Chapter Text
El clan Yamiyu siempre fue conocido por ser ermitaños que vivían en las montañas, lejos de cualquier problema que pudiera ocasionar los hechiceros. Solamente se presentaban ante los demás cuando las circunstancias lo requerían.
Todos los conocimientos que iban albergando por años eran escondidos en la bóveda familiar, lugar que solo era permitido para personas que tenían la sangre Yamiyu por sus venas. Ningún otro hechicero tenía conocimiento de todo se escondían, nadie hasta la fecha sabía información sobre ellos, en realidad, pocos testigos del uso de las técnicas malditas del clan.
El único registro que se tiene es que nacieron poco después del fin del reinado de Ryomen Sukuna.
Muchos han intentado poder verso de frente con alguno del clan, los rumores sobre ellos abundan por todos lados. Algunos decían que su piel era tan pálida como una hoja de papel debido a que se encontraban en lo más profundo del bosque, otros afirban que debían de ser hombres de las cavernas con conocimientos nulos de la tecnología de hoy en día.
Eran el mayor misterio del mundo de la hechicería, misterio que no estaba escondido por mucho tiempo debido a la resurrección de cierta maldición que provocaría un caos a toda la humanidad.
///
—Pensé que Rai te iba a acompañar esta vez, ¿El tío Mako no quería que estuviera más involucrada en estas misiones? —La cálida voz de mujer se escondía entre las ramas de los árboles.
La brisa del viento a mitad de la oscuridad de la madrugada acompañaba a los dos primeros herederos del clan Yamiyu, caminando entre la maleza que rodeaba a la preparatoria en donde se encontró el objeto que tenían que tomar.
Shizen Yamiyu era la segunda hija del líder del clan, su cabello castaño descendía hasta por encima de sus hombros con mechones de color negro adornándolo, su piel era un poco más morena de lo que los demás pensaban, ojos de un ligero rojo que hacía alusión a las hojas de los árboles cuando el otoño estaba acercándose.
Todos en el clan se caracterizan por tener un cuerpo grande y musculosos, gracias a la herencia que ha estado cargado por todos estos años, aunque en el campo de batalla no fuera de mucha ayuda. La altura de la chica era solamente unos centímetros más baja que la de su hermano mayor.
—Tuvo que ir a una misión de emergencia, por eso estas en su lugar. ¿Emocionada? —Hideki vio a su hermana con una sonrisa.
Siendo el mayor de la familia, le gustaba ver a sus pequeñas hermanas progresar en el papel que tenían en el clan. Shizen no era reconocida como alguien para las misiones que requerían ir a buscar objetos malditos.
Así que esto debería ser un gran momento para la menor.
—En realidad no mucho, el dedo está en una escuela. No veo mucho problema con recuperarlo. —Hablo con un tono tranquilo, siguiendo el rastro en el aire que los estaba guiando al objeto. —Suman el hecho de que la escuela estaba demasiado cerca del bosque como para desviar nuestro camino hacia la ciudad.
—Primera lección del día. —El pelinegro levanto el dedo con una expresión de seriedad. —Nunca subestimes la misión, no importa lo pequeña o fácil que se vea. No por nada nos pidieron ir por el objeto inmediatamente. Sobre lo último, lo siento, pero no tengo el control sobre donde esconden los dedos de Sukuna. —Giro su vista hacia la menor, quien lo estaba mirando fijamente a lo que tenía enfrente.
Extrañado fijo su vista al panorama en donde se miraba en primer plano las instalaciones de la escuela media. De reojo pudo ver como Shizen tenía una mueca en los labios, mientras la miraba con melancolía.
—¿Nunca te preguntas como seria ir a la escuela? Ya sabes, conocer a otras personas que no fueran los del clan. —La castaña coloco sus manos en los bolsillos de su pantalón, saltando sin ningún problema los arbustos que delimitaban el jardín con el tramo del bosque que era parte de la institución.
—Supongo que debe de ser interesante. — Hideki levanto una mano para colocarla sobre su mentón, levantando un poco la vista. —Pero conoces las reglas. No se nos permite convivir con personas de otros clanes a menos que sea una situación de vida o muerte.
Hideki sabia de primera mano el descontento que sentía su hermana por estar encerrada en el territorio Yamiyu. El solo poder conocer lo que se escondía más allá del río, gracias a las misiones que daban fuera de la pequeña aldea que habían construido en todos estos años.
Misiones que casi nunca le tocaban a Shizen.
