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An appropriate punishment

Summary:

A Diego Brando le gusta que tengan cuidado con su ropa.

Notes:

En algún momento caí víctima de esta ship y francamente no me arrepiento de nada, más allá de que mi primer aporte a su tag sea un One-shot PWP. Si encuentro un poco más de creatividad me aseguraré de escribir algo un poco más profundo y no solo solo porno. De antemano disculpen los errores ortográficos y dedazos.
Y antes de proceder con la lectura: los personajes aquí mencionados con propiedad intelectual de Hirohiko Araki, pertenecientes a su obra JoJo's Bizarre Adventure, Steel Ball Run. Esto es sin fines de lucro, únicamente es por el mero gusto de escribir sobre mi OTP.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Pudo sentir perfectamente el momento en el que la corbata se deslizó por lado derecho de su cuello. El fino lazo de seda cayendo hasta un costado de su pierna, se hubiese asegurado de no ser por la manera tan sublime de encontrarse consumido por sus besos y sus dedos torpes intentando tan desesperadamente hacerlo deshacerse de aquella camisa blanca aun abotonada. Sus dedos que aprietan con firmeza el par de masas redondas y firmes que conforman su trasero, hasta escucharlo jadear contra su boca, hasta sentir la fricción que ejerce entre ambos con el ligero bamboleo erótico de sus caderas, conteniendo apenas el impulso de elevar su pelvis cada vez que siente que pierde ese contacto.
Sus labios deslizándose entre los suyos a través de aquel beso húmedo, incluso si ha mostrado tal valentía de morderlo en varias ocasiones. Sus manos aferrándose a cada centímetro de piel descubierta en la camisa mal fajada de Johnny, escalando por la curvatura de su espalda, deleitándose con el suave estremecimiento de su cuerpo entero, en continuidad con la manera tan exquisita de sentir como pierde el aliento cuando escapa de la cárcel de sus besos. Aunque los labios entreabiertos de Jonathan se vean aún más exquisitos por el color cereza que predomina en ellos, producto de la intensidad de sus besos y las mordidas que tampoco fue capaz de no otorgarle. Su pecho sube y baja con la misma intensidad, humectando sus labios deslizando su lengua entre ellos en breves espacios, condonando la necesidad otro beso. Aunque el verdadero motivo para el repentino cese de tan fluido caos es la pieza que recoge entre sus dedos, levantándola frente a Johnny como si quisiera demostrarle algo. Debe entenderlo, no es la primera vez que pasa algo así, le ha pedido que sea cuidadoso con la ropa y la pieza entre sus manos es un botón que salió volando de su camisa por la manera tan desesperada en la que el blondo trató a su ropa. La sonrisa cínica entre sus labios y las miradas indiscretas hacia sus manos auguran una única cosa una vez que el botón queda descartado sobre la mesa de centro y lo que pronto ocupa en sus manos es la corbata. Le ha costado una mirada despectiva, pero obtiene lo que quiere: su sumisión. Si fuera estúpido consideraría que ha obtenido su respeto, pero no lo es, sabe que el fondo pudo haberlo hecho a propósito, con el fin de obtener un castigo, pero no puede ignorar su naturaleza, apenas equiparable a la de un potro salvaje que aún no se adapta a su nuevo entorno, pero hasta el caballo con el temperamento más duro siempre termina sucumbiendo ante él, así que solo queda esperar su pronta sumisión.

Tiene conocimiento de algunos nudos cuando tiene que preparar a los caballos, y otros más que ha aprendido al simplemente jugar con las cuerdas, por lo que no resulta difícil inmovilizar ambas manos, por las muñecas, con un nudo espiral con su corbata. Su trasero se desliza hasta chocar con el respaldo de sofá antes de palmear una de sus piernas, admirando al tiempo la desnudez casi angelical del cuerpo de Johnny Joestar. Siendo apenas capaz de ignorar la punzada de su propio sexo, palpitando contra el pantalón que se rehusó a retirarse. Johnny por su parte parece buscar en su fuero interno la fuerza de voluntad para negarse a ceder contra sus demandas. Pero es la forma en la que Diego tira de la corbata, para obligarlo a acercarse, lo que ya no le permite pretender que no hará lo que le está pidiendo.

—Acomódate. —Le exige con voz autoritaria, ligeramente ronca por su propia excitación mal cubierta, volviendo a palmear su regazo como el recordatorio físico sobre el lugar en el cual lo requería. Ya no era una invitación, se trataba de una orden directa y casi impaciente por ser cubierta, sin ser capaz de esconder la brillante sonrisa, que seguramente Johnny moría de ganas por arrebatarle de la boca.

