Chapter Text
“¿Podemos descansar un rato?”
A Robert no le gustaba estudiar.
Desde que tenía memoria, siempre le había supuesto un esfuerzo monumental concentrarse. Hacía lo que podía, pero cada vez que tenía que sentarse a estudiar, cualquier cosa parecía más interesante. Mas de una vez había tenido discusiones con sus padres cuando estos habían entrado en su habitación y le habían visto mantener la mirada fija en la ventana en vez del libro que tenía delante. Pero, aun así, eran muy pacientes con él. Sabían que su hijo sufría mucho con este asunto, por lo que, con el tiempo, intentaron no presionarle demasiado. Al fin y al cabo, Robert no lo hacía por gusto. Él siempre se esforzaba mucho, y sentía que nunca era suficiente. Así que, con el tiempo, dejó de creer en que podría lograr sobresalir en los estudios algún día.
Pero, aunque no lo pareciera, no estaba solo. Tenía a alguien muy especial a su lado.
Jack era, por así decirlo, todo lo opuesto a Robert. Estaba muy concentrado en sus estudios, y se empeñaba en que todo le saliera bien. Le daba mucha importancia a estudiar con varios días de márgen, hacia absolutamente todos los deberes cuando le tocaba, y ni se le había pasado por la cabeza faltar a clase. Incluso se molestaba mucho si había algún día en el que no podía asistir, o no podía dedicarle su tiempo para repasar todos los apuntes que habían dado ese día. Generalmente, Jack se lo tomaba todo muy en serio, y no permitía que nada le supusiera una distracción.
Tal vez fuera por su propia personalidad, pero a Robert le costaba creer que alguien pudiera ser tan dedicado a los estudios. Él era de los que creían que no valía la pena amargarse tanto y estresarse por todo, que las cosas se podían ir haciendo con la calma. Era una forma de ver la vida que no estaba mal, pero a la práctica le había traído algún que otro problema, sobre todo en temas académico. Sin embargo, él era feliz haciendo lo que más le apetecía. Sentía que estaba siendo fiel a sí mismo. Y con eso le bastaba.
¿Cómo era posible que dos personas tan diferentes, y que veían la vida de forma casi opuesta, acabasen siendo inseparables?
En el momento en el que oyó una nueva queja salir de la boca de su mejor amigo, Jack dobló el libro de inglés que tenía en la mano en ese momento y le golpeó no muy fuerte en el brazo.
“¿¡Pero qué haces!?” contestó Robert casi al segundo.
“Si te crees que voy a caer en tu trampa del 'necesito un descanso', vas listo.” Bufó Jack. “Ya me has dejado enredar una vez hoy, y luego te habías olvidado de todo lo que habíamos estudiado. Así que no te voy a dejar pasar ni una más.”
Robert gruño, aun frotándose la zona donde Jack le había golpeado.
“Eres un monstruo.” Solo añadió, antes de ponerse a estudiar de nuevo.
Jack soltó un sonoro suspiro y se levantó de la silla del escritorio de Robert, dejando que él siguiera haciendo ejercicios.
“Estoy intentando ayudarte. Me lo has pedido tú.” Jack miró su móvil para comprobar que no tenía notificaciones. Al ver que solo tenía los típicos mensajes que solía tener siempre de su controladora madre, suspiró y volvió a dejarlo en la cama de Robert. Dirigió la mirada hacia aquella figura inclinada sobre el escritorio.
“Sé que esto es difícil para ti, pero si te esfuerzas te va a ir bien. Estás preocupado por tus notas, lo sé, es normal. Yo también estaría así en tu lugar. Pero no es nada que no se pueda arreglar… Y yo estaré ahí, a tu lado, para asegurarme de que todo te vaya bien. Solo quiero… que seas feliz.”
Ante eso último, a Jack le empezó a latir el corazón descontrolado. Se puso la mano en el pecho y se intentó tranquilizar.
“No… otra vez no… por favor… cálmate.” Pensó desesperadamente.
Una vez que pudo recuperar un pulso, cayó en la cuenta de que Robert todavía no le había contestado a sus palabras. Jack negó con la cabeza. Sabía que era lo que pasaba, y no era la primera vez.
“Oye tú.” Bufó. “No veo justo que estés enfadado conmigo y me estés ignorando. Sé que me estas oyendo, Robert.”
Al ver que no hubo respuesta, Jack puso los ojos en blanco.
“vale, como quieras.” Dijo, y siguió haciendo un tour por toda la habitación de Robert. Era un lugar que ya había visto miles de veces (eran mejores amigos al fin y al cabo), pero siempre le gustaba observar.
