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La infancia siempre trae recuerdos cambiantes cuando llegas a ser un adulto. La infancia es tu soporte, las marcas que te quedan para el futuro, las que intentas tapar, son invisibles, pero nunca creíste que los demás pueden notarlo.
O eso creíste porque has hecho un excelente trabajo durante años, ocultando cada marca, pero no puedes escaparte de todos, no siempre.
Los años pasan, y hay recuerdos que te persiguen cada tanto, la tortura es un regalo de tu mente para recordarte lo viva que estás, como tu cuerpo se mueve y duele, todo ese peso de tus hombros trae recompensas, aún con todo el dolor soportado, siempre valdrá la pena. Más cuando conoces a alguien tan increíble como esa persona que te mostró la luz 7 años atrás.
Las Competencias de Patinaje artístico sobre hielo es el punto de unión, lugar donde se pierde más que se gana, pueden pasar años hasta conseguir una medalla que sea distintiva, o que quedes al menos sobre los tres primeros puestos. Cada participante lo sabe, como cualquier deporte, hay caídas, tristezas y cada tanto una alegría, solo les impulsa la pasión, no es un deporte para débiles. Lo entiendes el primer año de entrenamiento, donde todo comienza.
Hay un cartel que adorna cada sala de práctica en todos los países, nombra cada guerra de baile y coordinación, son las llamadas Competencias Internacionales.
Allí se dan varios, los Campeonatos Mundiales, los Campeonatos Europeos (Solo europeos, claramente), el Campeonato de los Cuatro Continentes, África, América, Asia y Oceanía, la famosa serie del Grand Prix, los juegos Olímpicos de invierno y por último los Campeonatos Mundiales Junior. A lo largo de su vida, cada patinador posee una trayectoria sobre lo que desee elegir, Individual o en Parejas, y rara vez ocurre que se intercambia este procedimiento o costumbre.
Las parejas dependen de la suma coordinación, se entienden, se leen, encajan físicamente, y corre con confianza. Si uno cae, cae el otro, aun si haber tocado el frío pavimento. Un error en tu compañero, es un error en la pareja, y es difícil lograr tales lazos. Mientras los individuales solo dependen de si mismos, de su potencial, fuerza y destreza, solo son dueños de sus propios errores, solo son ellos en la pista, nadie más.
Los jóvenes novatos que se anotan a individuales, más concretamente en la sección femenina, dependencia del apoyo de sus padres. Lo normal sería ver como una pareja de ellos llora junto a su hijo por no haber sido seleccionado entre los 20. O ser abrazados entre lágrimas de felicidad al ver que el prodigio ha entrado entre el top aceptable para la siguiente fase.
El último es el caso de Saijo, ambos padres, señora de características extranjeras, abrazando a su herencia similar, pero más pequeña, de apenas 14 años. El hombre es nativo, posee ojos rasgados como la mayoría de la población oriental. Normal, se encuentran en Japón para la primera gran batalla juvenil Individual, y no se sorprende de haber quedado entre los primeros puestos. La niña era prodigio en el país de su madre, llamó la atención de la audiencia siempre, y todas las prácticas allá le sirvieron para domar el jurado en este país poco conocido. Este lugar, donde sería su nuevo hogar por un largo tiempo, la mudanza era parte del regalo, la inscripción en esta Competencia también lo era.
El hombre se arrodilla ante Claudine, quien aún siente parte de sus piernas latiendo por el esfuerzo. Le entrega un ramo de flores, y la felicita por este trabajo, su madre solo apoya desde atrás, tocando sus hombros y llorando. Las lagrimas caen en su cabello rubio ceniza, siente besos también sobre su cabeza. La mujer es más emocional, sus abrazos son fuertes, pero al final la niña termina por sonreír y reír con ellos, es normal compartir esta felicidad, aunque apenas sean las primeras del largo camino que les espera. Confianza, eso es lo que siente entre sus brazos y caricias, sus mejillas son limpiadas por a saber que grupo de manos, tal vez son ambos que la consienten.
El hombre comenta cierta cosa, algo que alegra más y más a la chica recién salida de los vestidores, descansando en la banca junto a ellos.
— Hija, cuando vayamos a casa, podrás ir directo a la cama, no sin antes ir por un poco helado. —
Esto renueva su positividad, claro que no sabe pedir gustos de helado en japonés, pero si tiene a su padre atrás, todo estará bien.
— Me encantaría, aunque solo deseo frutilla y vainilla. —
Ya dados los gustos, el hombre agarra el bolso, claramente no deseando cargar a la cansada chica. Su madre lleva parte de su chaqueta en mano, y charlan amistosamente adelante de ella mientras se encaminan al auto. Como se espera, la más joven solo se queda atrás de ellos, siguiendo cada paso, aún no comprende bien las letras o charlas del lenguaje actual de ese país.
Hasta que siente algo que si puede entender, algo extraño, algo reacio, frívolo diría, como el suelo bajo sus pies en cada pista. O duro, tal vez demasiado para alguien joven. De hecho, ese hombre hablando se parece a alguien que ha visto en el televisor mientras se cambiaba para su turno en los vestidores.
" — Fuiste de las primeras, pero no la mejor, Maya. — "
Por alguna razón, sus pasos ya no avanzan, solo se quedan en su lugar, quiere observar esa espalda que parece tapar a alguien detrás.
La media francesa se queda tan estable, con su porte derecho, no le molesta que sea vista, observando una charla que no era para nada de su incumbencia, pero aunque la mente sepa que eso es casi una falta de privacidad, su cuerpo no reacciona.
Pasan los minutos, y cuando ese alto hombre castaño se aleja, deja un intento aburrido de caricia sobre una cabellera similar, más pequeña.
La recuerda, cuando esa desconocida se da la vuelta para seguir a ese sujeto, que presume es su padre por el parecido, puede notar el listón morado que ha visto desde el televisor.
"Es esa chica, ni siquiera recuerdo su nombre", normal, nadie recordaría la lista de nombres numérica de chicos, menos cuando son nombres tan complicados.
No ha podido ver su performance completa, por desgracia, pero lo poco que vio de ella, estaba bastante bien, casi diría, a su nivel o mejor. Piensa que ella habrá quedado más arriba o casi en su puesto, seguramente. Le sorprende ver como ni parece afectarle la ausencia de una felicitación, o al menos una caricia sincera, ¿Un helado siquiera? Algo, una muestra de preocupación, o afecto. Pero no existe, y nota entonces las pocas ganas que hay en los ojos de la chica de su misma edad.
Son exóticos, su color es el primero en todos los años que ha viajado, violetas como la lavanda. Son calmados, pero tienen un tono aburrido, no se parece al rostro que vio mientras patinaba en el hielo, de hecho, parecen dos personas distintas.
