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Era pasada la medianoche y la luna iluminaba tenuemente los alrededores de la residencia Rengoku.
En su interior, el pilar de las llamas Rengoku Kyojuro descansaba por primera vez en su habitación luego de varias semanas fuera de casa después de su enfrentamiento con un demonio de rango superior, cumpliendo con un régimen de reposo absoluto mientras sanaban sus heridas.
No recuerda mucho de lo sucedido luego de ser atravesado por el pecho. De no ser por el joven Kamado, quien lo visitó apenas despertó veinte días después, no tendría la más mínima comprensión de cómo logró salir de allí con vida.
El joven espadachín le comentó que poco después de que el demonio huyera hacia el bosque, comenzaron a llegar los kakushi a la escena para auxiliar a los afectados por el accidente, y junto con Zenitsu e Inosuke (quienes asumía eran el chico amarillo y el de cabeza de jabalí) ayudaron a llevar al pilar de las llamas a un hospedaje cercano para que fuera tratado por los mejores curanderos de la zona.
Milagrosamente, el daño recibido no era tan grave como para destrozar por completo varios de sus órganos internos, y luego de exhaustivas horas de tratamiento para detener la hemorragia y prevenir cualquier infección, sus heridas fueron cerradas.
Con la advertencia de que debía guardar reposo total y otras indicaciones de los curanderos, Kyojuro decidió regresar a casa para continuar con el proceso de sanación y visitar a su familia, pero no sin antes dar sus más profundos agradecimientos a las personas que lo trataron durante más de un mes y a los tres jóvenes espadachines que lo acompañaron en su misión.
No había terminado de cruzar el umbral cuando su hermano menor salió corriendo hacia él rápidamente, con lágrimas en los ojos, y con cuidado de no rozar sus heridas, se aferró a su brazo como si su hermano mayor fuese a ser arrebatado de allí en cualquier momento. En respuesta, Kyojuro inclinó su cabeza hasta que su mentón tocó el cuero cabelludo de Senjuro, reiterándole que estaba feliz de estar en casa con su hermano pequeño.
Senjuro ayudó a su hermano a entrar en la residencia y lo guió hasta la habitación de su padre, quien se encontraba sentado en el porche, mirando por las puertas abiertas al jardín como de costumbre. “Así que mantuviste tu promesa y volviste”, dijo sin más, sin siquiera voltear a mirar a su hijo mayor.
Pasaron varios minutos en silencio por lo que Kyojuro, asumiendo que no tenía nada más que decir, se dio la vuelta para retirarse, y podría jurar que escuchó un bajo y tembloroso ‘me alegro’ antes de abandonar la habitación, con una sonrisa en su rostro.
Kyojuro pasó el resto de la tarde conversando con Senjuro en su habitación. Hablaron de todo. Senjuro le contaba sobre las cosas que había hecho mientras su hermano mayor estaba fuera de casa, y Kyojuro le comentó sobre su misión y los tres jóvenes cazadores que lo habían acompañado, lo que le hizo recordar la invitación que le había hecho al joven Kamado de venir a su casa y mostrarle las notas dejadas por los antiguos pilares de las llamas. Tal vez así encontraría la respuesta a sus dudas sobre la Danza del Dios del Fuego.
Llegado el anochecer, ambos hermanos comieron juntos, y se despidieron para descansar en sus respectivas habitaciones. No pasó mucho tiempo antes de que Kyojuro se sumiera en un sueño profundo.
A medida que transcurría la noche y las calles se vaciaban de personas, las pequeñas criaturas de la oscuridad salían de sus escondites para iniciar su sinfonía nocturna en los jardines de la residencia Rengoku.
Pero hubo un momento avanzada la noche donde Kyojuro, cuya conciencia regresó a la superficie para sacarlo de sus sueños, advirtió la presencia de algo acechando en los rincones de su habitación que luego aterrizó rápidamente encima de él.
