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landscape with a blur of conquerors (paisaje con una nube de conquistadores)

Summary:

"- Aunque comparto tu desprecio por esta situación en la que nos encontramos, no lo confundas con apatía – siseó a través de los dientes apretados, los ojos oscuros ardiendo – Apenas espero que tu disposición se ablande, ¡pero estaré jodido si permito que mi futura Emperatriz se comporte de una manera que dañen mi imagen y la de la Primera Orden!

- ¿Si tú permites ? - dio un tirón para soltarse el brazo de su férreo agarre, golpeándole la mano por si acaso – No te pertenezco. No pertenezco a nadie .

- Eso podía ser así antes cuando eras una chatarrera en ese miserable montón de chatarra de planeta, ¿pero ahora? - su sarcástica mirada recorrió sus ropajes de seda y las joyas entrelazadas en sus elaboradas trenzas – Ahora eres la Chume'da , y la Chume'da pertenece a su gente. Su destino está enteramente en tus manos. Si cruzas la línea, ellos sufrirán por ello. ¿Estoy siendo claro?

- Te odio – dijo ella con amargura.

Él se burló.

- ¿Ves? Ya te estás adaptando perfectamente a la vida de casada."

Notes:

  • A translation of a work in an unrevealed collection

Chapter Text

35 DBY

Un año estándar después del asalto a la Base de la Starkiller

 

 

Cuando la guerra llegó por fin a Hapes, llegó primero con la forma de una rotación en las estrellas, el campo estelar ondulándose y distorsionándose en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor del Halcón Milenario cuando éste regresaba al espacio real sobre la orbe moteada de azul y verde de Stalsinek IV. El viaje a través del velo ionizado de las Nieblas Transitorias había sido largo y difícil, donde una sola maniobra calculada erróneamente habría hecho pedazos la nave. Luego, la salida del embrollo de hiperplanos conocido como Agujeros Nudo, donde un solo giro mal hecho la habría llevado hasta el Creador sabe dónde. Ciertamente no a la base de la Resistencia, que era donde Rey deseaba estar jugando a sabacc con Finn, o realizando simulaciones de vuelo con Poe, o charlando con Jessika. Cualquier cosa era preferible a estar viajando sola, buscando lo que en primer lugar, nadie estaba seguro de que existiera.

 

Ningún esfuerzo es inútil si aprendes algo de ti misma en el camino”, le había dicho Luke antes de marcharse. “Tómate este tiempo para reflexionar. Aclara tu mente y comunícate con el universo. Deja que la Fuerza te ayude a encontrar la paz interior”.

 

¿No puede ayudarme a encontrar el objetivo de la misión?” había bromeado Rey, lo que había provocado una exasperada pero cariñosa sonrisa en su maestro, y de alguna forma extrañamente melancólica. Supo entonces que él estaba recordando a otro estudiante que había sido igual de impaciente, con la lengua igual de afilada. Y pensar en esa persona, incluso si solo era de pasada, le había arruinado el día, como siempre, y su estado de ánimo había estado lejos de mejorar después de horas en el hiperespacio con solo el triple cerebro droide del Halcón como compañía y la pura pesadilla de navegar por las Nieblas. Los inicios de un dolor de cabeza tensional acechaban por la parte de atrás del cráneo.

 

- Será mejor que esto valga la pena – masculló Rey entre dientes mientras agarraba los controles, conduciendo a la nave a un lenta caída en picado hacia el planeta.

 

*

 

Stalsinek IV era un mundo selvático, verde oscuro y opresivamente húmedo. Rey estaba acostumbrada a la aridez, al calor abrasador del desierto, no a esta variedad de vapores que pesaban sobre la piel y le llenaba los pulmones, incluso en los lugares densos y frondosos donde la luz del sol era un distante sueño. Tras una hora de caminata bajo las copas del los árboles de los pinos negros, los tronco espiral y los pinos susurrantes, estaba empapada en sudor, su aliento era expulsado en fuertes jadeos, la migraña le pinchaba por detrás de los ojos. Pero había algo allí, podía sentir las venas de energía chisporroteando a través de los huecos entre los troncos de los árboles. Todo lo que tenía que hacer era concentrarse en la fuente.

