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CAPITULO UNO
Infancia
Summary: Splinter decide impartir clases de lectura y escritura a sus estudiantes como parte de su formación, también sirviéndole esto como un recurso más para mantenerlos ocupados al concluir las horas del entrenamiento fuera del dojo.
Narrador: Donatello
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En algún punto baje mi lápiz, dejándolo alineado al marguen de la hoja cuadricular una vez que termine con los ejemplos en escritura romaji y katakana que el maestro Splinter nos dictaba en voz alta las siguientes las katas: tigre, mono, serpiente y etc. Como siempre, fui unos de los primeros en terminar los ejercicios un par de minutos mucho más rápido que mis hermanos. Me senté firme sobre el tapiz de periódicos debajo de mis piernas como único aislante del gélido piso que ya comenzaba a helarme. Junte mis piernas en una posición seiza y mis manos descansaron en las rodillas mientras mantenía la mirada al frente, hacia un punto incierto entre las tuberías del fondo que continuaban goteando a cada segundo formando un charco en el piso enlamado de la alcantarilla, distinguí a las cucarachas moviéndose por el borde del charco, las contemple por un largo silencio en espera de que mis hermanos terminaran con los ejercicios y recibiéramos la evaluación del maestro Splinter. Sin no contaba mal, esta resultaba ser la cuarta clase que el maestro nos impartía y él esperaba lo mejor de nosotros con resultados rápidos, al maestro no le gustaba repetir las cosas, siempre se molestaba si no lo captábamos desde el primer momento, como con Miguel Ángel quien se distraía con cualquier cosa olvidando lo que estaba haciendo a los poco segundos después solo para ser reprendido con un fuerte golpe en la mesa con la punta de la larga varilla que Splinter usaba regla métrica, obligando a mi hermano menor en centrarse en la clase y seguir trabajando con los ejercicios.
De vez en cuando, mis ojos seguía el ondeante movimiento del borde de la túnica de mi padre en su caminata frente de nosotros, eran largos pasos pero pausados y sus garras de los pies producían un constante click, click, click contra el concreto agrietado siendo el único sonido que había alrededor aparte del goteo de las tuberías y las puntas de los lápices deslizándose en las hojas. Seguí observando el movimiento de la túnica y el juego de las sombras que proyectaban las múltiples velas generándome una hipnosis visual silenciosa de la cual no podía apartar mi atención, quedándome inmerso en ella a falta de la noción del tiempo transcurrido.
Al llegar la hora de la evaluación, rápido recompuse la postura cuando el maestro se detuvo en frente mío y agache la cabeza en sumisión, una reverencia cortes, una señal de respeto hacia mi padre. Con los ojos cerrados, escucho como las puntiagudas garras de sus manos rosaban las hojas, analizando mi trabajo caligráfico en silencio, aguarde ahí en silencio hasta que escucho la firme y monótona voz rasposa de mi padre pronuncia lo que me pareció una adecuada aceptación de su parte.
-todo en orden, pulcra la línea y pulso preciso, justo como esperaba, nada más necesitas trabajar con las puntuaciones en estos caracteres, Donatello-
-si maestro-
Eso me tranquilizo, significaba que me había librado del castigo y que pronto romperé el ayuno que se me había impuesto el día anterior por haberme equivocado en el significado de unas de las katas.
-Rafael-
Sentí un estremecimiento ante la voz que pronuncio el nombre de mi hermano y de reojos mire a mi lado, hacia la tortuga más oscura del cuarteto. El semblante de mi hermano Rafael se produjo una mueca reprimiendo las ganas de gruñir, sus manos se apretaron en sus rodillas en espera de la reprimenda de Splinter.
-¿Qué te he dicho con escribir con la surda?-
-que es incorrecto, maestro-
-¿y entonces porque aun sigues insistiendo con usar la izquierda?-
-porque no puedo con la derecha-
Splinter rompió las hojas justo en frente de mi hermano, vi a Rafael temblar pero permaneció con la cabeza agachada, sumiso.