Al sentir esta presencia amenazante, Kyojuro reacciona extendiendo su brazo para inmovilizarla, pero es detenido por una mano cuyos dedos estaban teñidos de un azul oscuro que sostenía la suya con fuerza.
"No esperaba que sanaras tan rápido. Aunque, sinceramente, no esperaba que salieras de allí con vida, Kyojuro". Conocía esa voz, y al dirigir su mirada hacia dónde provenía, confirmó que su dueño era nada más y nada menos que la luna superior tres, Akaza, a quien enfrentó casi dos meses atrás y lo dejó herido de muerte.
Akaza se encontraba posicionado a horcajadas encima de él, con una pierna a cada lado del cuerpo del hashira. Intentó atacar con su otro brazo pero el resultado fue el mismo, teniendo ahora sus dos manos inmovilizadas por el demonio.
"Parece que tu fuerza es mucho más impresionante de lo que imaginé". Akaza se inclinó hacia el rostro de Kyojuro, acortando cada vez más el espacio entre sus cuerpos. "Me pregunto en qué otras cosas serías bueno utilizando esa fuerza..."
¿A qué se refería con eso? Como sea, no iba a detenerse a averiguarlo. Intentó librarse del agarre de Akaza y de incorporarse, pero el demonio lo sostuvo de nuevo en su lugar. Se acercó a su oído y le susurró: "Si fuese tú no me movería, no queremos que esa herida en tu pecho se abra, y mucho menos que sea yo quien lo haga". El demonio soltó una carcajada que hizo que la sangre de Kyojuro hirviera de la ira.
Lo que no se esperaba fue que, luego de esas palabras, sintió algo húmedo que le recorría la oreja hasta bajar a un costado de su cuello. Tardó un momento en darse cuenta que Akaza lo estaba lamiendo en esa zona, para luego bajar un poco más y remover levemente el yukata de Kyojuro, y posteriormente posarse en sus clavículas para llenarlo de besos y mordiscos.
"¡¿Qué estás—?!" ignoró las palabras del demonio e intentó levantarse una vez más, pero su movimiento fue bloqueado por unos labios que aprisionaron los suyos hasta que estuvo completamente acostado de nuevo. ¿Será posible que-?
No, Akaza no se movió de donde descansaba en el pecho de Kyojuro, adornando sus clavículas con chupetones y dejando rastros húmedos de saliva. Alguien más irrumpió en su habitación, pero su aura no era tan amenazante como la de un demonio. La persona sostenía ambos lados de la cabeza de Kyojuro con sus manos, mientras movía bruscamente sus labios contra los suyos, abriéndose paso en su cavidad bucal con su lengua. El beso era rudo y sofocante, y Kyojuro solo pudo cerrar sus ojos con fuerza, incapaz de apartarse de la persona que pareciera no pensar en dejarlo ir.
"Hakuji, déjalo respirar", habló Akaza burlonamente luego de un rato. La persona identificada ahora como 'Hakuji' dejó ir los labios del hashira, pero no sin antes relamerlos una última vez y separarse con un fuerte chasquido.
"No me digas qué hacer. Además," agregó Hakuji "sus labios saben tan bien como se ven".
Al levantar la mirada, Kyojuro logró visualizar la cara de la otra persona, quien, para su desconcierto, era un hombre joven, no mucho mayor que el hashira, vistiendo nada más que un yukata azul oscuro y una sonrisa que reflejaba la del demonio frente a él.
"¿Y bien? ¿Qué opinas de mi yo humano? ¿Lo odias tanto como a mí?" escuchó a Akaza decir.
¿Su 'yo' humano?
Ahora que detallaba mejor los rasgos del hombre, podía notar ciertas similitudes con la luna superior tres. A pesar de no tener su cuerpo cubierto por líneas gruesas y oscuras, poseía una increíble fuerza física que igualaba la del hashira; sus largas pestañas rosas y sonrisa complacida eran idénticas; su cabello no era rosa brillante, sino oscuro como el cielo nocturno fuera de su habitación, y sus ojos azules poseían la misma ferocidad que los del demonio sentado encima de su pelvis.