Al final la joven sin nombre se va, siguiendo fielmente cada paso detrás de su padre, tampoco hay vista de su madre, o al menos alguien más que llene ese vacío extraño que se fue formando en malestar para Saijo. Si ella se siente así, se pregunta como debe verse para la otra, que sea tratada así en público, sin aprecio alguno.
Se sacude, una mano la trae a la vida de nuevo, su padre le pregunta de algo, pero no logra oír mucho. Sus piernas corren, el objetivo fue alcanzar a su madre tan pronto como pudo. Su mano hurga la ropa que tiene entre sus brazos, y encuentra al fin el folleto con cada nombre, participante, rutina, tiempo, sección, nombre de canción, y lo busca con fe.
Los fucsias leen más rápido que nunca, el hombre y mujer no paran de mirarse mutuamente, sin comprender este comportamiento compulsivo de leer una y otra vez ese papel arrugado, pero no dicen nada.
Y lo encuentra, al poco tiempo, ha releído por segunda vez. Recuerda esa voz de barítono pronunciar algo, un "ma", y cuando lee los nombres, encuentra solo un "Maya". Sus ojos siguen la línea, y así conoce su apellido, pero no puede leer su pronunciación. Prefiere preguntarle a su padre cuando lleguen a casa, sin desear pasar vergüenza a ser oída.
Las semanas pasan rápido, y se pierde de vista la imagen de esa otra chica, pero tampoco le importa, al menos hasta ahora.
Se disputa el Top 10. Estas fechas son las importantes, para finales de mes, el Top 3, y para entonces, una sola ganadora.
Claudine ha tenido más de dos competencias para entonces, o al menos desde ese encuentro extraño. Cada noche, el pensamiento fugaz le recuerda a la niña de mirada apagada y listón, ese moño molesto no pudo abandonar del todo sus pensamientos, y se consuela pensando que ha perdido en las anteriores, y ha quedado afuera.
Que mal pensaba, ha errado en cada suposición desde entonces, pues la reconocida del folleto, la señorita apellidada "Tendo" estaba ahí, elegante en su traje, mientras mira el monitor en la sala de vestidores, checando su posición de salida, y con la mirada rápida, notó que estaban en escala alfabética por primera vez. Saijo entra antes que Tendo, y eso es malo, pues si la otra ha llegado hasta aquí, significa que es buena, por no decir de las mejores.
Mentiría si se dice que no ha deseado buscar su nombre y ver sus competencias, pero prefirió pasar del tema lo más que pudo.
Amatista y rubí se cruzan tan solo unos segundos, se pasan mutuamente al lado, sin siquiera verse. Pero internamente, Claudine se pregunta si puede recordarla, desde esa vez, o si ha visto sus competencias anteriores. Vuelve a salir de si misma, se centra, le toca en poco tiempo, y prefiere enfriarse con una botella de agua. La bebida fría golpea su garganta y ayuda a olvidarse de la niña con listón por un cuarto de hora.
Llaman a nombre de Saijo Claudine, y es la señal que necesita para dar pasos firmes y pararse en el inestable suelo helado, cruel, que seguro ha presenciado más y mil caídas y desgarros. Lo mira por unos segundos, y patina elegantemente hasta el centro, esa zona deseada, el inicio y normalmente su fin de coreografía. Las luces se apagan, y aún así, sabe perfectamente donde está el conjunto de jurados y jueces de segunda, veinte pares de ojos mirándola con hambre. Ella les dará brillo para comer, y saciarse si es necesario.
Normalmente, el nerviosismo fluye por ella, pero esta vez es diferente, porque detrás del vidrio que resguarda al participante siguiente, sabe exactamente quién es. Puede sentir exactamente esa mirada en su espalda, quemándola. La arrastra a algún lugar, pero no es sentirse en el centro del escenario para ella, sino, sentirse más pequeña ante esa presencia exasperante. Se toma un segundo, y nota exactamente la mirada necesitada, como si esperase verla brilla para luego derrotarla, es normal, así se siente cuando un líder innato te respira de cerca. En este caso, la tiene detrás, en lista, pero en posiciones estaba por verse. Ahora se compite para los cuartos de finales.
Y no tarda en demostrar que la prodigio de Francia fue elegida por algo, para representar el país. Su padre le había contado en las fechas recientes como un francés masculino había ganado en Rusia, dejando a los dos japoneses en plata y bronce, arrebatando el oro para él y haciendo resonar la bandera azul, blanca y roja. Ella va a ser lo mismo, arrasará en las categorías femeninas, seguirá el ejemplo de Brian Joubert, dejando a los asiáticos al final en las competencias de su propio país.
Con el deseo de marcar historia, y ser la primera en tener oro representando a Francia, quien hasta ahora carecía de representante y rostro. Y espera con nueva emoción brotante que esa chica la mire para cuando cuelgue el oro en su cuello con una cinta. Antes de que la música suene, en la leve oscuridad, le devuelve la mirada a la que espera por su turno, y quien verá en primera banca su performance. Esa mirada dice tan claro un:
" — Acepto tu reto, Tendo Maya. — "
La música que se escogió, no era muy sonante en Japón, su elegido, fue claramente algo que conoce desde años, canciones que su madre le tarareaba desde pequeña, fue una elección especial. Su maestra le había dicho que era perfecta para esta vez. Aún si no se entendía la tonada cambiante, debería mostrarle a este país otro tipo de canciones, como las que se escuchan en sus barrios cuando era una infante. Le recuerda a casa, su casa antigua, su hogar, le trae paz, y su cuerpo se mueve en relajo las primeras veces. Con luz, aunque no pueda ver a las banquillas con la gente en silencio, sabe notar donde están sus amados padres, apoyándola, casi como si fueran un par de fans. Le da fuerzas a su sonrisa, más creída, confiada que antes. Logra hacer cada pirueta, y el publico anima tímido, pero va en incremento. Su cuerpo se apoya en un pie, la punta del filo marca su camino por toda la cancha helada. El equilibrio dura a razón de varios segundos, y luego se frena, largando partículas blancas de la fuerza del mismo freno repentino. Ahora, con el cuerpo agachado, da una cantidad de vueltas contadas, rápido, pero segundo, para no marearse luego, a ojos cerrados. Solo los abre cuando sabe detenerse en el punto, como lo hacía siempre en su coreografía, y terminaba con el pequeño Ballet de salto hasta el centro, donde se da la vuelta en forma majestuosa como lo practicado. Y la rodilla en el suelo, rozando, más no apoyando le dicen que es el fin de todo a los jurados. La luz se apaga, y la música ha frenado en compas al cuerpo de Saijo.
Ese baile y traspaso de actividades, esos pasos, saltos y piruetas fue limpio, más que los anteriores dos. Aunque falten otros, cree perfectamente entrar a los cuartos de final.
