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Desde que tenía suficiente memoria como para darse cuenta de las cosas, siempre hacia sido de la misma forma. Su pequeño cuerpo estaba lleno de moretones que había aprendido a ocultar apropiadamente con el tiempo. Todo eso solo paró unos cuantos meses antes de que su pequeño hermano llegara al mundo. Su madre era incapaz de alcanzarlo para golpearle y su padre demasiado ocupado en complacer sus caprichos como para prestarle atención.
Cuando conoció a Rindou, el sentimiento de amor que floreció en él fue tan grande que sonrió después de mucho tiempo, por primera vez se sintió feliz de algo que su madre le daba. Ser el hermano mayor era una gran responsabilidad. Se encontró a si mismo tratando de protegerlo de todo ese ambiente hostil y horrible que siempre había en la casa. Jugaba con el pequeño rubio cada que podía, amaba escuchar sus pequeñas risas y la forma en que sus ojitos violeta iguales a los suyos se cerraban al soltar esa melodía angelical, pero sus padres no pensaban lo mismo.
La molestia que podía sentir de ellos, como un aura oscura sofocándolo, era tanta, que dejó de hacerlo, aterrado de que su pequeño hermano presenciara la forma brutal en que le golpeaban por ser desobediente. Era un bebé aun, incluso si no lo recordara cuando creciera, era demasiado inocente como para ver la vida a la que posiblemente estaría destinado.
Le dolía tanto, pero intentaba siempre sonreír para él, no decía nada, aunque sus pequeñas manitas lastimaran sus moretones recién hechos, siempre sería fuerte por él, porque necesitaba que alguien lo cuidara y sus padres definitivamente no eran los que lo harían.
Los años pasaron, Rindou era tan lindo. A pesar de todo, buscaba el amor de su madre y la aprobación de su padre, pero lo único que recibía eran golpes por ser molesto.
Ese día era su cumpleaños, incluso si no quería hacerlo, Ran ayudó a su hermanito a vestir ropa bonita y mientras lo peinaba, rogaba que, si existía un ser todopoderoso ahí arriba, lo escuchara, que sus padres al menos ese día, fueran buenos con su pequeño, estaba tan ilusionado con recibir al menos un “Felicidades” de su parte.
Pero eso no llegó, porque si existía, nunca lo había escuchado.
—¡Jodido niño! ¡¿No ves que estoy ocupado?! Deja de molestar, mierda.
—Pe-Pero… Hoy es mi cumpleaños… — La vocesita entre cortada del pequeño se escuchó y esa una mala señal.
Su padre odiaba que llorara, siempre que lo hacía, lo golpearía hasta que no soltara mas que pequeños sonidos ahogados, era su forma de “hacerlos hombrecitos”.
Los gritos y llantos de Rin seguidos por el cortar del aire cada que el cinturón azotaba su piel, eran tan dolorosos de escuchar, tanto que lloró con él, pero las secó rápidamente. No podía quedarse a llorar mientras veía sin hacer nada. Sus piernas se movieron solas, abrazó el pequeño cuerpo ajeno con el suyo y el golpe en su piel escoció horriblemente sobre los que apenas intentaban sanar.
—¡Quítate, Ran! — gritó su padre furioso, pero el no se movió, solo apretó más su agarre alrededor del más bajo
Los azotes continuaron, luchando por mantenerse consiente, no podía dejar a ese hombre solo con su hermanito, no después de lo que había visto.
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Sabía que su familia tenía mucho dinero, pero las personas con las que se rodeaban no eran buenas, podía intuirlo por la forma en que los miraban. No se detenían incluso si les decía que no era una niña como pensaban, tocando sus bracitos tratando de acercarlo. La primera vez que alejó a uno de ellos con un manotazo, su madre lo golpeó peor a él, la segunda lo arrastró del cabello hasta que pidió perdón, entonces aprendió a callarse y esconderse cada que ellos venían.
—Rin-chan, silencio… Los señores malos están en la sala… — dijo tapándole la boca al niño mas pequeño.
—¿Los que tocan las piernitas de Ran-nii? — preguntó con inocencia.
