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La vida que nos pertenece.

Chapter 3

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

                  Querido Pie, 

Sé que la mayoría de la gente escribe en sus diarios al final del día, pero dudo que sea una regla obligatoria. Así que estoy escribiendo ahora. 

Los días han estado tranquilos, no parece ser el tipo de lugar al que venga mucha gente, y casi parece que soy la única que vino sola. Creo que por eso Minji me habla a veces… También dijo que mañana nos puede dejar en el parque de diversiones. No tengo permitido manejar todavía, así que creo que aceptaré su oferta. Además, estaría ahorrando algo de dinero. 

Por si tienes curiosidad, hoy planeo pasar un rato en la piscina. En lo que termine de escribir voy a tomar mis cosas y 

Se escuchó un golpeteo sobre la puerta. Yoohyeon paró de escribir.

—¿Diga?

—Es Minji —contestó la voz al otro lado. 

Yoohyeon se levantó a abrir la puerta, y la dueña del hotel le sonrió al verla. 

—Solo quería recordarte que ya es hora de la limpieza por aquí. 

Oh, claro. Minji les había comentado sobre los turnos para hacer la limpieza. En parte por eso iba a pasar el rato en la piscina hoy. Yooh le agradeció y se dispuso a tomar lo que necesitaba para salir. Sus ojos se detuvieron en el diario sobre el escritorio por un momento, antes de suspirar y guardarlo en uno de los cajones. Ya terminaría de escribir más tarde.

Cuando bajó a la piscina, el patio trasero estaba casi desierto a excepción de una persona. Estaba sentada de espaldas a ella, mirando en dirección al patio de juegos. Yoohyeon solo podía ver su larga y espesa cabellera color castaño, y el lienzo no muy grande posicionado frente a ella. La chica estaba pintando. 

Al acercarse, pudo ver la pintura mejor: suaves acrílicos reflejaban con claridad el patio de juego frente a ellas, con los árboles en la distancia y el gran columpio abandonado. Yoohyeon reprimió el pequeño suspiro en su pecho, preguntándose, ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que algún niño jugó allí? ¿Cuánto tiempo llevaría, solo? En la pintura, lucía un poco abandonado. Ella misma no recordaba la última vez que corrió y rió en un lugar así. 

Wow —soltó el suspiro al fin—: qué bonito. 

La pintora se tensó de pronto, apretando con fuerza el pincel en sus manos por apenas un segundo, antes de exhalar y darse la vuelta con una sonrisa tranquila. 

—¡Gracias!

Yoohyeon se dio cuenta de que la había visto antes — bueno, no es que sea algo difícil en este sitio, pensó—; parecía ser amiga de Minji, aunque por lo general la veía tan sola como ella estaba. 

—No es nada, en serio está muy bonito —dijo—. ¿Eres artista? 

—Así es —contestó—. ¿Y tú?

—Yo soy… —vaciló—: Soy Yoohyeon. 

La pintora rió, el sonido penetrante en sus oídos como el canto de un pajarillo.

—Bueno, mucho gusto, Yoohyeon —Extendió su mano, decorada con unos cuantos rastros de pintura—. Me llamo Bora.


Yoohyeon regresó a su habitación un rato después del almuerzo. De alguna forma, había terminado haciendo pequeñas carreras de natación Bora, por lo que estaba exhausta. Luego de tomar una ducha, se quedó dormida apenas tocó la cama. 

Despertó un par de horas después, con el sol de la tarde tardía tiñendo la habitación de un color naranja dorado. Observó un rato el techo, su mente todavía sumergida en las aguas del sueño. Cuando al fin se levantó, tomó un vaso de agua y se sentó en el escritorio. Sacó su diario del cajón. Al abrirlo, frunció el ceño. 

