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El tercero en discordia

Chapter 2: Y seré tuyo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Cuando Johnny llegó a casa eran pasadas las tres de la madrugada, la luz tenue del pasillo le reveló que Wooseok ya estaba allí. En la mesa de la entrada estaban apoyadas las llaves de su coche y más allá el abrigo tirado descuidadamente sobre el respaldo del sofá.

Johnny recogió el abrigo con un suspiro y lo colgó en el perchero antes de avanzar hacia la habitación que compartían, perseguido por el eco de sus pasos cuidados resonando suave sobre el suelo en medio del silencio.

Al asomarse por el umbral del dormitorio, encontró a Wooseok tendido de costado sobre la cama, aún vestido y con los zapatos a medio quitar. Dormía torcido sobre el acolchado de piel blanco, con la respiración pesada y el cabello completamente desordenado.

Johnny se detuvo un momento cuando lo vio. Debería haber sentido algo, tal vez culpa o remordimiento por lo que había hecho, pero no sintió nada de eso. Solo un extraño vacío acompañado por el recuerdo reciente del cuerpo de Doyoung bajo el suyo. El dueño de esos sonidos que escapaban de sus labios mientras aún mantenía intacta la sensación aterciopelada de su piel cálida bajo las yemas de sus dedos. Venía de una noche que todavía ardía en su piel, y que sabía que no debería haber pasado aunque no hallaba el arrepentimiento en ello.

Wooseok se movió un poco y abrió los ojos a medias. -Johnny... -murmuró con la voz pastosa y algo adormecida, intentando enfocar el rostro de su novio mientras estiraba un brazo hacia él-. ¿Dónde estabas?

Cuando Johnny se acercó, se sentó en el borde de la cama a su lado, notando el hedor tenue a alcohol. -Solo fui a beber ya que no estabas... -respondió con calma y sin titubear, porque no mentía, pero estaba omitiendo gran parte de la verdad. Aquella noche lo había engañado por primera vez y no había vacilado un segundo en responder, sorprendiéndose de sí mismo con lo fácil que le resultó decirlo sin inmutarse. -pero ya estoy aquí -añadió, casi en un susurro.

Wooseok dejó escapar una ligera risita ebria. -Te estaba esperando... -susurró, mirandolo con una sonrisa ladeada mientras alzaba una mano y lo tomaba del cuello para atraerlo hacia sí-. Estoy muy caliente ahora mismo... -susuró con una insinuación clara en su oído y lo besó con torpeza cuando sus labios se encontraron, llevando la mano de Johnny hacia la dureza de su entrepierna.

Johnny apenas pudo corresponder al roce, sintiendo el contraste del sabor amargo del alcohol en su boca frente al recuerdo aún vívido de la dulzura en los labios que había besado. -Estás borracho, Wooseok… -murmuró al apartarse con cuidado, quitándole la mano.

-Oh vamos... ¿y qué si lo estoy? -replicó Wooseok, con su tono habitual de capricho mientras aún se encontraba desparramado como una estrella de mar-. ¿Desde cuándo no quieres follarme?

Johnny suspiró y se detuvo unos segundos, desviando la mirada del rostro de su novio que levantaba la cabeza mientras lo cuestionaba.

Con las manos sobre sus tobillos, retomó su trabajo y terminó de quitarle los zapatos con calma dejandolo en calcetines. -No recordarás nada mañana en este estado… -susurró, alejándose un poco-. Mejor duerme.

Dijo y se inclinó lo suficiente para besarle la frente.

Wooseok rodó los ojos y apartó la cara, claramente fastidiado. Odiaba cuando Johnny actuaba como una especie de mojigato, le resultaba exasperante. Sin embargo, lo soportaba porque sabía cómo manipularlo con facilidad, porque era lo suficientemente atractivo y caliente como para presumirlo pero, sobre todo, porque le producía un extraño placer ver a sus padres enfurecer al enfrentarse a alguien que no aprobaban para su vida.

No se trataba únicamente de que Wooseok fuera abiertamente homosexual -las palizas que recibió de su padre en la adolescencia y que su madre permitía sin reproche, no lo 'curaron', eso estaba claro-, sino también de que Johnny no provenía de una familia multimillonaria. Para los padres de Wooseok, eso era un insulto aún más grande que sus preferencias torcidas o desviaciones como ellos solían llamarlo.

-Ash… qué aburrido te pones… -murmuró, girándose hacia un lado y hundiéndose en la almohada de seda, dejando que la ebriedad que aún recorría su cuerpo lo venciera. En cuestión de minutos, sucumbió al sueño, sumido en un letargo profundo y placentero.

Johnny apagó la lámpara, se desvistió en silencio en medio de la oscuridad y se deslizó bajo las sábanas, cuidando de no despertar a Wooseok. Permaneció inmóvil, con los ojos abiertos hacia el techo, dejando que la penumbra lo envolviera. El eco de la voz de Doyoung, suave y melosa en sus gemidos, seguía resonando en su mente como un canto de sirena imposible de olvidar.

Intentó pensar en otra cosa, cualquier cosa que no sea Doyoung. Pero no pudo, solo podía pensar en volver a verlo.

~

Doyoung parpadeó frente a la pantalla de su laptop y leyó el asunto del correo entrante con cierta pereza: ¡Evento de fin de año!

Soltó un suspiro, dejando que su espalda se hundiera en el respaldo de la silla en medio de su cocina. No tenía ánimos para celebraciones, mucho menos para fingir entusiasmo frente a los demás ejecutivos. Aun así, abrió el mail, donde destacaba el encabezado brillante con emojis festivos y palabras grandilocuentes sobre 'un año de éxitos compartidos'. Repasando los detalles del lugar, la hora y la lista de invitados, le llamó la atención un punto 'asistencia con acompañante opcional.' Frunció el ceño, no tenía a quién llevar, y en realidad tampoco quería hacerlo. Estaba jodidamente desanimado.

Johnny no se había comunicado con él desde aquella noche y ya habían pasado tres días, y aunque había dicho que podía escribirle cuando lo necesitara, Doyoung no tenía el valor para hacerlo. No otra vez.

Le faltaba el coraje que había tenido aquella noche impulsiva, cuando lo invitó a subir a su piso y todo se desbordó. Ahora, en la calma forzada de los días siguientes, solo quedaba la vergüenza, porque ¿qué esperaba en realidad?. Johnny seguía siendo el novio de Wooseok. No había promesas ni lugar para él en medio de esa relación. Aquello no había sido más que un error, una locura momentánea que ninguno de los dos debería haber permitido.

