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Lan Qiren entró a sus habitaciones y caminó directo a su mesa. Allí le esperaban un par de cartas de otros cultivadores y también un curioso dibujo de un conejo blanco pequeño con dos listones, uno en cada oreja, a un lado de otro conejo más grande, éste con un bigote muy parecido al suyo.
El Gran Maestro de Gusu ahogó una sonrisa y miró hacia el frente, donde la ventana abierta dejaba que la brisa entrara a la habitación.
- El toque de queda comenzará pronto – dijo, con voz clara y fuerte – No es buena idea que estés fuera de tus habitaciones a estas horas, A-Xiang –
Una joven saltó de la ventana al interior de la habitación. Lan Qiren estaba acostumbrado a aquella risa, amable y traviesa, pero muy armoniosa y bella. La joven discípula de túnicas celestes con adornos en negro y un velo cubriendo la mitad inferior de rostro comenzó a reír y se sentó al frente de su abuelo.
- Abuelo… ¿te gustó el dibujo? –
- Me gusta, pero eso no me distrae de las horas en las que estás aquí –
- Aiya… pero abuelo… estoy aburrida en las habitaciones de cultivadoras – Lan Nianxiang, la segunda hija de Lan Wangji, se retiró el velo, dejando ver todo su rostro – Ellas no quieren jugar, no quieren platicar y no quieren pintar conmigo –
- Que seas excelente en las seis artes no significa que puedas descuidar tu rutina y tus estudios – la joven asintió y comenzó a servir té en la taza de su tío y en la suya. Lan Qiren conocía los rasgos de aquella joven que tanto amaba. Sus ojos eran dorados, así como lo eran los de Wangji, solo que tenían aquella forma familiar de cierto cultivador que había hecho tantas cosas. Lan Qiren se dio cuenta de que, si hubiese conocido a Wei Wuxian, ese sería el rostro cuando no planeaba alguna travesura para interrumpir sus clases – Puedes dormir en las habitaciones de tu padre –
- Papá no está, entonces no tiene sentido que me quede en sus habitaciones – dijo la dama, haciendo una mueca algo exagerada de tristeza - ¿Por qué no puedo ir con él? –
- Porque en las dos cacerías anteriores fuiste desordenada y molestaste a la maestra – respondió el maestro, tomando el té que le ofrecía su nieta – Y porque te vio con una jarra de licor – terminó de decir, con un tono de regaño – No me gusta que bebas alcohol –
- No siempre lo hago – Qiren la miró sorprendido – Es solo que me gusta mucho su sabor –
- Hace daño –
- Trataré de no hacerlo… - Lan Nianxiang sabía que su abuelo jamás la castigaría, y ella tampoco sería capaz de hacer algo para poner a su abuelo entre la espada y la pared - ¿Me enseñarías algunas notas del Banhu? Creo que aún no lo domino a la perfección –
Lan Qiren negó con la cabeza y después asintió. Podría romper mil veces cada una de las reglas solo para tener más momentos con su familia. Con sus dos sobrinos y con sus dos nietos.
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- ¿Qué hay de la energía resentida? – Luo Qingyang preguntó, mirando a Lan Wangji negar con la cabeza - ¿Nada? Solo… ¿nada? –
- Estuvimos en algunos lugares de Yiling, en Qishan… nunca ha respondido – Lan Wangji parecía tranquilo y sereno, pero MianMian podía ver en sus ojos el miedo y la incertidumbre – Nunca ha reaccionado más allá de como lo haría un cultivador normal –
Lo que aún perseguía a Lan Wangji, lo que aún lo mantenía asustado e intranquilo, era la forma en que su hija había llegado a él. Los apuntes que Wen Qing le había dejado solo mencionaban la forma en que se realizaba aquel ritual y la manera en que debían de sacar al bebé producto del ritual. Decía que tenía sangre demoniaca, la suficiente para que pudiese ser concebida en el cuerpo de un hombre y para que ambos pudieran sobrevivir todo el proceso.
Pero no había más, no había nada relacionado con los cuidados del bebé ni su crianza.
- ¿Recuerdas lo que dijo el maestro Lan? – era de noche, y ambos caminaban uno al lado del otro en aquella cacería nocturna – Ninguno de los bebés sobrevivía, o simplemente no los cuidaban lo suficiente como para registrar algo –
- Supongo… que es entendible – la cultivadora miró curiosa a Hanguang-Jun – tío dijo que era difícil pensar en un bebé que se sabía tenía sangre demoniaca –
- Wangji… ¿me dices de nuevo cómo se formó la sangre demoniaca? –
- Mn, el ritual hace que la energía transforme parte de mi sangre, por lo que mi niña toma esa sangre y se forma a partir de ella –
- ¿Qué tal si tu mismo núcleo ha purificado esa energía? – Lan Wangji se detuvo unos instantes y miró a su amiga – Solo… piénsalo, tu sangre fue usada, la energía la transformó en algo distinto… ¿no puede tu núcleo hacer lo mismo? –
Ambos se quedaron en silencio pensando en aquella extraña teoría. Lan Wangji recuerda las pesadillas, recuerda que los movimientos de A-Xiang en su vientre eran vigorosos y dolorosos. Pero después de un tiempo… se habían vuelto más suaves solo un poco. ¿Sería eso posible?