En la página donde se quedó, estaba escrito: 

Por si tienes curiosidad, hoy planeo pasar un rato en la piscina. En lo que termine de escribir voy a tomar mis cosas y 

Disculpa. Minji llamó a la puerta para avisarme que ya era hora de la limpieza, así que decidí bajar de una vez a la piscina. Allí conocí a Bora, quien estaba pintando antes de que yo llegara. Las dos charlamos por un buen rato, y ella me retó a ver quién nada más rápido. Debo admitir qué perdí, ¿cómo es un cuerpo tan pequeño, tan rápido? 

Pero en fin, me reí mucho con ella. Después fui a almorzar, y recién volví a la habitación y tomé una ducha. La verdad es que estoy algo exhausta, así que iré a tomar una siesta. Nos vemos luego, Pie. 

Atentamente, Yoohyeon.

Yoohyeon se quedó mirando la página por varios minutos, como en un trance, su ceño aún fruncido. No recordaba haber escrito esos últimos párrafos. 

No, no. ¿Cómo era posible? Ella se durmió apenas salió de bañarse. 

Sin embargo, no cabía duda de que aquella era su letra. 

No recordaba haberlo escrito. Una sensación amarga se asentó en el fondo de su garganta. No pudo haberlo escrito. 

¿O sí? 


Bora se sentó sobre la cama y observó la pintura que había hecho. Su mirada lucía tan perdida como ella se sentía, tratando de buscar algo de valor en el vacío dentro de sí misma. 

Suspiró. 

Wow, qué bonito”, resonó una voz en su cabeza. Mordió su labio y exhaló profundamente en un vano intento de controlarse. 

Pero no había forma de controlar el magma que empezó a hervir dentro de ella, apoderándose del vacío hasta amenazar con derretir sus entrañas y derramarse. Su rostro se contorsionó, un profundo asco se asentó en su garganta y elevó su labio superior en una mueca. Llenando sus sentidos, el espeso líquido hirviente se convirtió en agua salada al atravesar sus glándulas lagrimales. 

Se levantó de golpe, sus manos agarrando la pintura con tal fuerza que emblanquecía sus nudillos. La alzó por encima de sí misma antes de arrojarla directo al suelo, ignorando la posibilidad de que alguien podría escucharla en el piso de abajo. 

La pisó una, dos, tres y más veces; la lluvia en su rostro era tan imparable como la ráfaga de golpes asestados por sus pies. Dejó caer todo el peso de su frustración sobre la pintura hasta que se detuvo.

Observó el desastre bajo de ella, su pecho elevándose y cayendo sin control. 

No era suficiente. 

Sus manos alcanzaron las tijeras sobre el escritorio. 

No se paró a dudar antes de clavarlas sobre el lienzo, rasgando la tela en todas las direcciones hasta que estuvo completamente destrozada. Ya no había manera de distinguir el solitario parque que había sido pintado. 

Bora no sabía en qué momento cayó sobre sus rodillas. Mordió su antebrazo y solo entonces, amortiguada por su propia carne, gritó. Y lloró, y gritó de nuevo, y lloró de nuevo, hasta que al fin pudo volver a respirar con tranquilidad.

Y, sin embargo, el vacío seguía dentro de ella. Ocupando espacio. Demandando más. Afilando sus garras cada día y rasgando, rasgando, rasgando. 


Yubin se encontraba en un pasillo oscuro. No estaba segura de cómo llegó ahí, y su vista resultaba borrosa y difuminada en los bordes, como un lente de cámara enfocado en solo un objeto delante de ella. Su mente se sentía pesada y su cuerpo se movía, mas estaba segura de que no era ella quien lo controlaba. Caminó a paso seguro hasta lo que reconoció como la puerta de su habitación, y entró. Se sentó en la misma silla donde Gahyeon estuvo en la mañana, observando fijamente hacia la cama. 

Acostada, de espaldas hacia la puerta, está una figura que resulta familiar incluso en la oscuridad: Handong duerme con total placidez, abrazando a modo de cuchara la cintura de alguien que, si Yubin lograba ver bien, era ella misma. 

