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Superando el pasado

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Paula sorprende a Raquel con una pregunta que no esperaba.

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Hacía apenas un par de semanas que Raquel y Sergio habían regresado y ya se habían habituado a su rutina familiar de siempre. La tarde amenazaba tormenta y todos se habían quedado en casa, así que mientras Mariví estaba en el porche con su cuidadora, Raquel, Sergio y Paula habían optado por ver una película a petición de esta última.

Al rato de empezar, Sergio ya casi se había quedado dormido. “Tarta de Fresa en el País de los Sueños”, no parecía una película muy interesante, aún así, Raquel la seguía con atención junto a Paula.

Ambas estaban muy concentradas, o eso creía Raquel, que permanecía mirando la pantalla abrazada a Paula.

“Mami”, rompió el silencio Paula. “Durante el viaje, ¿estuvisteis en Madrid?”

“Sí, cariño, estuvimos unos días”, Raquel no entendía la pregunta, habían hablado mucho sobre el viaje, y le habían contado a Paula lo que creían que debía saber. “¿Por qué?”

“¿Fuisteis a ver a papá?”

De todo lo que Raquel esperaba que Paula podría preguntarle, en esos días o en un futuro cercano, eso no estaba en su mente ni por lo más remoto.

“No. No fuimos. ¿Por qué quieres saberlo?” Raquel miraba a Paula con el ceño fruncido, preocupada.

Sergio para entonces ya había abierto los ojos y estaba tratando de saber qué estaba ocurriendo, estaba en el sofá de al lado y se incorporó.

“¿Me estás diciendo que no habéis ido a verle, aunque sea para decirle que estamos bien, que me acuerdo de él?” Paula estaba muy disgustada.

Era cierto que Raquel estaba retrasando todo lo posible tener esta conversación y contarle la verdad, y sabía que algún día llegaría, pero no tan pronto.

“Paula…”

“¿Por qué de repente nos fuimos y ya no puedo verle? “

“Paula… Escúchame, por favor. Creo que no estás preparada para que tengamos esta conversación.”

“Pero, ¿por qué? ¿Porque soy pequeña? ¿Cuándo me lo vas a contar entonces?” preguntó con insistencia.

Sergio miró a Raquel, asintió con la cabeza dándole a entender que debía contárselo, que era buen momento. Le iba a costar mucho, para empezar no estaba preparada y no sabía cómo iba a encontrar las palabras adecuadas para que la niña sufriera lo menos posible, y después, que siempre había deseado que este momento nunca llegara.

Raquel se incorporó sentándose en el borde del sofá, y puso a Paula de pie frente a ella. Suspiró fuerte mientras tomaba sus pequeñas manos.

“Cariño... A ver, igual para ti algunas de estas cosas te quedan lejos, pero allá voy...¿Tú te acuerdas cuando eras pequeña, que yo a veces tenía heridas en la cara y te decía que me lo había hecho en el trabajo? ¿O una vez que me viste unos moratones en la espalda, y te dije que había salido a correr de noche y me había caído?”

Raquel miró a Sergio, que tenía la mirada fijada en ella, dándole apoyo silenciosamente.

“A há”, dijo la niña sin dudar.

“Pues… bueno… Todas esas marcas… A ver cómo te digo esto… Todas esas marcas y heridas, me las hacía papá”, las últimas palabras le salieron con un pequeño hilo de voz, como si pronunciarlas más bajito pudiera hacer que no hubiera pasado.

“No puede ser…” Paula rompió a llorar. “¡No puede ser! Te lo estás inventando.” Se soltó de las manos de su madre. “¡Papá es bueno, lo dices para que ya no le vea más!”

Salió corriendo y subió las escaleras hasta su habitación llorando.

“¿Ves?” dijo Raquel levantándose y dirigiéndose también a la escalera. “Sabía yo que no era buen momento. Es que es muy niña, no está preparada para esto.”

“Shhh… Dale un par de minutos y subimos”. Sergio estaba mucho más calmado que ella, era como si supiera de antemano cómo se iban a desarrollar los acontecimientos. Se levantó también del sofá y la abrazó. “Lo encajará bien, necesita procesarlo, eso es todo. Ahora subimos, va a ser intenso, pero lo superará.”

Raquel entró primero en la habitación, seguida de Sergio. Paula estaba tumbada en su cama, llorando, y Raquel se acercó a ella, mientras Sergio se quedó apoyado en el escritorio que estaba cerca de la entrada. Raquel tiró del brazo de Paula para que se incorporase, y se sentara en el borde de la cama, cogió una pequeña silla que había cerca, se sentó en ella frente a la niña.

“Paula, mi amor…” quería decir algo, pero no sabía exactamente el qué.

“Entonces…” interrumpió Paula. “Aquella vez que tenías una pierna escayolada y no pudimos ir al parque de atracciones…”

“S… sí. Sí.” dijo Raquel, con lágrimas en los ojos. Paula rompió a llorar de nuevo y la abrazó, quedando ambas abrazadas durante varios minutos.

