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No sabía cómo todo había terminado así. Realmente no estaba en sus planes de esa semana, ni mucho menos de ese día…
Dios, ni siquiera de hace un par de horas.
Fue una sorpresa encontrarse con todo el antiguo equipo de voleibol de Karasuno. Realmente, presenciar uno de los partidos más importantes de sus antiguos kohais fue emocionante. La final para el equipo de Karasuno en Miyagi no era como hace dos años, cuando no era imaginable que le ganaran a la mejor escuela de la prefectura. Noya recordó cómo todo su cuerpo había temblado cuando comenzaron a llamarlos por alto parlante. La sensación de estar en algo importante se respiraba, por aquel entonces en su segundo año.
Tal como ahora.
Un par de tragos no eran desconocidos para él, aunque fuera su primer año de universidad. Con un par de meses, había aprendido una cosa o dos respecto a “no-porque-seas-deportista-no-bebes-cerveza”. Bueno, al menos eso lo había asimilado la primera semana, cuando los chicos no dudaron en invitarlo al primer bar a la vuelta de la esquina.
Había sido muy fácil entonces. No obstante, el hecho de beber alcohol con Shoyo y sus anteriores kohai, en el departamento de soltero de Daichi, parecía un escenario casi surrealista. Se había reído a carcajadas cuando Kageyama se sacó una selfie con Hinata con el filtro de gatitos, o cuando Yamaguchi se había animado a bailar Just Dance con Yachi. Claramente, ella tenía mucha más coordinación que cualquiera en la habitación. Aunque, bueno, hasta él mismo había bailado esos malditos pasos de Lady GaGa sin saber qué demonios estaba haciendo. No era como si no lo hiciera sobrio, de todos modos. Además, podía decir que era el más decente de la fiesta.
Mientras bailaba con pasos que implicaban coordinación de caderas y chasquidos, casi se tira del balcón al encontrarse con aquella risa suave de Asahi. Mierda. Esa risa no debería ser legal, realmente. Podría escucharla durante todo el día y no se quejaría. Los ojos terrosos se encontraron con su rostro y, como nunca, Yuu exclamó algo improvisado y continuó bailando, dándole una vuelta a Yachi, siguiendo la coreografía. La rubia había lanzado una carcajada tan sonora que podría decir que nunca la oyó reír así. Luego, siguiendo los pasos de los bailarines ficticios, notó que su personaje tenía que ser levantado por Yachi y Tanaka.
Otras veces lo hubiese pensado antes de lanzarse…
O quizás no.
— ¡ESOOO! — exclamó, mientras saltaba sobre sus compañeros bailarines de hace dos minutos (o menos). Por supuesto, Tanaka estaba bien, pero Yachi se cayó de espaldas, provocando que su baile se fuera a suelo (literalmente). Ennoshita, Daichi e incluso Yamaguchi los regañaron muchísimo, a pesar de haber recogido a la rubia entre disculpas y atropellos de palabras.
Bueno, aquello había sido solo a la medianoche, cuando la fiesta aún estaba en paz. Kiyoko se reía con Yachi, quien tenía que responderle a Tanaka a cada momento que estaba bien. Noya advirtió con felicidad que quedaba mucho compañerismo en el equipo. Ennoshita hablaba con Yamaguchi, mientras Suga lo hacía con Kageyama y Hinata. Incluso Tsukishima lanzó un par de risas cuando Kageyama no podía responderle sus mordaces comentarios como cuando estaba sobrio, a lo que Daichi lanzaba una mirada entre divertida y reprobatoria. Instintos de “Papá Daichi”, como lo había apodado Suga en algún momento, en la escuela.
Odiaba decirlo, pero quizás esas escenas tomaron un pequeño porcentaje de sus pensamientos. La verdad, su atención estaba puesta en aquel castaño chico, ubicado detrás de la encimera de la cocina. Podía ver su gran espalda, mientras abría el refrigerador y sacaba un par de tragos más. Aquello estaba lejos de acabar y, al parecer, Asahi sabía bastante de ello.
— Dios, Noya… — una voz conocida lo hizo casi respingar. Cuando se volteó, se encontró con Narita y Kinoshita, mirándolo como si estuviesen por darle una patada como empujón. — ¡Ve a hablarle!