¿Cómo era esto siquiera posible? Quizás no se deshicieron por completo del demonio Enmu y se encontraba bajo su ataque en este momento, pero, ¿por qué era la luna superior tres quien se apareció en sus sueños? ¿Era otro tipo de técnica de sangre que había desarrollado para acabar con los cazadores de demonios? Sea como fuera, no podía quedarse tranquilo. Su padre y su hermano menor se encontraban durmiendo en sus habitaciones no muy lejos de la suya, ¿corrían peligro también? No podía permitir que les hicieran daño.
"Te estuve observando durante días, Kyojuro." Akaza arrastró sus manos sobre el pecho de Kyojuro, abriendo cada vez más su yukata. "No pude dejar de pensar en nuestro enfrentamiento, así que volví para verificar si de verdad estabas muerto, y para mi sorpresa, descubrí que me estaba equivocado". Sus manos de deslizaron hasta apartar por completo el yukata, revelando su fuerte abdomen cubierto de vendajes ante ambos pares de ojos. "Cada fibra de mi cuerpo se erizaba al recordar tu maravilloso espíritu de lucha esa vez".
El demonio dijo esto último moliendo ligeramente sus caderas contra la parte baja de Kyojuro, su respiración sintiéndose pesada cuando abandonó sus labios en un quejido casi inaudible.
Kyojuro se alarmó. Mientras forcejeaba una vez más, Akaza se deslizó fuera de su regazo hasta quedar entre sus piernas, con el rostro frente a su pelvis y el culo alzado en el aire. Akaza terminó de remover por completo su yukata, teniendo ante sus ojos ahora el miembro descubierto del hashira.
"Oh, nada mal." dijo sosteniendo la pesada longitud en su palma, "Como se esperaba de un poderoso pilar como tú".
La expresión de deleite en su rostro hizo que Kyojuro quisiera vomitar.
"¡Detente ahora mismo!" demandó, la furia burbujeando en su pecho.
"¿Eso quieres? No creo que estés siendo honesto del todo", se burló haciendo referencia a su polla semi erguida que descansaba junto a su mejilla. Dio una húmeda lengüetada en la punta, para luego proceder a besarla e introducirla en su boca.
Akaza intenta tragar un poco más de la mitad, compensando en resto con su mano. Establece un ritmo lento, frotando el miembro contra la piel suave de sus mejillas internas y sacándolo para lamerlo por completo, siempre mirando a Kyojuro a través de sus largas pestañas húmedas.
La lasciva imagen del demonio con las mejillas ahuecadas y lágrimas espesas en sus ojos mientras tomaba su polla cada vez más profundo en su boca era algo insoportable de ver. Rompió el contacto visual y dirigió su mirada a un punto en la pared frente a él, pero no pudo evitar captar de reojo que la mano de Akaza que no sostenía la base de su polla se encontraba entre sus dos nalgas, insertando un dedo tintado en su apretado agujero. Los ruidos ahogados que subían por la garganta del demonio resonaban en su miembro sensible por la estimulación.
“Aquí arriba tampoco estás nada mal.” Por un momento olvidó que Hakuji seguía allí con ellos. “Cualquier chica se sentiría celosa de estos.”
Apenas terminó de hablar, Hakuji colocó ambas manos en sus pectorales, amasando la carne hinchada y tirando de sus pezones entumecidos. Su polla dio una sacudida dentro de la cavidad bucal de Akaza que éste no dejó pasar por alto. Deslizó el miembro ahora viscoso fuera de su boca lentamente, succionando la punta una última vez y dejando salir un sonido de ‘pop’ demasiado fuerte para mayor mortificación del hashira.
