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We are not broken

Chapter 3: Weird lonely cowgirl

Summary:

No estamos rotos, no seguimos cada uno por nuestra parte pero... ¿quién es parte de qué?

 

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Final de We are not broken - Primera saga dentro de Into the Apocalypse: Stories about Life and Death series.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

—0—

 

Recuerda que hubo un momento en el que le dolían tanto las piernas que pensaba que caería al siguiente paso. Pero no ocurrió, siguió andando, luchando, mojándose, pasando hambre, cazando, respirando,… Algunas veces incluso dormía más de una hora seguida.

Estaba sola en medio de la nada pero los edificios de Atlanta nunca desaparecían de su vista. Debía llegar allí y encontrar a más personas.

Necesitaba creer que Norman y ella no eran los únicos.

Que ella ahora no era la única.

 

—0—

— ¿Por qué no está ella aquí?

— Lo hemos estado pensando, nosotros no somos así.

— No contéis conmigo—ladra el cazador.

— Podemos llevarlo a cabo cualquiera—susurra Michonne.

— No, Daryl no está diciendo eso. Simplemente quiere…

— ¿Me oís? Si alguno intenta hacerle daño, le mataré.

Da tres pasos, enfurecido. Rick observa a su hermano de sangre, es un tío con un corazón enorme que siempre antepone a todos y todo a sí mismo. Hay algo poderosamente animal en él, como si el grupo fuese su manada.

— Y entonces, ¿sencillamente lo dejamos como está?—Maggie interviene.

— ¿Sabes tú si puedes sobrevivir a que te muerda un caminante?—Dixon la mira con intensidad.

— No.

— ¿Quieres que lo probemos?—aferra por el hombro a Glenn, quien agacha la cabeza – No tendremos que caminar mucho para encontrar uno de esos putos zombies buscando un aperitivo exótico.

— ¡Daryl!—grita Carol — ¡No es lo mismo!

— ¿Ah, no? ¿Por qué no?—suelta al koreano y se enfrenta a la mujer.

— No es de los nuestros.

— ¿Vales tú más que ella?—se acerca tanto que sus rostros podrían tocarse.

— Estamos juntos desde el principio, Pookie—Peletier intenta acariciar uno de sus brazos desnudos pero el trampero la esquiva.

— De verdad, Carol, ¿crees que valemos más que ella?—se mantienen la mirada.

— ¡Venga, chicos! Esto no trata de eso, no es…—el alguacil intenta apaciguar los ánimos.

— Sí—afirma la mujer y Daryl parpadea varias veces seguidas, incrédulo. Se muerde los labios y camina nervioso, incapaz de mantenerse quieto. Claro que no todas las vidas tienen el mismo valor: los del Grady, el Gobernador, los Lobos,… Hay muchos que se merecían morir incluso antes del evento. Incluso es posible que algunos de los supervivientes de ASZ en el caso de tener que elegir, acabasen lejos de su mira.

Sentía que no podía hacer lo mismo con Debs. Ella se merecía un puto refugio, un grupo que no quisiese diseccionarla como si ya estuviese muerta. Y ese lugar nunca lo encontraría junto a Carol.

Daryl apreciaba mucho a Peletier, fue su primera amiga, su confidente. Incluso los otros siempre bromeaban con su posible relación sentimental y le daba igual. Era su compañera. Sin embargo, cambió. Se alegraba que fuese más fuerte, que no se considerase una carga, pero le apenaba que hubiese perdido la humanidad en el camino.

— Chicos, si nunca hubiese descubierto que es capaz de sobrevivir a la mordida, ¿la habríamos dejado entrar en el grupo?— todos los ojos se dirigen a Glenn, con caras de desconcierto—Pensadlo. Nos estamos enfrentando por algo que no cambiaría su valor como miembro aquí.

— Es buena en las incursiones y tiene una puntería estupenda—la voz de Carl es un invitado para el que nadie estaba preparado. Mira a su padre, el cual pasa el brazo por sus hombros—Siempre echa una mano a todo el mundo. A mí me da igual si es inmune o no.

 

—0—

 

— ¿Y bien? ¿Ya tienen veredicto?

— No bromees.

