Chapter Text
PRÓLOGO: El niño sin amor.
Terminó de ver Harry Potter y las Reliquias de la Muerte por milésima vez, pensando en qué hubiese cambiado si Tom Riddle hubiera conocido el amor, ¿se habría convertido en Lord Voldemort igualmente? ¿o algo cambiaría? Habían celebrado un final feliz para todos, menos para Tom. Él había sido derrotado por temor, porque no nadie le había enseñado a amar…a ser amado y amarse.
Sentía tristeza por él. Por un niño que solo conoció el poder del temor. Un niño que creció para convertirse en lo que todos veían en él: un monstruo. Pero nadie se había preguntado qué más podía ser, qué más tenía para ofrecer al mundo que no fuera destrucción y una era de miedo. Nadie le había dado la oportunidad, ni siquiera él mismo. Y tenía tanto más para dar, aquel niño que creció atrapado en una mentira.
CAPÍTULO I: Un sueño.
Siempre había tenido cierta debilidad por los villanos, no era un secreto. Pero estaba segura de que había más como ella, chicas que deseaban que él hubiese tenido un final feliz. Saltar a la historia y salvar a un joven Tom de su propia destrucción.
Se dejó caer rendida en su cama, no tenía que incluir más decepciones a su vida, ¿cierto? Con un suspiro se dejó encantar por los brazos de Morfeo. Poco a poco fue cerrando los ojos hasta que finalmente se sumergio en lo más profundo de su mente. Un lugar lleno de posibilidades.
Abrió los ojos encontrándose en una inmensa oscuridad. Sintiéndose aterrorizada cuando algo o alguien comenzó a gemir desesperadamente, sin sonar realmente humano. Culpando a su imaginación, respiró hondo y se forzó a caminar hacia el chillido.
Con cada paso el chillido se escuchaba más claro. Hasta que se arrodilló frente a lo que parecía un mueble, la criatura paró de agitarse y se quedó quieta. Sintió escalofríos subir por su columna vertebral, y tembló, acercando su mano a la criatura. Tocó a lo que parecía un niño, frío y pálido con una piel húmeda y pegajosa, fue a su toque que la criatura detuvo su horrible chillido. Una solitaria lágrima cayó de su ojo, porque él era real, sus torturados ojos mirándola eran reales. Eran una inquietante sombra de azul oscuro, que parecía atraversar dentro ella.
— Increíble.
Ella jadeó sorprendida, mirando a su alrededor en busca de aquella suave voz. Albus Dumbledore se paró frente a ella con una amable sonrisa en su rostro. Miró a su alrededor una vez más, dándose cuenta que era King’s Cross, la versión que había visto Harry cuando Tom le lanzó un Avada Kedavra. Era más blanquecina e iluminada de luz de lo que ella había podido imaginar.
— ¿Qué es increíble? — su voz sonó pequeña, sofocada por el inmenso lugar. Sosteniéndose a una pequeña esperanza que indicaba que todo esto era un sueño, aún si se sentía real.— Tú, no creí que nadie fuera capaz de… — la miró calmadamente, pensando cuál sería la razón de su repentina aparición en aquel lugar.— Estar aquí y… ayudarlo a salvarse a si mismo. — robó las palabras de su boca. Él la miró sorprendido para después sonreír.
— ¿Así que sabes de él?
— Sí, ¿ no debería?
— No lo sé, ¿deberías? — replicó con la misma sonrisa complacida.
— Esto es solo un sueño, no es real. — intentó explicar. Sin estar dispuesta a jugar sus acertijos.
— ¿No lo es? ¿Él no se siente real? — la cuestionó, moviendo su cabeza en dirección a lo que alguna vez fue un ser humano. Siendo ahora apenas la sombra de uno.
— Que sea un sueño no significa que no sea real… — murmuró un poco asustada. Jugó con sus dedos por un rato, cuando por fin lo recordó. — dijiste que no tenía salvación.
— No pensé que alguien fuera capaz de hacerlo. Sin embargo, tu prescencia aquí prueba que me equivoqué. Tú podrías ser la clave para salvarlo, de lo contrario no estaríamos teniendo esta conversación. — explicó calmado. Su amigable mirada le dio un poco de confort.
— Entonces yo..
