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||• 心に炎を灯して 遠 派手に •||
❥ 14 de Febrero, el tan conocido y popular día del amor y la amistad. Fecha donde todas las parejas se demuestran más cariño con citas empalagosas y gasto de dinero en preciosos obsequios, donde los amigos se regalan dulces y recitan un testamento de mierdas cursis por seguir siendo beffie, o donde la gente valiente se atreve a declararse a su crush y si tienen la suficiente suerte de su lado pueden obtener el final feliz. De los pobres infortunios soldados caídos no opinaría, suficiente sufren por haber sido rechazados.
Uzui Tengen por supuesto nunca viviría en carne propia el dolor de un amor no correspondido, era lo suficientemente guapo, fuerte y perfecto para enamorar a cualquiera; las millones de confesiones físicas, en cartas, por redes sociales, con pequeños regalos o serenatas extravagantes, sutiles o muy aventadas eran prueba irrefutable de ese hecho.
Y a pesar de tener toda la gloriosa atención que sólo un Dios como él merecería recibir, odiaba el dulce día de los enamorados.
¿La razón?, no porque le fuera mal, sino por los incontrolables celos que debía sentir hacia el apego que todo el mundo tenía con su novio.
Sabía perfectamente que en la lista de los profesores más queridos y populares ocupaba el primer puesto, así como de igual forma sabía que en tercer lugar se encontraba el profesor de historia.
No podía negar que Rengoku Kyojuro se ganara tanto cariño de parte de sus alumnos; era el ser más puro, amable, energético y radiante que podía haber pisado la Tierra.
Pero que Uzui estuviera de acuerdo con las opiniones que la gentuza diera de su pareja no significa que aprobara las declaraciones de amor nada sutiles que se atrevieran a darle a su Kyojuro.
Llevaba aproximadamente quince minutos desde que las campanas del Instituto sonaron, la mayoría de los alumnos recorrían los pasillos en espera de que las puertas cerraran y las clases dieran inicio. Y era esos quince minutos en que el albino ya había contado a diecinueve jóvenes regalarle chocolates a su rubio.
Su problema aparte de los celos, no era precisamente que Kyojuro aceptara los presentes; tenía todo su derecho a recibirlos, Tengen estaba de acuerdo que ese ser de luz merecía esos dulces y mucho más.
Su verdadero inconveniente radicaba en las confesiones, sabía que su solecito a veces era muy inocente para entender que algunos estudiantes le regalaban sutilmente chocolates con fines románticos. Pero existían otros que daban sus declaraciones sin la intención de esconder sus sentimientos y Kyojuro siempre les respondía un: '¡Gracias por el obsequio!', e inventaba una excusa para retirarse, pero nunca los rechazaba directamente.
«Si no los rechazas sólo les darás falsas ilusiones, deberías hacerles saber que ya tienes pareja», fue su pensamiento que más bien parecía un consejo mental destinado al profesor de historia. "Llevamos cuatro extravagantes años de novios, ¡técnicamente ya estamos casados pero sin los anillos!" gritó indignado sin importarle que pareciera un loco frente a todo el alumnado.
Recordaba perfectamente el momento en que sus ojos se fijaron en el rubio de sus sueños. Se habían conocido de reojo en la secundaria el primer día de clases, durante el discurso de bienvenida a los de nuevo ingreso, ambos cursaban distintos años pero gracias a que Tengen había hecho amistades con Sanemi, Giyū y Obanai pudo lograr acercarse al menor de todos y llevarse bien, demasiado bien si se lo preguntaban, eran como almas gemelas destinadas a pasar el resto de sus vidas juntos, así cuando Kyojuro cumplió la edad de dieciséis y él diecinueve fue que decidió confesarle su amor, donde obviamente fue correspondido y se graduaron siendo los ruidosos tortolitos infantiles.
"¿Profesor Uzui?" salió de sus pensamientos para dirigir su mirada unos metros abajo donde la voz de una estudiante le había llamado. Pudo notar rápidamente el rubor de la chica y como apretaba ligeramente una cajita con chocolates. Ya sabía lo que vendría. "Se que es extraño pero aunque me rechace, ¡sólo quiero que sepa que me gusta!" finalizó tendiéndole el regalo.