Con un poco de sudor en su nuca, con el pelo recogido, la chica rubia en traje color coral regresa por donde vino. Sus patines se frenaron cuando llego al borde, pues no era para salir, sino que vio como esa morena con listón de nuevo bajaba la cabeza para mirar a otro lado. Claramente, no ignoró en toda su coreografía como esos ojos la seguían, fervientemente en cada paso, a través de toda la pista. Creer que fue deslumbrada es poco, por primera vez, aunque sea por un segundo, Tendo parece viva, y puede notar como presiona para calmarse la botella de agua, la cual toma y abandona, preparada para su turno actual, cuando es llamada a los segundos. Se le pide preparar, y cuando está lista, se le pide entrar.
La anterior vez, ella no pudo ver su performance completa, pero ahora si, han cambiado lugares, la espectadora de Maya pasa a ser la principal, y Saijo pasa a ser parte de las personas que esperan con impaciencia, faltan poco y nada de puestos. De hecho, sino recuerda mal, Tendo debería ser la última o penúltima.
Cuando se mueve al medio de la cancha, un jadeo inaudible se le escapa de los labios. Tiene experiencia, pues el porte es firme, la espalda es recta, y su cuerpo no se mueve cuando viaja, de tan pocas patinadas para impulsarse, ha llegado al centro, entonces suma la fuerza entrenada. Esta bien, primeras buenas impresiones. Debe admitir que el cabello largo hace lo suyo también, cae tan elegante, y se mueve dócil al viento que crean sus movimientos. Las luces se apagan, y Maya se encuentra donde antes ha estado pisando, y todo comienza.
Su coreografía, es una música algo clásica mezclada, no la reconoce del todo, pero no esta mal. Las luces se prenden y tan pronto se la ve, inicia lento, pocos círculos cerca del centro se crean, marcando la pista blanca. Eso es malo, los jueces parecen moverse para anotar algo en las hojas, pero se detienen. Se pregunta porque no anotan esto como punto negativo, pero el viento la golpea.
El cuerpo recto de antes le está demostrando adelante su flexibilidad, y su rapidez en busca de la feminidad en la canción que la acompaña. Muy tradicional, pero muy bello a la vista. Lo odia, es buena, pero no es algo sorprendente.
El mundo desea que se muerda la lengua, lo hace, porque tan pronto la música coincide, no es Maya acoplándose a la sinfonía, es la sinfonía a ella y sus movimientos que se desplazan por todo el hielo. Para cuando lo nota, círculos perfectos en todos los lugares, por donde ella pasó y por donde no también. Fue un claro cubrimiento de sus puntos ciegos, sus vacíos, sus errores siendo tapados por esta chica. Por primera vez, se crea una duda en la dicha prodigio a su edad. ¿De verdad lo era? Ver a Tendo, la de la lista, la chica del listón, la sin vida junto a su padre con cero amabilidad, le hace preguntarse que le hace moverse así, tan viva. Si, son dos personas distintas. Parece feliz, como si le hubiera ocurrido algo estupendo, su sonrisa convence a cualquiera, y encaja con el fondo musical. No puede ni siquiera oírla a este punto, no para de seguirle con los ojos, y cuando se está por terminar, hace un salto largo, sus piernas se abren de forma perfecta. Si a Claudine le quedaba aire, ya se le terminó para entonces de la forma en las que sus pulmones se aplastaron. Fue un golpe sin aviso, conoce esa técnica, pero es peligrosa para este tipo de eventos, más cuando ni siquiera se está en las finales. Lesionarse aquí sería problemático, pero parece que la convicción no le falta. Ella sabe que le saldrá perfecto, que está siendo el único centro de atención. La rubia nota también a la audiencia recién ahora, quien aplauden para entonces. Le recuerda que no esta sola, que no son solo esa extraña y ella, quiere tomar agua de su botella, pero abrirla sin ver es un problema. Su mano presiona la tapa muy fuerte, la otra hace crujir el plástico cuando la abre. La tapa cae, no nota donde, y no le importa. Se hidrata, y comienza a agarrar la chaqueta con el logotipo del sitio. La música está a nada de finalizar, y cuando el traje es tapado por la chaqueta, ve a Tendo posar en el centro, pero no esperando la victoria.
Ella solo, se agachó, como la rutina de Claudine, la reconoce, pero sus giros, en un solo pie, son más rápidos, y por más tiempo. Su listón forma un circulo morado de la rapidez que gira, y pronto, se levanta, aún en un pie, extendiendo la otra pierna abierta, y se desliga del centro. Gira en infinito, aquel dibujado "8" en el suelo es la muestra de cuanto puede resistir su pierna todo su peso, mientras la otra sube junto a sus brazos, y la sujeta, para volver a girar y dar fin a sus piruetas por fin.
Claudine al fin puede inhalar algo de aire perdido, y se va, con la botella destapada, ni siquiera desea esperar a verla llegar.
Se une rápido a los vestidores juntos a los que se preparan. Una pausa de 10 minutos, el hielo se debe pulir y limpiar. Saijo y Tendo marcaron la pista, le quitaron partículas blancas cada vez que cambiaban de rumbo. Y las marcas dibujadas, una sobre la otra, o al lado, o cruzadas, debía ser borrado.
Por suerte, no hay muchos aquí, las chicas hablan con sus entrenadores, su propia profesora acaba de darle una palmada como felicitación, y se lleva el agua, la acompaña a que se cambie, pues ahora toca descansar y esperar resultados.
Cuando cada patinador terminaba, se usaba una camiseta con el logotipo estampado en los hombros, y el nombre y país de cada persona en la espalda. La bandera de quién representan, y los acompaña una falda.
Saijo se cambia a este uniforme más relajado, se quita el disfraz de baile, y es la única que acompaña la falda con unas medias oscuras debajo.
Cuando sale, para despedirse de la profesora que todo le ha enseñado, y solo vino para acompañarla a este país por la competencia, no puede saludarla como quiere. Su rostro se ladea a la dueña del moño molesto y coreografía perfecta. Detesta como sabe su nombre, y como la otra no debe tener idea del suyo.
La ve entrar, seguro a cambiarse, y le sigue una mujer que presume es su entrenadora.
— Estuvo muy bien tu turno, Claudine. Seguro vas a pasar, ahora apresúrate y ve con las demás. —
Hubieron algunos elogios más, pero no los escucho, solo deseaba no perder de vista a esa presencia tan asfixiante.
Se despide entonces, quien le enseñó todo lo que sabe, le da un toque amable en su espalda, y se va junto a los demás tutores.
Saijo se une a los otros 8, con ella, 9. La última en llegar fue la decima, Tendo Maya. Nunca se enteró del todo si fue la más aclamada a diferencia del propio aplauso que ella recibió, y tampoco tiene ganas de compararlos a estas alturas.