— No sé de quién me estás hablando, pero si tuviera que hablarle a alguien, mi respuesta sería que ya dije muchas cosas a todas las personas de esta habitación, gracias — era la respuesta más larga que había dado y el maldito de Kinoshita lo sabía. Narita solo se rio y se dirigió a hablar con Ennoshita y Yamaguchi, mientras Noya bebía un sorbo de su lata de cerveza.
— ¿En serio? Porque tienes escrito “Asahi-está-muy-guapo” por toda la cara, cada vez que lo miras — aquello provocó que Noya casi se atragantara con su bebida. Quiso preguntarle a su amigo desde cuándo era tan mordaz, hasta que notó las latas de cerveza a su costado. Oh. Por supuesto.
— ¡Demonios, Hisashi!
— ¿Qué? Nunca he necesitado un par de cervezas para darte coraje, pequeño líbero “era un cobarde cuando era niño” — ante el recuerdo del partido contra Inarizaki, Noya alzó una ceja y Kinoshita se rio — ¡Bien, demonios! ¡Solo ve allí y dejaré de molestarte!
— Lo hago solo porque eres un maldito dolor en el trasero, no por otra cosa — mientras Noya respondía, chequeó sobre su hombro si Asahi continuaba en la cocina, advirtiendo que así era. Luego, antes de levantarse, miró a Kinoshita con las cejas unidas y lo apuntó con el índice — Te haré beber tanta cerveza que mañana vas a lamentarlo, Hisashi
— ¡Música para mis oídos! — fue lo último que escuchó, antes de dirigirse a la cocina.
Estaba rezando para que la música estuviese lo suficientemente alta, porque estaba seguro de que, en una situación normal, Asahi hubiese escuchado cada palabra. Por fortuna, el castaño estaba al fondo de la pequeña cocina, sacando más snacks para compartir. Noya casi se sintió un estúpido cuando se quedó mirando la fascinante tarea de Asahi Azumane, al abrir una bolsa de patatas.
Maldito verano.
Malditas camisetas sin mangas.
Maldito equipo de voleibol del vecindario.
— ¡Noya! — Asahi, en el último año, había aprendido a llamarlo por su apodo. Por lo visto, el castaño también estaba solo con pocos tragos encima, ya que era quien se estaba encargando de atender a los invitados (Daichi, claramente, no estaba en condiciones). Nishinoya levantó la vista a su cara, intentando abandonar sus anteriores pensamientos acerca de su anatomía (Soy un pervertido espeluznante, mierda…) y sonrió — ¿Necesitas algo? Hay más cerveza…
— Oh, no, ya tengo… Además, tú sabes, no puedo excederme — respondió el chico, mostrando la lata que descansaba entre sus dedos. Asahi sonrió y tomó los platos con bocadillos, a lo que Noya avanzó — ¿Ayudo?
— Sí, llévalos a la mesa si puedes — respondió Asahi, pasándole los platos. Noya pudo sentir sus delgados dedos deslizarse entre los del otro chico. La corriente de aquello lo hizo sentir aún más extraño, aunque el atacante lateral pareció ni siquiera enterarse.
— ¡En eso! — dijo con energía. Azumane rio y Nishinoya se volteó para salir de la cocina.
Su viaje a la sala de estar no duró más de unos minutos, pues Kinoshita no lo dejaba en paz con la mirada. Notó que no seguía bebiendo, por lo que Noya se encargó de que Ryuu lo obligara a beberse una lata de un solo trago. Entre risas, y al notar que Asahi aún seguía en la cocina, volvió allí, donde se lo encontró guardando algunos utensilios. Nishinoya sonrió al notar lo natural que se veía ese cuadro. Incluso, en algunas de sus visitas a su departamento en Tokio, Asahi le había cocinado un par de veces.
Claro, antes de partir la universidad y aparecer con menor frecuencia, por supuesto.
— ¡Entonces! — dijo Nishinoya. Asahi levantó la vista y sonrió, mientras Yuu hacía lo mismo — ¿Qué es de ti? ¿Alguna novedad en estas dos semanas que no hablamos?
— Oh, no mucho en realidad — respondió el castaño, encogiéndose de hombros. Luego de guardar algunas bolsas con bocadillos, se apoyó en el mueble y tomó un sorbo de su cerveza. — Lo de siempre. En unas semanas tengo un examen práctico… Fue espeluznante cuando el profesor dijo que estas cosas empezaban a valer para el currículum...
