Work Text:
Doumas no procesó completamente el asunto, y solamente supo, que de algún modo u otro durante el entrenamiento con el príncipe habían resultado acabar en aquella curiosa y polémica situación.
¿Cómo era posible?
Ahora ambos estaban bien ocultos a ojos de aquel nuevo reino, afortunadamente el pelinegro no siendo reconocido como realeza por la gente, simplemente como un forastero de extraños compañeros. Actualmente, el rubio espadachín se encontraba con el príncipe pelinegro sentado en su regazo, su rostro sonrojado estando frente al suyo, haciendo un pequeño gesto con su boca, lo que indicaba que le pedía un beso.
Doumas no había querido que avanzaran imprudentemente, más aún sobrepasarse con él, primero algún gesto suave, delicadamente ir paso a paso, más en aquél día de su encuentro estaba llendo tan particularmente bien que simplemente como recompensa por las hazañas del niño había decidido permitir un poco más en los gestos afectivos en aquella prohibida relación entre ambos, el hombre rubio se encontraba notablemente tenso, si alguien prestaba la suficiente atención a los alrededores notaría aquellas acciones de ambos.
En su mente cruzaban mil preguntas, que ninguna lograba tener respuesta.
¿Cómo habían empezado?
¿Estaba incomodando al príncipe?
¿Cómo es que acabaria esa situación?
El príncipe mayor empezó a pasar sus manitas por el rostro del hombre, sus ojitos negros brillando en admiración, lo que hizo que el rubio sonriera, y calmara un poco sus nervios, Doumas sabía que Bojji siempre se había fijado en las obvias diferencias entre ambos. El definido rostro de un adulto, y su aún, suave y redonda cara.
Se encontraba fascinado al ver lo diferente que el mayor era en comparación a él, y el mayor por un momento se tentó a también pasarle las manos en el suave y redondo rostro. Se frenaba rotundamente a si mismo. Más aún por no saber su reacción a su mano prostética, temiendo sobresaltarlo y que aquellos ojos dejaran de mirarlo.
El príncipe Bojji, en su inocencia, siempre había hecho gestos cercanos, pero ahora aquél roce inocente estaba causando en el espadachín mil y un chispas prohibidas, intentaba buscar cualquier cosa que hiciera que su cuerpo no reaccionara de formas indebidas ante el toque del niño.
Algo en su mente le detenía, le gritaba que el príncipe era alguien puro y que alguien como él no debía manchar esa luz, que casi lo había hecho en algún momento en el pasado y había sido un milagro el que fuera perdonado por él.
La forma de verlo del niño le hacía al menos sentirse aliviado, de que al fin había logrado que el menor le volviera a ver con su dulce mirada de días pasados. No quería arruinar eso, por más que todos sus instintos lo empujaban a ceder ante sí. Tenía el autocontrol, lo demostraría.
Entonces, inesperadamente interrumpió a Bojji poniendo su mano alrededor de su cintura, el menor sonrojándose por el contacto sorpresivo de aquella acción, el mayor, totalmente rojo, simplemente procedió a apartar con la mano de carne y hueso los cabellos de su frente y le dió un suave beso, que luego pasó a su nariz, a sus mejillas, y por último, a uno suave en sus labios, apenas un suave roce.
En el momento, Bojji reía, por sentir el cosquilleo de los labios del mayor en varias partes de su rostro, hasta que sintió la suave presión en sus labios, inmediatamente cerró los ojitos, correspondió al mayor intentando imitarle en aquella presión que le hacía sentir cosquillas en el estómago.
Y tal puro y casto beso fue avanzando poco a poco, sin que alguno de los dos se diera cuenta, en intensidad, hasta que al poco tiempo ambos se encontraron tan aferrados el uno al otro como si su vida dependiera de ello.
Sus lenguas haciendo un vaivén prohibido, algo que tal pulcro niño no debía experimentar en esos años.
Entonces cuando su mente procesó la situación, el mayor se apartó, abruptamente tomó distancia que su estatura le permitía , sintiéndose como una escoria y lo peor del mundo, rogaba por el perdón de hacer tal acción.
