Chapter Text
Corría el período Edo en Japón.
El cielo estaba gris, las nubes ocultaban el sol y la temperatura era tan baja que a quien se quedara de pie fuera mas de unos minutos podría morir de frio.
Fushiguro Toji, lider del clan zenin, se encontraba en su sala inmóvil mirando a través de los cristales de la ventana hacía abajo. De repente, sale de sus pensamientos al oir unos golpes en la puerta.
"Pase" Toji dice en un tono molesto. ¿Acaso ni siquiera puede tener un momento en paz para pensar?
"Decidí traer tu sake por mi misma" Habla con un tono timido. Era su esposa.
"Gracias, querida" Dice haciendo una abrupta pausa. "Dime, ¿por qué dos tazas?, ¿quién bebe conmigo?" Pregunta con un tono curioso.
"Ah, yo pensé-"
"Mejor no pienses" La interrumpe Toji volviendo su mirada ácida y malhumorada. "Ninguno me gusta. Ninguno de los que está alli me convence. Se creen que van a poder venir aqui como si yo fuera ciego y tonto."
Su esposa se acerca de forma sigilosa hasta estar a su par. "El cuarto..." dice casi como un susurro apenas audible.
"El cuarto, ¿qué?" pregunta Toji con un tono mas frío que el mismo clima que predominada en la ciudad.
"Parece agradable" afirma con un tono confiado.
"Sí, eso veo" habla Toji con un tono mas oscuro que el anterior.
"Va a estar en la casa" dice la esposa perdiendo la seguridad. "Es importante que sea agradable al menos"
"Sí, ¿verdad? Y también parece inteligente" dirigiendo la mirada helada hacia su esposa quien asiente timidamente. "Y dime mujercita audaz, ¿qué otras cualidades tiene?"
"Toji, por favor" su esposa intenta separarse pero Toji la rodea con un brazo atrayendola hacia él de forma dulce.
"No te vayas. Miremos juntos, dos ojos ven mas que uno, ¿que otras cosas ves?"
"Bueno, su aspecto. Está bien vestido, lleva un montsuki de seda rojo él..." no termina su oración mirando hacia su esposo, quien le devuelve la mirada expectante.
"¡Pero que buena vista tenés! Estuve en lo correcto al pedirte que miraramos juntos. Decime, ¿qué otra cosa ves?" Pregunta Toji elevando su tono mas alla de lo animado, casi y seguro a punto de estallar.
"Y... y nada más." Dice su esposa insegura y cabizbaja.
"Sí, ves más. ¡Te gusta su rostro!" grita Toji encolarizado empujandola de forma brutal hacia la puerta. "¡Fuera de mi vista!"
"¿Pero por qué?" Pregunta su esposa consternada no comprendiendo el cambio repentino de humor de su esposo.
"Vos solo me tenes que mirar a mi, ¡idiota!" dice Toji perdiendo todo rastro de coherencia.
"Te miro solo a vos, ¡y no me insultes!" su esposa eleva el tono tomando un poco de su confianza.
"¿Que no te insulte?" Pregunta Toji en tono juguetón. "Yo soy el jefe de este clan, yo soy la ley y se hace lo que yo dicte. Los halagos, los insultos, todo. Y si quiero lo puedo repetir... idiota. Ahora, ¡fuera de mi vista!"
Su esposa quien en silencio quedó se dirigió hacia la puerta, al llegar allí susurró casi inaudible "Te odio..."
"¿Qué dijiste?" Preguntó Toji como si no pudiera creer lo que acababa de oir. Acercandose de una zancada a ella, tomó su muñeca haciendo un movimiento de lo que parecia una simple caricia pero rápidamente se convirtió en una torcedura de brazo. "No te escuche bien, te pregunto de nuevo, ¿qué dijiste?"
"Te amo" dice lastimosa.
"Aw, que hermoso. Después de tanto tiempo... a ver, ¡de nuevo!" Dice Toji aplicando mas fuerza en su torcedura.
"Te-te... amo" sostiene su esposa aguantando dolor.
Toji la suelta y le da un cariñoso beso en la mejilla. "Gracias querida, ahora déjame. No quiero hacer esperar más a los candidatos, deben estar muriendo de frio en el patio."
Haciendo un ademán hacia la puerta llama a su sirviente, Naoya. Entre ellos hay un acuerdo tácito de complicidad.