— Tú podrías ayudarlo a evitar pasar una eternidad muriendo sin ser deseado, atrapado en este lugar. — Ella parpadeó varias veces, intentando comprender la oportunidad que se le estaba dando. Podría darle un destino diferente a Tom Riddle.
Miró de nuevo a lo que quedaba de Lord Voldemort. Él la estaba mirando, respirando pesadamente como si la labor fuera un desafío cada vez. Sus profundos ojos azules se agitaron en reconocimiento, un brillo de seguridad los iluminó por un momento.
La respuesta terminó por salir por si sola de sus labios. — Sí.
— Para triunfar, él deberá querer ser salvado, — miró al que fue su estudiante tiempo atrás. — No puedes salvar a aquellos que no desean ser salvados. — añadió tristemente. Una nueva luz apareció con un silbido, iluminando aún más el corredor. Ella saltó sorprendida en su lugar. — Es aquí, donde nuestros caminos se separan, querida. — se despidió alegremente mientras el tren silbaba furioso, listo para emprender su rumbo. — Te deseo éxito en tu prueba.
— Hasta pronto, Dumbledore. — con un suspiro se subió al tren, dejando atrás a la criatura, que comenzó a llorar en su ausencia. — Espera, ¿qué sucederá si fracaso?
— Volverás a tu mundo y mi mundo tendrá el mismo destino. — caminó en dirección contraria a la chica, dando por terminada la conversación. Ella aparto la mirada hasta que se marchó. Enfrentando así, al tren.
Observó su reflejo en el pulido metal del tren, siendo sorprendida por la mirada que le devolvía este. En su mirada había temor al fracaso, pero también valentía. Una que desconocía poseer. Pensó que éste sería frío al tacto, sin embargo, tan pronto como su mano atravesó el humo, despertó.
A diferencia de antes, el interior del tren era cálido. Lleno de vida, con sonidos y estudiantes que corrían animados por los corredores. Ella miró alrededor, dándose cuenta que se encontraba en un compartimento vacío y vestía el uniforme de Hogwarts. No le dio importancia a ese hecho, suponiendo que era obra de Dumbledore.
— ¿Puedo preguntar quién eres? No te ves de primer año y ciertamente nunca te había visto antes… — en la puerta de el compartimento apareció una chica desalineada con unos gruesos anteojos negros. Miraste entre asustada y sorprendida a Myrtle.
— ¿Myrtle? — su voz sonó más patética de lo que le hubiese gustado.
— ¿Sabes quién soy? — preguntó asustada. El temor de ser humillada apenas pisar el tren no le era divertido. Esperaba al menos pasar una semana tranquila. Myrtle salió de su ensueño cuando vio a la chica frente a ella comportarse extraño, incluso peor que ella cuando comenzaba a llorar.
En ese momento todo se volvió real. Un ataque de pánico se apoderó de su cuerpo; intentó controlar su respiración, pero un repentino mareo la golpeó provocándole ganas de vomitar. Su respiración se volvió errática, perdiendo así la noción del exterior. Se hizo un ovillo en suelo, sujetando su cabeza con fuerza. Su garganta se sintió seca. Lágrimas bajaban sin cesar, luciendo así como un desastre.
— ¡Por Morgana! ¿Estás bien? — Myrtle se dio cuenta que la chica no la escuchaba. — ¡Iré por ayuda!
No estaba segura de en que momento un chico se encontraba a su lado.
— ¿Ves? Te dije que necesitaba ayuda, se está tornando de un color divertido, jadeante y todo.
— ¡Ve a buscar a Bytheseashore! — gritó un chico con varita en mano.
No lo soportó más. Sus emociones y cuerpo terminaron por hacerla colapsar. Unos oscuros ojos azules fue lo último que vio antes de desmayarse.
— ¿F-funcionó, Tom? — escuchó a alguien preguntar nerviosamente.
Lentamente recobró la conciencia, notando que había personas a su alrededor.
— Sí. — contestó una segunda voz directamente sobre ella. Era un tono neutro, no demasiado prfoundo, pero sin ser alto. Era la voz de antes, quien había mandado a llamar Bytheseashore… Tom Riddle.
