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Pequeños Detalles

Chapter 3: Aroma

Summary:

James es compañero de Severus en pociones.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Solía ocurrir con alguna frecuencia que los profesores despertaran con ciertas mañas. A veces les pedían a los alumnos que formaran grupos, incluso ponían ciertas condiciones. Pedían que fueran duplas de diferentes casas, que fueran los mejores de la clase con aquellos que estaban al borde de reprobar el año, un chico y una chica, grupos de acuerdo a su primera inicial. A veces pensaban que podían elegir ellos mismos con quien emparejarlos, ignorando los antecedentes que traían entre sí.  

A veces a los profesores les encantaba molestar a James Potter, haciendo que sea compañero de la serpiente que más repudiaba, o al menos eso pensaba él.  

Slughorn, ese viejo fanático de las pociones y aún más fanático de los jóvenes prometedores, lo había emparejado junto a Snape, su querido alumno estrella, por puro capricho. Era sabido la rivalidad y el extenso historial de conflictos que cargaban ambos al uno con el orto, eso sin poner en la mesa su desdén por la materia, pero ahí estaba el gran jefe de casa, asegurando que todo saldría más que perfecto.  

James nunca fue fanático de estas clases, le resultaban hasta cierto punto tediosas. Tal vez se atribuyó más su desdén al hecho de que Snape parecía siempre encantado en el salón, brillando como un lunático mientras terminaba otra “perfecta” obra maestra. Esa serpiente lambiscona.  

Era molesto admitir que Snape en verdad era excelente en las pociones. Sacando ese ridículo libro que él tanto amaba y que se pasaba casi todas las clases con la nariz metida entre sus páginas; anotando y tachando, a veces incluso ignorando al profesor, ¡ignorándolo descaradamente! Pero jamás le reprendían porque, de nuevo, Snape era un lunático de las pociones.  

Y un mandamás al parecer, porque adoraba ordenar a james con esa vocecita quejumbrosa que hacer. A penas puso un pie a su lado- ya que el delicado de Snape no tenía interés en cambiar de asiento y fue el profesor, ese anciano favoritista, el que le ordeno que se acercara a su compañero- le había ordenado que comenzase a juntar los ingredientes, a cortar en tiras, a pesar de que el libro decía pulverizar, e incluso que midiera con precisión cada maldito tallo. Un completo desquiciado.  

Nadie nunca podría negar que era increíble calmando su temperamento después de no haber lanzado todo a la mierda cuando la mirada despectiva cayó en sus cortes y escucho la susurrante queja hacia su inservible habilidad. Tal vez hubiera sido lo mejor, si lo hubiera hecho esa serpiente no se habría acercado tanto y le estaría enseñando el modo correcto de hacerlo.  

Snape debía tener alma de profesor , pensó luego de escuchar como la voz se volvía más clara y pasiva de lo que nunca se imaginó, demostrando con calma lo que él pensaba que era el modo correcto de hacerlo. Pero con el carácter de mierda que tiene, pobres sean de aquellos que lo tengan como maestro.  

Le resultó bastante bizarro también, incluso tuvo la necesidad de voltear a sus costados, buscando la mirada de alguno de sus amigos, para verificar si realmente el quejumbroso de Snape estaba comportándose como una persona decente. Remus y Peter estaban en lo suyo, pero Sirius sí que estaba viéndolos. Tenía una mirada inexpresiva en su rostro, ignorando lo que sea que le estuviera diciendo su compañera, a lo mejor era algo sobre una cita por las mejillas sonrojadas y esa tonta sonrisa que no se iba de su rostro, pasaba de cinco segundo de Snape a ir por completo a sus ojos, alzando las cejas como si también él estuviera impresionado. James lo entendía, después de todo él también lo pensaba. Vio por el rabillo como Severus movía su cabello atrás de sus orejas, seguramente para que no le estorbara la vista, y consideró que, si Quejicus se comportaba como algo cercano a un ser humano, lo menos que podría hacer sería prestarle algo de atención. Claro, no sin antes despedirse de su amigo haciendo un gesto sutil de hechizarse con su propia varita, solo para matar un poco el aburrimiento y ver la sonrisa brillante de Padds .  

Volteo de nuevo al frente, Snape seguía murmurando indicaciones y factores que explicaban por qué su método era más eficiente que el de los viejos libros. No había dicho nada en todo ese tiempo más que suaves sonidos de compresión, Snape parecía estar tan metido en su mundo que había comenzado a hacer las cosas por sí mismo. Se preguntó si esto le pasaba a menudo, hacer el trabajo y explicar cada mínimo movimiento como si fuese un tutor. Tal vez lo hacía con Lily, pero no lo creía posible, después de todo su pelirroja era una rata de biblioteca tal como el mismo Snape; a lo mejor era así con el imbécil de Rosier o Crouch, que siempre se pegaban a él en clases, tal vez creyendo que les haría el trabajo. Como si Snape fuera a hacer el trabajo por ellos.  

