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I could get real used to you

Summary:

Boy I'm on deck
Speeding up the heartbeat banging in my chest
When you put it on me you relieve my stress

Notes:

aparezco con otro one shot pero ahora de mi entp favorito :p
y bastante sucio también (el fic) (hanma del manga no se queda atrás je)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

-Hanma.- lo llamaste. Estuviste esperando su llegada en donde vivían, quien sabe hasta cuando, durante todo el día.

-Buenos días, mi cielo.- la manera en la que canturreo el apodo generó una sonrisa tierna y sonrojada en ti.

Perdías la noción del tiempo estando encerrada en esa pocilga de, qué era? ¿Una oficina? ¿Un extraño y viejo videoclub abandonado? No lo sabías y tampoco era que te sacaba el sueño, lo único que necesitabas era sobrevivir, y así estabas más que bien. Junto a él, acompañado a la única persona que te quedaba.

Las noches se hicieron más llevaderas, gracias a la costumbre, ya no era imprescindible saber si el día estaba oscuro y las calles iluminadas por la luz de la luna o estaba el brillante e incandescente sol pegándote en la cara.

-Te estuve esperando todo el día.- Pasaste de estar apoyada en el marco del enorme ventanal a acercarte y abrazar por la espalda a tu querido amante, quien se dirigía al borde de la cama que compartían.

Hanma río bajo, parecía divertido por tu reciente cambio de actitud. No era como si no le demostrarás tu amor, sino que él entendía perfectamente como te sentías en estos momentos, y siempre.

Esa era una de las cualidades que más te atraían de él, por más que estuviese metido en temas turbios y haya sido partícipe de las peores riñas de Tokio durante toda su adolescencia, era el único comprensible con el tema de tu humor. Lo único que has necesitado. Ninguna otra persona gastaría su tiempo en intentar de entenderte, pero él...

Él ni siquiera lo intentó, lo supo desde el primer momento.

-Sabes, tengo una interesante misión para ti.

Sonreíste detrás suyo.-¡Por fin! No hay nada entretenido aquí más que dispararle a las ratas que se les escapan a tus súbditos desde la distancia.-suspiraste- Deberías conseguirte mejores mafiosos que trabajen para ti, los que tienes son basura.

Su risilla característica llenó tus oídos.

-Lo dices porque sabes que eres mejor.-Se volteó para observarte mejor.

-Claramente lo soy. Aunque dadas las circunstancias en las que terminamos viviendo juntos no se me permite hacer más de lo que podría.

Hanma se voltea completamente. Sostiene tu mandíbula con su mano tatuada con su famoso tatuaje en kanji "castigo", sus ojos observan con detenimientos tu rostro. Un par de pecas apenas visibles en el puente de tu nariz. Ojos grandes pero con una mirada seria, él sabe que lo haces a propósito ya que no es la misma mirada que le dedicas siempre que están juntos. Una expresión forma sus labios, y te besa.

Un beso como para que no queden ganas después. Un beso que empieza dulce y parece que tranquilo, hasta que lame tus labios con su lengua, pidiendo entrar a tu boca. Parece que luchan por quien mantiene el control, hasta que coloca ambas manos detrás de tus glúteos y te levanta apoyándolos a ambos contra el colchón. Mientras se acomoda entre tus piernas.

Ahora es un beso desesperado. No hay intercambio de palabras, solo saliva y jadeos apenas audibles. La pequeña habitación solo compuesta por una cama de dos plazas, una mesita de luz en cada lado. En tu lado izquierdo pegado a la pared, se encuentra un espejo delgado de cuerpo completo, para que no olvides la belleza que eres todos los días, fueron las palabras que dijo Hanma. No hay más inmobiliaria en esa habitación, simplemente porque no lo veías necesario. No es muy grande tampoco, aunque era el segundo piso y el lugar donde se alojaban por ahora, la planta baja, era un poco más espaciosa.

Eso sí, tenías toda tu colección de cuchillos, pistolas y catanas ahí dentro. Las de mayor tamaño y pesadas, colgadas en la pared, y las más pequeñas sustentadas en otra mesa al otro lado de la pieza. Eran tus preciosos. Vaya uno a saber cuantas vidas fueron arrancadas de sus dueños en actos indecorosos por tus manos.

