Work Text:
Y ahí estaba él, vestido con unos jeans oscuros, una camiseta azul chillón con mangas cortas rojas y un logo de una empresa americana de pizzas, un sujeto lo ve por la calle sin conocerlo y todo se vería completamente normal, un repartidor durante su jornada laboral llegando a uno de sus tantos destinos, pero no, era más que eso porque se encontraba apunto de tocar el timbre de su propio departamento, con un uniforme comprado en Internet y una caja de pizza vacía, con los pelos de punta y la polla caliente.
Decir que estaba nervioso era poco, sentía un revoltijo de emociones en la boca del estómago listas para ser vomitadas al primer movimiento, y es que no sabe en qué momento cedió hasta llegar a esta situación, hace semanas su pareja le rogaba por intentar algo nuevo, algo emocionante, algo que llevase su apetito sexual hasta las estrellas, que en realidad su intimidad no era mala, era muy buena, en extremo buena, pero habían ciertas experiencias en la vida de un universitario que sí o sí tenían que vivir según él, y estando a un paso fuera de esa etapa en su vida no podían desperdiciar la oportunidad, y a su pareja le llamaba la atención cierto escenario en particular que lo llevó a pedir un traje de repartidor barato en Amazon.
La última semana de su vida pasa frente de sus ojos en forma de flashbacks, puesto que, su novio gestionó lo que él iba a ejecutar mas no sabía lo que le esperaba detrás de la entrada, será que estará en una toalla de esas que mágicamente se le caen a las personas cuya desnudez sea irremediablemente descubierta, o quizás portará ropa interior de mujer, nunca lo han intentado pero se le agua la boca con la idea de admirar a su pareja con un calzón rojo de encaje con el típico lacito en medio y hasta tal vez unas medias de estas que son suavecitas y llegan a los muslos, Dios la mera imagen hace que se muerda los labios y pase una mano por toda su cara como si eso esfumara todo el nerviosismo en sus pantalones, también estaba la tercera y más probable posibilidad y es qué lo encuentre desnudo, que le abra la puerta estando completamente al descubierto facilitándoles las cosas a ambos y apresurando a llegar al quid del asunto.
Sabe que la está haciendo más larga con todo lo que piensa y que eso no hace más que subirle la calentura junto con la expectativa, pero de eso se trata toda la escena, la sencilla y atractiva expectativa, y su novio fue muy explícito con lo que quería lograr esa tarde, la expectativa era una de las tantas pautas, y le seguía la actuación pisándole los talones, no podía soltar ningún te amo, ningún apodo cariñoso, ninguna caricia, tenía que ser rudo, sucio y seco.
Y con esas palabras en mente repitiéndose para aumentar su valor, estiró el brazo, que dígase de paso no sabía que estaba tan entumecido hasta que lo movió, vio la hora que marcaba su reloj de muñeca y con el corazón retumbando en su oído tocó el timbre, escuchando casi inmediatamente pasitos cortos pero veloces.
La puerta se abre dejando ver una cabecita rubia asomándose, y si corriera aire dentro de ese edificio podría fácilmente excusar su escalofrío pero como no es el caso, intenta hacerlo pasar lo más desapercibido posible.
—Oh —. Suelta como si no lo hubiese estado esperando sentado detrás de la puerta mirándola fijamente. —Uhm, ¿podrías dejar la caja en esa mesa? En lo que busco mi billetera, por favor —. Y mientras atraviesa la puerta ojea alrededor como si esa no fuese su entrada de siempre, como si en la zapatera no hubiesen al menos tres pares de botines suyos y parece casi una buena actuación excepto que no lo es, no está actuando, su desconcierto es genuino y no sabe ni donde poner la caja de pizza. Casi como si le leyera la mente. —Aquí —. Le dice mientras palmotea en la mesa de la entrada, y se siente estúpido porque claro que sabe donde, él mismo le dijo que deberían tener una mesa para poner pedidos de comida a domicilio o de paquetería porque a veces está la necesidad de sellar* y poner el paquete en el suelo no es muy cómodo ni higiénico, así que no debería sentir necesario que le señalen el lugar donde colocar las cosas.