Por todo lo que era bueno en el mundo, era más que consciente de la fría mano detrás de su nuca. ¿Acaso se había desmayado frente a Tom a.k.a señor oscuro Riddle? Sí. Los ojos azules que había visto… ahora tenía sentido. La vergüenza llegó hasta sus mejillas en un color carmesí.
— ¿Dónde aprendiste ese hechizo? — preguntó una nueva voz desde lejos.
— No importa. — contestó despectivamente sin tomar real interés en la pregunta o quien había osado preguntar. Su mano viajo de su su nuca hasta su cuello, donde su pulso se sentía acelerado.
Tragó fuertemente, tomando una bocanada de aire en busca de valor. Le aterraba abrir los ojos y ver al joven Voldemort. Realmente, era más difícil de lo que creyó.
Sin embargo, en algún momento tendría que enfrentarlo y que mejor que ahora. Con valentía, abrió los ojos. Sus ojos se encontraron con los de Riddle, analizando su rostro con curiosidad. Su mano abandonó suavemente su cuello. Dándose cuenta así que se encontraba acostada en el suelo. El compartimento y corredor se encontraban llenos de estudiantes, agarrotados para poder ver a la chica que se había desmayado y Tom Riddle, arrodillado junto a ella.
— ¿Esta bien? No puedo ver, ¿te podrías mover? — la quejumbrosa voz de Myrtle resonó impaciente en alguna parte del pasillo.
— Estará bien… — murmuró Riddle lentamente, apartando sus ojos de los de ella. Ella suspiró sintiendo la tranquilidad regresando a su cuerpo, no podría soportar más la intensa mirada del chico. — ¿Dónde esta Bytheseashore? Lo mandé a llamr hace más de cinco minutos. — demandó con voz tranquila a los de su alrededor.
Ella se dio cuenta que todos temblaron un poco en sus lugares, aún si la voz había sonado tranquila, un tono de dureza se escondía detrás de ella.
— N-No lo sé, iré a buscarlo. — tartamudeó uno de los chicos, desapareciendo del compartimento.
Los ojos de Riddle regresaron a ella, buscando más en ella de lo que podía ofrecer. — ¿Cuál es tu nombre? ¿En qué año estás?
— ¿Si? Yo… — se sintió intimidada por el repentino intéres, el tono que había usado estaba perfectamente controlado y estudiado, un tono tan amable y aterciopelado que no le inspiraba confianza. Aunque estaba segura de que un poco más de ello y podría confesar incluso el dinero que había robado de su madre sin que le tuviera que preguntar. Sin embargo, tendría que jugar al tonto hasta que llegara a Dumbledore, el cual era probablemente el único que podría ayudarla. — ¿Qué sucedió? — inocentemente preguntó, mirando a su alrededor con una genuina curiosidad.
— Aparentemente, — contestó con tortuosa lentitud, tomándose su tiempo para levantarse y limpiar el invisible polvo de su uniforme. — Tuviste problemas para respirar y te desmayaste. ¿Puedo preguntar por qué?
— Yo… yo no estoy segura. — murmuró apartando la mirada. Haciendo obvia su mentira. La ceja de Tom se elevó un poco en su dirección, desconfiando.
— Ya veo. No sabes tu edad ni por que te has desmayado. Asumo que tu identidad es también un misterio. — siseó, evidenciando lo poco que le gustaba no tener respuestas y que evadieran sus preguntas.
— Emmm… — tragó saliva nerviosamente, distraída por la manera en que su oscuro cabello bailaba sobre sus ojos, dándole un aspecto inocente; la manera en que su labio inferior era más carnoso que el inferior, el resto de su rostro era más delgado, y maldita sea, que bien lucía.
— ¿A dónde fue esa chica, — preguntó a la multitud, sin apartar la vista de la misteriosa chica. — la que fue a buscarme? — su voz impaciente alertó a todos, como si se tratará de murchedumbre tratando de complacer a su Rey. Lo cual no estaba tan lejos de la realidad si lo pensaba.
Hubo un revuelo en la multitud, todos moviéndose rápidamente y empujando a Myrtle hacia el interior del compartimento. Siendo que solo estaba Riddle y la chica, era como si una pared invisible les impidiera dar un paso dentro. Parecía que solo se moverían si él lo ordenaba, pensó la chica. Myrtle se sonrojó visiblemente frente a Riddle.
