Actions

Work Header

Cerca

Summary:

Las manos Yotasuke permanecieron en su rostro, mientras éste acariciaba lentamente las rojas mejillas de Yatora con sus pulgares. El rubio jamás había pensado que unas manos acariciándole la piel de esa manera pudiese sentirse como estar flotando en el cielo. Se sentía como la primera vez que dibujó el amanecer en Shibuya... era casi lo mismo, pero la certeza de saber que el responsable de ese apacible tacto era el pelinegro adorable del que no había día que dejase de cruzar por su mente, hacía que sintiese como si en ese mismo instante pudiese morir por la satisfacción de ya haber vivido suficiente.

Notes:

editado <3

este oneshot nació una noche en la que hablaba con mi mejor amiga acerca de Blue Period (as usual) y lo triste que me sentía por la falta de fanfics de ésta pareja, que aparte de ser mi favorita de BLP, es una de mis otps u///u

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Tan cerca. Estaba tan cerca como nunca antes había podido imaginar; sintiendo su respiración, los latidos de su corazón a pocos centímetros, y el calor de lo inesperado subiendo desde la punta de sus pies hasta su cabeza, tornándose rojo. Sentía cómo sus ojos empezaban a percibir a Yotasuke más borroso de lo normal, dándose cuenta de lo rápido que se dilataban sus pupilas por la sangre bombeando con fuerza por sus venas.

Yotasuke encima de él, sin ningún ápice de querer dejar de estar ahí, era lo que más le intrigaba. A pesar de eso, no podía evitar que su corazón dejase de acelerarse en cada segundo que veía cómo el más bajo empezaba a tener tonos rosados en su rostro, que iban poco a poco tiñéndose de un rojo más brillante, acompañado con sus cada vez más oscuros ojos azules que amenazaban con nunca dejar de mirarlo.

El tiempo se detuvo, y eso era lo único que Yatora quería en ese momento. No quería que avanzara más el tiempo, quería que quedase congelado en ese instante, con el Yotasuke imperturbable de siempre pasando por un momento de inmensa debilidad controlado enteramente por el tacto directo de la cercanía. Miró con atención cada segundo, cada parpadeo, cada sonroso, cada movimiento de modo que pudiese quedar tan grabado en su memoria que en el futuro momento de su muerte eso sea lo único que tenga para reproducir... y vaya que no se arrepentiría.

El genio, el bien conocido talento más importante de los aceptados a primer año en Gedai, encima suyo, rojo, doblegado, más pequeño de lo habitual, lindo y, ojalá -en algún momento-, suyo.

Ese mismo genio, el más talentoso, al que más admiraba, al que más odiaba pero deseaba como jamás había sentido antes, no solo estaba encima suyo gracias a una ridícula caída intentando evitar que un busto de yeso cayese al piso en el taller de Gedai a las 8pm, sino que tampoco mostraba ni una sola intención de dejar de estar allí.
Siete segundos: Yatora los contó en su mente mientras se lo grababa cual tatuaje en su cráneo. Siete segundos en donde cinco estuvo en blanco, sintiendo todo; y dos, pensando en lo precioso, en lo realmente perfecto que era no solo en su talento sino en su aspecto; en lo pulcro, en lo lindo, en lo adorable, en lo abrazable y... en lo besable; en todo lo fuerte que había estado anhelando los últimos dos años a ese chico de baja estatura, cabello negro, ojos grandes, manos pequeñas, confirmando que... quizás estaba un poco enamorado. Un poco, perdidamente enamorado.

En el octavo segundo, completamente más inesperado que el resto, Yatora se rindió por completo y decidió cerrar los ojos. Sí, recordar todo por lo que había pasado con Yotasuke no había sido precisamente una buena experiencia. Yatora estaba perdidamente enamorado, pero estaba consciente y bastante convencido de que sus sentimientos resultaban, en gran medida, algo unilateral. Sin embargo... a pesar que Takahashi no era la persona más coherente con sus acciones frente a sus palabras, Yaguchi siempre había sentido un poco de esperanza, que tal vez, solo tal vez, a Yotasuke le gustara él.

Pero Yatora en ese momento decidió dejar a un lado ese ápice de esperanza, poner los pies en la tierra, y seguir creyendo que él iba a ser la última persona en el mundo a la que el genio Yotasuke Takahashi pudiese mirar con amor.

Y vaya que el octavo segundo marcó la pauta de lo inesperado, pues luego que Yatora cerrase sus ojos como muestra de su rendición frente a cualquier cosa que pudo y pudiese haber pasado con Yotasuke, sentir cómo el más bajo se sentaba encima de él y posaba su suave tacto en su rostro, culminó como lo único que faltaba para que el rubio perdiera la razón.

Yatora abrió los ojos, sintiéndose incluso más rojo que antes, tan eufórico que podía empezar a percibir cómo unas lágrimas empezaban a derramarse de sus ojos.

"Yaguchi-san, ¿¡estás bien!?", dijo Yotasuke, asustado, ahora inclinándose más hacia el rostro de Yatora, con ambas de sus manos a cada lado del rostro del rubio.

