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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Extras bokuaka au
Stats:
Published:
2022-01-06
Words:
2,534
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
27
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2
Hits:
246

Nuestro espacio

Summary:

A Kenma realmente le gusta Kuroo y siente que es imposible no estar a su lado, por eso, esa misma noche, quiere decirle de una vez -aunque no se le de muy bien- lo que siente respecto a él. Respecto a ellos.

Extra Kuroken, parte de la narrativa de mi bokuaka au en tw

Notes:

¡Hola! Si llegas aquí y no tienes ni idea de que va esto, es un pequeño cuento sobre lo que ocurre con Kuroo y Kenma de un au que publiqué en mi twitter hace un tiempo.

Y si vienes justo por ese au, ¡Gracias por pasarte! y espero que te guste esto que he preparado.

¡Mucho besos!

Au: https://twitter.com/orchriid/status/1412338733769166849

Work Text:

Kenma no era así.

 

Kenma no era un manojo de nervios abrazado a un cojín sobre el sofá mientras su gata trataba de llamar su atención ronroneado. Aunque de esto último no se da cuenta ya que lleva un rato largo mirando a un punto fijo en el suelo, con el borde de la capucha reduciendo su campo de visión.

 

No recordaba haberse sentido tan nervioso en tanto tiempo con una situación así.

 

Desde la ventana del salón, puede ver como ya se ha hecho de noche y, habiendo quedado con Kuroo para cenar, no debe tardar mucho en aparecer. Escuchará el claxon de su coche seguramente, avisando de que está allí como ya parece ser tradición cada vez que viene a recogerle o a su casa. Siempre lo hace aunque luego tenga que dar tres vueltas a la manzana porque no hay sitio para aparcar. 

 

Que venga ya y se pase rápido, ¿por qué tarda tanto? Ahora está molesto y frunce el ceño antes de tomar el móvil y mandar un mensaje a Kuroo, que no ha dado señales de vida en la última hora.

 

Kuroo recibe el mensaje en el baño, interrumpiendo momentáneamente la música que suena directamente de su playlist por excelencia la cual Daichi puede oír desde su propia habitación, así como seguramente el vecino de abajo , nombrada "Exitos viejitos y otras maravillas de la música española", playlist la cual solo escucha sin auriculares cuando está feliz.

 

La notificación emergente le interrumpe el concierto privado para su reflejo que se está llevando a cabo con un peine como micrófono improvisado. En un principio piensa que es Daichi diciéndole algo sobre la música, por lo que a la vez que toma el móvil, baja el sonido, al ver que el mensaje es de Kenma, sonríe, mordiéndose el labio inferior.

 

"Cuánto te queda??? Tengo hambre"

 

El chico niega riendo y responde, dejando el peine sobre el lavabo.

 

"Cuidado no se te noten las ganas que tienes de verme. Salgo en 10min como mucho, no tardo" junto a un corazón. Kenma no responde después de eso y Kuroo puede ver como deja de estar en línea.

 

Kuroo sale en diez minutos. Eso significa que en quince estará frente a su puerta, tocando para entrar y él tendrá que decirle “oye, ¿quieres ser mi novio?”. 

 

No así de sopetón claro, pero es lo que quiere hacer esa noche, y por eso le ha dicho de volver a verse el mismo día, porque quiere preguntarselo. Quiere estar así con él, aunque solo sea un nombre, una formalidad casi, porque se siente tan bien el pensarlo… Lo tiene que hacer él, porque Kuroo le deja espacio, todo el espacio del mundo, así que ahora es el momento de estar en el mismo espacio que él, definitivamente.

 

Piensa en cómo lo va a hacer mientras acaricia a su gata.

 

No, mejor no piensa. Eso está mejor.

 

Los ojos de Kenma se quedan fijos, mirando su propio reflejo en la televisión apagada. Ojos amarillos le miran de vuelta en los que, a pesar de que se distorsionan en la pantalla, nunca había pensado en que brillaría de esa manera.

 

El tiempo pasa en ese reflejo y es Kuroo quien le saca de ese mundo, con el claxon de su coche, abajo en la calle. Se levanta rápidamente del sofá, haciendo que el cojín que tenía sobre las piernas caiga al suelo. Aunque al asomarse por la ventana hace el esfuerzo de que parezca que le molesta estar ahí.