Independientemente de si aquello fue humillante o no para Johnny Joestar, terminó accediendo a recostarse boca abajo sobre los muslos del hombre británico. Ahogando en su garganta cualquier indicio que alimentara más el enorme e hinchado ego de Diego, pese a sentir un deseo descomunal por manifestar en dulces jadeos y suspiros rebosantes de aquel encanto, sobre todo por las caricias que recorrían a través de la piel desnuda desde sus hombros hasta sus asentaderas, pasando de largo su miembro casi completamente erecto que rozaba contra la tela de lino del pantalón de Diego.
Por su parte no existió reparo en la manera que Brando deleitó su tacto, acariciando con goce la textura suave de la lechosa piel desnuda en la espalda baja de Jonathan, así como su trasero contra sus manos, apretando con fuerza antes de azotar su palma extendida, con fuerza vibrante, deleitándose no solo con el movimiento y el ligero sonrojo de la zona impactada, sino también al ver como las manos de Johnny terminaban por cerrarse en puños con fuerza. Lo motiva otra caricia marcada, descarada y empapada por el deseo de su cuerpo, antes de volver a levantar su mano y dejar que el sonido del azote no fuese lo único sino también un tenue y exquisito jadeo por parte de la boca de Johnny. Aquello lo motivó con suficiente pasión para asestar otra más casi de inmediato logrando un resultado más placentero y un enrojecimiento más marcado, por la fuerza aplicada. Aprieta de nuevo con fuerza toda la piel que es capaz de atrapar con sus manos, sintiendo la tibieza bajo su palma, que continúa extendida dándole un mínimo de atención hacia su miembro, tan olvidado en medio de aquel correctivo, pero es todo, no lo envuelve entre sus manos y lo deja allí sufriendo entre las sutiles pulsaciones rozando tan de cerca su pierna. Devienen más, nalgadas, procurando siempre que sea equitativo la distribución de sus golpes, guiado por el enrojecimiento de ambos glúteos, aunque por supuesto se detiene en el momento que lo observa con las manos lívidas por la fuerza que ejerce al mantener los puños apretados con la fuerza suficiente para cortar la circulación. Solo entonces se asegura de intentar averiguar que tan ajustado se encuentra el nudo que inmoviliza sus muñecas, acariciando su espalda con el suave toque gentil de la punta de sus dedos hasta los hombros. Existe un poco de hormigueo en la palma de su mano, pero puede disimular la ligerísima incomodidad, con ese breve descanso disfrazado.

—Voy a detenerme en el momento que comiences a suplicar para que lo haga. —No es tan despiadado como para someterlo mientras le grita que se detenga, pero también conoce perfectamente los límites de Johnny, sabe que alguien como él sabe admitir cuando los márgenes de dolor lo han sobrepasado. Pero aquella frase soltada casi al azar solo es un recordatorio que no está mal que tenga presente.
—Tendrás que esforzarte, porque hasta ahora no duele nada. —El tono de Johnny y la sutil mirada sobre su hombro lo deja inquieto y por supuesto con deseos de hacerle cerrar la boca en base a sus acciones, que por supuesto está en condiciones de demostrarle.

