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ALONE —Al1—

Summary:

Mingyu se ha esforzado mucho para obtener todo lo que necesita para ser feliz, tiene un buen trabajo, una casa bonita y vive junto al hombre que ama. Solo espera tachar un punto más en su lista, pero hay cosas que no pueden conseguirse sin importar cuánto luches por ellas.

"Muchas veces uno piensa que está preparado para escuchar la verdad, pero mírame ahora, llevo horas llorando solo porque alguien puso en papel algo que ya sabía".

Notes:

Historia inspirada en los Teasers individuales para el lanzamiento de A|1.

Chapter Text

No sabía cuánto tiempo llevaba observando el cielo, la mañana era demasiado fría, se percató de eso en el instante en el que abandonó su casa y sus pies descalzos se toparon con el gélido mosaico de la entrada, sin embargo, ni siquiera la oscuridad que aún reinaba en el firmamento lo hizo retroceder.

Avanzó despacio a través del sendero que lo llevaba a la salida, pasando a un lado de aquella piscina que mostraba en su superficie el vago reflejo de la luna a punto de ocultarse.

Dos relojes en el interior de la casa indicaban que eran poco más de las cuatro de la mañana, aunque uno de ellos marcara un par de minutos atrasados ¿O tal vez el otro se había adelantado? Mingyu tenía la certeza de que había pasado una eternidad frente a ambos relojes tratando de descifrarlo, le intrigaba que por tanto tiempo fueran juntos al mismo compás y que de un día para otro descincronizaran su tick-tack. Ahora el juraba que se volvería loco cada vez que pasaba junto a ellos, pero no era capaz de quitar ninguno de los dos.

Avanzó en la penumbra sintiendo cómo la alfombra de césped poco a poco se volvía más dura y afilada transformándose en pequeñas rocas que se enterraban en la planta de sus pies a cada paso que daba acercándose al peñasco.

El viento era cada vez más frío, más agresivo, golpeándolo desde la espalda como si el universo mismo quisiera llevarlo al borde del precipicio, deteniéndose justo cuando llegó al límite de aquel barranco que lo retaba a terminar por sí mismo con su miserable existencia.

Fue capaz de sentir cómo el mundo entero se quedó en silencio cuando estuvo a punto de dar un paso al vacío, como si este se sintiera decepcionado de ver que no avanzó más.

El sonido de las olas lo sacó del trance en el que había estado inmerso desde que salió de su estudio, llevó la vista varios metros más abajo y pudo observar la brutalidad del océano embistiendo las rocas a sus pies.

Suspiró pesadamente, consciente de que en otro tiempo esa escena le hubiera fascinado en demasía, pero ahora ni siquiera lo amedrentaba, realmente ya nada le importaba o tal vez era que lo único que representaba algo en su vida no estaba a su lado y él era el único culpable de hacerlo partir.

Fue esa misma culpa la que lo arrastró a la fría oscuridad del exterior, moviéndolo como a un títere hasta el borde del acantilado, la misma culpa que con su peso tiraría de él hasta el fondo del precipicio azotándolo contra las rocas donde terminaría una existencia en la que solo había hecho daño.

El castaño elevó la vista al cielo encontrándose con que los primeros rayos del sol se filtraban desde el horizonte a través de las nubes, tiñéndolas de tonos rosas, lilas y azules dando la ilusión de que solo faltaba un coro de ángeles para que las puertas del paraíso se abrieran ante él.

"Como si lo mereciera" pensó con un dejo de desprecio hacia sí mismo.

Fue entonces cuando una nueva ráfaga de viento helado se coló hasta sus huesos, haciendo ondear aquella camisa de rayas azules y blancas de la que fue consciente por primera vez hasta ese momento, un regalo de su esposo.

Ojalá puedas perdonarme —Susurró con voz melancólica a la nada, acariciando el borde de la tela que llevaba puesta como si él, a través de ésta misma fuera capaz de escucharlo—. Por todo.