"Tienes excelentes gustos para fijarte en un ser divino como yo" alardeó con una gran sonrisa mientras tomaba el paquete y realizaba una llamativa pose. "Pero lamentablemente éste Dios ya tiene a su Diosa. No te preocupes pequeña, algún día encontrarás a alguien más, no igual de perfecto como yo pero seguro te hará feliz. Agradezco el detalle" mencionó por último dándole un suave toque en la cabeza de la chica que fue suficiente para dejarla embobada, al menos ese gesto le aliviaría el dolor del rechazo.
Ya más alejado del lugar pudo suspirar con pesadez, ese sería su chocolate número cincuenta y siete, y sinceramente aunque se sintiera orgulloso por su récord no era alguien de gran apetito, mucho menos para soportar comer tanto dulce.
Podría parecer una persona narcisista y arrogante pero lo cierto era que nunca negaba lo que sus estudiantes se esmeraban en entregarle, tampoco era cruel de corazón como para botar, regalar o vender los chocolates; pero por suerte tenía a alguien muy glotón que podría ayudarlo. Estaba decidido, su pareja iba a obtener más golosinas de las que ya tenía, sólo esperaba no causarle un dolor estomacal.
"Hey, Kyojuro~. Hice este chocolate especial para ti por el mes del amor" esa lejana voz la reconocía lo suficiente como para saber que aquella persona debería estar doscientos metros lejos de su rubio, incluso más.
Apresuró el paso para girar la esquina y poder tener la visión del pasillo con dos seres humanos en medio del camino.
"Sigo siendo tu superior como para que me llames con tanta confianza" exhaló el aire cansado de las veces que debía repetirle a su estudiante que nombrarlo tan cómodamente no era muy respetuoso, su relación no era ni tan cercana, más allá de ser su tutor de curso, pero el chico era muy testarudo. Aún así tomó el presente regalándole una sonrisa. "Gracias, joven Soyama"
"¿Y tienes planes para después?, ¿qué me dices si salimos a beber un café y dejamos que el viento nos guíe al siguiente destino~?" mencionó el pelirosa, el menor de los gemelos Soyama de nombre Akaza, teniendo un tono demasiado meloso para un nervioso Rengoku y muy desagradable para el gusto de Uzui. Aquello fue la única señal que necesitó para pararse frente a ellos y mirar de mala gana al estudiante.
"Permíteme que te guíe a dirección a reportar tu conducta como acoso" cruzó los brazos, infló el pecho y ensombreció la mirada tratando de verse más autoritario, pero el único cambio que obtuvo del pequeño demonio fue que le alzara una ceja junto a su sonrisa burlona, dándole la espalda y volviendo su atención al profesor de historia.
«¡Maldito mocoso!, ¡¿cómo te atreves a ignorarme?!», la cara del albino casi estallaba en cólera, aguantando las ganas de llamar a Tomioka para que le preste su espada de kento y poder partírsela en la cabeza del menor.
Afortunadamente para el pelirosa, fue salvado por la campana que sonó anunciando las clases, y también por el rubio que permanecía a su costado.
"Calma, Ten" presionó su mano en el pecho del más alto para prevenir que se acercara al estudiante y cometa asesinato. "Joven Soyama, ¿podrías ir a tu salón?. Shinazugawa se enojará si no estás ahí y ya conoces sus límites"
"Claro Kyojuro, por ti lo que sea" giró sobre sus talones y se fue del lugar con corazones flotando a su alrededor.
Dejando solos al verdadero par de enamorados.
"Juro que ese mocoso algún día no volverá a pisar esta academia y haré parecer su muerte como desaparición alienígena" gruñó mientras daba vuelta para empezar a caminar con su pareja siguiéndolo, ambos concordaban con la primera hora libre los días martes, por lo que solían reunirse en el salón de Artes. "Y bien, ¿cómo te ha ido hasta ahora con San Valentín?"
"Bueno, tengo veintiocho chocolates y veinte de esos fueron por confesión" hizo cuentas mientras observaba el chocolate en forma de corazón que acababa de recibir. Estaba bien elaborado pero sabiendo el propósito romántico que tenía, le incomodaba un poco.
"Adivinaré, inventaste una excusa para retirarte sin decirles nada" afirmó abriendo la puerta, dejando pasar primero a su novio y luego entrando para cerrarla detrás suyo.
