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El príncipe y el cazador

Summary:

Adaptación de Blanca nieves.

Bakugou katsuki se ha graduado como caballero y por orden del rey All Might ha sido asignado como guardia real de su hijastro el príncipe Izuku Midoriya. Pero iniciando su primer día de trabajo tiene un extraño sueño que involucra una muerte y una manzana...

Notes:

Portada

Chapter 1: El príncipe

Chapter Text

1

❀─❀

 

Alemania
1746
Reino de Lohr.

Cro-cro. 
Cro-cro.
Cro-cro.

Bakugou Katsuki escuchó el sonido de un cuervo mientras caminaba en un bosque de pinos secos. La luna llena iluminó con un color amarillento el sendero qué seguía con fidelidad aunque desconocía a dónde se dirigía. Las hojas de los pinos crujían con el viento y los tallos largos y delgados a los costados parecían encerrarlo entre un pasillo enorme de barrotes oscuros; la  noche se sentía pesada, ni un grillo o el aullido de un lobo se oía alrededor, había demasiado silencio y la niebla no ayudaba a disminuir la incertidumbre en el ambiente. 

El joven de diecisiete años, hijo de una general de guerra chasqueó la boca por la calma desagradable. Por instinto su mano tocó la empuñadura de su espada qué colgaba de la cadera izquierda y continuó su avance. Poco a poco el bosque se volvía espeso, oscuro e intimidante. El sendero terminó y el chico continuó su camino recto entre los pinos. No comprendía porque seguía caminando, había una especie de imán como si tuviera un único destino qué lo atraía hacía adelante sin poder rectificar el camino y desviarse. 

Katsuki sintió una opresión en el pecho como si la niebla aplastara su cuello y no dejará pasar el oxígeno a sus pulmones. Se le dificultó dar el siguiente paso como si el cuerpo se negara avanzar. De pronto otro cuervo graznó sobre su cabeza rubia y elevó la mirada: Un pájaro negro batió sus alas y descendió de la copa de un pino hasta posarse como un guardián sobre el torso de un cadáver tirado en la hierba. 

—¿Quién es?

El chico ya había visto otros cadáveres en la morgue del castillo pero nadie tan impecable y bonito como ese. Era un joven de rizos verdes, con pecas en el puente de la nariz y mejillas, con los labios pintados de un rojo brillante. Estaba vestido con un frac verde con botones de oro y con los puños y el cuello bordados en hilos dorados. Los adornos en las hombreras identificaban su alto rango parecía ser de la realeza quizás un príncipe por su edad aunque eso ya no importaba. Estaba frío y tieso. El cadáver tenía la boca media abierta, sus ojos verdes carentes de brillo apuntaban a su dirección además el brazo derecho estaba extendido mientras que una curiosa manzana roja a medio morder resbalaba de su palma abierta. 

Cro-cro. 
Cro-cro.
Cro-cro.

El cuervo, parado en el torso, graznó de manera horrible. Bakugou tuvo un escalofrío qué caló hasta sus huesos como si un cuchillo helado penetrara su columna vertebral. El ruido era escandaloso y los pinos se sacudían a causa de una brisa helada. En instantes el ave de mal agüero dejó de sonar como tal; ya no era un graznido si no el chillido de un cerdo y la voz de un brujo. Aquello lo obligó a retroceder unos pasos, las piernas temblaron pues estaba solo y la brujería no se consideraba como una fantasía de los cuentos, la gente del reino sabía que era tan real y peligrosa como una espada en manos de un soldado. 

Enseguida el cadáver se cubrió de escarcha por toda su piel azul hasta que el individuo quedó tan blanco como la nieve. 

—¿Quién eres tú? —Bakugou estaba temblando no solo de miedo si no por la ventisca de nieve que de repente empezó a arremolinar pero la belleza del cadaver era tan pura y evocaba inocencia qué no pudo despegar sus ojos rojos de su cara pecosa. —Es hermoso… 

De pronto esos ojos verdes parpadearon como si el cadáver pudiera escucharlo. Bakugou gritó y vio aterrorizado como los ojos muertos en segundos se llenaron de gusanos que empujaban para salir de sus órbitas y de la boca salieron culebras. 

El rubio abrió de golpe sus ojos. Se incorporó de su cama y su vista se encontró con el muro de piedra de su habitación. Un haz de luz entraba por su pequeña ventana haciendo que el cuarto siempre estuviera en penumbras a pesar de la hora de la mañana. Su frente sudaba frío y su cara era un cúmulo de muecas de confusión y espanto. 

—¡Qué sueño tan jodido! ¿Eso era un presagio? —Sé restregó los ojos para despertar por completo e intentó descifrar su significado. Quizás reflejaban las altas expectativas por su primer día como guardia del castillo o solo fue el exceso de cerveza de la noche anterior —¿Quién era ese hombre? Jamás lo había visto en mi vida. 