Casi inmediatamente arrepintiéndose de su impulsividad, porque aquella escena solo para su deleite propio le hizo dolorosamente sentir una incomodidad y presión entre sus piernas.
El príncipe estaba totalmente rojo, temblaba por tales intensas sensaciones que el mayor le daba, respiraba agitadamente y como evidencia del beso quedó un hilo que unía sus bocas.
El menor vió como el mayor inmediatamente se cubría el rostro e inmediatamente se tensaba, volteó a todos lados por impulso, casi inmediatamente encontrando su respuesta entre las piernas del mayor.
Había un extraño bulto en esa parte de la ropa, no sabía que era exactamente, pero aquello parecía causar que el mayor de repente estuviera de aquél modo extraño.
La mente de Doumas estaba que especialmente se quería morir, pedía que se lo comiera la tierra, tanto que perjuraba que mantendría su autocontrol por el menor, pero había tornado la situación a una incómoda, se lo decía todo el que sintiera como Bojji se estaba apartando de su regazo.
Lo había arruinado, ¿que salvaría ahora su relación con el príncipe...?
Quererse morir era lo que menos le gritaba su mente, quería simplemente desaparecer ahí mismo, cuando volviera al reino simplemente exiliarse, o que simplemente la Reina Hilling estuviera ahí mismo y que lo ejecutara por lo que se atrevió a hacerle al príncipe Bojji.
En sus reclamos mentales, no había notado que el menor se ponía de rodillas entre sus piernas, para tener un mejor acercamiento a aquél misterioso bulto de las ropas del mayor.
Doumas no se dió cuenta, hasta que sintió unas manos palpar a tientas su pantalón.
¿P-pri-principe Bojji...?- Sus manos no reaccionaron para apartar al príncipe y cuestionarle su acción, decirle que no debería hacer aquello, ni de su boca tampoco logró salir el "¿Que está haciendo?", Con la esperanza de que lo leyera, inmediatamente convirtiéndose en un gruñido, al sentir la manita sobre su miembro por encima de la tela del pantalón.
A pesar de que eso mismo evitó que pudiera sentir todo el tacto, eso fue suficiente para que ahora el pantalón le apretara incluso más que antes.
"N-gh..."
Se mordió los labios fuertemente, apretando las manos contra su ropa y milagrosamente evitando que saliera un vergonzoso sonido de mayor volumen que revelara lo que en realidad le estaba causando el menor.
Y Bojji de repente notó, al mismo tiempo preguntándose qué clase de reacción le estaría causando el mayor. Que sus piernas ahora estaban temblando.
El príncipe siguió con su curiosidad sobre aquél bulto en la ropa del mayor, hasta que el mencionado le paró poniendo sus manos en sus hombros y lo apartó, así de la nada.
Nerviosamente, el hombre separó sus manos de los hombros del menor e hizo ademanes con, también intentando hablar en voz baja y lentamente cada palabra de lo que le decía.
Su rostro estaba de un color escarlata, y se notaban el sudor, como si de repente el clima hubiera aumentado su temperatura.
"Príncipe, usted no debería hacer eso."–
El pelinegro lo miró un momento, extrañado ante la extraña reacción. Moviendo sus manitas para contestarle.
"¿Porque no?"–
El mayor aún mantuvo su mirada en él, no quería corromper la pureza del pelinegro.
"Es algo que solo deben hacer los adultos."–
"¿Solo los adultos?"–
"Sí, príncipe Bojji, solo los adultos"–
El pelinegro desvío la mirada, preguntándose si debía seguir y cuestionarle, Doumas lo notó tenso, y culpablemente por desanimarlo, puso una mano sobre su hombro, y afirmó con una sonrisa en su rostro, diciéndole no tuviera miedo, al ver cómo la mirada del menor se iluminaba simplemente rió, eso era lo que provocaba el príncipe en él.