-vuélvelo hacer todo desde el principio o ayunaras a partir de mañana para que medites en tus error encerrado en el dojo-
-si maestro-
Con tranquilidad observe al maestro caminar hacia Leonardo sentado al final de la larga mesa rectangular, no me fue difícil intuir que Leonardo no se veía muy bien, sus emociones se reflejaban en su rostro además de que sus manos se abrían y cerraban en puños en un vaivén nervioso y por ello ocultaba sus manos debajo de la mesa para tenerlas fuera de la vista del maestro Splinter, pero no desde mi distancia de donde yo me encontraba en donde si las podía ver.
La decepción en la mirada de nuestro padre fue más que evidente, casi gruñendo ante la hoja que sostenía en alto.
-¿Qué es esto?-aclamó severo.
-es mi trabajo caligráfico, maestro-
-¿le llamas esto trabajo? Son solo garabatos, tuviste más de una semana para lograr una mejora desde las primeras clases, esto es basura-el maestro estrujo la hoja convirtiéndola en una bola de papel y se la aventó a Leonardo, mi hermano dio un sobresalto ante aquello.
-lamento mi error, maestro, prometo mejorar-
-¿prometes dices? estas clases son igual de importantes como las lecciones del dojo, deben de poner el mismo desempeño aquí, no es una clase recreativa, el prometer no basta si no lo estas tomando en serio-
Vi como Leonardo tragaba saliva aun con la cabeza agachada, no se atrevió a responder, no supe si por temor o porque de verdad no tenía una respuesta para darle al maestro quien le reprendía con una severa mirada. Por unos momentos pensé que usaría la vara para golpearlo como castigo, pero no fue así, en cambio la atención del maestro giro hacia mí y yo rápidamente aparte la mirada, volviendo a contemplar las tuberías goteantes del fondo.
-Donatello, quedas asignado en darle lecciones extras a Leonardo, el lunes a la primera hora quiero ver mejoras, sino ambos recibirán una sanción por no cumplir con su deber-
¡No! ¡Eso es injusto, yo no quiero trabajar con Leo! Grite por dentro pero ya la decisión estaba tomada, así que me incline hacia adelante, asintiendo ante la orden del maestro.
-si maestro-
Summary: Leonardo tiene problemas de disgrafía (dislexia es otra cosa) y Donatello en su desesperación hará todo lo posible para evitar la sanción de Splinter siendo duro con su hermano mayor.
Narrador: Leonardo
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Llevábamos la mitad de la semana trabajando en las lecturas, me sentía cansado, quería realizar otras cosas pero Donatello se encontraba encima de mi todo el tiempo, exigiéndome con las correcciones caligráficas y obligándome en volver a leer toda una lectura completa de un libro en japonés en voz alta sin descanso. Se volvió rutinario y cansado, no me gustaba este nuevo cambio ya que no tenía tiempo para mi dentro de mis horas libres, solo estar sentado con un lápiz o tintas en la mano, escribiendo sobre papel con Donatello presionándome. De vez en cuando giraba mi atención en Rafael sentado sobre sus piernas sosteniendo entre sus manos una radio, escuchando con suma atención a la locutora de la estación sobre no se qué y en otro lado se encontraba Miguel Ángel, acostado de panza en el suelo con piernas moviéndose en el aire mientras tenía una variedad de papeles a su alrededor, dibujando y tarareando una tonada alegre y contagiosa que muy seguramente había escuchado de la televisión cuando el maestro ponía la estación de MTV.
Agudice mis sentidos y le puso un poco de atención a la tonada alegre de mi hermano, me tomó menos de un minuto en reconocerla, sonríe cuando logre hacerlo, en eso Donatello le dio un fuerte manotazo en la mesa haciéndome saltar del susto.
-pon atención, Leo, no te distraigas-
-estoy cansado-
-no quedare en ayunas por tu culpa ¡pon algo de tu parte!-
Me exasperé, cerré los ojos y me talle el rostro. Me tome mi tiempo para relajarme hasta que pude soltar un pesado suspiro antes de volver a centrarme en las hojas de la mesa, releyendo los apuntes de mi hermano en otras hojas y traspasándolos con mi puño y letra en otras hojas blancas.
Debimos hacer estado ahí alrededor de dos horas, realizando varios de los ejercicios de escritura de Donatello.
-¿sabes que significa esto, no?-
Solté un largo suspiro cansado.
