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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-03-31
Words:
869
Chapters:
1/1
Kudos:
17
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2
Hits:
196

Pensamientos acerca de Albus

Summary:

Donde Gellert visita una escuela y sus pensamientos se llenan del maestro que acaba de conocer.

Mi primer escrito sobre este fandom; el Gellert me gusta más de Mads, no tanto de Depp, pero ustedes imaginen el que quieran. Primero escrito, también, al que no puedo nombrar, así que tal vez cambie el nombre en algún momento.

Work Text:

Aún se preguntaba: ¿qué fue?

Porque la mano en el picaporte de la puerta no había seguido su rumbo, ni había chistado en ningún momento para halar o empujar, sino que guardaba la posición, ansiosa, esperanzada a que su dueño cavilara bien qué estaba sucediendo. Porque la mano de Gellert, caso de ser algún tipo de ser vivo con conciencia, estaría expectante a la decisión de su amo, mas éste era lo contrario.

Indeciso, Gellert no supo atinar si fue la disposición del vello en el rostro, grueso, bien definido y hasta peinado con un ligero rizo al final, pues pensaba que al ser el final del día, las actividades no habían dejado en paz a la barba del hombre. También pensó si fue el perfil del mismo en su mezcla varonil y con un deje calmo, hasta carismático aunque se mantuviese agachada la mirada, oculta en la mano que le servía de apoyo a los pesares que el alma hubiese adquirido recién o antaño. O el cuerpo, delgado, no fino, lo justo en la medida que le provocaba una sensación sin nombre cuando conjugaba cada vocal en una palabra que no conocía ni dijo nunca antes.

No fue relativo el tiempo que pasó mirando, de pie en el marco de la puerta del salón de clases, con las sensaciones que el cuerpo recibió, con cada terminal eléctrica encendida por la imagen del profesor.

—¿Disculpe?—, fue sordo por un momento, incluso ciego, porque los movimientos del hombre frente a él lo llevaron de permanecer sentado, en su escritorio de profesor, a estar de pie a unos metros de Gellert—. No le he escuchado, ¿qué ha dicho?

—Si ha venido por algún alumno—, contestó el hombre.

Y para Gellert, el abogado, la declaración que daría de ese instante sería calificada como una experiencia más allá de sus propios sentidos, una que enajenó todo control sobre sí y sólo dio a sus ojos azules un resplandor cegador.

—No, realmente—, alcanzó a decir con el aliento robado—, pero sí busco a alguien. ¿Sabrá dónde puedo encontrar al director Basil Fronsac?—, su temperamento de abogacía regresó a sus maneras una vez recompuesto de la impresión que le daría el profesor.

—Claro—, mencionó con pesadez en su voz—, en el piso superior, segunda puerta a la izquierda, encontrará la administración del colegio.

Iba a darle las gracias pero aquella mirada felina tan mencionada cuando hablaban de él también salió. Sus labios delgados se abrieron un ápice, pose meditabunda que adquirió cuando entró de lleno al salón de clases, siendo sólo entonces que pudo soltar el picaporte para ser su mano quien diera las gracias.

—Si me permite el atrevimiento, debo decir que noto en usted inquietud alguna—, tragó en seco, signo nervioso de alguna reacción desfavorable—. ¿Hay alguna manera en que pueda ayudarle, …?—, dejó la oración abierta, callada invitación a que su acompañante diera a conocer su nombre.

—Albus Dumbledore—, su pose cambió a una más formal, adelantando el pecho, colocando las manos en la espalda e irguiendo la mirada—, y agradezco su interés pero son asuntos personales.

—Dispénseme de nuevo, pero cualquier persona, cercana o no, notará su angustia; así que tan personal no es, que pasa a pública—, se concedió regalarle una sonrisa corta y Albus se la devolvió—. Insisto: aunque no nos conozcamos, me interesa ayudarle.

Albus mocionó otra sonrisa rápida entre la barba castaña, bajó la mirada y buscó como pudo un punto de apoyo, silla lejana que le diera el sustento para declarar su angustia.
—Supongo que ya muchos saben de ésta noticia—, mencionó aún sin mirarle a los ojos—, así que no habrá demasiado problema si se la hago saber.

Gellert acentuó su sonrisa, tratando de darle aún más confianza.

>>La escuela enfrenta un problema legal y es probable que cierre pronto. Me angustia pensar en la cantidad de niños que pueden quedarse sin estudios.

La sonrisa se borró, confiriendo un tono más serio a la situación. Se acercó a Albus y colocando una mano en el hombro enfundado por un chaleco, le proveyó aliento.

—Vaya persona tan noble me he encontrado—, admiró—. Estoy muy seguro que los asuntos se arreglarán muy pronto y manera positiva—, se miraron ambos, sonriendo, gotas de agua encontradas en un mismo estanque de tiempo—. Gellert Grindelwald—, extendió su mano libre, cargando en el antebrazo un saco pesado—, su nuevo amigo, si así gusta usted.

Albus extendió su sonrisa por su afecto espontáneo. Aceptó la mano y la apretó.

—Mucho gusto, señor Gellert.

—El mío, señor Albus—, lanzó esa mirada, aquella que tenía cuando sabía que había ganado el juicio y sólo veía al culpable ser condenado, mas la situación era inversa: él era el condenado a estar maravillado de ese hombre—. Debo dejarlo: necesito hablar con el director.

Sin dejarle tiempo a decir algo más, salió de la sala y encontró las escaleras que había ignorado momento antes de entrar al salón de clases. Tal cual dijo Albus, logró su camino a la administración, acomodó su cabello un poco antes de entrar e ignorando a la secretaria, pasó directo a la oficina rotulada como “Director”.

—Señor Fronsac—, el hombre mayor lo miró desde su asiento—, han perdido el juicio: la escuela cerrará.