La recién llegada, con el cabello recogido con prolijidad, pero usando aún la misma cinta, ¿Ni siquiera se ha despeinado de las vueltas innumerables que ha dado? Prefiere ya no mirarla, y se comienza a nombrar a los diez patinadores de esta fase por el alta voz, era momento de concentrarse.
Las diez chicas, la cámara enfoca el pecho izquierdo de cada una donde se apoya la bandera de las jóvenes. Alemania, Francia, Japón, Italia, Estados Unidos y Rusia. Las integrantes de esta fase eran la mayoría de repetidas naciones.
Dos de Alemania.
Dos de Estados Unidos
Una de Francia, ella.
Dos de Japón.
Una de Italia.
Dos de Rusia.
El altavoz empezó con los honores, nombrando todos los nombres y apellidos, a sus entrenadores respectivos, y felicitando a los llegados en las gradas.
Bien, conoce este procedimiento como nadie.
" — A continuación, se nombrarán las cuatro participantes que irán a los Cuartos de Finales, mucha suerte a todas. — "
Se aplaude, y puede ver a lo lejos a su madre pararse, y seguido su padre, siguiéndola, desde la distancia, aunque no los vea, seguro están llorando, aún ni siquiera ha sido nombrada. Su familia es lo mejor. Siente suerte, afortunada es en tener un apoyo así de grande, lo supo y apreció mejor desde que conoció, mejor dicho, vio, a ese hombre actuar así, con la decima.
Respira hondo, y espera, pues no es al única. Todas lo hacen, tarde o temprano, menos una, y le enferma el estómago ver quien es, a su lado, la japonesa natural no se mueve, casi ni parece pestañar. La voz de antes, vuelve a llamar, y recibe suma atención, de las gradas y de las patinadoras que enfilan una al lado de la otra. (Por desgracia, le ha tocado estar entre Japón y EE.UU.
" — La primera finalista es Aijo Karen. Representando a Italia. — "
No, no es su nombre, pero ladea un poco la cabeza hacia la izquierda, y nota que es una representante de Italia., quien sonríe, hace señas con su manos, y saluda a la cámara con tanto entusiasmo, esta bien. Muy energética para un cuarto de final, pero no presta atención demás.
" — La segunda finalista es Kagura Hikari. Representando a Alemania. — "
Tampoco es su turno, y comienza a impacientarse. Sus hombros se elevan, nervios atacan su frente, que por suerte su flequillo puede tapar. Pero no debe esperar tanto para el tercer nombre. La cámara se mueve a su derecha, y la sigue, ve a una pelinegra, de mirada similar a muerte en alma. Parece aburrida de estar allí, pero al menos se le ve una corta y diminuta sonrisa de un segundo y asiente con la cabeza como respeto y agradecimiento.
Inhala más fuerte, para soltarlo.
" — La tercera finalista es Saijo Claudine. Representando a Francia. — "
Sus hombros caen, cuelgan sus brazos, pero al instante se recompone cuando la cámara enfoca su rostro, lanza un beso, sabe que sus padres la andan mirando, y se gira para saludarles a las gradas.
La cámara ya deja de enfocarla para dar paso a la última. Y como si le importara, cual no debería, mira para su izquierda de nuevo, esperando que la castaña muestre algo.
No, no es el caso, no hoy, ni esa vez. Ese rostro en blanco le dice que es mejor apartar la mirada.
" — La cuarta y última finalista es Tendo Maya. Representando a Japón. — "
Y solo en esta, siente el aplauso más fino, lo normal, su país apoyando a la única que ha pasado. Pero no sabe, no comprende si siente paz en ver un rival así en las semi-finales, o sentirse completamente estresada por como el rostro de la otra sigue sin mostrar nada.
Una sonrisa, corta, de un segundo, cuando la cámara le captó, pero luego desaparece fácil como llego.
Si, lo esperaba, no le defrauda, no hubo saludo a nadie, y su cabeza se movió en el más pequeño movimiento como asentimiento. Fue peor que la de Alemania.
Su mente bloquea cada recuerdo desde ese día, desde que se mencionaron las finalistas, por suerte, debería solo poner atención en como vencer a su rival en esta fase. Hubiera deseado que le toque la representante de Japón, pero no fue el caso.
Pasa la semana, muy rápido, y ya le toca competir contra Kagura, la representante de Alemania. Asume que Tendo estaría en batallas con la primera finalista, la joven de Italia. Aijo podía ser presa fácil para Tendo, o eso desea creer.
Va en el auto de su padre, con su madre, camino al gran salón para prácticas, le han tocado 3 días de prácticas seguidos. Su instructora le dice que esta bien con lo que hacen hasta ahora, y que tranquilamente y con relajo podrá arrebatar gloria a la alemana.
Es el día, Kagura y Saijo hacen sus performance con más brillo, aquí cuentan con mejores disfraces, más luces, y la música resuena con más potencia que esa vez. Se nota cuando solo quedan cuatro y la presión resuena en los oídos de todos.
Primero inició Kagura, lleno de luces azules, su vestido es parte azul y negro en mallas debajo. Tiene un broche bastante llamativo que brilla con las luces cuando hacen contacto bajo el centro. La luz blanca se apaga cuando termina su turno. Los aplausos podrían rivalizar entonces con los de Tendo, pero por alguna razón, ella no puede oír los suyos propios. Nunca los recuerda resonar, pero ve a la gente alabándole, solo los pasa por alto, por algún motivo que no sabe y desconoce.
Siempre, todas y cada una de las veces es porque se entromete la japonesa. Pero no hoy, no estará hoy.
Y la rubia es feliz de creer eso, aunque ambas cabelleras castañas estén en el público, mezcladas en una zona alejada y alta. Tendo padre e hija parecieron venir a ver esta batalla, para calcular el calibre de los rivales, y dar más ánimos al corazón de Maya para el día de mañana, cual tocaría pelear con la italiana.
La francesa es feliz en la ignorancia de este hecho, y nunca los nota. Su performance es limpia y sublime, ahora se suma su flexibilidad, a diferencia de la niña del listón, quien usa la agilidad y dócil feminidad. Saijo demuestra como sus piernas pueden moverse en saltos y ser coordinados para caer con gracia sobre el hielo, quien la recibe salpicando sus gotas congeladas y un ruido seco. Sus patines salpican más en cada parte, si, Tendo le enseño que debería cubrir más áreas, termina aprendiendo de los rivales. Su entrenadora le hizo ver vídeos grabados de cada finalista, Y más de Kagura. Se cree capaz de ganarle, pues sus movimientos eran elegantes pero rudos en furia, rapidez, y pasión. Podría quemarte, el cabello se movía cuando pasaba ella por el hielo cercano, dejando una corriente de aire.
A su diferencia, usará el encanto francés de siempre, la melodía es distinta pero solo reconoce los géneros que acostumbra y se le dan mejor.
