Chapter Text
POV: Sasuke U.
Sakura siempre trataba de oler bien, no importaba cuan sudada estaba, ella siempre olería bien, y todo por mí, para que ella tuviera mi atención. Por defecto, termine relacionando las cerezas con sakura.
Ella siempre tuvo incontables pretendientes; Lee, Naruto, y otros chicos extraños de aldeas en misiones, siempre alguien caía rendido a sus pies. A pesar de todo, ella seguía detrás de mi; a pesar de que habían más chicos que la trataban mejor que yo, ella seguía aferrada a mi, mientras que yo solo la trataba de molestia.
Por mi parte Sakura siempre dijo que yo olía a café, según yo, olía a tomates ya que era y es mi comida favorito, aun así Sakura siempre decía y era persistente en que yo olía a café, obviamente no siempre era así, a veces olía a menta, otras veces a sudor por más asqueroso que sea, también a vainilla, principalmente cuando Ino me acorralaba y me abrazaba con una intensidad donde dejaba impregnado en mi su olor a perfume de vainilla, irritando a Sakura en el proceso.
La noche en que traicioné la aldea Sakura olía a sudor y miedo con perfume de cereza, yo olía a café más que nunca por las noches en vela planeando mi venganza. Estaba asustada y paniqueada, recuerdo su cara llena de lágrimas declarando su amor hacía mí, en su tiempo lo tomé como una molestia más del montón, pero se que para ella no lo fue.
Después de irme de la aldea y tener la pelea contra Naruto, empecé a tener un olor diferente. Conocí a Karin, todo el tiempo tenía un olor a Jazmín extraño, olor muy empalagoso para mi gusto. Según Suigetsu, la razón radica en su infancia, al escuchar a adultos hablando del poder de los perfumes de feromonas, su motivo era más que obvio. Entonces, los enfrentamientos a muerte empezaron.
Primera muerte, me sentí ligeramente mal, pero no lo suficiente para parar; a la décima muerte el sentir como mis enemigos perdían sus signos vitales era lo más normal del mundo, se podría decir que llegue a disfrutar el terror pasmado en la cara de mis víctimas.
Para el reencuentro con Sakura, yo ya no olía a café, ni a tomates; olía a sangre y yo estaba consiente de eso, sin importarme en lo más mínimo, aunque si llegue a sentir un olor diferente de ella, extrañado de no oler nada a cereza, percatandose de un olor más predominante, fresas.
En la guerra yo olía a sangre más que nunca, a pesar de haber dejado ese rencor que tuve por tantos años, el recuerdo de todas mis víctimas seguían en mi, torturándome con el olor de su sangre.
Recuerdo exactamente el olor de sakura; sudor, tierra, pero también fresas. Nunca me di cuenta, pero creo que el olor a cerezas siempre le quedó mejor. No digo que el de fresa huela mal, pero siempre creí que la cereza era su olor predeterminado, el mejor que le quedaba.
Para el final de la guerra, en los breves momentos que pude ver a Sakura antes de mi viaje de redención siempre estaba con ese Hyuga, siempre. Cuando trataba de acercarme a ella, llegaba el Hyuga y su estúpida voz a la defensiva.
Los rumores de ellos dos no tardaron, según "saliendo" y como cada vez se les veía más cerca; me parecía lo más patético del mundo, ¿Cómo Sakura se pudo rebajar a eso? ¿Cómo podía seguir siendo una molestia aun así no estuviera en mi vida? ¿En qué momento ella dejó de ser mía?
Poco a poco llegaba el día de volver a irme de la aldea, expiar mis pecados y dejar el peso que llevaba cargando en mi espalda desde la eternidad. Aunque yo deje de matar; seguía sintiendo el olor de sangre en mi capa, en mi ropa, recorriendo todo mi cuerpo como una mancha permanente, marcado como una cicatriz que nunca se iba. Fielmente creo que era una forma de venganza de las personas a las que lastimé y a las que maté, y yo no los culpaba.
Al irme a mi viaje de redención recuerdo ver a Sakura con algunas lágrimas en los ojos, pero nada más allá de eso.
¿Desde cuando ella ya no se ponía nerviosa con mi sola presencia?, me fui con un sentimiento de vacío y confusión, pero era lo mejor, se supone que el viaje era para aclarar todo; no había nada en la aldea que pudiera hacer que me quedara, ni siquiera ella.
