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Ferox

Summary:

—Lo mejor hubiera sido que me dejaras ir, alfa —la burla gotea de cada una de sus palabras, especialmente la última. Un par de ojos tan negros como el ónix, lo miran fijamente. La capucha se ha caído en medio del movimiento y Draken puede ver la cara de su agresor.

Nota dos cosas de inmediato. La primera es que definitivamente no es un niño, aunque sus rasgos aniñados quieran engañarlo, y la segunda es que este chico es un omega.

Joder.

Notes:

de nuevo con 1 nueva fic drakey xq ao3 necesita mas de ellos, esto salió en un inesperado golpe de inspiración ayer, me encanta este concept y quiero seguirlo si o si asi que me voy a esforzar mucho por organizar toda la historia lo mejor que pueda.

Chapter Text

Las ramas y hojas secas crujen debajo de sus botas pesadas, la brisa helada hace tiritar sus dientes y sus manos están tensas donde sostienen el arco y la flecha, apuntando directamente al venado a unos metros de distancia. El animal está pastando los alrededores, por el tamaño de sus astas, Draken deduce que debe tener poco más de un año, no es muy grande y tampoco tiene mucha masa muscular, pero alcanzara para la cena de dos días y puede pedirle a Mitsuya que haga un pequeño abrigo con su piel. 

Tiene en la mira el cuello del animal y está a punto de soltar la flecha, pero algo o alguien  asusta a su presa, moviéndose entre los arbustos cercanos. El lenguaje corporal del animal pasa de relajado a uno de alerta en un segundo, sus ojeras se mueven tratando de identificar la causa del sonido.  

—!Te tengo¡ —una melena azabache salta hacia el venado como un flash, cuchillo en mano y ojos grises salvajes. 

Baji se abalanza sobre el costado del animal, afianzando sus brazos alrededor del venado y enterrando la hoja afilada en su estómago, mueve el cuchillo unos centímetros de forma horizontal hasta llegar casi al final de la barriga, y la sangre y órganos se desparraman desordenadamente por el suelo, salpicando con sangre sus pies cubiertos de botas e inundando el ambiente con el aroma ácido del líquido oscuro.

—¿Qué mierda crees que haces, Baji? —dice en voz alta, mientras camina hacia el chico y guarda la flecha en la aljaba atada a su espalda. 

—¿Qué mierda hacías tu ? —responde el pelinegro, demasiado concentrado en limpiar el interior del venado como para mirarlo -. El venado se iría en cualquier momento y tu seguías sin dispararle, Draken —chasquea con la lengua y niega con la cabeza—. Sabes que no podemos permitirnos perder una presa, por más pequeña que sea. 

—Precisamente por eso es que habíamos acordado que dejarías de hacer tus putas apariciones sorpresas —sisea cabreado-. Si no hubiera sido yo, ahora mismo tendrias una maldita flecha en clavada en la espalda. 

Baji ni siquiera muestra signos de sentirse afectado por sus palabras. Draken aprieta la mandibula. 

—Un día de estos te meterás con la persona equivocada y tendrás que lidiar con las consecuencias. 

Eso si provoca que Baji le dirija una mirada.—Ambos sabemos que puedo defenderme de cualquier imbécil que quiera meterme conmigo. 

—Algunas personas a tu alrededor no correrán con la misma suerte, Baji —en ese momento, una melena rubia se aproxima hacia ellos, abriéndose paso entre los árboles, Chifuyu tiene dos pequeñas liebres colgando de su cinturón. 

—¿De que hablaban? —Pregunta, intercambiando una mirada confundida entre ambos alfas al notar la tensión flotando en el aire. 

—De nada. —Responden al unisonido.  

Chifuyu rueda los ojos, pero decide no insistir en el tema, Baji se pone de pie y le entrega el venado limpio a Draken, quien niega con la cabeza y los rodea. 

—Adelántense —murmura, ajustándose la bufanda al cuello—. Veré si logro cazar algo más antes de que anochezca. 

—No llegues tarde a la cena —Baji le ofrece una mirada por encima del hombro antes de echarse el venado muerto a la espalda y encaminarse a la dirección contraria con el beta a su lado. 

 


 

Ha estado caminando por más de dos horas por el bosque, consiguió cazar un par de animales pequeños para sumar a la cena, y aunque no es mucho, piensa que Mitsuya encontrara un buen uso para sus pieles. 