Entonces, su comunicación siguió
"Lo que hizo no es algo no placentero, príncipe Bojji, pero debería esperar hasta que sea mayor para hacer eso."–
"¿Placentero?, ¿Hasta que sea mayor?"–
"Sí, es algo que entenderá cuando sea mayor.–"
¿Que entenderá? ¿Pero que era eso lo que le estaba causando a Doumas?
El menor levantó su mirada, ahora decidido en obtener respuestas y saciar la nueva curiosidad que tenia.
"¿Y eso -levemente observó hacia el bulto en el hombre- cuando es que sucede?"–
Doumas le miró, confundido y sorprendido a partes iguales, esperaba de todo menos que el niño le preguntara eso.
"En unos momentos se calmará"– Respondió el hombre nerviosamente.
"¿Se calmará?"- Le miró al rostro preocupado, con miedo, Doumas aún se notaba nervioso.
"Lo hará, por favor vaya al jardín príncipe Bojji, en unos momentos yo estaré con usted"- Le sonrió suavemente, intentando de algún modo u otro acabar la incómoda situación.
Bojji no se quitó de su lugar, su mente viajando entre ideas que no comprendía del todo, pero tenía algo en claro.
Le miró, decidido
"No es justo que te quedes solo y sintiéndote mal"– Dijo el menor nerviosamente con sus manos
¿El príncipe creía que se sentía mal?
El mayor se encontraba sorprendido ante las inocentes palabras del príncipe, riendo suavemente, sus ojos brillaban con más amor del que se podía ver en ellos. Un amor eterno al niño que juro proteger aquél día que observaba las flores.
Bojji se encontraba extrañado por su risa, entonces el mayor notando su expresión, decidió decirle lo que su corazón sentía cálidamente en aquel momento.
"Con que pueda estar a su lado, eso es más que suficiente para que me vuelva a sentir bien"–
Su sonrisa era, para Bojji, la más linda que había visto en su vida. Y casi, casi le hacía caso en lo que le pedía.
Aún así, algo en su mente le decía que no estaba bien dejar solo al maestro de la espada.
Lo volvió a mirar, el hombre no se había movido un solo milímetro en su lugar, y eso le había preocupado.
¿Y si era algo malo, el que estuviera así por bastante rato?
Su rostro mostró nerviosismo, lo que el espadachín notó y confundió casi inmediatamente.
"¿Te duele?"–
El rubio dudó en responderle, pero al final, no podía contra la tierna y preocupada mirada del menor, ya le era imposible mentirle a él.
Y con las manos en la masa, simplemente decidió decirle la verdad, y a su vez intentar evitar que se siguiera involucrando más.
Rogaba para que al final del día no se acabara arrepintiendo de lo que podría pasar.
--------------------------------------------------------------------------
El asunto había escalado demasiado pronto para que su mente pudiera pararle en el momento, y aquello sido resultado demasiado tanto para el joven príncipe y para él, y eso era obvio, ya lo sabía y aún así quería continuar. El que no se pudiera mover simplemente señalaba lo obvio para el niño.
Y Doumas no podía describirlo, simplemente el indescriptible placer de sentir al menor en aquél lugar que sentía tan sensible, era un placer proveniente del mismo cielo.
Para el pelinegro, el miembro del rubio había resultado ser demasiado. Pero aún así, al rubio le había parecido linda su insistencia a seguir, a continuar con aquella tarea difícil para alguien tan joven y puro como él. El príncipe mayor.
Y Bojji pesar de no poder tomar totalmente el miembro del rubio, no quería rendirse, tomando lo poco que podía de aquél genital en su pequeña boca, lamiendo desde la base hasta la punta.
Aunque eso hubiera parecido poco para otros, para el rubio mayor aquellos leves toques de la lengua del menor le provocaban las mayores chispas en todo su ser
Una sensación prohibida, innombrable, un regalo del mismo cielo de parte de un bello ángel a un pecador como él.
Intentaba contenerse, de no ir duro contra el niño, de accidentalmente lastimarle y de no soltar algún sonoro ruido que a ambos los pusiera en evidencia en aquel momento.