“¿Así que te gusta que jueguen con tus pezones, eh?” Akaza se arrastró sobre Kyojuro y apartó una de las manos de Hakuji de un manotazo (quien le dedicó una mirada tan letal al demonio que parecía capaz de atravesarle el cráneo) para lamer una de las protuberancias rosadas y luego insertarla dentro su boca. La mano que tenía en la mitad inferior de su cuerpo nunca dejó su lugar, insertando esta vez tres dedos en su agujero, preparándose para recibir la gruesa longitud en su interior.
Kyojuro luchaba por contener los leves espasmos de su cuerpo, lo cual era una tarea aún más difícil teniendo a Hakuji y a Akaza jugueteando con sus pezones, succionando y pellizcando hasta dejarlos duros y enrojecidos, a la vez que el demonio frotaba su erección contra la suya, creando una deliciosa fricción que le hacía imposible pensar en algo más.
No se dio cuenta del momento en que Akaza cambió de posición, apoyándose con ambos pies para quedar justo encima de sus caderas. Con una mano tomó el miembro del hashira para guiarlo hacia su entrada y frotar la punta resbalosa, crispándose en anticipación.
Lentamente, comenzó a introducir el glande a través del anillo de músculos. Akaza ahogó un gemido mientras bajaba por la longitud de Kyojuro, su cuerpo estremeciéndose a la vez que intentaba acostumbrarse al estiramiento de la gruesa circunferencia.
“¿Eso es todo? Por favor, esperaba más de un demonio de rango superior”, abrió los ojos ante las carcajadas de Hakuji y bajó su mirada hacia donde se podía ver su unión con la polla de Kyojuro, y se dio cuenta de que todavía estaba a medio camino.
Esto no puede estar pasando.
“C-cállate…” Akaza volvió a impulsarse hacia abajo una vez más, pero al parecer tres dedos y la lubricación de su saliva no habían bastado.
En medio de la frustración y las burlas de Hakuji, decidió que tuvo suficiente, y simplemente acabó por sentarse completamente en el miembro del hashira. La intrusión repentina ocasionó que apretara los dientes y cerrara los ojos con fuerza, sus piernas temblorosas, sus entrañas quemando por el dolor.
Necesitaba unos momentos antes de empezar a moverse. Primero probó rodando sus caderas, inclinado en un posición que hacía que su propia erección rozara contra el vientre del hashira, para luego acelerar el ritmo poco a poco hasta que se encontró a sí mismo rebotando impetuosamente en su polla, persiguiendo su propio placer con cada dura estocada.
“Ah, ah, tan grande…”
Kyojuro gimió bajo y gutural. No podía creer la escena que desarrollaba frente a sus ojos: el demonio que casi lo asesina hace semanas atrás estaba ahora montando desesperadamente su polla en un ángulo que permitía ver claramente la forma en que entraba y salía de él; su mandíbula colgando dejaba escapar jadeos y maldiciones que se mezclaban con los sucios y húmedos sonidos de piel chocando con piel que llenaban la habitación.
De vez en cuando, el demonio se deslizaba lentamente hacia arriba hasta tener solo la punta gruesa dentro suyo, para luego bajar de golpe hasta que sus nalgas chocaran contra la pelvis de Kyojuro, lo cual provocaba que sus caderas se entumecieran de placer y su boca salivara en exceso.
Era la definición misma de tentación.
“Veo que te estás divirtiendo ahí, Kyojuro, pero creo que te olvidas de algo.” La voz de Hakuji lo sacó de la bruma que había en su mente, y no le dio tiempo de protestar cuando su visión fue nublada por la parte inferior del cuerpo del otro, quien se había despojado de su yukata azul y acomodado justo en la cara del hashira. “Concéntrate en mí ahora.”
Kyojuro quedó estático por un momento, ¿qué se suponía que debía hacer con el trasero de Hakuji a solo centímetros de su rostro?
“Parece que todavía no has captado bien.” Aún sin verlo, sentía que Hakuji estaba sonriendo todavía más. ”Usa tu lengua, Kyo.”