Kyojuro se acomodó cerca del escritorio, moviendo los pinceles y lápices para ordenarlos en un frasco y esquivando las manchas de pintura fresca que podrían arruinar su pantalón. Al estar sentado buscó con la mirada al albino, quien recogía algunos tubos de acrílicos junto a la paleta de madera y colocaba el lienzo sobre el caballete, seguramente iba a aprovechar el tiempo dibujando cualquier inspiración. "¡Lo siento en verdad!, pero aunque intento no puedo decirles que no correspondo sus sentimientos, sus expresiones tristes me harían sentir mal"
Por el rabillo del ojo, Tengen pudo observar la expresión arrepentida del menor, el puchero sólo lo hacía ver más adorable. «Dios, ¿qué buena acción hice en el pasado para recibir a este ángel?»
"Lo entiendo Kyo, pero por esa razón es que esos mismos alumnos se siguen confesando el siguiente año. Incluso atraes a más jóvenes a intentarlo sabiendo que nunca les dirás que 'no'. Sólo les das falsas esperanzas, y eso es igual de malo a que les destroces sus corazones"
"Supongo que es verdad" un sonoro suspiro salió de los finos labios del rubio seguido de una sonrisa. Uzui a veces se cuestionaba como podía ser tan positivo en cuestión de segundos. "¡Bien, prometo que no se repetirá, a la próxima se los dejaré en claro!"
Su gesto alegre fue contagiado al más alto, quien dejó sus actividades de lado para acercarse al otro extremo de la habitación, apoyando sus manos sobre la madera a cada costado de los muslos de Rengoku y juntando lentamente sus rostros, mostrando un gesto juguetón. "Como sea, ya que estamos solos... prefiero no seguir hablando de tus 'adorables' alumnos cuando estoy pensando en follarte contra mi escritorio"
"¡Siempre eres tan romántico con tus propuestas indecentes!" contestó con sarcasmo alejando de golpe la cara del otro, más por instinto de pánico que por estar molesto. "Pero sabes el riesgo que corremos y que las reglas de la academia no nos permiten hacer eso. Además, eres muy brusco" susurró lo último con un mohín.
El mayor por su parte sólo cruzó los brazos indignado, exclamando un jadeo. "No lo soy, descargo todo tipo de frustración con total calma"
"Tu salón de estudio no dice lo mismo" se burló dándo un rápida ojeada a todo el cuarto.
"¿Qué te he dicho sobre mis explosiones?" dictaminó levantando una ceja. Anteriores veces ya habían charlado sobre los curiosos desahogos algo intensos que solía tener cuando se frustraba, y por supuesto, el salón de arte mayormente pagaba las consecuencias.
Por eso mismo, Kyojuro sabía que era un caso perdido hacerle entender que no debía usar dinamita en un área escolar, mucho menos si él era un maestro. Por suerte, cuando realizaba clases los alumnos solían echarle un balde de agua encima para evitar que prendiera un fósforo, la mayoría de las ocasiones era gracias al joven Kamado.
Sin embargo, seguía sin comprender cómo aún no era despedido, a pesar de los llamados de atención que tenía.
Así que solamente sonrió y respondió. "¡Que no las cuestione porque son arte!"
"Buen chico" tres palmaditas sobre su cabeza fue la recompensa. Adoraba su forma de comportarse como un buen perrito fiel a su dueño, y también amaba ponerlo en posición de perrito, pero esa era otra historia. "Como decía, estamos solos y quería probar contigo un regalo que compré hace una semana"
El veinteañero quedó curioso ante lo dicho, no es que nunca recibiera un presente de su pareja, al contrario, Tengen solía bombardearlo de detalles, desde los más pequeños como un ramo de flores, hasta extravagantes como una velada nocturna en la playa. Pero siempre era un enigma saber con que lo sorprendería, pues en ocasiones recibía alguna prenda vergonzosa para satisfacer los fetiches de su pareja.
"¿Es otra ropa vulgar para que modele frente a ti?, o quizás avanzaremos otro nivel y está vez usaré sólo un collar. ¿Me pintarás como a tus chicas francesas?"
"Ja, ja. Muy gracioso Kyo" fue en busca del objeto que tenía guardado, sacándolo de su mochila y ocultándolo tras su espalda mientras caminaba de regreso para quedar frente al rubio. "Quítate el pantalón y date la vuelta"
El cerebro del más bajo tardó unos segundos en procesar las palabras antes de poder exclamar un:
"¿Ah?"
