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Un poco de suciedad

Summary:

Su gemelo le había dejado todo el trabajo sucio, pero también tuvo la oportunidad de reencontrarse con su pareja, aquel mafioso difícil de localizar.

🢒 Rindo Haitani & Souya Kawata

Work Text:

Souya Kawata estaba arrastrando una pesada bolsa negra colmada por porquerías hacia el enorme contenedor que estaba ubicado en el callejón contiguo al restaurante de fideos. Su hermano le había dejado todo el trabajo sucio para poder escaparse con una jovencita que había conocido en el turno de la mañana. Por esa razón, no se limitó en proferir todo su arsenal de insultos y maldiciones hacia su gemelo, mientras hacía equilibrio con una mano para mantener el contenedor de basura abierto y con la otra levantaba pausada y cuidadosamente la bolsa negra para meterla dentro.

Después de unos tortuosos minutos de esfuerzo físico y mental, concluyó su tarea y dejó escapar un largo suspiro de alivio. Aquella era la última bolsa de basura, ahora podía apagar las luces y retirarse al piso superior de la tienda, donde habían construido y equipado un apartamento para vivir. Tendría la oportunidad de ver alguna comedia romántica, aprovechando la ausencia de su hermano. También podría permitirse un largo y perfumado baño, ideal para terminar un día extenuante.

No obstante, mientras ideaba su velada nocturna, distinguió la presencia de otra persona en el callejón y tensó su cuerpo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo que recurrir a la violencia para defenderse, así que no estaba seguro de sus habilidades para contenerse ante cualquier amenaza. No tenía ningún arma que pudiera ayudarlo y su hermano no estaba presente para evitar cualquier catástrofe. Un estremecimiento lo recorrió ante la posibilidad de dejarse llevar y provocar alguna situación que comprometiera el negocio que habían construido con tanto esfuerzo.

Entonces, Souya recibió un fuerte impulso, alguien lo empujó contra la muralla de su restaurante, golpeando descuidadamente el contener de basura y provocando que la tapa se cerrara de forma estrepitosa. El fuerte sonido y el golpe que se dio contra el concreto consiguieron aturdirlo por una pequeña fracción de segundos. Sin embargo, cuando se recuperó de la sorpresa, distinguió un rostro conocido inclinándose sobre el suyo.

Rindo Haitani estaba invadiendo su espacio personal, rozando la punta de su nariz y derramando su cálido y fresco aliento sobre sus labios. No lo había visto durante las últimas semanas, incluso meses. Había transcurrido el tiempo suficiente como para pensar que el otro hombre se había olvidado por completo de su existencia. No obstante, ahí estaba el menor de los hermanos Haitani, acariciándole un costado del cuello y empujando una rodilla entre sus piernas.

—Te extrañé...—murmuró Rindo, cerrando la poca distancia que había entre sus rostros para presionar boca contra boca, iniciando una fricción labio contra labio.

Souya intentó alejarlo, empujando prudentemente el pecho del otro hombre. No se sentía en las mejores condiciones para recibir a su amante. Después de todo, no había tenido el tiempo suficiente para darse un baño y acababa de terminar con la limpieza del restaurante, podía imaginarse lo poco agradable que era su presentación. Tampoco imaginaba tener un aroma decente después de haber arrastrado una bolsa llena de porquería bastante fragante.

—Espera...—dijo con dificultad, mientras Rindo hundía la cabeza en la curvatura de su cuello y raspaba su sensible piel con los dientes. Souya ejerció mayor fuerza en la presión de sus manos y consiguió separar al hombre más alto, quien lo contempló con una ceja alzada y la respiración agitada.

— ¿Qué sucede? —preguntó, haciendo amago de acercarse y ganándose un controlado puñetazo en el pecho. El gesto provocó que Haitani retrocediera un paso y adoptara una expresión severa. Parecía estar analizando el rechazo y pensando en las maneras de proceder para obtener lo que quería.

No obstante, antes de que pudiera actuar y optar por la violencia, Souya retomó la palabra y contestó: —Estoy sucio—. La respuesta pareció descolocar al menor de los Haitani, quien relajó su postura y abrió sorprendido los ojos. Souya no retrocedió ni se mostró intimidado por la imponente presencia del otro hombre, continuó apretando los dientes y frunciendo el ceño, en su habitual expresión enfurruñada. Rindo, finalmente, dejó escapar un chasquido, el que terminó convirtiéndose en una estruendosa carcajada.

— ¿Crees que eso me importa? —cuestionó, volviendo a acorralarlo contra el sólido muro. Souya no se resistió en esta oportunidad y permitió que su amante volviera a ajustar sus figuras, presionándolo contra la pared. —En mi trabajo he sentido cosas mucho peores que un poco de sudor...—dijo Rindo, capturando los labios del menor de los Kawata. Souya cerró los ojos y correspondió el ávido beso.

A veces, cuando se dejaba llevar por las hábiles y experimentadas caricias de su amante, olvidaba que se estaba involucrando con un hombre muy peligroso, uno de los altos mandos de una organización criminal que tenía gran influencia y poder en el país e importantes contactos dentro del continente. Por ese motivo, Rindo desaparecía constantemente y le prohibía mantener contacto con él; su relación se resumía a encuentros esporádicos y mensajes ocasionales que le dejaba con números anónimos o trozos de papel escondidos en lugares estratégicos.

—No creas que voy a perder la oportunidad...—dijo Rindo, apretando los glúteos de Souya, provocando que sus centros se restregaran en la acción y el menor de los Kawata pudiera ser consciente de todo el deseo de su amante. Souya jadeó y rodeó el cuello de Rindo; ambos se besaron con rudeza, olvidando la ternura y el cariño que una pareja se debería dedicar en un momento íntimo. No podían evitarlo, el tiempo que los dos estuvieron distanciados había sido suficiente para olvidar preliminares que Souya disfrutaba contemplar en sus comedias románticas.

—Aquí no...—dijo Souya, hundiendo los dedos entre las hebras violáceas de Rindo. —Vamos adentro...

Aunque Rindo no parecía dispuesto a esperar, terminó obedeciendo la solicitud de su amante y lo arrastró dentro del restaurante. Ahí, en ese pequeño cuarto contiguo a la cocina, ambos hombres se despojaron con desesperación de sus prendas.

—No sabes lo mucho que planeé esto...—dijo Haitani, mientras separaba las piernas de Kawata. Souya no comprendió las palabras de Rindo, hasta que este continuó: —me costó encontrar la mujer adecuada para sacar a tu hermano de aquí...

Souya dejó escapar una exclamación ahogada, tanto por la confesión como la repentina mordida que recibió en la cara interna de su muslo.

Ahora todo tenía sentido, era imposible que su hermano pudiera conseguir una cita con tanta efectividad. Su gemelo era un fiasco con las damas.

El pensamiento le hizo reír y ganarse una nalgada por parte de Rindo.

End