— Vaya, eso es una mierda un poco grande…
— Esa es una forma muy Nishinoya de decirlo — ante eso, ambos rieron. Asahi lo miró y, aunque la risa hubiese terminado, la sonrisa seguía allí — Pero sí, así es…
— ¿Cómo es que nunca maldices, as? — le preguntó el chico. Azumane negó con la cabeza, sin abandonar la agradable expresión en sus labios. Rayos. La vista de Nishinoya fue allí y casi se arrepintió de ello.
— ¿Cómo es que sigues diciéndome así, si el que juega profesionalmente eres tú?
— Oh, bueno, podría decirte de otras maneras si quieres — empezó el chico. Asahi alzó una ceja y Nishinoya se apoyó en el mueble, a su lado.
— ¿Sí? Me encantaría escuchar…
Nishinoya levantó la vista al oír aquello. Antes de que entrara a la universidad, Asahi y él habían compartido minutos como esos, en los que los castaños ojos se encontraban entre sí. Nishinoya pensaba, en cada ocasión, que la dulzura y profundidad del joven universitario podía descifrarse solo en ese gesto. En el último año, el roce de dedos y las miradas furtivas habían sido lo más lejos que habían llegado, cuando se quedaba todo el fin de semana en ese pequeño apartamento de Tokio.
Iba a decir lo estúpido que había sido por no actuar en ese entonces, cuando un alarido estridente rompió la atmósfera. Luego le siguieron risas y gritos. Nishinoya sonrió al escuchar la voz de Ryuu y Asahi negó con la cabeza, haciendo pequeños arcos con los mechones de cabello que le salían del moño.
— ¡TE VENCERÉ, TSUKISHIMA! — gritó Tanaka, sobre todos los demás. Muchas risas se escucharon.
— ¡Ponte tu camiseta, idiota! ¡Nadie pidió un duelo de haka*, demonios! — esa era la voz de Chikara, definitivamente. Esta vez fue el turno de Noya para reír. Asahi sonrió ampliamente. Típico de Ryuu.
— ¡Tanaka-san sigue siendo muy genial! — se escuchó a Hinata.
— Bueno, creo que el torso desnudo de Tanaka es una llamada a dormir — las palabras de Suga llamaron la atención de muchos, mientras se escuchaba el sonido de platos y gente levantándose.
Nishinoya iba a maldecir por su casi nula conversación personal con Asahi en toda la noche, cuando el castaño se le adelantó, poniéndose frente a la encimera de la cocina americana. Noya alzó una ceja y lo miró, aún apoyado al fondo de la habitación, escondido de los demás chicos. Asahi tenía esa vista decidida, aunque el aura dominante no emanaba de él como otras veces.
— Puedo recoger con Nishinoya, vayan a dormir tranquilos…— sugirió Azumane. Noya sintió un respingo en su interior y advirtió que los ojos del as se fijaron en él por breves segundos.
Escuchó algunos reproches musitados de Daichi, pero el ex capitán desistió luego de unos segundos. Nishinoya advirtió que los ojos marrones de Asahi viajaron a su dirección y luego fueron al frente, donde supuso, estaba el dueño del departamento. Además, pudo escuchar un susurro (al parecer, de Suga). Hubo sonidos de pasos deambulantes y platos que aterrizaron a lo largo de la encimera y luego, gente andando a trompicones. La voz de Tanaka era la más ruidosa, junto con Hinata. Sorprendentemente, también podía escuchar a Yachi entre ellos. No obstante, aquello se apaciguó cuando fueron a sus respectivas habitaciones. El apartamento de Daichi era aceptable para que durmieran apretados en esos dos dormitorios y nadie pareció protestar.
Entonces, todo quedó en silencio. Yuu levantó la vista hacia el ex jugador de Karasuno y este le dedicó una mirada que nunca le había visto. Era como si aquellos ojos marrones tuvieran un tinte diferente. Siempre irradiaban dulzura, pero ahora había una leve oscuridad, una examinación pausada. Nishinoya sintió una corriente eléctrica cuando la mirada de Asahi se apretó un poco, como si estuviera estudiando cada parte de su rostro.
Fue peor cuando hizo una mueca ladeada, muy diferente a la sonrisa comprensiva y serena que siempre mostraba.
— Entonces… — comenzó el chico, acercándose un par de pasos. Nishinoya aún tenía su lata de cerveza y agradeció a los cielos que no sonase cuando la apretó levemente. — Me encantaría escuchar.
