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The Bird and the Wolves

Summary:

Los brujos están en peligro de extinción y se ven obligados a viajar en manada, pero no importa qué tan bien se lleven entre sí, una manada de alfas es disfuncional, por lo que comenzarán a buscar un omega que logre llevarles el ritmo y, sobre todo, que apacigüe las tensiones.
Todo candidato al puesto parece patético, hasta que un joven alado aterriza frente a ellos.

Chapter Text

—¡¿Por qué mierda te cruzaste?! ¡Lo tenía justo donde...!

—¡Te habría arrancado la garganta si no me hubiera metido!

—¡Y un carajo! ¡Tienes la cabeza tan enterrada en el culo que crees ser más fuerte que todos nosotros! ¡¿Pues sabes qué?! ¡Si eres tan superior ve y caza por tu puta cuenta!

—¡Basta! —gritó Eskel a sus hermanos, quienes guardaron silencio pero siguieron mirándose con rivalidad y las respiraciones agitadas. Suspiró viendo disimuladamente a Vesemir, quien se había apartado con una mirada decepcionada.

Todos estaban cansados de ésto. No había un sólo día en que no tuvieran una discusión y, muchas de esas veces, terminaban en peleas. Eskel era el más tranquilo, pero no se quedaba afuera, su naturaleza alfa también le hacía perder el control en ocasiones y era cegado por su instinto territorial, sobre todo cuando Lambert molestaba a Lil' Bleater.

Suspiró, y optó por abordar de nuevo el tema que todos evitaban: —Me imagino que son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que esta discusión es absurda, así que voy a insistir con la propuesta que nos hizo Vesemir; necesitamos un omega.

—Vete a la mierda —gruñó Lambert, escupiendo al suelo y sentándose para afilar su espada. 

Geralt sólo gruñó y montó a Roach para alejarse del grupo, así que Eskel trató de dialogar con su hermano menor.

—Lambert, sé que...

—Ya hablamos de eso —masculló ejerciendo más fuerza de la necesaria.

—Sí, y cada día demuestran necesitarlo más —intervino Vesemir, acercándose con mirada severa—. Todas las manadas tienen como mínimo un omega, eso mantiene el equilibrio, Lambert, yo esperaría que a tu edad lo entendieras.

Se quedaron en silencio varios segundos, hasta que el brujo mayor se cansó y volvió a alejarse negando con la cabeza, caminando en la dirección que Geralt se había ido.

Eskel hizo una mueca y se sentó junto a su hermano, aún esperando razonar con él.

—¿Qué es lo que te molesta? —murmuró mirándolo, sabiendo que el castaño sólo fingía estar concentrado en su espada.

Lambert suspiró, y detuvo sus movimientos para erguirse y mirarlo de vuelta.

—Los omegas son debiluchos, Eskel, y ya perdimos suficientes de los nuestros —gruñó volviendo a su tarea. 

Eskel asintió, bajando la cabeza. Aunque nadie lo expresara demasiado, sabían el dolor por el que cada uno pasaba con la muerte de un compañero, y todos temían el día en que otro más cayera. Lo más probable es que Geralt pensara lo mismo que Lambert, pero si no integraban un omega a la manada, posiblemente alguien moriría mucho antes de lo deseado.

—Entonces busquemos a alguien fuerte —insistió volviendo a mirar al menor, quien suspiró negando con la cabeza—. Uno que nos siga el ritmo, Lambert, alguien que pelee a nuestro lado sin...

—Somos brujos —gruñó—. Encontrar un idiota que nos siga el ritmo y esté dispuesto a viajar con nosotros es casi imposible, y los brujos omegas ya están en las manadas de sus escuelas.

El mayor asintió de acuerdo, aunque no estaba dispuesto a rendirse.

—¿Al menos intentémoslo?

Lambert bufó hastiado, pero finalmente asintió y Eskel dejó caer la tensión de sus hombros. Sólo necesitaban convencer a Geralt, pero tres a uno ya podía considerarse una victoria.

✺✺✺

 

Cuando sintió a Vesemir acercándose, Geralt maldijo a Lambert por meterlo en problemas.

El brujo mayor últimamente estaba tan irritado como ellos, por lo que los sermones eran recurrentes y el mal humor sólo aumentaba. Si las cosas seguían así, iba a considerar seriamente la idea de Lambert sobre irse por su cuenta. Después de todo, los brujos estaban hechos para viajar solos, toda esta nueva costumbre de formar manadas era una estupidez.

—Sé que ya me oíste, agradecería que te detuvieras —gritó el mayor desde lejos, y Geralt ahogó un gruñido mientras obedecía, bajándose de su yegua y esperando pacientemente a que lo alcanzara.