Da otro fuerte azote, que lo obliga a curvar un poco más la espalda y un jadeo más alto que los anteriores. Se asegura de provocarlo un poco más, tan solo lo suficiente para conseguir más de los exquisitos sonidos de su boca que contiene de forma tan celosa; atreviéndose a palpar de modo que termine por exponer su excitación con sumo descaro, con la forma en la que dos de sus dedos alcanzan a tocar la punta húmeda de su miembro, que derrama ese precioso líquido preseminal, dedicando apenas un par de caricias, que ni siquiera tienen un determinado ritmo para hacerlo sentir satisfecho o como si quiera seguir burlándose de su necesidad. Pero obtiene el suave vaivén de sus caderas. Precioso movimiento involuntario que evidenciaba de la forma más descarada posible su frustración por no poder terminar, aunado a un par de maldiciones que se esfuerza por mantener en tono bajo, y que sin importar aquello del mismo modo han llegado hasta sus oídos. Solo le arrancan un sonido gutural de profunda satisfacción, antes de volver a golpear su trasero. Uno tras otro, descansando solo en pequeños espacios de segundos, donde no se cansa de amasar su trasero con deseo mal contenido; el orgasmo denial para sí mismo es también un castigo casi tan disfrutable como el que ejerce contra Johnny.
Los azotes se extienden hasta notar las marcas de sus dedos pasar de un exquisito rojo cereza hasta un tono un poco más oscuro como el bermellón amenazando con volverse violáceo dentro de unos minutos; cuando le da la siguiente Johnny finalmente agacha la cabeza y deja de apretar sus puños, antes de pedirle en un suave susurro que pare, que ya ha tenido más que suficiente. Diego solo le da una extra, observando la reacción de Johnny, su cuerpo sacudiéndose en un ligero estremecimiento, además de permitir escapar un gemido un poco agudo. Lo ayuda a incorporarse sentándolo sobre su regazo, con la vista al frente y las manos a la altura de su pecho para desatar el nudo que hizo con su corbata. Y una vez deshecho, reparte besos sobre sus hombros, y cuello. Obtiene un poco más de respuesta, cuando sus dientes atrapan su piel en una mordida, justo en aquella singular marca de nacimiento con forma de estrella. Maximiza el estímulo cuando sus manos envuelven su miembro, tan desatendido, oprimiendo la punta rojiza sensible y húmeda por la manera en la que lubrica el líquido preseminal. Johnny presiona su espalda contra el pecho de Diego mientras le permite tocarlo, al tiempo que su cuerpo se arrastra lentamente hacia el borde del precipicio del placer por la forma en la que el hombre británico le susurra un par de palabras sucias al oído, pese a que le cuesta admitirlo son también las mismas que lo coaccionan a acercarse cada vez más al orgasmo. Aferrándose a sus manos queriendo marcar un ritmo que fuese más satisfactorio, que fuese lo que necesitaba en ese momento, mientras su aliento se entrecorta con ambos luchando por ser quien se lleve el premio al más dominante. Solo hasta los hilos viscosos del blanco fluido emerjan y se deslicen entre los dedos de ambos, y solo quede pululando en el aire el sonido del éxtasis alcanzado, junto a una respiración airada y el movimiento de bombeo que se vuelve cada vez más y más lento hasta detenerse.

Aun y cuando no ha atendido su propia erección en todo ese largo espacio de interminables minutos desde que Jonathan llegó a su propio orgasmo, donde él mismo se forzó hasta el límite para no terminar derramándose, motivado únicamente por el encanto ígneo del dulce vibrar de las cuerdas vocales de su amante al llegar al punto cúspide, aunque Johnny hubiese provocado con una intensa fricción cuando estuvo sentado en su regazo. Conoce el placer adquirido con la experiencia sobre lo disfrutable que se vuelve un orgasmo después de haberlo estado conteniendo, era una explosión más satisfactoria, y más si lo es restregándose entre el trasero irritado y lastimado de Johnny Joestar. Simplemente el ambiente se empapa con los jadeos mezclados de ambos, aterciopelados por gemidos cortos y algún pujido que escapa como vago intento por seguir escondiendo el placer tan grande que se niegan a aceptar puede ser otorgado por el otro; pero solo en el momento que se permite alcanzar el edén con la punta de sus dedos por la gracia del cuerpo de Johnny, solo queda en él el deseo de derrumbarse sobre su cuerpo hasta que encuentre la fuerza para incorporarse y deshacerse del desastre que ha quedado de los dos. Tan agotados como para recriminar algo a través de esas cómplices miradas que se cruzan en la antesala de otros muchos besos, que se morían de ganas por seguir compartiendo.

—¿Quieres que traiga hielo o estarás bien únicamente con una pomada? —Diego le cuestiona a la primer oportunidad que se permite entre ambos haciendo un énfasis al significado de aquella frase al acariciar cínicamente aquella zona necesitada de cuidado gentil.
—Solo la pomada, no quiero terminar con el trasero insensibilizado, creo que es aún peor que solo el ardor —hay un deje de ironía en sus palabras que, por supuesto no pasa desapercibido, porque ha obtenido una burbujeante risa como respuesta—. Al menos ahora es algo para poder reírse.
—Tu existencia misma es un chiste, Jojo. —Perfectamente anticipado a su respuesta por el mote que Johnny tanto detesta alejó su rostro lo suficiente para evitar un golpe—. Deja tu estúpida molestia para después, Joestar.
—Imposible teniéndote a tu horrendo rostro de frente, Dio.
—¡Wryyyy!

Notes:

Esto nació a raíz de una ¿conversación? No sé como definirlo, pero definitivamente tenía que desarrollarlo después de leer tan buena idea, aunque no fue tan textual a como se planteó en un inicio.

Con mucho amor se lo dedico a mi amigo Zuzu. 🖤

Sin más que decir, nos estaremos leyendo. Zuri.