—Lo sé. —Murmuro entre suspiros la menor. —Aun no entiendo porque debemos de escondernos, ¿En serio crees que no odiarían si les contamos sobre nosotros? Siento que el escondernos solo hace más grande los mitos que tienen sobre el clan.
Como si una pequeña bombilla hubiera aparecido sobre su cabeza, Shizen levanto la vista que tenía sobre el suelo con rapidez, viendo a su hermano con los ojos más brillos que nunca había visto antes.
— ¿No crees que sería grandioso poder cambiar esto para cuando seas líder del clan? Poder por fin convivir con todos, inclusive ir a esa escuela de magia de la que siempre hablan en los escritos antiguos. —Con la esperanza creciendo en su mirada, Shizen miraba a su hermano con la felicidad que iba aumentado gracias a los sueños que aún tenía despierta.
—Shizen. —Hideki exclamo escondiendo el dolor que sentía por desilusionarla. —Sabes que eso no puede pasar, no sabes las consecuencias que pueden suceder si se enteran de nuestras técnicas, sobre todo con la de resurrección. Recuerda que no todos piensan como nosotros.
Únicamente con escuchar el todo de voz de su hermano, Shizen sabía que ese tema de conversación había acabado, así que solamente asintió con la cabeza, el brillo en su mirada se había perdió junto con las pocas energías que tenía aquella noche.
Hideki froto el cabello de la menor con delicadeza antes de poder seguir con el recorrido que tenía el rastro de la energía maldita del dedo de Sukuna. Entre más rápido terminaran la misión, más pronto estarían en camino a la propiedad de los Yamiyu, no era seguro estar tanto tiempo a la intemperie, donde pueden rastrearlos fácilmente.
Poco antes de poder llegar al final del rastro, Shizen detuvo sus pasos gracias a que sintió la presencia de una tercera persona. Rápidamente giro su mirada hacia su hermano, verificando si este también ya había sentido al desconocido, quien no era un humano normal, sino que era alguien con energía maldita.
El pelinegro afirmo con la cabeza, colocando el dedo índice en sus labios indicándole que guardara silencio. La energía de la persona no estaba en alerta, así que aún no sabía de la presencia de los hermanos, bien, al menos tenían un poco más de ventaja.
Con pasos sigilosos ambos comenzaron a caminar hacia donde se encontraba escondido en dedo de Sukuna. Hideki solo esperaba que fuera una coincidencia que un hechicero estuviera ahí, una pequeña coincidencia que no tenía nada que ver con el objeto que los había traído ahí en primer lugar.
Lejos de preocuparse en confrontarse con el desconocido, no quería que este los descubriera. Sabía que el mundo de la magia era muy pequeño, sería muy extraño ver a dos personas que portaban una energía maldita diferente a la de los demás, sabía que era imposible que se le ocurriera que fueran del clan Yamiyu, pero tampoco quería arriesgarse.
A una distancia considerable, Shizen podía ver como la persona no lucia más grande que ella, posiblemente tenía su misma edad. Con el cabello negro estilizado de una manera muy extraña, o bueno, quizás ni siquiera estaba peinado, su vestimenta consistía en un traje de dos piezas de color azul oscuro.
Estaba enfrente del baúl en donde se sentía la energía con más fuerza, sus dos puertas se encontraban abiertas, la castaña intentaba levantar la vista para poder ver la caja con el objeto, pero desde su posición no podía apreciar nada. Lo único que podía presenciar era el enojo que tenía el hechicero desconocido con quien fuera la persona que estuviera hablando por teléfono con él.
—Lo voy a golpear. —El silencio del momento fue roto gracias al fuerte gruñido que salió de los labios del chico. —¿A quién se le ocurre esconder algo tan importante en un lugar como este? —Pateo el suelo con enojo, apretando el puente de su nariz.
“¿Qué quiere decir con que ya no está?” Shizen abrió los ojos con preocupación, no podía ser posible que ya no este, no hay ninguna otra energía que emanaba de la que estaba incrustada en esa maldita caja.
—Hideki, ¿Cómo es posible que no esté? No siento otro rastro. —La castaña frunció el ceño, mordiéndose la uña de su dedo pulgar por el estrés.
No podía estar pasando esto en la primera misión en meses que tenía lejos del clan, vaya suerte tenía.
Intentando por última vez poder sentir algún indicio del rastro del objeto maldito, Shizen gruño a sus adentro al no tener ningún resultado. ¿Cómo podía ser eso posible?