Para cuando volví a la aldea después de 12 años todo estaba diferente, pero lo que más me sorprendió fue ver a Sakura, a su lado un chico de no más de 9 años y cabello café oscuro con esos ojos verdes característicos de la pelirrosa. Podría oler desde lejos su aroma a fresas, sin ningún rastro del antiguo aroma de cerezas.
Recuerdo cuando mi halcón trajo la invitación formal a la boda de Sakura y el asqueroso Hyuuga, cosa a la que mi orgullo no permitiría ir, declinando en una carta y ofreciendo mis más sinceras felicitaciones, que de sinceras no tenían nada.
Tanto tiempo entre viajes y silencio me hizo darme cuenta de las miles de oportunidades que tuve para hacer las cosas bien, pero siempre rechazadas por mi gran orgullo, tomando la decisión de esta vez, por más tarde que fuera, hacer las cosas bien.
Verla ahí parada después de tantos años despertó algo en mi, quería ir a saludarla y decirle todo lo que mi venganza, el sello y sobre todo mi orgullo nunca me dejó que hiciera, pero mis pies no se movían.
Sakura no me notó hasta que el niño pequeño le tiró de su ropa y le dijo algo, volteando a verme.
Me miraba fijamente, casi como si yo fuera un fantasma, "¿tanto tiempo me ausenté?" pensé.
Salió de su trance y me saludó con una cálido abrazo, actualizándome de la situación de Konoha y me ofreció ir a un café cerca, específicamente el mismo al que siempre ella me rogó ir, aunque dudo que se acuerde de eso.
A pesar de mi hambre me negué, tenía que ir a la oficina del Hokage. Iba a despedirme cuando el pequeño niño que durante la conversación se escondió detrás de Sakura me interrumpió.
"¡Soy Hikari Hyuga!, mi tío Naruto me ha dicho muchas cosas sobre usted!" Mencionó el pequeño, dejándome ligeramente atónito por un segundo. "Quisiera saber si todas aquellas son reales"
Note su emoción en su cara de inocencia, dándome cuenta el parecido innegable que tenía con Sakura a pesar de su cabello heredado por su padre.
"Hikari, ¿Cuántas veces te he dicho que es de mala educación interrumpir a alguien?" Exclamó Sakura.
"Perdón mamá" El escuchar como se refería a Sakura como mamá se me hacía algo irreal todavía, un defecto de estar ausente por tanto tiempo supongo.
Creo que pase mucho tiempo en silencio al ver la cara de incomodidad de Sakura, por lo que no tuve mejor idea que irme, no sin antes despedirme de ellos.
"Algún día te contaré las cosas que hice Hikari, pórtate bien con tu madre" Dije revolviendole el cabello.
Finalmente me despedí de Sakura con un abrazo que duró más de lo normal, y emprendí mi camino hacía la torre Hokage, con Naruto esperando a mi llegada.
Antes de poder voltear la esquina, sentí la presencia de alguien acercándose a Sakura, para mi desgracia, era su esposo y padre de sus hijos.
Neji Hyuga.
Sabrá Dios si fue por auto desprecio o morbosidad, pero decidí mirar desde la sombra como se acercaba a Sakura con una bebe de pelo rosa en brazos. Plantando un beso ligero en sus labios, con Hikari haciendo cara de asco. Eso me bastó para que las ganas de correr y llevarme a Sakura muy lejos de ahí recorrieran todo mi cuerpo, pero decidí hacer todo lo contrario y dirigirme rápidamente a mi destino.
Al llegar a la torre Naruto me recibió alegre con los brazos abiertos, tomándose un descanso de todo el papeleo.
En lo que charlabamos, no pude evitar ver un paquete de fresas frescas, pues el olor inundaba la oficina.
"¿Para quién son las fresas?" Pregunté.
"¡AGH! Olvide entregar las fresas a Neji, me hizo un favor cuidando a Boruto hace unos días y le prometí llevárselas" Contestó Naruto agarrándose la cabeza mientras se quejaba. "¿Puedes creer que al amargado de Neji le gustan las fresas?"
Quedé petrificado, y muchas cosas dieron sentido en ese momento, pero lo primordial fue entender que Sakura no era mía desde hace mucho tiempo y como es que ella desde hace mucho dejó de oler a cereza y yo desde hace mucho deje de oler a café.