Descruza las piernas y salta de la valla, advirtiendo la cara de funeral que trae. Bueno, a decir verdad, sabe que el cazador no suele tener una expresión amable pero nota su preocupación. Es como un zumbido que la conecta a él, una vibración que se extiende entre ambos. A menudo tiene la sensación de estar dentro de una jauría y de que él es el único que daría dentelladas al aire por ella frente al resto del grupo.

— ¡Ey, Dixon! Dime algo. —aunque intenta sonar despreocupada, el silencio de su compañero la intriga. Daryl la mira con esos ojos donde permanentemente vive el sufrimiento y aparta sus pocas pertenencias a un lado—No pienso irme otra vez, Daryl…

— Trae tus cosas—la chica cruza los brazos ante el pecho, estoica—Dormirás conmigo.

— ¿Así? ¿Ni una caja de bombones o un ramo de rosas?—le da la risa pero no se la contagia al trampero— ¿Por qué?

— Tú sólo ven—se rasca la cabeza, incómodo—Nos quedaremos juntos no en el mismo justo lugar, yo no pretendo nada, si…

— Está bien—en ningún momento ha pensado que las palabras de su amigo guardasen alguna intención oculta. Es un hombre con unos modales de mierda, sí, pero noble como pocos. Tampoco será un gran traslado, ella duerme normalmente en el círculo común que hacen para protegerse y el sureño lo hace apartado, buscando siempre un lugar con buena visibilidad, no demasiado lejos del grupo pero lo bastante para sentir que estaba a su aire.

Cuando se gira para recoger sus escasas pertenencias, el trampero apisona la tierra para que sea algo más cómoda y tira su esterilla de manera horizontal, para que sirva de triste colchón a ambos.

 

—0—

 

Se encuentran espalda con espalda, sin tocarse. Intuyen que ninguno duerme.  Deb se vuelve primero y permanece un rato observando las alas del chaleco.

— No te fías de ellos ahora, ¿por qué?—su susurro cerca de sus omóplatos, aún protegidos por las prendas, le despierta una sensación de desasosiego en la boca del estómago.

— Yo no he dicho que no me fíe—el hombre se mueve, quedando extendido boca arriba y coloca los brazos tras su nuca.

— Ya y por eso me has sacado de allí, ¿no?—intuye su media sonrisa recortada por la luz de la luna— ¿O me están alejando de ellos por su bien?

— No—ladea la cabeza para buscar su cara en la oscuridad, apenas puede distinguir claramente la mitad de su rostro. No importa, sabe que podría reconocerla aunque estuviese tapada del todo, de cierta forma, es como si le perteneciese—Sólo intento protegerte.

— No—traga grueso—No hace falta que te enemistes con tus amigos por mí, Daryl. Son tu gente, has estado con ellos desde el comienzo y yo siempre seré una extraña.

Su mirada sigue posada en ella, ya sabe que la escucha pero también que ha tomado una decisión y que no va a recular. Ha apostado por la chica rara, la tatuadora reconvertida en “elegida”, la única maldita persona que parece sobrevivir a la infección.

Daryl se vuelve a girar hacia su lado, dando por terminada la conversación.

 

—0—

 

El arma pesa en sus manos, se le resbala por la lluvia, la sangre y las lágrimas. Espera a pesar de sus ruegos, ella es incapaz de no mantener la esperanza en que se levante de nuevo siendo como era.

Su cuerpo va perdiendo la temperatura de la virulenta fiebre y, entre sollozos, a veces le parece que su pecho se mueve. Sin embargo, no. Norman se ha ido.

Tiene que dispararle en la cabeza, han guardado ese par de balas para tal efecto.

Los bosques de las cercanías de Atlanta les protegían hasta que robando combustible, dio con un pasajero inesperado en el maletero de la camioneta. Los intestinos del no muerto colgaban en su totalidad hasta sus pies, como si fuese un gusano al que había picoteado un ave como divertimento.

Ella no le vio y Norman sólo percibió el sonido de la chapa cuando el Walker se le tiró al brazo. Le desgarró más de dos tercios del antebrazo. Deborah le cruzó el cráneo con una vara metálica pero ya era demasiado tarde.

Vagó arrastrando a su amigo todo el día hasta que éste se opuso y la obligó a parar.

— Encontraremos a alguien y te sacaremos adelante.