La habitación de Robert era un desorden constante. Pero era uno de los pocos lugares que a Jack, maniático de la limpieza, no le producía ganas de ponerse a recoger como loco. Su habitación tenía un estilo propio.
Las paredes estaban pintadas de verde con algunos posters de grupos de rock colgados (cosa que a la madre de Robert no le hacía demasiada gracia). En los estantes, figuritas de acción de cuando era pequeño, varios DVD de películas que le iban regalando por su cumpleaños o por Navidad, un marco de madera tamaño mediano con una foto de sus padres y su hermana y varios diccionarios que apenas utilizaba. En su mesita de noche había un despertador, una lámpara medio rota y una figurita de barro, que Jack fabricó y regaló a su amigo cuando apenas tenían 5 años. Debajo de esta figura hay una inscripción que decía: “Amigos para siempre”
A Jack le daba un pinchazo en el corazón cada vez que veía esa figura. Sabía que eran amigos desde que tenían tres años aproximadamente, pero a veces se le hacía difícil creer que no hubiera tirado una figura tan horrorosa.
Jack tenía muchas inseguridades. A causa de su personalidad obsesiva por los estudios, no tenía muchos amigos. Todos le miraban y le juzgaban como el típico empollón repelente, y nadie se molestaba en conocerle de verdad. A causa de eso, ha estado solo desde siempre. A excepción de Robert, claro. Él ha sido el único que ha estado a su lado y le ha apoyado en todo momento, sin importar lo que pasara. Pero, aun habiéndole tenido toda su vida a su lado, le costaba creer que fuera amigo suyo. Era como si tuviese un miedo constante a que en algún momento Robert se largara y le abandonara para siempre.
Por eso, cada vez que veía que la figura de barro que le hizo de pequeño seguía estando ahí, intacta, Jack se daba cuenta de cuanto le apreciaba.
Mientras sonreía como un bobo y, para que negarlo, se sonrojaba también, oyó un golpe que provenía del escritorio. Jack se giró del susto. Le tomó menos de un segundo en entender que había pasado.
Robert tenía toda la cara encima del libro en el que estaba haciendo los ejercicios. El bolígrafo que tenía en la mano se le había caído al suelo. Tenía los brazos colgando de la silla y, para colmo, su espalda se movía acorde a su respiración. Se había dormido.
“P-pero… ¿¡Será posible!?” se puso rojo de enfado.
Después de zarandear durante un buen rato a su amigo y gritarle un par de cosas, logró que volviese a ponerse a estudiar. Pero, esta vez, sin apartarse de su lado para asegurarse de que no volvía a dormirse.
Al fin, después de casi dos horas, Jack logró que acabara de hacer todos los ejercicios.
“¡estupendo!”, soltó Jack con entusiasmo y quitándole el libro de inglés de la mano. “¿Ves como no era tan difícil?”
Robert le dirigió una mirada que perfectamente podría haberle matado.
“te… juro por dios… que esta te la devuelvo…” le contestó exhausto.
Jack hizo una media sonrisa.
“Vamos, no te enfades.” Le puso una mano en el hombro. “Solo quiero ayudarte. Me preocupa que te hundas por esto. Sé que eres capaz de hacer unos buenos exámenes, el único problema es que te cuesta concentrarte, pero eso no es ningún crimen. Te veo capaz de lograr cualquier cosa que te propongas.”
Las palabras motivadoras de Jack lograron que la expresión de odio de Robert se acabara relajando. Al final suspiró y negó con la cabeza mientras sonreía.
“¿Qué haría yo sin ti?”
“Seguro que vivirías más tranquilo.”
Ambos se quedaron un segundo en silencio antes de soltar una carcajada. Cuando pararon de reírse, Robert se levantó y se estiró en la cama. Jack le siguió, aunque solo se sentó cerca de él y no se estiró. Miró a su amigo.
“Pero… ahora en serio. Te noto muy distraído últimamente. Bueno, más de lo normal” Robert le hizo una mueca por eso ultimo. “¿Te ocurre algo?”
Hubo un silencio, que le hizo pensar a Jack que Robert o no iba a contestar, o que se había vuelto a dormir. Pero, en cuanto pensaba que no iban a seguir con el tema, Robert, finalmente, habló.
“¿alguna vez has sentido como si… te estuvieras mintiendo a ti mismo?” se incorporó de la cama. “¿Cómo si, en el fondo, estuvieras fingiendo que sientes algo que todo el mundo considera… normal? ¿Algo que todo el mundo te dice que debe ser así? Como si…”
Al principio, Jack le miraba intrigado, no entendía lo que le decía. Pero poco a poco empezó a atar cabos. Alzó las cejas un poco a medida que lo iba entendiendo todo.