🎀
Sorprendentemente, que Uzui le haya pedido que se quitara la prenda era por otra razón y no porque quería coger en el salón de arte, aunque no era como si no lo hubieran hecho antes, pero ciertamente era arriesgado que algún alumno u otro profesor entrara y los encontrara en pleno acto como sucedió con el caso de Tomioka. El pobre no tocó la puerta y sus virginales ojos emo, terminaron captando una escena de lo más obscena que lo dejó traumatizado de por vida. Afortunadamente no los delató con el director, pero desde ese momento dejó de juntarse con ellos y empezó a tocar cada puerta antes de entrar.
Pero el problema no eran los traumas de Giyū, sino el motivo por el que Rengoku intentaba caminar normal sin que nadie note que su cuerpo temblaba.
Kyojuro preferiría mil veces haber cogido con Tengen que tener ese aparato en él, al menos el dolor de caderas lo podría disimular mejor, pero los espasmos consecutivos que le provocaban por la vibración del objeto eran difíciles de aparentar, peor cuando no sabía en qué momento subiría la intensidad de golpe y atacaría directo a su próstata.
Juraba por Dios que si gemía en el pasillo, mataría a su novio y después se moriría él de la vergüenza.
El contexto a toda la situación se debía al pequeño pero potente vibrador que el albino le había comprado como 'regalo de San Valentín', el cual le suplicó con ojitos de huevos fritos que lo usara por el resto de la jornada laboral, y él teniendo un corazón de pollo incapaz de decirle que 'no' decidió complacerlo, aunque tampoco es como si pudiera negarse ya que Tengen le lloraría infantilmente hasta que acepte su berrinche.
Sí, a pesar de todo quería mucho a su pareja.
Pero la duda ya le atacaba ahora que analizaba mejor el problema en que se había metido.
Uzui le había explicado previamente las características y el uso de "Lovely", nombre del artículo que ahora portaba dentro de su culo. El pequeño aparatito tenía conectividad vía Bluetooth y el ritmo o potencia de las vibraciones se controlaba mediante la aplicación exclusiva del juguete sexual, que el albino había instalado previamente en su celular.
En un breve diálogo: Tengen tenía el poder absoluto del manejo de Lovely.
Y en otras palabras: Él estaba jodido.
Por la insistencia había aceptado que le insertara el juguete, en un principio tenía planeado sólo usarlo unos momentos para probar y así complacer al otro hombre, pero sin calcular el tiempo la campana anunció la segunda hora en la cual debía impartir sus clases, por lo que desafortunadamente no alcanzó a quitarse el vibrador. Y está de más decir que Uzui también lo distrajo lo suficiente para lograr que se quedara con el aparato dentro.
Algo alterado sólo pudo salir del salón para dirigirse al que le tocaba.
Después de todo era un joven docente.
Estaba en una academia y debía ir a enseñar su materia.
Pararse frente a la pizarra y explicarle a sus alumnos una nueva clase según la rúbrica.
Tres extensas horas de historia para luego tener el merecido recreo.
Todo eso teniendo un vibrador en su trasero.
Perfecto.
La sonrisa que mostraba no era de felicidad, sino de pánico interno y ganas tremendas de fallecer.
"¿Profesor Rengoku?, ¿se encuentra bien?" pudo haber reaccionado peor ante el susto que le dio, por divagar en su cabeza no se percató de haber llegado a su destino, teniendo enfrente a dos de sus alumnos en la puerta.
"¡J-Jóvenes Kamado y Agatsuma!, ¿qué hacen afuera?" el placer que le recorría el cuerpo cada vez se manifestaba con más potencia y a este punto la respiración se le entrecortaba y hasta hablar se le complicaba sin evitar tartamudear. Era una tortura.
"Estábamos esperándolo, demoró en llegar y siempre es puntual" contestó el joven de cabellos burdeos, teniendo una mueca de preocupación que se hizo más notoria al mirar detenidamente el aspecto del rubio mayor. "Tiene la cara roja, ¿se siente mal?"
"Tuve una li-ligera alergia por un chocolate con maní, pero descuiden, ya me estoy recuperando" mintió esperando que fuera convincente, limpió levemente el sudor que resbalaba por su rostro y agregó una amable sonrisa para abrir la puerta y hacer un ademán. "¿Entramos?"
Los adolecentes sólo asintieron sin cuestionar nada más, Kyojuro los vio caminar a sus respectivos puestos, Kamado colocándose unos asientos delante del joven Agatsuma, y Agatsuma al costado de Hashibira.
Él simplemente trató de caminar normal hasta el pizarrón, sudando la gota gorda.