No era la vida que buscabas, pero sí lo buscaste a él, bah, mejor dicho él te encontró. Arrepentirse de tus actos ya es demasiado tarde. Desde el día que alzaste tus manos junto a las de él y decidiste empezar por otro camino, distinto a las de tus viejos amigos, sabías lo que te esperaba. Y jamás te volteaste a juzgar tus pasos.

En ocasiones observabas a la gente caminar recto y derecho, sin que sus rodillas fallasen, decididos. Esas noches de madrugada, luego de varias muertes, en donde llegabas a tu "hogar" y aprovechabas lo que quedaba del día con Hanma, estabas entre dos aguas.

Recordabas tus días de juventud con tu pandilla, días completos de puros quilombos, diversión y más desastres. Eras solo una adolescente sin rumbo alguno. No tenías mucha idea del futuro, aunque forzaras la vista no veías nada delante tuyo. Fue en uno de los enfrentamientos de la Tokio Manji, que lo viste.

La Toman declaró su triunfo frente a lo que era Moebius, unos perdedores si me permiten opinar.

Habían ganado por poco. Tu estabas ayudando a Smiley quien estaba rodeado de los de la otra pandilla. La estabas pasando excelente, repartiendo madrazos a cualquiera que se te cruce o tratase de ponerte un dedo encima, todo iba bien... hasta que sentiste una mano grande jalándote de los pelos de la nuca. No te lo esperabas. Fuiste arrojada a una pila de bolsas de basura, y cuando levantaste la mirada lo viste.

Era alto y flacucho, seguro que era mayor que tus compañeros. Con el cabello sobre la cara y sangre bajando de un costado de su labio hacia su mentón, terminando en gotas en el suelo o posiblemente en su camiseta blanca.

-Oi, pero que tenemos aquí, ¡Es una niña!- La diversión con la que dijo esas palabras te cabreó. Intentaste pegarle una patada desde el suelo pero fue más rápido. Atajó tu pierna y jaló de ti hasta que estabas justo debajo de él. Agachado frente tuyo, sostuvo fuertemente tu mandíbula con una de sus manos, pudiste ver a duras penas un tatuaje en ella, ¿qué decía? ¿"castigo"? ¿qué mierda significa eso?

Sostuviste su muñeca con ambas manos.-Suéltame- le advertiste con una simple mirada.

-Woah, si esos ojos mataran, cariño, yo ya estaría dos metros debajo tuyo.- Se acercó hasta que sus narices se rocen y en casi un susurro dijo- pero tú eres la que esta debajo mío.

Su sonrisa socarrona fue lo que hizo hervir tu sangre y tu intención era generar una acción pero algo, algo en su mirada hizo que te detengas.

Su mirada, incluso el aura que emanaba era distinta a cualquier otra. No eras y jamás serías una persona creyente, pero, joder, por él incluso te arrodillarías sin que te lo pidiera.

Él seguía ahí mirándote, deseándote. Y lo sabías.

Luego de ese interesante encuentro tenias por asegurado que lo volverías a ver. Tu vida no era la más fácil de seguir, y solo bastó una noche, esa noche, para que quedara patas arriba.

Esa noche:

Lo viste. Sabias que era él. Lo conocías bastante bien para darte cuenta de su típica pose despreocupada, cabello desordenado sobre su rostro, fumando un cigarro y jodidamente alto. Maldición, se ve sexy.

Se encontraba dentro de un callejón, parecía recién fresco de una pelea, ya que unas pequeñas gotas carmesí adornaban su suave rostro, sus nudillos colorados y claramente un par de cuerpos a su alrededor.

Por más que quisieras lanzarte encima de él seguiste rumbo a tu objetivo, te diste la vuelta y te marchaste.

Te dabas una idea de cómo seguirías viviendo luego de cometer lo que estabas por hacer esta gloriosa noche. Probablemente te echarían de la pandilla, luego la policía te seguiría sin parar hasta agarrarte de los cabellos y meterte tras las rejas. Eso como si fuese soñado, si no te encuentran las demás pandillas antes que la policía. Ahí sí que abandonarías cualquier esperanza de vida, solo te esperaba tu muerte.

O eso pensabas.

Ser jodidamente cauteloso y pasar desapercibido cuando querías era tu especialidad. Nadie jamás sabría si invadiste su hogar mientras estaban presentes, porque no te escucharían. Era como ser un fantasma. Deambulando por la ciudad, consiguiendo todo lo que no podías conseguir a base de dinero, robado, claro.