 

Rey se detuvo y se apretó las sienes doloridas con los dedos. Aún no era muy buena en la sanación con la Fuerza, pero al menos podía aliviar un poco el dolor, hacer que fuera más fácil oír sus propios pensamientos…

 

El poder surgió de la punta de los dedos, la migraña se desvaneció como las semillas de un diente de león ante una fuerte ráfaga de viento.

 

"Uh", pensó sorprendida y completamente libre del dolor. "Eso lo resuelve, entonces". Tenía que haber un nexo de la Fuerza cerca, amplificando sus propias habilidades. Sin el dolor de cabeza distrayéndola, notó por primera vez como de tangible era la corriente de energía, con delgadas secciones de aire titilando débilemente como una enorme telaraña enrollada en las ramas de los árboles, irradiando hacia afuera desde algún lugar en lo profundo del bosque.

 

"Durante incontables milenios, los Hapanos han contado historias de una fuente mágica en el Outback Corsario”, había dicho Luke. “Supuestamente sus aguas curan enfermedades, restablece miembros cercenados, y devuelve la juventud a aquellos que beben de ella. Por supuesto, esas historias se han despreciado en gran medida como simples cuentos de niños, pero, si hay una cosa que he aprendido en estos años, Rey, es que la mayoría de leyendas contienen una parte de verdad. Si hay un lugar de poder en el Cúmulo de Hapes, entonces ese es un lugar donde la Fuerza existe como un manantial concentrado, esperando a ser aprovechado por quien sea sensible a él.

 

Las ruinas del primer Templo Jedi en Ahch-To era un nexo, como lo era la cueva en los pantanos de Dagobah. Rey había entrenado en ambos, pero no estaba progresando tan bien como a Luke le habría gustado, de ahí este pequeño viaje de estudios. Al principio Leia había dudado en enviarla lejos sin refuerzos. No tenían tropas de sobra y, le gustara o no, la necesitaban como su mejor baza para derrotar a Snoke y a los Caballeros de Ren.

 

La guerra iba mal. La Resistencia caía en la desesperación. En la suficiente desesperación como para permitir que su único Jedi en entrenamiento persiguiera cuentos de hadas en el Borde Interior.

 

Rey nunca le admitiría esto a nadie, pero en los últimos meses, había una diminuta y traicionera voz susurrándole al oído sobre que podría haber sido mucho más poderosa a estas alturas, si solo hubiese encontrado al maestro adecuado. Uno cuya filosofía no chocara con su propia perspectiva como la de Luke tendía a hacer, a pesar de toda su paciencia y amabilidad.

 

¡Te enseñaría los caminos de la Fuerza!”, había gritado Kylo, con los ojos oscuros y apasionados, inclinándose hacia ella mientras ella estaba de pie al borde de un precipicio cubierto de nieve.

 

Apartó el recuerdo con el ceño fruncido, deseando que pudiera desterrarlo por completo. Nunca se le uniría. Primero tendría que matarla, y no iba a dejar que eso pasase.

 

Las corrientes de energía se hacían más intensas cuanto más se adentraba en el laberinto de árboles. Tenía un sabor extraño en la lengua, pesado y metálico, como a ozono, o quizás sangre. Los espinos negros le arañaba los brazos desnudos cuando aceleró. Sin interrumpir el paso, se pasó la palma de la mano sobre las heridas superficiales y estas desaparecieron, sin dejar marca. Sí, allí había poder, antiguo y vasto, inundando sus sentidos hasta sentirse borracha, se le puso la piel de gallina y el corazón le retumbaba contra los huesos de la caja torácica.

 

El templo fue lo primero que vio Rey tras arrastrarse a través de un muro de matorrales de fragantes hojas azules. Losas de piedra de un blanco lechoso se alzaron entre la maleza, sus bordes opalescentes capturaban los pocos rayos de luz que se filtraban a través de las copas de los árboles. Aunque la fachada estaba cubierta de parches dispersos de musgo grisáceo, el complejo de edificios rectangulares no estaba en ruinas, solo abandonados, durante cientos, si no miles de años, a juzgar por las malas hierbas que brotaban sobre el sendero y las enormes higueras estranguladores que intentaban recuperar el espacio del amplio patio abierto.