Tanjiro podía captar el olor a nerviosismo y agitación de su profesor, pero seguramente se debía a que trataba de calmarse de su reciente alergia por el dulce que comió y no quería preocupar a sus alumnos.
Zenitsu en cambio lucía más confundido ante el extraño sonido de un zumbido que provenía del cuerpo de Rengoku, podía escucharlo como si un objeto vibrara con insistencia.
«Es tan popular que le llegan muchas notificaciones de amor a su celular. ¡Que envidia!»
Inosuke por otra parte, con su sentido del tacto también podía sentir los cambios en el aire por una vibración, pero no le tomó importancia y sólo se dedicó a prestar toda su atención en el bento lleno de comida deliciosa que reposaba sobre su banca.
Con un gran suspiro trató de concentrarse en el exterior y mandar al juguete sexual a segundo plano, tomando la tiza con temblor en sus manos dio un rápido rezo mental esperando una ayuda divina.
Iban a ser largas y agitadas horas.
🎀
El sonido de la campana resonó por todo el Instituto llegando a oídos de los alumnos que se encontraban atendiendo a la clase de Rengoku, o al menos durante la primera hora tuvieron clase explicativa.
El joven maestro duró valientemente en dar su materia los primeros sesenta minutos, tratando con todas sus fuerzas que no se noten sus espasmos o jadeara involuntariamente mientras hablaba. Cuando la siguiente hora dio inicio lamentablemente ya no podía aguantar siquiera seguir de pie, sus piernas parecían de gelatina que en cualquier momento podría caer. Por mucho que le gustaría haber realizado una batalla de caballería para participar junto a sus estudiantes, sólo le quedó pedirles que leyeran dos páginas del libro de historia y respondieran las preguntas que se incluían al final. En la tercera y última hora de su clase les dejó el tiempo libre para que adelantaran algún deber, todo eso mientras él se mantuvo sentado en la silla de su escritorio intentando soportar el vibrador y sonriendo cada cierto minuto para evitar que sus chicos se preocuparan por no tenerlo tan animado como de costumbre.
Despidiéndose de los jóvenes que salían del aula para descansar en recreo, siendo él el único que quedó pudo al fin recostar su rostro sobre el escritorio, luchando por respirar con normalidad y soltando algunos suspiros de placer. La intensidad de las vibraciones había bajado un poco desde la última hora para su suerte, seguramente Tengen aún se encontraba concentrado en explicarle a algún alumno que no debía asentar tanto el pincel para pintar y por eso había olvidado sorprenderlo con una potencia alta del juguete sexual.
Agradecía no haber pasado vergüenza en el salón de clases, pero ahora debía retirarse al salón de maestros.
Lo malo ya había pasado, sólo faltaba lo peor.
Si quería quitarse a Lovely cuánto antes debía hacerlo en el baño, y los profesores sólo tenían permitido usar el baño asignado para ellos. Podía aprovechar el curso vacío pero no iba a arriesgarse en que algún alumno ingresara.
¿Pero cómo llegaría al departamento de tutores atravesando un grupo completo de estudiantes, si apenas le funcionaban las piernas para caminar?. Bueno, debía intentarlo.
Si fallaba y moría de la vergüenza, prometía que su alma en pena rondaría sobre Uzui para hacerle la vida imposible.
Dio un largo respiro para mentalizarse la calma, agarrando su maleta y levantándose con temblor hacia la puerta para abrirla, como se esperaba, el pasillo estaba lleno.
Apoyándose de las paredes de manera que no se viera tan sospechoso, siguió el camino recto a pasos lentos, casualmente devolviéndoles el saludo que le daban los alumnos.
Hacía su mejor esfuerzo, pero le costaba ser más rápido, se encontraba en el segundo piso y aún debía bajar las escaleras para llegar a su destino. ¡Y apenas había avanzado unos metros del salón donde estuvo!.
Quiso gritar frustrado y mandar al carajo a Uzui, no porque lo odiase. Primero Sanemi dejaría de ser tan gruñon, antes que Kyojuro o Tengen se odiaran mutuamente; eso jamás. Pero estaba parcialmente enojado porque ese vibrador, si bien le daba un buen placer, no era suficiente.
Luchaba porque su pene no estuviera visiblemente erecto, sin embargo tenía tantas ganas de correrse, y de reemplazar ese juguete de silicona por algo más grande y grueso como Uzui júnior.