— ¿Escuchar…? — se sintió como un idiota por los nervios que estaba experimentando. Si bien a veces ocurría que su estómago revoloteaba con Asahi, esta vez había algo muy diferente entre ellos. La sonrisa ladeada del chico frente a él no lo hizo mejor.
— Mmm… Creo que dijiste que podrías decirme de maneras diferentes, o algo así…
— Oh, eso — Nishinoya dejó la lata de cerveza a un lado y se cruzó de brazos, mientras Asahi seguía a un metro de él. Por alguna razón, el aire se hizo más cálido. — ¿Sabes? No soy mucho de palabras, en realidad…
— Yo tampoco…
El tono en las palabras había disminuido. Noya no sabía si era por el silencio de la habitación, por las horas de madrugada o el hecho de no querer interrumpir el ambiente generado. En esas visitas de fin de semana, solo había miradas y silencios breves. Yuu nunca vio una clara señal para avanzar más allá, aunque sí la palabra “raro” o “extraño” podía describir las pausas y gestos. No había tenido interacciones así con nadie más, por muy breves que fuesen.
No supo qué fue, pero avanzó un poco hacia Asahi. Sintió un estremecimiento bajo su palma, cuando la apoyó sobre el pecho de él. Tal vez no lo pensó inmediatamente, pero era lo más lejos que había llegado. La calidez bajo su pequeña mano se sentía bien y más aún cuando no había palabras de protesta, sino una caricia en una de sus mejillas. Cerró los ojos al contacto y botó el aire que no sabía que mantenía. Bajo su palma, se escuchaba un golpeteo muy parecido al propio, como si fuese percusión en sincronía.
Nishinoya sintió calor en su otra mejilla y supo que la otra mano de Asahi descansaba allí. Hubo un delicado y cuidadoso movimiento, en el que el chico más alto levantó el rostro del líbero, provocando que este abriera sus castaños ojos. Las miradas se encontraron y Noya entendió que todo a su alrededor podía desaparecer y no le importaría. No sería relevante en absoluto que el mundo fuese una masa informe, si Asahi estaba frente a él como ahora.
Algo en aquellos ojos terrosos parecía corresponder el sentimiento. Por tanto, el líbero apretó el agarre en la camiseta, mientras que su otra mano viajaba al cuello moreno. Asahi suspiró y se inclinó, comprendiendo el mensaje. Sus labios se encontraron con urgencia, anhelándose hace mucho tiempo. Las manos de Nishinoya fueron a la nuca de Asahi con torpeza, logrando desarmar su moño en medio de la acción. El castaño se rio entre los labios ajenos y Noya experimentó cómo se sentía el derretirse interiormente.
No hubo demasiadas palabras. Las respiraciones agitadas fueron mutuas y la danza de humedad no tardó en aparecer. Nishinoya suspiró entre cada beso, y no pudo evitar sorprenderse al notar que la frecuente paciencia de Asahi no estaba para nada presente en sus actuales acciones. Sin embargo, aquello no tenía relevancia alguna entre ellos, en ese momento donde solo podían pensar en el calor mutuo y en el huracán de sensaciones que le llegaban a la vez.
El huracán se transformó en erupción de volcán, cuando Noya se decidió a morder el labio inferior del ex as de Karasuno y sintió cómo sus pies se elevaban del suelo. Por inercia y soltando un suspiro de goce, rodeó el fuerte torso con las piernas, mientras su espalda colisionaba con el refrigerador. Aunque el choque fue un poco más fuerte de lo normal, Asahi continuó con la tarea de acceder a su boca, a lo que Noya afianzó su agarre en todas las extremidades. Gracias al cielo, Daichi no tenía imanes ni avisos importantes que se pudiesen arruinar con eso.
— Mierda, as… — susurró Noya, entre respiraciones agitadas. Al parecer, la voz del líbero fue una especie de cable a Tierra, pues Asahi se separó un poco y apoyó su frente con la suya, mientras ambos encontraban sus miradas — Se me ocurren muchas maneras para decirte en este momento… — susurró Nishinoya, rodeando el cuello con los brazos. Asahi sonrió y Noya se acercó a su oído, provocando que el otro se estremeciera.
— Prueba una… — respondió el castaño, soltando un jadeo cuando el chico más bajo mordió su lóbulo.