El encanto de Claudine es algo que pocos poseen, el uso de brazos, para dedicar escenas a los que ven desde los asientos, sonrisas, y trucos a ojos cerrados.
Ahora se puede dar cierto lujo, el gran salto que ha dado la molesta mujer.
Todo sea para eliminar a Hikari Kagura, un fuerte oponente, pues ha sudado gracias a ella. Siete minutos sobre hielo, estando más que la alemana, quien ha usado solo cinco y medio para su coreografía.
Este es el pase de victoria, pues esta vez no se cambian, ambas van al centro, esperando el resultado.
Esta vez, a diferencia de esa, los rubí no tiemblan de un lado a otro, sus hombros no se elevan, pero mantiene una sonrisa esperanzada de oír su nombre.
" — A continuación, se dirá el nombre de la primera finalista, que acudirá a la próxima fecha y podrá participar por la medalla de Oro o Plata. — "
Esas palabras "medalla de oro" bastan, se pone más recta, y siente que esta a nada de tener su primera medalla internacional, solo quedaba ganarle a la chica de Alemania, y a la otra finalista que se verá mañana.
" — La Finalista será, Saijo Claudine, representando a Francia. — "
El aire la abandona, pero siente que todo el esfuerzo vale la pena, y entre los aplausos que parece ignorar, siente el grito orgulloso de su madre.
La cámara se acerca por segunda vez a su rostro, y solo logra sonreír feliz, saludar, hacer señas con las manos y volver a besar al aire donde se encuentran sus amados familiares.
Ahora puede volver luego de saludar a la otra, que seguro debe conformarse con la medalla de bronce como mucho.
Ya no le importa ese detalle, pues la euforia de como mínimo ser segunda o tener la de oro, la completa. Ahora puede volver, y ya no levanta la vista a donde se encuentras los padres, o la llamada zona VIP. Donde reposan los padres y profesores, y los mismos patinadores que desean visualizar, como es el caso de hoy, la batalla entre Francia y Alemania por quien iría a Oro y quién por Bronce.
Cuando ya está cambiada, puede ir a ver a sus padres y tutor, sin ruidos, ni gritos, ya la mayoría se ha ido, y solo quedan ellos. La madre copia su modo de felicitación como la vez pasada, un abrazo, y su padre saca un beso entre todos los cabellos dorados y dudados de su hija.
Ahora discute por ser quien lleve su bolso con ropa y pertenencias, guarda el celular, y cuando se gira para dejarlo dentro del bolso, nota algo en la banca alta.
Saijo es una niña curiosa desde joven, esto la ha metido en tantos problemas, pero no cambia, herencia materna supone.
Se acerca para agacharse y tomar lo del banco, violeta, y le bastan segundos para reconoce la prenda molesta. Desea con fuerzas que no sea lo que su mente reconoce.
— ¡Claud! Si no te apresuras no habrá helado para ti. —
— ¿Aún sigues con lo de helado en invierno? —
Podría sentarse y oír a sus enamorados y felices padres discutir entre abrazos y besos mientras ella queda con la tela entre sus manos. Discutiendo mentalmente que clase de broma despiadada es esta, o se siente perseguida, o se siente apurada. Prefiere gruñir cuando guarda la tela en su bolsillo, y se va rápido ajustando su bolso sobre su hombro.
El viaje de vuelta es algo inestable para la chica, su mano se aferra fuerte al asiento de atrás, donde se echa sobre su espalda, y suelta un pequeño grito. Sus padres notan la angustia, pero no dicen nada, no sacarán nada con preguntar, prefieren esperar y comprarle el helado. Vendrá con el tiempo a comentar cada problema cuando esté cerca de explotar.
Mientras, la finalista tiene una crisis en su mano formando un puño, dentro del bolsillo. La tela morada ha sido presionada con rabia y nervios, la saca un momento del escondite, la observa. La acaricia un poco, y clava sus uñas en el asiento con más fuerza.
Posee felicidad por lograr pasar las semifinales, y ahora estar entre las dos mejores, pero ese trozo usado le hace lagrimar, ¿Es miedo o temor? ¿A qué exactamente? Claro que desea vencer, a la de Japón, o la Italiana, pero su corazón sabe bien la ganadora del encuentro de mañana. Le pone más nerviosa, así que guarda el moño disuelto en su bolsillo de nuevo, privándole de cualquier luz.
— Papá, Maman, ¿Podemos ir mañana a las audiciones de la otra finalista? Quiero enterarme de quién será mi última rival por mi misma. —
El francés suena rápido, entonces los adultos leen entre líneas; que claramente es estrés, conocen de su hija, al final terminan aceptando, solo es un día a la noche. El precio a pagar es tener las rutinas en la mañana.
Así es como se planea ir a ver a la que cree dueña de la cinta perdida, tal vez se la devuelva si es que la ve. Y quién sabe, tal vez cruzar alguna línea en japonés básico, tampoco es que quiera entablar alguna conversación, y tampoco es que entienda el idioma como para llevar una.
La blonda al final descansa en su cama, pasan dos horas mirando el techo, ella y la cinta al lado de su almohada. La golpea con su puño, despacio, como si hubiese miedo de romperla, y al final se duerme entre las sábanas de tres tonadas de su bandera.
El día llega, se cambia, y su profesora la atiende en la zonas de prácticas. Suda, sus piernas duelen, ni un día de descanso desde entonces, y sabe que apenas podrá soportar la última competencia y cuando sus patines se den un descanso, podrá ver seguro las zonas rojas a punto de formarse ampollas, es lo normal.
Las horas pasan, y se pone su nueva coreografía que será para la semana entrante, la última semana del mes.
Cuando vuelve a tomar sus pertenencias, la alarma de su celular le recuerda que en pocas horas es la otra semifinal. No es como si lo olvidara, o si fuera su competencia, pero claro que desea asistir, y un recordatorio demás no venía mal. Es cautelosa, no llama la atención de nadie cuando sale, y en casa, se pone las ropas que más cómodas le quedan, chaqueta, jeans, y una bufanda por la cantidad irreal de frío que siente en este país.
Es llevada de nuevo a este sitio que ya conoce, y su pase les facilita a ella y a sus padres la entrada a la vitrina VIP donde se puede ver mejor hacía abajo la pista. Se sientan en las banquillas, y ella escoge de forma inesperada la misma donde se encontraba el listón el día anterior. Y se nota que este es el mejor lugar para ver a los patinadores desde la altura. Así entiende que si quien cree es la dueña del par perdido se había sentado aquí, comprende las vistas que ha tenido ahora.
Comienzan a llegar los demás, hasta el punto de llenarse en unos 40 minutos, y tan pronto, los jueces hacen presencia, y todo comienza con Aijo.