Tiene sangre y tierra en manos y ropa y su trenza, usualmente pulcramente peinada, ahora se encuentra floja y despeinada. Le avergüenza admitirlo, pero los pequeños roedores no se dejaron atrapar tan fácilmente como creyó, luego de revolcarse en la hierba por más tiempo del que quiera admitir, lo único quiere es volver al pueblo y quitarse la mugre del cuerpo, cenar y tener un sueño de ocho horas continuas sin ser despertado por los cuchicheos entre Mitsuya y Hakkai a altas horas de la madrugada. 

Sabe que está pidiendo demasiado cuando una figura pequeña cubierta por una capa pasa corriendo a su lado, arrebatándole una liebre que le había hecho arrastrarse por el maldito lodo para ser atrapada. No va a dejar que se escape tan fácilmente. 

—¡Eh! ¡Que mierda!? —grita desconcertado, llevándose inmediatamente una mano a la espalda y tomando una flecha, empuña su arco y lo apunta hacia la silueta, la flecha se resbala de sus dedos suavemente y alcanza a rozar apenas la capa del desconocido. Chasquea con la lengua y echa a correr detrás del ladrón. 

El bastardo, para su desgracia, es bastante ágil en el terreno, moviéndose con rapidez entre los árboles y los matorrales. Por su contextura, Draken supone que es un niño, uno de esos lo suficientemente desesperados como para intentar algo así de arriesgado. Y por la forma sigilosa con la cual logro acercársele tanto sin que lo notara dice dos cosas sobre la situación, la primera, es que estaba demasiado cansado como para notar la presencia de un crio siguiéndolo y la segunda, apunta a que el crio es un ladronzuelo con experiencia y esta tan versado en esta maña como para pasar desapercibido aun para un cazador experto como lo es Draken. 

Ambas posibilidades joden con su cabeza. 

Sin querer alargar aún más el fastidio de perseguir a un pequeño sinvergüenza roba liebres, saca otra flecha y la apunta hacia las piernas en movimiento del niño. Es bastante rápido, pero Draken tiene  mucha  experiencia con el arco y ha logrado darles a objetivos más velozes que él, la primera vez solo fue un golpe de golpe, pero esta vez no dejara que se escape sin un solo rasguño. 

Suelta la flecha y esta logra rozar la pierna izquierda del chiquillo lo suficiente como para causarle una herida que lo hace trastabillar y caer a la hierba. 

Al fin.  

Reducir el paso y se acerca lentamente. 

—No es de buena educación robarse la comida de otros, niño. 

Este encogido sobre su costado, acunando la liebre contra su pecho. Draken  casi  siente lastima. 

—Mira ... - comienza, incomodo. Sin tener ni puta idea de cómo proseguir-. No te hare daño ¿sí? —Aclara, gesticulando con su mano izquierda hacia el bulto en el suelo—. Solo quiero que me devuelvas eso. 

El niño no se mueve, aun acurrucado en una bola, su pantorrilla sangrando donde la flecha logro rasgar sus raídos pantalones y herirlo ligeramente. Draken aprieta el puente de su nariz entre sus dedos, aunque su apariencia le confiera una reputación de ser un hijo de puta, no lo es y no tiene la costumbre de ir por la vida golpeando niños, pero hay días en los que uno tiene que hacer lo que tiene que hacer. 

Suspirando, se agacha con el propósito de sacarle el animal al chiquillo, pero cuando está lo suficientemente cerca, unas piernas rápidas lo hacen trastabillar y caer de espalda al suelo y lo siguiente que sabe es que tiene un peso encima de sus caderas y la hoja de una navaja presionando su cuello.  

—Lo mejor hubiera sido que me dejaras ir, alfa —la burla gotea de cada una de sus palabras, especialmente la última. Un par de ojos tan negros como el ónix, lo miran fijamente. La capucha se ha caído en medio del movimiento y Draken puede ver la cara de su agresor. 

Nota dos cosas de inmediato. La primera es que definitivamente  no es  un niño, aunque sus rasgos aniñados quieran engañarlo, y la segunda es que este chico es un  omega .  

—Eres un omega —dice en voz alta, sorprendiéndolos a ambos. El chico frunce el ceño y presiona el cuchillo con más fuerza. 

—Y tú eres un alfa —responde con aspereza, reparando en la condición de Draken, agrega—. Uno que no aprecia mucho su higiene personal.  

¡Ah!   

Un omega que además de ser un ratero, quiere pasarse de listo con él.   

—Es porque he diferencia de ti, yo si me he ganado eso que trataste de robar, omega —ante sus últimas palabras, las mejillas del chico se enrojecen y su ceño fruncido se profundiza.  

—No me llames así. —Sisea. 

Draken arquea las cejas ¿ eso  fue lo que lo ofendió?  

—Pues es lo que eres —responde, señalando lo obvio—. ¿Prefieres que te llame hijo de puta? 