—Mierda. —Cerro los ojos con frustración. — Creo que no hay de otra que hablar con él. Porque yo tampoco puedo sentir al dedo cerca de aquí y eso no es para nada bueno. Tiene una especie de uniforme, así que asumo que puede ser alumno de esa escuela de magia. —Hideki resoplo antes de enderezar su ropa, caminando hacia la tercera persona que sostenía su celular con irritación.
Siguiendo sus pasos, Shizen iba a dos pasos detrás de su hermano, sin despegar la mirada del desconocido, estaba en posición de ataque, lista por si algo malo llegara a pasar.
El ambiente se encontraba denso, el aire poco a poco desaparecía, provocando que el único sonido de las hojas meciéndose se redujera a un silencio profundo. Silencio que dio paso a que el desconocido pudiera escuchar como alguien estaba caminando a sus espaldas. Sin tiempo para dejar que los hermanos reaccionaran, dio la media vuelta listo para ponerse en posición de ataque.
Su sorpresa fue grande cuando noto que no solo era una persona, sino que eran dos. Los cuales no tardaron en ponerse en guardia por si algo sucedía.
—¿Quiénes son y por qué están aquí? —Grito con euforia, viéndolos con firmeza.
—No estamos aquí para hacerte daño. —Hideki hablo tranquilamente, aun sin dejar su posición de lucha. —Solo queremos saber más acerca del dedo que debería de estar ahí, tu tambien lo buscar, ¿no?
Con solo la mención del objeto maldito los cabellos de la nuca del desconocido se erizaron con rapidez.
—¡Pregunte quienes son! —El pelinegro volvió a gritar con más intensidad, su enojo solo estaba creciendo con el tiempo.
Al ver que la situación se estaba saliendo de control, Shizen decidido que era momento de actuar, podía sentir que solo faltaba un segundo más para que los golpeara con algo.
—No queremos hacerte daño, somos hechiceros como tú. —La castaña conecto su mirada con los verdes ojos del chico, tratando de trasmitirle confianza. —Solo queremos saber si sabes algo del dedo, te juro que no es nada malo.
—¿Hechiceros? ¿Crees que me puedes engañar con eso? Se más inteligente la próxima vez, si son hechiceros como dicen ser, ¿Por qué no estaba informado que dos más vendrían por el objeto maldito? —Bufo girando los ojos.
Shizen cerró los ojos con frustración, bien, era obvio que no iba a quedarse con la primera frase. ¿Ahora que tenía que hacer? No sabía si era apropiado decirle: “Hey chico, somos del clan Yamiyu, ¿Sabes cuál? El que siempre ha estado escondido en el bosque, tienes suerte de encontrarte con dos de ellos en medio de una escuela en la madrugada.” Si, eso no sonaba nada bonito.
Pero tenía que pensar en algo rápido antes de pasar algo malo.
—Me llamo Shizen. —La chica se señaló a sí misma. —Este de aquí es mi hermano Hideki. —Coloco su mano en el hombro del nombrado, el pelinegro suspiro cerrando los ojos en el proceso. —Te juro por la madre de todos que no somos una amenaza para nadie, en serio, solo necesitamos hacer que datos sabes del dedo de Sukuna. No puedo hablarte mucho de nosotros, pero te prometo que solo queremos esconderlo, sabemos lo peligroso que puede ser en las manos equivocadas. ¿Cómo te llamas? Ya te dijimos nuestros nombres, es justo que sepamos cual es el tuyo.
—Fushiguro. —Murmuro sin despegar su mirada de los hermanos. —¿Crees que por decirme sus nombres y unas palabras vacías confiare en ustedes? No soy un imbécil, ahora díganme la verdadera razón por la que están aquí o tendrán que enfrentarse a mí.
—Bien entiendo que no confíes en nosotros. —Shizen soltó un suspiro. —Pero hablo en serio cuando te digo que no vinimos a lastimarte. —Raídamente dejo su posición de lucha, dándole una mirada larga a Hideki siguiera sus pasos. —Al igual que tú, solo queremos proteger a los demás de las consecuencias que puede traer si alguien utiliza ese dedo para fines pocos éticos.
A regañadientes el mayor lo hizo, Hideki desapareció el aura de color negro que rodeaba su cuerpo. Pero aun sin la fuerte energía de los hermanos, no pudo desaparecer la atmosfera agresiva que había en el aire.