Apretó los labios cuando de nuevo se acercó mucho a su espacio personal, aún más que la última vez, revolviendo una mezcla en un cuenco aparte, indicándole como se debía medir la velocidad al revolver. A pesar de que fuera el mismo Snape quien le estaba explicando cómo hacer las cosas, tuvo que admitir que se expresaba bastante bien en esta área, incluso mejor que Moony cuando había intentado ayudarlo a entender clases pasadas.  

Cuando se acercó un poco más, alargando el brazo frente a él para tomar unas hierbas a su costado, James pensó que no le haría daño ayudar, aunque sea pasándole los ingredientes. Entonces lo más loco sucedió, porque cuando se había estirado y entregado el tarro en las manos, Snape había sonreído. Le había sonreído.    

Claro que ni siquiera le había dirigido la mirada, pero él sí que vio la ligera mueca que había hecho, como si en verdad estuviera cómodo con que solo le alcance las cosas. Santo Merlín, era tan extraño ese chico. A pesar de ese pensamiento se pasó la clase alcanzándole cada pequeño ingrediente o material que necesitara, viendo como la mueca desdeñosa de un principio había desaparecido y solo quedaba esa pequeña sonrisa en los finos labios.  

Entonces, cuando se acercó a darle unos frascos de polvo, casi tuvo el impulso de levantar la cabeza y buscar a su amigo al sentir el aroma. Fueron dos segundos los que tardó en procesar ese hecho, Snivellus olía como Remus.  

Más bien como una mezcla de Sirius y Remus, de hecho. En esas noches cuando salían de travesura por el castillo y ambos decidían que les apetecían uno de esos cigarrillos muggles por los que estaban tan obsesivos a veces. Snape olía a eso.  

Se sobresaltó ligeramente cuando la mirada de Snape por fin lo alcanzo; ya no había sonrisa ni instrucciones suaves, solo esa molesta mirada en su pálido rostro.  

– Ya acabamos, Potter. Embázalo antes de irte, es lo mínimo que puedes hacer luego de que haya hecho todo el trabajo.  

Antes de que respondiera algo, seguramente a una burla ácida sobre como hace un momento estaba encantado de servirle haciendo todo el trabajo sin protestar, la serpiente ya se había retirado del cuarto.    

Aún sentía las ganas de responder subiendo por su garganta, cuando le entregó la poción al mezquino profesor que creía que podía juntarlo a la quejumbrosa serpiente como si nada.  

– ¡Pero qué maravilloso! – se había deleitado con ojos brillosos. James, para ese punto, había notado que fueron los primeros en terminar. Incluso antes que la brillante Lily, que lo miraba con cierta molestia competitiva en el rostro. Le hubiera encantado sonreírle con todo el descaro arrogante que le sobraba, pero no estaba de humor como para aguantar otra ridícula pelea- Sabía que ambos harían un excelente trabajo, ambas casas trabajando en equipo para elaborar esta obra de arte. Muy buen trabajo, señor Potter.  

James pensó ligeramente sobre aquella actitud aduladora que jamás le había enseñado a él, agradeciéndole con una ligera incomodidad antes de retirarse. Ya no había rastro alguno de Snape, esa serpiente era rápida para huir.  

Fuma .  

¿Qué tenía de bueno fumar? Lo había intentado, varias veces en realidad, pero jamás le agarró el gusto a esa mierda. No como sus amigos y, tal parece, no como a Snape. Incluso el aroma a veces era desagradable, o al menos los que eran fuertes y ásperos, como los que a veces Padds elegía en sus escapadas nocturnas y terminaba por apestar todo el lugar y su ropa.  

Oh, puede que ni siquiera fume. Puede que sea como él y solo tenga a un amigo metido por ahí que fume cerca de él y apeste su uniforme. Pero Snape siempre se juntaba con las mismas serpientes insoportables, ninguno de ellos parecía de los que acababan el día con algo que hasta para los muggles era mundano, ¿tendría más amigos?  

¿Más amigos que los de siempre? Ese bastardo no podía tener más amigos, no era amistoso ni carismático. No podía tener más amigos, no podía fumar.  

Severus Snape fuma. Eso era más creíble que a que estuviera viendo a alguien en secreto y que ese bastardo le estuviera pegando el olor al humo de cigarrillo.  

Notes:

Te entiendo James, a mi igual me repele el olor a Malvoro que fuma la abuela de la esquina.
critiquen mis errores de ortografía.

Notes:

Dulce James, dulce y tarado James, acepta lo tonto que puedes ser.