— No, Debbie, cariño.

Aún recuerda sus caricias en el pelo…

 

— ¿Hacia dónde vas?—al escuchar la voz rasgada de Daryl se queda parada, de pie, a su lado y una lágrima impacta en la chaqueta del cazador—Ven—tira de su mano y vuelve a tumbarse, pero esta vez, rodeada por los brazos del arquero.

 

—0—

 

Rick le da una patada suave en el zapato y abre los ojos. Está despierto desde que notó como Deborah se ponía en pie, tras lo que parecía una pesadilla o un mal recuerdo. No ha logrado conciliar el sueño tras eso y aunque podría decir que con motivo de la preocupación, realmente disfrutaba del momento. Daryl Dixon nunca fue una persona a la que la efusividad y el amor le fueran familiares, quizás su madre a su manera, le demostraba algo. A su pasota y colgada manera.

Su padre y su hermano, salvando las distancias, le habían enseñado que los gritos y los golpes eran una forma de comunicación más que válida. Servía desde para felicitar un cumpleaños como para advertirte amablemente de que habías cogido justo la pieza de fruta que ellos querían.

Merle siempre decía que su hermano pequeño era el mimado de la familia. Eso era mierda: todos estaban muertos salvo él.

Notar la calidez de otra vida pegada a su cuerpo, sentir que para ella los brazos del menor de los Dixon eran una barrera y no una cárcel, que era capaz de tranquilizarse, dormirse y ser vulnerable ante él… De eso es de lo que el trampero disfrutaba hasta la llegada del alguacil.

Se levanta con cuidado sin embargo no puede evitar que ella le mire con una pregunta en sus ojos somnolientos.

— Duerme—le susurra y llevado por todas esas sensaciones, le acaricia el pelo antes de levantarse.

Ella dibuja una sonrisa leve, apenas un fruncido de sus labios y se arrebuja en la manta. Llevaba mucho tiempo sin dormir así y Deborah concilia el sueño de nuevo con facilidad.

—0—

 

—Puedes venir con nosotros, si quieres.

Debs levanta la vista de la camiseta que intenta coser de nuevo. Tendrá ya unos siete arreglos o más y cada vez que mete la aguja, le da la sensación que apuñala el tejido y acorta aún más su vida. Sólo tiene dos camisetas así que intentará estirarlas lo máximo posible hasta que den con alguna tienda o casa abandonada.

Carl sigue mirándola con su hermana en brazos. Por encima del hombro del chico, la tatuadora advierte la vigilancia de Carol y Maggie en la distancia. Los hijos de Rick son los primeros que se le acercan en todo el día y calcula que no serán menos de las dos.

— ¿Necesitas ayuda en algo?

Carl observa como la costura no es una de las mejores habilidades de Debbie. Tampoco es que la materia prima sea la óptima, todos ellos llevan ropas raídas. Su hermana es la mejor parada, en su día encontraron mucha ropa de bebé y es fácil, hallar ropa nueva de niño. Se ve que no suele estar dentro de las listas de elementos a cubrir. A veces piensa que su hermana puede ser el único bebé del mundo tras el evento.

— No pero no es necesario que estés aquí hasta que vuelvan…—el adolescente baja la cabeza y besa la frente de Judith—Nadie va a hacerte nada aunque no esté Daryl.

Deja la camiseta a un lado y sonríe — ¡Ajá! Con que Daryl es mi escolta, ¿no?

— Yo creo que sí—iguala la sonrisa de la chica y sus mejillas se tiñen dando a entender que no sólo piensa eso.

— Bueno, pues parece que “mi escolta” no estaría muy cómodo si hago casi cualquier cosa sin su presencia pero—guarda el costurero en el bolsillo exterior de su mochila y se levanta—no puedo rechazar una invitación de un joven tan atractivo—Carl pone los ojos en blanco pero Debs nota que el rubor se intensifica—Acompañado de una belleza como esta—toca la nariz de la pequeña con la punta de su dedo y ella gira la cabeza al lado contrario—Mmm, ¡qué carácter! ¿Me pregunto de quién lo habrá heredado?

— Se ve que no conociste a nuestra madre.

 

—0—

 

— Puede que te parezca una bruja pero no hemos llegado hasta aquí gracias a gente como tú—el agua apenas puede sacar la sangre de determinadas prendas.