-Si-
-¿y este de aquí?-
-es el signo del tigre-
-entonces ¿Qué esperas? ¡Escríbelo!-
-¡eso hice!-
-¡no es verdad! ¡Mira lo que hiciste!-
Creo que fruncí el ceño ya que mi hermano me empezó a mirar feo. Le dirigí una mirada cansada a la hoja pero humedecí la punta metálica de la pluma, realizando los trazos de los patrones en romanji, teniendo cuidado de no barrer con el dorso de mi mano la tinta negra fresca por toda la superficie de la hoja. Cuando termine, Donatello me volvió a reprender.
-qué demonios Leo… ¿en esto te tardaste media hora?-
-¿ahora qué?-solté exasperado.
-no puedes estar hablando en serio con esto-él resopló irritado ¡que osadía! Pensé.
-no te entiendo Donnie, estoy haciendo exactamente lo que me estas pidiendo que hiciera ¿Cuál es el error?-
Donatello tomó mi hoja y me la mostro en alto cerca de mi cara.
-¡léelo! Vamos ¡léeme lo que dice aquí!-
El dedo de mi hermano cayó en las otras hojas en la mesa, con anotaciones en tinta china la caligrafía japonesa hecha con el puño y letra de nuestro padre.
Yo entrecerré los ojos de mala gana, leyendo en voz alta cada uno de los caracteres.
-Shodan, nidan, sandan, yodan y godan-
El ojo derecho de mi hermano tuvo un tic y luego señalo mis hojas.
-si puedes leerla y entenderlas entonces puedes escribirlas ¿oh solo te sabes de memoria las pronunciaciones y estas fingiendo leerlo?-
Le fruncí el ceño a mi hermano.
-si lo entiendo, Donnie, se leer, no soy idiota-
-¡¿y qué mierdas es esto?!-
Mire mi caligrafía y luego las que estaban hechas por Splinter, tratando de ver cuál era el error.
No veía nada.
¿Cuál era el problema?
-escribí lo mismo-
-¡No es cierto! son garabatos aquí Leonardo, no se te entiende nada, no escribiste nada, cero, son rayones de tintas-
Mire a mi hermano antes de bajar la miraba de vuelta a la mesa, leí en susurro lo que escribí, eran claramente las cinco Heian, lo que aumento más mi confusión.
-no te entiendo-
Donatello se me quedo mirando pero note la confusión, sintiendo lo mismo que yo.
-muy bien…-él dijo con lentitud, extendió su mano y me retiro las hojas para poner otras blancas en su lugar-de acuerdo… Leo, hermano, probaremos otra cosa ahora, escríbeme el abecedario en katakana y son su respectiva pronunciación también, dejando de los caracteres-
-¿Por qué?-
-¿quieres ayunar ocho horas estando encerrado en el dojo?-
-No-
-bueno, no me cuestiones y haz lo que te digo-
Reprimí mis ganas de mandarlo al diablo y tome la pluma de punta metálica de nuevo metiéndola en la tinta, con orden escribí cada uno de los signos de forma vertical y al lado de ellos las pronunciaciones que les correspondía a cada uno mientras sentía la mirada de mi hermano puesta en mi, ya sea directamente hacia mi o en la hoja.
Cuando termine, Donatello se paso una mano en el mentón, sumido entre sus pensamientos.
-… lee este renglón, este de aquí-
-N, Wa, Ra, Ya , Ma , Ha , Na , Ta, Ka , A-
-…-
-¿Qué?-
-ahora escribe lo siguiente que diré, Asa wa kohi ga suki-
Mire raro a mi hermano con lo que acabada de decir de su particular vicio.
-no es verdad, tomas el café en cualquier hora-
Donatello sonrió.
-si me entendiste pero ese no es el caso, escribe lo que dije-Me sentí extraño pero escribí la oración, tuve el presentimiento que me convertí en alguna clase de conejillo de indias para mi hermano al verlo muy interesado en mi ahora a diferencia de las veces anteriores-bien, bien… ahora repite la misma oración en cada renglón hasta llenar toda la hoja-
Me tomó un par de minutos en terminar, deja la pluma a un lado y le extendí la hoja, prácticamente Donatello me arrebato la hoja de las puntas de los dedos y escudriño todo para luego voltear la hoja hacia mí, para que yo la mirara.
