Work Text:
Abrió sus ojos encontrándose en la oscuridad, no había ruido alguno, solo un intenso color negro. Un suave arrullo acaricia su piel, es frío pero cálido, es como el agua que se mueve, como las olas del mar.
¿Estaba muerta?
Había escuchado a la gente decir que antes de morir “su vida pasaba frente a sus ojos” y Jolyne había tenido una vida bastante agitada y corta, son pocos los momentos felices en su mente que fácilmente son opacados por los más dolorosos, aun al final de su vida las cosas terminaban de manera trágica, sus amigos estaban muertos, el hombre que la amaba también, toda su familia, el malestar golpea su pecho, dejando un hueco que arde profundamente cuando llega el recuerdo de la muerte de su padre. Pensar en su padre en un momento así es agridulce, recordarlo siempre lejos, siempre ausente, tanto necesito de él, de su cariño, recordaba las muchas veces que lloro para que se quedara a su lado, las cosas que había hecho para llamar su atención, al grado de ser una criminal con tan pocos años de vida, solo para terminar logrando el efecto contrario y alejarlo más.
Muchas veces se pregunto si ese hombre alguna vez la amo o a alguien. Era todo un enigma, de todas las excusas que le dieron para justificarlo, nunca supo cuantas fueron verdaderas, ¿Debía odiarlo, debía amarlo?
Era su padre, pero hubiera deseado conocerlo mejor, que hubiera estado a su lado mientras crecía, sentir su apoyo, pero en lugar de eso solo se lleno de un rencor que la enveneno.
¿Por qué se había alejado de ella? ¿Qué había afuera en el océano que tanto parecía amar?
Era amargo y triste que hasta el final supiera la “maldición” que perseguía a su familia, las desgracias que habían seguido a cada miembro de esta, incluso a su padre y ahora ella.
No era justo para nadie, mucho menos para ella, ¿Por qué simplemente no había tenido una vida normal y feliz?
Un sonido llega a sus oídos pausando sus agridulces recuerdos, esta vez está segura de que es el cálido arrullo que se crea cuando las olas se rompen en la orilla de la playa. Pero solo es lo que escucha y lo que siente, ante sus ojos no hay nada y tampoco puede moverse es una sensación asfixiante, solo puede recordar las cosas que duelen, la muerte sin duda era horrible.
¿Qué no debía simplemente ya no sentir nada? Caer en un profundo sueño, dejar de respirar y nunca más volver a levantarse.
Solo puede anhelar, ya que su mundo dejaría de existir se pone a pensar en el mundo ideal que soñaba cuando era niña, si iba a reiniciarse ¿Porque no un mundo mejor? Uno donde viviera en un hogar unido, con dos padres que se amaran, tal vez tener un hermano o hermana, tener buenos amigos y ser buena en la escuela.
Pero solo deliraba.
Entonces sorpresivamente una luz se abre paso en la oscuridad, cegándola momentáneamente, basta ese segundo para que al siguiente sea atacada con la sensación de que su boca se llena de agua, es tan sorpresivo el sentir que se ahoga y no poder moverse. Vuelve a abrir los ojos y esta vez está segura de que esta dentro del agua, su mirada vislumbra una luz mientras siente que es arrastrada al fondo, no entiende nada, no sabe que está pasando, simplemente siente que sus brazos se liberan de aquella fuerza que la detiene y empieza a nadar para alejarse del abismo.
El agua esta irritando sus ojos y llorar no sirve de nada si sus lagrimas se convierten en agua salada, aquello es un infierno, la desesperación es tan real mientras se esfuerza por ver la superficie y solo hay un brillo suave que le da una esperanza que no tiene sentido, pero la sensación al ahogarse no es agradable y se aferra a ella.
Ya con poca energía sus movimientos se vuelven erráticos, pero ya le falta poco, estira su mano donde la luz parece más intensa y dudando de su incierto destino simplemente se deja llevar. Al tocar la luz todo vuelve a la oscuridad, eso le toma por sorpresa y solo puede pensar en que ha llegado al fin del que todos hablan, al descanso eterno.
Pero incluso en esa oscuridad no hay nada tranquilo, de nuevo no puede ver y ni se puede mover, de repente escucha ensordecedores gritos que vienen de algún lugar, lamentos y alaridos de dolor, eso era horrible como una pesadilla sin fin.
“¡Jolyne!” uno de esos gritos lleva su nombre y desesperada por ser salvada de ese infierno ella también empieza a gritar.
“¡Ahhh, ya basta!” patea a la nada moviéndose con violencia esperando poder escapar de aquel tormento y estrepitosamente todo queda en silencio por un momento.
“¡JOLYNE, DESPIERTA!”
Aquella voz es su salvación, sus ojos se abren al instante, se les puede ver desorbitados y llenos de temor, su pecho sube y baja aceleradamente tratando de jalar todo el aire posible para sus pulmones, su cabello desordenado se pega contra sus mejillas a causa del excesivo sudor frio que baja desde su frente, solo puede temblar mientras intenta respirar adecuadamente.
“Es como si estuviera poseída, como la niña del exorcista” se escucha una voz desde algún lugar, es distorsionada a sus oídos pero aun así nota cierto aire irónico.
“No es momento para bromas, Jouta” una voz más adulta da un regaño ante el comentario, es suave pero no deja de ser severo.
Jolyne esta desorientada, no sabe lo que está sucediendo, ¿Ha dejado de soñar? Lentamente lo que hay frente a ella toma forma, la oscuridad es remplazada por el techo de su habitación, pequeñas estrellas de luz adornan sus paredes, provienen de su lámpara de noche, la única forma en la que podía dormir sola en su habitación. Busca ansiosamente cada detalle, su memoria acomoda cada pieza mientras una voz en su cabeza le ayuda a recordar el lugar donde está y quien es ella, hasta que sus ojos verdes se topan con unos de color amatista que le miran directamente.
Se queda quieta mientras ve aquellos ojos, expresan preocupación y duda, una mano se acerca a su rostro y le acaricia con cariño acompañada de una sonrisa, aquel rostro empieza a tomar forma ante ella, al verlo hay una sensación de incertidumbre como si ese rostro tratara de esconder un poco lo que parecía ser temor. Su corazón da un salto en una sensación que no sabe describir, se siente feliz y al mismo tiempo se siente triste al ver aquel rostro y entonces simplemente empieza a sollozar, sin saber la razón, solo está asustada, aun siente en sus pulmones la sensación de ahogo como un escalofrió que recorre su espalda, sabe que está a salvo pero no puede dejar de sentir como si hubiera perdido algo.
Pronto su llanto no se hace esperar, pero es recibida por los tiernos brazos del más grande quien la protege contra su pecho en un abrazo.
“Shh… está bien, tranquila” Escucha que le susurra con suavidad, mientras siente una mano acariciar cálidamente su espalda, es una señal a la que ella corresponde aferrándose fuertemente al cuerpo más grande con sus pequeñas manitas. “Ya paso Jolyne, Papá está aquí.”
Sus palabras le hacen sentir tranquila, es verdad, ella sabe quién es ese hombre de lindo cabello rojo, es su padre, Noriaki Kujo, antes de casarse, Kakyoin, aunque ella prefería llamarle cariñosamente “Papi”.
Las cualidades de su Papi eran mágicas para ella, pues su simple voz era capaz de hacerla sentirse tranquila y en cualquier oscuridad que ella estuviera él la encontraría e iluminaria su camino.
Acurruca su rostro contra el hombro del más grande encontrando calor y seguridad, sin embargo una mirada insistente le obliga a ver hacia la orilla de la cama y aun con sus ojos llorosos visualiza a cierto niño de cabello negro y ojos verdes.
¿Cómo podía olvidar a su tonto hermano? Jouta, mayor que ella por tan solo diez minutos, el tiempo que los separo al momento de nacer. Lo ve ahí de pie con su ceño fruncido y con los brazos cruzados, dándole una mirada llena de recelo, aun en un momento como ese no dejaba de celar el cariño y la atención de Noriaki, aunque claro, no solo hacía eso con ella y eso le hace recordar una cosa.
Su familia aun no estaba completa.
Ese pensamiento le hace abrir los ojos ampliamente dejando caer las últimas lágrimas que quedaban, escucha pasos de alguien acercándose hasta que se detienen, entonces se aparta de la seguridad y el calor del cuello del pelirrojo y se gira directamente hacia la puerta.
De pie en el marco de la puerta ve a su otro padre, Jotaro Kujo, el hombre de gran estatura y de vestimenta singular de un pulcro color blanco, su gorra ensombrece su mirada dándole un aspecto sombrío y las ligeras ojeras bajo sus ojos tampoco ayudan a cambiar dicha expresión, se ve cansado hasta que les mira, entonces cambia a una expresión de intriga. Deja al lado de la puerta una mochila que hasta hacia unos segundos estaba en su hombro, luego toma su gorra y la retira de su cabeza, dejando a la vista su cabello negro.
“¿Qué hacen despiertos a esta hora?” Su voz es inconfundible, es una voz que se impone, capaz de producir todo tipo de emociones, Jolyne puede apreciarlo en su padre y hermano, quienes se giran al mismo tiempo para ver hacia la puerta.