— Ni me conoces.

Desde la perspectiva del chico Grimes sólo están lavando la ropa juntas, de manera distendida.

— ¡Oh, sí, cariño! Te tengo bien calada.

— Y según tú, ¿cómo es la gente como yo?—al pantalón casi le vendría mejor que se lo llevase la corriente a intentar quitarle toda la suciedad.

— Eres débil y sólo te has aprovechado de otros para sobrevivir. Si hubiese sido sólo por ti misma habrías acabado en el bosque hace mucho tiempo.

La mujer mayor no cree que una modernilla como Deborah, una californiana que no sabía seguro lo que eran las responsabilidades, se mantuviese a salvo todo este tiempo. Seguro que inventó esa mentira para poder saltar de grupo en grupo y que fuesen ellos la que la protegiesen. Los menos aptos suelen tener el suficiente olfato para parapetarse tras los competentes y sacrificarlos. Eso no pasaría en su grupo.

— Sé lo que estás haciendo. Daryl tiene buen corazón y te vales de eso para que sea tu…

Asió una de las piedras del lecho del río casi sin pensarlo y al sacar la mano del agua, Carol ya empuñaba su arma.

— ¡Chicas!—el grito de Michonne desde su puesto de vigilancia alerta a los demás. Deborah y Carol se mantienen acuclilladas, una con una piedra alzada a la altura de su hombro y la otra, con la pistola a la altura del pecho.

— Pondré una bala entre tus ojos antes de que intentes siquiera lanzarme eso.

Un “¿crees que me importa?” aletea en los labios de Deborah pero aunque en otro tiempo habría sido su respuesta automática, ahora no puede decirlo sin engañarse. — Si debo morir no va a ser aquí y no vas a ser tú—dice en su lugar, irguiéndose aún con la piedra en la mano.

Carol imita su movimiento y se quedan frente a frente.

— Vamos, dejadlo—grita Carl, corriendo hacia ellas.

— Me importa una mierda que ha pasado aquí pero, tú tira eso—Abraham es el primero que alcanza la posición de las mujeres—Y tú, enfunda de una puta vez.

— No tengo por qué hacerlo, ella no pertenece a mi grupo—responde Carol. El militar alterna la mirada entre ambas. Deborah deja caer la piedra hacia atrás y, desafiando a toda lógica, se acerca un paso más a Peletier.

— No sé por qué quieres verme muerta. Quizás no te gustan mis tatuajes, el color de mi pelo o que me cubra las manos.

— Sabes bien por qué es.

— No—apoya sus palabras con un gesto de su cabeza—Sé la excusa que te das y darás a otros.

—Eres una mentirosa, perra—Abraham desarma a Carol, que opone poca resistencia.

—Ven conmigo—agarra a Debbie del brazo, dejando a la mujer de pelo cano con Maggie y Michonne.

 

—0—

 

—Nada en las trampas.

— Alguna de esas malditas cosas se ha comido nuestras piezas—farfulla Daryl, dándole una patada a media liebre.

—También han roto los mecanismos.

—No es cosa de caminantes, Rick. Mira—Morgan levanta con su vara un par de hojas y vislumbran una W marcada en la base del árbol.

—Abrid los ojos—el alguacil aferra la culata de su arma.

 

—0—

 

 

— ¿Te puedo hacer una pregunta?

—Claro.

— ¿Ha sido siempre así?

— ¿Quién? ¿Carol?—asiente con la cabeza—No, al principio era invisible.

— Cuesta creerlo.

— Pues lo era—Glenn se pasa la mano por su cabello negro.

— ¿Y qué ocurrió?

—Esto—el hombre hace un ademán abierto con las manos que abarca toda el pequeño refugio donde la han recluido—Todos hemos cambiado.

Se instaura otro silencio donde Deborah observa al koreano. Está tranquilo, afilando un cuchillo y limpiando la cincha donde lo lleva.

— ¿Sigues queriendo ponerme a prueba?—él la mira como si no comprendiese y la mujer baja la vista al cuchillo.

— No, ya no—guarda el cuchillo en la funda—Supongo que te debo una disculpa—ella intenta restarle importancia con las manos pero teniéndolas atadas le es difícil—Queríamos usarte de carnada, se nos fue la olla, lo siento Deborah.