Cuando por fin entraste al espacio, lo cual no fue lo más fácil, pero nada es imposible, solías decirte, ni te preocupó ponerte el pasamontañas para cubrir tu rostro, total era el fin. Todo lo que pasase después de este momento, te la suda.

Seguiste camino hasta tu objetivo. Tu interior era como una neblina enorme y espesa. Pesada, que no te dejaba respirar ni ver con claridad, tampoco caminar, pero en ningún momento te echaste para atrás. Jamás te echarías para atrás, tu no eres así.

Parecía una de las películas de Di Caprio en slow motion, solo bastó un segundo.

Un maldito segundo.

La alfombra roja, húmeda, que en realidad no era roja, eso fue por culpa la sangre esparcida de tu objetivo. Una enorme pero encarrujada sonrisa adornaba tu bello rostro.

No oías nada, ni un mínimo sonido fue atrapado por tus oídos. Lo único que podías ver era el cuerpo ya sin vida de tu padre en el suelo. Lo rompiste hasta saciarte, si eso era posible. Es gracias a él que tu vida es una miseria y terminaría peor. Por culpa de él vivías en las calles, en las peores condiciones, mientras tu progenitor reside en una enorme casa, seguro le salió más caro que comprar todas las tiendas de mangas que existen en Japón, pero es gracias a él que desde ese día eres capaz de sobrevivir.

Mientras la simulación de la gente normal sin problemas familiares y de vida o muerte que no estaba igual que tu en estos momentos seguía andando, tus memorias viajaron a las aventuras con los de Toman. Las sonrisas de todos generando un calor en tu interior que no acostumbrabas sentir. Sus palabras alentadoras, diciéndote que todo estaría bien mientras te encuentres junto a ellos.

-Mikey, Mitsuya...- empezaste a sollozar en silencio. Te costaba respirar con tantas lágrimas y mocos de tristeza y desesperación. Los habías traicionado y lo sabías. Jamás fuiste tan consiente de tus acciones como en este momento. Les juraste lealtad y les prometiste que no los abandonarías, como ellos hicieron lo mismo contigo- Chicos...

-Bueno, tal vez me tardé un poco en llegar.

Como si despertarse de golpe de un sueño en el cual sientes que te estas por morir se tratara, volviste a la realidad y te volteaste rápidamente a buscar con la mirada la voz proveniente detrás tuyo.

Se acercó serenamente hacia ti, como si no acabaras de casi descuartizar a un tipo en su propia casa, y se arrodillo frente tuyo- Ahora me perteneces- su suave mano sostuvo tu mentón con muchísima delicadeza.

Parecía tan seguro de sus palabras. Era consiente del poder en sus palabras, como al parecer también estaba al tanto de tu vida pasada.

Ese día no pudiste proteger a tus amigos como te repetías todos los días, pero como Dios cierra una puerta pero abre una ventana, él llegó cual ángel del cielo, o mejor dicho, como un demonio resucitado, listo para llevarte con él a las profundidades del caluroso infierno.

Hanma nunca te juzgó, y como podría, si eres el ser más preciado en su vida. Él te adora y te aprecia como suyo y ser superior. Te conoce como la palma de su mano. Sabe como, cuando y donde tocarte para hacerte sentir mejor. Y Dios te perdone pero amas cada átomo que lo conforma como ser biológico.

Te lo pasabas de maravilla junto a él, ya sea robando o matando, o ambas. Estando tranquilos en donde vivían. Mantuvo tu esperanza vivida durante todos estos años difíciles que viviste.

Nadie más que él sabe controlar tus variados estados de animo que te llegan de la nada y se van quizás nunca.

Hanma te vuelve loca.

Y me refiero en los mejores sentidos. En la intimidad te hace ver estrellas, te hace sentir amada y deseada.

Eran las tres de la madrugada cuando decidió aparecer en su habitación. Con su blazer sobre su hombro y una camisa blanca. No te volteaste a verlo. Estabas cabreadísima quien sabe el porque.

Sin hacer demasiado ruido, porque sabía que te haría enojar más, se acerco en donde estabas. Te sostuvo por los hombros y comenzó a repartir besos sobre tu cuello.

