir una risita y sentiste como todo su cuerpo se movía con el ruido. 

 

—Que bueno porque no tengo otra cosa.

 

Te separaste y le diste un golpecito. Como siempre, reaccionó como si le hubieras pegado un tiro.

 

—Que tarado que sos ¿ya te dije que sos un tarado?

 

Lo dejaste terminar con su tarea y te sentaste en una de las banquetas que rodeaban la isla que se encontraba en el medio de la habitación, frente a la mesada donde Emiliano se encontraba acomodando los canelones en una bandeja.

 

—Me lo decis todos los días amor.

 

—Ah, ¿ya nos vamos a decir amor?

 

El hombre metió la bandeja al horno y sin decir una palabra se dirigió hacía donde estabas sentada. Vos te giraste a verlo mientras él se poscionaba frente tuyo, encerrando tu cuerpo entre el suyo y la isla. Deja vú.

 

—¿Cómo preferís que te diga?—Susurró y, lentamente, se acercó para darte un beso en la frente.—¿Mi amor?—Un beso en tu nariz.—¿Mi vida?—Un beso en tu mejilla izquierda, ya habías dejado de respirar.—¿Linda, preciosa, hermosa?—Tu mejilla derecha, estabas segura de que habías muerto y estabas en el cielo.—¿La mujer de mis sueños, el amor de mi vida?

 

Ya no podías más, te estaba torturando, era injusto y te sentías mareada y lo querías matar. Pero no podías matarlo, así que hiciste la segunda mejor cosa: te abalanzaste sobre él y lo besaste. Emiliano respondió inmediatamente tan desesperado como vos y no tardó ni un segundo en profundizar el beso.

 

Rápidamente, el hombre te alzó en sus brazos y vos te aferraste a su cintura con tus piernas. Sin separarse ni por un milímetro, Emiliano te llevó a su habitación. No supiste distinguir si esta estaba cerca o lejos de la cocina, donde Skyla se había quedado hipnotizada por la comida en el horno completamente indiferente a las acciones de los humanos de la casa. Estabas tan perdida en la sensación de tener su boca sobre la tuya, su lengua junta a la tuya que dejaste de prestar atención a tu entorno. 

 

El hombre te apoyó suavemente sobre la cama y posicionó su cuerpo sobre el tuyo. Lentamente, separó sus bocas para poder dejar besos húmedos por todo tu cuello. Desesperada e impaciente comenzaste a desabrochar los botones de tu camisa para otorgarle nuevos lugares para besar. Cada pedazo de piel que era descubierto era premiado con un beso. Emiliano se deshizo habilidosamente de tu corpiño y se dedicó a besar, masajear y morder cada una de tus tetas. Al primer contacto de sus dientes en tu pezón soltaste un chillido, ganándote la increíble sensación de su lengua pasando por el mismo.

 

Aunque agradecías infinitamente la devota atención a tus pechos, necesitabas más. Elevaste tus caderas para poder sentir un poco de fricción entre tu punto más sensible y su pene, que por lo que pudiste sentir, ya se encontraba erecto.

 

—Emi…

 

Tu voz salió como un jadeo entre todos los sonidos de placer que se escapaban constantemente de tu boca. Emiliano alzó su mirada desde donde se encontraba, vos tiraste de su pelo para obligarlo a desprenderse de tu teta y lo guiaste hasta tu boca para besarlo. Con tu mano libre tiraste del borde de su remera hacia arriba, el delantal hace rato que se encontraba tirado en el piso junto a los zapatos de ambos, no sabes muy bien cuándo o cómo se los habían sacado, pero no te importó mucho cuando finalmente entre ambos pudieron deshacerse de su remera. Pasaste tus manos por todo su cuerpo cuando volvieron a unir sus bocas, él no se quedaba atrás: acariciando todo lo que alcanzaba a tocar, hasta que llego a tu pollera y comenzó a tirar de ella hacía abajo llevándose consigo tu ropa interior que había logrado enganchar con sus dedos. No ibas a permitir ser la única que estaba quedando completamente desnuda y, aunque Emiliano ya había colocado su pulgar sobre tu clítoris, no era suficiente, así que tiraste de su pantalón y de su boxer. 

 

—Que impaciente que sos.

 

Para lo único que se separaba Emiliano era para hacerte burla. Que tipo insoportable.

 

—Callate pelotudo. 

 

Ya se estaba riendo cuando comenzaste a tocar su miembro, dejándolo mudo.

 

—Si esta es la única manera de hacerte callar voy a empezar a hacerlo más seguido. 

 

—Callate tarada.

 

Las palabras le salían entrecortadas, haciéndote sonreír. Volviste a tirar de su pelo con tu mano libre para seguir besándolo, desde la primera vez que en lo único en lo que podías pensar era en besarlo, era como si te hubiera engualichado. Lentamente (seguramente para molestarte), Emiliano se introdujo dentro tuyo y aquello que estuviste añorando desde ese día en tu oficina se volvió a dar. 

 

El mundo se detuvo y todos los sonidos del mundo se callaron para dar pasó a los jadeos y gemidos que salían de sus bocas. El tiempo se ralentizó, los minutos se convirtieron en horas y todos los pensamientos se confundieron perdidos en una sensación de placer incomparable. 

 

Otra vez, como si ya fuera costumbre, ambos alcanzaron su clímax al mismo tiempo. Emiliano se dejó caer agotado sobre tu cuerpo y vos aprovechaste para hacerle mimitos en el pelo. No dijeron una sola palabra, dejando que sus respiraciones aceleradas hablen por ustedes. Hasta que Emiliano lo tuvo que arruinar levantándose repentinamente. 

 

—¡Los canelones boluda!

 

Lo miraste confundida hasta que recordaste la comida que habían dejado cocinándose en el horno. Te reíste, divertida ante la situación y todavía un poco tonta por tanto placer. 

 

—No te rías tarada porque no hay nada para comer.

 

El hombre se levantó rápidamente y poniéndose su boxer otra vez se fue desesperado a la cocina para ver el estado de la comida. Vos te quedaste en la cama todavía sonriendo como una idiota. Como no querías comer desnuda, te volviste a poner tu ropa interior, pero no te pusiste tu camisa, sino que te acercaste al ropero de Emiliano y comenzaste a buscar una de sus remeras. 

 

Bingo.

 

La camiseta de la selección argentina con tres gloriosas estrellas doradas y las palabras “Campeones del mundo” escritas se encontraba al alcance de tus manos y no dudaste ni un segundo en ponertela. Te quedaba enorme, obviamente, y olía como él. Te acercaste la tela a la nariz para poder sentirlo más.

 

—¡Amor! ¡Vení que no se quemaron! ¡Tanto!

 

La voz de Emiliano te sacó de tu ensoñación. Sonreíste.

 

—¡Ya voy amor!

 

Te podías acostumbrar a esto. Por favor Dios, hacelo durar.  

Notes:

hermanas 🙏 esta va a ser la última parte espero que les guste 🫶 muchas gracias por todos sus comentarios las amo feliz año

Notes:

feliz navidad hermanas 💋