El rubio se levantó de mala gana de su cama que sólo era un pedazo de piedra pegado al muro con un colchón y una almohada. Sacudió su pelo y viendo el color amarillo del haz de luz que entraba por su pequeña ventana se apuró a empezar su día. Mucha gente creía en el significado de los sueños, la magia y el mal de ojo, a pesar de la creencia en general, Katsuki era más pragmático. Ver hasta creer es era su lema. No iba a preocuparse por las brujas hasta que una se parara frente a él apuntándole con su varita mágica. 

Se estiró como un felino y dio un bostezo. Enseguida escuchó un crack en su espalda y su cara se frunció del dolor. Tenía los músculos molidos por una pelea que tuvo en el "Casillero del Diablo", una taberna de mala muerte, que acabó con su expulsión: estaba celebrando su graduación como caballero y se le pasaron las copas,ahora sufría de una ligera resaca y debía presentarse en su primer día como guardia oficial del palacio de Lohr.  

El chico  de diecisiete años se tomó su primer día de trabajo como un día ordinario pues su madre que era la general del ejército de la casa Midoriya lo entrenó para esperar lo inesperado y fue tan duro el entrenamiento que pareció que había salido de una guerra. ¡A estas alturas nada podría sorprenderlo hasta dejarlo mudo! Qué peligro podría hallar cuidando al príncipe enclaustrado en un enorme palacio de piedra, cercado con murallas y torres, rodeado de un foso y con un ejército de miles de hombres en los límites del reino. 

Su trabajo sonaba peor que el de una bibliotecaria. El rubio dio otro bostezó y se rascó el pecho desnudo. Se dirigió a una esquina de su habitación donde se desnudó por completo. Había preparado la ducha desde el día anterior acarreando el agua del pozo. Ingresó a una redonda tina de madera y de una cubeta cercana se echó a la cabeza. Al acabar se vistió con un pantalón y camisa azul y se dispuso a ponerse la armadura: se colocó un peto de acero que llevaba grabado el símbolo de un roble que representaba la casa Midoriya, uso unos hermosos brazales plateados, unas espinilleras y se colocó un yelmo en la cabeza con una barra metálica en el puente de la nariz.  Por último se amarró la espada a la cintura. 

Cuando salió del corredor de los guardias donde estaban sus humildes habitaciones se topó con su madre esperándolo. 

—Vas cinco minutos tarde —dijo estricta. 

—Voy a tiempo, no jodas. 

El chico avanzó por los interminables pasillos de piedra del palacio de Lohr. El castillo era enorme qué criados, herreros, artesanos y guardias qué servían exclusivamente al rey tenían sus propias secciones para criar y educar a la siguiente generación de servidumbre sin que hubiera el peligro de un infiltrado. La fortaleza de piedra daba cabida a un centenar de habitaciones, veinte salas principales, ocho torres en pico, amplios balcones, cuatro jardines, uno por cada punto cardinal, una plaza central donde las cuatro secciones de la servidumbre se comunicaban, la zona de armamento y entrenamiento cerca de la torre norte y noroeste, calabozos en todo el sótano y muchos pasadizos secretos. 

Katsuki había sido criado en la sección militar, desde niño sus juguetes eran una honda y espadas de madera, se sentía preparado para un cargo interesante y arriesgado, quería salvar doncellas, hacer cateos, detener ladrones o ser un guardia en las fronteras pero nunca imaginó ser un "guardia que cuida una puerta" por esa razón comenzó a discutir con su madre. 

—¿Por qué me asignaron un puesto tan ridículo? Te dije que quería estar en la vigilancia del perímetro, de seguridad en el pueblo  o en los campamentos de las fronteras. ¡Fui el mejor de mi clase, tengo un excelente nivel en el uso de la espada, soy bueno con el arco y la flecha y se pelear con las manos desnudas, no entiendo porque me quedaré encerrado en el palacio como un inútil protegiendo una puerta mientras mis compañeros van a patear el trasero del otro reino! 

—¡Tengo que recordarte por enésima vez que el rey Toshinori ordenó que pusiera al caballero más habilidoso en combate  para cuidar a su hijastro! —Mitsuki ignoró las quejas de su hijo que no paraban desde su nombramiento como guardia real  —Entiende que el rey quiere lo mejor para el príncipe. Y tú eres lo mejor. 

—¡Qué bien para "Blanca nieves", no importa que yo me joda! —Katsuki respondió y masculló insultos preguntándose qué debía proteger si al príncipe Midoriya le llamaban de manera despectiva "blanca nieves" porque la mayoría de servidores del castillo pensaban que era un fantasma o tenían la piel tan blanca como uno porque nunca nadie lo había visto salir de la sección real y menos lo habían visto bajó los rayos del sol. 