 

De lo segundo que se dio cuenta fue de la fuente.

 

Rey atravesó el arco de la entrada, enredada por vides de Misura, ignorando la hilera de columnas grabadas con intrincados relieves que en otra ocasión se habría parado a examinar. Estaba concentrada en el chorro de agua plateada que emanaba de una pequeña pileta ovalada en medio del patio, de la cual fluían las corrientes de energía que la habían guiado a través del bosque. La atracción sobre su alma era magnética. La había llamado de la misma forma que había hecho la espada láser de Skywalker desde el sótano del castillo de Maz Kanata. Sin embargo, a diferencia de entonces, ya no le tenía miedo a la Fuerza. A veces era una amiga, a veces era un enigma frustrante, pero siempre era su constante compañera.

 

Extendió la mano para tocar el agua… y casi gritó por lo fría que estaba. Kriff, estaba helada, como si hubiese medito la mano en un cubo lleno de hielo. Retiró la mano. Los dedos estaban secos.

 

"Uh", pensó por segunda vez ese día. Esa no era… la forma en la que funcionaba el agua.

 

Tras una inspección más exhaustiva, el líquido de la fuente tampoco se parecía mucho al agua. En primer lugar, era de verdad plateada, no incolora y reflejando la piedra de alrededor, como había asumido Rey. Se dejó caer sobre una rodilla y estudió la pileta, y su cara estaba notablemente no siendo reflejada. Todo estaba plateado, goteando, burbujeando y lamiendo los bordes de piedra.

 

Cerró los ojos, adaptando su respiración al ritmo lento, profundo y limpio del trance de meditación. La oscuridad parpadeó con la constelación de luces que formaba la selva, la energía vital conectando los árboles a las criaturas que merodeaban, se deslizaban, se arrastraban y cazaban entre ellos. Y ahí, en el centro de todas las cosas, estaba la fuente, resplandeciendo en su mente como un corazón palpitante, el ancla, el nexo.

 

- Muéstrame – dijo Rey.

 

Y algo, algo ancestral, infinito, primigenio, contestó.

 

- Si. 

 


 

 La rutina monótona y bien engrasada del puente del Finalizador fue interrumpida cuando varios oficiales se pusieron en guardia cuando Kylo Ren irrumpió en él, aún con la sangre y el hollín del campo de batalla adheridos a la armadura que le cubría de la cabeza a los pies. Entonces volvieron rápidamente a sus asuntos, ni uno solo de ellos lo bastante estúpido como para quedarse mirando embobado o para escuchar a escondidas mientras este se enfrentaba a Hux en la cubierta de observación.

 

- Veo que sigues con nosotros – dijo el general pelirrojo, apartando la vista del ventanal desde el que se veía el mundo agrícola de Taanab, oscurecido por los restos flotantes de varias naves de la Resistencia – Eso ha ido bastante bien, ¿no crees?

 

- Tal vez tendría una mejor opinión si ni hubieses enviado la fuerza aérea después de que te llamara por el comunicador para decirte específicamente que lo tenía bajo control – la voz de Kylo era un gruñido bajo y metálico a través del modulador de voz, los puños enguantados apretados a los costados.

 

Hux se encogió de hombros.

 

- Te estaba llevando demasiado tiempo, Ren. La batalla aquí arriba ya había terminado, así que consideré que era más eficiente desviar nuestros TIEs a la capital en lugar de darle a las tropas terrestres de Taanab una oportunidad de reagruparse.

 

- Lo que hiciste – le espetó Kylo – fue que estuvieran tan desesperados como para arrasar sus propios campos. Billones de acres de tierra agrícola de primera calidad están ahora mismo convirtiéndose en cenizas bajo nuestros pies. Estoy deseando ver como intentas explicarle esto al Líder Supremo.