-Hanma, ahora no tengo ganas- dijiste seriamente con un tono cansado, tratando de alejarte de sus garras. Pero siempre fue más rápido.

-Ah ah, sin quejas esta vez, corazón. Sabes que te deseo, y tu me deseas.

Y estaba en lo cierto. Solo él sabía como, cuando y donde tocarte para hacerte olvidar de todo. Justo como siempre quisiste.

Sus besos descendieron y ascendieron hasta tus mejillas, buscando tus labios. Tu mano estaba acariciando su nuca, su pecho fuerte apretado contra tu espalda y sus caderas ceñidas sobre tu trasero, haciéndote sentir todo de él. Entonces ajustaste tu agarre y aplastaste tus labios sobre los de él.

Era un beso deseoso. Saboreando todo lo que querías de él. Sus bocas unidas parecían una sola.

Te volteo y ahora ambos pechos estaban juntos. Sus manos viajaban al rededor de todo tu cuerpo, tatuando tu, casi sana, y apacible piel, marcando territorio. De un movimiento a otro terminaste sobre la cama, debajo de su extenso y firme cuerpo. Sus labios siempre unidos.

No había espacio ni tiempo y menos ganas de las palabras, todo fue tan concluso y rápido, que de un momento a otro su cabeza se ubicaba entre tus piernas, tal como te encantaba. Dejando un caminito de saliva y besos, y una que otra mordedura en tus muslos internos. Te estaba jodiendo, tal como siempre hacia. Buscaba que te desesperaras por él y casi que lo logra.

No tardó en atacar tus jugosos labios apenas sus oídos captaron la melodía sabrosa de tus gemidos y suspiros calientes. Sin rodeos arremetió contra tu clítoris haciendo que un gemido casi asqueroso escapara de tus labios.

-Mierda... - fue lo único que alcanzaste a decir con claridad hasta que empezó a lamer toda tu vagina con verdaderas ganas. Se sentía como un linyera probando comida real después de meses.

Acarició con su increíble y experta lengua todos tus rincones, sin dejar nada sin probar. Tus piernas estaban sobre sus hombros así que intentaste cerrarlas ya que estabas a punto de acabar, pero no te lo permitió. Sentiste como sonreía con burla y posó una mano sobre tu rodilla, abriéndote más a su vista mientras la otra aferraba sus largos dedos en tu muslo, todavía sobre su hombro izquierdo.

-¡Hanma, por favor!- suplicaste. Si seguía así durarías menos de lo que planeabas.

Maldito engreído, si que sabe lo que hace.

Se levantó de su escondite y te sonrió con clara mofa. Pudiste ver que su cara estaba empapada con tus jugos, y te excitó más.- Esta bien, lo que quiera mi princesa.

Lo acercaste a tu cara y juntaste sus labios en busca de otro fogoso beso. Hanma se acomodo tranquilamente entre tus piernas. Sin saber como es que hizo, y tampoco te lo ibas a preguntar en estos momentos, se deshizo de sus pantalones de vestir y camisa.

Ahora ambos estaban desnudos, piel contra piel. Estabas feliz porque ahora tenías el placer de manosear su enrome y suave espalda. También dejar marcas, claro.

Empezó a dejar besos en tu cachete, luego atacó todo tu cuello y por último descendió a el tesoro más preciado; tus pechos. Los lamió, chupó y mordió como si de un helado se tratase.

En un momento dado introdujo su miembro en tu entrada y de una embestida ya estaba dentro tuyo. Gemiste fuerte por la sorpresa, que no fue mucha ya que la mayoría de las veces jugaba contigo. Sin dejarte tiempo para acostumbrarte empezó con sus empujes, dentro y fuera.

Estaba apoyado con un antebrazo por encima de tu cabeza y el otro brazo recorrió todo tu cuerpo hasta detenerse en tu muslo y por instinto engancharlo en su cintura.

-Joder... Hanma, me gusta mucho- dijiste como pudiste. Estaba embistiendo con tanta brutalidad hacia tu cuerpo que se te hacía difícil respirar correctamente. Su respiración estaba casi igual de irregular que la tuya, lo sabías porque estaba chocando contra tus labios. Y no tenías que abrir los ojos para saber que su sonrisita característica adornaba su hermoso rostro.

-Estas tan apretada... se siente realmente bien.- suspiró.