—Lenguaje, niño —La mujer corrigió —Además el conflicto con el reino vecino está en control, es más bien una guerra fría así que tus amigos no van a tener muchas "cosas" divertidas que hacer como te lo imaginas.  ¡Y vas tarde!

—¡No voy tarde! Y claro que van a tener diversión, hay bandidos de camino, estafadores en el pueblo y negocios clandestinos donde se enfrentan a duelo de espadas. ¡Yo quiero estar ahí! 

Mitsuki siguió ignorando sus deseos y llegaron a un puente exterior donde debajo estaban chicos y chicas entrenando, la mujer vestida en armadura dio un vistazo hacía abajo a un reloj de piedra que tenían en la plaza.

—El desayuno del príncipe es a las siete en punto, son las seis cincuenta y cinco. Así que vas a cruzar la mitad del palacio y llegar a los jardines centrales en menos de cinco minutos. 

—¡Siempre quieres tener la razón, maldita bruja! 

—¡Soy un general no una bruja, niño! —Mitsuki regañó pero Katsuki le dio la espalda y se echó a correr.

Katsuki salió de la sección militar apanicado por llegar tarde en su primer día. Corrió por otro puente y dio una vuelta izquierda para salir a un balcón de piedra y en lugar de perder el tiempo en las escaleras para bajar al primer piso, abrir y cerrar puertas de salas y salas hasta llegar a la plaza principal y luego salir del castillo por una puerta lateral y rodear el perímetro hasta hallar la puerta principal de la sección sur donde estaban los aposentos del príncipe, simplemente saltó del balcón al balcón de enfrente y cruzó un pasillo recto y largo hasta conectar con la sección de los criados. Bajó por un elevador de comida y salió por la cocina, ahí agarró un carrito del servicio y lo deslizó por un pasillo exterior y cuando tomó velocidad se subió por unos cuantos metros hasta que con un impulso saltó del carrito y subió por una rendija de ventilación tan alta qué parecía imposible de llegar, alcanzó la saliente y entró. 

Por fin, llegó a la sala sur donde jamás había estado. Siguió corriendo por un pasillo solitario con muchas puertas. A diferencia de otras secciones qué eran rústicas solo construidas con piedra con adornos de madera, la parte sur del castillo estaba bellamente decorada, con tapices llamativos color oliva, marcos de las puertas dorados y techos cóncavos pintados con auténticas obras de artes, aquel pasillo lo dirigió al exterior. En el primer jardín, había columpios y conejos saltando alrededor junto ardillas, Katsuki sentía que estaba en un bosque pues había muchos arbustos y pequeños árboles siguió hacía el gigante punto verde que era un enorme manzano que sobresalía en el patio central. Antes de llegar al árbol, paró en una gran puerta doble hecha de roble que tenía grabado el escudo de armas de la familia Midoriya. El segundo jardín donde estaba el manzano era el desayunador del príncipe. 

—Primer día de trabajo, aquí vamos —dijo con demasiada confianza y abrió ambas puertas llegando a tiempo. 

La puerta rechinó y los sirvientes ya habían preparado la mesa del jardín y colocado el desayuno. Cerezas, fresas y arándanos servidos en un tazón con nuez y almendras junto a un plato de pan y mermelada, queso fresco, leche y té de hierbas. El rojo de los frutos contrastó con el mantel blanco de la mesa. En medio había una cesta de flores edelweiss conocida como flores de las nieves, flores pequeñas y blancas en forma de estrellas, estaban puestas como si fuera un bello ramo de bodas. 

Alrededor parecía un jardín botánico, con muchas especies de flores diferentes y arbustos con bayas, colibríes y mariposas revoloteando y por supuesto en el centro el manzano gigante que había existido antes de que el palacio fuera construido. El lugar era impresionante pero los ojos de Katsuki quedaron fijos en la forma de las flores edelweiss las cuales le recordó a las mariposas que una vez vio en pleno invierno. 

Ese día la nieve caía con un ritmo lento, siendo un niño de cinco años caminaba y brincaba por el bosque empuñando una espada de madera vestido de lana y botas de cuero. En un momento el sendero se llenó de arbustos y con una sonrisa de malicia saltó a apuñalar las ramas y estremecer sus hojas removiendo la espada de un lado a otro como si fuera un cazador sacando el corazón de su presa. De pronto un puñado de mariposas blancas que se resguardaban  del clima escaparon volando y se confundieron con los copos de nieve.

—¡Ah! ¡Qué bonitas! —El chiquillo abrió la boca impresionado por la inocencia y belleza de los insectos y porque era muy extraño verlos en invierno. Sus mejillas estaban rojas por el frío y soltaba vaho al hablar. Sus manos se estiraron para capturar sus alas que parecían brillar al reflejo del tenue sol pero las mariposas se camuflajearon y lo único que atrapó fue un puño de nieve. 