“¡Jotaro!” Exclaman al unisonó, Noriaki sonríe en una expresión de sorpresa y gusto, por su lado Jouta tiene la reacción contraria, pues parece molesto de ver a su padre.
Jotaro no pasa por alto la reacción de Jouta y por un momento ambos se miran fijamente mientras parecía que salían chispas entre los dos, retándose silenciosamente, no era que no se quisieran el uno al otro como padre e hijo, simplemente se trataba de una rivalidad que compartían por el cariño y la atención de Noriaki.
Jolyne los observa del mismo modo que el pelirrojo nota aquella tensión algo infantil, pero nunca pasaba a mayores, al menos no cuando él veía.
“Jotaro” Lo llama suavemente, aunque con un poco de disgusto, es sutil pero es suficiente para que ambos paren. El más grande vuelve su mirada hacia la cama donde Noriaki y Jolyne aguardan, se acerca lentamente y una vez ahí se sienta en la orilla hundiendo su peso en el colchón, lo primero que hace es mirar al pelirrojo y cortando la distancia entre sus rostros se aproxima para dar un beso sobre sus labios, siendo correspondido inmediatamente.
Un bufido se escucha cerca de ellos y cuando se separan Jotaro sonríe de lado porque ha logrado dos cosas con una sola acción, besar a su marido después de varios días y hacer que Jouta corra hacia ellos para abrazar posesivamente uno de los brazos del pelirrojo, dedicándole una mirada de completo fastidio, el pelinegro más grande mira aquella imagen con diversión, era tan fácil molestar a su hijo, le revuelve los cabellos con una mano, despeinándolo por completo, el menor empuja su mano bastante molesto y es momento de detenerse, antes de que Kakyoin vuelva a interferir.
“¿Qué ha pasado?” Pregunto para retomar la situación, dejando a Jouta refunfuñar mientras trata de ordenar su cabello, mira a Jolyne y solo le bastan unos segundos para percibir los rastros de lágrimas en sus húmedas mejillas y la forma en que su pecho se exalta de vez en cuando a causa de los profundos suspiros que escapan con un sentimiento de tristeza.
“Jolyne… Creo que tuvo una pesadilla” Respondió Noriaki, mientras bajaba su mirada para observar a Jolyne, quien hasta el momento no había dicho una sola palabra y simplemente los miraba como si estuviera perdida. “Fue una demasiado… Intensa” titubea, pensando una palabra que describiera la forma en la que había visto a su hija, moviéndose violentamente mientras parecía ahogarse, fue difícil para el lograr despertarla y llego a temer lo peor pues nunca había visto algo parecido.
Jotaro no le quita la vista de encima y Jolyne solo le mira aun sin decir nada, el mayor analiza detenidamente su mirada y pese a que él es todo lo que hay frente a su hija, por alguna razón pareciera que está viendo hacia otro lugar, es una expresión que nunca había visto en Jolyne, era cierto que a veces solía llorar y se ponía triste cuando él salía de viaje por el trabajo, pero en ese momento su expresión se asemejaba a la de alguien que había perdido todo.
Su mano se eleva y con suavidad se posa sobre su cabellera, acomoda un poco su flequillo color rojo, del mismo tono que el de Noriaki, y alisa el resto de su cabello tan negro como el suyo, siente el sudor mojar suavemente su palma y confirma que su esposo no le mentía al decir que había sido algo muy intenso.
Tras su gentil toque por un momento parece que la mirada de Jolyne recupera su hermoso y brillante color verde, pero es cuestión de segundos para que las lágrimas se hagan presentes hasta que simplemente vuelven a caer por sus mejillas.
Rápidamente Jolyne abandona los brazos de Kakyoin para saltar a los de Jotaro, abrazándose fuertemente a su cuello, es tal su fuerza que deja claro el gusto de verlo, siempre era así de efusiva cuando veía a su padre luego de muchos días, pero para Jotaro y Kakyoin esta vez es aun más de lo acostumbrado.
“Bienvenido, Papá” Solloza bajito, pero cerca de su oído para que pudiera escucharle, y entonces el peso que había en su pecho se desvanece, la sensación que le atemorizo y la tristeza que le azotaba de repente se había ido y realmente todo quedaba como un mal sueño.
“Me robo las palabras de la boca” Dice Noriaki con un drama fingido en su voz, luego sonríe suavemente mientras él y Jotaro se miran fijamente.
Jotaro abraza a su hija con uno de sus brazos, sosteniéndole firmemente y con su otro brazo rodea la delgada cintura del pelirrojo, quien no deja fuera a Jouta y le toma en brazos para sentarle sobre su regazo, este no pierde tiempo en abrazarle posesivamente.
“Creí que tardarías mas en regresar” Susurra, mientras peina con sus dedos el cabello negro de Jouta, ayudándole a ponerlo en orden.
“Regrese a tiempo” Responde Jotaro con suavidad, mirando los ojos amatistas de su esposo.
Kakyoin asiente a sus palabras, sabiendo perfectamente el por qué de estas, mira a sus dos hijos entre ellos mostrándose aliviado de que aquel momento tan abrumador terminara, feliz de estar de nuevo todos juntos, como familia.
Se quedaron en la habitación de Jolyne el par de horas que restaron antes del amanecer, ninguno fue capaz de dormir de nuevo y cuando el día inicio normalmente todos abandonaron la habitación para comenzar su mañana.
Afortunadamente era sábado, no había escuela y Jotaro no tenía trabajo por el momento, pese a eso tuvo que ausentarse del desayuno en familia para dormir un poco, necesitaba energía para más tarde, Kakyoin por su lado se ocupaba de ordenar la casa, el cuarto de visitas específicamente, recibirían a alguien en cualquier momento, mientras que Jouta y Jolyne miraban la televisión en la sala, o al menos eso pretendían.
“¿Ya te sientes mejor?” Pregunto Jouta mirando a Jolyne la cual abrazaba su peluche de delfín, un regalo que Jotaro le había dado en su primer cumpleaños y al cual atesoraba por sobre la mayoría de sus juguetes.
“Sí, estoy mejor” Respondió mirando a su hermano.
“Lo que sea que estabas soñando debió ser muy feo” Exclamo mientras se acomodaba a sus anchas en el sofá. “Lanzabas puñetazos y patadas como loca y gritabas, asustaste mucho a Papi… ¿Qué estabas soñando?”
Jolyne hizo una mueca ante el comentario, tanto por el término “loca” que Jouta había usado para describirla y también al sentir escalofríos por el simple hecho de recordar la sensación que le había causado malestar.
“No… Recuerdo” susurro bajito, apretando su peluche inconscientemente. “Pero me sentía extraña, Hum… como cuando papá salió de viaje por primera vez y pensé que ya no iba a volver” Hubo un ligero dolor en su pecho, el odio no era algo que un niño debía conocer, pero Jolyne odiaba profundamente que su padre tuviera que viajar por el trabajo, que estuviera lejos de su familia y de ella. “Era algo realmente triste y me daba miedo…”
“¿En serio?” Jouta arqueo graciosamente una de sus cejas y llevo un dedo a sus labios en un gesto, pensando cuidadosamente las palabras de Jolyne. “Eso para mí no sería una pesadilla, sería como un sueño hecho realidad” Sonrió ampliamente al decir aquello, pero fue poco lo que duro su sonrisa pues el peluche de delfín golpeo su nuca fuertemente, despeinándolo en el proceso. “¡Hey!”
“¡No digas eso, tonto feo!”Grito Jolyne, con una expresión bastante molesta mientras amenazaba a su hermano con el peluche, dispuesta a volver a golpearlo.”Menos este día, es especial para ellos”
Con el ceño fruncido se miraron con enojo y aunque eran solo dos niños de apenas seis años imitaban a la perfección la expresión aterradora que su padre, Jotaro, solía poner cuando estaba muy molesto.
Jouta no pensaba quedarse cruzado de brazos tras la agresión de su hermana menor, así que se armo con un cojín para enfrentarse al delfín de peluche y Jolyne interpreto fácilmente su respuesta, en cuestión de segundos la sala antes ordenada volvió al desorden, cojines y algunos juguetes salían volando cada vez que Jouta y Jolyne trataban de golpearse el uno al otro, claro que no eran los únicos en la casa y el desastre que hacían pronto llamo la atención.
Jouta lanzo el cojín seguro de que golpearía la cara de su hermana menor, quien planeaba lanzarse desde el sofá contra él, ninguno logro lo que quería, primero porque Jolyne se cayó sobre la alfombra y después por que el cojín salió volando al aire directo a un nuevo objetivo.
Con una atrapada firme, Kakyoin detuvo el cojín con ambas manos antes de que le diera en la cara, sabía que como hermanos era casi normal que sus hijos pelearan de vez en cuando, aunque no estaba bien al final de cuentas.
“¿Qué están haciendo?” pregunto en un tono de voz suave mientras se detenía en medio de la desordenada la sala, su expresión era bastante tranquila y eso ponía a Jolyne y Jouta más nerviosos, ese rostro lleno de calma no los engañaba, incluso Jotaro no se atrevía a desafiar a su esposo cuando ponía esa expresión a menos que estuviera seguro de ganar.