Pero al mismo tiempo lo siente necesario, porque se ve desorientado y no sabe el porqué, a lo mejor se metió demasiado en el papel que ya no sabe a donde caminar ni a donde ver y se siente como un intruso sobre todo con un chico lindo de piernas largas y con más ropa de la que esperaba, dígase de paso.
Aunque también hay que mencionar que no está para nada decepcionado, porque se ha puesto los pantalones cortos que tanto le gustan, esos que se ven y se sienten cómodos sobretodo para estar en casa, son holgados y como ya dijo antes, cortos. Muy cortos. Tan cortos que cuando se apoya en el espaldar del sofá para (curiosamente) agarrar su mochila del piso y en esa misma posición buscar su billetera, puede llegar a visualizar la deliciosa curva del comienzo de sus nalgas, el calor sorpresivamente puede subir más y es que tiene tantas ganas de acariciarlo y meterle las manos por debajo de esos cortitos pedazos de tela, pero se siente perdido en su nuevo papel así que no lo hace y se queda semipetrificado ante la imagen, semi porque el que no avance a tocarlo no impide que agache un poco la cabeza para poder ver y confirmar que sí, en efecto, no trae ropa interior, sus partes están al libre albedrío y le pican las manos.
Se acomoda rápidamente cuando ve que el chico se levanta de su antigua postura, y lo desconcierta aún más su rostro nervioso y sus manos temblorosas en su billetera.
—Uhm, este... — Verlo nervioso lo pone nervioso, como si no supiera lo que están haciendo y a última hora quiere echarse para atrás. —No tengo suficiente dinero para pagarte—. Hay una inocencia en su voz y ojos que casi se la cree, hasta le hace gracia. Pero hace como que se sorprende y pues, también se la cree porque nunca llegó a disipar el nerviosismo y éste solamente crece conforme pasa el tiempo y se acorta la distancia entre ambos.
Se da cuenta que estuvo retrocediendo cuando su trasero choca con la mesa de la entrada, tiene que tocar la superficie de la misma para mantenerse en equilibrio.—¿Podría, tal vez, pagarte de otra manera? —. Traga de golpe la saliva que se le acumula en la boca cuando siente una mano en su muslo, ocasionando que su manzana se mueva ante el repentino trabajo, y esto lo hace lucir aún más apetitoso ante la mirada del ojiazul si es que eso es posible.
Sí, eso mi amor. Ponte nervioso, me encanta. Es lo que piensa Chifuyu, en ese momento se conectan sus miradas y ambos lo saben, no necesitan decirlo, lo están disfrutando tanto, solo faltaba ese momento para que ambos sepan que no había necesidad de estar nerviosos, que eran ellos mismos con disfraces o no, seguían siendo Chifuyu y Keisuke, y un simple y torpe escenario no iba a cambiarlo, esto lo están haciendo por y para ellos mismos no habían terceros, así que estar nerviosos era ridículo hasta cierto punto, con eso zanjado y sin romper el contacto visual Chifuyu se desliza para quedar posicionado entre las dos piernas de su hermoso novio, con una mano se dirije al cierre del pantalón que tiene en frente, con la otra acaricia el otro muslo para darle a entender que todo está bien, porque ha visto lo cohibido que ha estado y eso le ha movido el piso, porque quiere abrazarlo y darle besitos por todo el rostro pero él mismo había especificado que no podían sucumbir a sus ternuras porque de eso no se trataba esto.
Con él botón desabrochado y el cierre abajo se dispone a bajarle el pantalón y la ropa interior de un solo tirón ocasionando que el miembro en cuestión salga disparado y dé contra la cara del pequeño rubio que tiene en frente, casi se ríen, se muerden los labios para evitar soltar la carcajada que inevitablemente se anida en sus gargantas, ya con la tensión previa liberada nuestro rubio comienza a acariciar dicha hombría estimulando así todos los placeres del pelinegro.