 

Kuroo ya está asomando por la ventanilla, listo para saludarle en cuanto le ve.

 

¡Voy a aparcar! ¡Enseguida subo! exclama alegre y vuelve a acomodarse en el asiento, no sin antes guiñarle un ojo.

 

Kenma quiere evitar sonreír pero no puede. Son esas las cosas que le hacen querer descubrir más a Kuroo. Espera que él no lo haya visto, su sonrisa tonta, como quizás diría Akaashi “de enamorado”. Que vergüenza. No puede permitirse que Kuroo le repita que tiene una sonrisa preciosa o se morirá del sofoco, aunque ya puede sentir las mejillas ardiendo.

 

Si Kuroo va a subir el salón debe de estar algo ordenado, ya sabe que le dirá que necesita más orden en su casa. Kenma se acerca al sofá y cambia la colocación de algunos de los cojines a consciencia, recogiendo también el que había caído al suelo.

 

¿Qué está haciendo? Kuroo nunca ha visto esto ordenado, sería muy raro que ahora lo estuviera, qué está haciendo. Lanza el que había tomado del suelo al sofá, golpeando sin querer a su gata, a la que va a disculparse inmediatamente tomándola entre brazos y pidiéndole perdón en voz baja mientras la abraza. 

 

El timbre de su puerta suena mientras la acaricia. Kenma da un respingo, apretando a su gata, que se queja.

 

¡Voy! dice y corre a abrir la puerta, aún con Zelda en brazos, intentando que no se escape cuando libera un brazo para girar la manivela.

 

Vaya, que bienvenida más bonita. dice Kuroo observando a ambos. 

 

¿Estaba abajo abierto? —pregunta Kenma extrañado de haber escuchado ese timbre en vez del de abajo.

 

Ah, sí, he subido directamente, ¿Pasa algo?

 

No, nada responde negando e inconscientemente se pone de puntillas, acercándose a Kuroo. Él responde el gesto juntando sus labios, en un beso d bienvenida— Hola.

 

—Hola —responde Kuroo sonriendo.

 

Kenma lo invita a entrar, dejando a Zelda en el suelo una vez la puerta está cerrada. Ve a Kuroo entrar al piso y se pregunta cuando se han escapado todos los nervios que contenía en su cuerpo, quizás ha sido al abrir la puerta, al verlo a él ahí, la sensación de cotidianidad ha sido lo que lo ha calmado. Se lleva el dedo índice al labio, acaba de besarlo, pero le queman las ganas de querer hacerlo otra vez. 

 

Al darse la vuelta con la intención, Kenma descubre como Kuroo arregla los cojines del sofá.

 

¿Qué haces? 

 

A Kuroo siempre le ha dado muy igual los cojines del sofá de Kenma, sobre todo después de que una vez se tirase sobre uno y casi asesinara a Zelda que estaba debajo. Si que es cierto que alguna vez lo ha mencionado, pero está vez, es que si Kuroo está quieto, va comenzar a temblar, está de los nervios.

 

Solo quiero asegurarme que Zelda no se ha escondido entre ellos.

 

Zelda está aquí conmigo. menciona Kenma, frunciendo el ceño. Kuroo observa como salta al sofá en ese mismo momento.

 

Sí, es verdad… inspira profundamente Hola chica le saluda acariciándole, sentándose en el sofá. Una vez sentado, la gata se sube sobre él y comienza a ronronear. 

 

Kuroo sonríe y Kenma cree que se muere de lo rápido que le va el corazón. La sensación de tranquilidad ha durado un instante, aunque sigue cómodo con él ahí.

 

¿Cómo puede Kuroo estar tan tranquilo? Kenma ve como el chico acaricia a Zelda y la coge de las patas delanteras, para darle un besito en la nariz mientras le habla como a un bebe, luego le da la vuelta para que mire a Kenma.

 

Que persona más tonta como le adora.

 

Me ha dicho que tiene hambre comenta desde detrás de Zelda, moviendo las patitas de la gata.

 

¿Eh? 

 

¿La cena? pregunta Kuroo, bajando a Zelda sin soltarla, para ver a Kenma de frente.

 

La cena. Eso es lo que debería haber hecho en vez de mirar a la nada durante quince minutos.