Doyoung lo sabía, pero recordarlo no lo hacía sentir mejor. Cada vez que intentaba concentrarse en su trabajo, el recuerdo de la respiración cálida de Johnny en su cuello, y su voz ronca murmurando su nombre regresaba a él, desconcentrandolo. Agradecía en silencio que Wooseok no pasara casi tiempo en la oficina, no podía sostenerle la mirada cuando coincidían en los pasillos o en la sala de reuniones desde que había cruzado una línea imposible de deshacer. Poder evitarlo le daba un respiro a la culpa que lo perseguía cada vez que recordaba lo que había hecho con Johnny en su propia cama.

Se llevó una mano al rostro, avergonzado de sí mismo. Su madre estaría genuinamente decepcionada si supiera lo que había hecho. No había trasladado su vida aquí para esto, ni para enredarse con un hombre comprometido.
Ella siempre le enseñó a actuar con principios y a no herir a otros. Sin embargo, ahí estaba él, mintiendo y deseando lo prohibido, justificando un acto que sabía imperdonable, que lo juzgara Dios.

Cuando se dio cuenta de la hora en su laptop tomó el teléfono, marcando enseguida al número primero en su lista de contactos. Esperó unos segundos mientras escuchaba los tonos del otro lado de la línea, hasta que por fin la voz dulce y algo cansada de su madre llenó el silencio.

-Doyoungie… -dijo ella con una sonrisa que se podía sentir, incluso a través del teléfono-. Justo pensaba en llamarte.

-Hola, mamá -respondió él con una calidez inmediata.-¿Cómo estás hoy?

-Mejor, cariño. Muy cansada, pero el doctor dice que el tratamiento va bien -contestó con ese tono sereno que siempre usaba para tranquilizarlo-. ¿Y tú? ¿Cómo está yendo todo por allí?

Doyoung sonrió, aunque la expresión se le ensombreció un poco. -Está bien… nada nuevo, en realidad -respondió, con voz tranquila, ocultando la tormenta que era su vida en ese momento. Claro, pasaba los días trabajando y lidiando con la locura de acostarse con el novio de hace años del hijo de su propio jefe… pero eso era un secreto que jamás revelaría a su madre. -Solo… mucho trabajo -añadió, intentando que sonara rutinario y normal.

-Ay, hijo -suspiró su madre-, no quiero que te consumas por culpa de ese trabajo.

Antes de que pudiera responder, otra voz irrumpió al otro lado de la línea, mezclándose con el ruido de fondo. Al parecer, su madre le había pasado el teléfono a la otra persona presente, que preguntaba por él con curiosidad.

-Joy… -susurró Doyoung, reconociendo al instante esa voz risueña y familiar.

-¡Doyoung! -exclamó su amiga, riendo- Ya casi me olvido de cómo suena tu voz. ¿Qué pasa, el gran ejecutivo no tiene tiempo para sus viejas amigas del pueblo?

Una sonrisa genuina se dibujó en su rostro, algo que no ocurría desde hacía días, y por un momento olvidó todas las preocupaciones que lo habían agobiado.

-No digas eso -rió él suavemente-. Sé que estás trabajando muy duro en el hospital y no quiero molestarte.

Joy era enfermera, y su historia con él se remontaba a la infancia, habían asistido a la misma escuela y prácticamente crecido como hermanos, compartiendo las travesuras, confidencias y secretos que solo ellos entendían. Esa cercanía hacía que su voz sonara cálida y familiar, calmando a Doyoung más de lo que esperaba en ese momento.

-¿Cómo me molestarías? -Joy chasqueó la lengua al otro lado, aunque el tono seguía cálido-.Te extraño calabaza- Doyoung no pudo evitar reír y rodar los ojos. Su amiga le había puesto ese apodo desde aquellos días rebeldes en que, aún estudiantes, él decidió teñirse el cabello de un anaranjado intenso.

-Tengo buenas noticias para ti -continuó Joy, con su voz llena de alegría contenida-… tu madre está mejorando, ¿sabes?

Por un instante, Doyoung se quedó en silencio, dejando que las palabras se asentaran. Una mezcla de alivio y esperanza lo recorrió, haciendo que la tensión que había acumulado en los últimos días se aflojara apenas. -Gracias por cuidar de ella, Joy. De verdad, no sé qué haría sin ti.

-No tienes nada que agradecerme, la quiero como si fuera mi propia madre… -insistió Joy, con esa energía contagiosa que siempre lograba arrancarle una sonrisa a Doyoung-. Imagino que vendrás pronto de visita, ¿no? Te haré un pastel de arroz, y no acepto un no como respuesta.

Doyoung rió, más suave esta vez. -Lo haré -dijo-. Quizás antes de las fiestas, si se me permite. Aún debo organizarme…

-Perfecto -respondió Joy, con una sonrisa audible en su voz-. Y si no, iré a buscarte yo misma. No pienso dejarte escapar otros seis meses, Kim Doyoung. -Luego bajó un poco el tono, volviéndose más seria-. Hablando en serio, espero que estés bien allí en la gran ciudad. No te olvides de divertirte de vez en cuando… te conozco demasiado bien.

Doyoung dejó escapar un suspiro ligero, sintiendo cómo la familiaridad de Joy y su preocupación sincera le otorgaban un inesperado consuelo en medio de los días complicados que vivía.

-Lo intentaré...  ahora solo me importa que mi madre esté bien -murmuró él, la voz más baja, mirando por la ventana de su departamento-. Todo esto… vale la pena si ella se recupera.

-Lo hará, vencerá ese cáncer, Doyoung -afirmó Joy con convicción-. Ella es fuerte.

Doyoung cerró los ojos un instante, dejando que la certeza en la voz de su amiga calara en él. Su madre había recibido el diagnóstico hacía siete meses, y era precisamente esa realidad la que lo había obligado, contra su voluntad, a mudarse a Seúl y trabajar lejos de casa. Cada día lejos era un recordatorio silencioso de que debía mantenerse fuerte, aunque su corazón anhelara estar allí para apoyarla personalmente.

Después de una hora de charla, se despidieron entre risas suaves y promesas de verse pronto. Doyoung continuó conversando un poco más con su madre, escuchando atentamente sus palabras y compartiendo pequeños detalles del día, hasta que finalmente llegó el momento de despedirse.

Cuando la llamada terminó, un silencio cálido y pesado llenó nuevamente la habitación hasta el sonido del timbre sonó.

Se sobresaltó un poco, no esperaba a nadie, pero se levantó igual, quitandose los anteojos mientras caminaba hacia la puerta.

-¿Sí? -preguntó al abrir.

Del otro lado, un repartidor con chaqueta térmica sostenía una gran bolsa de delivery. -Pedido para el señor Kim Doyoung -dijo, consultando su dispositivo.

Doyoung frunció el ceño.

-Debe haber un error, yo no pedí nada.

-Está todo pago, señor. La dirección y el nombre coinciden -aseguró el joven, extendiendole el paquete.