“Estábamos…” Murmuro Jouta con una sonrisa suave y nerviosa.
“¿Jugando?” musito Jolyne, mirando a Jouta en complicidad, poniendo la sonrisa más inocente que podían.
Claro que Kakyoin no se creía tan fácil los engaños, menos uno tan obvio.
“Ustedes dos…” Elevo su suave voz un poco, posando una mano sobre su cadera mientras su mirada parecía endurecerse, los gemelos sabían que les esperaba un castigo. Pero como si algún dios del destino les sonriera, el momento fue interrumpido por el sonido de la puerta.
Tanto Jolyne como Jouta dejaron escapar un suspiro disimulado, viendo a su padre desviar la mirada hacia la entrada.
“Un momento” Exclamo, alzando un poco mas su voz, luego volvió a mirar a sus hijos. “Aun no termino con ustedes dos” Advirtió seriamente, dejo el cojín sobre uno de los sofás para dirigirse hacia la puerta.
Jouta y Jolyne empezaban a resignarse a lo que el pelirrojo les impondría como castigo, pues mientras unos niños eran educados a nalgadas, Kakyoin era más creativo en el asunto sin recurrir a los golpes, si elegían uno de los castigos más bochornosos que su padre podía darles, el de la camisa de “reconciliación” era el peor de todos, sobre todo si tomaba fotos y si Jotaro estaba presenciando el momento.
Los gemelos Kujo, como buenos representantes de las tradiciones Joestar pensaron rápidamente que escapar era su mejor opción, a hurtadillas caminaron con toda la intención de abandonar la sala e ir a pensar una forma de librarse del castigo de Papi Kakyoin.
“¡Alto ahí!”
Ambos se petrificaron cuando escucharon ese grito, al principio sintieron pánico, sin embargo se dieron cuenta poco después de que esa no era la voz de Kakyoin, rápidamente se giraron para ver con alegría al adulto que acababa de llegar.
“¡Abuelo Joseph!” Corearon con una amplia sonrisa, viendo al mayor de pie en la entrada.
“Mamma mia, han crecido mucho desde la última vez que los vimos” una segunda voz acompaño al primero, y la mirada de ambos niños brillo intensamente.
“¡Abuelo Caesar!”
Ambos corrieron alegremente a donde veían a ambos adultos, que pese a su avanzada edad recibieron con los brazos abiertos a sus bisnietos, rebosantes de alegría al verlos.
“Jolyne, ya eres toda una señorita” expreso el adulto, de cabello cano, que alguna vez fuera de un brillante color rubio, sus rasgos eran suaves pese a las arrugas que se habían formado por el paso de los años, pero algo que nunca le abandonaría eran esas marcas de color suave y rosado en los pómulos de su cara.
Luego del alegre abrazo tomo la mano de la pequeña, depositando un delicado beso en su dorso, ante el gesto Jolyne rio halagada, la caballerosidad de su abuelo Caesar era única.
“¡Agh! ¡E-está bien, me rindo, me rindo!” los gritos del otro adulto llamaron la atención de Jolyne y Caesar, viendo a Jouta sobre el pecho de su bisabuelo, tras haberlo derribado. “¡Tú eres el más fuerte, Jouta!”
“¡Sí!” Celebro bajando del pecho de su bisabuelo, para dejar que este se levantara.
“Jojo…” Caesar exclamo con incredulidad, arqueando una ceja al ver al anciano tratar de levantarse, cuando parecía erguirse un tronido suave se escucho, todos miraron atentamente la escena y bastaron solo tres segundos para que se escuchara un alarido de dolor.
“¡OH MY GOD, MI ESPALDA!” El mayor se quejo escandalosamente, llevando una mano a su cadera para ejercer presión.
“Viejo, tonto” Murmuro Caesar, acercándose a este para ayudarlo a recuperar la compostura “Ya sabes que no debes abusar de tu fuerza”
“Solo jugaba con mi querido bisnieto” se excuso de forma casi infantil, mientras Jolyne y Jouta contemplaban a ambos adultos en su pequeña discusión.
“¿Algún día dejaras de gritar tanto, viejo?” Jotaro hablo, mientras llegaba a la entrada, su cabello estaba desordenado y se veía aun la falta de sueño y el mal humor que eso le causaba, habían sido pocas las horas que llevaba durmiendo y ahora sabia que le sería imposible volver a dormir ya que sus abuelos habían llegado.
“Jotaro, no es forma de recibir a tus abuelos” Kakyoin se unió, cerrando la puerta tras de sí “Deben estar cansados de su viaje, tomen asiento”
“Kakyoin, siempre tan amable” Caesar halago al pelirrojo, tomando su mano de manera galante.
“Si, no sé cómo no se te ha pegado algo de él, Jotaro” exclamo Joseph con algo de dramatismo en su voz, apartando sutilmente la mano de Caesar de la de Kakyoin al mismo tiempo que Jotaro se pegaba al pelirrojo, de manera recelosa, no había comentarios a ese comportamiento, aunque Caesar solo quería ser un caballero los Joestar eran bastante celosos.
Luego de aquella explosiva bienvenida todos se reunieron en la sala, entre las risas escandalosas de Joseph y la educada labia de Caesar, contando sobre sus aventuras en Italia.
Pero ambos adultos tenían una razón para estar ahí ese día en especial.
“Hum…” Kakyoin suspiro inconscientemente, algo que fue notado por los presentes.
“¿Qué pasa, Nori?” Pregunto Jotaro, rápidamente.
“Es solo que, no estoy seguro, si es buena idea salir, con lo que ha pasado…” Susurro con algo de inquietud en su voz.
“¿Algún problema?” Pregunto Caesar, con notable interés.
“Jolyne tuvo una pesadilla anoche y, Hum… me causa inquietud estar fuera, ella…” Murmuro viendo hacia la cocina, donde ambos hermanos se encontraban sentados y en silencio luego de ordenar la sala, como parte de su castigo, y debían considerarse afortunados de que no fuera más severo. “Fue algo aterrador”
“¿Una pesadilla? Eso siempre le pasa a los niños, no es para que te preocupes tanto, Kakyoin” Joseph se sonrió un poco. “Aun recuerdo la primera vez que Holly tuvo una pesadilla, esa noche Caesar y yo estábamos tratando de…”
“Ellos no quieren saber eso, Joseph…” Le interrumpió, dedicándole una gélida mirada, una muy amenazante.
“En fin” murmuro moviendo las manos de manera nerviosa. “Cuando nos conto su pesadilla hasta yo me asuste, pero solo sucedió esa vez y no se volvió a repetir”
“Además nosotros estaremos al cuidado de los dos” Caesar agrego rápidamente, mirando a la joven pareja. “Ustedes vayan tranquilos, se merecen algo de tiempo a solas.”
“¡Si, no se preocupen por los niños, de ser posible nos quedaremos despiertos toda la noche! ¡Confíen!”
Jotaro y Kakyoin se miraron mutuamente por un momento y después se volvieron a los mayores.
“De acuerdo, de ante mano gracias por tomarse la molestia”
“No es ninguna molestia cuidar de nuestros bisnietos, los adoramos y además no todos los días se cumplen diez años de casados” Caesar sonrió cerrando sus ojos con nostalgia.
Kakyoin sonrió suavemente ante las palabras amables de Caesar, bajo un poco su mirada para ver su argolla de matrimonio en su dedo anular, que iba perfectamente a juego con la de Jotaro.
Luego de charlar y de acomodar a sus visitas ambos se dedicaron a arreglarse para salir a celebrar la ocasión a su manera, se habían propuesto pensar en algo para sorprenderse el uno al otro esa noche, sería algo espontaneo, algo que iba de la mano en la forma que había iniciado su vida amorosa, ya que generalmente las cosas estrictamente ordenadas no les salían bien, diez años de experiencia les habían enseñado.
Kakyoin siempre había sido alguien con un gusto elegante y pulcro desde que era un estudiante, esa noche había elegido algo acorde a ese estilo, pantalones ajustados de vestir con una camisa blanca y para darle más color llevaba un chaleco con bordado color verde y negro, ajustado perfectamente a su delgada cintura, sus pendientes en forma de cereza se combinaban con el rojo de su cabello, seguían siendo sus favoritos.
Era marzo, aun quedaban algunos rastros del frio del invierno, lo que le obligaba a llevar un abrigo ligero, miro en su armario tratando de decidir cual llevar, uno que quedara bien con lo que ya tenía puesto, por esa misma razón no fue capaz de percatarse de que había una amenaza cerca de su persona, hasta que fue demasiado tarde, unas grandes manos se aferraron a su cintura, apretándole suavemente, se quejo un poco pero luego suspiro cuando su cuerpo fue atraído hacia el de su atacante, chocando de manera algo tosca, gesto que provoco un suave color rojo es en sus mejillas.
“J-Jotaro…” Murmuro, tratando de sonar enojado por ser sorprendido de aquella manera, pero no puede pensar en estar enojado cuando en respuesta siente un beso suave en el cuello, lo que hace que suspire de nuevo y se relaje un poco.