 

- Nuestra prioridad es asegurar la Ruta Comercial Perlamiana lo antes posible – replicó Hux – Tengo confianza en que el Líder Snoke elogiará mi estrategia...

 

- ¿Tu estrategia? Más bien tu deseo de acaparar toda la gloria para ti, a costa de valiosos recursos para la Primera Orden... – Kylo se detuvo en un abrupto silencio, la cabeza ladeada hacia un lado. Era como si estuviera escuchando algo, a pesar de que los únicos sonidos del puente fueran el tictac de los cronómetros y el pitido de los radares.

 

- ¿Qué pasa? - exigió Hux - ¿Por qué…? Ren, ¿a dónde vas?

 

El otro hombre ya estaba a mitad de camino de la habitación.

 

- Tengo asuntos en otro lugar – dijo sin mirar hacia atrás.

 

- Tenemos que dar parte en T menos quince minutos. No puedes irte.

 

- En realidad, General – dijo Kylo arrastrando las palabras mientras pasaba por el umbral de la puerta – Creo que vas a descubrir que sí que puedo.

 

Y entonces se marchó, las puertas siseando al cerrarse tras él. 

 


 

 Cuando Rey abrió los ojos, el mundo estaba completamente negro. No el negro de la noche, sino el de la sombra. Había un silencio mortal, el canto de los pájaros y el chirrido de los insectos junto al susurro de las hojas de los árboles habían sido reemplazados por un silencio tan espeso que lo sentía como un nudo en la garganta. Había una mujer arrodillada donde había estado la fuente, o quizás la fuente había sido una mujer todo este tiempo. El caño de agua un torso esbelto, la pileta un elegante drapeado de una voluminosa túnica dorada. Su piel era tan blanca como el mármol, sus ojos verdes como el bosque, y sus alas blancas como la nieve parecían llenar el vacío de la nada en el que el planeta se había convertido.

 

- Hija – murmuró.

 

En retrospectiva, Rey estaría muy avergonzada por lo que dijo a continuación:

 

- ¿Madre?

 

Fue una pregunta instintiva que dejó en evidencia la herida de su corazón, la esperanza que aún conservaba después de tanto tiempo.

 

- Pasarán cientos de miles de años antes de que la Madre despierte. Yo soy la Hija. - La mujer hablaba con una voz lenta con indicios de confusión, como si ella también, acabara de emerger de las profundidades del sueño – O lo era. U otra parte de mi lo era. En esta forma, soy la Diosa.

 

- He conocido a otros dioses – Rey pensó en el cruel R'iia, cuyo aliento provocaba las tormentas de Jakku - ¿Qué te hace a ti tan especial?

 

- Debería preguntarte lo mismo – las pálidas alas se agitaron en la oscuridad cuando el ser se inclinó hacia delante – Solo mis seguidores pueden percibirme en esta forma, y tú, aunque poderosa en la Fuerza, no eres de la sangre.

 

Una mano fría tocó el rostro de Rey. Una pausa, y entonces:

 

- Ah. Ya veo – la Diosa sonaba sorprendida, desconcertada, e intrigada, todo al mismo tiempo – Eso cambia las cosas.

 

- ¿El qué lo hace? - exigió saber Rey. Estaba siendo grosera, pero la experiencia previa le había enseñado que a veces era más efectivo amenazar a la Fuerza para que revelara sus secretos. Esta era otra fuente de enfrentamiento entre ella y Luke.

 

La Diosa ignoró su pregunta.

 

- Buscas sabiduría. Deseas conocer la razón de tu falta de destreza. Hay un océano en tu interior pero no puedes encontrarlo, incluso aunque lo escuchas en el espacio entre los latidos del corazón. Incluso aunque sientas el eco que surge de tu interior.

 

Imaginas un océano”, había murmurado Kylo, con la cabeza gacha y los parpados caídos en la luz azulada de la sala de interrogatorios.

 

Un ceño fruncido empañó la faz inmaculada de la Diosa, cuando también vio el recuerdo en la mente de Rey.

 

- Ese es… también interesante. Oh, la ruina a la que os llevaréis mutuamente.