No sabe qué lo exasperó más, si la petición de Hakuji o el apodo.
A pesar de adaptarse rápidamente a cualquier circunstancia cuando se enfrenta al peligro, no hallaba forma de salir de esta extraña e inesperada situación. Había sido derribado por un demonio y su aparente versión humana, y ahora estaba siendo usado como un juguete para entretenerse a ellos mismos, incapaz de poder hacer algo al respecto. Lo único que se le ocurría ahora era seguirles la corriente para terminar con esto lo antes posible.
Si eso significaba dejar de lado su código moral al que se había apegado desde que era niño, pues no tenía de otra.
Su lengua trazó una línea húmeda a lo largo del agujero de Hakuji, para luego hacer movimientos circulares en la zona. Hasta ahora, no había sido tan desagradable como creyó que sería.
“Ahh, sí. Eso se siente bien”, dijo Hakuji en un jadeo tembloroso. “Ahora fóllame con tu lengua”.
Kyojuro dudó por un momento, pero acabó por obedecerlo. Separó sus glúteos con ambas manos para tener una mejor vista. Juntó una gran cantidad de saliva para facilitar el acceso e introdujo su lengua en la entrada del otro hombre, lamiendo las paredes internas y raspando los bordes con sus dientes, volviendo a Hakuji un lío de gemidos y jadeos.
Por alguna razón, una parte de él quería escuchar más de esos obscenos sonidos que abandonaban su cuerpo, así que Kyojuro probó añadiendo un dedo para oír su reacción, metiendo dentro y afuera al mismo tiempo que lo estimulaba con su lengua.
“Oh, mierda, sí. Sigue así”, gimió Hakuji en voz alta y sin descaro, su cuerpo sacudiéndose por la intrusión. “No te detengas, Kyo”.
“Genial, por fin me libro de ese mocoso debilucho y ahora tengo que compartir la atención contigo" se quejó Akaza. “Simplemente apresúrate en acabar para que dejes de ser un estorbo”.
"¿Es una prueba de resistencia ahora?", respondió Hakuji.
"Si lo quieres poner así- huh, mierda.”
Akaza halló la perfecta posición para hacer que la polla de Kyojuro rasgueara aún más profundo sus entrañas, su columna vertebral hormigueando con cada violento golpe de caderas.
El calor en la habitación se extendió como un incendio forestal. El ambiente se encontraba impregnando del aroma embriagador de la lujuria, mezclado con los ruidos de chapoteo generados por la carne chocando entre sí, y los gruñidos y gemidos desesperados que escapaban de los tres cuerpos febriles en el suelo.
Akaza sentía sus piernas debilitándose, sus caderas realizando movimientos cada vez más erráticos, moliendo en círculos para que el punto dulce fuera estimulado constantemente. Sentía que estaba al borde, los indicios del orgasmo picando en su vientre bajo.
“Ah, ah, tan cerca…“, el maullido agudo que escapó de sus labios despertó algo en Kyojuro que hizo que el poco raciocinio que luchaba por mantenerse a flote se disipara por completo en su mente.
Kyojuro desprendió sus caderas del piso para enterrarse en Akaza en una embestida potente, causando que sus ojos rodaran y todo el aire abandonara sus pulmones.
“¡Ah! ¡E-espera, Kyojuro-! ¡Ohh!” Akaza era un montón de gemidos y balbuceos incoherentes. Sentía que su cuerpo se debilitaba aún más con cada empuje implacable del hashira, mientras lágrimas y saliva caían por su rostro.
Kyojuro ignoró el dolor punzante en su pecho, demasiado concentrado en la manera en que las paredes del demonio lo apretaban mientras entraba y salía de él.
“Ah, ah, Kyojuro, ¡Kyojuro! ¡Voy a-!”, no alcanzó a finalizar esa oración cuando sintió una descarga eléctrica yendo de un extremo de su cuerpo a otro, el cual culminó en un escandaloso orgasmo que disparó su cabeza hacia atrás, su espalda curvándose en un arco imposible, tiras de blanco aterrizando a lo largo de su pecho y parte del estómago de Kyojuro.
