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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 12 of Historias de cuarentena , Part 1 of Naruto
Stats:
Published:
2020-10-29
Updated:
2022-04-15
Words:
27,658
Chapters:
8/?
Comments:
25
Kudos:
77
Bookmarks:
6
Hits:
2,470

Red moon

Summary:

Obito decide volver a Konoha luego de un año desde la catástrofe del puente Kannabi para ayudar a sanar las heridas que dejó en su equipo, ahora reducido, mientras que la guerra sigue desatándose.

Secretos y mentiras serán revelados.

Los Uchiha planean algo, pero Obito no está de acuerdo. Los conflictos irán escalando hasta que todo llegue al acmé.

Notes:

La historia contendrá la ship de Minato x Obito x Kakashi, siendo estos últimos menores de edad.

Si no te gusta, por favor abstenerse a leer.

El desarrollo de las relaciones se irá produciendo lentamente, conforme avanza la historia.

Quiero centrar tanto el romance como el conflicto, así que veremos qué pasa.

Chapter 1: uno

Chapter Text

 

 

Obito había vuelto a la aldea.

Caminando por su propia cuenta y con la mirada cabizbaja, sin dirigirse a nadie e ignorando los murmullos de los habitantes de Konoha con respecto a su presencia.

Se suponía que estaba muerto.

Todos lo habían dado por muerto.

Hacía un año, el puente Kannabi colapsó sobre él y se reportó que había sido el único del equipo siete que no pudo volver a casa. Se hizo una ceremonia en su honor y, a diario, su compañero de equipo, Hatake Kakashi, visitaba su tumba para hablar con él, miserable y deteriorado por todo lo sucedido en el transcurso de la guerra.

Y, justo tres meses después de la muerte de Nohara Rin, seis meses después de que Namikaze Minato fuese nombrado como Cuarto Hokage, y un año desde su supuesto fallecimiento, Uchiha Obito caminaba por las calles de la aldea con dirección a la torre Hokage.

Sus ojos sombríos apuntaban al suelo y sus pies se arrastraban pesadamente. Ninjas se habían detenido al notar su presencia y los miembros de su propio clan, los de la policía militar, estaban estáticos en sus lugares sin poderse creer lo que sus ojos estaban observando.

Dos ANBU se posicionaron frente a él, sus chakras vibrando fuertemente. Obito podía sentirlo en su piel, como un pequeño cosquilleo que le hacía erizar. Era más que obvio que no estaban muy confiados en su presencia, el Uchiha se sorprendió de que los rumores de su llegada hubieran llegado tan rápido a su sensei.

—Tenemos la orden de escoltarlo hasta el Hokage —dice uno de los ANBU, uno con una máscara que parecía ser un tigre. Su voz es plana y sin emoción, justo como siempre han sido los ninjas de élite.

Sin embargo, Obito no se detiene y pasa a través de ellos.

—¿Pero qué –

Oh, sí. Obito había desarrollado algunas técnicas mientras estaba muerto.

Su caminar es lento, pero rítmico. No acelera, ni desacelera mientras más se acerca a la torre. Sus ojos siguen posados en el suelo y su respiración apenas se siente. Su chakra ha cambiado, pero no demasiado como para que cualquiera no pudiera reconocerlo.

Las calles de la aldea han cambiado poco. Quizás uno que otro local había cerrado y algunos otros habían abierto. La algarabía de un día ajetreado resonaba fuertemente contra sus tímpanos y frunce el entrecejo. A la distancia cree reconocer algunas voces, pero es incapaz de darles un rostro específico.

No se detiene ni toca la puerta cuando llega a la oficina de su sensei. Sólo camina a través de ella y se detiene frente a Minato, quién parecía estarlo esperando de pie frente a su escritorio. Su expresión es de absoluta confusión, mezclada con alivio y cientos de emociones más que ni él mismo sabría descifrar.

Los ANBU tras él abren la puerta abruptamente, provocando un sonido sordo.

—¡Hokage-sama! —exclama el de máscara de buey, exaltado. El pelinegro siente la arisca mirada del ninja sobre su cuello y sabe que por ahora, lo ven como una amenaza.

Él entiende, de cierta manera.

Se supone que no debería estar allí.

Fácilmente podría ser alguien haciéndose pasar como el alumno muerto del Cuarto sólo para hacer que bajara su guardia y poder atacarlo de frente, quizás teniendo una oportunidad.

Obito se sorprende de lo fácil que realmente sería atacar a su sensei ahora, en ese estado de vulnerabilidad en el que su presencia lo indujo.

El menor voltea a ver a los ANBU de reojo, su único Sharingan girando en su ojo derecho de manera amenazante. Ahora obviando el hecho de que sí era quién todo el mundo ya sospechaba que era. Los ninjas enmascarados dan un paso hacia atrás, obviamente intimidados. Sin embargo, permanecieron lo más firmes que pudieron y esperaron por órdenes.

—Déjenos solos —Minato hace una seña temblorosa con su mano y los ninjas salen por la puerta luego de un asentimiento.

Hay un silencio pesado que se cierne sobre ellos en los segundos siguientes. Ninguno sabe qué decir. El Hokage porque no podía entender con total exactitud qué estaba sucediendo, y el pelinegro simplemente no tenía mucho qué decir.

Más bien no quería decir mucho.

—Sensei —termina vocalizando, su voz sonando un poco áspera. Un leve suspiro escapa de los labios de Minato y este se acerca dos pasos más hacia él.

