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Fue una mala broma de su pequeña shimei lo que le habia impulsado a guardar una moneda de cobre en su túnica, le dio el consuelo de tener cerca el recuerdo de Cheng Qian, los retratos que hacia nunca podrían mostrarse pero mientras Yan Zhengming tuviera ese trozo de cobre, él se sentiría anclado, acompañado entre tanta dificultad.
Luego sintió que si llevaba la moneda en su túnica sería más propensa a perderla así que ató la moneda junto a un cordón de seda que luego ató a su muñeca y escondió en sus mangas. Durante las noches que no podía dormir, trazaría sellos que liberarían un espectro blanco con el rostro de alguien. Los rasgos todavía no estaban definidos, lo más notable eran un par de ojos negros cuyas emociones se aguardaban tan profundo que no sabrías exactamente que era lo que estaba sintiendo dando el aspecto de ser alguien insincero.
Li Yun a menudo desconfiaba de esa falsa tranquilidad que Yan Zhengming parecía mostrar, sabia que mientras calmado lucia Yan Zhengming más agitado estaba en el interior y que eventualmente se quebraria como una presa ante una gran tormenta. Li Yun todavía no sabía de la existencia del brazalete, fue hasta años después, mientras viajaban en la irregular vida del contrabandeo, que el brazalete se rompió y la moneda rodó lejos antes de que Yan Zhengming pudiera atraparla de vuelta, perdiéndose así entre la oscuridad de la noche. Yan Zhengming pasó seis días y cinco noches buscando entre todas las montañas y valles esa moneda de cobre. Para cuando Li Yun lo encontró, él estaba dormido entre la corteza de un árbol sosteniendo la moneda de cobre en la palma de su mano. El espectro blanco que provenía de la moneda casi lo hizo llorar y entonces decidió hacer algo.
No solo arrastró de vuelta a Yan Zhengming a un lugar donde estarían a salvo, sino que tomó la moneda de cobre y fue a la casa de joyas más cercana.
Cuando el dueño de la joyería vio entrar a Li Yun, alguien que tenia el porte facultativo de cultivador itinerante, pensó que talvez este cultivador querría algo con materiales raros que él podría aprovechar para revender. Así que fue una total sorpresa cuando escuchó lo que Li Yun le dijo—Necesito un anillo y que le ensambles esta moneda.
El dueño de la tienda intento comprender este pedido, una persona normal nunca le regalaría un anillo tan simple a alguien; normalmente los jóvenes de buenas familias rebuscaban entre las piedras más brillantes y raras de su tienda para regalarle a sus esposas, nadie le habia pedido que pegara una simple moneda a un anillo y así mientras esperaban a que la pieza fuera ensamblada, el dueño de la tienda preguntó—Joven Maestro ¿Es acaso ese anillo para tu esposa?
—No, diría más bien que es para una viuda.
—…
Para cuando Yan Zhengming despertó, su primer impulso fue buscar la moneda, que encontró en su palma plasmado en un anillo. Li Yun estaba sentado en la otra esquina de la habitación revisando su “mercancía” y fingiendo que era ajeno a todo, Shuikeng se acercó trotando a él con las primeras plumas brotando de su espalda para preguntarle algo soso ... y casi parecía que todo era como antes, que no estaban solos ante el mundo mientras se mantuvieran unidos.
Habían ciertos periodos en los que Yan Zhengming se aislaba para cultivar, otros eran cada cierta fecha al año en la que la noche se tornaba profunda. Eran esas noches en las que Yan Zhengming salía de su patio con dos pequeñas jarras de vino de ciruela. Su cabello negro suelto como la tinta, con solo su túnica para dormir semi abierta, en su pecho descansaba el sello del líder de secta Fuyao. Una llave pero también una cadena.
En una mano llevaba el vino y en la otra el papel moneda y bajo la luz fría de la luna, parecía más un fantasma que una persona, el único color en su rostro era el rojo escarlata en su frente que denotaba al demonio del corazón que siempre lo acompañaba. De vez en cuando la brisa helada jalaba las ramas de los árboles y hacia que las hojas revolotearan por el patio, Yan Zhengming era quisquilloso con el frío, pero esa noche era insensible a cualquier clima.
Entonces se quitó el anillo y dejo que el fantasma claro de Cheng Qian flotara a su lado. Abrió las dos jarras de vino y bebió poco a poco, perdido entre el aroma abrumador de las ciruelas y un mundo de recuerdos y anhelos.
Cuando las jarras se vaciaron y el aroma del vino de ciruela se pegó a su cuerpo, de las yemas de sus dedos invocó un pequeño fuego e hizo quemar el papel moneda. La brisa hizo volar las cenizas junto a las hojas en el patio. Las lágrimas se resbalaron de sus mejillas y se secaron antes de caer, con el sereno de la noche.
De las hojas volando, Yan Zhengming tomó una sobre sus labios para hacerla sonar, imitando el canto suave de un laúd.
Yendo de un lado a otro todos estos años ¿Qué habia ganado con ello? Todavía no podía cumplir su única promesa.
—Dashixiong todavía no puedo llevarte de vuelta a casa, no sé cómo regresar. Pero algún día volveremos a casa ¿Te quedarías ahí conmigo para siempre?
Décadas después, él tendría su respuesta y la noche profunda no sería solitaria nunca más.