— Da igual. No sois los primeros.

— Eso me hace sentir aún peor.

Otro momento en el que sólo se escuchan los sonidos del exterior. Glenn afina el oído, buscando las voces de Rick, Daryl, Aaron o Morgan. Nada.

— ¿Duele mucho?—se miran directamente a los ojos. No hacen falta aclaraciones.

— Deseas estar muerto pero estás tan débil que no atinas a ponerle fin—los ojos de la chica se posan en distintas partes del desvencijado cuartucho—Lo que menos te atormenta es la mordida en sí, es horrible que algo como eso se lleve un pedazo de tu carne pero es dolor físico. Primero tienes la adrenalina a tal nivel que no lo sientes, luego caes en un puto pozo de dolor y tras eso, se vuelve estable—se moja los labios—Lo peor es cuando empiezas a sentirte enfermo, como si fuese una gripe que te atonta y te entumece.

— ¿Y luego?

—Fiebre, pierdes la perspectiva. Dejas de saber que es real o no. Ves a gente que no existe y no llegas a sentir a los que te rodean. El tiempo se desvirtúa, ardes y tus sentidos comienzan a dejar de funcionar. En un momento no oyes, al siguiente no ves, no sientes nada y de repente, vuelve todo el dolor de golpe.

— ¿Y cómo puedes aguantar eso?

— No lo recuerdo, lo último que sé es que siempre quiero que alguien me remate—la mirada de la chica está tan apagada que usa el cuchillo para cortar sus ataduras.

 

—0—

 

—Salvados por los pelos—resopla Aaron.

Tres hombres yacen en el suelo, dos más han escapado y Daryl y Rick corren tras ellos. Morgan se lamenta por haber tenido que presenciar la ejecución, no supo hacerlos entrar en razón. No entendían que podían coexistir, que los vivos no eran el enemigo.

—Vamos—le azuza el rastreador de la ya extinta Alexandría—No sabemos si hay más en su dirección.

—0—

 

— Hola—Maggie susurra para no despertar a Deborah, dormida a los pies de Glenn.

— Hola—responde su marido, besándola— ¿Qué tal todo por ahí fuera?

— Carol no ha dicho mucho. Por aquí, ¿cómo ha ido?—la mujer observa la preocupación en el rostro de Glenn.

— Nos hemos equivocado con ella, Maggie.

— Lo sé. Daryl tiene buen instinto para la gente.

— Sí.

Se mantienen abrazados, compartiendo su calor. Deborah decide seguir haciéndose la dormida, de espaldas a ellos.

— Carol, ella…

— Ya, no la va a dejar en paz.

—Quiere forzar a Daryl a decidirse—la tatuadora hace de tripas corazón para no moverse ni un milímetro.

— Pero él ya ha decidido—el chico envuelve las manos de Maggie entre las suyas—Carol va a tener que aprender a olvidar.

 

—0—

La mujer gorgotea hasta morir ahogada por su propia sangre. En otro momento, el policía se habría sentido conmovido.

—Son ellos o nosotros—murmura para sí mismo.

Daryl recupera dos flechas del cuerpo de otro “lobo” y las limpia en su pantalón. Analiza las numerosas huellas que se entrelazan en esa zona aunque no con la suficiente velocidad.

— ¡Rick!

Un impacto y todo se vuelve negro.

 

—0—

 

Carl le ha traído un par de bayas comestibles.

— Lo siento, mi padre no ha vuelto y no hay nada más.

— ¿Aún no han regresado?—Deborah se pone en pie, nerviosa.

— No pero no te preocupes, lo conseguirán—la chica le mira con los ojos más parecidos a pozos que a unas pupilas humanas. Transmite al joven su desazón y durante su turno de guardia, no hablan de nuevo.

 

—0—

 

— ¡Hey! Pensé que te habían dejado seco.

—Soy difícil de matar—nota el sabor metálico de la sangre en su boca al sonreír, señal de tener un labio partido. La cara de Daryl está hinchada por los golpes por lo que deduce que la suya no habrá corrido mejor suerte.

Están atados a dos árboles enfrentados y la gente del campamento parece ignorarles. Mira a su amigo.

— Era una trampa, la tenían preparada.