El niño se frustró y no le importó pararse y ver el cielo blanco buscando de nuevo esa delicada belleza en la época más fría que ninguna temporada volvió a hallar.  

—¿Habrá algo más bonito que ver  mariposas en invierno? —Katsuki susurró mostrando su lado sensible, jamás había hablado con ningún compañero de querer ver mariposas en la nieve, se habrían burlado de él aunque si se apegaba a las creencias tal vez eran hadas las que vio aquel día. 

El sonido de una rama quebrándose lo sacó de su introspección, Katsuki se puso en alerta y vio como del manzano algunos gorriones salieron volando y las ramas empezaron a doblarse como una resortera. 

Aquel manzano no era común y corriente, era muy grande para su especie que el sonido del golpe de las ramas rebotando algo en el interior duró demasiado que sonó cómico. 

«Boing, Boing, Boing» 

Katsuki en modo de serio se dispuso a mirar qué era lo que bajaba tan torpe del árbol, al acercarse por debajo de las ramas pensó que era un mapache o algo así, cuando miró arriba solo alcanzó ver un trasero gordo y de color verde venirse contra su cara. 

—¡Qué carajo! —gritó. 

Katsuki abrió sus manos por instinto y atrapó los redondos glúteos que le cayó encima, el impulso de la caída y la atrapada lo hizo terminar en el suelo con la espalda al piso y aquel trasero encima de su vientre que le sacó el aire. 

—¡Agh! —El rubio alcanzó a decir antes de que el aire se le escapara de la boca. 

—¡L-lo siento! ¡Lo siento mucho! —oyó la voz de un hombre tartamudeando. 

Katsuki vio al cielo, un grupo de hojas descendían como lluvia junto a las manzanas qué cayeron en un gracioso rebote contra la hierba. Entonces su vista fue invadida por unos ojos grandes, color esmeraldas y redondos que eran acompañados por mejillas repletas de pecas que incluso habían invadido el puente de la nariz. Sus rizos verdes fueron el marco perfecto de su cara redonda. 

—Lo siento —La desconocida voz dijo con claridad. 

—¿Qué diablos? —Katsuki sintió un escalofrío. 

—Si no hubieras estado en el momento oportuno me hubiera partido la cabeza. ¡Gracias por salvarme! —El joven de verde parpadeó y sonrió feliz. 

Katsuki se recuperó del choque y al toparse con ese rostro que era igual al de su sueños, sus ojos rojos se abrieron gigantes y sus pupilas temblaron. Era como viajar al pasado. Fue raro ver a un cadáver, estar vivo cuando hace unas horas los gusanos salían de sus ojos. El chico encima suyo que estaba sentado de manera inapropiada con las piernas abiertas se sintió extraño por la manera como fue mirado. 

—¿Estás bien? —acercó su rostro con amabilidad. 

Katsuki lo observó callado y analizó sus labios que no estaban pintados de rojo, su piel no estaba cubierta de escarcha y menor era blanca como la nieve, tenía un ligero tono bronceado pero su cara era igual, era como si hubiera escapado de su pesadilla. 

¿Un presagio? 

Se preguntó pero él no creía en esas cosas así que dejó de enredarse la cabeza y volvió al asunto de su primer día de trabajo. 

—¡Quítate de encima, inútil! —Katsuki empujó al desconocido a un lado y se levantó amargado —¡Qué hacías trepado en el manzano, idiota! 

—Pues lo que  hace todo el mundo trepado en un manzano ¡Buscar manzanas! —El chico le ofreció una gigante sonrisa después levantó una manzana del piso, la limpió con su ropa y le ofreció una. 

Katsuki tiró la manzana de un manotazo y le despreció. 

—¿NO ESTOY JUGANDO? ¿QUÉ ES LO QUE HACÍAS? ¡¿ESTABAS ESPIANDO?! —De inmediato estiró el chaleco qué usaba, lo empujó contra el tronco, sacó su espada y la puso contra su cuello —¡Tú maldito, como te infiltraste al palacio! ¡Estás aquí para matar al príncipe! ¡Voy a degollarte, basura! 

—¡AHH! ¡ESPERA! ¡NO SOY UN ESPÍA! —El chico de cabello en forma de arbusto gritó y en pánico levantó ambas manos para mostrar su inocencia. —¡SOY EL PRÍNCIPE! 

—¿Ah? ¿Eres el príncipe? —El rubio se detuvo pero logró hacerle un pequeño rasguñó en el cuello con la punta de la espada. 