— ¿Si, Tom? — una tímida sonrisa iluminó su rostro.
— ¿Quién es ella? — preguntó rápidamente, señalando hacia donde estaba la chica sentada en el suelo. Demostrando desintéres en el efecto que tenía sobre Myrtle… y el resto del mundo, aparentemente. Solo le importaba saciar su curiosidad.
— No lo sé. — confesó nerviosa, jugando con el dobladillo de su falda. — Ella ya estaba aquí cuando entre. No tuve oportunidad de hablar con ella en realidad.
Con más sospecha, Riddle miró a la chica en el suelo. Abrió su boca para decir algo, pero fue interrumpido por el tren que se había detenido, indicando así la llegada a Hogwarts. Su brazo se sostuvo elegante del asiento para establizarse ante el repentino movimiento del tren, lamentablemente varios de los estudiantes que disfrutaban del momento no corrieron con la misma suerte, prvocando que la mayoría se cayera. Al mismo tiempo, el chico que fue en busca de Bytheseashore regresó, tropezando dentro de la habitación.
— Estaba en un compartimento besándose con Selene. — río sonrojado y jadeante por el esfuerzo. — estará aquí en cualquier momento.
— No importa ahora, ya llegamos. — repuso Riddle furioso, parándose firmemente. Ella también se levantó, sobando con suavidad su cabeza. Es como si los tuviera perfectamente entrenados. Todos obedecen como perritos, pensó con un poco de temor. Claro, tuvo 4 años para adiestrarlos. Primero tendría que aconsejarle a como tener amigos y no fieles sirvientes. Todos lo miraban con temor, pero asombro como si fuera un ángel caminando en la Tierra. — Vayan al Castillo, no hay nada más que ver aquí. — ordenó a la multitud, la mayoría luciendo decepcionados de que nada hubiera sucedido. Algunos quejándose de que no se habían puesto el uniforme. Unos cuantos permanecieron a lado de Riddle, sus lacayos, tal vez.
Riddle la observó una vez más, ofreciendo su mano para ayudarla a levantarse. Su boca casi se abre en una mueca de sorpresa, el señor oscuro tenía más modales de los que dejaba ver.
— Vamos. — dijo impaciente. Ella tomó su mano con una sonrisa agradecida. — El prefecto, Zachary Bytheseashore, te llevará a-
— ¿Qué demonios ha ocurrido? — un chico extremadamente alto con el cabello disparado en ángulos divertidos emergió del pasillo, interrumpiendo a Riddle. — Lestrange apareció en mi compartimento anunciando una ‘emergencia’. ¿Qué está sucediendo, Riddle? — Zachary miró de reojo la mano de Riddle sosteniendo la de la chica, que aún sostenía incluso después de haberla ayudado a levantarse segundos antes. — Esto raramente se ve como una emergencia. — añadió astuto, sin agradarle la situación.
Los ojos de Riddle brillaron y soltó la mano de la chica como si le quemase, sin dejar pasar un segundo su rostro se compusó en un educado desintéres. — Esta chica, sufrió una especie de ataque. Perdió la conciencia. — En un momento de silencio pensó más en lo que le habían informado antes. — Afortunadamente, pudimos encontrar a nuestro prefecto fácilmente. — añadió venenosamente.
El chico de cabellos dorados farfulló incómodo por un momento antes de poder hablar correctamente. — Bueno, yo… yo es-eso no importa. Parece que te ocupaste bien la situación, Riddle.
— ¡Claro que lo hizo! Usó este brillante hechizo para… eh… bueno no sé exactamente que hizo, ¡pero la arregló! — soltó Lestrange emocionado. — Malditamente brillante.
Riddle entrecerró los ojos de nuevo, antes de voltear los ojos con disgusto por la adulación de Lestrange. — La situación no ‘esta bien’. Ella dice no tener memoria de quién es.
— Yo nunca dije no saber quien era… — murmuraste sin ser escuchada, esto era una silenciosa pelea entre ambos chicos.
— ¿Qué? ¿Nadie sabe quién es? — Bytheseashore parecía realmente sorprendido por la noticia.
Por el silencio dedujo que no.