No presta tanta atención como deseara, pero busca defectos en su coreografía, y solo encuentra algunos desde la lejanía. Sus piernas parecen flexionarse demás por el miedo a caer y lesionarse. A diferencia de Kagura, de Tendo y de ella, quienes siempre caían con las piernas extendidas. Aijo era más cerrada a ese tema, curioso, y poco llamativo. Eso los jueces lo tendrán en cuenta, pero algo carece, no hay brillo, no se siente emocionada al ver este ritmo, ¿Es Italiano? guitarras, es lo único que oye de fondo y parece encajar con sus movimientos. Hay pocos trucos bajo las luces rojas, prefiere jugar con la gracia como la rutina de Saijo, y la rapidez de Kagura. Pero ella no lo siente tan maravilloso, y tampoco siente enormes aplausos, sino los presenciales como agradecimiento por el esfuerzo. Tal vez, solo no encajó con su gusto.
El altavoz la hace moverse de su silla, se llama a la otra restante, la única que compite por el nombre de Japón. Sus manos aferrándose a cada cosa distinta, una al apoyabrazos y otra en el moño ya arrugado bajo su puño.
Si esta era la dueña de ese problemático listón, no parecía. Fue reemplazado con otro soporte en su cabello, una cinta roja y blanca, como la bandera de su nación. No esta mal, pero no le queda para nada, ciertamente le iba más el morado. (Como si ese dato importara realmente).
El traje es blanco, y sus patines ahora son rojos de suela. Combinan, y la luz gris gris es su sello personal esta vez. Su cuerpo se endereza más al ver el inicio, entra lento, la música va en lentitud, su forma de moverse la sigue. Ella dibuja compases en el hielo, apenas notables, lo cual es extraño, como si tuviera piedad en no llamar la atención para la pobre representante de Italia una mínima esperanza.
La pausa se hace, ya no hay música, y solo está ella en el escenario que se vuelve negro por un segundo. Bueno, es de esperarse que ha pedido más efectos de luces para su coreografía. La performance de la asiática es limpia y pulida, y cuando la luz regresa, los espectadores son bienvenidos con un par de piruetas, otra pausa, y al final, se suelta. La pequeña cámara personal puede enfocar el momento exacto donde Maya parece disfrutar de la batalla silenciosa de ballet.
Se forma unos pasos con nombre, reconoce el paso mejorado de la primera en Top diez, pero mejor, un salto más alto sorprende a la gente, es largo. Su cabello la acompaña con tanta gracia que Claudine se hunde en el asiento. Si la cinta le pertenece a ella, ciertamente no desea conservarla, y ya sabe quién va a ganar esta ronda, y quién será su rival la próxima semana. Olvida que sus padres pueden ver como la crisis aumenta. Cuando tocan su hombro, parece despertar, pero el fucsia no deja de ver la cancha, acaba de encontrar miles de infinitos dibujados en el piso gélido. Son perfectos, grandes, y abarcan hasta cerca de los jueces. Lo vio, como se paseaba con gran porte, como si supiera que la medalla de oro sería de ella. Esa confianza, es su brillo, la sonrisa engreída que se forma cada tanto, cuando Tendo cruza frente a la sentada Aijo, quien solo la mira desde detrás de un vidrio, en la banca. La italiana no parece triste, aun con ver el trabajo grande y como está siendo aplastada por aplausos cada vez que se hace una pirueta o dibujo exacto. De hecho, cuando la cámara enfoca a la castaña, la nota hasta feliz y sonriendo, seguro ya se conforma con competir por una de Bronce. Claramente, no desea para nada que ese sea su mismo final. No le ha ganado a tantos por nada, y Tendo necesita borrar esa sonrisa engreída de su rostro, y va a ser la razón de que eso suceda. Lo jura por dentro, y su labio le recuerda el dolor de tanto ser mordido.
Se decide, ni siquiera quiere escuchar el veredicto final, así que se queda solo un segundo detrás de sus padres, suficiente para sentir el altavoz dando el veredicto de quien podría ser su verdugo.
" — El Finalista en esta ronda será, Tendo Maya, representando a Japón. — "
Si hubo más alertas, de que Aijo y Kagura deberán acudir en otras fechas para el tercer puesto, no lo escuchó, solo cuando su familia decide levantarse y ordenar todo, recuerda que hay algo en su bolsillo, casi parece quemarle la palma.
Esconde su rostro entre lo que queda de bufanda, sus manos en sus bolsillos, y su puño en rabia viva atiende personalmente al molesto trozo de tela, que va perdiendo el olor con el tiempo. Ese mismo que no la dejó dormir por horas.
— Tendo Maya, voy a borrar esa sonrisa de tu rostro. —
Sentencia en voz baja, esperando que la ropa que cubre su cuello ayude a resguardar su promesa y no sea escuchada por los familiares. Todo a raíz de ver la toma exacta de la sonrisa mal creada en la castaña, que se abre paso en cada televisor. Solo la deja en paz esa imagen exasperante cuando salen del recinto.
La niña jamás a mostrado saludo alguno, no dedica sus victorias a nadie, solo existe para asentir.
La semana se pasa lenta, insufrible. Las últimas dos chicas se enteran que la medalla de bronce se disputaría un día antes de su fecha. Para cuando sean premiadas, la otra restante recibirá la manchada medalla del tercer lugar, mientras que el nombre de la cuarta no quedará nunca en ningún libro o página. Siempre se premian a los tres primeros. El cuarto es más que invisible e inexistente. Se pasan cada tarde entrenando en el lugar, 4 días para una, y 4 días para otra.
Los tiempos se marcan, los entrenadores platican con los superiores sobre las luces y canciones, y así es como llega la fecha.
Alemania reclama su premio como tercer puesto, por encima de Italia, Kagura Hikari entrará en las listas como bronce de este año.
Y hoy, se disputa la de Oro y Plata. Está lleno, cada grada, cada asiento, lo normal, la última del año para juveniles.
Y así es como se da, los turnos se debatieron al azar, con una moneda básicamente, y nota como la posición en la que quedes puede favorecer un resultado o empeorarlo.
Saijo irá primero. De nuevo, y no desea que esto fuera así, normalmente Tendo va de últimas y termina opacando, y puede que de alguna forma, cegué a los jueces.
Claudine ha escogido está vez, para su final, un romántico, un lento y pasional balada fuerte y potente para sus curvas y trucos. Su traje consiste en algo simple y delgado, marca su figura bien, para acompañar, su cabello recogido con una coleta naranja y blanca, que entona con su traje, el cual no solo trae el anaranjado en todo esplendor brillante, sino hay blanco, y un cinturón con un listón azulado atrás. Muestras claves que era de Francia, solo que el rojo fue tachado para usar solo característico color mandarina.