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- En la mañana siguiente –
El joven de la familia Mo lavó su rostro y observó su reflejo en el agua. Era bastante atractivo, además de que tenía un rostro un poco familiar… ser Mo Xuanyu era extraño y un poco liberador. Podía ser tan libre y actuar como un loco y las personas sabrían que así era él.
- Los jóvenes de la familia Lan – su memoria era un asco, podría recordar ciertas cosas, pero esas túnicas blancas y azules estaban marcadas en su memoria - ¿Vendrá algún maestro con ellos? ¿Será Lan Zhan? –
Había algo que lo tenía sonrojado y es que sentía que los fantasmas seguían susurrándole al oído ilusiones y engaños. ¿Por qué razón querrían que imaginara a Lan Zhan debajo de él? Era una visión borrosa, Lan Wangji y su piel completamente blanca y suave. Marcas cubrían su abdomen.
Wei Wuxian no era capaz de entender porque sentía aquello como un recuerdo, un par de labios suaves y deliciosos y el cabello sedoso enredado en su mano. Las manos ágiles y diestras de Lan Zhan recorriendo sus hombros, entonces…
- Ya basta – dijo en voz alta, terminando de arrastrar todo el maquillaje con un trapo – Lan Zhan me odiaba, yo era todo lo que su clan repudiaba – se puso de pie al escuchar las voces de los señoritos Lan y sonrió. Aun podía divertirse un rato, no importaba que ese Mo Xuanyu quisiera una venganza… tres vidas, aún podría divertirse un rato.
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Era más que curioso ese incidente con la mano fantasma, y es que era demasiada coincidencia el hecho de que lo llamaran a la vida y que apareciera ese miembro lleno de resentimiento. Las heridas de su brazo se habían borrado, así que su deuda con Mo Xuanyu estaba pagada.
- ¡Hanguang-Jun! – murmuraron los jóvenes a coro, llamando la atención de Wei Wuxian y haciendo que se escondiera.
Y allí estaba él. Vestía completamente de blanco, su cinta de la frente perfectamente colocada y el mismo rostro serio de siempre… hasta que vio al discípulo líder de los jóvenes. Su rostro se suavizó de inmediato, pasando no a una sonrisa, sino a un gesto más suave. Lan Zhan se veía un poco más alto, se veía más fuerte y más justo. No pudo evitar sonreír al ver al hombre que había considerado su alma gemela.
- Padre, tuvimos ayuda del joven amo Mo – “¡¿Padre?! Ese niño es el hijo de Lan Zhan…” pensó Wei Wuxian – Él… de seguro salió de aquí, pero él nos ayudó con este… brazo – y eso fue suficiente.
Wei Wuxian no se quedó más tiempo y tan solo dio media vuelta y huyó. Tomó a aquel burro molesto y se subió, comenzando a caminar lejos de aquel lugar, donde los cultivadores de Gusu Lan aún tenían muchas cosas por terminar en la Villa Mo.
Siguió su camino hasta que su mente se perdió de nuevo. Estaba en su cueva, el lugar que había sido su hogar durante tantas penas y tristezas. Recuerda estar acostado a un lado de Lan Zhan, parecían estar desnudos. Se puso de pie y salió de aquella cueva, caminó hacia el bosque muerto y luego y luego tomó un cuenco que había sacado de su manga.
Cortó la palma de su mano, dejando que la sangre saliera y vertiéndola en el cuenco. Tomó un poco de tinta y la mezcló con su sangre. Era una pintura roja, del carmesí de sus ojos en ese momento.
Caminó a la cueva otra vez y con sus dedos manchados de aquel pigmento sangriento trazó densas y tenebrosas marcas en el abdomen de Lan Zhan. Recuerda sonreír al verlo dormir plácidamente, recuerda sentir calidez en su pecho al pensar en una familia…
Una familia…
El rebuzno del burro que lo llevaba lejos lo trajo de regreso. Miró hacia todos lados, dándose cuenta de que no estaba en la cueva y que no estaba Lan Zhan a su lado. Los demonios seguían persiguiéndole… dándole pesadillas que no creía capaz en su antigua vida.