Después de cierto tiempo en el que Chifuyu se la pasó únicamente bombeando la entrepierna ajena, deja de ver el trabajo que está haciendo para pasar a ver a los ojos de su acompañante como quien pide permiso, después de un ligero asentimiento y sin romper la mirada acerca su dulce boca a la punta ya húmeda para dar el primer lengüetazo de la noche, uno, dos, tres, son más que suficientes para tener a un pelinegro con los sentidos a flor de piel, sin saber dónde poner sus manos con la mirada apretada y la boca hecha una perfecta o.
Es Baji el primero en deshacer el contacto de miradas que tenían por ya varios minutos, tirando el cuello para atrás cuando Chifuyu aprieta los labios alrededor de todo su trozo de carne succionandole hasta el alma, ahuecando las mejillas para apretar más el pene que tenía en la boca, jugueteando con la lengua de adentro hacia afuera agregando fricción y con la mano derecha ocupándose del espacio que no alcanzaba en su cavidad bucal, agregándole unos movimientos de cuello y cabeza en forma de ocho que hacía para meter y sacar el falo. Y es que su novio era el número uno en saber como chuparle la polla hasta dejarlo seco.
En realidad, sí sabía dónde poner las manos el problema es que no sabía si sería muy osado de su parte agarrarlo del cabello para marcar su propio ritmo porque su príncipe lo estaba haciendo demasiado bien por sí mismo, no quería interrumpirlo y acabar con la magia que estaba haciendo entre sus piernas. Tampoco quería abrir los ojos, porque sabía que al primer vistazo que dé la inmediata imagen de esos ojos celestes como el cielo iba a ser su perdición y tampoco quería correrse así de veloz.
Y repentinamente los movimientos de cabeza del rubio empiezan a cesar, y acariciando el muslo del contrario llama su atención como diciendo mírame, y ya con la mirada gris puesta en él empieza a adentrar la hombría más allá de la boca haciendo que llegue hasta la garganta, y sabe que logra su cometido cuando su nariz toca una fina capa de vellos en el abdomen bajo de su pareja, con los ojos hechos una línea y lágrimas en las comisuras le manda una mirada cargada con un mensaje ya libérate, mi vida. Y eso es más que suficiente para el otro. —Mierda —. Alargando la e, gime con la voz, que ya de por sí es gruesa ahora agregándole un orgasmo y que lleva sin hablar por lo menos 5 horas desde que salió de casa, ahora el triple de ronca que ya no parece persona sino un animal pidiendo auxilio.
Aún con un carga montón de esperma en la boca y con pequeños chorritos en las esquinas derramándose se levanta de su posición y sin quitarle la mirada a su novio, se traga por completo el jugo blanco que éste mismo le brindó, al parecer esta acción tomó por desprevenido al pelinegro porque lo vio dar un diminuto saltito levantando las cejas y abriendo los ojos con sorpresa.
—¿Te gustó?—. Y de nuevo el pelinegro pierde la capacidad de hablar porque sólo le responde con un movimiento de cabeza. —Pero me parece que no es suficiente para pagar una pizza familiar de ese tamaño —. Le dice mientras simula que dos deditos caminan por su muslo. —O a ti te pareció suficiente —. Nuevamente le mueve la cabeza pero está vez en negación.
Mordiéndose el labio inferior, nuestro lindo ojiazul le lanza LA mirada, esa en la que lo mira a través de las largas y espesas pestañas. Él es débil no lo niega, sabe cual es su mayor debilidad y por supuesto que son esos ojos brillantes que lo miran con tanta devoción.
En un movimiento firme atrae de la cintura al rubio que tiene en frente pegando así ambas pelvis, sintiéndolo duro como una roca pidiendo la atención que no le daban. Esa cercanía fue suficiente para que pudiese notar la camiseta que traía puesta, una de manga cero blanca de estas que traen el hueco del brazo hasta la mitad de las costillas y es tan ligera que al mínimo movimiento puede ver sus pezones rosados y erectos.