“Hacía mucho que no usabas esa colonia” susurro el otro sobre su oído, sintiendo después como aspiraba profundamente sobre su cuello, sus manos grandes acariciaron tentativamente desde su pequeña cintura hasta sus caderas.
“Me sorprende que lo hayas notado” una suave risa escapa del pelirrojo, tomando aquellas manos antes de que lleguen más abajo, seguro de las oscuras intenciones de su marido. Se gira suavemente para verle y se sonríe con agrado al admirarlo, Jotaro ya se ha arreglado para la ocasión, de manera elegante llevando un traje a juego con él, Kakyoin saborea cada detalle de ver a su esposo en un traje, ya que era poco común pues este rara vez salía de su suéter negro, la gabardina, los pantalones y la gorra blancos.
El traje es enteramente negro, y su cabello esta a la vista, ordenado de aquella forma que hace que el rostro de su esposo luzca aun mas apuesto, recordándole que ahora era todo un hombre. Siente algo de nostalgia al recordar sus días como estudiantes cuando este usaba su uniforme negro de aquella forma tan rebelde, tal vez ahora Jotaro, era más maduro pero en el fondo quedaba algo de aquel vándalo que le hacía frente a cualquier cretino que osara ofenderlo.
“Noriaki”
Escucho que le llamo, hasta ese momento se dio cuenta de que se había quedado sin palabras, reacciono con una sonrisa y jalándolo suavemente por el cuello le obligo a que se agachara lo suficiente para poder besarlo en los labios, dejando que esa acción hablara por él.
“Te vez muy guapo” susurro mirándolo a los ojos. “No sé si me guste la idea de quitarte el traje mas tarde.”
“Si sigues mirándome de esa forma, no creo que lleguemos al más tarde” Susurro con su voz algo ronca, en complicidad entre los dos.
Una suave risa escapo de Kakyoin y un beso mas fue compartido.
“Vamos, no bromees con eso” le pidió aun con algo de diversión. “Es hora de irnos” tomo su mano y le jalo fuera de la habitación.
Jotaro le siguió, tomándose su tiempo en admirar a su esposo, en como ese pantalón se ajustaba perfectamente a la cadera y a los glúteos de Kakyoin, después de diez años y de dos hijos seguía siendo tan hermoso, no podía quitarle la mirada de encima, justo como cuando lo conoció.
Claro que él pelirrojo no era ajeno a la mirada tan intensa que recibía, pero ya estaban llegando a la planta baja donde estaban sus hijos, junto a Joseph y Caesar, así que contuvo sus palabras por el momento.
“Vaya, veo que están listos” Joseph miro a ambos al llegar a la sala. “Y al verlos tan arreglados no necesito preguntar a qué hora piensan llegar” soltó una risa suave, una algo picara.
“Llegaran temprano, ¿verdad?” Jouta se acerco corriendo hacia Kakyoin, aferrándose a su pierna, le miro con una expresión de cachorro abandonado, una que partiría el corazón de cualquiera, menos el de Jotaro, pues conocía la artimaña detrás de aquella mirada.
“No, así que no nos esperen despiertos” Respondió antes de que Kakyoin se rindiera al puchero de Jouta, no iba a permitir que el mocoso se saliera con la suya.
“Jotaro” Escucho a su pelirrojo quejarse mientras le miraba de reojo, estaba dándole una suave advertencia pero realmente no se preocupo, luego le vio volverse hacia Jouta para acariciar su negra cabellera de forma cariñosa. “Trataremos de llegar temprano cariño”
“Si, trataremos” murmuro, con un tono de voz que denotaba lo contrario, pues él iba a asegurarse de que eso no pasara, como respuesta, Jouta le miro con molestia y se imaginaba lo que la mente de su hijo planeaba para vengarse por llevarse a Kakyoin y acapararlo para él.
“Vamos, se les hará más, tarde” Caesar motivo a ambos, sintiendo que podrían arrepentirse o que habría una pelea en cualquier momento, quien mejor que él para conocer el carácter tan complicado de la familia Joestar.
“Ah, claro” el pelirrojo asintió, apartándose de Jouta con suavidad, algunos pasos más adelante y cerca de la puerta se encontraron con Jolyne, quien les miro con una sonrisa.
“Diviértanse, papá, papi.” Les dijo con una voz sincera y llena de cariño, conmoviéndolos a ambos.
“Lo haremos querida, asegúrate de que tu hermano no le rompa la espalda a tu abuelo Joseph” pidió el pelirrojo con algo de diversión. “Otra vez” Aunque había algo de preocupación verdadera en sus palabras.
“Está bien, yo me hare cargo” sonrió decidida a la petición del pelirrojo.
“Buena niña” Jotaro se inclino un momento para ver el rostro de su hija, se veía más tranquila y le sorprendía que no imitara a su hermano y les pidiera quedarse, entendía que sus hijos quisieran pasar tiempo con ellos, sobre todo con él ya que acababa de llegar después de un viaje de varias semanas, pero iba a recompensárselos. “Amárralo, si es necesario” Le susurro bajito, a lo que Jolyne soltó una risa.
“Claro, Papá” Jotaro se incorporo, y antes de reunirse con su esposo acaricio su cabello.
Jolyne miro a sus padres, feliz de verlos juntos, no iba a negar que sentía inquietud de que se fueran, pero sabía que era un día especial para los dos, había visto a su padre Kakyoin pensando en voz alta algo perfecto para esa noche, a su padre Jotaro mirando al horizonte en silencio, exhorto en lo que sea que su misteriosa mente planeara y aun siendo una niña que generalmente exigía la atención de sus padres del mismo modo que Jouta, ese día en especial, se reprimió a sí misma para dejarlos ir.
La despedida fue corta, Jotaro y Kakyoin subieron al auto y se fueron, aun había luz de día para ese entonces. Jouta y Jolyne se quedaron en la puerta un momento, cada uno con un sentimiento diferente al verlos irse.
“¡Bueno niños!” Joseph se acerco a ellos, posando sus manos sobre sus cabezas. “¡Ahora que sus padres se fueron es momento de divertirnos salvajemente!”
El adulto sonrió ampliamente, Jouta y Jolyne sonrieron contagiados por su armoniosa alegría, asintieron y pronto volvieron dentro de la casa, viendo a Caesar preparando la sala para una divertida tarde con ellos. Había varios bocadillos en la mesa del centro, palomitas, chocolates, macarrones y demás bebidas.
“¿Quién quiere ver como su abuelo Joseph se cae de un camello?” Caesar sonrió bastante divertido al decir aquello, mientras su pareja se quedaba pasmado al escuchar uno de los momentos más vergonzosos de su vida.
“¡Shiza, no!” el anciano exclamo abochornado, agitando sus manos graciosamente y eso basto para que los gemelos corrieran al sofá, sentándose al lado de Caesar para ver lo que había por mostrarles. “Hum…” el viejo Joestar frunció el ceño, por un momento, mientras su esposo le dedicaba una sonrisa de burlona ironía, una a la que el respondió. “¿Ah, sí?” Exclamo con algo arrogancia, para luego soltar una risita. “¿¡Niños, quieren ver al abuelo Caesar comiéndose una paloma viva!?”
“Jojo… No” Los ojos de este se abrieron con incredulidad, mientras su cara se ponía completamente roja de enojo.
Jouta y Jolyne se echaron a reír, sus abuelos sabían cómo divertirlos, aunque eran muy pequeños para entender que en realidad tenían una discusión de egos, exhibiendo algunos de los momentos más vergonzosos de sus vidas.
Además de eso había otras cosas de que hablar, como de sus aventuras alrededor del mundo, siempre era emocionante, conocer otros lugares que estaban seguros verían con sus propios ojos algún día, cuando fueran grandes.
Fue una tarde bastante entretenida, una película, algo de comida, una guerra de palomitas, parecía que la sala se quedaría desordenada ese día. Al final cuando la luz del sol se fue, los cuatro estaban sentados en completa calma, luego de muchas risas y de juegos tontos las energías de los gemelos estaban en su límite, lo mismo para Caesar y Joseph aunque eran buenos fingiendo lo contrario.
“Niños, ya casi son las diez, es hora de ir a la cama” Caesar se levanto del sofá, mirando a los dos menores, que parecían dar guerra al sueño que brotaba ya en sus miradas.
“No, aun no, esperaremos a que nuestros padres regresen” sentencio Jouta, mostrándose decidido a cumplir sus palabras.
“Eso no pasara, al menos no a esta hora” Joseph dijo con seguridad, pensando vagamente lo que el par de enamorados podría estar haciendo en ese preciso momento.
“Pues yo no me iré a dormir hasta que regresen” respondió con una seguridad arrogante, imitando a su padre Jotaro.
Jolyne miro a su tonto hermano mayor, fácilmente podía jalarle una oreja y llevárselo arrastrando a su habitación, para amarrarlo, como papá Jotaro le había dicho, pero su bisabuelo tenía una mejor idea.
“Entonces mientras esperas, te deleitare con una de las canciones favoritas de tu abuelo Caesar” El anciano sonrió divertido, se levanto del sofá y empezó a rebuscar entre los juguetes que había regados en la sala, hasta que encontró lo que necesitaba, una pequeña guitarra de juguete. “¡Nice!”