Su cuerpo se estremeció y quiso llorar, pero solo abrazó mas fuerte a su hermano, arrullándolo en sus piernas —Si… Ellos…
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—Ran-nii… ¿Por qué mamá no me quiere…? — escucharlo decir eso con su pequeña voz a punto de quebrarse, le hizo sentir una opresión en el pecho.
—Ella nunca me cree… — susurró — Dice que soy un niño malo por no obedecer a papá… ¡Pero a mi no me gusta que los señores toquen mi pancita! Siempre que me hablan, ellos quieren verme y ellos dan miedo… No quiero ir, nii-chan…
La ira corrió por sus venas, sintió el vómito subir por su garganta y lo abrazó con más fuerza. No, él no, no iban a hacerle eso también, nunca, nunca mientras estuviera a su lado, jamás les dejaría poderle una mano encima a su pequeño bebe. Acarició suavemente su cabello rubio y besó su frente.
—Ellos… ¿Qué mas hacen, Rin…? — preguntó, casi con miedo.
—¡Me quieren sentar en sus piernas! Papá me dice que soy grosero por no querer hacerlo y salir corriendo… Pero es que se siente raro sentarse ahí, además, siempre terminan mojando mi ropa, ¿No son muy grandes para orinarse? ¡Yo hace mucho que no lo hago! Es porque soy un niño grande, ¿Verdad?
Ran sentía tanta repulsión e impotencia luego de escuchar aquello, lo único que podía hacer era fingir que Rindou estaba dormido o haciendo sus deberes e ir él en cambio.
Pero no era suficiente, ellos no lo querían a él, querían a Rin. Él era tan dulce e inocente, no como su hermano mayor. No lo querían a él porque ya estaba manchado, sucio, usado. Pero no era así, el nunca quiso algo como eso.
Vomitó justo a los pies del mayor y éste lo pateó lejos, solo pudo quejarse y aguantar sus lágrimas con la ropa desarreglada y la respiración agitada.
—Trae al otro, es mucho más bonito— escuchó al hombre decir — Éste es aburrido y ya es demasiado grande, lastima, su carita parecía de una muñequita cuando era más pequeño.
La gran mano tomó su rostro levantándolo y empujándolo justo después con asco, apenas tenía 10 años, era un niño.
—¡Suéltame! ¡Me lastimas! ¡Ran-nii…! — la voz de su hermano menor llegó a sus oídos pero incluso si quiso levantarse y quitárselos, no pudo.
Seguía ahí en el suelo sin poder hacer nada, solo viendo mientras el más pequeño forcejeaba y sus padres no hacían nada, solo bebían sus vinos caros y sonreían, a ellos no les importaba en lo más mínimo.
—¡Déjenlo en paz! ¡Por favor! — gritó, desesperado por ver la escena, todo se repetía, se veía a si mismo ahí.
Rindou era su más grande felicidad, la única, no podía dejarlo sufrir lo mismo, no podría soportar ver a su hermanito llorar por las noches con pesadillas dónde su mente repetía lo mismo cada vez, no podía dejar que se sintiera sucio incluso si se bañaba mil veces.
El hombre junto a él portaba un arma, la chaqueta que antes había traído puesta deja ver el mango de ésta expuesto fuera del bolsillo interior.
Si convertirse en un asesino iba a proteger a su hermano, lo haría, siempre lo sería.
Bang
Bang
Bang
Bang
Bang
Bang
Bang
La sangre salpicó su cabello y su rostro sin expresión, soltó el arma y caminó entre los cuerpos rodeados de charcos de sangre haciéndose más grandes hasta su hermano temblando, cubriéndose los oídos en posición fetal.
Con suavidad, tocó su cabeza y le habló
—Rin… Rin-chan… Está bien… Nadie va a hacerte daño…
El pequeño rubio se estremeció y lo abrazó, llorando desconsoladamente en sus brazos.
—Ran-nii… Ellos… ¿Están… muertos…?
—Si —vio los ojos contrarios mirarlo con temor —Si la gente mala se muere… Ya no puede hacer cosas que no nos gustan y ni nos lastiman… Yo hice esto por ti… Rin-chan está a salvo…
Besó su naricita y trató de sonreírle lo más naturalmente posible, pero debían salir rápido de ahí, podía haber más gente mala cerca y nadie más tenía un arma para hacer lo mismo una vez más.