— Lamento interrumpir, pero si pudieran llevarme a la oficina del Profesor Dumbledore sería de gran ayuda. — interrupió un poco harta de la situación, realmente necesitaba hablar con él y conseguir una cama. Ambos chicos la miraron con sospecha. — Estoy segura de que el profesor tendrá más ideas sobre qué hacer, que unos estudiantes.
Ambos chicos estuvieron de acuerdo, aunque Riddle no dejó pasar la oportunidad para hacer una pregunta más que no tendría respuesta.
— ¿Por qué específicamente con el Profesor Dumbledore? — sus ojos se suavizaron al igual que su tono, tratando así de persuadirte a contestar.
— Me temo que es información personal. — contestó sin mirarlo realmente. Para conseguir una maldita cama donde dormir, por supuesto. La mirada de Riddle perdió suavidad, volviéndose dura.
— Bueno, ven conmigo… chica. — tomó rudamente su brazo, abandonando el compartimento. Ella caminó torpemente detrás de él, teniendo problemas para seguir el paso de sus largas y rápidas pisadas.
Se tomo ese tiempo para asimilar lo que había pasado en unos minutos que se sintieron como días. Primero, había aparecido en un compartimento del tren a Hogwarts. Segundo, había tenido un ataque de pánico. Tercero y último, el futuro Señor Oscuro la había ayudado a recuperarse de ese ataque de pánico y la había interrogado. Incluso le había ofrecido su mano para ayudarla a levantarse, ¿eso era una señal de que no era tan malvado después de todo? Era bueno saberlo y añadía una pequeña esperanza a su corazón.
Salió de sus pensamientos cuando Bytheseashore la arrastró rudamente fuera del tren, para dirigirse a los carruajes. Admiró el cielo, estaba extremadamente oscuro y las estrellas brillaban inmensamente, nunca había visto algo tan hermoso. Claro que había una que otra linterna alumbrando el lugar, sin emabargo, al ser débiles rayos de luz podía apreciar la vista que la oscuridad le invitaba.
— Apreciaría si desacelerarás el paso un poco, no soy tan rápida y mis piernas definitivamente no son tan largas como las tuyas, big boy. — se quejó entrecortada, el esfuerzo haciendo hecho estragos en su cuerpo, después de todo.
— Lo siento. — La disculpa sonaba vacía, pero caminó más lento. — ¿En serio no recuerdas quien eres? — su voz sonó preocupada, pero sus ojos brillaban con curiosidad.
— Nunca dije eso. — mencionó mientras el chico la miraba con más intéres que antes. — Sé… sé quién debo ser. — murmuró tratando de no ser escuchada.
— Pero Riddle dijo que no tenías ningún recuerdo.
— Él asumió que no tengo ningún recuerdo. — corregió cansada. — ¿Por qué asumes que sus palabras son correctas?
— ¿Entonces si tienes recuerdos? — su atractivo rostro lucía más confundido que antes.
Ella supiró cansada de la situación, ¿quién había escogido al chico para ser prefecto? — Por supuesto que tengo recuerdos. — indicó, dando por terminada la conversación. En cambio se dedicó a apreciar el paisaje, el camino era más bello de lo que Rowling pudo haber explicado. Hizo su mejor esfuerzo, por supuesto. Pero no era nada comparado a verlo por sus propios ojos.
A lo lejos pudo divisar el enorme Castillo. Un jadeó salió de sus labios, era hermoso. Magnífico. Las torres se elevaban orgullosas sobre el cielo, las ventanas iluminaban cálidas a la noche. Bytheseashore parecía incómodo, no sabía como sacar de su ensueño a la chica sin nombre. Intentó llamar su atención con un carraspeo que fue vilmente ignorado. Ella seguía sin poder creerlo, cómo había vivido en su mundo, sin saber que un lugar tan glorioso existía.
Bytheseashore, sin embargo, carraspeó aún más fuerte, impaciente. Todos los estudiantes abandonaban los carruajes para dirigirse al Gran Salón. Ellos pasaron junto a ella, sin tomarla en cuenta. Aunque ella si fue consciente de la mirada de Riddle sobre ella, prácticamente quemando sobre su piel. Y Riddle entendió ese brilló en sus ojos. Casi le recordaba a él, cuando había visto por primera vez el imponente Castillo.