El único sonido que acechaba la habitación era el de sus cuerpos chocando y gemidos incontrolables por parte de los dos. Mientras Hanma saboreaba tu cuello, tu te disponías a disfrutar de sus movimientos, y vaya que te los disfrutabas. Estabas en el paraíso.

Hanma sintió como su miembro era apretado por tus paredes y sabía lo que significaba. Así que aprovechó que tu espalda estaba encorvada, sujetándote te posicionó encima de él.

En esa posición podía observar mejor las muecas de placer en tu rostro, y las lagrimas que se escapaban de tus ojos por el inmensurable placer que sentías. Amaba poder mirarte mientras lo hacían, le era muy satisfactorio. Empezaste rodando tus caderas a su alrededor, y cuando comenzaste a saltar sobre él, un gemido salió de sus labios junto con jodido gruñido.

-Carajo, nena, tu si que sabes.- comentó orgulloso.

Sentías la punta de su pene golpear contra tu punto dulce y sentías que desfallecías en el acto. Hanma posó una mano sobre tu abdomen bajo, poniendo un poco de presión.

-¡Hanma!- no aguantaste el grito. Odiabas y amabas que hiciera eso, ya que de esa forma sentías como su pene hacía contraste en tu abdomen.

Ahora sus manos pasaron de tu cintura y caderas, hasta tus muslos, dejando suaves caricias en el recorrido, para terminar manoseando tu trasero. Amaba verte así, tus preciosos pechos rebotado por culpa de las embestidas, los sonidos del choque de pieles, y tus gemidos eran música gratis para sus oídos. Amaba contemplarte. Te amaba. Estaba en el paraíso.

-Sigue así y te llenaré de mi semen- sus enormes manos se ocuparon de tus redondos pechos. Estaban tan suaves, pensó y fue uno de los pocos comentario que prefirió guardarse.- Y yo se que te encanta...

Unos pocos choques más y ambos alcanzaron el glorioso y esperado clímax en un último beso compartido. Arrasándolo en pareja.

Los pocos momentos de felicidad absoluta que vivías se contaban con los dedos, pero en estos encuentros sentías como si estuvieses llena de felicidad, en un mundo donde ningún hecho de arrepentimiento del pasado te atormentase todas las noches, todos los días.

Gracias a Hanma fuiste capaz de avanzar en la vida y salir del poso suicida y depresivo en el que terminaste aquella noche fría. Al principio de su "relación" pensabas que esto no dudaría mucho. Primero, porque para ser sinceros, dudabas de las capacidades de Hanma en cuidarte como prometió y segundo, porque no te veías capaz de aguantar otro día más con vida. La carga mental que te pesaba en todo el cuerpo era inaguantable. Esperando el momento para terminarlo todo.

Pero ahí estaba él. Acariciando donde sabía que debía, haciéndote sentir mejor, empujándote hacía la luz, y ocupándose de ti, como tu no sabías y nadie supo ni sabrá jamás en esta vida.

Te podrías acostumbrar a él.

Cuando terminaron, te quedaste unos segundos encima de su pecho tratando de bajar de la nube de placer en la que estabas, por fin acomodándote a su lado, con la cara apoyada en la almohada.

-Oi, esto me dejará marcas- dijiste mirándote el culo. Hanma se vino aferrándose como si de su vida se tratara a tu trasero, y puede que haya dejado una que otra marca y uña como tatuaje temporal.

Hanma se acomodó sobre su antebrazo y dejó delicados besos sobre tu hombro y espalda- Tómalo como recuerdo de una de las mejores folladas.- trató de reconfortarte a su manera. Gruñiste en respuesta.

-Aparte, tu trasero se ve genial.- ahora no hubo respuesta por parte de nadie.

Se sumergieron en un silencio sepulcral unos segundos.

-¿Segunda ronda en la ducha?

-Eso no se pregunta.

Notes:

tardé una banda en escribir esto. En mi defensa hay MUY pocos fanfics/oneshot de mi querido ENTP Hanma asique me cansé y agarré la pala yo misma *suspiro orgullosa*

Bueno nada espero que lo disfruten y no se si hay gente del fandom de tokyo revengers amantes de Hanma así que mi misión acá es que lo quieran tanto que necesiten manifestarlo.

Para más placer leer esto escuchando "So High" de Doja Cat.