 

No he pensado nada… 

 

Bueno habla Kuroo levantándose del sofá, dejando a la gata sobre él Decidamos juntos se acerca al mueble de la tele, abriendo el primer cajón, donde sabe que Kenma guarda todos los panfletos de restaurantes que llevan comida a domicilio de la zona y los coge, para caminar de vuelta al sofá.

 

Kenma toma asiento mientras tanto, tomando un cojín para colocarlo sobre el regazo. Deja un sitio a Kuroo a su lado. Una vez se sienta, Kenma apoya la cabeza sobre su hombro y siente como la mano de Kuroo se coloca sobre su pierna, acariciando. El pelinegro deja un beso sobre su cabeza antes de comenzar a mirar los folletos.

 

Kenma coloca su mano sobre la de Kuroo.

 

—¿Algo que te apetezca? —pregunta Kuroo pasando los papeles sobre sus piernas con una mano.

 

—Lo que quieras —Kuroo ya esperaba esa respuesta de Kenma, pero sabe que lo dice porque no le apetece pensar en nada— ¿Quieres que te suelte la mano?

 

—No te preocupes —responde apretando ligeramente su pierna. Kenma corresponde su gesto, entrelazando sus dedos.— Ves mirando los menús por si te apetece algo.

 

Pasan un buen rato tras eso decidiendo que tomar, hasta que acaban yendo por lo sencillo, pedir un kebab, que nunca viene mal. Kuroo es a quien le toca levantarse —aunque a Kenma le cuesta deshacerse de su tacto— y llamar al local para pedir la cena. Kenma no aparta la mirada de él en ningún momento.

 

Cuando ya está pedido, Kuroo deja el móvil sobre el mueble de la tele de nuevo.

 

Mientras esperamos podríamos… comienza a hablar Kuroo, acercándose al sofá, donde Kenma se sienta con las piernas cruzadas, esperándole. Kuroo coloca las manos a ambos lados de su cabeza, sobre el respaldo. Sus rostros quedan pegados y ninguno de los dos habla, solo es Kuroo quien se mueve hacia sus labios cuando ve que Kenma cierra los ojos.

 

Es suave, no es para nada acelerado, se siente como una caricia. A Kenma le gusta mucho la manera en la que Kuroo le besa, siempre con cuidado. Eso está bien para empezar, pero no basta, aunque ahora tiene que sentar la cabeza, quiere hablar con él, eso ya vendrá luego.

 

Kenma tiene que inspirar antes de apoyar las manos en el pecho de Kuroo y maldecir el hecho de que tenga que separarlo.

 

Tetsurou… murmura su nombre. Kuroo abre los ojos de golpe, quiere preguntar si todo va bien, pero no le salen las palabras, pues aparte de haber dicho su nombre, Kenma parece avergonzado, haciendo el esfuerzo de mantener el contacto visual, pero con el rostro ligeramente desplazado. Sus mejillas están sonrojadas.

 

El silencio dura un instante más, hasta que Kuroo besa sus mejillas. Kenma cierra los ojos ante el contacto.

 

¿Pasa algo? Si no quieres no pasa nada.

 

No… Sí, quiero decir, sí quiero, pero no. —responde abrazando el cojín.

 

Kuroo retira las manos del sofá, dando un paso atrás para darle espacio a Kenma.

 

Creo que no te entiendo ríe el chico sentándose a su lado, con el cuerpo girado hacia él, recostado de lado sobre el respaldo.

 

Es que, a ver… dice deteniéndose a pensar Mira, cállate acaba por decir lanzándole el cojín a la cara.

 

Kuroo no puede hacer otra cosa que reír a carcajadas.

 

¡Pero si no he dicho nada!

 

¡Ya lo sé! responde Kenma llevándose una mano al rostro para taparse los ojos Me gustas, Kuroo.

 

¿Tienes que taparte los ojos para decírmelo? Ya me lo has dicho antes, pero voy a pensar que esta vez es mentira Kenma deja caer su mano de golpe, con la expresión más seria con la que le ha mirado nunca. Kuroo se replantea todas las decisiones que ha tomado en su vida hasta llegar ahí No me mates por favor.

 

Eres gilipollas.