Mientras se mordía los labios, intentando por todo no sacarse sangre con la fuerza que aplicaba, el Príncipe Bojji parecía saber que iba por buen camino, lamiendo con más entusiasmo el erecto miembro del hombre.
Sintiendo ahora en sus labios una extraña sensación pegajosa, que era en realidad el líquido preseminal del hombre, quién se intentaba cubrir con uno de sus brazos el rostro, mientras aún se apoyaba con el otro, estando totalmente rojo y jadeante, distinto a como acababa después de los entrenamientos.
Para Bojji, verlo así era algo nuevo, a su maestro, anteriormente siempre estoico, soltando mil y un jadeos por él.
Quizá por mero instinto, empezó a tomar con cuidado la punta de la cabeza del mayor, intentar ir más allá sería muy difícil para él.
De repente sintió un tirón leve en su cabello, Doumas tiraba con su mano normal para intentar apartarlo de su miembro.
El hombre sabía que no le quedaría mucho tiempo, sintiendo cada poco los espasmos de la boca del menor en la punta, y esa sensación le llevaba a un punto de la locura enorme.
Si mente aun le insistía que debía controlarse, contenerse, no debía avanzar más con el príncipe, que no debió permitir que aquello sucediera. De entre todos esos pensamientos en su cabeza, tenía uno más claro que el resto.
No le iba a lastimar.
Bojji, no tomó eso como una advertencia, si no como una forma de incitarle a seguir, y siguió tomando lo que su boquita le permitía tomar del miembro del mayor.
Hasta que sintió al mayor temblar en incontrolables espamos, tomando sus cabellos de la forma más suave para que el pelinegro pudiera tomar solo un poco más de su falo.
Bojji sentía como algo cálido se derramaba en su boca. Apartándose cuando sintió que era demasiado y se ahogaría, bastante del pegajoso líquido, que era blanco, había caído en él, algunos, estaban en su rostro, otros, habían logrado caer en su cabello, y otros que manchado su ropa.
No sabía como es que lucía, pero el mayor cuyo rostro parecía arder estaba en un tremendo estado de pánico, murmurando mil y un perdones sobre si se había propasado, y frenéticamente buscaba algo con que limpiar al príncipe.
Bojji, confundido por su accionar, simplemente se retiró lo que sentía en su rostro a llevarlo a la boca, está vez se aseguró de tomarlo todo lo y no dejarlo caer.
Doumas quien había notado su acción y había miserablemente fracasado en evitar que siguiera, no sabía si eso había incrementado el calor de su cuerpo, o su sentimiento de culpabilidad por corromper al príncipe de tal forma.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Ahora, estando de rodillas en el suelo, verificando que todo rostro del acto ocurrido momentos antes, le prometió que le lavaría la ropa más tarde, no estuviera más en el príncipe, su mente le empezó a insistir con una verdad.
Que definitivamente no era nada merecedor del perdón del príncipe.
Por más que le tenía jurado su eterno amor, que le protegería hasta el final de sus días. Era un inútil, era simplemente de lo peor al haber corrompido su inocencia, y por no haberle parado al momento.
Y su mente, empezó a insistir en un escenario en dónde apenas levantando su mirada, el príncipe le volviera a mirar con aquellos ojos aterrorizados, el cual su mente le hacia rememorar en sus pesadillas, o incluso, una mirada de desprecio, algo que Bojji jamás debería sentir.
Más sin embargo, nada fue como pensó, su mente no espero recibir tal inocente gesto.
El príncipe Bojji, abrazándolo, con sus manitas acariciándole los rubios cabellos, Doumas teniendo su rostro apoyado en su pequeño hombro.
El hombre simplemente no pudo evitar derretirse en las suaves caricias contra sus cabellos, abrazando al menor con todo el cuidado del mundo, prontamente sollozando y murmurando su nombre.
Una vez más, volvió a jurar que protegería a su luz de todo aquél que quisiera lastimarle, incluso se enfrentaría a los mismos dioses.