"¿Señor?" Habla Naoya.
Mirando hacia la ventana de nuevo dice "El cuarto que se vaya, hace frío." Vuelve su mirada hacia Naoya. "Y si tarda, lo podes empujar"
"¿Cómo si tarda?, ¿debería correr?" Pregunta divertido siguiendo el juego. Toji en su lugar simplemente se limita a encogerse de hombros. "Entiendo, señor" dice Naoya en un tono cómplice. Se dirije hacia el joven sacandolo de la fila a los trompicones.
"¡Espere, yo no hice nada! ¿por qué me echan? Estaba haciendo la fila tranquilamente como todos los que estamos aca!" Protesta el joven desesperado y sin comprender la situación. Naoya ignorandolo completamente seguía empujandolo hacia la puerta mientras le decía en tono duro y bajo que cerrara la boca si no quería terminar mal.
"¡No tan bruto, naoya!" Dice Toji soltando una carcajada alta y desagradable. "Ah, ninguno de estos me sirve" Dice calmandose del aparente ataque de risa. "El primero es muy orgulloso, el segundo demasiado alto, el tercero muy delgado, el cuarto no está y el quinto..." se interrumpe de forma abrupta. "¿Se está saliendo de la fila?, ¿quién le dió permiso?" Mira desconsertado y furioso, hasta que lo nota... "¡Oh, no. Oh, no no no!" Comienza a reír esporádicamente y con alegría. "Naoya, el quinto." Dice Toji alegre.
"¿Qué hago?, ¿lo echo a patadas?" Pregunta Naoya curioso.
"¡Claro que no! Hazlo pasar" Le ordena Toji.
"¿Y los demás?" Pregunta Naoya mirando hacia los jovenes en la fila.
"Ah, que aguarden allí. El frío es sano" Dice Toji con desdén.
Ve llegar al quinto candidato, este tiene el cabello blanco como la nieve y ojos mas azules que el océano, realmente un rostro hermoso. No estaba vestido como un japonés, si no con un pantalón de vestir negro, una camisa blanca con una corbata roja y un saco del mismo color. Era extranjero, que interesante pensó Toji. Se presenta frente a él haciendo una reverencia. Su espalda estaba deformada por una joroba y caminaba levemente inclinado.
"Mi nombre es Gojo Satoru, señor" Dice el hombre en tono amable tiritando del frío.
"Gojo Satoru, he." Ignora su mano estrechada y en cambio decide caminar alrededor de Satoru echando un vistazo a la razón de su elección y ríe cabizbajo. "Sí, efectivamente es... contrahecho. Bueno, estarás bien con nosotros, como ves soy una persona de buen caracter. Te dejé pasar para que puedas ponerte cómodo en el calor de mi hogar, ¿está bien aqui no?" Pregunta Toji con una sonrisa amable en su rostro.
"Claro, señor aqui esta bien yo-" antes de que Satoru pueda terminar su oración Toji lo interrumpe.
"Quiero pedirle..." habla con un tono timido e inseguro. "No lo tome a mal. Soy brusco, nadie me quiere, pero no se puede pedir a la gente que lo quiera a uno. Si no hay interés.. usted tiene un interés.
"Claro, lo tengo" responde Satoru con determinación.
"Entonces... no digo amor, pero comprenderá" Toji dice en un tono que se va apagando.
"Sí, señor" Satoru responde ahora con mas confusión que antes sin comprender a que quería llegar Toji con sus divagaciones.
"¡Bueno, se lo pido! No, mejor dicho le ruego!" Dice Toji con voz elevada en un arranque de euforia, camina hacia Satoru quien aún se encontraba de pie en la sala con la confusión plantada en su rostro, se detiene frente a él nervioso y lo mira en silencio e inmóvil como esperando una respuesta de parte de Gojo.
"A sus órdenes" dice Satoru casi molesto por el desplante del hombre queriendo romper ese momento de incómodo silencio en la sala.
"Eso quería escuchar" responde Toji alegre. "¡Después no vaya a quejarse!" Ríe de forma esporádica hasta quedar en un silencio que parecía eterno hasta que los ojos del mayor encuentran los de Satoru. "Desnudese" dice toji de forma dulce y lasciva. Casi como si lo que le estuviera diciendo fuera el peor de los pecados, algo que solo moriría con ellos y Dios.