 

¿Pero no te gustaba?

 

Una cosa no quita la otra, idiota.

 

¿Qué más soy? Te vas a quedar sin insultos.

 

¿Quieres ser mi novio? interrumpe Kenma, a una velocidad a la que Kuroo tiene que pensar si sus oídos lo han engañado o de verdad le ha preguntado eso. Sabe que es eso porque Kenma ha vuelto a cubrirse los ojos y parece que esté esperando un golpe.

 

¿Qué?

 

No voy a repetirlo.

 

Kuroo no puede hacer otra cosa que lanzarse a abrazarlo, quedando sobre Kenma. Zelda parece curiosa por la situación y se une a ellos, subiendo a su lado en el sofá, maullando para llamar su atención. Kuroo ríe contra el pecho de Kenma.

 

Vale —murmura Kuroo, sin levantar la cabeza.

 

¿Vale a qué?

 

A lo que quieras dice reforzando su abrazo. Kenma duda en abrazarlo de vuelta, antes de decidir corresponder a su abrazo, apoya las manos en sus hombros y lo empuja, pilándolo por sorpresa, por lo que puede darle la vuelta a la situación y quedar sobre él.

 

Dios, eres tonto se queja antes de acomodarse sobre él y mirarle a los ojos ¿Estás llorando?

 

Kuroo aprieta los labios.

 

No.

 

Mentiroso.

 

Aún no, ¿vale? Es que… —Kuroo se ve interrumpido por los labios de Kenma sobre los suyos, que al contrario que su beso, es basto y en un principio le cuesta seguir el ritmo.

 

El corazón le sigue latiendo tan fuerte como cuando entró al piso, ha estado más relajado en unos momentos, pero ahora, ahora no puede pararlo y Kenma desde luego, estando como está sentado encima de él, no ayuda para nada. 

 

Estaba nervioso porque se lo esperaba, pero era lo que quería, aún así Kenma le sigue poniendo nervioso y ese beso lo demuestra, porque ahora, aunque similar a todos los que han compartido este se siente diferente, como el primero quizás. Quiere decirle lo feliz que está de que se lo haya pedido, pero no quiere incomodarlo, así que lo dejará como conversación para otro día, sabe que a Kenma le habrá costado un mundo y es suficiente por hoy para él. Kuroo coloca las manos sobre la cadera de Kenma mientras le besa y sonríe contra sus labios. Siente como Kenma se junta más a él, probablemente molesto porque no le sigue besando.

 

No pasa mucho después de eso cuando suena el timbre del portal.

 

La cena jadea Kuroo contra los labios de Kenma, mientras siente sus manos colarse por la camiseta.

 

Mmhmm, voy murmura, besando el cuello de Kuroo antes de levantarse, probablemente dejando una marca.

 

¡Oye! —exclama llevándose la mano donde le ha besado.

 

Una vez Kenma ha abierto al repartidor la puerta de abajo, siente los brazos de Kuroo rodearlo y levantarle del suelo. Kenma se queja, golpeando sus brazos hasta que Kuroo le deja en el suelo justo antes de que toquen la puerta.

 

Kuroo es quien abre y coge el pedido, pagando, levantando la bolsa sin que Kenma pueda llegar a ella. 

 

¿Cómo se piden las cosas, amor?

 

No me llames así. —murmura apartando la mirada, con las mejillas rojas. Kuroo sonríe habiendo conseguido su objetivo.

 

Bueno eres tú quien ha decidido salir conmigo.

 

No hagas que me arrepienta tan rápido. dice y agarra la camiseta de Kuroo tirando hacia él para besarlo. Kuroo sonríe.

 

Así sí.

 

No te soporto Kenma vuelve a besarlo.

 

Repítelo de nuevo a ver si así te lo crees. —dice con la sonrisa que desquicia a Kenma.

 

Kenma pasa de seguirle el rollo porque si no sabe que no se va a callar nunca, y madre mía que guapo que es, así que simplemente lo besa, empujándolo poco a poco hacia el sofá. Kuroo trastabilla hasta que coge el ritmo de sus pasos, intentando salvar la cena.

 

La bolsa con la comida acaba justo a su lado del sofá, en el suelo. A Kuroo deja de importarle dónde está cuando Kenma le quita la camiseta.

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