 

- Sin sorpresas ahí – se quejó Rey. No necesitaba una adivina para saber que su futura relación con Kylo consistiría principalmente en intentos de infligirse graves daños corporales. - Nos estamos desviando un poco de la cuestión, ¿no? - ese siempre era el mismo problema con esos fantasmas o manifestaciones o como supuestamente fuera que tuviera que llamarlos. Cuando no estaban siendo inútilmente ambiguos, hablaban de algo completamente diferente. Necesitaba que esta se concentrase. Necesitaba que hablara su idioma - ¿Cómo encuentro el océano?

 

- Encontrando de dónde viene tu poder. De dónde vienes .

 

- De verdad, me ahorraría mucho tiempo si solo me lo dijeras – sugirió amablemente Rey.

 

- No tanto tiempo como puedas pensar – respondió la Diosa – Los hilos del destino se están uniendo. Lo sabrás muy pronto – se sentó sobre sus rodillas, las manos unidas sobre el regazo – Y ahora él está cerca. Y con su estado de ánimo, te aconsejaría que huyeses, pero, de algún modo, no creo que vayas a hacerlo.

 

*

 

Sucedió muy rápido. Con la siguiente respiración de Rey, volvía a estar en el patio abandonado del templo, con el bosque circundante bajo la luz suave y púrpura del crepúsculo. "Cielos, ¿cuánto tiempo he estado ausente?", se preguntó mientras se ponía en pie sobre las articulaciones rígidas por haberse quedado quieta en una posición por lo que debían de haber sido horas. Delante de ella, la fuente brillaba y se ondeaba como si nada hubiese pasado, como si nunca se hubiese convertido en una mujer alada en un silencioso vacío del tiempo y del espacio.

 

A medida que se desvanecía el persistente aturdimiento del trance, Rey se dio cuenta de que no estaba sola. Había alguien detrás de ella, su presencia en la Fuerza era irregular, poderosa y furiosa. En el mismo momento en el que sintió su presencia, el inconfundible chillido de un cristal Kyber roto volviendo a la vida rompió el silencio.

 

Rey no perdió ni un solo segundo. Encendiendo su propia espada láser, giró sobre sus talones y salió despedida al instante, saltando directamente hacia la figura enmascarada que estaba a solo unos pasos de distancia. Sus rayos de plasma chocaron y se sostenieron, del azul zafiro al escarlata, la neblina amatista resultante se reflejaba en el yelmo negro obsidiana. Lo había conocido hacía un año, en otro bosque, y entonces él había sido como un tifón amenazador, lleno de determinación, mientras que ella había estado muerta de miedo.

 

Esta vez era diferente. Esta vez, los dos estaban enfadados.

 

Rey se apartó del bloqueo de la espada y se abalanzó sobre Kylo con una lluvia de golpes de espada cortos y veloces que lo hicieron retroceder incluso aunque los desviara con una velocidad magistral. El plan de ella de arrinconarlo contra una de las columnas falló cuando él se las arregló para dar un paso alrededor de ella, y llevar la letal hoja dentada de su arma directa a su hombro. Ella inclinó la espada en un ángulo defensivo, y sus dientes rechinaron por la fuerza del impacto.

 

- Parece que has mejorado ligeramente desde nuestro último encuentro – las palabras surgían con el mismo retumbe de estática y humo que le provocaba escalofríos por la espina dorsal. Tenía sueños, a veces sobre él, sueños que apenas podía recordar al despertar, pero donde la máscara siempre aparecía al final.

 

- Sí, bueno, tu tío es un buen maestro – hizo hincapié en la última palabra, dejando que el cruel comentario calara, antes de darle un rodillazo en el estómago y aprovechar su momento de vacilación para poner algo de distancia entre ellos, colocando el cuerpo en una guardia equilibrada a dos manos con la espada láser sostenida en el lado derecho del cuerpo.

