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Jimin acababa de cerrar la puerta de su casa cuando escuchó un sonido extraño que provenía de fuera, cosa que le sorprendió, ya que eran las 9 de la noche y ha esa hora incluso los trolls estaban durmiendo. Además, Jimin, como buen hada del bosque, vivía en un pequeño cottage rodeado de árboles y naturaleza por doquier, lo que hacía aún más extraño el sonido que provenía de afuera.
Al escucharlo por segunda vez, su cuerpo se puso alerta y preparó los polvos mágicos en sus pequeñas manos por si debía defenderse del intruso. Suspirando profundamente avanzó hacia la puerta, manteniendo sus puntiagudas orejas alerta en todo momento, y observó el exterior por la pequeña ventana de esta.
“Que extraño… juraría haber escuchado un ruido, pero parece no haber nadie…”, dijo Jimin con el cejo fruncido. Fuera solo se podían ver los grandes árboles y sus tenebrosas sombras moviéndose por el fuerte viento.
“Ugh parece que va a llover” resopló y marchó rumbo hacia el cómodo sofá que le esperaba en el rincón de su pequeña sala de estar. Sin embargo, no había terminado de dar el segundo paso cuando el sonido se volvió a escuchar, esta vez con más intensidad. Por un breve momento a Jimin se le congelaron los pies y entreabrió los ojos observando su alrededor.
“JIN SI ME ESTÁS GASTANDO UNA BROMA NO ES DIVERTIDO, ¿ME ESCUCHAS?!!”, Jimin gritó con todas sus fuerzas, en ese momento estaba convencido de que Jin le quería gastar una broma de las suyas.
Avanzó rápidamente hacia la puerta y la abrió enfadado, “Jin enserio-”, pero no había terminado de decirlo cuando un pequeño gato color miel y de ojos destellantes, empezó a maullar tristemente.
“Oh pequeñín… shh tranquilo”, Jimin se dio cuenta de que no se trataba de Jin sino de un pequeño gato (no parecía mayor de 3 años) quien estaba haciendo tanto escándalo. Este parecía estar muy asustado, su pequeño cuerpo estaba temblando y no dejaba de sollozar, a Jimin se le partió el corazón, no podía dejar al gatito a su merced en una noche de tormenta.
El hada se arrodilló frente a él y le puso la mano enfrente para que le pudiera olisquear,
“Pero qué cosa más pequeña, eres adorable…”, no pudo evitar decir mientras lo observaba con ternura. El gato pudiendo oler la tranquilidad y magia que emanaba de Jimin no dudó dos veces en acercarse a él y empezar a restregarse en sus piernas. Esto Jimin lo vio como una invitación para poder acariciar la cabecita dorada del gato, y así hizo. El gato dejó de maullar al recibir atención de Jimin y empezó a ronronear felizmente.
“Escucha pequeño, ¿te gustaría pasar la noche en mi casa?”, le preguntó al gato, obviamente sin esperar respuesta, pero sorprendentemente, este maulló y Jimin interpretó esto como una afirmación a su pregunta.
“Ay que mono eres, nos lo vamos a pasar genial ya verás!”, exclamó con una voz llena de alegría cogiendo en brazos al gato y llevándolo dentro de la casa.
“Por cierto te voy a llamar sugar, porque pareces tan dulce como el azúcar, que te parece, ¿no es un nombre adorable?”, dijo dándole un fuerte achuchón al gatito quien refunfuñó frente al cariñoso gesto.
“Sugar no seas así, si no te comportas te dejaré sin cena”, amenazó Jimin.
Aunque su amenaza no fuera cierta, Sugar pareció haberlo entendido y se dio por vencido, dejando que el hada le diera todos los achuchones que quisiera. Jimin sonrió satisfactoriamente y procedió a hacerle un tour al pequeño Sugar por toda la casa. El gato, Jimin se dio cuenta, que sostenía una cara de aburrido todo el rato, pero no le dio mucha importancia y siguió enseñándole animadamente las habitaciones.
Horas más tarde, Jimin y Sugar ya habían terminado de comer una abundante cena, y les estaba empezando a entrar la morriña.
“Sugar me voy a ir a dormir ya que es muy tarde” dijo Jimin bostezando descaradamente y con una cara somnolienta.
Sugar al verlo emano un sonido parecido al de una carcajada, como si le pareciera graciosa la situación, pero Jimin estaba demasiado cansado como para darse cuenta de eso y puso rumbo a su pequeña habitación.
Una vez acomodado en su pequeño colchón, envuelto como un burrito con la colcha, se percató que Sugar se encontraba al margen de la puerta viéndose un tanto cabizbajo y maullando ligeramente. Este parecía estar pidiendo permiso para dormir con el hada y Jimin se puso a reír, pareciendole de lo más divertida la situación.
“Sugar pequeñín ven aquí” dijo dando unos pequeños golpes en el colchón. Sugar sin pensarselo dos veces corrió rápidamente hacia el borde de la cama y saltó encima de esta. Jimin, quien se encontraba observando los manierismos del gato con ternura, levantó la colcha para que Sugar pudiera acomodarse dentro.
Y de este modo, mientras la tormenta cogía intensidad y el viento hacía crujir los grandes árboles, Suga y Jimin, envueltos en calidez, cayeron en un sueño profundo.