— Eres la persona más sexy que conozco — susurró en su oído. Advirtió el leve estremecimiento de Asahi, notando que apretaba el agarre de sus muslos. Noya sonrió, apoyando la frente en su sien — Y, extrañamente, la más gentil…
— A veces no lo soy — susurró Asahi. Esta vez, fue Nishinoya quien jadeó, al sentir un mordisco en el hombro. El calor subió y bajó, arqueando su espalda. El castaño habló contra su piel, lo cual fue verdaderamente letal — Aunque puedes decirme si no te gusta…
— No, definitivamente me quedo con este también.
Tuvieron suerte de que nadie estuviera durmiendo en la sala de estar. La tormenta de besos, jadeos y mordiscos fue abrumadora. Nishinoya no hubiese planeado aquello ni en un millón de años. De hecho, tener a Asahi de esa forma no se había sentido así ni en sus mejores fantasías. El asunto continuó por un rato en la cocina, para luego aterrizar en el sofá. No obstante, cuando Noya estuvo bajo el otro chico y comenzó a juguetear con el borde de su camiseta, Asahi tomó sus manos entre las suyas.
— Noya, espera… — susurró. Nishinoya juntó sus cejas en confusión, comprendiendo por el tono del castaño que aquello no estaba del todo bien. Levantó la vista y se encontró con el rostro dudoso de Asahi, en la penumbra. Hubo un revoltijo en su estómago que no le gustó, pero bajó las manos de inmediato, apoyándolas en el sofá de cuero. El frío en sus palmas era muy distinto al calor de antes — Es… Estaba en modo de “está bien si solo es por una noche”, pero ahora…
— ¿Una noche?
— Sí — afirmó el chico. Aquello provocó que Nishinoya se apoyara en sus codos y se sentara. Asahi, en una exhalación pesada, se ubicó a su lado — Es decir… Yo…
— ¿Crees que haría esto contigo por una noche? — la pregunta consiguió que el chico castaño levantara la mirada hacia Noya. La confusión estaba en ambos ojos, pero los castaños del líbero reflejaban algo más — Asahi-san, ¿qué demonios? ¿en serio piensas que te besaría solo porque la cerveza se me subió al cerebro o algo? ¿esta es la situación, entonces?
— ¡No! Por supuesto que no, es solo que…
— Oh, ya veo, quieres que sea así.
— ¿Qué?
— ¿Tú quieres que esto sea por una noche y ya? ¿Es así como lo tomas? — la pregunta apresurada llegó a los labios de Noya y Asahi abrió sus ojos de par en par. Iba a decir algo, cuando el chico más bajo tomó la palabra, sin pensar realmente en lo que decía — Honestamente, no me importa demasiado ahora que tengo la posibilidad de estar así contigo, créeme, he buscado una en años… pero ¡Demonios! ¿Solo una noche? ¿En serio?
— ¿Hu? ¿Qué?
— ¿Puedes decir otra cosa que no sea “qué”?
— Lo siento — fue el turno de Asahi para pronunciar rápidamente sus palabras. Nishinoya lo miró, encontrándose con el perfil del chico que, hasta hace un momento atrás, lo había alzado del suelo como si su vida dependiese de ello. El cabello le caía por los lados de la cara y estaba muy desordenado, lo cual había sido obra suya. Tuvo que intentar concentrarse en la conversación, cuando Asahi levantó la vista y comenzó a hablar. Aunque la mirada del chico no estuviese en él, escuchaba sus palabras claramente — Lo de antes no lo decía para advertirte algo ni porque pensara que me besaste por la cerveza y ya, solo estaba siendo cuidadoso.
— ¿Cuidadoso con qué? Cuando me empujaste contra el refrigerador fuiste de todo, menos eso…
— ¡Noya!
— Ya, está bien… — Nishinoya no pudo evitar sonreír un poco cuando notó que la vergüenza de Asahi había vuelto. Después de todo lo que había ocurrido, era difícil de creer — Entonces… ¿cuidadoso con qué?
— Mis sentimientos — hubo un breve silencio, en el que Asahi suspiró y Noya juntó sus cejas, sin comprender del todo. El castaño giró su rostro, mirándolo fijamente cuando pronunció las palabras siguientes — Noya, ¿de verdad no te resulta obvio que estoy enamorado de ti? — la declaración provocó que el aludido abriera sus castaños ojos de par en par. Asahi, como pocas veces, no desvió la mirada — Fue difícil admitirlo, pero cuando entraste a la universidad y hablamos menos, creo que lo acepté…
— Suena como algo malo — comentó Nishinoya, aún sin abandonar su expresión de rotunda sorpresa. Asahi sonrió y suspiró.
