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El verano de 1976

Summary:

Todo empezó en el verano de 1976, antes de empezar su sexto año en Hogwarts, cuando Sirius Orión Black subió a una moto voladora y huyó de la casa donde hacía años que se sentía un intruso.

Notes:

Gracias a Michael y Lucía por el beteo.
La mayoría de este fic será desde el punto de vista de Sirius, ya que quiero contar todo lo que le pasa durante el verano en que huye de Grimmauld Place y va a vivir con James. Aún así habrá algún capítulo Remus!POV y James!POV si la historia me lo pide.
Los capítulos serán cortos, e intentaré actualizar a menudo. ¡Ya tengo la mayoría del fic planeado!

Chapter 1: Principios

Chapter Text

Todo empezó en el verano de 1976, antes de empezar su sexto año en Hogwarts, cuando Sirius Orión Black subió a una moto voladora y huyó de la casa donde hacía años que se sentía un intruso.

 

Aunque, si somos sinceros todo empezó mucho antes, ¿no? Quizá empezó en quinto año, en abril, cuando Sirius, enfadado y dolido por la última carta de su madre, se fue de la lengua y le dijo a Severus Snape cómo hacer que las ramas del Sauce Boxeador pararan. Cuando el Slytherin se escapó del castillo y siguió a Remus y Madam Pomfrey por el estrecho pasillo que conectaba con la Casa de los Gritos. Cuando James Potter, alertado del incidente por su mejor amigo, le salvó la vida a su rival, pero no consiguió evitar que viera la transformación de Remus.

La mañana siguiente, cuando Remus se despertó en una cama de la enfermería, no recordaba nada de lo que había pasado. Pero el cuerpo le dolía más, y las cicatrices eran las más profundas desde que sus amigos habían empezado a acompañarle.

Supo que algo había pasado cuando abrió los ojos y vio a Dumbledore al lado de su cama, y por un momento temió que sus peores pesadillas se habían hecho realidad: había hecho daño a sus amigos y lo iban a echar de Hogwarts, del único lugar donde se había sentido acogido en toda su vida.

Pero el director le dijo que no se preocupara, y Remus respiró hondo. Confiaba en Dumbledore desde el momento que el viejo mago se presentó en la cocina de una casita de campo de Yorkshire con una carta de aceptación a Hogwarts. Le contó a Remus lo que había pasado, que el lobo no había llegado a Severus Snape y que ya le había hecho prometer al Slytherin que no haría correr el rumor.

Pero Remus, dolido y asustado, enterró la cara en el cojín y lloró lágrimas amargas. Le pidió a Poppy que por favor no dejara entrar a los otros Gryffindor, pero en ningún caso al de pelo negro y ojos grises.

Remus lloró, y alargó un día extra su estancia en el ala del hospital para no volver al dormitorio de Gryffindor. Cuando cruzó la sala común apenas miró hacia el sofá donde siempre se sentaban los Merodeadores, e ignoró el grito de ¡Remus! que Sirius le dedicó. De reojo, vio que Sirius lo intentaba seguir, pero James lo paró con una mano en el hombro. Dale tiempo, Padfoot. Es normal que esté dolido , captaron los sensibles oídos de Remus, y por segunda vez esos días se sintió muy agradecido por la existencia de James Potter en su vida.

Las semanas siguientes prácticamente no hablaron. Sirius, expulsado del equipo de Quidditch como mínimo hasta final de curso, paseó por el castillo como un perro con el rabo entre las piernas. Empezó portarse peor, a buscar detenciones a propósito. A su vez, Remus empezó a esconderse en la biblioteca, a estudiar con Lily para los T.I.M.O.s que se acercaban a una velocidad vertiginosa, a alejarse de los merodeadores, a hablar solamente cuando le hacían una pregunta directa. Pero James y Peter no le dejaron, y actuaron de amortiguador entre los dos.

La herida empezó a sanar la mañana del 13 de Mayo, cuando Remus levantó la vista de las tostadas que estaba cubriendo de mermelada, lo miró fijamente y preguntó Vendrás esta noche? Y Sirius asintió, claro que asintió, porque las lunas eran más fáciles para Moony cuando Padfoot estaba con él, y Remus ya lo había pasado suficientemente mal por su culpa.

Así que fue a la Casa de los Gritos, y el lobo le gruñó pero cuando Padfoot bajó la cabeza y aplastó las orejas contra el cráneo lo terminó aceptando. Y la mañana siguiente, después de cargar el cuerpo herido de Remus hasta la cama, se volvió a transformar y se hizo un ovillo al lado del cuerpo dormido, prestándole su calor corporal. Y Remus se acercó a él, se acurrucó más cerca, le acarició el pelaje negro y murmuró Yo también te he echado de menos, imbécil .