-¿Qué ves aquí, hermano?-
-que te gusta el café en las mañanas, dice-
-no, pon atención… mira más de cerca ¿Qué ves aquí?-
-no veo nada-
El dedo de Donatello se movió en la hoja.
-Leo… este carácter “Wa” no es la misma que está “Wa” de aquí, es diferente-
Me le quede mirando en silencio tratando de comprenderle.
-sigo sin entender-
-escribe esto mismo pero en ingles y repítela dos veces más-
Me sentí un estúpido, no lograba entender el punto que quería que viera mi hermano, así que con frustración escribí la misma frase “me gusta el café en las mañanas” cinco veces en cada renglón y me cruce de brazos.
-ahí esta ¿contento?-
Donatello se inclino en la mesa y tomó el lápiz, comenzando a cerrar en círculos las letras de la oración.
-¿ves? Mira aquí Leo, esta “E” se ve diferente de esta “E” y estas “As” no se ven iguales a las otras también, pueda que para ti sean “As” pero parece que fueron escritas por dos o tres personas diferentes-
-yo las veo igual-
-para ti, no para mí-
Me removí incomodo.
-¿eso es malo?-
-Leo, se te dificulta escribir exactamente una misma palabra, no, letra, letras, no escribes ni siquiera la misma letra, lo que quiero decir es que lo escribes con una tipografía diferente a la anterior que segundos antes ya escribiste-
Hice una mueca, desviando mi atención hacia el suelo.
-lo haces sonar como que hay algo malo en mí-
-… no lo sé, Miguel y Rafa no hacen esto como tú, pareciera que lo haces apropósito-
-no lo hago-
-creo que… tu problema es… no lo sé, no te puedo entender, el porqué se le dificulta no lo sé-
-… no quiero ayunar… ayuno mucho… -junte mis manos, pasando mis garras en el dorso de mi zurda-Splinter me extendió los ayunos a dieciséis horas-
-copia los ejercicios entonces-me exigió.
-lo hago-
-no, hazlos tal cual, como un espejo-
Nuestras miradas se conectaron.
-es eso o… ambos tendremos sanción-
Un escalofrió me recorrió por completo y rápido mire hacia mi hermano.
-no, no dejare que pase eso, no te arrastraré por mis errores, Donnie-
Agarre más hojas blancas y tome la hoja caligráfica de Splinter poniéndola encima de otras hojas, sujete la pluma y la moje con tinta, puse toda mi atención en los trazos de Splinter, haciendo lo mejor que pude de hacer los caracteres lo más idénticos posibles a las del maestro con Donatello guiándome en el proceso.
Summary: Splinter no ve con buenos ojos a Rafael siendo zurdo.
Narrador: Rafael
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La sensación del lápiz en mi mano derecha fue incomoda. Tuve que cambiar de mano a cada rato solo para ver la posición en como apoyaba la izquierda en el papel o la manera de sostener la pluma entre mis dedos pero al invertir de posición con la otra mano se me ponía la mente en blanco, no importaba cuantas veces lo intentara, el ángulo me fue extraño e incomodo de realizar.
No entienda que tenia de malo que escribiera con la izquierda que tanto desagradaba al maestro Splinter.
No pude hacer una kata al salirme los trazos torcidos y fuera de lugar, retire la hoja remplazándola con otra nueva más y me volvía a equivocar. Al tratar de acomodarle termine subiendo el codo izquierdo arriba de la mesa mientras escribía con la derecha, fue un movimiento involuntario que solo paso y rápido lo bajo al recibir un regaño del maestro por mi mala postura inapropiada de sentarme. Gruñí bajo, le arrebate a Miguel Ángel una de sus hojas blancas que estaban a mi alcance cuando las mías se me acabaron, me apoye hacia adelante quedando inclinado solo un poco, tratando de hacer un sencillo trazo en el papel con la tinta china, en no salirme de los renglones conforme hacia los círculos, muchos círculos, lo cuales parecían ser óvalos torcidos, pegados unos del otro o separados por escasos milímetros.
-Esto es ridículo, no sé hacer círculos-solté entre dientes.