“¿Joseph, que piensas hacer con eso?” Caesar le miro incrédulo, frunciendo un poco su ceño, pensando que el sueño estaba afectando la mente de su esposo.
“Cantar tu canción favorita, amor, con la que hice que calleras rendido a mis pies~” Sonrió con una picardía propia de él, poniendo sus manos sobre las cuerdas plásticas de la improvisada guitarra de juguete.
De forma casi burlona, toco aquel juguete, creando un acorde algo desafinado y gracioso cada vez que sus dedos pasaban sobre las cuerdas, Caesar y Jouta compartieron un tic en la ceja llenos de incredulidad, mientras Jolyne reía suavemente.
“Jojo, no estarás…”
Balbuceo, con una protesta lista para regañar al otro, pero pronto Joseph se acerco a él de manera juguetona, pegando su mejilla contra la de él en un gesto romántico y cómico.
“Ámame tiernamente, ámame dulcemente, nunca me dejes ir~” El viejo empezó a cantar, con el tono más meloso y ridículo que su voz podía emitir, la cara de Caesar se puso tan roja que parecía estar en llamas, por un lado parecía que quería golpear a su ridículo marido y por el otro se notaba que su corazón latía encantado con aquel absurdo intento de canción que estaba hecho con toda la intención de abochornar a su bisnieto. “Has completado mi vida, y te amo tantooo~”
Y lo logro, la cara de Jouta estaba sumergida en un horror total, el único cariño que toleraba era el de papi Kakyoin y cuando era solo para él, pero en ese momento escuchando a su bisabuelo cantar de aquella forma tan cursi no pudo soportarlo.
“¡Argh! ¡No sigas, me voy, me voy!” el menor salió corriendo de la sala, cubriendo sus oídos con ambas manos.
La melodía hizo una pausa cuando se escucho una puerta azotándose en la distancia. Joseph miro con triunfo su logro, mientras Caesar se cubría el rostro con ambas manos, tratando que su cara abandonara ese color rojo intenso, aun así parecía que habían logrado terminar la noche victoriosamente y que podrían descansar, pero aun había una mirada sobre ambos.
Jolyne seguía ahí, sonreía juguetonamente, con sus grandes ojos verdes expectantes por más de lo que aquella pareja con más de cincuenta años de matrimonio podían mostrarle. Joseph y Caesar le miraron, preguntándose qué clase de guerra iba a dar, pero Jolyne no emitió palabra, simplemente parecía esperar.
El mayor de los Joestar fue el primero en entender lo que su bisnieta quería, sonrió ampliamente y miro a su esposo, diciéndole todo con su tonta sonrisa, Caesar se mostro en contra al principio pero al final dio un profundo suspiro, resignándose a la idea de que su cara se quedaría roja por un par de minutos más o tal vez el resto de la noche. “Mamma mia…”
“Ámame tiernamente, ámame de verdad, todos mis sueños se han cumplido~”
Jolyne de alguna forma se sentía cómoda con esa melodía tan dulce, aunque el acorde era cómico, ahora que su hermano se había ido, la voz de su abuelo era más sincera, él realmente estaba cantando desde su corazón, ella podía sentirlo y estaba segura de que su abuelo Caesar también lo sentía y que esa era la razón por la que su expresión abochornada había sido remplazada por una sonrisa, mientras su mirada se perdía en la de Joseph, mirándose el uno al otro con nostalgia, con los recuerdos que esa canción les traía.
“Porque cariño, te amo y siempre lo hare~”
La melodía continúo con aquellas palabras, simples y directas, sin acordes complicados, solo una cálida y apasionada declaración de amor, una que dejaba libre cualquier duda acerca de cuanto se podía amar a alguien a lo largo y al final de la vida.
Del calor de aquel ameno momento en aquella sala, hacia el silencio en una habitación de un lujoso hotel.
Tenuemente iluminados por la luz de las velas, Jotaro y Kakyoin se mantenían cerca el uno del otro.
En una posición que compartían casi todo el tiempo, las manos de Kakyoin sobre los hombros de su alto esposo, mientras las de este yacían en su cadera. Risas suaves rompían el silencio, pues no estaban solo ahí de pie, esta vez se movían suavemente, tratando un baile lento e intimo.
“No puedo creerlo, realmente tu me has pedido que bailemos” él pelirrojo no salía de su asombro, aun cuando estaba sucediendo en ese momento, sabía que su esposo lo amaba intensamente, pero había cosas que no podía pedirle, eran pocas pero eran notables, bailar era una de ellas.
“No creo que realmente estemos bailando, solo estoy moviendo los pies y te llevo a mi ritmo” Respondió Jotaro, mirando a su esposo a los ojos, tratando de no pensar que eso era un baile, francamente era una de las pocas cosas en las que él se veía.
“Bueno, pero lo es, la definición simple del baile, una serie de pasos y un ritmo, uno dirige y el otro sigue, no es tan complicado” Respondió Kakyoin, mientras acomodaba mejor sus brazos alrededor del cuello de Jotaro. “Además es la primera vez que bailamos, ni siquiera en la boda te atreviste.”
“¿En cuál de nuestras dos bodas?” pregunto vagamente, no queriendo tocar tanto el tema del baile, si su esposo se reía era porque él era terrible bailando, no porque lo hubiera sorprendido, al menos eso pensaba Jotaro.
“En la segunda, por supuesto” le vio cerrar los ojos, haciendo un pequeño gesto en sus labios.” Nuestra primer boda fue muy intima y hasta ilegal, aun estábamos en bachillerato”
“Ya teníamos dieciocho y fue completamente legal” Jotaro dijo con tranquilidad, como si casarse a una edad tan temprana fuera normal para él.
“Tu tenias dieciocho” Alzo un poco la voz para resaltar sus palabras. “A mí me faltaban algunos meses para cumplirlos, fuimos de vacaciones a Egipto con tu familia, recuerdo que uno de los amigos de tu abuelo Joseph tuvo que fingir ser mi tutor para que pudiéramos casarnos” Cito con precisión como se había dado la situación. “Oh dios, recuerdo las expresiones de mis padres cuando regresamos a Japón y se enteraron de que me había casado a los diecisiete con el delincuente de la escuela, como si no hubiera sido suficiente haberme ido a Egipto sin su permiso” finalizo de forma casi graciosa.
“No fue tan malo, yo estaba seguro y cuando te pedí que te casaras conmigo, aceptaste, así que estabas seguro también y aunque no le agradaba a tus padres, mi madre y mis abuelos siempre nos apoyaron”
“Es verdad, sobre todo cuando mis padres trataron de llevarme de Japón para alejarme de ti.”
“No me lo recuerdes” Jotaro susurro, apretando su agarre sobre su esposo al recordar, había sido difícil lidiar con los padres de este y prefería no recordarlos, pues las cosas no habían terminado del todo bien, fueron largos meses de estrés hasta que Kakyoin fue mayor de edad y pudo abandonar su hogar, pero el precio para este fue grande pues no los volvió a ver y de eso hacía muchos años. Antes no le importo porque como adolecente solo pensaba en que Noriaki estaba a su lado y que nadie iba a separarlos, pero ahora como un adulto y padre de dos, comprendía mejor lo que la decisión había provocado, especialmente en la familia de su esposo. “Lamento que…”
“Está bien” Kakyoin alzo su voz, irrumpiendo cualquier disculpa que sus labios emitieran. “No me arrepiento de nada” Había seguridad en aquello, sin embargo Jotaro sabía que era doloroso, aunque su esposo trataba de ocultarlo con risas y sarcásticos comentarios, él lo conocía muy bien. “Y además no fue con lo único que tuvimos que lidiar, después de eso, fue una época divertida también, éramos estudiantes de bachillerato casados, ocultar lo nuestro frente a nuestros compañeros fue entretenido, puede que suene cruel pero recuerdo a todas las chicas que soñaban con ser tu esposa, cuando el que llevaba el anillo era yo y tu ya eras mío” Susurro aquello, para luego darle un beso a su mentón.
“Esas perras molestas…” murmuro por lo bajo, apretando las caderas de Kakyoin.
“Lenguaje, Jotaro…” Susurro en desacuerdo, a su esposo no le gustaban ese tipo de palabras, mucho menos hacia cualquier mujer. “Aunque si se hubieran enterado de lo nuestro, tal vez habrían querido asesinarme, ¡jajá!”
“Si, estaban locas y a ti aun te quedaba un año en bachillerato cuando yo me gradué, así que fue lo mejor”
“Sin duda, pero si debo mencionar la peor época de nuestro matrimonio, fue en la universidad” murmuro, recostando su cabeza suavemente sobre su hombro, entonces detuvo sus pies al instante, había sido demasiado baile para una noche.
“¿Lo dices por esa chica?” Jotaro le miro con un deje de incredulidad, pues no esperaba que el pelirrojo guardara ese recuerdo todavía.