"¿Pero qué está diciendo?" Pregunta Satoru con el rostro desencajado. Retrocediendo un par de pasos hacia la puerta de salida.
"Oh, vamos. ¡Usted dijo que sí! Yo jamás he visto una... de esas." Dice Toji animado y timido.
"No soy una curiosidad ni mucho menos un espectáculo. Lo siento, pero me retiro." Tomando determinacion hace una leve inclinación hacia Toji y se da la vuelta dirigiendose a la salida. No está tan desesperado como para humillarse de esta forma, no... cuando su mano toca el picaporte toji habla.
"Satoru, ¿usted vió la fila que hay afuera? Saben que doy trabajo con muy buena paga y el mejor de los tratos, en esta casa nada le falta a nadie, es por eso que aunque este lloviendo siguen ahí, sin moverse, como soldaditos bien educados. ¿pero sabe qué? No me importa, porque yo lo elegi a usted. Lo elegi a usted por sobre ellos." Habla Toji de forma lasciva, acercandose a Satoru de forma precavida como un animal al acecho que no quiere asustar a su presa. Gojo queda pensativo en su lugar un segundo y volviendose en sí se enfrenta a Toji. "¿Y por qué me eligió a mi?" pregunta con un tono mas bien desconfiado.
"Bueno, por muchas razones. Es limpio y viste bien" Toji comienza su monólogo dando vueltas alrededor de Satoru hasta quedar frente a él y usando su pulgar derecho traza la mejilla de Gojo mirando directamente a sus ojos. "Tiene un rostro muy bonito. Además de todo eso..." deja de hablar y señalando su joroba comienza a reir. "¡Tiene esto! ¿Puedo tocarlo? ¿Da suerte? Que hombre afortunado."
"Soy un buen profesor" Logra articular Satoru pálido de la humillación.
"Eso lo veremos" dice Toji reconponiendo su postura. "Ahora, desnudese. No más de la cintura. Déjeme verlo"
"Lo siento, pero no puedo. Soy un buen profesor, no me humillaré de esa forma" Habla Satoru claro y determinante.
"Limpio, educado y bonito pero muerto de hambre... Aqui ya no se lo privaran mas de esas necesidades básicas, le daré la mejor comida y vino que haya probado, de donde viene esa es su bebida, ¿verdad? comerá con nosotros en nuestra mesa y no con los criados. Tendrá su propio cuarto apartado y se lo tratara como a uno mas de la familia. ¿No es eso suficiente, profesor? Tomando en cuenta de que nadie en ninguna otra casa tomarán a un maltrecho y extranjero como usted"
"Muchas gracias, señor" Responde Satoru. Toji tiene razón no habrá otro lugar que lo acepten con su peculiaridad fisica.
"Ah, ¿sabe qué? vayase si quiere" Dice Toji casi decepcionado desviando la mirada hacia la ventana.
"No, quiero quedarme, por favor" Confiesa Satoru casi derrotado, pero después de todo esto es mejor que estar en la calle para ser sinceros, no tiene otra opción.
"Muy bien, trato hecho" Hace un gesto hacia Naoya "Dile a los demás que se vayan, el puesto ya se ocupó" Rápidamente Naoya se retira. "Bueno, debería preguntarle que materias enseña" Toji vuelve hacia Satoru expectante.
"Francés, inglés y Latín, señor. Además de botanica y matematicas" responde Gojo casi de forma automatica.
"¿Matematicas? ¡que soberbio! Debería enseñarmelo a mi. Las niñas solo deben saber que dos mas dos son cuatro" bajando el tono y volviendose mas dulce habla. "¿y... y lo que le pedí?"
"¿Para qué?" pregunta Satoru cansado de la insistencia del mayor, realmente no se rendirá, he...
"Para saber que no miente" Toji dice con una pequeña sonrisa en su rostro, casi se podría decir que toda esta situación le emocionaba.
"No miento, es real. Tengo joroba desde la infancia. No sé si mi padre la tuvo, no supieron decirme... pero si usted quiere puede tocarla" habla satoru mas flexible.