Antes de poder dar otro paso sintió un cambio en las vibraciones ahogando el gemido gutural que casi escapa de sus labios, por inercia tapó su boca con una mano, lo siguiente que escuchó fue un ritmo familiar junto a pisadas acercándose, y por último, giró con dificultad su cuerpo para ver a su novio sonriendo, mientras mostraba la pantalla de su celular. Tenía la aplicación de Lovely abierta con un reproductor de música.
El vibrador estaba siguiendo el ritmo de la canción favorita de Tengen.
"¿Sufriendo?" el rubio no respondió, no podía responder, los estudiantes alrededor seguían paseando, y él sólo trataba de concentrarse en mantenerse apoyado contra la pared para no resbalar al piso. "¿Sabes algo, Kyo?, ¡amo este juguete!. Tiene patrones originales y para personalizar, modo de música, modo de voz, sensor de movimiento, ¡y juegos!" mostró la pantalla con un juego para tocar la batería, presionando con su dedo los tambores y platillos que emitían su respectivo sonido. Kyojuro nuevamente tuvo que reprimir un jadeo.
Las lágrimas empezarían a brotar si seguía aguantando en ese pasillo, levantó la mirada para observar al albino entretenido con los tambores como si fuera un niño, se le haría adorable la escena sino estuviera sufriendo él mismo. Con la respiración algo errática retiró su mano dispuesto en hablar. Ya había llegado a su límite. "Tengen... por favor"
Fingiendo no notar la súplica en el tono de voz de su pareja, lo observó con curiosidad. Fue una bendición para la vista de Uzui, verlo sonrojado y con lágrimas apunto de salir de esos bellos ojos deseosos de lujuria.
"¿Hm?, ¿por favor qué, amor?"
En la relación, Rengoku era quien tenía resistencia al no sucumbir al deseo sexual, más aún cuando se trataba de Uzui convenciéndolo de tener sexo en el salón de Artes, lo que terminaba la mayoría de las veces en un rotundo no, y raramente se dejaba llevar. Ese momento sería uno de los pocos que aceptaría hacer algo indecente en la Academia, y que iniciaría la sugerencia por cuenta propia.
"Ya no soporto... por favor, quítame esto" susurró lo más bajo que su voz le permitía, vigilando sus alrededores. "Te necesito a ti"
La sonrisa de suficiencia en el albino demostraba que había logrado lo que quería. Dejó activado uno de los patrones que venían por defecto en la aplicación del juguete, disfrutando cuando el rubio dio un ligero respingo por el estímulo.
Guardó su smartphone en el bolsillo de su sudadera y se acercó a su tembloroso novio para ofrecerle su brazo. "Sostente"
Su sonrisa se agrandó cuando Kyojuro enlazó su brazo con el suyo y se apoyó pesadamente a su costado. Algunos jóvenes los miraron con curiosidad por la cercanía que mostraban, pero Tengen se encargó de hacerles señas de que el profesor de historia se sentía mal del estómago, esa mentira se la creyeron todos.
El más alto guiaba a ambos por los pasillos mientras que el bajo sólo seguía los pasos. Al cabo de pocos minutos, la caminata se detuvo frente a la biblioteca.
Rengoku supo las intenciones, el lugar no era utilizado durante y después del recreo, sino hasta el final de la jornada cuando los alumnos iban en busca de un libro que les ayudase en las tareas. Los docentes se turnaban cada día para encargarse de las llaves que abrieran la biblioteca. Ese martes, Uzui estaba a cargo.
La puerta fue cerrada con seguro luego de adentrarse, Kyojuro caminó a pasos lentos hasta apoyarse en una de las mesas en la zona de lectura. Se permitió emitir los gemidos que retenía, suspirando de alivio por el ardor en su labio inferior, que empezaba a hincharse y enrojecerse por la presión que ejerció al morderse para callar los sonidos.
Permanecía la mitad de su cuerpo recostado boca abajo sobre la madera, el patrón de las vibraciones cambió nuevamente haciendo que se tense, mientras escuchaba los pasos de su pareja acercarse hasta posicionarse detrás suyo. Con sus ojos llorosos observó por encima de su hombro al hombre de mayor musculatura que le sonreía juguetón, sin dejar de aumentar la potencia con su celular, esperando la orden definitiva. "Por favor, quítamelo ya... y cógeme"
Dicho esto, Uzui no esperó para girar el cuerpo del rubio y reclamar sus labios desesperadamente, presionándolo contra la mesa y reforzando la acción, con cada segundo se volvió un beso lánguido, profundo y de boca abierta. Ambos luchando en la batalla por el dominio sin desenfreno. El albino tuvo la total ventaja cuando aumentó la potencia de su juguete favorito, logrando que Kyojuro se derritiera entre gemidos ahogados en el sofocante y pasional beso.