“Si. Ella fue la única persona que me hizo pensar que podría perderte. Tal vez porque seguíamos ocultado que estábamos casados y escogimos carreras diferentes… Y ella estaba en la misma que tu, era muy inteligente y bella y los dos parecían entablar una buena relación y a ella se le notaba que le gustabas mucho, nunca te había visto llevarte bien con alguien de esa manera, aparte de mi…” Susurro con un aire de nostalgia, apretando el cuello de su saco entre sus manos. “Muchas veces pensé que tal vez nos habíamos apresurado y que ella era la persona ideal para ti, y que debía hacerme a un lado”
“Creo que simplemente estabas demasiado estresado y veías cosas donde no había nada” Jotaro respondió con tranquilidad, tomando el mentón del pelirrojo, para que le mirara. “Esa mujer era agradable, no tan ruidosa, pero nada más, solo una compañera, no había razones para que te sintieras inseguro, ella nunca sería mejor que tu, Noriaki.” Sus palabras estaban llenas de sinceridad y eso era digno de admirar en él, pues era un hombre de pocas palabras. “Ella podría conocer todo acerca de biología marina, pero no hay nadie como tu cuando se trata de Sumo”
“Jajaja, ¿Estas tratando de consolarme?” pregunto con ironía, pero Jotaro se dio por bien servido al verlo sonreír de nuevo, era su decimo aniversario, se trataba de celebración no de lamentos y el tema del sumo era bastante divertido para los dos, sobre todo porque ese tema había sido su extraña confesión de amor en el pasado.
“Funciono cuando comenzamos lo nuestro” sonrió de lado. “Además esas épocas ya pasaron, ahora estamos aquí”
“Después de diez años y aun juntos, con nuestros dos hijos” la voz del pelirrojo denotaba un profundo orgullo al decir aquello, diez años, se decía fácil, pero habían sido muchas las experiencias vividas. “Pensar que mi sorpresa de graduación de la universidad, fue saber que iba a tener un bebé.
“¿De verdad? A mí me sorprendió mas saber que eran dos”
“Si, esa fue mi segunda sorpresa, teníamos veintidós años, seguíamos siendo muy jóvenes y fue difícil adaptarnos. ¿Te imaginas qué habríamos hecho si Jolyne y Jouta hubieran llegado antes? Tú sabes, desde el bachillerato hicimos muchas cosas alocadas, jajá”
“¿Te refieres a cuando lo hacíamos en todas partes?”
“N-no tienes por qué decirlo de ese modo” Murmuro un poco apenado, a Jotaro aun le parecía gracioso que este se avergonzara por su salvaje forma de intimar, sobre todo en sus primeros años, siempre encontraban la forma de estar juntos, llegaron a tener algunos problemas en sus notas escolares en el bachillerato por que ocasionalmente se desaparecían de algunas clases.
Y ahora estaban ahí, y viéndolo entre sus brazos, Jotaro se daba cuenta de que Kakyoin era todo lo que él necesitaba y se sorprendía por que, realmente nunca deseo la compañía de nadie hasta que apareció en su vida y aun en ese entonces la primera impresión que tuvo de él fue mala, pero de alguna forma se acercaron lo suficiente para conocerse.
“Eres increíble, Kakyoin” Susurro, apoyando su barbilla sobre la cabeza de este.
“¿Hum? Hacía mucho que no me llamabas Kakyoin”
“Solo estoy recordando…” Se excuso, acariciando su espalda. “Cuando eras, Kakyoin Noriaki”
“Solo cambio mi apellido, sigo siendo el mismo” Lo escucho reír suavemente, ni en un momento como ese dejaba de lado su elocuencia. “Aunque ya que estamos recordando el principio, siempre he querido saber… ¿Qué pensaste la primera vez que me viste, Jotaro?”
Jotaro le miro al mismo tiempo que lo soltó, su abrazo se rompió pero aun estaban frente a frente, el de cabello negro llevo su mano hacia su cabeza, queriendo bajar su gorra, pero al tocarse la frente recordó que esa noche no la llevaba puesta, cerró los ojos un momento, sintiéndose algo estúpido, esperando que Kakyoin no hubiera notado eso.
Cuando volvió a abrir los ojos, la mirada amatista de su esposo seguía sobre él, expectante por una respuesta, si que se habían puesto nostálgicos.
“Fue en noviembre, era viernes” Empezó, mientras atraía los recuerdos de esa mañana fría. “Estaba realmente furioso cuando escuche tus pasos detrás de mí, te vi, bajabas los escalones, tan elegante, tenias una expresión arrogante cuando te detuviste a mi lado, y luego de recalcarme que me había caído como un estúpido me ofreciste tu pañuelo para el raspón de mi pierna...” metió las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, una costumbre que nunca desapareció en él. “Cuando tome el pañuelo solo podía pensar, ¿Este bastardo se está burlando de mí? Debería romperle la cara… Pero espera ¿Por qué este tipo lleva una bufanda tan ridículamente larga? ¿Por qué su cintura es tan pequeña? Eso no es físicamente posible, es tan pequeña, mis manos son más grandes.
“Ahora sé que no alucinaba, tu realmente me estabas mirando con otras intensiones…” murmuro, notándose una risa que quería escapar de él, era nerviosa y a la vez incrédula.
“Todavía no termino” Le dijo con seriedad, a lo que Kakyoin volvió a guardar silencio. “Cuando te fuiste, mientras las… mujeres escandalosas hablaban, no deje de verte, como contoneabas las caderas al caminar, maldita sea Noriaki. ¿Lo hacías a propósito?” Le pregunto casi como un reproche, a lo que su esposo pareció desencajarse un poco, esa expresión basto para hacer que se diera cuenta de que tal vez estaba exaltándose un poco, pero es que era verdad, su marido se contoneaba demasiado, no es que le molestara, a él le encantaba, pero no cuando otros lo veían. “Como sea… Después de eso no deje de pensar en ti todo el día, era imposible además, también llamaste la atención de otras chicas de mi clase y no paraban de hablar de ti, tu cabello rojo y tus ojos de color violeta, se preguntaban incluso si eras japonés o si compartías otro tipo de rasgos.
“Ahh, ellas se fijaron en mis ojos y mi cabello y tu desde el primer momento solo me viste el…”
“Ahora, tu dime, que fue lo que pensaste la primera vez que me viste” Interrumpió las palabras de su esposo antes del obvio reproche que tenia para él, era su turno, estaba ansioso de saber lo que había provocado en este cuando le vio por primera vez.
“Hum…” Suspiro profundamente, llevando una mano a su mentón en una pose pensativa, Jotaro espero pacientemente. “Lo primero que pensé fue, que te caías de bueno…”
Jotaro no dio crédito a lo que había escuchado y no podía tomárselo en serio cuando Kakyoin empezó a reírse fuertemente, solo pudo pensar que este estaba burlándose de él.
“Estoy hablando en serio, Noriaki” Levanto la voz, dejando claro que estaba molestándose.
“Jajaja, L-lo siento, no te enojes” pidió, tratando de calmar su risa, se forzó a hacerlo cuando la molestia de Jotaro fue seriamente peligrosa. “Es que de verdad pensé eso, luego a los dos segundos te caíste cuando las chicas que te seguían te empujaron accidentalmente por que estaban peleándose por tener tu atención, fue muy irónico y gracioso. Pero te aseguro que me preocupe mucho, fue un alivio ver que pese a la gran caída no te hiciste mucho daño, eres un tipo grande y fuerte.” Coloco sus manos nuevamente sobre sus hombros, sonriéndole suavemente. “Y aun así quise asegurarme de que estuvieras bien, fue por eso que me acerque a ti, no esperaba nada realmente, con la mala cara que se te veía pensé que me mandarías al diablo, sobre todo cuando me miraste tan intensamente, pero cuando escuche tu voz al darme las gracias y al decir que era la primera vez que me veías, me tuve que morder los labios por que sentí que eso ya había pasado antes, era como…”
“Un Deja vú” Pronuncio, con algo de asombro en su mirada.
Jotaro y Kakyoin se miraron a los ojos, en silencio, como si la palabra Deja vú les hubiera quitado el habla.
Para Jotaro, su primer encuentro se había sentido más como un reencuentro, ni él mismo se lo explicaba y como cualquier joven de diecisiete prefirió ignorarlo en su momento, tanto como quiso ignorar también a Noriaki, pero le fue imposible. Siempre se encontraban en cualquier parte, incluso fuera de la escuela, todos los caminos lo llevaron insistentemente hacia él pelirrojo, era como el destino, como si ellos hubieran sido hechos para estar juntos pese a ser tan diferentes en todos los sentidos, por eso se acercaron, lentamente, hasta que se hicieron amigos, pero la atracción y los sentimientos que habían entre los dos fueron más fuertes, hubo algunas dudas sobre si eran mutuos, sobre todo porque él no era bueno diciendo lo que sentía.
Aun siendo solo amigos se habían besado, incluso llegando a acariciarse de manera apasionada y desesperada, pero sin llegar más lejos, no hubo palabras que decirse, pero en silencio los sentimientos crecieron, Jotaro quiso ocultarlos pretendiendo que Noriaki no se daba cuenta, hasta que tuvo suficiente de eso y decidió simplemente decirlo antes de que esos sentimientos lo ahogaran.