Fushiguro dudo un poco en calmarse, lentamente comenzó a enderezar su posición, en ningún momento dejo de estar alerta por si algo pasaba. Sus ojos vagaban del hombre que tenía su cabello oscuro recogido en un moño a los ojos rojizos de la chica que trataban de transmitirle un poco de tranquilidad.
Estaba un poco confundido por los dos desconocidos frente suyo, sus vestimentas eran tradicionales, a lo lejos podía ver una pequeña insignia bordada en la manga izquierda de cada uno, era poco común tener insignias en la ropa. Solo algunas escuelas solían hacer eso, pero era imposible, no había otra escuela de magia en el país. Otra teoría era las insignias de clanes, algunas familias solían bordar sus ropas con ellas en señal de respeto.
Pero esa insignia no era de ningún clan del que Fushiguro conociera.
Antes de poder abordar a los dos con preguntas referentes a lo que había descubierto, un fuerte estruendo se escuchó por todo el lugar. Alertando a las tres personas que se encontraban ahí.
No paso ni un segundo para que Shizen pudiera detectar la misma energía del objeto trazar un rumbo destino. ¡Había un nuevo camino! Una que iba en dirección a la escuela que estaba al lado de ellos, ese descubrimiento erizo los cabellos de la castaña. Algo dentro de ella le decía que debía de correr lo más rápido que podía para encontrar ese dedo.
No tenía un buen presentimiento de lo que estaba pasando dentro de esa escuela.
—Debemos de irnos, el rastro tomo otro rumbo. —Shizen habla hacia su hermano, pero su voz fue lo suficientemente fuerte como para que Fushiguro la escuchara. —Está en la escuela, además de que detecto otra energía muy diferente a la del dedo.
—¿Otra energía? Esto no es nada bueno, andando no hay tiempo que perder. —Hideki volvió a apretar sus puños, volviendo a parecer el aura negra que lo rodeaba anteriormente.
Fushiguro si encontraba completamente confundió, ¿Cómo era que habían sentido la energía del objeto maldito? Por más que él intentaba seguir un rastro, no había ningún resultado. La única respuesta lógica que tenía era que toda esa actuación era solo una distracción para poder desaparecer de su vista.
—¡No puedo dejarlos huir! —El pelinegro grito, corriendo para colocarse de ambos. Listo para atacarlos. —Son unos desconocidos, no confió en ustedes. Su energía maldita debe de ser demasiado fuerte como para que pueda sentirla, lo que los hace extremadamente peligrosos.
Cada hermano tuvo una reacción distinta, mientras que Shizen miraba a Fushiguro con una expresión mezclada de decepción, desesperación y un poco de empatía. Podía entender un poco la situación en la que se encontraba el pelinegro, ella tambien actuaria así en su lugar.
Pero, por el contrario, el heredero del clan Yamiyu estaba furioso. Su rostro estaba comprimido del coraje que le provocaba el menor, no iba a dejar que algo malo pasara solo por sus caprichosos.
—¡No tenemos tiempo para tu ineptitud! —Hideki le grito agresivamente. —Me importa una mierda que un mocoso como tú me crea o no. No me puede importar menos tener que quitarte de mi camino para poder recuperar ese dedo.
Listo para atacar, el pelinegro corrió hacia donde se encontraba Fushiguro. Con su mano preparada para poder invocar a un guardián que se entretuviera con el molesto chico de cabello negro, pero un fuerte apretón lo hizo volar hacia atrás.
—¡Hideki espera! —La castaña lo tomo del brazo antes de que usara unas de sus técnicas para dejarlo inconsciente. —No estás aquí para hacer enemigos. ¡No es tiempo de luchar entre nosotros! —Gruño con frustración. —Está bien, fue una mala idea no contarte más sobre nosotros. —Desvió su mirada a Fushiguro. —En realidad si somos parte del consejo de hechicería, solo que decidimos estar lejos por nuestra propia cuenta. Ambos somos parte del clan Yamiyu, ¿Sabes sobre nosotros?
Solo bastaron cinco palabras para que la mente de Fushiguro quedara en blanco, ¿Había dicho Yamiyu? Todos pensaban que se encontraban extintos, nadie había visto uno en años. Pero la insignia desconocida que tenían bordada, la fuerte energía maldita que emanaba de ellos, toda la información golpeo su mente de golpe. No podían estar mintiendo.
Los Yamiyu se ha convertido en un mito entre los clanes. Era imposible que usar eso como tapadera de sus mentiras.
¿Ellos en realidad si eran lo que decían?
¿En serio estaba enfrente de dos pertenecientes del clan escondido entre las montañas?