Con la valentía de haber desaparecido la pequeña distancia que les apartaba, mete sus manos por los huecos de su camiseta posicionando ambos pulgares en ambos pezones, tocando como si fuesen de terciopelo y el mínimo roce tosco que dé le quitará toda la suavidad que poseen, con suaves suspiros y pequeños gemidos el rubio apoya su frente en el hombro de su chico, aguantándose las ganas de besarlo y decirle que lo ama.
Lo toma por sorpresa cuando el pelinegro detiene la tarea con su pecho para ir al borde de su camiseta y quitarla de un movimiento dejándolo desnudo de la parte de arriba, y ni corto ni perezoso también se quita la suya dejando sus pectorales marcados y bronceados a plena vista, no sabe en qué momento se perdió tanto en sus pensamientos como para no notar que sus propias manos se paseaban por la obra de arte que el moreno tenía por abdomen subiendo hasta dejarlas en ambos pechos, regresando la mirada a los ojos del otro, estaban tan cargados de emociones, tan brillantes y armoniosos, se morían de ganas por besarse pero ya habían acordado algo y no debían faltar a sus palabras.
Eso no impidió que Chifuyu le pasase toda la lengua desde el pecho hasta el costado del cuello dejando un río de saliva y comenzando a mordisquear ahí en el final de su recorrido, arrancándole pequeños gemidos roncos a su rey.
Con la nueva adrenalina recorriendo por sus venas se levantó de la mesa en la que estaba y cambia de lugar con el rubio, poniéndolo de espaldas a él y dejando que el otro se acueste en la misma mesa con un ángulo de 90° casi perfecto, se agacha para quedar a la altura de lo que en breve se va a comer. Desata el nudo de los cordones que sujetan a los pantaloncillos del rubio cayendo casi inmediatamente al suelo, separa sus preciosas nalgas para poder ver su deli- ¿un plug?. Un plug. ¡¿Un plug?! Sin darse cuenta busca con su mirada el rostro de su pareja viendo como este tiene un sonrojo completo hasta las orejas, ¿desde cuándo?
Ante la mirada expectante de su pareja Chifuyu se mordisquea el labio inferior con preocupación, no sabía si esa mirada era de decepción - porque nunca han hablado de usar juguetes y tal vez el otro tiene algún tipo de tabú o se siente ofendido - o de excitación, que era lo más probable porque llevó una de sus manos al plástico en forma de joyería que tenía el tope del juguete empujando un poco el mismo, haciendo así que el rubio suelte un pequeño y agudo quejido, la mirada del pelinegro se intercalaba entre ver como el agujero del rubio se estiraba y se contraía conforme iba retiraba el objeto que lo invadía, y las expresiones que hacía el otro ante la atención en una de sus zonas sensibles.
Ya con el objeto retirado tuvo una mejor visión del precioso y rosadito agujero, abriéndole y jugueteando con sus dedos para después introducir su lengua, mierda, lo apretaba tan bien. Está de más decir que el ojiazul era un desastre de gemidos y suspiros cada vez menos sutiles, todavía se estaba acostumbrado a la liberación de su entrada después de tener ese objeto por alrededor de 2 horas cuando ya su novio tenía sus manos en cada nalga separándolas para poner así al nuevo invasor, su lengua.
—Mhm, sí, ahí —. Ahora es él mismo quien tiene las manos en sus nalgas dándole total libertad y acceso a la boca de sus novio. Gracias a tener las manos libres una de ellas lo ayuda con la entrada mientras que la otra le da ligeras caricias a la jugosa entrepierna del rubio que ya está completamente empapada de su pre semen.
Son los dedos del medio y anular los que ayudan a Baji con su trabajo oral, con ellos adentro y moviendo la mano de arriba a abajo. Le quema la garganta por preguntar, si lo está haciendo bien, si le está gustando, si es mejor hacer otra cosa, pero no sabe si eso sería muy íntimo para el escenario que su pareja quería lograr.