—Obito —llama de vuelta, el nombre de su alumno sonando como una exclamación y, sin poder detenerse, termina acortando toda la distancia que los separaba en un abrazo. El menor se estremece ante la sensación de calidez que cubre su pecho y, luego de que el olor característico de su profesor inundara sus fosas nasales, se permite devolverle el abrazo con desesperación, cerrando sus ojos con fuerza—. ¿Cómo es posible que…?

Obito suspira con profundidad. Su cuerpo sintiéndose de repente más pesado entre los brazos de su sensei y, a pesar de que ninguno quiere romper el contacto, terminan separándose.

Su maestro lo está observando con ojos inquisidores, rojizos por las fuertes emociones que lucha por no dejar salir y, a pesar de que sólo tiene veinte años, se ve mucho más viejo de lo que debería.

—Uchiha Madara —es lo único que responde. La expresión del rubio cambia drásticamente a una llena de sorpresa. Ahora lucía mucho más confundido.

—¿Uchiha Madara? —repite, cerciorándose de haber escuchado bien.

El menor asiente lentamente con la cabeza.

—Él me salvó —antes de que Minato pudiera pronunciar el ‘pero’ que se estaba formando en sus labios, Obito se aclara la garganta—. Pero ahora está muerto.

—¿Cómo es eso posible? —el Uchiha sonríe levemente, casi sin querer hacerlo. Parecía que la mente de su maestro no daba para preguntas más elaboradas.

—La verdad no lo sé —responde con sinceridad—. Fue él quien me encontró y me ayudó a sanar —Obito levanta su mano derecha, el tono de su piel era visiblemente diferente el del resto de su cuerpo y Minato toma su mano con fascinación—. Murió hace unos días.

—¿Tú…? —tantea el mayor. Obito sonríe amargamente.

—No hizo falta —Minato asiente, procesando toda la situación como puede—. Por ello logré… volver.

Hay un largo suspiro que ayuda al Hokage a destensar sus hombros. Su expresión ahora era más plácida y parecía irradiar aquel brillo único que Obito no había logrado ver en todo el año en el que estuvo entre las sombras, observándolo todo.

Sobre eso… él prefería guardárselo para sí mismo, a sabiendas de que pudo haber regresado mucho antes, si él así lo hubiese querido.

—Me alegra que estés bien —Minato vuelve a abrazarlo, ciertamente aliviado por tenerlo allí. Obito podría jurar que pudo sentir como algo dentro de su sensei se llenaba nuevamente. Quizás el vacío que él había dejado tras la catástrofe del puente Kannabi—. Kakashi se alegrará mucho cuando se entere de que estás vivo.

Kakashi…

La verdadera razón por la que había vuelto, si Obito se permitía serse sincero.

Lo había visto por meses seguir una rutina lastimosa que, con el tiempo, se había convertido en su propia rutina: ver a Kakashi levantarse cada mañana con bolsas bajo sus ojos por el poco sueño que lograba conciliar; intentar quitarse la sangre de Rin de su mano que sólo él podía ver, por larguísimos minutos; ir a la tumba de Rin, hablar con ella, y luego hacer lo mismo con la suya, sin saber que él realmente estaba ahí escuchando. Luego, seguía tranquilamente con su día, aparentando estar bien cuando era obvio que no y, por las noches, llorar hasta quedarse dormido a altas horas de la madrugada.

Era lamentable.

Demasiado.

No soportaba verlo así.

Era obvio que el peli plata se culpaba, no sólo por la muerte de Rin, sino también por la suya. En la cabeza del Uchiha no cabía la posibilidad de que ambos sucesos fueran, remotamente, su culpa. Conocía la historia de lo que había desencadenado la muerte de Rin, él no era estúpido, no confiaba en Madara y mucho menos en Zetzu; así que se permitió dudar de lo que ellos querían hacerle creer y decidió investigar por su cuenta.

Rin murió por culpa de Kirigakure.

Y él… él estaba vivo.

Así que tomó la decisión de volver, justo dos días después de que Madara muriera porque simplemente no era justo. No era justo para Kakashi y tampoco para él.

Fácilmente podría haber caído ante la manipulación de Zetzu y… mejor ni siquiera pensaba en ello. Ya había tenido suerte al darse cuenta de lo que verdaderamente estaban haciendo con su consciencia.

Pero Obito tampoco quería sentirse miserable por la pérdida de la castaña. No quería sentirse solo. No quería fingir, tampoco, que las cosas podrían volver a la normalidad si decidía seguir con el plan Ojo de Luna, como quería Madara que sucediera. Él sólo quería regresar y sobrellevar las cosas como se supone se debe hacer.

Con la ayuda de Kakashi y de Minato.

Así como él quería ayudarlos a ellos a sanar una herida que, obviamente, seguía abierta y dolía como el día en que fue hecha.

Aun así, esperó hasta que Kakashi saliera en una misión ANBU sólo para poder volver. Porque no se sentía lo suficientemente fuerte como para enfrentar los sentimientos que sabía iba a tener cuando viera a su compañero frente a frente. No sabía si podría sostenerse y mantenerse firme si veía al peli plata llorar frente a él.

Porque, a pesar de que Kakashi era el primero en defender que los ninjas no debían mostrar sus sentimientos, Obito lo conocía realmente bien.

E intuía, casi sabía, como si lo hubiese leído con su Sharingan, de que aquello iba a suceder.

Por ahora, dejaría que Minato se encargara de ponerlo al tanto cuando este volviera y daría la cara cuando tuviera la certeza de que Kakashi no se derrumbaría frente a él.

Sí, aquello parecía un buen plan.