El muchacho parece pensarlo por un momento, entrecerrando los ojos mientras lo mira. Quizás, piensa, si logra distraerlo lo suficiente pueda tomar ventaja de la situación y derribarlo. En el momento justo, una parvada de aves sale volando de un árbol cercano, y, aprovechando la distracción momentánea del chico, alcanza a darles la vuelta, y aunque el omega no suelta ni por segundo la navaja, Draken consigue sostenerle las manos por encima de la cabeza.  

Ante el cambio abrupto de posiciones, el pánico inunda el rostro del omega y empieza a patalear y removerse en el suelo desesperadamente. ¿Qué mierda? 

!Suéltame, bastardo ¡ 

—¡Eh! —dice, tratando de mantener la calma—. ¡Dije que no te haría daño, imbécil!  

Sus palabras parecen tener cero efectos en el chico, que sigue agitándose en la tierra húmeda, exigiéndole a Draken que lo suelte. 

—¡Esta bien, está bien! ¡Te soltare!.

No tiene tiempo de meterse en este tipo de tonterías. 

El chico se relaja de inmediato, pero la mirada alerta y desconfiada perdura en su rostro. 

—Pero tienes que prometer que no intentaras fastidiarme de nuevo ¿sí? —No espera una respuesta antes de seguir hablando -. Solo quiero irme de aquí  con  mi comida. 

Espera un minuto más antes de soltar lentamente las muñecas del omega, no sin antes quitarle el cuchillo de entre sus dedos. Se aleja despacio y se reincorpora, el chico, por su parte, se sienta y lo observa sin parpadear. 

—Creo que ahora si nos enten ... 

—Quién diablos eres —gruñe, interrumpiéndolo.  

Draken alza las cejas, no sabe si lo está insultando o si realmente quiere saber quién es.  

—Quién diablos eres tú  - resopla, cruzándose de brazos y ciertamente perplejo por el comportamiento del chico. 

El omega muestra reticencia al momento de responder, pero luego de unos minutos, habla.  

—Soy Mikey. 

 


 

—Baji-san. ¿Seguro que estas bien? - ni siquiera tiene que levantar la mirada para saber que Chifuyu está usando los ojos de cachorro. 

—Si, solo cansado - murmura.  

El beta suspira con aire derrotado y se aleja del pelinegro, decido a dejarlo tranquilo por el resto de la tarde. Baji suelta los cuchillos que estaba afilando y se pasa una mano por el rostro, maldiciendo lo transparente que puede llegar a ser con Chifuyu. 

Cuando lo escucha salir por la puerta, Baji resiste físicamente el impulso de perseguirlo, o peor, de pedirle que no salga. Esconde la cabeza entre las rodillas y respira hondo. Moriría antes de verse como uno de esos alfas.  

—Ya no es un niño, Baji —la voz de Mitsuya lo trae de nuevo a la realidad.  

—Lo sé —responde en voz baja—,Lo sé —repite con más firmeza. No sabe si está tratando de convencer a Mitsuya oa sí mismo.  

—Entonces —inquiere—. ¿por qué estas actuando como si Chifuyu no pudiera cuidarse solo? 

Baji abre y cierra la boca, sin saber cómo responder a eso. Decirle a Mitsuya que está actuando así  solo  porque el estúpido comentario de Draken en el bosque logró tocarle los nervios no suena muy realista. Decide ir a lo seguro. 

—Hace unos días nos metimos en problemas con unos alfas del mercado —explica con naturalidad—no quiero que se metan con él justamente cuando está solo, es todo. 

No es  toda  la verdad, pero tampoco es realmente una mentira y   Mitsuya parece satisfecho con la respuesta, escudriñándolo atentamente durando un minuto, pero sin sospechar que está no siendo completamente sincero. 

—Chifuyu es fuerte, no te preocupes por eso —lo tranquiliza quedamente, está a punto de darse cuenta de la vuelta y desaparecer en la cocina cuando vuelve a mirarlo—. Hazme un favor y date un baño ¿sí? Apestas. 

Baji resopla una risa, pero termina asintiendo. Cuando se reincorpora, percibe un aroma desconocido en la punta de su nariz, menta y ¿hierbas? mezclados con ¿el aroma de Draken? Frunce el ceño y se aproxima al origen de dicha combinación.

La escena con la que se encuentra es más cómica de lo que debería.  

Draken, con pinta de haber sido arrastrado por todo el bosque, está sosteniendo un omega con cara de pocos amigos por la parte trasera del cuello. 

—Veo que lograste cazar algo después de todo —le dice a modo de saludo, conteniendo a duras penas la risa.