Los movimientos son de suma experiencia, no hay defraudo en su forma de llevar la coreografía. La mitad europea hace cada rutina aparte y bien trazada. Claro, abarca todo el escenario, las luces juegan a favor, más que la vez pasada. Se encienden e iluminan más o menos cuando la música sube o baja rítmicamente. Los espectadores y otros patinadores de experiencia dirían que lo hace fabuloso. Pero todo empeora cuando al terminar, su pose estrella, la única que hace y conoce para proclamar el centro, la deja cara a cara con la mujer de ojos amatistas. Nunca pensó encontrar el lila entre tanta cantidad de gente, y los espectadores tienen luz baja, para que los patinadores no vean en algún sitio fijo y se confundan. Aún así, la pudo ver y reconocer, esperando su turno con una calma inquebrantable.
Solo enciende su ira, y la llama se extiende en su cuerpo cuando se efectúa la pose con gloria.
Las luces se apagan, y solo se prenden para dar gracias a los jueces de frente, y salir de la pista. En esas choca hombro casi de forma violenta, una va y otra viene, en sus mundos claramente. Desea gritarle, pero Maya ni siquiera podría entender sus quejas en su idioma natal. Prefiere dejarlo pasar, ni siquiera conoce su voz o su nombre. Solo chasquea con la lengua y se va junto a su tutora.
Es turno de la performance que definirá quien gana y se va a casa con una victoria. Entonces la mencionada y llamada por altavoz aparece. Un silencio se forma en el gran salón, y es odioso.
Aquí es cuando se entera la tonada de baile que acompañara a la rival. Es una orquesta de sinfonía, entonces deduce que la cantidad de altos y graves ayudarán a efectuar trucos y caminatas.
Efectivamente, como pensó, a veces parecen tener la misma imaginación cuando se refiere a esto. Tendo danza en el albino suelo limado, caminatas desde espaldas, el pelo sedoso la acompaña con la brisa y solo le hace quedar bien. Entonces los tonos fuertes y graves comienzan a aparecer, y salir, una y otra vez. La cantidad de trucos y piruetas, de giros, suspensiones, son observadas con mente fría por los nueve jueces, pero puede sentirlos, como anotan en los papeles cada que algo sale bien. Hay trucos obligatorios, y aún no ha visto ni uno en Maya, esto le da esperanza, tal vez solo lo olvidó y es su paso a la victoria. Cuando se esperanza, Tendo le recuerda cual es su lugar, pasando frente al vidrio, justo frente a su cara, con aquel obligatorio femenino: Una secuencia de ángeles reina en el hilo. Un ángel es parte de un movimiento simple, sobre el hielo se camina sobre un solo patín, y la pierna restante se mantiene elevada por encima de la cadera en un ángulo perfecto. Sus manos sostienen la pierna desde atrás, y así demuestra la misma flexibilidad que Saijo, o hasta en un punto mejor, pues seguido, sale la siguiente pirueta baja, y giros incontables hasta formar el último infinito, dedicando la última mirada al público. Por esta vez, Claudine deduce que no mira a nadie, ni le dedica esto a nadie. Ojalá no se derroche una derrota como esta en una persona así. Termina al fin la insufrible y perfecta performance de Maya, y cuando la ve girar, recién puede notar que olvidó su estúpido lazo de moño en su chaqueta, encima de la cama desde el día anterior.
Ambas finalistas, y Kagura, aparecen, la última ha venido para la ceremonia de cierre, pero aún se disputa el primer y segundo puesto. Claramente, Claudine cree que esta vez ganaría, aunque no haya tenido la cantidad insana de acrobacias como Tendo, su romántico de baile y sus movimientos de cuerpo bastarían.
Ella vuelve a equivocarse, cuando el altavoz le grita en la cara quién irá con la medalla de oro a casa.
" — ¡Tendo Maya es la ganadora de la medalla de oro! Felicidades, disfruta el primer puesto. (...) — "
" — Saijo Claudine se queda en medalla plateada, en las finales en Japón. (...) — "
Simplemente no puede oír más frases. Sus oídos se sienten como si estuviera bajo el mar. Y su rostro está en blanco, pálido. Los rubí aguantan lágrimas, pero se ven como cristal a punto de romperse.
Se siente humillada, subiendo al podio de estatura media, el segundo lugar.
Kagura en el más pequeño, y Tendo, en el más alto, estando tan cerca a un solo paso, pero a un lugar donde ya no puede llegar. Saijo no puede oír nada, la rubia está perdida, como si le han robado algo.
Maya solo sonríe cuando hay cámaras, pero la "felicidad" se le va cuando no la enfocan. ¿Por qué? Se pregunta, "Por qué darle una victoria a alguien como ella". Alguien que no siente el deseo o la pasión o solo la siente cuando compite. No la merece. No merece ver como el dorado medallón adorna el cuerpo de la castaña. Como la azabache se conforma con el marrón opaco con una sonrisa diminuta fingida para la cámara, y como le dan a ella misma la plateada de segunda. Este consuelo de segunda, no lo quiere. La pequeña estatuilla que les dan al segundo y tercer puesto tampoco. Es pequeña, no es dorada como la que tiene Maya entre brazos, que sonríe para la foto, pero al girarse, solo le dedica una mirada. Para irse pronto con ese sujeto. Ese extraño ser que no le dice nada, solo le palmea la espalda dos veces y la lleva a vestuario.
Ella copia ese camino por última vez, y se quita la medalla que parece quemarle. Pesa en su cuello, no puede soportar tenerla puesta un solo minuto, y solo la usará cuando las cámaras enfoquen y cuando salga del recinto al cual no desea volver.
Se cambia, la ropa no sufre rasgaduras por suerte. Todo es metido en el bolso, y cuando la ropa casual surge, al fin puede irse, aunque sea obligada a ponerse la maldita medalla colgando. El trofeo es dado a su padre, quien está feliz como su madre. No logran conectar, pensaban que su hija lo iba a tomar como veces anteriores donde ha quedado en la misma posición en Top.
Se ofrece a ir por helado de nuevo, pero la rubia ni siquiera le mira, solo se encamina al auto del estacionamiento, para responder que no trae ganas de uno concretamente hoy.
Apenas llega a casa, la medalla se tira encima del escritorio, sin anhelo o cariño alguno por su esfuerzo, y se hunde en la cama, su cuerpo duele, y no desea atender los mensajes de su tutora ahora. Apaga el celular, lo deja en la mesa de luz a su lado, y se retrae contra la almohada. La abraza y llora, por fin en la privacidad de su cuarto, se le permite ser ella, no es como si sus padres no la dejaran, pero la incomodidad sería demasiado. Prefiere que le vean después de llorar, no durante. Así es como la noche cae y duerme, abrazada a la almohada, el conjunto de mantas calientes, y su chaqueta a los pies de la cama.