Katsuki analizó su vestimenta, no había hilos de oro, ni el traje de gala tipo militar que la realeza usaba, ni distintivos dorados en su pecho. Solo usaba unos pantalones verdes y camisa blanca, un chaleco marrón de botones negros y botas largas color negras parecía más un campesino que lavaba baños en el palacio que el mismo príncipe. Katsuki torció la boca y rabioso mostró los colmillos. 

—¡Crees que soy estúpido, eres un pésimo actor! ¡Te enviaré al calabozo donde te daré una paliza en ese gordo trasero tuyo antes de degollarte! 

—¿Eh? ¿D-de verdad mi trasero es muy gordo? —El chico de pecas se sonrojó y se cohibió al darse cuenta que al caer había mostrado todos sus glúteos en su máximo esplendor —¿T-tú viste mi trasero? —dijo tímido al notar que el rubio lo tenía encerrado entre su cuerpo musculoso y el árbol. 

Katsuki se preguntó qué le pasaba a ese ladronzuelo. 

—¡Estás sordo te voy a llevar a los calabazos y estás preocupándote de sí te vi el trasero! —se quejó y de nuevo el filo de la espada rozó la yugular de su enemigo —¡No solo te lo vi si no tuve que agarrar esas masas gordas de tus glúteos al atraparte, imbécil! ¡No me hagas perder el tiempo, tengo que proteger al príncipe! 

—¡Oh! ¿Tú eres mi guardia personal? —El chico de ojos esmerado lo vio de arriba a abajo —Eres tan joven. —chilló entusiasmado. 

El chico no le importó que Katsuki tuviera su espada a punto de matarlo, de pronto sonrió muy grande, desde que su madre, la reina Inko, murió había estado solo pues su padrastro el rey conocido como "All Might" ordenó que se mantuviera enclaustrado en el área sur del castillo por su seguridad. Los guardias y sirvientes que tenían eran los más leales y los mismos que su madre llevó desde que era una princesa, así que ya eran muy mayores. Sus ojos se llenaron de luz porque jamás había visto a alguien con un rostro juvenil como el suyo. 

—¿Qué soy muy joven? ¡Tengo diecisiete! ¡No me hables como si fueras un anciano si tienes cara de niño! —Katsuki picó con su espalda el pecho del príncipe. 

—Yo tengo dieciséis pero el mes que viene cumpliré diecisiete. ¿Irás a mi fiesta? ¡Por fin será divertido! 

—Deja de hablarme tan casual —Katsuki se enfadó porque no había miedo en sus ojos, acaso su espada o su imagen no era tan intimidante como creía que tenía en la academia de caballeros o tal vez el tipo estaba loco. —¿De verdad eres el príncipe? —comenzó a racionalizar. Era difícil que un ladrón pudiera entrar a esa sección del castillo aunque pudiera ser un criado del lugar —¿Cómo puedo saberlo? 

—Estás aquí para mi desayuno y yo estoy aquí para mi desayuno —dijo tan simple y mostró una inocencia y pureza que el caballero de brillante armadura no supo cómo reaccionar y bajó su espada. 

—¿Cómo puedo comprobar tu identidad? —gruñó avergonzado porque había olvidado preguntar a su madre como era el príncipe y seguro el príncipe le iba a reportar su pequeño levantamiento en su contra. Aquello podía ser una desgracia. 

—¿No tienes tu hoja de asignamientos de misiones? —El príncipe vestido tan humilde ladeó la cabeza por la obviedad —¿No le pediste al guardia de la entrada sur qué te la entregará? ¿Él no te la dio? Ya que vivo en esta parte del castillo por seguridad, todos los servidores tienen que entrar por la puerta principal donde el capitán Aizawa que custodia la puerta reporta todas mis actividades al rey. Se te da una hoja y las horas que debes permanecer dentro de esta ala, si por alguna razón tardas en salir, de inmediato sospechan de alguna traición y te harán un interrogatorio por tu tardanza. Así que todos mis cocineros, sirvientes, mucamas, doctores y maestros tienen su propia hoja de actividades que completan y se retiran al final del día, excepto mis guardias de confianza que vigilan los pasillos por la noche por si un espía logra colarse. —El príncipe observó a su guardia personal que de pronto cambió su rostro gruñón a uno pálido y en pánico —Ya que eres nuevo, el capitán Aizawa debió darte una hoja con mis especificaciones, el mapa general del ala para que no te pierdas y un resumen de tus funciones y de los reportes qué debes hacer y pues todo lo que te estoy explicando. 

—¡Oh, por supuesto, la hoja de asignamiento y esas cosas! —Katsuki fingió saber y se tocó la nuca avergonzado, no iba a contarle que usó un atajo y se saltó el control para llegar a tiempo. 

—¿Cómo llegaste aquí? 

—¡Cómo todos, mi príncipe, como todos! —Katsuki actuó, guardó su espada en su funda y puso educadamente una mano en la espalda al príncipe y lo fue guiando a la mesa del desayuno. 