"Y-yo... h-he... ¿puedo sentarme?"

"V-vale. Lo siento. Me voy a levantar", dijo Yotasuke mientras retiraba sus manos del rostro de Yaguchi y empezaba a tomar impulso para ponerse de pie, hasta que...

"¡NO! Takahashi-san, así está bien, solo un momento más", poniendo su mano izquierda encima de la mano derecha de Yotasuke que se posaba suavemente en su rostro, mientras con su brazo derecho agarraba fuertemente de la cintura al pelinegro, haciendo que se sentara en su regazo.

Yatora nunca creyó que realmente pudiese haber tenido tanta fuerza como en ese momento; y no solo fuerza física sino también mental, pues controlar las inconmensurables ganas que tenía de besarlo hasta quedarse sin respiración, le resultaba sobrehumano.

Las manos Yotasuke permanecieron en su rostro, mientras éste acariciaba lentamente las rojas mejillas de Yatora con sus pulgares. El rubio jamás había pensado que unas manos acariciándole la piel de esa manera pudiese sentirse como estar flotando en el cielo. Se sentía como la primera vez que dibujó el amanecer en Shibuya... era casi lo mismo, pero la certeza de saber que el responsable de ese apacible tacto era el pelinegro adorable del que no había día que dejase de cruzar por su mente, hacía que sintiese como si en ese mismo instante pudiese morir por la satisfacción de ya haber vivido suficiente. Yotasuke lo miraba con ternura. Realmente esa mirada estaba siendo dirigida hacia él. Era Yatora Yaguchi a quien Yotasuke Takahashi miraba con profundo cariño y quizás un poco de deseo.
El rubio no aguataba más, genuinamente se encontraba en su límite. Entonces, decidió definitivamente abandonar ese pensamiento de unilateralidad, abriéndose a la esperanza que tanto le había estado haciendo retumbar el corazón.

"Takahashi-san, ¿puedo abrazarte?", dijo Yatora, en forma de susurro, como un secreto que nunca debía ser revelado en voz alta.

A pesar de haber preguntado, Yaguchi no esperaba confirmación alguna, pues con mirar directamente a los ojos del pelinegro pudo sentir su respuesta. La forma dulce con que Yotasuke lo miraba valía más que mil palabras. De todos modos, así había sido siempre él: un chico de pocas palabras, de muchos actos, uno tras otro, significativos, de peso. En el instante que el rubio mantuvo sus ojos posados en los del más bajo, pudo incluso darse cuenta de todas las cosas que había estado intentando decirle en estos cortos e intensos dos años conociéndolo. "Quisiera poder escucharlo en palabras", pensó Yatora, pero no sería tan ambicioso como para pedirle a su amado pelinegro cosas que podía dar. Algo que el Yaguchi había aprendido en estos últimos años era la paciencia y la perseverancia, que no solo aplicaba para su arte sino para cada pequeño paso que daba -indirectamente- de la mano de Yotasuke.

Yaguchi lo dio por sentado, y sin que Yotasuke hubiese separado las manos de su rostro, éste lo abrazó con firmeza pero con suavidad, como si estuviese abrazando a un bebé recién nacido, o a un pequeño gato. Primero acomodó sus brazos alrededor de la cintura del pelinegro, pero luego subió su mano izquierda a la cabeza del mismo y enredó sus dedos en su cabello. La frente de Yatora estaba enterrada como una estaca en el pequeño espacio disponible del cuello de Yotasuke, permitiéndole así respirarlo, sentir su esencia, y confirmar lo que una vez Hashida había dicho: "Sekai-san huele como a un bebé". Haruka tenía razón.

Yatora tenía los ojos cerrados, otra vez, porque su finalidad no era solo sentir al más bajo, sino grabárselo en la piel. Yaguchi estaba decidido fervientemente a no olvidar absolutamente nada de lo que estaba sucediendo, pues el miedo irreversible de despertar en algún momento como si eso fuese solamente un sueño, le invadía la mente y la cordura como un virus a punto de exterminar. El rubio quería que sus sentidos conocieran, aprendieran, y nunca olvidaran a Yotasuke. No permitiría que en algún momento de su vida pudiese llegar a olvidar a su primer amor.

Entonces, sin previo aviso, su concentración fue interrumpida por Takahashi, quien se separa un poco de él, haciendo que Yatora sacara la cabeza de su rincón escondido para mirarlo una vez más. El pelinegro alza sus brazos, los envuelve en el cuello del rubio, y acerca su rostro al de él, advirtiendo con disminuir cada vez más la distancia casi inexistente de sus cuerpos.

Sienten sus respiraciones, sienten sus vidas, sus historias, sus horas, su arte, sus mentes, sus deseos, sus pieles. Takahashi, todo él, se siente como un resonar hasta sus huesos, a sus venas, a sus células. Los labios de Yotasuke, delgados y un poco rosados, se sienten como probar su dulce favorito después no haberlo comido en mucho tiempo y casi habiendo olvidado porqué aquel era su predilecto. Se conmovía interminablemente por pensar que sus labios estaban hechos para permanecer posados y moviéndose con los del pelinegro. Yatora repetía, con vehemencia, "ojalá esto no sea un sueño".