—¿Te está gustando? —. Perdió ante las ganas, separando un poco su rostro del anterior trabajo para poder ver a su pareja, esperando ver algún ceño fruncido o una mirada desaprobatoria, sin embargo, la imagen que recibe es completamente opuesta a la que imaginaba, con un rubio despeinado, unos ojos azules dilatados y unos labios rosados e hinchados por mordidas.
—Mhm, sí, me encanta, te- mhm —. Se mordió nuevamente los labios pero esta vez no es para acallar los gemidos como las veces anteriores, casi se le escapa un te amo y si bien su novio no se enojaría, es más hasta estaría contentísimo, pero era su idea y era él quien había dicho nada de motes románticos y no podía ser él quien rompiese la primera y única regla que habían acordado.
Ahora con la aprobación del rubio ante las maniobras que estaba haciendo en su retaguardia se liberó de cualquier inseguridad sobre cómo satisfacer a su pareja. Aumentando así la velocidad de todos sus movimientos, lengua, manos, dedos. Convirtiendo a nuestro Chifuyu en un manojo alborotado de gemidos y grititos de placer. —Mmh, me vengo—. Y en un último grito de placer, el rubio se deshizo de su propio agarre para ahora sostenerse de la mesa y entre piernas de gelatina terminó dejando hilos blancos en el suelo, instintivamente su entrada se apretó atrapando deliciosamente los dedos de su amante en cuestión.
Keisuke ya sabía lo que se venía en este punto de la historia, no traía ningún condón y eso claramente lo inquietó, fue una duda diminuta en un pequeño atisbo de movimiento para ir a la habitación sacar un preservativo y volver, pero ese pensamiento tan rápido como vino se fue puesto que Chifuyu tan atento a su pareja como siempre lo detuvo agarrando su muñeca y con un pie anclando una de las piernas del pelinegro.
—Lléname —. No se lo digan dos veces, el calor subió de cien a mil y en un santiamén ya con la punta del pene en la entrada de su chico, con una estocada firme y rápida se adentró en las suaves y mojadas paredes, que por más que lo haya preparado él con sus dedos y el rubio con el juguete aún estaba apretado como el infierno.
—Mierda —. Soltó un rugido mientras su miembro era atractivamente absorbido por la entrada del otro. Y así empezaron con el vaivén, la manos del mayor marcaban el compás con las caderas del ojiazul mientas que éste se sostenía de la mesa haciendo que se mueva junto con ellos golpeando contra la pared, tienen la maravilla de suerte que esas paredes eran lo suficiente gruesa como para que no traspase tanto todo el ruido que hacían, aunque si Chifuyu seguía aumentando el volumen a sus gritos fácilmente podrían escucharlos en toda la calle.
—Mierda-ah, ay que rico —. Gritaba el rubio mientras su hombre aumentaba la velocidad y profundidad de las penetradas.
A Baji le encantaba cuando Chifuyu no se limitaba con sus gemidos, le proporcionaba una calidez tanto en el pecho como en su miembro, porque gritaba a los cuatro vientos lo bien que lo estaba follando, también le gustaba cuando se lo susurraba en forma de palabras sucias al oído, y si alguien le preguntaba que prefería le iba a partir la cara de un puñetazo, porque esa gente siempre insiste y él está seguro que no puede escoger.
—Sí, ¡ahí, ahí!, más rápido, más rápido —. Y como el buen novio que es Baji, obedece al pie de la letra las órdenes de su bebé hermoso. Si la mesa no fuese un ser inanimado en este preciso momento estaría rezando por su vida, de ésta no la cuenta.
—A la mierda, me voy a venir—. Gruñó el más alto, dándole una palmada en uno de los cachetes lechosos del más joven. Posteriormente sacando su miembro y frotándose con la misma nalga hasta que se liberó en un húmedo orgasmo.
Al ver que su novio aún no acababa, asumió que quería seguir así que lo giró encima de mesa, obteniendo así la mirada nublada del rubio, esto le iba a costar un poco más al rubio pero no iba a ser tan complicado, posicionó ambas piernas del rubio en ambos lados de su cabeza, y ya que no estaba al cien de duro por el último orgasmo decidió juguetear primero, rozado la entrada con su punta, sacudiendo su miembro en la parte suave de la cara interna de los muslos ajenos, besando las piernas y acariciando las rojas nalgas de su novio.
