Chapter Text
La noche era fría, muy fría, de toque helado. Tu nariz ahora roja luchaba por no congelarse a pesar de no tener calefacción dentro del establecimiento. Un cálido aliento impregno tu rostro sacándote de tu burbuja de pensamientos. Era el, su presencia inmaculada la cual te tenía atado a ese trabajo mediocre. No podías resistir a dejarlo solo, eras su única compañía.
El sonido de engranaje capto tu atención y pusiste tu mano en su pecho, sintiendo lo que vagamente podías describir como su respiración. Él ahora te miraba fijamente, observando como usabas su calor como escudo del ambiente, paso sus ásperas manos por tu rostro, parpadeando en el proceso.
“Estas helado, amor mío.”
Su voz, profunda, reboto por tu cabeza, acelerando tu pulso.
“Solo está un poco frio, no hay nada de qué preocuparse.”
Acariciaste su pecho, yendo en círculos repetitivos por el pelaje artificial. El mecanismo interno sonaba suavemente, imitando un ronroneo. Springtrap, o quien deseaba ser llamado Sr. Afton, disfrutaba las caricias ocasionales cuando él las permitía. Por más veces que el negaba ser alguien romántico, un solo roce de tus manos era suficiente para ponerlo a tus pies.
Pues, estando más de 30 años atrapado dentro de un lugar a punto de caerse no es ideal, mucho menos cuando deseas afecto de alguien más. Dejaste su pecho y te dirigiste hacia su cabeza, donde acariciaste dulcemente cerca de sus orejas, fragmentos de su cráneo eran visible por algunas aberturas, tocaste por curiosidad esa parte causando un suspiro de sorpresa por su parte.
“Lo siento, ¿Te dolió?”
“No.” Pauso un momento. “Se siente raro.”
Lo viste con curiosidad, rodeando con las yemas de tus dedos el área.
“¿Como es que puedes sentir eso, o más bien, como sientes todo lo que hago?”
El hombre mayor miro el piso por un momento, analizando su respuesta. Tomo tu mano libre y la acerco a su mandíbula, restregándola contra esta. Lo miraste con ternura mientras te acercabas más a él.
“Todo mi sistema nervioso está conectado a este cascaron. Puedo sentirlo, puedo sentir tu respiración, tus toques, tu pulso...” Se agacho un poco para alcanzar tu rostro. “Tus sonrojos.”
Reíste nervioso, acercando aún más tus labios hacia su mandíbula, besándola suavemente. Una risa de su parte también se escuchó, mucho más ronca, pero suave. Lo abrazaste por el cuello continuando su beso especial, de vez en cuando lamiendo los dientes falsos causando jadeos al robot. Sentiste algo viscoso en tu torso, estaba helado, como una gelatina, volteaste hacia abajo para romper el beso e inmediatamente te asustaste.
“Oh por dios.”
Tu amante te aparto con cuidado al ver tu reacción. Su cara detonaba vergüenza. Tomo con sus manos el objeto y eran vísceras en descomposición. Aun después de todo este tiempo conservaba partes humanas, sin capacidad de deshacerse de ellas. Se disculpo varias veces susurrando, como si hubiera hecho algo malo.
“Hey.” Dijiste suavemente. “No pasa nada, ya había observado lo que tenías ahí dentro desde antes.”
Afton te miro confundido.
“Cuando estabas desconectado aprovechaba para aprender tu anatomía, aprendí una o dos cosas.” Tus dedos caminaron coquetamente por su hombro, alivianando el ambiente. “Solo me asusto verlo fuera estando tu despierto, pensé que te dolería.”
“No me duele.” Respondió. “Mi cuerpo ya no encuentra utilidad en la mayoría de mis órganos, entonces los rechaza.”
“Tengo una idea, ¿Qué tal si me dejas sacarlos por ti? Y si encuentro alguna cosa rota lo arreglo como siempre lo hago.”
El más alto rio ante tu declaración, no burlándose, pero alegrándose de tu entusiasmo. Se ergio completamente, dejando resplandecer sus dos casi tres metros de alto. Tú, con tus poderosos 1.60 metros comenzaste a trabajar. Con cuidado quitaste la tapa de su torso para dejar al descubierto una parte de su endoesqueleto.
Sus costillas abrazaban la espina dorsal de metal, cubiertas de viseras y algunas venas. Un pequeño (aun bombeante) corazón capto tu atención y te atreviste a tocarlo, causando que William diera un quejido.
“Cariño, te ruego no volver a hacer eso.”
“Lo siento, me sorprendió aun verlo funcional.”
Alejaste tu mano de la zona y continuaste tu deber. Los pulmones parecían marchitados y punzados, pero tomaría más tiempo sacarlos así que los dejaras por ahora. Sacaste las vísceras colgantes de hace unos momentos con facilidad y las pusiste en alguna caja de alrededor, los órganos parecían no dejar de salir, acompañados con algunos huesos rotos o salidos. Tu amante hacia uno que otro quejido, pero nada alarmante, tratabas de hablar con él mientras hacías todo el proceso para que no fuera tan incomodo.
Ahora, lleno de sangre, limpiaste tus manos en tu camisa en una indicación de que por hoy estaba listo. Volviste a colocar su tapa en su lugar.
“Se me quito el frio con todo esto.” Reíste.
“Me siento menos pesado, gracias.”
Te subiste de nuevo a tu silla para poder alcanzarlo, pero esta vez él te cargo y te sostuvo con fuerza para no dejarte caer, abrazaste nuevamente su cuello para dar pequeños besos en su rostro. Él te detuvo de la nada, pensaste que habías hecho algo mal.
“Déjame-” Con una de sus manos abrió la cabeza del traje para dejar al cubierto la parte inferior de su cabeza humana. Con la poca luz que tenías alcanzaste a ver el tono rojizo oscuro de la piel, poca musculatura y lo que eran las sobras de sus dientes. Curiosamente, en vez de asquearte como una persona normal haría, solo subió tu deseo aún más.
Sin nada más que decir, te acercaste a sus labios y lo besaste como nunca, saboreando con fervor su piel. El beso era reciproco, lleno de pasión. Tus manos temblaban un poco, pero se aferraban a sus hombros, avergonzadas de tal acto. Las manos de William exploraban tu cabello y espalda baja, adentrándote más en el beso. De sorpresa, una larga y viscosa lengua asalto tu boca con exquisitez. Estabas tocando el cielo en ese momento a tu manera, tratabas de usar tu lengua también, pero la suya era mucho más fuerte y ágil, causándote jadeos.
Así estuvieron unos buenos 5 minutos o tal vez más, se separaron por que a diferencia de William tu debías respirar. Tu rostro jadeante, de un tono carmesí por la situación, cautivo al mayor causando una risa de su parte. Estaba a punto de bajar su mascara de nuevo, pero lo detuviste a medio camino.
“Espera.” Dijiste algo desenfrenado. “Aun quiero besarte.”
“¿Aun después de ver lo asqueroso que soy?”
Relamiste tus labios con deseo, querías besarlo todo el día, más que nada porque era muy buen besador. Aun siendo un cadáver, agonizabas por más.
“Está bien, lo hare, pero será mientras tratas de gritar mi nombre.”
“Eh?”
Y te cayo el balde de agua fría, era eso. No tenías por qué negarte, ¿cierto?