Escuche la risa de Miguel Ángel y me nacieron los impulsos de hacer una bola de papel y tirársela a la cabeza de hermano menor, pero no pude hacer aquello al tener al maestro Splinter presente, supervisándonos, dictando en voz alta con los brazos detrás de la espalda los ejercicios, con su aguda vista puesta en mis hermanos y en mí.
Seguí escribiendo con la derecha mientras los dedos de mi mano izquierda se movían con inquietud, otra vez esa desagradable sensación de hormigueo producto de mi desesperación recorría toda la extensión de mi brazo izquierdo hasta la punta de mis dedos.
-putos círculos… putos-
Ni los triángulos y rectángulos me salían en la puñetera hoja culera.
Y la tinta se me derramo cuando quise mojar la punta metálica de la pluma, cayendo en los trabajos de Donatello.
-¡oye bestia!-grito Donnie, dándome un puñetazo al hombro
¡Al carajo! Me harte.
-¡Óyeme! ¡Es tu culpa, genio! Pones la tapa cerca de ti y yo me tengo que estirar a tomar tinta, se supone que es compartida-
-no la acerque más a mi lado, tu de muy bruto la volcaste-
-silencio-
Mi hermano y yo nos callamos al instante, el tono de nuestro maestro fue suave pero la advertencia se encontraba ahí. Sentí un movimiento detras de mi que me tomó de sorpresa, era Leonardo quien se puso en medio de Donatello y mio, estirando su brazo y limpiando cualquier residuo de tinta con un paño en rápidos movimientos circulares que no dejo evidencia alguna de que la tinta negra fue derramada en la mesa, así tan rápido como lo limpio dejo otra tapa de tinta rellena y se retiro devuelta a su lugar.
Yo solo geste otra mueca y humedecí la punta metálica para volver a lo que estaba haciendo.
-¿Por qué es tan difícil?-solté entre dientes y me frustre pero pronto caí en ese error de mi impulso haciendo una mueca al segundo en el que deje caer el lápiz con más fuerza de la normal con la mano abierta contra la mesa, sonando, atrayendo la atención de Splinter hacia mí. Con paso tranquilo el maestro se acerco y frunció el ceño al ver que no tenía nada hecho de los ejercicios de caligrafía que él estuvo dictando, solo observo mis rayones de pésimos intentos de figuras geométricas y letras del alfabetos al azar, entremezclado de japonés e inglés.
La mirada incrédulo recayó sobre mi.
-¿Qué es todo esto, Rafael?-
Mire a mi maestro por unos segundos antes de bajar mi mirada y contemplar esos puñeteros círculos que parecían estarse burlando de mi.
-estoy haciendo círculos, maestro-
-¿círculos?-las largas orejas se levantaron rectas, una señal de la cual aprendí a interpretar como de enojo.
-no puedo girar la muñeca bien al realizar un signo, maestro, así que estoy practicando antes de hacer las 26 katas que dicto, me las sé de memoria-
-¿de memoria?-
Había algo en su tono que no supe detectar pero mantuve todo el tiempo la cabeza agachada, además no necesitaba ver la expresión de mi padre para ver ese ceño fruncido en su semblante enojado, pero lo siguiente que dijo me tomó por sorpresa, fue algo que no espere.
-hazlo con la izquierda, quiero verte hacer lo mismo que hiciste aquí-
Aquello fue una firme orden que no pude desobedecer, empiezo de inmediato en hacer los trazos con mi mano izquierda siendo mucho más rápido, saliendo los círculos más redondos y las figuras geométricas con las líneas más derechas, viéndose un trabajo de tintas más impecable que la que había hecho con la otra mano. Deje la pluma y le extendí la hoja a mi padre, quien la tomó y solo guardo silencio.
Mucho silencio en realidad.
Era ese tipo de silencio del cual mis hermanos y yo temíamos de romper si nos atrevíamos hablar, solo escuchábamos el goteo contante de las tuberías y el agua pasar como sonido de ambiente en la sala mientras guardábamos a la espera del veredicto de nuestro maestro. Trague saliva, tentado de levantar la mirada y observar a mi padre pero al hacer eso le estaría haciendo una completa falta de respeto al maestro por lo que me mantuve sumiso, cabeza agachada, esperando.