— Bueno, es difícil cuando te enamoras de Yuu Nishinoya — hubo un remezón dentro de sí, cuando escuchó a Asahi decir aquello. El moreno suspiró, pasándose una mano por el cabello — Digo, no es como si no fuera difícil antes, pero en la universidad puedes encontrar a personas geniales, jugadoras de voleibol atractivas y…— el chico se detuvo a la mitad, soltando otro suspiro. Yuu seguía sin apartar la vista de él, siguiendo el movimiento de sus manos, las cuales ahora estaban entrelazadas. — y bueno, eres tú, ¿sabes? Encantas a cualquier persona con la que hablas, incluso le pedí a uno de mis amigos que dejara de coquetear contigo, una vez que los invité a mi casa…
— ¡Woah! ¿Qué?
— A eso me refiero — apuntó el castaño. Nishinoya alzó una ceja y Asahi desvió la mirada — Si causas eso sin que alguien te interese, me preguntaba cómo sería si fuera el caso…
— Entonces, ¿básicamente coqueteo con todo el mundo sin darme cuenta?
— ¡No! No, no era eso a lo que me refería…— se corrigió el castaño. Noya no había abandonado su expresión de confusión sorpresiva y luego soltó una risa, a lo que Asahi bajó la cabeza, tomándola entre sus manos — Rayos, Noya, estoy intentando ser serio aquí…
— Lo siento, es que todo esto es un poco surrealista para mí — admitió el chico. Asahi no se movió de su posición y Noya suspiró, sentándose con las piernas cruzadas sobre el sofá — Me haces quedar como un galán de primera y no es tan así, grandote… — dijo Yuu. Asahi apretó la mandíbula y estuvo por murmurar una disculpa. No obstante, la mano del líbero en su nuca llamó su atención. — Si fuese por mí, serías mi novio hace mucho…
— ¿Qué? — Asahi levantó la cabeza, encontrándose con el rostro calmado de Yuu. Luego, una sonrisa se dibujó en su rostro, antes de pronunciar las siguientes palabras.
— ¿Qué? ¿Pensaste que era mentira, cuando dije que quería una oportunidad de estar así contigo hace años?
— No tuve tiempo de procesarlo…
— Asahi-san — el nombre pronunciado sonaba correcto, sobre todo cuando los labios de Noya tenían esa sonrisa. Asahi lo observó un momento y no retrocedió cuando el chico se inclinó un poco hacia adelante, sin apartar la mirada — Quizás tú lo aceptaste cuando entré a la universidad, pero yo ya lo sabía de mucho antes — Nishinoya tomó una de sus manos entre las suyas y entrelazó sus dedos con los del castaño, sin dejar de sonreír. Asahi no era capaz de emitir sonido alguno — Puedo decir que es complicado estar enamorado de Asahi Azumane, lo estoy desde mi segundo año de secundaria, después de todo…
— ¿Complicado?
— ¡Por supuesto! Eres gentil, aunque no seas bueno con las palabras o para animar a las personas, transmites una tranquilidad increíble. Sé que tienes complicaciones cuando hay que atreverse a hablar o hacer cosas que no te gustan, pero logras superarlo cada vez — ante la enumeración de Noya, Asahi sintió cómo el color se le subió al rostro. El líbero lo notó y sonrió — Eres amable con todo el mundo, y bueno, súmale que eres irremediablemente sexy…
— Noya…
— Oh, Dios, no te atrevas a negarlo, pregúntale a cualquiera y te lo comprobará… Mi compañero de cuarto también lo cree y es hetero — ante eso, Asahi esbozó una sonrisa cautelosa. Nishinoya aprovechó esta oportunidad para corresponderle el gesto — Si el problema es que las personas pueden sentirse atraídas hacia ti, creo que tú también lo tienes, Asahi-san… — Las manos seguían entrelazadas, mientras Noya lanzó una leve risa — Sobre todo si soy tu amigo hace años y demonios, es muy difícil sentirme así y que me trates como lo haces
— ¿Ibas a parar ahora si te lo pedía? — preguntó el castaño. Nishinoya lo miró y hubo un brillo distinto del que Asahi normalmente veía. Era como si la bondad de Noya se intensificara, con esa sola mirada que le dedicó.
