Chapter Text
Can we pretend that airplanes in the night sky are like shootin' stars? (¿Podemos pretender que los aviones que viajan por el cielo nocturno son estrellas fugaces?)
I could really use a wish right now, wish right now, wish right now (De verdad me vendría bien un deseo ahora mismo, un deseo ahora mismo, un deseo ahora mismo)
-x-
Me lleva tiempo convencerlo, pero por fin decide irse. Adoro a Takemichi, pero reconozco que a veces puede ponerse en modo full insoportable. Supongo que es el trabajo de todo hermano mayor.
—Quedate tranquilo y andá, que en un rato tenés alumnos. Yo voy a estar bien.
Takemichi me mira con desconfianza y vuelve a repetirme que no dude en llamarlo si necesito algo. Yo vuelvo a decirle que sí, que OK.
La verdad es que vivir con mi hermano por tantos años me ayudó y me sirvió mucho. Fue cansador en más de una ocasión, pero a la vez es lo que me impulsó a vivir solo, así que podría decir que le debo una.
—Espero que ahora no vayas a olvidarte de mí de un día para el otro.
Niego y me río.
Si bien me abrió las puertas de su casa por 5 años, y considerando que mi hermano puede ser demasiado protector e intenso cuando se lo propone, dentro de todo siempre respetó mi privacidad. Takemichi es profesor de yoga y masajista, y da clases constantemente, por lo que tiene una agenda bastante ocupada. Además, su casa es enorme, así que, por lo general, nos veíamos solamente a la hora de la cena. No fue mala la convivencia, aunque lo emocionado que estoy por saber que a partir de ahora voy a independizarme por completo, no tiene nombre, y más en este lugar, el lugar de mis sueños.
Desde chico me moría de ganas de vivir en este edificio, y por fin voy a poder. El lugar lo conocí por unos amigos de mamá que vivieron acá por un tiempo, y fue amor a primera vista. El departamento era precioso, pero el edificio en sí es lo que me voló la cabeza, sobre todo por la zona hermosa en donde está ubicado. Tiene literalmente de todo. Lavadero propio, estacionamiento, jacuzzi, piscina, cancha de tenis… y puedo seguir. Lo mejor de todo, es el precio. No es barato, pero sí accesible, y las expensas son ridículamente bajas considerando todo lo que ofrece. Ahora, si bien yo quería alquilar el que fue el departamento de los amigos de mamá, me enteré de que el lugar habría sido comprado por la persona que lo habita actualmente. De todas formas, me ofrecieron el de al lado. Es un departamento gemelo a excepción del balcón, que es apenas un poco más chico, pero mi felicidad sigue intacta.
—No podría. —le aseguro mientras me tiro el flequillo para atrás y lo engancho con dos bob pins cruzados. Mi pelo se vuelve cada vez más rebelde y… largo.
Le doy un abrazo que me devuelve con demasiada emoción y le digo que me avise cuando llegue. Takemichi mira a los chicos de la mudanza, que siguen entrando cajas, y se va sin muchas ganas.
Cuando suben el sillón y lo arrastran por todo el pasillo es que está el problema. Hacen más ruido del que querría, y escucho a alguien salir del departamento de al lado y, a juzgar por la velocidad de sus pasos, camina con apuro. Asumo que viene a averiguar qué carajos está pasando, y no lo culpo. Espero no darles a mis vecinos una mala impresión y empezar con el pie izquierdo. Tengo entendido que la gente acá es muy respetuosa, y no quisiera ser quien les cague toda esa armonía.
Apilo y levanto dos cajas que están en la puerta de la entrada así dejo que metan el sillón, y aunque me bloquean la vista por completo, trato de no llevarme todo por delante.
—¿Necesitan una mano? —escucho una voz muy profunda y masculina, y me es inevitable frenar en seco. Hola, Señor Voz. Ojalá esté tan bueno como suena.
—Ah, ¡te agradezco! —le digo ya desde la cocina, buscando algún lugar en donde apoyar las cajas para poder presentarme debidamente. La mesa está llena de otras cosas, así que las apoyo en el suelo y me apuro para asomarme al living de nuevo. Pero cuando lo hago, para mi sorpresa y desgracia, me doy cuenta de que conozco al dueño de esa voz.
—Baji…