Después de sus labios, pasó a sentir lentamente su lengua. Ahora no era solamente como si estuviese probando su dulce favorito, ahora sentía todo su cuerpo como si estuviese ardiendo en brasas al rojo vivo. Sentía el fuego, el calor, la desesperación. Éste no era su primero beso, pero sus otros, uno con una chica y otro con un chico, jamás le habían hecho afligirse así. También era porque por esas dos personas no sentía absolutamente nada más que curiosidad, diferente a todo lo que tenía en su cabeza acerca de Yotasuke. Su mente solo era él, él, él, él y él. Por esas dos personas no había querido ni pensado volverse fuego y cenizas a tiempo récord, y tampoco lo hubiese querido. Takahashi era diferente a todos los demás, y con seguridad sabía que no conocería a nadie como él que ocupara ese puesto en su corazón y en su arte.

Yotasuke era el que establecía el ritmo del profundo beso, volviéndose poco a poco más lento hasta parar. Ahora, Yatora sentía cómo el pelinegro pronunciaba unas cuántas palabras ininteligibles para él, que poco a poco se hacían más claras. "Me gustas, me gustas, me gustas, me gustas.": eso era lo que estaba pronunciando Takahashi.

"Me gustas, Yaguchi-san", dijo con ahínco. "Siempre me ha gustado Yaguchi-san, desde que lo vi por primera vez, pero pensaba que solo querías jugar conmigo. Nunca había podido tener la oportunidad de decírtelo... por cada palabra y gesto hiriente que tuve hacia ti: lo siento. Me gustas mucho, Yaguchi-san. Me gustas, me gustas, me gustas. Cada cosa de ti, como te sonrojas cuando te digo cosas positivas hacia un arte, como se iluminan tus ojos... la forma como siempre estás aquí conmigo aunque yo no precise tu compañía y tú solo confirmes que, sin importar lo que pase, sin importar qué suceda, tú siempre vas a estar conmigo. Me gustas, Yatora."

Yotasuke espetó todo eso sin pausa alguna, como si estuviese reproduciendo un CD de música acelerado al doble de velocidad. Yatora no tenía palabras, y por un segundo creyó que nunca podría llegar a tenerlas. Era incapaz de razonar, de pensar en al menos una oración de todas las cosas que había dicho su pelinegro. Lo único que no dejaba de retumbar en su cabeza era "me gustas, Yaguchi-san", y Yatora creyó que eso era suficiente.

"Y-Yotasuke...", hizo una pausa larga casi en medio de las lágrimas, "¡también me gustas!".

"Ya lo sé. Por eso te lo digo, idiota.", dijo con arrogancia. "Y no te quiero lastimar más. Llevaba tiempo pensando cómo decirte las cosas, pero no creí que ese momento sería ahora mismo. Sin embargo, estoy bien con eso.", se quedó en silencio. "Yaguchi-san, ¿quieres estar conmigo?"

"Sí, sí, sí, sí.", dijo con inmensa euforia, mientras lo abrazaba una vez más, pasando sus brazos por encima de los hombros de Yotasuke como él había hecho antes de besarlo.

"No puedo creerlo, Takahashi-san. Por favor, no te alejes, no me sueltes, no te vayas", dijo entre sollozos.

"No lo haré, Yaguchi-san, no lo haré", con calma. "Ahora, tenemos que recoger la escultura que cayó y... bueno, está totalmente rota. Creo que es de Miki-san, entonces mañana nos tenemos que disculpar con ella".

Yatora ya había olvidado que la razón por la que todo esto ocurrió, había sido por un ridículo busto de cuarenta centímetros que había tumbado sin querer y, por alguna razón, ambos intentaron tomar para que no se rompiese, fracasando en el intento porque irremediablemente cayó. De todos modos, a Yatora le importaba poco un busto de yeso. Lo único que le importaba era que acababa de besar a la persona que le gustaba. Pero no solo eso, sino que también había estado en su regazo, y había confesado su amor, ¡todo!, en unos cuantos minutos.

Yotasuke se puso de pie finalmente, estirando su mano derecha frente a Yatora como forma de ayuda para ponerse de pie. El rubio toma su mano, volviendo a la realidad irreemplazable de que él era más alto que el pelinegro... considerablemente más alto. Aprovecha ese momento para no soltar la mano de Takahashi, reemplazando su mano derecha (que usó para levantarse) con la izquierda, sujetando suavemente su tacto.

Y así, salieron del taller a las 8:15pm, tomados de la mano. Yatora, anonadado al darse cuenta que estaba saliendo con Yotasuke, y Yotasuke aliviado por haber podido tener el valor de asincerarse con la persona hacia la que más amor había sentido jamás.

Notes:

mi finalidad: tener un soporte que me ayudase a imaginar en qué situación yatora y yotasuke podría besarse, porque la tensión sexual que estos pirobos tienen es como 1000*e^INFINITO

espero les haya gustado, en serio,,,,,,, comentarios son bienvenidos. LES AMO

mi tw: https://twitter.com/noahdieee