—Pero dónde está tu hoja debo firmar tus actividades para que compruebes qué cumpliste con tus deberes así no tengas problemas con el capitán en la salida. —dijo inocente. 

—No se preocupe por los detalles, uno no debe ser tan estricto con el tiempo y las actividades, eso se da solo pero creó que se me cayó cuando venía para acá así que si me da un pequeño permiso buscaré la hoja para que me la firme. 

Katsuki le abrió la silla al príncipe y lo sentó intentando que no pensará mucho en el asunto de su llegada, todo lo había hecho mal además ni siquiera lo había saludado formalmente y desconocía su nombre. Siempre fue bueno con la espada y el arco pero no para seguir los protocolos. Katsuki hizo una mueca al ver el pequeño rasguño qué le había hecho en el cuello. 

¡Estoy muerto! ¡De aquí directo a los calabazos! 

Mientras que Katsuki rezaba porque nadie cuestionara a "Blanca nieves" por ese rasguño, el príncipe miró su comida y mordió el pan tostado soltando una expresión de que tenía buen sabor. Enseguida se enfocó en comer los frutos rojos del tazón. Katsuki se quedó absorto en como la boca se le iba pintando de rojo como en su sueño. 

—Te concedo el permiso, por favor regresa pronto. —dijo con la boca llena. 

Katsuki no lo escuchó seguía de pie observando como los jugos rojos de las cerezas se escurrían a sus labios enseguida el príncipe se sonrojó de nuevo. 

—Dije que puedes ir —Volvió a repetir y su rostro era tan lindo siendo tímido que Katsuki salió de su hipnosis. 

Katsuki dio una reverencia y salió de la sala del jardín con tranquilidad cuando la puerta doble hecha de roble se cerró tras su espalda, su cara solemne se fue a la mierda. Apurado corrió hacia donde había llegado, tomó distancia y subió corriendo la pared para entrar en el hueco de la ventilación que estaba alto, regresó por su camino y rodeó hasta la puerta principal del ala sur donde casi sin aliento se topó con el guardia. 

—¡Vengo por lo del príncipe! —dijo agitado mientras se apoyaba con las rodillas y se quitó el yelmo por el calor. El cabello goteaba de sudor. 

—¿Usted es Bakugou, Katsuki? 

Katsuki respondió con la cabeza y se limpió con el dorso de la mano el sudor de la frente. 

—¡Ha llegado cuarenta minutos tarde en su primer día de trabajo! —El capitán regañó y anotó algo en su libreta —Lo reportare a su madre. 

Katsuki hizo una mueca, ahora cómo le iba justificar que esos cinco minutos tarde se volvieron en cuarenta. 

El capitán se presentó como Aizawa, Shota. Le dio una mirada sería y abrió la puerta del ala sur para registrarlo. El recibidor era un enorme pasillo de pilares de piedra, con una alfombra roja y pinturas de naturaleza muerta en las paredes. Katsuki de pie espero el papeleo. 

—Está es la hoja de sus asignaciones, deberá custodiar al príncipe en todas sus actividades diarias, vigilar qué los sirvientes no se atrevan a hablar con su majestad, qué tome su desayuno completo y no se salte sus medicinas, siempre debe estar atento a su salud, ya que es delicada, también debe reportar cualquier indicio fuera de lo común, quizás si un día el príncipe consigue comida o libros de contrabando, alguna actividad riesgosa qué le descubra haciendo o algún comentario contrario a las ideas del rey. Nuestro deber es mantener al príncipe dentro de la ala sur, evitar que ideas incorrectas lleguen a sus pensamientos y nunca animar sus locuras de salir, es peligroso para él. Que te quede claro nada ni nadie entra ni sale sin mi autorización. 

—¿Ni el príncipe? —Katsuki preguntó extrañado por la excesiva autoridad. Ni siquiera los cocineros podían hablar con el príncipe acerca del menú. ¿Y quién se preocupa por un libro de contrabando? 

—Especialmente el príncipe. —enfatizó Aizawa. 

—Eso suena como si fuera un prisionero. —dijo sin pensar. 

Aizawa vestía con una armadura negra con pocos elementos, solo el peto, las rodilleras y un casco, le miró estricto incluso más estricto que su madre pues su mirada oscura le helaba la sangre. 

—Los jóvenes siempre tienden a ser rebeldes con las normas y al hacerlo ponen sus vidas en riesgo. —Aizawa suspiró —No piense mal. El príncipe es de salud frágil por eso las medidas extremas, si se rasguña con una planta de la que es alérgico,  si le da un resfrío, o come algo fuera de su dieta podrían matarlo. Además no queremos abrumarlo con problemas que el rey "All Might" puede solucionar. El rey quiere que disfrute su juventud de manera saludable y segura. 