— ¿Podrías acompañarme? Ya. — pidió en una sútil orden. Ella accedió, respirando profundo.
Antorchas la esperaron alineadas, el fuego reflejándose sobre el suelo de piedra y las armaduras que protegían la entrada; viejos tapices adornaban las viejas paredes. Dos gigantescas puertas, abiertas de par en par le dieron la bienvenida; los estudiantes entraban al Gran Salón. Una vez más se detuvo a admirar la construcción. Los cuatro fundadores, definitivamente habían hecho un trabajo maravilloso. Le daba una razón más para proteger aquel lugar de la destrucción que le esperaría en el futuro.
— Es hermoso. — sonrió. Bytheseashore se encogió de hombros en respuesta. — No, en serio, no tienen idea de la suerte que tienen de poder estar aquí. — le dijiste emocionada.
— Claro. — Acordó contigo, sin sentirlo de verdad. Riddle que los espiaba desde la lejanía, lo entendió, entendió a qué te referías. — En serio necesito llevarte con el profesor ahora. No tengo intéres en tu problema, así que lo dejaré en sus manos. A menos que quieras decirme.
Ella negó con la cabeza, sin dar crédito a lo que escuchaba. En serio, ¿quién le había dado el puesto? En ese momento Albus Dumbledore emergió de la entrada. La sola presencia del hombre le trajo recuerdos de su plática en la extraña versión de King’s Cross.
Con sospecha, supuso que el joven Dumbledore no tendría idea de lo que pasaba. Así que, algunas dudad deberían esperar hasta su próximo encuentro con el Dumbledore del futuro.
— Profesor Dumbledore, me permite hablar con usted. — preguntó sin hacerlo realmente, era más una petición. El hechicero de cabellos castaños volteó su mirada en su dirección, su expresión cortésmente soprendida.
— ¿Sí, señorita…? — el hombre pareció darse cuenta de que no tenía idea de quien eras.
— Profesor Dumbledore, nadie sabe quien es esta chica. Se rehusó a decir su nombre a cualquiera en el tren. — empezó con su explicación Bytheseashore, interrumpiéndola antes de que pudiera explicarse por si misma. — Ni siquiera estoy seguro de que sea un estudiante, es decir, lleva el uniforme, pero hay algo raro acerca de ella. Parece tener amnesia o algo así, pero… ella sabe de la escuela… Riddle dijo que estaba enferma. Se desmayó o algo así.
Ella miró al chico junto a ella, aguantando las ganas de golpearlo. — Mi nombre es Dione, necesito hablar con ustedes a solas. — explicó sin detenerse a mirar a un sorprendido Bytheseashore. Dumbledore, en cambio asintió en una amable sonrisa, la sospecha de peligro bailando en sus ojos. Entendía que de ser así, lo mejor era lidiar con la chica a solas.
— Por supuesto, señorita Dione. Joven Bytheseashore escolte a nuestra invitada a mi oficina. — concluyó Dumbledore. Dándole la bienvenida a los estudiantes de primer año.
Bytheseashore parecía enojado en todo el camino. Una vez en la oficina comentó sarcástico que sí tenía un nombre.
— Nunca negué saber quien era. Ustedes asumieron que no tenía recuerdos. Fui clara al expresar que hablaría únicamente con el Profesor Dumbledore. — siseó enojada al sentirse atacada. No tenía tiempo para berrinches de personas que ni siquiera conocía. Miró con desconfianza la manera en que sujetaba su varita, que, brillaba ante las emociones de su portador.
— Pudiste decir tu nombre desde el principio. — alegó exasperado.
— Mi nombre no tiene relevancia alguna.
— En algo en podía ayudar. — renegó, moviendo las manos irritado.
Bytheseashore quisó decir más, sin embargo, el Profesor Dumbledore llegó en el momento justo, ella estaba más que lista para saltar sobre el chico mientras que el chico sujetaba con fuerza su varita.
— Gracias por escoltarla joven Bytheseashore, puedes regresar al Gran Salón. Estoy seguro que la cena ha empezado. — dijo educadamente al chico. Bytheseashore parecía reació a irse, la curiosidad carcomiendo su interior, pero en contra de sus deseos obecedió al hechicero. — Bien, ¿qué te trae a Hogwarts?