Y las cosas no se arreglaron con un golpe de varita, una vez Remus se hubo recuperado tuvieron una larga conversación con gritos y lágrimas amargas y un abrazo final. Pero fue el inicio.

 

Quizá podemos tirar atrás unos pocos meses más, a principios de noviembre, cuando Sirius Black convocó una Asamblea de los Honorables Merodeadores . Remus se sentó en su cama y miró curioso a sus tres amigos, que llevaban dos meses de cuchicheos y secretos a sus espaldas. Había asumido que ahora que era un Prefecto sus compañeros no compartirían las bromas que estaban planeando con él, y había decidido que cuanto menos supiera, menos le tendría que mentir a la Profesora McGonagall.

Pero Remus no se esperaba que sus tres amigos se transformaran en animales delante de sus ojos. Al principio no entendió qué hacían un perro, un ciervo y una rata en el dormitorio de los Gryffindor de quinto año, pero abrió los ojos asustado y maravillado cuando la comprensión llegó. Sirius lo abrazó mientra las lágrimas de felicidad resbalaban por sus mejillas y le dijo al oído Moony, ya nunca más te dejaré solo.

En esa misma reunión decidieron los motes de los nuevos animagos, pero Remus aún estaba en estado de shock y no participó en la discusión. Esto no era incumplir las normas de Hogwarts o salir después del toque de queda para robar ingredientes de los armarios del Profesor Slughorn. Esto era… algo mucho más grande, romper leyes del Ministerio que podían enviar a sus amigos a Azkaban.

Pero Remus Lupin, con los ojos llorosos y el corazón a punto de explotar, miró a sus tres amigos y murmuró los nuevos nombres. Moony, Wormtail, Padfoot y Prongs. Los Merodeadores.

 

O en segundo año, noviembre. Tres chicos acorralaron a Remus Lupin en su cama de postes y le dijeron que sabían su secreto. Habían sabido mirar más allá de las interminables excusas y lo habían descubierto. Era un hombre lobo.

Remus tuvo miedo, miedo de perder a los tres únicos amigos que había tenido desde que tenía memoria. Cuando las dijeron, las palabras quemaron en sus oídos. Un hombre lobo .

Pero esos maravillosos chicos le dijeron que no les importaba. Eran amigos, ¿no? Y los amigos cuidaban los unos de los otros, los amigos se guardaban los secretos. Y esa misma noche, le prometieron que harían lo que fuera para hacérselo más fácil.

 

Quizá podemos tirar más atrás aún y decir que empezó la noche del primero de septiembre de 1971, cuando el sombrero seleccionador apenas rozó el pelo arenoso de Remus Lupin antes de gritar: ¡Gryffindor! Cuando durante el banquete posterior, se rió de las bromas de un chico con gafas que parecía no haber tocado un peine en su vida, cuando otro chico tímido de cara redonda le pidió que le pasara la cesta de panecillos. Cuando un tercero, de bonito pelo negro y rasgos aristocráticos y ojos grises le pasó el brazo por los hombros y le dijo: ¿Sabes qué? Creo que seremos amigos.

Aquella misma noche, cuando el prefecto Gideon Prewett les enseñó su nuevo dormitorio, quizá fue la elección de camas la que determinó las dinámicas internas del grupo para siempre. Quizá por la propia magia del castillo, cuando entraron al dormitorio había exactamente cuatro camas. Sirius fue el más rápido, y corriendo se tiró en una de las centrales, justo enfrente de la puerta. Milisegundos más tarde James aterrizaba en la otra cama central, riendo y hundiéndose en los mullidos cojines granate. Los otros dos chicos, Remus Lupin y Petter Pettigrew, se miraron y casi sin decir nada se repartieron las dos camas que quedaban: Peter al lado de James, sólo separados por la puerta del baño común; Remus al lado de Sirius.

Aquella noche, después de ponerse el pijama en el baño para que sus nuevos compañeros no vieran aún sus cicatrices, Remus se durmió entre bromas de James, risas de Sirius que se parecían más al ladrido de un perro que a la risa de un chico de 11 años, y pequeños comentarios y añadidos de Peter que los otros dos alentaban. Justo antes de caer dormido, agotado por las emociones del día, Remus Lupin pensó: Creo que sí, creo que seremos amigos.