-si puedes hacer esto, entonces… no veo el porqué no puedas intentar hacerlo con la derecha-
Dicho eso mi padre prosiguió en romper la hoja, solo me quede quieto observando por el rabillo del ojo los pedacitos blancos caer al suelo y por el tono de voz empleado el maestro, sentí un gran aliviado al no ser sancionado. Puse mis manos en las rodillas y me incline hacia adelante casi tocando mi frente la mesa en mi reverencia.
-procurare hacer mi mejor esfuerzo, maestro-
-eso espero ver-
Summary: Miguel Ángel disfruta de sus “horas libre”, aparentemente cree que las clases extras de escritura son un recreo.
Narrador: Mikey
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Escribir fue fácil para mí, me gustaba pasar el trazo del lápiz o de la tinta en el papel casi tanto como al dibujar, de hecho estas clases fueron mis favoritas porque significan no horas de entrenamiento físico en el dojo y esas clases de lectura solo eran una vez a la semana. Luego de salir exhaustos, molidos y con todas las partes del cuerpo adoloridas hasta a los huesos del entrenamiento constante que realizábamos desde primeras horas de levantarnos de la cama y que se extendían seis o cinco horas dentro del día, me hacían desear que todos los días fueran lunes ya que en los días de escritura solo realizábamos tres horas de entrenamiento físico en el dojo ¡Eso era lo genial! Por eso amaba los lunes.
Como era cosa de todos los días, las piernas me dolían y los antebrazos los tenía manchados de hematomas por los bloqueos en las prácticas de derribo cuerpo a cuerpo. En una de las demostraciones en el dojo, al aparecer resulte ser que yo el más flexible de entre mis hermanos e eso hizo que la atención del maestro Splinter recayera sobre mí, cambiando las rutinas de los ejercicios para mi, la etapa de los estiramientos fueron mucho más extendidas que las de mis hermanos, las mías fueron más duras, más dolorosas.
La primera vez que realice un Split… sentía que me partía en dos.
Contuve mi llanto por que el maestro se ponía peor conmigo cuando me veía gimotear en las practicas… reprimir mis ganas de llorar más por el temor que sentía hacia mi padre y seguí adelante con los ejercicios. Todos los días fueron así, realizaba el doble de los estiramientos que el maestro me dirigía hacer, me paraba de mano con ambas piernas estiradas a ambos lados, manteniendo el equilibrio con pesadas cubetas llenas de agua sostenidas en los tobillos sin saber de la noción del tiempo en la que permanecía en aquella posición hasta que el maestro Splinter decidiera cambiarme a otro ejercicio.
Llego un punto, un punto en el que ni yo mismo fui consciente… de que al realizar Split ya no me dolían las piernas ni mi espalda, realizaba los saltos dobles sin dificultad, me lanzaba hacia atrás realizando acrobacias que dejaron a mis hermanos con la boca abierta, impresionados de como podía llegar a moverse una tortuga demostrando tanta elasticidad y flexibilidad. Ya no tuve problemas con esquivar los golpes y patadas, incluso llegando a esquivar los furtivos golpes de la varilla del maestro Splinter.
Aunque sus lecciones me dejaron secuelas psicológicas debido a ellos…
Me volví paranoico.
Teniendo el temor de que en cualquier segundo el maestro decidiera volver atacarme con su varilla solo para mantenerme a prueba, poniéndome con los sentidos en alerta cada vez que lo tenía a una distancia corta cerca de mi, en ningún momento me atrevía a bajar mi guardia dentro del dojo ante la presencia del maestro, naciéndome un sexto sentido mucho más agudo que me hacia reaccionar en automático antes de que mi cerebro llegara a procesar lo que estuviera ocurriendo y eso estaba pasando justamente ahora… El sentido agudo actuó primero y reaccioné sin pensar, me detuve de golpe mi andar presintiendo algo, un corte en el aire en una caída vertical hacia mi dirección, yo respondí retrocediendo un paso hacia atrás y volví a sentí como ese mismo corte de aire paso rosándome centímetros del rostro y otra vez ese “corte” de aire que oía se giro hacia mi dirección en horizontal a lo que me obligo a dejándome caer de espaldas dejando que solo me pasara de largo, mis manos apenas tocaron el suelo y ya me veía ejecutando movimientos acrobáticos que me salían tan natural, alejándome lo más que pude para guardar una prudente distancia y adoptar un posición defensiva. Frente a mí a cinco metros de distancia yacía el maestro Splinter con un bastón bo girando con maestría en sus manos, el bastón cortaba el aire a tal velocidad que parecía un borrón, como las aspas del ventilador y trague saliva, preparándome lo que pasaría a continuación.