—Dale, ya métela —. Y como por arte de magia su amiguito volvió a la vida, listo para diez rondas más. Como si de su propio hogar se tratase las paredes recibieron con mucho gusto el trozo de carne que se adentró, y en un par de estocadas ya tenía de nuevo al rubio marcando una sinfonía de gemidos unos más agudos que otros mientras él tocaba el punto dulce en lo profundo de su ser.
—Gordo, más rápido, ahí, Dios, me vengo —. Chifuyu tenía la mente hecha una ruina, no podía hilar coherentemente más de dos palabras, estaba al borde del precipicio y quería lanzarse de una buena vez. Buscó desesperadamente las manos de su chico y las guió, una a su miembro hinchado y la otra a uno de sus pezones, dejando que el otro se hiciera cargo personalmente de su orgasmo, unas caricias más y tenía el cuerpo temblando de pies a cabeza con los ojos en blanco, los dientes clavándose en sus labios y si la mesa no fuese de madera estaba seguro al cien por ciento que le hubiese roto los costados la misma.
Suficiente fue presenciar el acto de su novio para que el pelinegro también llegara al nuevo y último orgasmo de la noche, llenando por completo de esperma la entrada del otro.
Con sumo cuidado sacó su miembro y se apoyo en la mesa al lado de su bello ángel. Inhaló y exaló lentamente para tranquilizar su respiración, parecía que habían corrido una maratón olímpica, por todo el sudor y las respiraciones totalmente agitadas.
—Yyyy, corte—. Dijo con un aplauso al final el mayor. Ganándose una risotada de su pareja.
—Te amo—. Le respondió el rubio con una brillante sonrisa, atrayendo a su novio por los hombros para darle el beso más hambriento que le ha dado en toda su vida.
—Yo también te amo, mi vida. Te amo, te amo, te amo —. Dijo el pelinegro devolviéndole el beso. Así estuvieron un rato, les faltaban dedos en el cuerpo para poder contar todos los te amo que se dijeron en menos de 10 minutos. —Si volvemos a hacer algo así, por favor no me vuelvas a pedir que me aguante los te amo, casi exploto de la frustración —. Se quejó un afectado pelinegro. —Sentía que si te decía algo te ibas a enojar —. Agregó con un lamentable puchero.
—Bueno, no me iba a enojar, pero una parte del ambiente se iba a dañar.
—Quería aunque sea decir tu nombre.
—¿No te diste cuenta que al final te dije gordo?
—Qué. Diablos, debí estar más atento, podría haberte dicho, que rico que aprietas, ojitos de ángel —. Nuevamente el comentario hizo reír al rubio.
—¿Cómo es posible que te ame tanto? Es que no lo entiendo —. Soltó el ojiazul entre risas. —¿Me hiciste un amarre?
—No quería decírtelo —. Alzó las manos en rendición.
—Deja de decir tonterías y ayúdame a llegar a la ducha, por favor —. Respondió mientras estiraba los brazos para que su novio lo cargara hasta el baño.
Mientras el mayor se disponía a alzar a su novio al estilo princesa, su pie chocó con el juguete que se había quedado en el olvido. Levantando el objeto del suelo se lo muestra al otro con una mueca de gracia.
—Tenemos que hablar de esto.
—¿No te gustó? —. Preguntó con ojos tristes.
—Me encantó, pero tenemos que hablar de esto —. Colocó el objeto en la mesa y cargó a su novio en brazos dispuesto a ir a tomar un baño. —¿Hace mucho lo compraste?
—Hace un tiempo.
—Y ¿hay más?—. Preguntó con ojos curiosos.
—Puede ser, sí —. Respondió con diversión.
—¿Los vamos a usar?
—En otra ocasión, quizás.
Con una última risa del pelinegro y entre besos, ambos entraron al cuarto de baño como si de una pareja de recién casados se tratara.