Cuando Vesemir estuvo por fin en frente, ambos se miraron en silencio, igual de agotados y hartos de esta nueva vida a la que, sin importar cuántos años llevaran en ella, no lograban acostumbrarse.

—¿Vas a decir algo o nos miraremos así todo el día? —dijo el mayor, y Geralt bufó una risa.

—Sigo negándome a un omega —dijo con simpleza, encogiéndose de hombros.

—Que sea un omega no es el problema, ¿no? Temes encariñarte con otro compañero —sonrió, y Geralt apretó la mandíbula desviando la mirada—. Lo entiendo, hijo, pero ¿qué pasará cuando nos topemos con un enemigo que tenga un omega entre ellos? ¿Cuando uno de nosotros sea atraído por el llamado omega para ir directo hacia una trampa?

—No vamos...

—Sabes que es una táctica común contra grupos disparejos como nosotros, no tenemos un omega para contrarrestar ese llamado —insistió.

—Hemos resistido el llamado omega antes —gruñó tercamente, apretando los puños.

—Y siempre hemos tenido que noquear a uno de nosotros —dijo cruzándose de brazos. Geralt rodó los ojos, sabiendo que Vesemir tenía razón y que por algo era el líder de la manada.

Suspiró, guardando silencio no porque necesitara pensarlo, sino porque no hallaba manera de seguir rechazando la idea. Luego de unos segundos se giró hacia el mayor, quien esperaba con paciencia su respuesta. Geralt hizo una mueca; en realidad Vesemir no le estaba dando la opción de elegir, sino de aceptar algo que sí o sí se haría, por lo que era más sencillo rendirse.

—No protegeré su trasero —masculló resignado, y Vesemir soltó una carcajada.

—Lambert agradecería que no protegieras el suyo —bromeó dándole una palmada en la espalda, y caminando de vuelta al campamento temporal.

Hizo una mueca. Si bien no tenía elección sobre integrar un nuevo miembro a la manada, tampoco tenía alguna intención de empatizar con él, o siquiera dirigirle la palabra. Serían compañeros de trabajo, y eso es todo.

✺✺✺

 

 

Jaskier tocó su frente con un gesto de dolor, sorprendiéndose al ver su mano empapada de sangre, y alzó la mirada con un gruñido de tanto ira como decepción. 

Había encontrado a un humano inconsciente entre unos arbustos, e hizo una mueca al ver que éste había pisado torpemente una trampa para osos, probablemente desmayándose por el dolor.

Se encargó de desarmar la trampa, y le quitó la ballesta que portaba para acostarlo en una posición cómoda. Entonces retiró la bota del pie herido, limpió la sangre con el agua de su cantimplora y usó su magia para sanar los tendones desgarrados. Por ello, nunca pensó que cuando el hombre despertara, lo primero que haría sería gritar asustado de él y lanzarle con fuerza la primera piedra que encontrara en su camino.

Batió sus alas rápidamente para alejarse antes de que lo siguiente disparado fuera una flecha, y se fue volando con un nudo en la garganta.

No todos los humanos eran así, después de todo, gracias a una amable costurera podía renovar sus pantalones cada cierto tiempo, y casi todos los niños que rescataba le hacían halagos por sus alas. Pero estas situaciones también eran recurrentes, y Jaskier se estaba cansando del temor que muchos le dirigían sin ninguna razón.

Le hacía plantearse seriamente el no rescatar personas en absoluto, y preocuparse de sí mismo en lugar de aumentar las cicatrices en su cuerpo por humanos malagradecidos. No es que las heridas fueran grandes, pues siempre lograba contrarrestar la mayor parte de los ataques, pero era su pecho el que dolía ante el rechazo, y cada vez se sentía más decaído, más agotado y más triste.

Su amiga Priscilla era la única que lo entendía, y la única fae que ha logrado conocer, pero desde que la habían atrapado y cortado las alas la rubia se internó en el mundo de los humanos, y verla se había vuelto mucho más difícil.

Cuando supo lo que le habían hecho, Jaskier consideró por primera vez dejar de proteger a los humanos, cegado por la rabia e impotencia, pero Priscilla le había dicho que lo prefería así, pues ahora nadie le temería.

Por un segundo de aturdimiento, él consideró pedirle a alguien que le cortara las alas también, pero pronto se maldijo a sí mismo por desear algo tan estúpido. Su amiga no había elegido ser atrapada por un montón de monstruos, y era afortunada de haber sobrevivido. Sin embargo, él no podía imaginar una vida sin sus alas, y si para conservarlas tenía que dejar de salvar a humanos y criaturas malagradecidas, así sería.

✺✺✺

 

—Bien... probemos con el llamado —suspiró Eskel, avergonzado del débil omega que había ofrecido unirse a ellos. No había durado cinco segundos peleando contra Lambert, y aunque era una causa perdida, le dio la oportunidad de probar qué tan bien funcionaba su llamado.