— Ya me detuve, ¿no? — respondió él. — No me acostumbro con poco, pero contigo todo siempre es suficiente, incluso si hubiese sido solo un beso o, bueno, esto… — reconoció Noya, señalando sus manos entrelazadas. Asahi sonrió y Nishinoya le correspondió el gesto — Como tú quieras, as… Así será.
— ¿Va a ver un momento en que dejes de decirme “as”? — preguntó Asahi, sonriendo más de lo que su cara podía soportar. Nishinoya volvió a reír y se acercó un poco más, a lo que el castaño lo miró como si estuviera escuchando una nueva melodía.
— Quizás, pero siempre me ha gustado decirte así… ¿Alguna idea?
— Hm… — En un movimiento que no pensó demasiado, Asahi rodeó a Noya por la cintura y lo atrajo para sí. Nishinoya entendió la acción y se sentó a horcajadas sobre el chico, quedando a centímetros de su rostro — Honestamente, me gusta que me digas así…
— ¿De una manera sexy y atrevida? — al notar que el rostro del chico se sonrojaba, Noya rio, apoyando su frente contra la sien. Incluso en esa distancia, podía sentir el sonrojo del otro chico — Si voy muy rápido, házmelo saber…
— ¿Cómo eres así? — Nishinoya se separó y observó el rostro de Asahi. Al notar la leve confusión en los ojos que ahora parecían dorados, el ex as de Karasuno continuó — ¿Cómo lo haces para darme tanta seguridad?
— ¿No te quedó claro, Asahi-san? — Nishinoya sonrió y el martilleo en ambos renació, con las palabras siguientes — Estoy enamorado de ti, esa es la única explicación.
— Es bueno saberlo… — dijo el castaño. Acto seguido, le dio un corto beso en los labios. Noya no comprendió cómo ese pequeño gesto le hizo vibrar tan alto — Yo también, Noya.
Los besos continuaron como una ronda de encantamientos. No hubo demasiados avances más allá de eso, solo palabras que ejercían y prometían en el tiempo. En la madrugada, ambos terminaron en el sofá abrazados, tapados con una de las mantas que Daichi había dejado por ahí antes de comenzar la fiesta. Nishinoya se acomodó en el pecho de Asahi y el castaño le devolvió la mirada mientras lo rodeaba con uno de sus brazos. Noya se quedó dormido casi al instante, siendo el otro chico quien lo seguía.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
— ¿Deberíamos despertarlos?
— ¡Déjame tomar una foto primero!
— ¡Tanaka! Dales un poco de privacidad…
— Perdón, pero la sala de estar no es una habitación muy “privada” realmente y hay gente aquí que es la mayor fanaticada de esto…
— ¡Woah! ¡No me lo esperaba! ¿Estaban juntos de antes?
— Silencio, Hinata idiota, y acompáñame a comprar panecillos al lado… Todo el mundo quiere desayunar
— ¡Cómo puedes decirle “idiota” a la persona con la que sales, estupiyama!
— Yachi-san sigue en el baño…
— Iré a hacerle un té
— ¡Kiyoko-san es tan gentil!
— ¿Dónde guardas el reciclaje, Sawamura-san?
Claramente, ni Asahi ni Noya tuvieron que dar la noticia de lo ocurrido, ya que todo el equipo se había enterado. Daichi y Ennoshita, nuevamente, espantaron al resto del equipo y se dedicaron a ordenar el lugar, ya que ellos dos no habían hecho mucho. No obstante, faltaron un poco más de gritos para que ambos despertaran y advirtieran la situación. Bastaron solo dos palabras de Suga y Daichi para que Asahi se sonrojara hasta las orejas y Nishinoya lanzó una carcajada, mientras le dedicaba una sonrisa al castaño y se levantaba.
Asahi observó cómo la figura del líbero desaparecía en la cocina y entre sus compañeros. Mientras se hacía un moño, Yuu llegó con dos tazas y le pasó una. El castaño lo recibió con una sonrisa y el aroma de té verde llegó a su nariz. Era su favorito por la mañana y él lo sabía.
Definitivamente, podía acostumbrarse a esto.
— Supongo que usaron protección…
Claro, sin Sugawara y todo el equipo alrededor.