Katsuki se sintió confundido, el tipo de pelo de arbusto no parecía tan frágil de salud trepado en ese árbol. 

—Por si lo desconoce el rey legítimo de este reino es Izuku Midoriya. La reina Inko no dejó más herederos así que cuidarlo como una delicada flor es nuestro deber. 

Katsuki paró la oreja cuando oyó su nombre de pila. 

—En estos momentos su puesto es ocupado por el rey All Might ya que fue el consorte de la reina pero cuando el joven cumpla veintiún años tomará la corona. 

—¡Un momento! ¡Hasta los veintiún años saldrá de aquí! ¡Eso significa que trabajaré en el claustro cuatro años! —Katsuki recordó lo aburrido de ser un "guardia vigila puertas". 

Aizawa alzó una ceja. 

—¿Cómo sabe la edad del príncipe? 

¡Ah! Cállate el hocico, imbécil. ¡Quieres ir a los calabazos! 

El rubio se regañó a sí mismo y comenzó a alargar las palabras para inventar una excusa convincente. 

—¿Eh? Y-yo… yo, lo supuse porque mi madre un día me dijo que el príncipe nació tres meses después de mi nacimiento. 

Aizawa dejó pasar el desliz y le pasó los papeles de reportes. 

—Sus actividades son sencillas pero cualquier cosa que le parezca relevante que diga el príncipe tendrá que ser reportada. Recuerde que esto es por su bien, por su salud y por el reino. 

Katsuki asintió harto de estar ahí y oír lo que él príncipe ya le había dicho, tomó las especificaciones del príncipe donde decía sus horas de comida, estudios, alergias etc. Entonces sin darse cuenta leyó en voz alta el nombre del príncipe. 

—I-zu-ku —dijo manteniendo su rostro pecoso y lindo en mente. 

—¡Nunca lo llame por su nombre! —Aizawa regañó —Llamelo majestad, mi señor o príncipe Midoriya. 

—Lo recordaré. 

—Y recuerde las enseñanzas de la academia. Debe cumplir su misión a como dé lugar incluso si tiene que dar su vida por ello y recuerde su juramento de lealtad hacia el reino. Fue elegido porque era el mejor de su clase y por su carácter fuerte. Estoy seguro que no se dejará convencer o manipular, siempre que  el príncipe quiera hacer algo riesgoso dígale no y sugiera actividades sanas que están indicadas en su hoja de especificaciones. ¡Si tiene una falta a su trabajo se le descontará céntimos a su sueldo! No vuelva a llegar tarde. Mañana tiene que venir más temprano para despertar a su majestad. 

Katsuki obtuvo los mapas y su hoja de reporte. La charla duró casi diez minutos más cuando terminó corrió de nuevo a la sala del jardín y al entrar, la comida de la mesa se había vaciado y su príncipe ya no estaba en la silla. 

—¡Estúpido día de mierda! —Katsuki se quitó el yelmo y descuidado lo dejó en la mesa. Miró a ambos lados para buscar algún indicio del príncipe Midoriya, leyó las hojas de sus horarios y aún debía estar en el jardín. 

De pronto oyó los gorriones piar en el manzano descomunal, alzó la vista y vio al príncipe en la cima del árbol. Recordando que le habían dicho que el tipo podía morir hasta por una astilla no lo pensó dos veces y rápido fue y se trepó al árbol. Se colgó de una rama grande y se dio cuenta que subir era más difícil de lo que se veía. 

Tienes que ser muy fuerte para impulsarte hacia arriba. ¿El príncipe debe tener músculos bien trabajados? Katsuki siguió trepando hasta llegar junto a él. 

—Majestad, es peligroso estar aquí. —indicó y estiró su mano para que la tomará y regresar juntos.

El caballero intentó obedecer las órdenes que le habían dado, quería bajarlo inmediatamente pero el príncipe miraba el horizonte, a esa altura su cabello se mecía con agresividad, el sol se reflejaba grande en sus ojos verdes y la tristeza en ellos era evidente. 

—Está es mi única vista de la ciudad, ni siquiera me dejan entrar a las torres de esta ala, así que siempre que nadie me ve subo aquí y puedo ver las tejas rojas de las casas del reino. No te parece raro que soy el príncipe de todas esas personas y ni siquiera una vez las he visto. Jamás he visto el mundo más allá de estos muros. 

A Katsuki le dio pena, le permitió estar unos minutos arriba y en esos minutos lo contempló. Había pensado de nuevo en las mariposas de la nieve en como esa vez preguntó: ¿Habrá algo más bonito que ver  mariposas en invierno? Ahora tenía una respuesta y sí, había algo más bonito que eso. El príncipe era el chico más hermoso que había visto en todo el reino. 