Cuando creyó que había sido suficiente tiempo para dejar a su novio sin aliento y agitado, se separó, mirándolo desde arriba.
Tengen quedó impresionado y extasiado por la imagen. La mitad del cuerpo de su amado tendido sobre una mesa de madera de maple, su dorada cabellera con degradación roja en las puntas dispersa y alborotada, con el pecho subiendo y bajando por su respiración irregular, gotas de sudor resbalaban desde su frente, recorriendo un trayecto por el cuello y acumulándose en las clavículas relucientes, la ropa de oficio estaba a nada de volverse un desastre, porque la parte del cuello y corbata no mostraban un retoque profesional.
Y su rostro, «Dios Santo», pensó con toda la verdad en esas palabras. No tenía definición exacta que pudiera hacerle honor, ¿sexy?, ¿hermoso?, ¿deslumbrante?, ¿caliente?. Todas juntas incluyendo sus sinónimos.
Con sólo ver esos labios rojos, jugosos y abultados, el fuerte contraste que tenían sus sonrojadas mejillas con el color de su piel, y sus bicolores ojos nublados por el deseo con salinas gotas de placer.
Tentador, muy tentador. Nuevamente juntó sus labios en un intercambio de respiraciones cálidas, Kyojuro gimió aturdido en el acalorado beso, cruzando sus brazos por el cuello del mayor, y agarrando con fuerza la parte trasera del abrigo. Tengen ansioso por continuar, comenzó recorriendo su mano izquierda por el abdomen hasta los pectorales, aflojando la corbata roja y desabrochando los tres primeros botones de la camisa blanca, abriéndose paso a manosear el pecho. Mientras la otra mano exploraba los terrenos inferiores, bajando la cremallera y tirando del pantalón hacia abajo con facilidad.
Debajo del boxer del rubio se remarcaba Lovely, vibrando con una frecuencia de zigzag, seguidamente retiró esa última prenda inferior. Deslizó su propio pantalón para liberar su palpitante polla de la dolorosa prisión de tela. En otra situación, Uzui no hubiera aguantado las ganas de despojar a ambos de toda ropa, para obtener más contacto cuerpo a cuerpo, el calor de Rengoku siempre era tan agradable de sentir contra su piel. Pero lamentablemente no tenían todas las horas, ni se encontraban en el lugar adecuado para desnudarse por completo. Aún así, no desaprovecharía el tiempo.
Jugó previamente unos segundos con el vibrador en el ano de su pareja, metiendo y sacando lentamente para torturar al sensible rubio que se retorcía en la mesa, procediendo a quitarlo de su camino para reemplazarlo con su miembro. Una vez que toda la extensión entró, observó con ojos depredadores al profesor de historia, apartando la pequeña mano que cubría su boca, agachándose a la altura del oído izquierdo para susurrarle.
"Estamos solos, a partir de ahora no contengas más esa bonita voz"
La pasión de Uzui en la intimidad siempre era una combinación perfecta de rudeza, cariño y fogosidad. Y Rengoku sabía que los siguientes iban a ser los mejores minutos de su vida.
El simple pensamiento del corto tiempo que tenían, y lo prohibido que era tener sexo en la biblioteca, en la Academia, ponía más excitación al ambiente.
Las acciones se intensificaron aún más en cuanto el albino empezó con la primera embestida y no paró, reduciendo a ambos a un lío sudoroso entre gemidos, gruñidos y jadeos que hacían eco en la habitación de libros. Dichos ruidos continuaron y aumentaron en intensidad hasta que se apagaron por el orgasmo, concluyendo con las respiraciones pesadas en busca de aire, los pechos agitados, y cuerpos sin fuerza recostados sobre esa pobre pero resistente mesa que soportó la fiereza del profesor de arte.
Justo al tiempo en que la campana del final de recreo sonó en las bocinas, se miraron el uno al otro, comunicándose por telepatía que debían arreglarse y verse presentables para sus próximas clases. Sonriendo y riendo entre murmullos afectuosos, para darse el último beso y felicitarse a la vez.
"Feliz San Valentín, amor"