Había sido todo un calvario lograrlo, prácticamente arrastro a Kakyoin a Egipto cuando aquellas vacaciones amenazaron sus planes para con este, lidio con su molesta familia hasta que finalmente logro pedirle que se casara con él.
Estaba seguro de que cualquier persona cuerda pensaría que esa había sido una locura, pero Noriaki acepto y eso fue suficiente para mandar al resto del mundo al demonio.
“Cuando nos casamos en Egipto…” hablo, en un tono de voz suave luego del silencio, Noriaki seguía mirándole, ahora atento a lo que iba a decirle. “Llevabas puesta esa túnica en tu cabeza, la que mi madre te compro, al principio pensé que no la necesitabas, pero la forma en que tu cabello se acomodaba y como ondeaba con la brisa de ese lugar, solo pude pensar en que era como el velo de una novia” vio sorpresa en los ojos de su esposo ante sus palabras, y él tomo sus manos con fuerza para darle más peso a sus palabras. “Y luego viéndote con la luz de la luna, mientras mirábamos las estrellas, me di cuenta de que estaba equivocado por que una novia nunca se vería tan bien como tú, porque eres…”
No es capaz de pronunciar su última palabra, porque Kakyoin se pego a sus labios, desafiando los casi veinte centímetros que tenían de diferencia en sus estaturas, le quito el aliento y luego se separo, mirándole a los ojos, su rostro estaba aun mas rojo y no dejaba de sonreír.
“¿Recuerdas la primera vez que, hicimos el amor?”
Le pregunto en un susurro, de forma intima, había mucha nostalgia entre los dos, pero era momento de dejar los recuerdos del pasado y volver al presente, a ese momento.
Claro que había una última cosa que quería traer de su pasado, soltó las manos de su esposo y las dirigió hacia la cintura de este, no lo sorprendió hasta que le levanto del suelo, para colocarlo hábilmente sobre su hombro, sosteniéndolo firmemente de su cintura. La primera vez que había hecho eso, Kakyoin se había enfadado un poco, pero esta vez, en ese momento lo escucho reír mientras se aferraba a su ropa.
“Jajaja, no lo puedo creer”
Le escucho decir a lo que él correspondió llevándolo consigo hasta la cama, donde le dejo caer con un poco de rudeza, pero Kakyoin no se quejo por ese trato, solo se acomodo mejor en la cama, recibiéndolo con los brazos abiertos cuando se coloco sobre él.
“Estas siendo todo un romántico, debe ser mi día de suerte” Le susurro con algo de diversión, juntando su frente con la suya al estar lo suficientemente cerca.
“No vamos a llegar temprano a casa, así que borra esa idea de tu mente” le advirtió con una voz demandante, dejándole claro que no quería escuchar nada al respecto.
“Pero yo dije que íbamos a llegar temprano” El pelirrojo alzo la voz, retándolo con la mirada.
“Noriaki…” Endureció su mirada, en desacuerdo pero entonces Kakyoin puso uno de sus dedos sobre sus labios.
“Pero no que día” Agrego, mientras le guiñaba el ojo de manera coqueta, esas simples palabras tomaron por sorpresa a Jotaro, pero logro comprenderlas antes de que se pusieran a discutir en un momento tan íntimo y feliz. Sonrío de lado y viendo al pelirrojo estaba seguro de que no sería capaz de soltarlo hasta que se quedara sin fuerzas, algo casi imposible para alguien tan fuerte como él, le importaba un bledo no haber dormido lo suficiente, una noche más sin sueño no iba a matarlo.
Dejaron de torturarse y se besaron, profunda y apasionadamente, como no lo habían hecho desde que había regresado, estaban a solas, podían amarse del modo que quisieran, podían quitarse toda la ropa y acariciarse, no importaban los años ni cuantas veces lo hicieran, siempre querían mas, con cada día juntos amándose, era una felicidad difícil de describir.
Las velas dentro de aquella habitación se fueron consumiendo lentamente, hasta que todo quedo en penumbras.
En lo profundo de la noche, en el silencio, una luz aun brillaba, proveniente de la lámpara de noche, Jolyne observaba el techo de su habitación, decorado por los relieves en forma de estrellas que emitía su lámpara.
Hacia al menos un par de horas que sus bisabuelos le habían llevado a la cama, le habían arropado y le habían dado las buenas noches, dos horas y aun no lograba conciliar el sueño. No entendía la razón, sabía que no tenía por qué temer, Caesar y Joseph le habían dicho que las pesadillas solo sucedían una vez y que si ella lo deseaba podía hacer que el peor de sus sueños se volviera agradable y aun sabiendo eso, aunque se había sentido segura y confiaba en las palabras de los adultos, no era capaz de conciliar el sueño y empezaba a pensar que no sería capaz de hacerlo hasta que sus padres regresaran.
Suspiro, apretando su peluche de delfín, ya le había dado vueltas a la cama y ninguna posición era cómoda, nada era agradable para poder dormir, entonces sorpresivamente escucho a alguien abrir su puerta, rápidamente Jolyne se sentó en la cama, pensando que tal vez eran sus padres, pero era imposible ya que no había escuchado él auto, después pensó en alguno de sus bisabuelos, especialmente Caesar, pero lo descarto cuando la puerta se abrió completamente y vio entrar a su hermano, Jouta.
“Sigues despierta, lo suponía” Exclamo al verla, entrando a la habitación para ir hasta su cama.
“Tu también, ¿Por qué sigues despierto?” Le pregunto, viéndolo subirse a su cama, donde se quedo sentado.
“Espero a que nuestros padres regresen, dah” Respondió con cierta burla, a lo que Jolyne sintió deseos de golpearlo con su peluche. “También para cuidar que no te pase lo que anoche” Esas palabras evitaron que su peluche se estampara contra la cara de Jouta. “¿Tienes miedo quedarte dormida?
“No lo sé” murmuro, desviando la mirada hacia su lámpara de noche. “No debería, ¿Pero y si vuelve a pasar lo mismo?
“Cuando papi trataba de despertarte, te agitabas como si te ahogaras, como la gente que se cae al mar, ¿Soñabas con eso?”
“Creo” susurro, mientras el sonido del mar venia a su cabeza. “El abuelo Joseph y Caesar me dijeron que si soñaba algo feo, pensara en algo que me ayudara en cualquier problema, pero si me estoy ahogando en el mar, ¿En que podría pensar?”
“Hum, en delfines” Respondió Jouta, rápidamente. “En un barco, hu, mejor piensa que estas en la orilla, jugando con papi Noriaki, con Jotaro y conmigo, pero nunca te sientas sola”
Su hermano era un tonto la mayor parte del tiempo, pero por primera vez sus palabras le daban consuelo, una sonrisa adorno su rostro y sintió algo cálido en su pecho al pensar en su familia, pasando un día tranquilo y divertido en la playa.
“Ya sé, me quedare contigo” Jouta se acomodo a su lado en la cama.
“No necesito que hagas eso, ya no somos bebés” Jolyne reprocho, pensando que su hermano estaba considerándola débil, como le había dicho alguna vez en el pasado en sus discusiones, que fuera una niña no le volvía frágil y delicada, aunque la mayoría le veía de esa forma.
“No dije que lo fueras, pero soy tu hermano mayor”
“Papá dijo que solo fueron diez minutos…”
“Soy el mayor de todos modos” Expreso con orgullo, a lo que Jolyne bufo suavemente. “Debo cuidarte y papá y papi te dijeron que debías cuidarme también, si no lo haces iré a sentarme a la sala y no dormiré hasta que nuestros padres regresen”
Jolyne miro a su hermano, estaba siendo sincero en sus palabras, pero como era de esperarse expresaba todo a su modo, como gemelos que eran no le costaba comprenderlo, mucho menos el darse cuenta de que su preocupación era real y que de verdad quería estar al pendiente de ella.
Suspiro nuevamente y abrazando su peluche se recostó sobre la cama, Jouta le miro primero y unos segundos después se acostó a su lado. Y esperaron a que el sueño los venciera, Jouta era el único que parecía a nada de dormirse, pero se forzaba a no hacerlo.
“¿Por qué no te duermes?” pregunto Jolyne en un susurro, mirando la cansada mirada del otro.
“No lo hare hasta que te duermas primero” respondió, algo adormilado, pero decidido en sus palabras.
“Eres terco…” susurro Jolyne, sonriéndose un poco.
“Sí, bueno, cierra los ojos y duérmete ya” le ordeno, extendiéndole una de sus manos. “toma mi mano, así si vuelves a tener una pesadilla me daré cuenta y podre despertarte, como lo hizo papi Kakyoin”
Jolyne miro su mano, no sabía de donde su hermano había sacado aquella idea, tal vez estaba viendo televisión a escondidas de sus padres, como cuando veía películas de miedo y después corría todas las noches a dormir con estos, aunque estaba segura de que era una excusa para molestar a su padre, Jotaro.
“Está bien…” Aun así accedió a su idea, y con una de sus manos apretó la de su hermano.