—Tenemos que irnos Rin-chan, ¿Quieres ir a pasear con Ran-nii? — dijo ayudándolo a levantarse.
—¡Si! — gritó con emoción.
—Toma tu mochila y pon mucha ropa ¿De acuerdo?
Cuando el menor asintió, ambos se apresuraron a la habitación que compartían, pero el mayor se desvió a la de sus padres.
Los cajones de su madre estaban llenos de joyas bellísimas que no dudó en tomar, al igual que el efectivo en su bolso y en las billeteras de los hombres, había suficiente para darle de comer a su hermanito por unos días, luego podría ver cuánto le daban por lo demás que se habían llevado.
Tomó todo lo que pudo y que serviría para alejarse de ahí, no querían volver nunca.
Caminaron hasta que sus pequeños pies se cansaron, en su espalda llevaba ahora a su hermano dormido por el agotamiento y ya no podía más, estaba golpeado y débil, tenía hambre y quería descansar, pero tenía que seguir avanzando, no quería que los hombres malos fueran capaces de encontrarlos.
Llegaron a un edificio de departamentos en mal estado, parecía que casi nadie vivía ahí, pero aunque daba un poco de miedo, entraron, Rindou aferrado a la mano de su hermano mayor junto detrás de él. Sorprendentemente, si vivía gente ahí, pero nadie prestó suficiente atención a un par de niños muertos de cansancio y llenos de moretones.
Finalmente encontraron un departamento que parecía como si estuviera esperando por ellos, estaba lleno de bolsas de basura, pero podían sacarlas, había una cama pequeña y unas sillas viejas, también lo que parecía ser una estufa, si funcionaba, podría cocinar cosas sencillas y no morir de hambre.
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El invierno llegó y era difícil mantenerse calientes cuando solo tenían una pequeña manta y el frío se colaba por las ventanas, decidieron que podrían conseguir alguno en una tienda de cosas de segunda mano.
“Hayan los cuerpos en avanzado estado de descomposición de 5 personas en residencia de exclusiva zona…”
“Los hijos de la familia H se encuentran desaparecidos…”
Ran acomodó mejor la bufanda y el gorro de su hermano e hizo lo mismo con él. Al regresar al pequeño departamento, lo llamó.
—Rin, escuchaste ¿Cierto? Los encontraron y… Nos están buscando, creen que estamos desaparecidos…
El rubio menor lo miraba con atención y asintió.
—Si los policías nos encuentran, debes llorar, eres un niño bonito que dice la verdad ¿Cierto? Ellos van a creerte cuando les digas que unas personas nos dejaron aquí y tienes miedo
No debía hacer mentir a su hermanito, pero era lo mejor.
—Todo estará bien ¿Sí? Solo debes hacer eso sí un día nos ven.
Y así lo hizo, el llanto lleno de sentimiento de Rindou conmovió el corazón de todos, los inocentes niños que lo habían perdido todo. Pero lo que no sabían era que habían ganado todo, habían ganado su libertad de vivir una vida como siempre debieron vivirla.
12 años después
Habían vivido perfectamente todos esos años, fueron a la escuela, cortesía del sistema de protección de menores, tenían dinero, herencia, lo único bueno que dejaron sus horribles padres, solo faltaba una cosa, al menos para Rindou.
Incluso si en ese entonces era pequeño, recordaba con claridad el rostro del hombre que había hecho a su hermano mayor llorar por las noches después de despertar agitado y lleno de terror, él lo había visto, sabía lo que había hecho, lo haría pagar por ello.
Mientras el ahora anciano ni siquiera recordaba el rostro de su hermano, él seguía sintiendo aversión e incomodidad con gente a su alrededor, gente que le recordara a ese tipo
Gritos, súplicas, llanto
—Tu no te detuviste entonces, bastardo, yo tampoco voy a hacerlo. Esto es por mi hermano, espero te pudras en el infierno, maldito hijo de puta.
Bang
Bang
Bang
—Se acabó, Ran, está muerto por fin, lo hice por ti
Porque al igual que Ran había prometido hacer cualquier cosa por proteger a Rindou, Rindou había prometido exactamente lo mismo.
