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Sergio se despertó solo. Le pareció raro, pues era muy temprano y normalmente siempre era él quien se levantaba primero y despertaba a Raquel. Esperó un poco, pensó que tal vez había ido al baño o a por un vaso de agua y volvería enseguida, pero al no ser así decidió levantarse.
Salió de la habitación en pijama, y como no la encontró en las estancias del monasterio en las que podría estar, salió fuera.
Se quedó parado en el umbral de la puerta y las vio allí, sentadas alrededor de la mesa en la que todos comían y cenaban. Raquel estaba en el medio, mientras que Tokio y Nairobi estaban sentadas a ambos lados de ella. Las tres estaban de espaldas a la puerta.
Sergio hizo una mueca de extrañeza, pues las tres parecían mantener una conversación divertida, y en realidad no se imaginaba que Raquel se llevara tan bien con las otras dos jóvenes.
Nairobi fue la primera en percatarse de su presencia.
“¡Profesor! Ven aquí, anda, que precisamente de ti estábamos hablando.” dijo mientras hacía el gesto con la mano para que se acercase.
Tokio se apartó de al lado de Raquel, y le cedió la silla a Sergio, sentándose en la siguiente silla. Ahora estaban los dos en el medio. Raquel estaba sonriendo, él no sabía qué pensar, se sentía abrumado, intimidado.
“Nos ha contado Lisboa cómo os conocisteis.” dijo Tokio en un tono suave pero ligeramente burlón.
“Me han interrogado”, Raquel le hizo un gesto de “lo siento” a Sergio.
“Pero Profesor, no nos habías contado que ya estabais enrollados durante el atraco de la Fábrica de la Moneda…” continuó Nairobi. “Bueno, en realidad no nos habías contado nada. Si es que eres tan hermético y tan tuyo…”
“¿Qué les has contado?”, susurró Sergio, que seguía centrado en mirar a Raquel.
“Pues cómo nos conocimos, que al principio me dijiste que te llamabas Salva, que le diste una paliza a mi ex-marido, que mi madre y mi hija te adoraron desde el principio, que tuvimos algo más que palabras cuando descubrí quién eras en realidad… Ya sabes, lo típico de cualquier relación.” Raquel rió, parecía que había hecho equipo con Tokio y Nairobi y entre las tres habían pactado hacerle sentir incómodo.
“¿Pero no les habrás contado…?” a Sergio se le veía el pánico en la cara.
“¿Cosas íntimas? Tranquilo, cariño, no se me ocurriría. Aunque poco me han preguntado de eso, porque nos oyen”, Raquel había sentido un poco de vergüenza cuando las chicas se lo habían hecho saber, pero cuando avanzó la conversación se fue sintiendo cómoda con ellas y le dio igual.
Las tres chicas rieron, lo que hizo que Sergio se sonrojara.
“Dí que sí, Profesor, que nosotras dos nos reímos pero por envidia.” concluyó Nairobi. “Aquí hay que quererse, y que no me entere yo de que bajáis el tono por nosotras.”
“Yo tengo que reconocer que me he quedado toda loca al descubrir que ya estabais juntos cuando Lisboa, bueno, cuando la inspectora me interrogó en la carpa.” dijo Tokio de repente, haciendo que Sergio se incomodara aún más.
Raquel se compadeció de él, pensó que ya había sido suficiente y que no debían molestarle más.
“Bueno, chicas. Yo creo que ya he respondido a todas vuestras preguntas, igual es momento de que vayamos dentro, que tenemos clase.” miró a Sergio y éste le devolvió un gesto de agradecimiento.
“Venga, vale, os dejamos ir, pero primero un beso delante de nosotras,” parecía que Nairobi no iba a moverse de su sitio hasta que se lo dieran.
“Ay, sí, por favor.” continuó Tokio. “Profesor, es que queremos verte en esa faceta tuya, sólo uno, venga.”
Sergio miró a Raquel, ella estaba riendo y le miró levantando las cejas. Mierda, Raquel estaba dispuesta, estaba en el equipo de las chicas.
“Solo un besito, mi amor. Así nos dejan tranquilos.”
Ella se le acercó, depositando un ligero beso en sus labios. Él respondió al beso, en el que sus labios apenas se tocaron. Raquel pensó que tampoco había que abusar, pues Sergio era muy celoso de su intimidad y estaba incómodo con las muestras de cariño en público.
“Wooohhh”, gritaron a la vez Tokio y Nairobi, levantándose de sus sillas.
“Qué monos son...”, dijo Tokio abrazando a Nairobi.
Sergio al sentir los labios de Raquel se olvidó por un momento de las chicas, así que la tomó con un brazo por la cintura, y la atrajo hacia sí mientras se hacía camino con su lengua en el interior de su boca. Ella rió contra su boca, a la vez que respondía a su beso con la misma fiereza que él y le acercaba hacia ella poniendo la mano en su nuca.
“¡Qué monos, adoptadnos, por favor!”, gritó Nairobi mientras seguía abrazada a Tokio y esta gritaba también.
Ambos pararon el beso, y mantuvieron sus frentes pegadas unos momentos. Sergio reía, por fin. Como Raquel, se había dejado atrapar por la frescura de las chicas y ya no se sentía tan incómodo. Fue el primero de los dos en levantarse de la silla.
“Venga, ya está. Todo el mundo a prepararse para la clase, que el resto ya estarán a punto de levantarse.”
Tokio y Nairobi caminaron hacia la puerta, mientras que Raquel se quedó atrás con Sergio.
“Tú también, Lisboa, venga dentro que también tienes clase.”, le hizo un gesto con la mano para que fuera con ellas.
Definitivamente se había venido arriba, había pasado de sentirse intimidado por las chicas a ponerse autoritario en su papel de El Profesor, y ya de paso tomar un poco el pelo a Raquel.
Las tres entraron riendo y él fue justo detrás. Como ellas siguieran haciendo equipo el día iba a ser largo. Suspiró y sonrió mientras entraba.