“Bien, ahora cierra los ojos”
Jolyne asintió y juntos cerraron los ojos, no supo cuantos minutos pasaron, pero pronto escucho la suave respiración de Jouta, entreabrió un poco los ojos y le encontró dormido, pese a eso la forma en la que tomaba su mano era muy firme. Suspiro y volvió a cerrar los ojos, ahora quería dormirse, de alguna forma estaba preparada para enfrentar lo que hubiera en sus sueños aquella noche.
Pero no podía, sus ojos no se sentían pesados, no tenia sueño, no dejaba de pensar, volvió a abrir los ojos, esperando encontrarse con la cara de su durmiente hermano, pero para su sorpresa no fue así.
Vio el cielo tenuemente oscuro, como se veía antes del amanecer, antes de los primeros rayos de sol. Esa imagen la confundió pero aquello solo fue el inicio, escucho una suave melodía, una que conocía bien, el sonido de las olas del mar.
Sintió un escalofrió que la obligo a levantarse, hubo horror en su rostro, de nuevo estaba en su pesadilla, pero esta vez podía moverse y ver, y mejor aun estaba lejos del mar, incluso de la orilla y de las olas.
Se quedo mirando al horizonte oscuro, donde el agua arrastraba lo que estuviera cerca de la orilla, así que considero mantenerse lejos, luego miro a su alrededor, estaba sola. Las palabras de sus bisabuelos llegaron a su mente, apretó la mirada y trato de pensar en sus padres y en su hermano, para cumplir lo que le había pedido.
Pensó en toda su familia y eso la lleno de calidez, emocionada por la idea de lograr traerlos a ese sueño abrió los ojos, sintiendo algo de ardor momentáneo que la obligo a cerrarlos de nuevo.
Espero un poco para volver a abrir sus ojos, esta vez fue cuidadosa, ya había salido el sol, aunque aquello era un sueño se sentía demasiado real.
“¿Papá, papi?” llamo en voz alta, mirando a su alrededor, pero no vio rastro de estos, ni escucho sus voces, nada. “¿Abuelo Joseph, abuelo Caesar?.... ¿Jouta?
No hubo respuesta, en el horizonte el sol se elevo y aquel pedazo de arena y mar fue cobrando vida, Jolyne dejo de buscar a su familia para volver a mirar al horizonte, ya llevaba tiempo ahí y nada malo había pasado aun, no había gritos ni nada que la asustara y cuando el sol termino de alzarse se dio cuenta de que no estaba sola.
Se sorprendió cuando vislumbro una silueta de pie sobre el agua, algo cerca de la orilla, no era Kakyoin ni Jotaro y era demasiado joven para ser alguno de sus bisabuelos, cuando aquella silueta tomo forma bajo la luz del sol, confirmo que ni siquiera era un hombre, era una chica, por eso descarto al instante a su hermano Jouta.
Jolyne ladeo el rostro y aquella persona le imito, movió sus manos y sus piernas y la persona en el agua también lo hizo, era como jugar frente a un espejo.
Se fue acercando hasta que estuvo a casos metros de aquella misteriosa persona, no la conocía pero se parecía a ella solo que mas alta, ciertamente se veía como si fuera una adulta, su ropa era extraña, pero estaba segura de ver algunas mariposas en la decoración, su cabello también era diferente, su flequillo era de color verde casi brillante, nada que ver con el suyo que era rojo.
No pudo pensar en qué hacer en un momento así, si era buena idea hablar con quien fuera esa persona que se parecía a ella, la luz de aquel amanecer parecía volverse más intensa, y repentinamente aquella mujer que consideraba su reflejo se giro hacia el horizonte, con voluntad propia. Jolyne se sorprendió e intrigada por lo que esa mujer veía en el horizonte, se metió al agua y cuando esta mojo sus pies, estuvo a punto de saltar de miedo por el simple hecho de tocarla, temió que algo fuera a pasar, pero aquella mujer se volvió hacia ella.
Se miraron fijamente, estando prácticamente frente a frente, Jolyne sintió la necesidad de preguntar quién era, pero antes de hacerlo la otra le sonrió.
Sus ojos verdes se abrieron con sorpresa sin entender que estaba pasando, le estaba sonriendo, pero al mismo tiempo parecía decirle algo. No escuchaba nada pero esa sonrisa se sentía como una despedida, pero no había nada triste y eso la confundió ¿Por qué se sentiría así al ver esa mujer sonriendo? No logro entenderlo y no pudo pedir respuestas, pues bajo la luz del amanecer ese reflejo de sí misma desapareció, con una gran sonrisa en sus labios.
Bajo la luz más brillante del amanecer Jolyne seguía sola en aquella playa, pero no tenía más miedo, se sentía tranquila, aunque también estaba confundida por lo que había visto.
Sintiendo el vaivén de las olas, empezó a caminar por la orilla de aquella playa disfrutando de ese amanecer. Su sonrisa no abandono sus labios en su sueño, ni tampoco de su rostro mientras dormía, al lado de su hermano, sin soltar su mano, simplemente estaba en paz.
La residencia Kujo estuvo en completa calma, hasta que el reloj marco las ocho de la mañana. La puerta se abrió lentamente de la forma más silenciosa posible, segundos después se cerró y Jotaro y Kakyoin se asomaron dentro de su hogar, deteniéndose primero en la sala.
“Nos quedaremos despiertos toda la noche, dijeron” Jotaro susurro bajito, de pie en la desordenada sala donde Joseph y Caesar dormían, uno sobre el otro en el sofá grande, se veían bastante cómodos, pero estaba seguro de que esa idea cambiaria cuando los dos trataran de levantarse al despertar. “Hum”
Miro a Kakyoin abandonar la escena, para ir directamente hacia donde estaban las habitaciones, le siguió, dejando que los mayores durmieran era muy temprano para escucharlos gritar.
Aunque su esposo se había adelantado, estaba seguro de cuál sería su prioridad, por eso entro a la habitación de Jolyne, aprovechando que la puerta estaba abierta y vio a Kakyoin de pie ante la cama, sonreía bastante enternecido y él se contagio de su expresión cuando vio a sus hijos durmiendo plácidamente en la cama.
La imagen le recordó cuando eran tan solo unos bebes, siempre se dormían juntos, sosteniéndose de las manos justo como en ese momento, hasta que crecieron y cada uno exigió su propia habitación.
“No había nada de qué preocuparnos” Susurro, abrazando a Kakyoin por la espalda. “No debimos regresar tan pronto”
“Estas bromeando, ¿Verdad?” le pregunto con seriedad.
“Tu dijiste temprano, pero no el día”
“¿Cuántos días eran suficientes para ti?
“Dos o cuatro” murmuro sobre su oído, dando una suave mordida a su lóbulo.
Sintió una reacción inmediata a su toque, el cuerpo de su esposo se estremeció, la sensibilidad en su piel aun era palpable y es que hacia tan poco que habían hecho el amor mientras se bañaban juntos, antes de volver a casa.
“Por ahora tendrás que controlarte…” Le escucho murmurar, y aunque no era la respuesta que quería, tampoco era mala y no se le iba a olvidar.
Se separaron una vez más, para rodear la cama, cada uno tomo un costado, Jotaro se puso al lado de Jolyne, mientras Kakyoin lo hacía del lado de Jouta, fueron silenciosos y trataron de no hacer movimientos tan bruscos. Ninguno de los gemelos se movió, estaban profundamente dormidos, Jouta incluso imitaba un gracioso ronquido, mientras que Jolyne sonreía.
“Al final, solo fue un mal sueño” Susurro Kakyoin, acariciando gentilmente la mejilla de Jouta.
“Si, todo está bien” Jotaro agrego, mientras acomodaba algunos de los mechones rojos del fleco de Jolyne. “No hay nada de qué preocuparnos”
“Por ahora, solo espera a que cumplan quince” una risita suave escapo de sus labios. “Jouta ya se comporta como tu cuando tenias dieciocho”
“Yo me encargare del mocoso” Respondió con seguridad, ya de por si él y su hijo compartían una rivalidad. “Aunque para ser sincero, quisiera que tuvieran más cualidades tuyas, al menos con Jolyne, estoy seguro de que será una mujer hermosa y fuerte, como tú.”
“Hum, tendremos mucho trabajo cuando sean adolecentes” susurro, mirándole a los ojos. “Cuidar que Jouta no se meta en tantos problemas y espantar los muchos pretendientes que perseguirán a Jolyne”
“Cuando ese momento llegue estaremos listos” Su voz fue enérgica y segura, sus hijos aun eran unos niños, tal vez estaban sacando juicios muy pronto. “Por ahora, dejémoslos ser niños”
“Si” asintió acercándose, juntando una vez más su frente contra la suya. “Feliz aniversario, Jotaro”
“Feliz aniversario, Noriaki”
Compartieron un beso mas, luego se acurrucaron a lado de sus hijos, abrazándolos con uno de sus brazos, mientras unían sus manos libres, entrelazando sus dedos. Cerraron los ojos, disfrutando del silencio y del calor de ese momento tan cálido en familia y se dejaron llevar por el sueño.
La pesadilla se había terminado, era un nuevo día y todo estaba bien.
Todo.
--------------------------------------------------------FIN-------------------------------------------------