— Estarán cabreados porque matamos a su gente.

— No—el cazador baja la voz—A estos monstruos les importa una mierda la vida de nadie.

 

—0—

— Puedo ayudar a escoltarla.

— ¡Venga ya, Carol!—el enorme pelirrojo ríe buscando la mirada de Sasha.

— Sólo… Supongo que es mi labor también.

— No te preocupes, vamos bien—a la mujer no le gusta Carol, no la odia pero siente que no dudaría en sentenciar a quién fuese sin consultar con nadie más. A veces recuerda las enigmáticas palabras de su hermano sobre Carol Peletier: sólo ten cuidado.

La mujer de mediana edad se sienta al lado de los vigías y entorna los ojos. No han vuelto.

— Quizás deberíamos salir a buscarlos—dice Rosita, adivinando los pensamientos de su compañera.

— Esperaremos un poco más—determina Glenn—Si mañana por la mañana no están, saldremos en su búsqueda.

— Mañana puede ser muy tarde—comparte Carol.

— Lo haremos mañana—concluye Abraham, dando un voto de confianza a Rhee.

 

—0—

 

— Prometo no hacer nada.

— Estás más segura aquí dentro—Sasha le ha traído sus cosas junto con la manta de Daryl, desconoce si adrede.

— De verdad, ¿tan peligrosa es?

— Mejor quédate aquí, ¿vale?

Deborah acaricia la prenda del trampero y siente el estómago revuelto. Un mal presentimiento, no estarían hasta tan tarde de no haber dado con algún imprevisto.

— No han vuelto.

— Lo harán.

— Eso no lo sabes—le espeta, impotente.

— Ni tú tampoco.

 

—0—

 

Tras divertirse un poco a base de patadas y puñetazos se han reunido en el centro a comer como cerdos. Ni Daryl ni Rick quieren saber el qué.

— ¿Estás bien, hermano?

— He tenido días mejores, ¿y tú?

— Podría ser peor.

— ¿Crees que han descubierto nuestro campamento?

— Espero que no.

— Carol y los demás lo defenderán—Rick confía en que sea así.

—Sí—murmura Dixon pensando en que una reyerta es todo lo que necesita Carol para poder ir a por Debs. Forcejea con las ataduras y se despelleja la piel de las muñecas.

— ¡Hey!—le llama el alguacil—Ella es dura y es lista, no te preocupes.

— No me preocupa Carol—su voz rasgada se pierde entre los gritos de los lobos.

—No estoy hablando de Carol—Rick mira con la suficiente intención a Daryl dejando poco lugar a la duda.

 

—0—

 

Morgan calcula unos veinticinco.

— Deberíamos volver y traer refuerzos, no podremos con ellos solos.

— Si nos vamos, los matarán—el temple del hombre de color alucina a Aaron—Y no tenemos por qué luchar contra los veinticinco. Sólo tenemos que soltarlos y aguantar lo suficiente como para escapar.

— Morgan, es una locura, no podre…

— Lo vamos a hacer—ataja en un susurro—Esos hombres nos han salvado la vida, se lo debemos.

 

—0—

 

— No tiene de qué preocuparse. Si quiere quedarse con él…

— ¡Ja! Eso no te lo crees ni tú.

Al final han salido del cobertizo y, sin rifle, Deborah ayuda con la vigilancia del perímetro. Carol, Maggie, Glenn y unos cuantos supervivientes de ASZ lo hacen en el otro extremo. Carl se ha quedado con Michonne, Abraham, Rosita y otro pequeño grupo en el que cuenta Debbie. Percibe las miradas de desconfianza de los supervivientes y las ignora, centrándose en la conversación que mantiene con la espadachina y el hijo del alguacil.

Cuando la californiana se atrevió a comentar lo que le había escuchado al matrimonio Rhee sólo recibió asentimientos. Parecía que la fijación de Peletier por Dixon era vox populi.

— Yo no quería meterme en medio de nada.

— No creo que te hayas interpuesto, Debbie—Grimes determina.

— Bueno, eso sólo lo sabe Daryl, ¿no?—deja la katana a un lado para mirar de frente a sus interlocutores—Tendremos que esperar a que vuelva.

— Si lo hace—susurra y ruega a un tiempo.