“…como si no sintieras lo mismo que el resto de las personas.”
Al oír como Jack había logrado representar en palabras sus caóticos pensamientos, ambos hicieron contacto visual. Robert asintió.
“Si… exacto.”
Robert buscó las palabras exactas para expresar el cúmulo de sentimientos que tenía, pero ni si quiera se veía capaz de eso.
“Si he estado distraído últimamente, es porque… el tema no para de… molestarme” se tomó su tiempo para volver a hablar. “Me preocupa. No me pasa lo mismo que a todo el mundo. Todos, absolutamente todos los chicos de nuestra clase… presumen de haber tenido algo… con una chica. Pero… a mí eso me es indiferente. En las reuniones familiares, todos… me preguntan que cuando me echaré novia, y a mí eso… me molesta.”
Se quedó pensativo. No sabía que decir. Por un momento, se olvidó de que Jack también estaba ahí.
“Es que… ¿Por qué tiene que ser una chica? Yo-”
Robert dejó de hablar de golpe. Se había dado cuenta de lo que acaba de decir. Puso los ojos como platos, y su corazón empezó a latir con mucha fuerza. Le estaba entrando el pánico. Deseó, desde el fondo de su corazón, que Jack no se hubiera percatado de sus palabras.
Pero se equivocaba.
Cuando sus miradas coincidieron de nuevo, Robert vio en Jack una mezcla de duda y nerviosismo. Era como si tuviera algo en mente, como si hubiera algo que le preocupara… Una duda muy parecida a la que tenía él. ¿Era posible que…?
Se hizo un silencio sepulcral en la habitación. Ninguno de los dos supo que decir o que añadir. No era solo por lo que había dicho Robert. Había algo extraño entre ellos. Algo inexplicable. Algo que hacía que la distancia entre ellos se redujera más y más.
Jack cerró los ojos instintivamente, y Robert le imitó. Se acercaron todavía más, movidos por una extraña fuerza.
Ninguno de los dos podría encontrar nunca las palabras adecuadas a lo que estaban sintiendo. Era como un escalofrío que les recorría el cuerpo. Como si tuvieran una flecha clavándoles en el corazón, pero que al mismo tiempo lo acelerara como loco. Y, además, un suave cosquilleo en los labios.
Para ellos, todo lo de alrededor desapareció. La cama, las paredes, los posters… ya no había nada más. Ni siquiera eran conscientes de lo que estaban haciendo, ni de con quién.
Justo en el momento en el que sus labios se separaron, todo volvió a ellos.
Abrieron los ojos de nuevo y se enfrentaron a la realidad. Robert se quedó con la boca entreabierta un buen rato, mientras que su corazón parecía que le iba a atravesar el pecho. Jack, en cambio, se apartó de golpe. Se dio en la espalda contra el cabezal de la cama. Se levantó, con los ojos que parecía que se le iban a salir de la cara, y con una mano en la boca.
Después de superar un poco el shock inicial, Robert se intentó acercar a Jack. Con cautela, intentó tocarle el brazo, pero él se apartó más. Empezó a temblar, y las lágrimas empezaron a recorrerle las mejillas.
“N-no… Yo no…” su titubeo era apenas inteligible. “Yo no quería… que esto…”
Robert pestañeó. La reacción de Jack le daba a entender que, más que sorpresa, lo que realmente le había afectado era algo mucho más profundo. Parecía… como si no fuese algo nuevo para él. Y como si estuviese aterrado de que esto hubiese salido a la luz.
“¿Q-Qué… quieres decir?” intentó decir Robert.
Jack pestañeó y, nuevamente, se dio cuenta que había vuelto a meter la pata. Volvió a ponerse la mano en la boca y negó con la cabeza.
“Lo… siento…” dijo antes de empujar suavemente a Robert y salir corriendo de su habitación y de su casa. Sin despedirse de él… ni de nadie.
Mientras su madre y su hermana pequeña entraban en la habitación para preguntarle porque Jack se había ido corriendo casi sin decir ni una palabra, Robert se sentó en la cama, muy lentamente, y tragó saliva.
“Llegaba... tarde a clase.” dijo, no muy convincentemente.
No estaba llorando. No estaba tan nervioso como hacía unos minutos. Estaba en shock. No podía creerlo. No podía creerse lo que había vivido con el que había sido su mejor amigo durante 13 años. Ese momento parecía haber sido sacado del más dulces de los sueños…
O, teniendo en cuenta lo que pasó después, de la peor de las pesadillas.