Confundido, Doyoung lo aceptó. El aroma cálido y tentador del pollo frito recién hecho y las verduras salteadas llenó el pequeño departamento. Le pagó una propina por cortesía y cerró la puerta, dejando la bolsa sobre la mesa del comedor.

Sacó los recipientes uno por uno, y entre ellos encontró una pequeña nota doblada. La tomó con cuidado, leyendo lo escrito.

'Espero que estés comiendo bien. No trabajes demasiado.'

La firma al final le arrancó una sonrisa inevitable: -Johnny.

Por un momento, se quedó quieto, mirando la nota como si fuera algo frágil. Su pecho se llenó de una mezcla de ternura y nerviosismo. Johnny se había acordado de él después de todo lo que su mente le hacía creer.

Doyoung tomó su teléfono y aunque dudó unos segundos y finalmente escribió:

-Recibí tu entrega. Gracias, huele delicioso… comeré bien ଘ(੭ᐢˊᵕˋᐢ)੭

El mensaje se envió, y antes de que pudiera alejar el móvil, la respuesta llegó.

Johnny: Disfrutalo, deseo que la próxima vez podamos hacerlo juntos...

Doyoung sintió un calor incómodo subir por su cuello. Se mordió el labio, murmurando casi en un susurro para sí mismo mientras comenzaba a escribir una respuesta, pero su concentración se rompió al ver que Johnny le había enviado otro mensaje.

Johnny: …Come tranquilo y ve a la cama temprano, no salgas a estas horas.

El simple texto hizo que su corazón diera un pequeño vuelco. Doyoung sonrió, bajando la mirada hacia los recipientes que aún despedían vapor, escribiendo un ultimo mensaje:

-Gracias por preocuparte por mí, Johnny ♡

~

Durante esa semana, Johnny no había dejado pasar ni una sola noche sin escribirle. A veces eran mensajes breves al estilo de ¿Cómo estuvo tu día? O ¿ya comiste? y otras, eran conversaciones que se extendían hasta la madrugada, donde hablaban de cualquier cosa. Doyoung se sorprendía riendo frente a la pantalla, olvidando por momentos la línea invisible que los separaba. Aunque estuviera ignorando al elefante en la habitación. Y es que aunque sentía que Johnny lo esperaba, porque en cada palabra había un intento disimulado de acercamiento, él no se atrevía a decirle que quería verlo. No después de lo que había pasado entre ellos.

El día de la fiesta llegó más rápido de lo que Doyoung esperaba.

El salón del hotel estaba impecable, adornado con luces cálidas y guirnaldas doradas, mesas redondas cubiertas con manteles color vino y copas elegantes que brillaban bajo los focos del techo. En el fondo sonaba música suave, un saxofón elegante que no lograba tapar las risas y los brindis.

Doyoung llegó puntual y saludó a algunos compañeros, forzando una sonrisa cortés. Estaba dispuesto a pasar inadvertido, a cenar rápido y marcharse antes de que comenzaran los discursos interminables.

Buscó su nombre entre las mesas asignadas y, al encontrarlo, soltó un suspiro resignado. Se sentó, acomodando el saco con cuidado en el respaldar. Intentó relajarse, beber un poco de vino, mirar distraído a los demás empleados que llegaban acompañados de sus acompañantes. Mientras comía una aceituna su tranquilidad se esfumó apenas unos minutos después porque cuando levantó la vista hacia la entrada, los vio.

Wooseok y Johnny había llegado tomados de la mano.

La escena fue breve y casi discreta, pero suficiente para encenderle algo en el pecho. Un nudo de emociones contradictorias se apretó en su interior, de repente era molestia y celos… aunque logró identificar, sobre todo, una punzada de algo parecido a la decepción.

Claro que Johnny estaría allí. Era el novio de Wooseok, después de todo. ¿Qué esperaba? ¿Que lo evitara? ¿Que fingiera que no existía? ¿Que solo porque habían tenido sexo una vez, Johnny dejaría a Wooseok por él?

Cuando los ojos de Johnny se cruzaron con los de Doyoung, soltó la mano de Wooseok casi al instante. Ese gesto lo desconcertó más que cualquier cosa.

Tragó saliva, sintiendo cómo la garganta se le secaba. Wooseok, tenía una sonrisa radiante y se veía apuesto en su elegante traje de diseño mientras Johnny a su lado se veía sencillamente deslumbrante en traje negro.

Doyoung desvió la mirada de inmediato, fingiendo revisar su copa, aunque sintió cómo la sangre le subía al rostro, cuando escuchó los pasos acercarse.

-Doyoung -la voz de Wooseok sonó amable y emocionada-, me alegra que pudieras venir.

-No podía faltar -respondió, esforzándose por mantener una sonrisa educada.

Wooseok se sentó primero, con Johnny a su lado quien había ignorado estupidamente. Por obra del azar o la crueldad del destino, el asiento frente a Doyoung era justamente el de Johnny.

Deseó no haber venido porque ahora solo deseaba huir.

Cuando las mesas se llenaron de invitados sus compañeros hablaban animados sobre vacaciones, ascensos y planes para el nuevo año, pero Doyoung apenas escuchaba. Todos los demás parecían disfrutar mientras él sufría de esta desgracia.

Jugaba con la comida en su plato, moviendo los granos de arroz con el tenedor sin realmente probar bocado. Sentía una presión en el pecho cercana a la frustración que no sabía cómo exactamente cómo digerir.

No podía concentrarse en absoluto, acostarse con Johnny al parecer le había averiado el cerebro.

Cada vez que levantaba la vista, Johnny estaba mirándolo. Si bien no abiertamente, pero sí unos segundos robados entre frases de forma disimulada. Definitivamente era el tipo de mirada que sientes, aunque intentes ignorarla.

Wooseok hablaba de un viaje que estaban planeando juntos hace un tiempo. Doyoung lo escuchaba sin prestarle atención realmente. Y es que era la voz de Johnny que lo distraía cada vez que decía algo, profunda y grave, con esa entonación que él conocía demasiado bien. Cada palabra lo devolvía a lugares donde no quería regresar.

Intentó enfocarse en cualquier otra cosa intentando distraerse hasta que entonces sintió un roce casi imperceptible bajo la mesa, contra su pie.

Doyoung pensó que era un movimiento involuntario, sin querer de alguno de los comensales hasta que volvió a sentirlo con más ímpetu. La punta del zapato de Johnny rozando el suyo, ejercía una presión suave que lo paralizó.

Levantó la vista de golpe, y sus ojos se encontraron justo en ese momento. Johnny lo miraba, tranquilo, con una expresión que disfrutaba de su desconcierto. No dijo nada, solo siguió hablando con la mujer a su lado, como si nada pasara.

Doyoung tragó saliva, apartando el pie, nervioso. El corazón le latía rápido y las manos se le enfriaron. -¿Acaso está loco?- pensó, intentando no mirar a Wooseok, que conversaba distraído con el gerente de marketing.