— Lo harán—sentencia Carl con la vista clavada en la linde del bosque.

 

—0—

 

— Eres consciente de que todo esto viene por ti, ¿verdad?

— ¿Qué?—gruñe Dixon, medio atontado aún por la paliza.

— Que Carol tenga atravesada a Deborah—el alguacil parpadea con dificultad, el ojo derecho ha comenzado a hinchársele. Cree haberle escuchado un sonido de interrogación a su amigo—Está claro que va más allá de—mira a ambos lados y baja la voz un poco más—las cualidades de Debbie.

Daryl observa a su amigo, desorientado parte por los golpes, parte por lo que parece insinuar. No sé le ha pasado nunca por la cabeza que entre Carol y él hubiese algún interés más allá de ser amigos. No es que no le guste (aunque últimamente ha hecho méritos para ello), simplemente es algo que no se ha planteado nunca. En medio de un puto mundo enfermo lo de tener una pareja o lo que sea, la verdad, le importa una mierda.

—Venga, esto no es precisamente una charla de hoguera en el campamento, quizás sea lo último que nos digamos—el tono de Rick se escucha perfectamente a pesar de lo bajo que habla para no alertar a sus captores—No te conozco de antes, Daryl, pero he visto cómo has ido cambiando.

—Yo no he cambiado.

—Sí, sí que lo has hecho. Has dejado de ser un lobo solitario—dibuja una sonrisa por la oportuna comparación—y ahora te preocupas por el grupo.

—Son ellos o nosotros, ¿no?—utiliza las mismas palabras que su amigo. Es posible que sí. ¡Qué cojones! Es verdad lo que dice.

—Pero nunca te vi implicarte con nadie como lo has hecho con Deborah. Sí, probablemente fue así como Beth, sé que era muy importante para ti—el trampero baja la mirada hacia la punta de sus botas— pero yo no estuve allí con vosotros. No me voy a meter en denominaciones absurdas, ambos somos adultos, pero creo que sea lo que sea que sientes por Debbie no se parece a lo que puedas sentir por el resto.

 

—0—

 

— ¡Para!

— ¡No!

— ¿Qué vas a hacer desarmada?

—Tengo mis manos y mis pies.

—Deborah

—No—sigue caminando en la oscuridad. Lo hizo durante mucho tiempo, literal y metafóricamente.

—No puedo dejar que te vayas—Carol aparece frente a ella, no sabe cómo lo ha hecho.

—Pero si es algo que estás deseando—Debs avanza hacia ella, no busca el enfrentamiento pero su intuición le dice que la senda a seguir para encontrarlos va justo dónde se planta la pistolera.

— ¡Volvamos al campamento!—Michonne deja de advertir a la tatuadora y se centra en Peletier—No es el lugar ni el momento… Además, estamos dejando desprotegidos a los otros.

— ¿A los otros?—le da la espalda a Carol, presa de la rabia contra el discurso de la espadachina. Cuando escucha el crujido de las ramas tras de ella, ya es demasiado tarde.

— ¡Carol!—la increpa al tiempo que agarra el cuerpo de Deborah—No hacía falta que la golpeases.

— Claro que hacía falta, Michonne—los ojos azules la observan con tristeza—No ibas a hacerla cambiar de idea.

— Eso no lo sabes—susurra mientras arrastra a la californiana inconsciente.

— ¡Por favor! Iba sin armas, ni cuchillos, ni nada a meterse en medio del bosque. Escúchame, Michonne, no habría nada ni nadie que pudiese detenerla—la mujer observa los arañazos en los dedos de la chica y parte de las heridas que se muestran al desplazar la camisa y pasar uno de sus brazos por los hombros y así ayudar a llevarla. Quizás se equivocó con ella, tal vez…

 

—0—

 

Gritos de fondo, un redondo y una pelea en medio. Daryl parpadea y le da un toque a la bota de Rick, que se ha quedado traspuesto.

— ¿Qué cojones?

—De repente algo les ha hecho estallar.

— ¿Será alguno de los nuestros?

—No lo creo.

— ¿No lo crees por qué pensabais que os íbamos a dejar en la estacada?—la voz de Morgan a su espalda sobresalta a Rick.