"No a través de la ropa" determina Toji con un tono aburrido. "Quitese la camisa" Ordena. Satoru cansado de la situación decide cumplir el capricho de su nuevo amo. Después de todo, el lugar que aqui le ofrecen es mejor de lo que podía esperar y pensandolo bien en otra casa simplemente no correría esta misma suerte. Con dedos temblorosos comienza a aflojar su corbata roja oscura hasta quitarsela, luego sigue con los botones de su camisa, Toji lo miraba curioso y con paciencia como si no le importara esperar mil años simplemente para ver ese espectaculo. Logra quitarse la camisa y la dobla junto con su corbata a un costado.
"Dios, es muy lisa" habla Toji sorprendido. Hace un ademán de tocarlo pero rápidamente se arrepiente con desagrado. "Me da impresión, que asco. ¿es piel y hueso? Ah, pobrecito. Debe pesarle, ¿le pesa no es así? Como cargar con una mochila de piedras. cuando duerme y come y camina. y... cuando tiene sexo."
"No" Responde Satoru de forma tajante.
"¿No tiene sexo?" pregunta Toji divertido y ansioso.
"No me pesa" Aclara Satoru tociendo entrecortado, casi ahogandose con su propia saliva.
"Los genes se acoplaron mal" se tienta Toji riendo de forma esporadica. "¡pero que capricho!" Estira su espalda mirando hacia Satoru. "Bueno, ya. Vistase, no queremos que le de un resfriado." Volviendose hacia su campana comienza a tocarla para llamar a Naoya. "Brindemos, lo acepto" Llega Naoya y sirve dos tazas de sake. Toji toma una y estira su brazo hacia Satoru quien todavia se estaba vistiendo de forma torpe. "Al amo no se lo hace esperar" Habla Toji con tono de advertencia.
"Lo siento" Satoru toma rápidamente una de las tazas e intenta beber pero derrama todo el licor encima suyo.
"Ah, casi perfecto" dice Toji riendo y tarareando una canción. "Sigame, le presentaré a mis hijas" Toji comienza a caminar hacia la salida de la sala y Satoru lo sigue inseguro casi detrás de Toji observando cada rincón de la casa hasta detenerse frente a una de las puertas donde había una especie de guardia, ¿acaso las muchachas estaban siendo custodiadas? menos averigua Dios y perdona. Toji le indica con un gesto que ingrese y así lo hace. "Mis mujercitas, espero que hayan pensado en sus acciones el tiempo que compartieron juntas. Bien, olvidemos el pasado" habla Toji de forma amable "Esta es mi esposa y mi hija, Megumi" volviendose a Satoru pregunta "¿Cuál es su nombre?"
Megumi era una joven de unos 20 años, su piel era blanca como la luna, sus ojos como dos zafiros verdes con una mirada desafiadora y un cabello negro azabache que se deslizaba como seda en sus hombros. ¿Acaso era un angel? Eso no importaba, él era un buen profesor, no debía estar pensando en cosas mas allá de su educación. Saliendo rápidamente de su leve ensoñación se presenta "Mi nombre es Gojo Satoru, un placer" se inclina en una reverencia hacia las mujeres.
Toji comienza a reír haciendole gestos a su hija y mujer sobre su joroba. "¿No es hermoso?" pregunta divertido. "Ah, mi hija puede ser un tanto descortés. Verá estaba muy encariñada con su viejo profesor, Sukuna. Bueno, ¿no tan viejo, no?"
"No" responde Megumi con una mirada helada y de desprecio hacia su padre. Si las miradas mataran entonces Toji ya estaría enterrado seis pies bajo tierra.
"No duró mucho en la casa..." habla su esposa en tono bajo y timido. Toji la hace callar con la mirada. "Ese es el problema, si son viejos son muy tontos y si son jóvenes se aprovechan. Pero algunos entran con el pie torcido a la vida o la espalda" estalla en una corta carcajada festejando sus propias palabras. "y no representan un peligro para nadie" Volviendo su mirada hacia su esposa habla. "Ve a buscar tu bordado, y sientate allí" Toji le ordena y se voltea hacia Satoru "Resolveré el asunto de su vestimenta, aquí se respetan ciertas reglas" sentencia saliendo de la sala.
"Bienvenido. Se sentirá cómodo con nosotros" Habla la esposa con una sonrisa torpe en su rostro. "No se preocupe, Megumi es..."
"Como soy" la corta Megumi secamente. Luego de un silencio incómodo Megumi dirige su mirada antipática hacia Satoru. "Es mejor morir de hambre que aceptar lo que no se merece" sentencia fria.