Volvió a sentir el roce. Esta vez más intencional en su tobillo. Johnny lo estaba provocando o solo estaba burlandose de él.

Intentó mantener la compostura, pero el aire se le atascó en la garganta justo cuando bebía un sorbo de vino. Tosió con fuerza, atrayendo miradas, y cuando quiso tomar una servilleta volcó de su copa una parte del líquido sobre sus pantalones salpicando su camisa blanca.

-Ah… lo siento -murmuró, disimulando la vergüenza y secándose con la servilleta.
Su compañera a su lado se apresuró a alcanzarle una servilleta limpia intentando ayudarlo mientras él fingía una sonrisa torpe.

-¿Estás bien, Doyoung? -preguntó Wooseok, notando su incomodidad.

-Sí, solo… -balbuceó, poniéndose de pie-. Iré al baño un momento.

Johnny bajó la mirada, fingiendo doblar su servilleta, pero Doyoung alcanzó a ver la sonrisa apenas curvada en sus labios.

-Idiota-, se dijo a sí mismo.

Caminó con paso firme hasta desaparecer por el pasillo alfombrado. La música de fondo y las risas quedaron atrás, sustituídas por el murmullo apagado del baño. Encendió el grifo y trató de limpiar la mancha con una toalla de papel, sin demasiado éxito. El vino tinto ya se había adherido a la tela, dejando un rastro imposible de disimular aunque no era demasiado grande.

Johnny siguió con la mirada a Doyoung mientras este desaparecía entre las columnas del salón. La suerte parecía sonreírle, Wooseok se levantó para saludar a unos colegas recién llegados, quedando entretenido durante un buen rato.

Sin pensarlo dos veces, Johnny tomó una copa vacía y fingió dirigirse a la barra para servirse más alcohol. En lugar de eso, desvió su camino discretamente y dejó la copa en una mesa alejada

Doyoung que estaba frente al espejo del baño, tratando de quitar la mancha de vino con una toalla húmeda renegaba mientras sus movimientos eran torpes y ansiosos, con las mejillas encendidas. -Claro que esto tenía que pasarme justo hoy… -murmuraba entre dientes.

En su concentración, Doyoung no escuchó la puerta abrirse. Solo se dio cuenta cuando una figura apareció reflejada en el espejo detrás de él, proyectando una sombra que le aceleró el corazón.

-¡Dios, me asustaste! -exclamó Doyoung de inmediato, girándose mientras se tocaba el pecho respirando al tomar aire.-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó, mirandolo con recelo.

-Lo siento, no quería asustarte -respondió Johnny, con tranquilidad. -Solo quería saber si estabas bien.

Doyoung soltó un soplo de frustración. Por supuesto que lo estaba, Johnny ni debería de preocuparse por el si aún estaba tan apegado a Wooseok.

-No deberías estar aquí -dijo, evitando su mirada al darle la espalda mientras retomaba su trabajo de quitar la estupida mancha de su regazo-. No es el momento ni el lugar.

Johnny avanzó unos pasos, lo bastante cerca para que Doyoung sintiera su respiración en la nuca.-¿Por qué parece que estás enfadado conmigo esta noche? -preguntó en un tono bajo, rozando lo íntimo.

-No lo estoy -mintió Doyoung, mirandolo a través del espejo-. Solo vete. Si Wooseok te ve aquí conmigo podría pensar cualquier cosa.

Johnny ladeó la cabeza, esbozando una media sonrisa. -No me importa lo que piense él -dijo suavemente, dejando que sus ojos recorrieran las bonitas facciones de Doyoung-. Lo que me importa eres tú.

Doyoung lo miró incrédulo con el pulso acelerado. Cómo se atrevía a decir esas cosas como si nada. -No digas tonterías. Solo vete con antes de que...

Johnny no lo dejó terminar. Dio un paso más y quedó tras él, tan cerca que sus cuerpos casi se rozaban. -Ansiaba verte, Doyoung.

Ambos se quedaron en silencio después de la confesión. Johnny lo giró despacio hacia su dirección para enfretarlo hasta quedar respirando el mismo aire tan cerca que el roce de sus labios se volvió inevitable. Johnny fue el primero en moverse, lo tomó suavemente del mentón y, sin decir una palabra, lo besó. Fue un beso suave al principio, cargado de contención, hasta que Doyoung cedió. Todo lo que había intentado negar esa semana estalló en ese instante.

El hambre de Johnny se sintió en cada movimiento de su boca, en la presión de sus manos que lo acercaban más y más contra su cuerpo. Doyoung le respondió con la misma urgencia, entreabriendo los labios para recibirlo, hundiendo los dedos en sus hombros anchos mientras el calor los envolvía como una llama cálida en medio del frío. Sus bocas se buscaron con desesperación, una y otra vez, hasta que Johnny lo empujó suavemente, acorralándolo contra el lavabo.

Doyoung entreabrió los ojos un instante, alcanzando a ver en el espejo a su costado el reflejo de ambos. Su propia expresión perdida, el cuerpo de Johnny pegado al suyo y la forma en que se inclinaba para devorarlo hambriento removió algo en él, provocando un ligero cosquilleo en su abdomen.

Johnny dejó un rastro de besos húmedos por su garganta, ascendiendo hasta la base de su mandíbula. Doyoung respiró entrecortado con la voz atascada entre un gemido y un suspiro.

-Johnny… -murmuró, como si pedirle que parara fuera todavía posible.

Pero antes de que pudiera decir algo más, se escucharon voces y pasos acercándose desde el pasillo. El corazón de Doyoung se detuvo un instante recobrando el sentido y, con reflejos rápidos, empujó al hombre más grande sobre él hacia uno de los cubículos abiertos.

-¡Rápido! -susurró, empujando la puerta para cerrarla detrás de ellos.

Johnny apenas alcanzó a reír por lo bajo antes de atraparlo otra vez entre su cuerpo y la pared metálica del cubículo. Lo sujetó de la cintura, apretándose contra él, y retomó el camino que había dejado pendiente en su cuello. Besó justo bajo la mandíbula, chupando con suavidad hasta hacerle contener el aire. Su lengua trazó un camino por su nuez de Adán, y Doyoung tuvo que morderse el labio para no hacer ruido.

Sus respiraciones eran un intento fallido de silencio. Doyoung cerró los ojos, apretando y tirando levemente entre sus dedos el cabello corto de la nuca del hombre, dejándose hacer. Las manos de Johnny se movieron con lentitud, subiendo por su cintura pequeña, delineando su espalda y deteniéndose en su cadera, mientras su cuerpo lo acorralaba por completo con todos sus músculos y altura.