Miró a Geralt para que se prestara en esta tarea, y su hermano rodó los ojos posicionándose frente al candidato con los brazos cruzados, y una mirada tan amenazadora que el llamado del joven salió completamente sincero, pero aun así ninguno de ellos tensó un músculo ante el sonido.

—Supongo que eso es todo —gruñó el peliblanco y Eskel suspiró asintiendo, dándole una mirada de disculpa al desconocido, quien bajó sus hombros en derrota y se apresuró a marcharse avergonzado.

—Bueno, sólo van seis, si avanzamos más al norte...

—Ésto es una pérdida de tiempo —interrumpió Geralt, sentándose junto a Vesemir.

Lambert lo miró exaltado, y Eskel supo que comenzarían de nuevo: —Que me jodan si no lo es, pero yo no ando quejándome cada cinco malditos minutos. Tenemos que seguir buscando, ¡¿o crees que nos va a jodidamente caer un puto omega del cielo?! —alzó la voz cada vez más, y justo cuando Geralt se puso de pie para contraatacar, un violento aleteo llamó la atención de todos, llevándolos a adoptar una posición de defensa.

El cadáver de un archigrifo cayó a unos metros, y dos segundos después un joven alado aterrizó a su lado, mirándolos con el ceño fruncido.

—Sus gritos van a atraer a todos los monstruos —se quejó el ojiazul, sacando un cuchillo y dándoles la espalda para extraer lo que le sirviera del híbrido.

Los brujos se quedaron inmóviles al verlo y oler su casta, pero cuando Vesemir se puso de pie para hacer la petición, Geralt se interpuso en su camino, negando con la cabeza.

—Él no —murmuró, y sus hermanos se giraron bruscamente para verlo sorprendidos.

—¡¿Qué mierda te...?!

—Geralt, no olvides quién es el líder aquí —dijo el mayor con seriedad, y Geralt asintió lentamente.

—Sólo digo que no nos conviene —insistió, aún viendo al peliblanco—. Es un pájaro, acostumbran viajar solos, sus costumbres son...

—Puedo oírte perfectamente, ¿sabes? —dijo el ojiazul, siguiendo en lo suyo—. Y no soy un pájaro.

—No, es un fae —sonrió Vesemir—. ¿Cómo te llamas, chico? —preguntó esquivando a Geralt, quien rodó los ojos y se volteó para mirar al joven con reticencia.

El castaño los miró en silencio unos segundos, analizándolos uno a uno antes de responder.

—Jaskier, ¿y ustedes son? —alzó una ceja, colgando la bolsa ensangrentada en su cinturón de cuero. Los brujos notaron que también tenía un arco, pero no había ninguna flecha atravesando al archigrifo, por lo que debía haberlo derribado por sí solo.

—Una manada bastante disfuncional —rió el mayor con modestia, y el alado sonrió por evidente cortesía.

Lambert lanzó un quejido en voz alta y dio un paso al frente: —Vamos al punto, estamos recibiendo omegas, muéstranos qué puedes hacer y veremos si estás a la altura —dijo cruzándose de brazos, y Eskel cerró los ojos avergonzado, Vesemir suspiró con decepción y Geralt bufó una risa, agradeciendo que la lengua de su hermano fuera útil de vez en cuando.

—Oh, gracias, pero estoy bien por mi cuenta —respondió el ojiazul, tomando impulso con sus piernas y desapareciendo entre las copas de los árboles.

Eskel vio con la boca abierta cómo el perfecto candidato al puesto se perdía rápidamente, y miró a sus hermanos con incredulidad. Lambert chasqueó la lengua fingiendo desinterés, Geralt se encogió de hombros y Vesemir era el único que parecía tan afectado como él.

No, no podían dejar pasar esta oportunidad, tendrían que rastrear al fae día y noche si era necesario, y no le importaría cuánto su testarudo hermano rechazara la idea.

✺✺✺

 

Jaskier se golpeó la frente contra un árbol, preguntándose por qué era tan estúpido.

Hace sólo un mes había dicho que no volvería a ayudar a nadie, pero acababa de fingir que la asquerosa carne de un archigrifo le servía luego de salvar a esos brujos de una emboscada. Sí, tal vez ellos pudieron habérselas arreglado solos, pero los vio tan distraídos que actuó sin pensar, derribando al monstruo rápidamente antes de que le hiciera daño a alguien.

Ahora tenía a tres brujos rastreándolo determinadamente, y uno que los seguía de mala gana.

Él no quería una maldita manada, estaba demasiado cansado del rechazo como para que en algún momento ellos se lo dirigieran también. No gracias, en algún momento se cansarían de seguirlo, estaba seguro.