Mientras que Raquel no subía convencida de haber acertado contándole la verdad a la niña, ésta le había dado una lección de madurez reflexionando en el corto rato que había estado sola, tal como Sergio había predicho.

“No podía darle la oportunidad de que acabara haciéndote algo a ti”, dijo, separándose y mirándole a la cara. “¿Recuerdas que cuando estabas con él siempre había una persona con vosotros? Un juez dijo que no podía estar a solas contigo. No sabes la cantidad de veces que se ven en las noticias casos de padres que son violentos con sus hijos para ver sufrir a las madres. Yo no podía permitir eso. Así que cuando Sergio me ofreció la oportunidad de que nos viniéramos aquí con él, no lo dudé.” Tomó de nuevo las manos de la niña, y las besó.

Sergio las miraba atentamente, sin intervenir, se sonrojó un poco al verse aludido.

“Pero, ¿papá todavía vive con la tía Marta?” preguntó Paula, preocupada.

“No lo sé, cielo.”

“Y… y… ¿ella sabe lo que te hacía?”

“Sí.” Raquel bajó la mirada. “Yo ya se lo dije, pero no me hizo caso. Yo no puedo prohibirle que le vea, es adulta y está avisada. Sin embargo, a ti sí he podido apartarte a tiempo.”

“Lo siento mucho, mamá.” sollozó.

“Hey, tú no tienes nada que sentir… No es culpa tuya. La culpa es mía por no haber elegido bien. Pero por mucho que lo piense, creo que no me arrepiento de haber estado con tu padre, aún con todo lo que sufrí, porque de aquello me llevé lo mejor que tengo en esta vida.” Le apretó fuerte las manos, mientras sonreía entre lágrimas.

“¿Ah, sí? ¿El qué?”

“Tú”.

Ambas se abrazaron de nuevo llorando.

“No pienses por un momento que es culpa tuya.” dijo separándose y mirándola de nuevo. “Mira, cuando seas mayor si quieres puedes ir a hablar con él y pedirle que te explique. Pero ahora tenemos una nueva vida aquí, con Sergio, que nos quiere muchísimo.” Sonrió.

“Entonces… ¿Sergio no…?” Paula le miró, y de nuevo a su madre.

“¿Sergio?” Raquel rió y se giró a mirarle. “Sergio es el hombre más bueno del mundo.”

Le hizo un gesto con la mano para que se acercara y este obedeció. Se sentó junto a Paula en la cama y le pasó la mano por el hombro.

“Bueno, Paula. Ya sé que esto te va a costar unos días digerir, pero aquí estamos tu madre y yo para lo que necesites.” dijo, besándole la cabeza. “Yo, mira, ya sé que no soy tu verdadero padre, pero conmigo puedes contar para hacer de padre cuando quieras. Cuando conocí a tu madre, reconozco que no sabía cómo me iba a llevar contigo, pero ahora que te conozco bien, puedo decir que no me imagino una vida con tu madre en la que tú no estés. Yo no sé si seré padre algún día, ojalá que sí, pero si no lo soy, yo ya estoy muy feliz de que estés en mi vida, te quiero muchísimo, Paula.”

Paula le abrazó y mantuvieron el abrazo por unos largos minutos, mientras Raquel les miraba enternecida.

“Sergio…” dijo Paula pensando bien en las últimas palabras de este. “¿Vas a ser padre? ¿Vais a tener un bebé?”

“Bueno, no, tal vez, no sé…” Sergio empezó a dudar, dándose cuenta de que igual había hablado más de la cuenta.

“Paula, cariño” siguió Raquel. “No te emociones, ¿vale? Lo estamos intentando.” Paula hizo un intento de saltar de alegría, que Raquel cortó poniéndola de nuevo sentada en la cama. “No te emociones, te he dicho. No sé si será posible porque yo ya tengo una edad complicada. No es imposible pero tampoco es seguro.”

Sergio y Raquel se miraron y se sonrieron.

“Cuando tengamos alguna noticia que darte sobre este tema, te la daremos, Paula.” dijo Sergio. “No olvides que ya somos una familia tal y como estamos ahora.”

“Claro.” dijo Paula, levantándose. “¿Bajamos a seguir viendo la película?”

Los tres se dirigieron a la puerta para bajar al salón.

“No os olvidéis de lo del bebé.” siguió Paula, mientras bajaban las escaleras. “Ya soy mayor y sé cómo se hacen, ¿ya lo hacéis todos los días?”

“Pero… ¿será posible?” dijo Raquel riendo. “Anda, tira para el sofá…”.

Raquel vio a Sergio avergonzado con el comentario de Paula. Al terminar de bajar las escaleras le abrazó y le besó en los labios. Sergio respondió al beso y permanecieron un rato besándose frente a la niña.

“Pero aquí, no, por favor. ¡En vuestra habitación!”

Rieron, y cada uno fue a sentarse a donde estaba antes viendo la película.