Al otro lado del tabique, dos hombres charlaban y reían mientras orinaban. El sonido de las risas y de sus propias respiraciones se mezclaba en el aire. Doyoung apoyó una mano en el pecho de Johnny, intentando recobrar el control, pero en lugar de apartarlo, terminó rodeándole el cuello y alzándose apenas sobre la punta de los pies para volver a besarlo con ganas.

Sus labios se encontraron otra vez, húmedos y urgentes, tratando de contener lo imposible. Las voces afuera se desvanecieron poco a poco, pero el pulso de ambos seguía desbocado, latiendo al mismo ritmo.

La respiración de Johnny rozó su rostro antes de que Doyoung pudiera apartarse. La cercanía era abrumadora, pero de una manera que lo atraía irresistiblemente: el aroma de su colonia, dulce y cautivador, se mezclaba con el calor de su cuerpo, mareándolo y envolviéndolo en una especie de hechizo del que no quería escapar.

-Estás hermoso esta noche -susurró Johnny con su voz baja rasgada por el deseo-. No puedo dejar de mirarte un segundo.

Doyoung lo miró con las mejillas encendidas, intentando sostenerle la mirada sin éxito. Sentía el corazón acelerado, y algo más profundo agitándole el pecho y la entrepierna.

El miembro de Johnny se presionaba con fuerza contra su vientre inferior. Mientras la mano del otro se deslizaba dentro de sus pantalones, acariciando suavemente su pene a través de los calzoncillos. Estaría realmente jodido si avanzaba en el buen sentido de la expresión si ya no podía pensar con claridad en esos momentos.

Doyoung lo miró fijamente a los ojos con la mirada borrosa, apartando un mechón de cabello de la frente de Johnny. Él era simplemente irresistible, no podía creer lo guapísimo que era. Doyoung no podía pensar en nada más que en el placer que sentía en ese momento mientras Johnny lo masturbaba con con intenciones de hacerlo venir.

De repente, Doyoung empujó a Johnny contra la pared contraria del cubículo, arrodillandose frente a este Dios de carne y hueso que lo hacía perder la cabeza. Con movimientos rápidos y desesperados, le desabrochó los pantalones. Sabía que no tendrían tiempo para un rapidito, pero sí para una mamada.

Johnny observó con lujuria cómo Doyoung sacaba su miembro de los calzoncillos y lo escupía para poder masturbarlo. El toque de Doyoung sobre su piel sensible era increíblemente placentero.

Doyoung deslizó su lengua por la longitud del pene de Johnny, provocándolo y torturándolo con su experta técnica. Johnny no pudo evitar gemir de placer, aferrándose a la pared del cubículo para no perder el equilibrio. -Mierda, cariño...

Mientras tanto, Doyoung se entregó por completo, absorbiendo el miembro de Johnny hasta la garganta. Los sonidos obscenos de succionar y tragar llenaban el pequeño espacio mientras Johnny apenas podía respirar, completamente abrumado por el intenso placer que bombeaba en sus venas.

Sus dedos se enredaron en el cabello de Doyoung, guiándolo en un ritmo cada vez más rápido. Podía sentir su orgasmo acercándose rápidamente, pero no quería que terminara tan pronto. Deseaba saborear cada segundo de esta experiencia increíble.

Doyoung pudo sentir cómo el cuerpo de Johnny se tensaba y cómo sus muslos comenzaban a temblar. Sabía que estaba a punto de alcanzar el punto alto de su orgasmo así que aceleró aún más sus movimientos, decidido a hacer que Johnny se corriera en su boca.

Con un fuerte gemido, Johnny se dejó llevar por el orgasmo más intenso de su vida. Chorros de semen caliente llenaron la boca y la garganta de Doyoung, quien tragó ansiosamente sin desperdiciar ni una sola gota.

Mientras Johnny luchaba por recuperar el aliento, Doyoung se puso de pie y lo besó apasionadamente. El sabor del propio semen de Johnny en sus labios solo avivó aún más su propia excitación.

-Johnny… -susurró con voz temblorosa.

Él respondió con otro beso, más abajo, presionando su cuerpo contra el suyo, haciéndole sentir la tensión que se acumulaba entre ambos. Doyoung lo sintió entero, el calor, la firmeza, el deseo innegable. Cerró los ojos, mordiéndose el labio, recordando el modo en que lo había tocado aquella noche, cómo lo había hecho temblar con solo su respiración.

Johnny alzó el rostro y lo miró con los ojos oscuros, casi brillantes. -Quiero cogerte muy duro ahora mismo -dijo en un susurro.

Doyoung lo miró, con la respiración descompasada, consciente de lo prohibido de ese instante, de lo que aún le hacía sentir. Su cuerpo, sin embargo, ya había decidido por él.

Aún así con la respiración agitada, lo apartó apenas con las palmas sobre su pecho. -Tenemos que volver… -susurró, intentando que su voz sonara firme, aunque la voz temblorosa la traicionó.

Johnny lo miró con los labios aún húmedos y los ojos encendidos. -¿Cuando volveré a verte? -preguntó, con una voz grave y rota, entre la súplica.

Cuando Doyoung no respondió enseguida, añadió con una media sonrisa -¿o es que acaso no debo dejarte ir?

Por un instante, el silencio se estiró entre ambos, cargado de algo más que deseo. Doyoung lo observó con detenimiento, dejando que su mirada se detuviera en la curva de sus labios, en la sombra de sus pestañas y en el brillo que tenía en la piel.

-Ven a verme esta noche... -dijo al fin, apenas audible, al acceder.

Cuando terminó de arreglarse Doyoung salió del baño con el corazón desbocado. El aire frío del pasillo lo golpeó de frente, devolviéndolo de golpe a la realidad del evento. Apenas dio unos pasos cuando se topó con el asistente Lee, que venía en dirección contraria.

-Oh, Kim -lo saludó, algo sorprendido por su estado.

Doyoung solo asintió, apretando los labios para disimular la respiración entrecortada, y siguió su camino.

Segundos después, Lee empujó la puerta del baño. El olor a perfume que solia reconocer en Wooseok llamó su atención. Se detuvo cuando vio a Johnny salir de uno de los cubículos, acomodándose la chaqueta con calma. Los ojos de Lee se desviaron. Reconocía perfectamente a Johnny Suh. El mismo que, años atrás, había sido la sombra incómoda detrás de Wooseok, arrebatandoselo. No dijo nada, pero su expresión bastó para dejar claro que entendía más de lo que aparentaba. Johnny, en cambio, le dedicó una sonrisa cortés antes de marcharse, como si nada hubiera pasado.

La fiesta continuó sin sobresaltos, hasta que las luces se atenuaban poco a poco. Cuando la música bajó, cada uno comenzó a retirarse. Doyoung salió echandole una ultima mirada; Wooseok no sospechó nada, para el final estaba lo bastante ebrio como para dejarse guiar dócilmente por Johnny hasta el coche. En casa, se desplomó sobre la cama y se durmió de inmediato.