No supo cuánto tiempo estuvo sentada ahí. Por el rabillo de su ojo, podía notar un leve reflejo en la ventana del cuarto. Pero aparte de un par de puntos rojos brillando en medio de la oscuridad, no lograba distinguir nada. Cuando el cielo estaba tan oscuro que parecía que pronto iba a amanecer, se levantó. Y abrió los ojos. 

Había sido un sueño. 

Estaba acostada con Handong de la forma en que había visto, con pequeños rastros del alba asomándose por la ventana. El aliento de su novia golpeaba suavemente sobre su cuerpo, una gran sensación de calidez y confort rodeándola por completo. 

Y aún así, un pequeño peso persistía sobre sus hombros, le incomodaba en el fondo de su garganta. El peso de sentirse observada. Inhala profundamente, entrecerrando sus ojos antes de moverse con lentitud. Su corazón golpeaba con fuerza dentro de su pecho, amenazando con salir volando mientras se volteaba. Entonces, continúa respirando. No había nadie más en la habitación. 

—¿Mmm? —preguntó Handong, sintiendo su movimiento incluso estando perdida en sueños.

Yubin besó la comisura de sus labios y acomodó el rostro entre la curvatura de su cuello. Abrazó a su novia con fuerza, entrelazando sus piernas con las de ella. Solo así, refugiándose en ella, logró seguir durmiendo. 


Bora despertó en la mañana como si hubiera tenido un mal sueño, su cabeza un poco adolorida por el episodio anterior. Al cepillarse los dientes, se observó con cuidado en el espejo: por lo menos no tenía los ojos hinchados. Suspiró. Quizás no había esperado el tiempo suficiente para volver a pintar. 

Quizás sigues intentando expresar algo que no eres tú, se dijo a sí misma. Sacudió la cabeza. Por el día de hoy, no pensaría más al respecto.  

Empezó a vestirse y a arreglar un pequeño bolso con tranquilidad. Todavía faltaba un rato antes de la hora del desayuno, y por ende para salir con Minji también. Pero cuando atravesó la habitación para alcanzar su monedero, se paralizó. 

Un sudor frío recorrió su nuca y tragó en seco. Parpadeó repetidas veces, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. 

Frente a ella, estaba la pintura del parque que había destrozado la noche anterior. Sus colores vibrantes, su tela intacta. 

Bora dio unos pasos adelante y la tocó, asegurándose de que no lo estuviera alucinando. ¿Cómo era posible? Había roto este mismo lienzo en pedazos hace menos de doce horas. 

Aunque había algo raro en la pintura. Era exactamente igual a la que había hecho y, aún así, no lo era. Como si hubieran retorcido los ángulos de alguna manera y los colores, a pesar de ser los mismos tonos, lucían enfermizos. Esto tal vez parecía su pintura, mas no podía serlo, incluso si la firma en la esquina inferior derecha indicaba lo contrario. 

Esta no soy yo. 

Pero, sus pinturas no habían sido ella por un largo tiempo. ¿Cómo podía estar tan segura? 


Cuando Minji había hecho el ofrecimiento el día anterior durante el desayuno, no esperaba que todas las chicas se unieran al mismo tiempo. No le molestaba, claro, solo le sorprendía un poco. Pensaba que solo Bora vendría, quizás Yoohyeon. Su amiga de la infancia incluso había llegado de última, luciendo un poco perdida en sus pensamientos mientras saludaba a las demás. 

Bueno —pensó mientras arrancaba la van—, espero sea un día divertido. 

Notes:

feliz navidad<3 y en caso de que se me pase mucho la fecha, feliz año nuevo también. ¿Qué tal? 👀 discúlpenme la tardanza y el capítulo medio corto, es que no me cuadraba en el flujo incluir más cosas aquí.

Notes:

¡Muchas gracias por leer! ^^