— ¡Joder!—Aaron rompe las ataduras de Daryl— ¿Podéis andar?—los hombres asienten con un gesto de la cabeza y se escabullen.

— ¿Cómo lo habéis hecho?

—Trampa por trampa. Es un secreto—susurra Aaron.

 

—0—

 

— Déjame

— No, no, no, gatita. Tienes que quedarte quieta o se abrirá la herida.

— ¡Socorro! ¡Socorro!—le pone la mano en la boca y desliza la cuchilla en diagonal por su omoplato izquierdo. Tantas son ya que no derrama ni una lágrima.

— Parece mentira que no aprendas, Debra, con lo lista que parecías—otro latigazo ardiente y su piel se abre a dos dedos del corte anterior—Cada vez que vengo te llevas cuatro de estos, ¿no sería mejor evitarlos?—la mano libre le levanta el camisón y le baja las bragas. Las correas que la atan a la cama de espaldas chirrían pero nadie viene a auxiliarla. Tal y como siempre.

Se retuerce intentando evitar lo inevitable y abre por enésima vez la herida de machete que le surca la espalda. El dolor físico es lo de menos, con sólo eso puede abstraerse a la época en que tatuaba gente y las entretenía con charlas de cualquier tipo. Se enteraba de cosas importantes de la vida de sus clientes, sobre todo de los que se hacían un tatuaje que requería varias sesiones. Con algunos incluso llegó a trabar amistad como con Norman.

Pero Norman ya no estaba, había dejado de existir y ella le envidiaba. Las cinchas repiquetean rítmicamente y los jadeos del guardián se intensifican. Deborah desearía tener cuchillas en la vagina.

 

—0—

 

Abre un ojo con pereza, sintiendo la mejilla dormida sobre su brazo. Cuando enfoca, se sienta rápidamente y da con la espalda en la madera.

—Tranquila—Deborah mira para todos lados y se da cuenta de que está de nuevo en el cochambroso cobertizo. Con los dedos busca la sensación que le late en la nuca— ¿Te duele la cabeza?

—Me golpeaste—constata con cara de extrañeza y a Carol, a sabiendas que no es lo más propio, se le escapa una media sonrisa.

—Era la única manera de detenerte, ¿verdad?—Debbie se fija que en frente de ella están sus armas y que la pistola de Carol las acompaña.

—Sí—se sincera— ¿Han vuelto ya?

—No.

—Tengo que ir a buscarles, me da igual que intentes…

—Iré contigo.

— ¿Qué?

—Que no pienso quedarme en este maldito campamento sin ellos ni un segundo más.

 

—0—

 

—Somos nosotros—grita Rick desde distancia, precavido ante la poca luz de la luna.

— ¿Papá?—Carl intenta desentrañar la localización.

—Sí, por aquí.

Carol y Deborah salen de la cabaña al escuchar las voces y ven cuatro figuras apareciendo por el lado opuesto del prado.

— ¿Estáis bien?—todos se dirigen hacia ellos y Deborah corre hacia Daryl para cerciorarse de que es él y que vuelve de una pieza.

— ¡Dios! Pensé que no te vería de nuevo—del impulso, su cuerpo choca contra el pecho del cazador y le rodea sin dudarlo. Los brazos del menor de los Dixon la estrechan contra él y la alzan del suelo, como una pluma. Al levantar la cabeza para constatar lo ocurrido, la besa sin cruzar palabra alguna.

 

—0—

 

Sonríe por las cosquillas que le hace el pelo pero vuelve a introducir la nariz y a besar su cuello. No será la época más higiénica del mundo pero le importa poco. Ella acaricia los antebrazos que la rodean y cierra los ojos, feliz.

No ha habido ni una palabra. No son necesarias.

Ella es capaz de sobrevivir a la infección y él, posiblemente, el último hombre que se mantendrá en pie.

Ambos han sido “creados” para un mundo como éste.

Ambos han nacido para este momento… pero nadie dijo que dentro del Apocalipsis, la chica rara y el chico antisocial no pudieran enamorarse.

 

—0—

 

 

 

Notes:

Este ha sido el final de la primera "mini-saga". De momento, sólo tengo alguna idea de la próxima pero no sé cuándo la publicaré. Gracias por haberla leído.
¡Un abrazo!

Notes:

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias por leer :)

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