Johnny permaneció un rato sentado a su lado, fingiendo leer en el resplandor tenue de la lámpara. Cuando escuchó la respiración profunda y regular de Wooseok, cerró el libro con calma, se levantó y salió sin hacer ruido. La noche apenas comenzaba, y el camino hacia el departamento de Doyoung lo esperaba, tan inevitable como el deseo que lo había mantenido despierto todo ese tiempo.

Cuando Doyoung abrió la puerta, Johnny no esperó palabras. Lo tomó de la cintura y lo empujó suavemente hacia adentro, cerrando la puerta con un golpe seco. El sonido resonó en el silencio del apartamento, justo antes de que sus labios volvieran a encontrarse.

El beso fue intenso y hambriendo, más crudo que en el baño. Doyoung lo sintió apoderarse de su boca, invadirla con una necesidad que no había tenido tiempo de saciar. Johnny lo sujetó con fuerza por la espalda, recorriendo con sus manos la línea de su camisa hasta encontrar la piel tibia que se escondía debajo. Provocando que Doyoung jadeara contra su boca, aferrándose a sus hombros, y dejando que las yemas de sus dedos se deslizaran por el cuello del hombre, notando cómo los músculos se tensaban bajo su toque.

Johnny bajó su boca por su mejilla, su mandíbula, hasta el cuello, donde el pulso de Doyoung latía frenético. Lo besó ahí, con presión, como si quisiera dejar una marca a propósito. Doyoung lo sintió sonreír contra su piel antes de abrir los labios para seguir besándolo más abajo, cada vez con menos paciencia.

Sus cuerpos se rozaban sin medida, y la fricción entre ambos se volvió un lenguaje propio. Johnny lo sujetó por la cintura, pegándolo a él, dejándole sentir lo que provocaba. Doyoung soltó un gemido ahogado, con su respiración entrecortada chocando contra el oído de Johnny. -Ah... ah...

-No sabes cuánto te estuve pensando -murmuró él, con la voz grave y cargada de deseo.

Doyoung sonrió apenas, alzando la vista con los ojos vidriosos y sus labios húmedos entreabiertos. Le acarició la mandíbula con el pulgar, antes de responder en un susurro tembloroso:

-Entonces demuéstramelo.

Johnny lo empujó lentamente hacia el dormitorio, sin apartar su boca de la suya, tropezando con el borde de la cama mientras las manos seguían explorando, descubriendo piel y marcando territorios. El aire se volvió más denso, y solo se oía el sonido de su respiración y el roce desesperado de sus cuerpos buscando más del otro.

Los manos de Johnny exploraron cada centímetro del cuerpo de Doyoung, acariciando y tentándolo mientras se besaban apasionadamente, desvistiendolo lentamente, quitándole cada prenda de ropa hasta que Doyoung yació desnudo frente a él. Su piel cremosa resplandecía bajo la suave luz del dormitorio.

Con una sonrisa traviesa, Johnny dio la vuelta a Doyoung para dejarlo boca abajo. Se quitó la corbata del cuello de su camisa y la uso para atar las muñecas de Doyoung detrás de su espalda. Johnny dejó el nudo suelto por ahora.

Recorriendo sus dedos por la columna vertebral de Doyoung, admiró la curva de su trasero, dando una nalgada que pese a no ser fuerte dejó una marca rosada. -Ábrete para mí-, ronroneó Johnny. Doyoung cumplió ansiosamente, presentándose como una ofrenda.

Johnny trazó besos a través de los hombros y la espalda de Doyoung, saboreando el gusto de su piel. Mordió y chupó, dejando un rastro de marcas de amor en su estela mientras este se arqueba en su toque, jadeando suavemente apoyando su mejilla en las sábanas.

Johnny frotó su erección vestida contra el pliegue del trasero de Doyoung, siendo la tela de sus pantalones una barrera agonizante. -Mierda, me vuelves loco- rugió mientras alcanzaba alrededor para acariciar el pene de Doyoung sintiendo el latido en su mano, goteando abundante líquido preseminal.

Doyoung sollozó, rodando sus caderas hacia atrás para restregarse contra él. -Johnny, por favor... Te necesito...

-Paciencia, cariño-, arrulló Johnny, continuando sus ministraciones. Movió sus dedos untados de la viscoscidad dulce de su presemen alrededor de la entrada de Doyoung, sintiendo que se contraía debajo de su tacto.

Finalmente, Johnny se puso de pie y se quitó rápidamente la ropa, liberando su pene erecto. Se lubricó antes de posicionarse en la entrada de Doyoung. Con una sola y fluida embestida, lo penetró. Su entrada estaba más floja y húmeda, podía adividar que Doyoung se había preparado momentos antes.

-Ah... mierda...-gimió Doyoung, estirándose alrededor de la gruesa circunferencia de Johnny. Sintiendose tan deliciosamente lleno.

Johnny tras unos segundos de esperar que se avostumbrara a su tamaño, estableció un ritmo constante, retirándose casi por completo antes de golpear hacia adentro. La cama crujió y se balanceó con la fuerza de sus embestidas mientras Doyoung se retorcia y gemía alto -Eso es... Toma mi polla- gruñó mientras se movia, obsévando fascinado como la pequeña entrada absorbia todo su pene.

Doyoung sólo pudo sollozar y gemir en respuesta, perdido en la felicidad y el éxtasis. Johnny lo folló duro y profundo, justo como comenzó a comprender que a Doyoung le gustaba en la cama. El sonido de piel golpeando piel llenó la habitación, y el chapoteo viscoso de sus fluidos junto con el lubricante era demasiado obsceno.

Johnny le rodeó la cintura para acariciar el pene goteando de Doyoung al ritmo de sus embestidas, apretandolo en la cabeza. -Voy a llenarte este culo apretado... Te llenaré de mi semen hasta que estés goteando de mi leche -jadeó.

-Por favor, Johnny...- suplicó Doyoung, apretándose alrededor de él. -Lo quiero... ah.. ahí... Hazlo ahí.

Johnny se inclina y susurra al oído de Doyoung- -Me encanta follarte duro, ver cómo te retuerces y gimes para mí-. Le pellizca un pezón mientras continúa golpeando su próstata sin parar -¿Te imaginas si pudiera dejarte embarazado? Quién sabe si continuamos follando de esta manera incluso milagrosamente puede que suceda...

Doyoung gime y arquea la espalda al sentir el toque de Johnny. -Sí, Johnny... Me encantaría llevar a tu hijo dentro de mí. Hazme tuyo por completo-  ruega vergonzosamente.

Johnny gimió, impulsado por las palabras de Doyoung. El movimiento de sus caderas se aceleró más rápido, persiguiendo su clímax. Con un gemido gutural, se enterró hasta la empuñadura y se corrió con fuerza dentro del latente agujero de Doyoung, inundándolo con su corrida.