 

- Si te hubieses unido a mi, también te habría iniciado con la forma Ataru de combate – observó Kylo – antes de que desbloqueáramos todo tu potencial con Juyo, del cual estoy seguro de que Skywalker no te ha hablado porque es un hombre débil y estúpido asustado de la oscuridad – adoptó una postura abierta con su propia espada cruzada inclinada hacia el suelo, los pies muy separados – Pero ese momento hace mucho que ha pasado. Ahora se que fue mi compasión por ti lo que demostró ser mi perdición. Considera mi oferta oficialmente rescindida.

 

- Que tragedia – se burló Rey – Y tú y yo tenemos definiciones muy diferentes de lo que es la compasión.

 

- Y de la tragedia también.

 

Cuando sus espadas volvieron a chocar, fue violento e implacable, la energía del nexo aumentando los poderes de ambos hasta que los antiguos cimientos de piedra del templo empezaron a temblar y el bosque iluminado por las estrellas se inundó de ruido y furia. Kylo había tenido un año para reflexionar, para lamerse las heridas, y para dejar que el resentimiento arraigara, y eso se veía en la forma en la que evitaba las maniobras de desarme a favor de las que iban directamente a matar. Lo mismo pasaba con ella, con todas las boberías de Luke sobre el autocontrol desapareciendo ante el rostro del hombre que había asesinado a su propio padre y herido de forma casi mortal a Finn. Cuando se separaron después de otro intercambio de golpes, Kylo estiró la mano y Rey sintió a la Fuerza apretándola, levantándola del suelo y lanzándola hacia el borde chirriante de esos rayos entrecruzados de luz roja. Reuniendo todas sus fuerzas, Rey soltó el agarre telequinético y giró el cuerpo en el aire para así chocar en su lugar contra él. La espada láser de Kylo salió despedida de su mano mientras este aterrizaba con fuerza en el suelo del patio, tirado sobre la espalda con Rey a horcajadas sobre sus caderas y la espada zumbando contra su cuello.

 

- ¿Cómo me has encontrado? - gruñó Rey.

 

- La Fuerza te traicionó – Rey podía escuchar el desdén en su voz, arrogante y exultante, como si no estuviera a punto de perder la cabeza - ¿Pensaste que podías estar en comunión con un nexo sin que yo lo supiera, cuando solo estaba a unos sistemas de distancia?

 

Movió los dedos y, con fuerte crujido, la piedra de la columna más cercana se agrietó por la base y cayó sobre sus cabezas. Automáticamente Rey levantó una mano para pararlo, el acto de hacerlo fue tan sencillo como respirar, allí en ese lugar donde la energía la atravesaba en poderosas corrientes. Pero en el momento en que levantó la espada láser de su cuello, Kylo se alzó, haciendo que ella rodara hacia el lado, el suelo vibró cuando el trozo de columna se estrelló contra el lugar donde habían estado hacía apenas medio segundo.

 

Ahora la que estaba sobre su espalda era ella. Rey miró la inexpresiva máscara negra que se cernía sobre ella.

 

- ¡Podías habernos matado a los dos!

 

- ¿No sería poético – reflexionó Kylo – que tú y yo muriésemos juntos?

 

- Estás loco – arañó las baldosas con los dedos, buscando la espada láser que había soltado, pero él no la dejó, sujetándole la muñeca contra el suelo con una mano fuerte y cubierta de cuero.

 

Y entonces la Fuerza… se marchó. Esa era la única forma en la que podía describirlo, la repentina ausencia similar al inmediato resonante silencio tras un portazo.

 

- Tal vez la próxima vez te lo pienses mejor antes de destruir mi templo – siseó la Diosa al oído de Rey, seguido de… nada. Absolutamente nada.

 

- ¿Qué ha sido eso? - exigió saber Kylo, su cuerpo rígido y tenso sobre el de ella. Como si también lo hubiese oído - ¿Quién ha sido?

 

Rey abrió la boca para soltar algún tipo de respuesta mordaz. Maldecirlo por siempre, siempre arruinarlo todo, por ser una continua desgracia para su existencia y la galaxia en general. Pero, en ese preciso momento, una serie de pasos retumbaron por todo el patio, mezclados con el inconfundible chasquido de seguros siendo desactivados.

 

- ¡De pie! - ordenó una severa voz masculina – Despacio. Las manos donde pueda verlas.