"Soy un buen profesor" responde cordial Gojo. "O lo que nos merecemos por nuestras cualidades fisicas..." vuelve a interrumpir Megumi haciendo un ademán a su joroba.
"No le haga caso. Mejor, sientese" Tanto Megumi como su madre toman asiento y posteriormente Satoru hace lo mismo. "¿Comerá con nosotros?" Temiendo hablar de más rápidamente corta la pregunta. "o quizá con los criados, tienen muy buena comida, la misma solo que sin vino" articula nerviosa.
Satoru notando el nerviosismo e incomodidad del lugar rápidamente contesta. "Comeré con ustedes, señora. El amo tuvo la bondad de dejarme compartir la mesa con la familia"
"¡Que bondadoso! Papá es demasiado bondadoso" exclama Megumi con una sonrisa torcida. "Ya verá usted lo bondadoso que es. Una bondad desbordante como un río..." borrando su sonrisa vuelve a su rostro serio y gélido "que ahoga. Mamá te mandaron a buscar tu bordado y todavía estás acá. ¡Vaya perrito!"
"¡Megumi!" habla su madre reprendiendola con la mirada poniendose de pie.
"Y después venga, pero no habrá peligro. Lo dijo papá..." Examinando con la mirada a Satoru de pies a cabeza comenzó a reír. "¡y tiene razón!"
"Puede comenzar sin mi, yo iré a buscar mi bordado" su madre habla dirigiendo sus palabras a Gojo y sale de la sala con un suspiro. Una vez que la mujer sale Megumi se para furiosa dirigiendose hacia su cajón y saca sus materiales de estudio. Un libro, lápices, un cuaderno con dibujos y los arroja de forma violenta en la mesa. "¡Acerquese!"
Procediendo de manera sigilosa Satoru se acerca a Megumi "No sabía que tenia otro profesor, entonces seguiremos..."
"No, tenía otro profesor ¡pero con la espalda derecha!" Haciendo un silencio vuelve a hablar. "Perdoneme, quería decir que no pertenecía a los criados"
"Yo tampoco" habla Satoru callandose por un momento al ver la mirada burlona que le dirigía Megumi. "O quizá sí, no hay limites claros, señorita"
"Solo para algunos" Megumi toma su cuaderno de dibujos y lo abre "Mire, esto es lo que dibujo. ¿bastante bien, no cree?"
"De hecho, sí. Es bastante bueno. Nada mal" Responde Satoru asombrado examinando los dibujos de rostros y paisajes tan detallistas.
Megumi comienza a reir de forma esporadica. "No los hice yo, me los hizo mi anterior profesor. Yo odio dibujar, me tiembla la mano" Megumi habla aburrida.
"Yo voy a hacer que te guste dibujar" Satoru dirije su mirada a Megumi quien rápidamente la rechaza. Cierra su cuaderno de dibujos de forma abrupta. "Nadie puede hacer que me guste dibujar. ¡Nadie puede hacer que me guste nada!" responde Megumi enfurecida. "Te voy a hacer la vida imposible" Satoru abre los ojos en total confusión. "¿y eso por qué?"
"Simplemente porque te eligió mi padre" habla ella con total naturalidad. "Al otro también" réplica Satoru. "Al otro lo elegi yo. Solo duró un mes. Papá sospechaba de él y lo echó a patadas" Ríe de forma irónica. "Y no solo por mi, si no también por mamá"
"No sospechará de mí..." Casi de forma dulce satoru habla por lo bajo. Megumi lo mira divertida "Eso es evidente"
"No me insul-"
"¿Quiere sake?" Interrumpe Megumi elevando su taza. "No" responde Satoru tajante. "Está perfecto, no se debe de tomar sin el permiso de papá. Yo lo haré igual" Se sirve una taza llena del licor caro de la estantería y la alza con furia helada hacia Satoru "Brindemos, Gojo. Por usted, porque lo han aceptado. Bienvenido a la casa" Megumi bebe el contenido de la taza y al finalizar la arroja entrellandola contra la pared.
"¿Pero qué ha pasado?" Entra la madre acercandose a la escena asustada del estruendo y lío que se formó en la sala. Megumi se voltea con rostro hipócrita y fingiendo dulzura dice "Se me cayó la taza, mamá. Le quise servir al profesor y se me cayó"