Era una de las tantas pruebas sorpresas del maestro, especiales para mi dentro del dojo.
…
Me acostumbre al dolor, tenía que hacerlo y cumplir con lo que el maestro decía sino me llevaría otra vez al agujero, un sitio frio, pequeño, húmedo e infestado de bichos, el solo recuerdo de ello me provocaban arcadas de asco, sintiendo el toque fantasma de las diminutas patas haciéndome cosquillas por todo el cuerpo y en parte sentía mucha pena por mi hermano Rafael, ya que de entre los cuatro, Rafael era enviado más seguido al agujero, casi a diario mejor dicho, como resultado de ser terriblemente malo en los entrenamientos, siendo el más lento, muy poco flexible, se cansaba con facilidad, le costaba seguir el ritmo en las practicas y eso no era del agrado del maestro.
El hecho de que Rafael terminara en el agujero no era sorpresa para ninguno de nosotros.
Durante nuestras horas libres y más cuando Rafael era enviado al agujero, me escabullía de la guarida y me encaminaba hacia aquel lugar, me sentaba contra la pared y acompañaba a mi hermano dentro del agujero del suelo. Le contaba historias que yo mismo fantaseaba de cómo podría ser la superficie, el mundo que yacía arriba de nosotros y de vez en cuando Rafael hablaba, aunque temblando entre tartamudeos, distrayéndolo de los insectos que el agujero albergaba en su interior.
Me quedaba ahí un largo tiempo sentado con mis brazos alrededor de mis piernas sin parar de narrar alegre hasta que divisaba la figura de Splinter de pie a mitad el túnel con una mirada severa sobre mi. Sin decirme una palabra entendí la orden silenciosa que me mandaba. Con mucho pesar me incline en el hueco y me despedí de Rafael antes de retirarme de regreso a la guarida.
Splinter solo volvió por Rafael después de unas cuantas horas más y me sentí más tranquilo al ver a mi hermano de vuelta aunque Rafael me termino empujando cuando lo me acerque hacia él con las intenciones de abrazarlo, así fue como aprendí a mantener mi distancia cuando mi hermano no se encontraba de buen humor al ser sacado del agujero.
Yo siempre esperaba que cayeran los días lunes ¡Mis clases favoritas! El entrenamiento del dojo terminaban rápido y pasábamos a las clases de escritura del maestro, realmente me gustaban, las disfrutaba. Complete los ejercicios caligráficos y cumplí las expectativas de mi maestro y cuando terminábamos, tomaba el resto de las hojas ya usadas de los demás y me las llevaba conmigo hacia un lugar un poco apartado de la sala donde podía entretenerme en dibujar con las hojas reciclándolas. Deje las hojas sobre un cubertura de cartón que usaba para aislar el papel del suelo húmedo, suelo lleno de lama y me tumbo boca abajo en el cartón, dibujando lo que se me venía en el cabeza con un pedazo de carbón de lecha, una cera de vela roja y una pluma de plástico con tinta azul que había encontrado en uno de mis recorridos en la alcantarilla. Empecé a dibujar un parque o más bien lo que yo entendía que era un parque con las escenas que veía en televisión, dibuje un parque lleno de niños en los juegos y dibuje a mis hermanos también, siendo yo quien empujaba Leonardo para ir más alto en los columpios dibujándole una sonrisa, en otra escena dibuje a Rafael sonriendo con las onomatopeyas de “Muajajaja” brincando encima del castillo de arena que Donatello había hecho, dibujándolo todo enojado y con un cuadro de dialogo que decía “¡Serás Animal!” levantando los brazos al aire, me pareció divertido. En otra hoja dibuje a los power rangers con sus megazoid, acompañados de Godzilla y Mothra en una batalla titánica que se fue extendiendo en varias hojas más creando mi mini comic.
Sonreí y tararee una canción.
-She’s just my kind of girl, she makes me feel fine-