La noche es de la peores, se despierta en madrugada, y ve una taza de leche y galletas. No puede evitar sonreír y agradecer al aire.
— Gracias Maman, siempre eres tan amable. —
La felicidad le inunda un momento, come la galleta, y traga un poco de la leche. El nudo en su garganta baja, han pasado unas horas y está mucho más calmada.
No, no prende el celular, y no desea hacerlo durante un largo tiempo. Prefiere seguir desayunando a las cuatro de la madrugada, cuando la luz de la lampara le recuerda la chaqueta arrugada.
Ah si, también recuerda el robado listón asqueroso de la usuaria que robó su brillo. Si, brillo, eso se quedó Tendo, toda su pasión, ansias, hambre de escenario, se lo llevó todo y cada parte de ella. Esta derrota no es como otras, el afán de mejorar, ahora es más personal.
Claudine lleva horas pensando, nunca notó cuando su mano se entrometió en su propio bolsillo, y de forma sutil cogió la punta de la cinta, extendiéndola en la cama.
La estudia, examina con cuidado, parece algo golpeada, por la vida y años, ¿No es nueva? Para nada. Tal vez es un objeto personal de la suerte, o algún regalo, y ahora podría hundirse en miseria, tal vez ella tiene el trofeo pero no la cinta. Y este es su único consuelo. Que un moño morado gastado sea más importante que la medalla que se encuentra abandonada en el escritorio.
Pasaran años, y privaría del lujo de la cinta a aquella mujer, como ella la privó del primer puesto y Oro.
Japón reina sobre Francia, pero la guerra aún no termina. Decide que lo mejor esta por empezar, y su interior parece prenderse.
Tendo podía quemarla, era un fuego extraño, difícil de tratar o entender, y al final, solo fue la chispa incendiaria para la flama de Claudine. Maya deberá prepararse la próxima vez. De seguro encontrará paso a paso a la otra prodigio asiática en otros torneos, pero toca esperar.
— Tu solo espera, Tendo Maya. Cada centro y Top uno va a ser mío, cuando te vea en el podio debajo de mi, te la pienso devolver. —
Le susurra a la tela entre manos.
Se deja caer en la cama por última vez, intentando reconciliar el sueño. La chica de catorce comprende esto como la primera quemadura en invierno. Japón le dio nuevas vistas, y solo marcan su camino al futuro éxito.
Siete años pasan, nunca ha vuelto a toparse a la misma persona, de hecho, para entonces, ni siquiera recuerda el nombre completo de la dueña de esa tela que usa como muñequera cada vez que practica en la actualidad.
Su tutora es otra, pues, su especialidad es la modalidad en parejas, con un hombre de Francia también. La pareja dinámica se cree, ganando varios torneos clandestinos y oficiales a nombre y renombre. Saijo sigue su vida normal, desde aquella derrota de cuando era adolescente, sus padres la cambiaron a parejas, pensando que sería lo mejor.
Lo fue, claramente. Ella ha brillado demasiado, al punto de salir una vez en secciones de revistas en la parte de deportes. Nunca las lee, pero cada tanto las ve por culpa de sus padres y su orgullo de recortar cada foto o reportaje que da a los medios. Si, fueron el mejor soporte, junto a la rabia de la cinta que aprendió a ver en su mano. Tanto fue así, que aunque no recuerde el propósito inicial de la misma allí, solo le basta acariciarla cuando está triste. Todo se renueva, y el hambre de triunfo regresa, la usa cuando Claudine olvida quien es cuando hay una caída o derrota. También la ha usado para secar la sangre de sus ampollas. Ha sido su pañuelo temporal cuando llora y debe secarse el rostro. También cuando debe quitar el sudor de su frente. Ese trozo gastado, sigue con el vivo color desde siempre, los años no le quitan la buena tela sedosa. Ya forma parte de su vida, y se vería difícil que no la tenga un solo día de su vida. La quita cuando se baña, pero cuando toca salir, regresa a ella.
Siete años bastan para que la chica aprenda el idioma y pueda vagar sola sin miedo por las calles, los 21 años que posee actualmente le da varios privilegios, ya no necesita ser llevada y traída por sus padres, aunque es una chica mimada, aún vive con ellos, y también la llevan a sitios lejanos, cuando hay competencias.
Al menos, eso pasa hasta que toca Tokio. Capital inundada de luces en la noche. Por desgracia, logra chocar con un puesto de revista, y curiosa como es, eso jamás se ha quitado de su encanto, ve la portada de una revista extraña. Cuando la agarra en manos, su mano adornada tiembla. ¿Es posible que una zona de su cuerpo reconozca más temprano algo que su mente? La diestra se une a su muñeca, tapando la cinta como instinto. Como si algo malo ocurriría si alguien la viera allí.
y comprende, que todo se basa en el reconocimiento de la que sospecha es dueña antigua del moño.
En una portada. Con un hombre. Con un título llamativo, siendo proclamada la mejor pareja ganadora en "EE.UU e Italia dos años seguidos".
Se olvida respirar, se le olvida como. No, no recuerda su nombre todavía, pero sabe quién es, su pesadilla por lo que cree alrededor de un año, estaba en el extranjero triunfando, mientras ella arrasaba de a poco ganando el amor de la gente en su propio país. Los roles se invierten.
Según la nota, la cual debió pagar, pues su mano abolló parte de la revista y debió pagar el daño. Se va a una banca para leer más tranquila la nota periodística.
Son preguntas, que solo son respondidas por el hombre en su mayoría. Recién encuentra el nombre de Tendo, cuando la nombran para una pregunta en específico.
" — Esta es para Tendo, ¿Planeas venir a la competencia en parejas de este año en Japón? — "
Se le olvida como pestañar, de nuevo.
" — Si, planeamos anotarnos en ella tan pronto volvamos. — "
La mirada carmín ya deja de leer, esta revista es actual nueva, la fecha le dice que es resiente, y la portada de la mujer se ve odiosamente estupenda.
Si, cae en cuenta que el destino desea unir viejos rivales cuando ambos cambian modalidades en estos siete años. Y aún así volver a encontrarse, en el mismo torneo internacional, seguramente con una final como la de hace años. La bandera de Francia y la de Japón volverán a ser colgadas, y si su entusiasmo se lo permite, ganar la Internacional con Oro, a su vieja enemiga, a quien olvidó. A la maldita dueña de la cinta.
Quiere contarle esta noticia a alguien, pero su dueto no es lo mejor, no es como si fueran amigos, su relación era simplemente profesional, de colegas. Su familia tampoco, ¿Cómo decirle que la cinta que usa siempre hasta para amarrarse el cabello era de alguien, a quien volverá a ver en las Internacionales de nuevo, y desea una revancha a pesar de que han pasado años? Es una noticia de uno, y se la guarda en el corazón, como a la revista presionada en su pecho junto a su muñeca cubierta.