De pronto oyó un ruido tenebroso y familiar que provocó escalofríos. 

Cro-cro. 
Cro-cro.
Cro-cro.

Al rubio le pareció ver todo en cámara lenta, de la nada un cuervo aleteó sus alas y con sus patas se enredó sobre los rizos verdes del príncipe, jaló su cabello como si quisiera levantarlo como un águila a su presa y graznó con cierto odio. Sus ojos rojos temblaron a la figura de perfil del cuervo y a sus ojos azules. 

El cuervo desequilibró al príncipe e intentó picotear su cara pecosa, ese pequeño ataque lo hizo resbalar de la gruesa rama donde estaba de pie y cayó de casi 20m. 

Katsuki solo oyó su gritó entre las ramas qué iban golpeándolo y reaccionó a los segundos. Bajó con velocidad por los troncos como si fuera un animal, se colgaba de un tronco y otro como si fueran lianas mientras asombrado veía como las ramas azotaban la espalda del príncipe y se iban rompiendo. 

—¡IZUKU! —Katsuki gritó sin pensar en los protocolos. 

El príncipe intentaba agarrarse de los troncos pero resbalaba por la velocidad casi llegaba al piso cuando Katsuki estiró su mano y atrapó con fuerza la suya. Agitado y sostenido por una rama, vio a su príncipe colgado como un niño a centímetros del suelo, este le miró hacia arriba con unos ojos como un cachorro asustado. Después de la conmoción. Izuku le sonrió para agradecerle que lo salvará de nuevo. 

—Hoy no es mi día pero te juró que soy bueno trepando. —comentó el príncipe con un tono empalagoso. 

—Sí, se nota —gruñó como respuesta. 

Ambos chicos bajaron e Izuku reverenció a su caballero entonces se puso nervioso y le echó unas miradas para luego desviarlas. Katsuki lo vio jugar con sus dedos y le fastidió. 

—¿Algún problema, majestad? —Sé acercó a sacudir las astillas y hojas que habían ensuciado su ropa así que sus rostros estaban a centímetros. 

—D-dijiste mi nombre. —El príncipe soltó tímido y su aliento pegó en el cuello del rubio qué no usaba ni la armadura correctamente pues no tenía el yelmo. —Los guardias me llaman con mis títulos. —El chico bajó la mirada y de nuevo la tristeza apareció en sus ojos —Es la primera vez que escuchó mi nombre en la voz de otra persona. 

Katsuki no supo cómo responder y cambió brusco de tema. 

—Según este papel no debí llamarte por tu nombre puedes no decir nada. —propuso para evitar que le quitaran más céntimos a su sueldo o lo llevarán a los calabazos. Primer día y todo lo había hecho mal. 

—Tampoco tengo permitido trepar árboles. 

—¡Bien! —Katsuki respondió enérgico —Si tú no le dices mis falta de respeto al capitán yo no diré nada sobre el árbol, ¿trato? —Katsuki le ofreció la mano. 

Izuku la estrechó y sonrió de nuevo incluso si le dolía la espalda y sentía el brazo tirante a causa de como su guardia frenó su caída mortal, el chico de cabello verde se sentía bien. Su guardia personal lo había impresionado de todas las formas posibles. 

—¡Trato hecho! —dijo contento. 

El príncipe se inclinó y tomó dos manzanas del suelo, una se la quedó y la otra se la dio a su caballero. 

Katsuki tomó la manzana con ambas manos y de nuevo ese sueño premonitorio golpeó su mente. El príncipe muerto sobre la hierba con una manzana medio mordida rodando de su mano y un cuervo de ojos azules sobre su cuerpo. Apretó la fruta roja entre sus dedos por la incertidumbre. El no creía en cuentos de brujas y princesas. 

—Creo que no me he presentado —dijo serio y reverenció —Soy su nuevo guardia personal, Bakugou Katsuki. 

—Kat-su-ki. —Izuku pronunció de manera infantil y estando feliz se atrevió a sacudir el cabello rubio qué tenía enfrente y le hizo notar otro falló en el protocolo. Un caballero nunca debe quitarse el yelmo delante de su señor a menos que se arrodille y muestre sus respetos delante del trono. 

—¡Tú nombre es muy tierno y también te ves lindo sin tu casco! ¡Me gusta! —El príncipe dijo inocente y con un coqueteo involuntario mordió su manzana con una preciosa sonrisa. 

El jugo humedeció sus labios y se notaron rojizos. Katsuki apretó la empuñadura de su espada y algo dentro de él se removió en sus entrañas. Juró con el corazón proteger a su príncipe de la maldad pasará lo que pasará, cazara a quien cazara mantendría lejos esa pesadilla de hacerse realidad. Lo que no sabía es que en los cuentos no sólo hay princesas y brujas si no también cazadores y él era el cazador del cuento.