Doyoung lo siguió rápidamente después, derramándose sobre los dedos de Johnny con un grito de placer mientras las lágrimas corrian a borbotones de sus bonitos ojos rasgados. Johnny deshizo el nudo suelto en las muñecas del otro liberandolo de su atadura y se desplomaron juntos en un amasijo sudoroso de extremidades, ambos jadeando pesadamente.

Johnny besó a Doyoung suavemente, saboreando la intimidad del momento -Duerme bien... -murmuró contra sus labios.

~

Doyoung se decía a sí mismo que no estaba haciendo nada malo. Sus primeros encuentros con Johnny habían empezado con pura necesidad y urgencia, pero con el tiempo se habían transformado en algo más complejo después de tres meses. No solo eran momentos de pasión, sino instantes en los que se acompañaban, se reían y se entendían sin palabras. Esa cercanía era peligrosa, y él lo sabía, pero el riesgo era parte del juego, y no podía dejarlo.

Johnny había empezado a inventar excusas, pequeñas mentiras tras otras, para poder pasar tiempo con Doyoung sin levantar sospechas. Cada vez que desaparecía durante horas, Wooseok confiaba en que eran asuntos de trabajo o compromisos sociales, nunca sospecharía la verdad que se tejía detrás.

Un día, durante la hora de descanso, Doyoung estaba esperando su café cuando Wooseok se acercó con una sonrisa burlona, señalando la marca recién formada en la nuca de Doyoung.

-¿Y este salvaje quién es? -bromeó, curioso y divertido a sus espaldas.

Doyoung se quedó pálido cubriendo la parte que Wooseok le había evidenciado. Si supiera que ese 'salvaje' era Johnny, su propio novio en las noches de encuentros y juegos.

La preocupación y la culpa por Wooseok se había desvanecido, porque su mente solo pensaba en Johnny.

Más que esconderse, sentía la tentación de restregárselo, "Estoy con Johnny todas las noches porque tú no lo cuidas como deberías". La idea le dibujó una sonrisa casi imperceptible, llena de desafío y de una satisfacción prohibida. Se justificaba a sí mismo con que no era culpa de él; Wooseok había puesto a Johnny a su alcance como  una copa rebalzada cuando Doyoung era solo un hombre sediendo en el desierto. Él simplemente había tomado lo que le ofrecían. Era justo, según su lógica torcida.

Cada pensamiento sobre Johnny lo llenaba de ansia y seguridad a la vez. No había vuelta atrás. Cada encuentro secreto se convertía en un recordatorio de que lo que tenían era suyo, exclusivo y real. Doyoung no estaba dispuesto a ceder, ni a arrepentirse, ni a dejar que nadie, ni siquiera él mismo, interfiriera en la intensidad de lo que compartían.

Pero no todo podía ir como lo deseaba...

Wooseok comenzó a volverse una verdadera piedra en el zapato para Doyoung. De repente, parecía acaparar por completo el tiempo de Johnny, dejando a este último incapaz de inventar excusas. Cada mensaje que Doyoung enviaba quedaba sin respuesta, siendo cada intento de encuentro frustrado por compromisos ineludibles de Johnny con Wooseok.

Tal fue así que tras una semana sin poder verse, Doyoung ya no pudo contenerse. La frustración y el dolor se acumulaban en su pecho, convirtiéndose en un peso insoportable.

-¿Estás diciéndome que lo prefieres a él? ¿Te irás de viaje con él? -su voz temblaba, mezclandose la incredulidad y la rabia.

Johnny respiró hondo, incapaz de dar la respuesta que Doyoung necesitaba. -Doyoung, sabes que no es tan fácil… Wooseok planeó esto y no puedo decirle que no… simplemente…

-¿Y yo qué? ¿Qué sentido tiene todo esto? -Doyoung lo interrumpió, con los ojos húmedos, y la garganta atrapada por la decepción.

-Doyoung, yo… te prometo que… -Johnny trató de acercarse, de explicarse, y de justificar su indecisión.

Las lágrimas se derramaron cuando Doyoung desvió la mirada y se abrazó a sí mismo al cruzar los brazos. -Vete, Johnny… -dijo él, dándole la espalda y sintiendo que el corazón le estallaba de dolor.

El hecho de que Wooseok jugara a ser de pronto el novio perfecto hizo que Johnny cayera en sus redes, y Doyoung lo odiaba con todo su ser. La mezcla de amor y traición lo consumía. Era tal su enojo que decidió alejarse por completo aprovechando sus días libres para volver a su pueblo, buscando escapar de la decepción que le había dejado Johnny. Necesitaba recuperar su centro, respirar y volver a encontrarse consigo mismo.

Durante esos días, se refugió en la compañía de Joy, quien lo escuchó y lo consoló, permitiendole llorar sin juicio. También acompañó a su madre durante sus tratamientos, pasando horas en la sala junto a ella, intentando mantener la mente ocupada y el corazón protegido. Jaehyun, el médico encargado, solía charlar con él mientras revisaba los controles, y Doyoung no pudo evitar notar cierta atención especial en la mirada de Jaehyun. Al darse cuenta de que el hombre lo observaba más de lo estrictamente profesional, comprendió que Jaehyun estaba interesado en él.

Y pudo comprobarlo cuando, el hombre lo invitó a tomar un café. Hablaron de la vida, de planes futuros y de pequeñas trivialidades, pero para Doyoung todo se mezclaba con un impulso de despecho hacia Johnny. La rabia y la tristeza lo hicieron actuar impulsivamente, cediendo a la necesidad de sentirse deseado y correspondido en un instante de pasión con Jaehyun. Fue un acto de liberación y de venganza silenciosa, un recordatorio para sí mismo de que podía elegir, de que podía sentirse querido si quisiera aunque fuera solo por un momento...

Para aumentar su sensación de poder, Doyoung incluso grabó una nota de voz, con su respiración agitada y un gemido apenas perceptible de Jaehyun sin que este se diera cuenta. Enviándosela al número de Johnny, que lo había estado bombardeando de mensajes suplicándole perdón y preguntando dónde estaba, prometiendo que no iría a ningún lugar con Wooseok. Doyoung no necesitaba responder con palabras, esa pequeña grabación lo decía todo y deseaba que sea suficiente para apuñalar su corazón.

Sin embargo, Johnny permaneció en silencio después de escuchar el mensaje de Doyoung. La ausencia y el silencio pesaba, y Doyoung por un instante pensó que lo había arruinado todo. Pero ¿qué importaba? Johnny ya había elegido a Wooseok… ¿o no? Que se fuera a la mierda aunque se llevara todas sus esperanzas de amor con él.