No pasó mucho tiempo antes de que Kyojuro también llegara al límite. Le tomó dos o tres embestidas más antes de derramarse en el interior de Akaza, quien dejó escapar un quejido al ser llenado por la sustancia espesa y caliente.
Akaza sentía sus extremidades como gelatina, no pudo evitar sucumbir al agotamiento y se dejó caer hacia atrás, causando que la polla flácida saliera de su interior y que el semen goteara de su agujero hinchado.
“Ah- quién diría que un demonio de rango superior perdería contra un humano- ¡NGHH!"
Las burlas de Hakuji fueron interrumpidas cuando una mano tomó su polla descuidada, bombeando rápida y bruscamente de arriba a abajo. Era una de las manos de Kyojuro que había soltado el agarre en su trasero para masturbarlo, al mismo tiempo que atendía con su lengua el agujero del hombre sentado sobre su rostro.
“Ah, Kyo, ¡Kyo!” oleadas de excitación recorrieron el cuerpo de Hakuji y se vino con fuerza, manchando de blanco el abdomen del hombre debajo de él. Kyojuro lo dejó ir y Hakuji acabó por desplomarse en el suelo también, los pechos de ambos subiendo y bajando como si sus pulmones lucharan por aire luego de haber estado bajo el agua mucho tiempo.
Kyojuro sentía el corazón martilleando en sus oídos. Había bajado por completo sus defensas y simplemente permaneció allí, viendo al techo en medio de la oscuridad. Pocos minutos después, cuando estaba a punto de cerrar sus ojos a causa del cansancio, oyó una voz que débilmente logró identificar como la de Hakuji:
“Hazte a un lado, Akaza. Es mi turno de recibir a este grandullón dentro de mí”.
“¡No-!” Kyojuro abrió sus ojos, respirando con dificultad, y en ese momento la puerta de su habitación fue abierta por alguien.
“¡Hermano! ¿Qué sucede? ¿Tu herida duele?”, era la voz de su hermano pequeño.
Kyojuro abrió los ojos y notó que no había nadie, a excepción de Senjuro, quien había venido rápidamente al oír un grito que provenía de la habitación de su hermano mayor y se abalanzó a su lado cuando lo vio apretando los ojos con fuerza mientras se apoyaba en ambos codos, su herida doliendo por el movimiento repentino.
Permaneció alerta por si algo más aparecía. Recorrió su mirada por cada esquina de la habitación, pero no había nadie, como si el demonio y el otro hombre se hubiesen esfumado en el aire en cuestión de segundos.
“Senjuro, ¿no viste a nadie entrar ni salir de aquí?”, preguntó Kyojuro cuando el dolor bajó de intensidad y se hubo tranquilizado un poco.
“¿Eh? No, no he visto a nadie mientras corría hacia acá. ¿Por qué preguntas, hermano? ¿Alguien estuvo en tu habitación?", la preocupación en la voz de Senjuro aumentó todavía más.
Kyojuro se secó el sudor de la cara con su manga e intentó regular su respiración para tranquilizar a su hermano y atenuar el dolor en su pecho. Negó con la cabeza y levantó la mirada hacia Senjuro: "No te preocupes, no es nada".
No pudo mantener el contacto visual con su hermano pequeño por mucho luego de que fragmentos del sueño tan vergonzoso que tuvo hace poco invadieron su mente, pero se obligó a disiparlos inmediatamente y a recuperar la calma.
Después de todo, había sido solo un sueño.
"Hermano, ¿qué son esas manchas en tu cuello?"
Kyojuro miró hacia abajo y vio atónito los múltiples chupetones y mordiscos que adornaban sus clavículas y parte de su pecho.
Había sido solo un sueño, ¿verdad?