No fue hasta el día siguiente que Johnny apareció en la puerta de su casa en el pueblo. Doyoung no tenía idea de cómo había descubierto dónde estaba, y dónde vivía. Doyoung se enteró de su presencia solo después de regresar de un paseo con Jaehyun, cuando vio el Mustang negro estacionado frente a la casa de su madre.

Al entrar, encontró a Johnny sentado en la sala, tomando té junto a su madre.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Doyoung, sorprendido y un poco abrumado.

-Doyoung… tenemos que hablar. Por favor. -La voz de Johnny estaba cargada de urgencia, casi suplicante.

La madre de Doyoung los observó un instante desde la sala, con la curiosidad brillando en sus ojos. Doyoung sintió un calor intenso subirle por el cuello, mezclando la vergüenza y la ansiedad. Su madre siempre había sabido, de una manera silenciosa, de sus preferencias por los hombres, aunque nunca lo habían hablado abiertamente, ella lo aceptaba sin reservas y lo amaba tal como era, incluso arriesgándose a las miradas y los rumores del pequeño pueblo. Esa aceptación silenciosa le proporcionaba a Doyoung un alivio cálido, aunque no podía evitar sentirse expuesto en ese momento.

Con Johnny intercambiaron una mirada cargada de complicidad antes de dirigirse hacia el patio, buscando la privacidad que les permitiera hablar sin interrupciones. El aire fresco del exterior rozó su piel, intensificando la cercanía entre ellos. Cada paso que daban juntos parecía alargar la tensión contenida, y Doyoung no podía ignorar el sutil temblor que recorría su cuerpo al sentir la presencia de Johnny tan cerca después de días.

-Terminé con Wooseok -dijo Johnny, y el corazón de Doyoung dio un vuelco, como si de repente se hubiera acelerado todo su mundo. Sus manos se tensaron ligeramente, y un calor agradable le subió por el pecho.

Johnny, sin perder la compostura, señaló con un gesto casual a Jaehyun. -¿Te estás viendo con el hombre que te trajo a casa? -preguntó, con una mezcla de curiosidad y un dejo de reproche en la voz.

Doyoung se tensó un instante, evaluando si responder con sinceridad o con evasivas. Sus ojos se cruzaron con los de Johnny, cargados de intensidad y una certeza que no dejaba espacio para mentiras. La proximidad del otro le hizo sentir que cada palabra, tendría un peso imposible de ignorar.

-Solo nos acostamos una vez… y no quiero que termines con Wooseok solo porque sientes que me pierdes. No quiero que luego me culpes si lo nuestro no funciona -respondió Doyoung, intentando mantener la calma mientras sentía cómo su corazón se aceleraba.

-No es por eso... Con Wooseok debimos terminar hace mucho tiempo. Él me engañaba, bueno... el secretario de su padre me lo dijo porque era su amante y lo sé... tal vez siempre lo hizo. Supongo que por eso no pude evitar sentir culpa cuando tú apareciste en mi vida... -Johnny respiró hondo, buscándole la mirada-. Realmente te quiero conmigo, Doyoung.

Un silencio breve cargado de emociones los envolvió.

-¿Sólo porque te quedas solo me eliges? -preguntó Doyoung, temeroso de la respuesta, pero deseando escuchar la verdad. Sabía que Johnny no tenía razones para engañarlo.

-Sabes que no es así -replicó Johnny, firme-. Me gustas y quiero empezar algo serio contigo, como deben ser las cosas, como debió ser. Quiero que estemos juntos de verdad, sin esconder nada.

Doyoung lo miró, con el corazón latiendo con fuerza, sintiendo que todo el dolor y la frustración de los últimos días comenzaban a disiparse. Esta vez, Johnny hablaba con sinceridad. No había engaños ni había excusas. Solo ellos, finalmente, enfrentando lo que realmente sentían.

-Está bien… -dijo Doyoung, aún con el corazón latiendo con fuerza.

-Tu madre fue muy amable… es simpática y dulce, como tú -comentó Johnny, sonriendo suavemente.

-Ella… no puedo compararme con ella -susurró Doyoung, con la voz quebrada-. Es demasiado buena. Es injusto que esté atravesando esto.

-Puedes hablar conmigo, no lo sabía -dijo Johnny, acercándose. -Podemos ver a los mejores médicos, Doyoung.

-No quiero hacerlo… no quiero llorar ahora. Solo me aferro a que los médicos dicen que el tratamiento está siendo efectivo -respondió Doyoung, evitando que su vulnerabilidad lo desbordara.

Johnny lo rodeó con los brazos y, cuando Doyoung cedió, lo besó suavemente en la mejilla.

-Johnny… si me quieres ahora no me sueltes después... -susurró él.

-No lo haré… -respondió Johnny con firmeza-. Le dije que eras mi novio.

-¿Cómo? -preguntó Doyoung, sorprendido.

-Bueno, en realidad me lo preguntó directamente… pero me dio un buen sermón -dijo Johnny, con una sonrisa ligera, intentando aliviar la tensión.

Doyoung suspiró, pensando en lo imperfecto que era el amor, en cómo se había vuelto egoísta y cruel por enamorarse de alguien como Johnny, y en la montaña rusa de emociones que eso traía consigo.

Cuando Wooseok se enteró de su relación con Johnny, no dudó en vengarse. Lo humilló frente a sus compañeros y, peor aún, logró que Doyoung perdiera su puesto.

-Eres un maldito… ¿cómo pude confiar en ti? -le gritó Wooseok-. Los callados son los peores, ¿verdad? Te hacías el inocente mientras te acostabas con mi novio.

Doyoung apenas pudo defenderse -Al menos yo lo amo de verdad, tú lo perdiste y nunca lo volverás a tener porque ahora es mío y me ama… así que jódete -dijo, con rabia contenida y un dejo de dolor, tirando su pase de identificación a la basura.

Aunque la pérdida de su empleo fue un golpe duro, logró levantarse. Encontró trabajo en otro lugar y, a pesar de las amenazas de Wooseok de arruinarlo, agradeció que su padre no le diera importancia real a la intriga. De hecho, el señor Byeon le agradeció en secreto. Gracias a Doyoung, Johnny se había alejado de sus negocios. El señor Byeon siempre había odiado a Johnny, consciente de cómo había escalado posiciones, pisoteando inversiones y socios, entre ellos a él mismo. Johnny representaba una competencia demasiado grande para que Byeon pudiera tolerarlo.

Doyoung respiró hondo, sintiendo que, a pesar de todo, había tomado la decisión correcta al estar con Johnny. Lo que le esperaba aún era incierto, pero al menos ahora podía mirar hacia adelante con un poco de esperanza.

Notes:

He dejado muchos frentes abiertos, creo que me servirá si deseo continuarlo. Espero que lo hayas disfrutado.

Notes:

Solo son dos partes asi que mañana subiré la otra. Ojalá disfruten la lectura ☘️