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Keisuke no habría podido contar las horas en que vio a su mamá llorar, ni aunque se lo hubiera propuesto. Pero esas lágrimas se transformaron en rabia y regaños más rápido de lo que vio venir.
Quizás, ella habría sufrido menos si la sentencia lo hubiera condenado a dar un largo paseo en el reformatorio, pero el juez fue más “blando” de lo esperado: una multa. Una multa que les venía como anillo al dedo a una mamá soltera, un hijo que no generaba ningún ingreso, y a un pago indefinido de arriendo en un apartamento de mala muerte.
Una vuelta por el reformatorio habría significado que su mamá habría estado tranquila en casa, y Keisuke siendo mantenido por el estado. Pero no. La pequeña familia de los Baji, y específicamente Keisuke, había adquirido el compromiso inevitable de pagar los daños del vehículo que el chico incendió intencionalmente tras tener un mal día, más una multa para enseñarle algo de respeto por la propiedad ajena.
Aquello no hizo más que trasladar su gusto por el fuego a otros espacios, controlados evidentemente, y además encender las llamas de la cocina pasó a ser una obligación más que un pasatiempo, y todo eso que para Keisuke era un deber, dejaba de ser interesante.
Así que, pasados los meses, la señora Baji ya casi que se había olvidado del asunto, pero en realidad simplemente se había adaptado a una nueva rutina. Después del colegio, Keisuke trabajaba en un local de comida rápida, incendiando la cocina con su carácter chispeante y juntando el dinero para pagar algo que no pensaba ni siquiera comprar para sí mismo, un puto auto de mierda.
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- ¿Pero qué mierda ese consolador, Tora? ¿A alguien de verdad le cabe eso dentro?
- No se llama consolador, Baji, ¿estoy hablando con un vejete o qué? Es un monster dildo, y el cuerpo humano puede llegar a hacer cosas increíbles. Un bebé es más grande que eso, en todo caso.
Lo primero que Baji pensó al ver ese juguete no fue precisamente en que entrara en un canal vaginal, Tora debería saberlo.
- Uhm… bueno, es cierto. Me asusta un poco
- Ah, pero mira ese vibrador, tiene forma de conejito – su amigo exclamó, emocionado. Apuntaba con el índice a un juguete rosado
- Es… tierno, a decir verdad
- ¡Qué hacen allí mirando, par de pendejos! ¡Fuera de aquí, vayan a ver dibujos animados!
El par de chicos corrieron como si los persiguiera la policía (tenían experiencia en ello) y salieron de ese callejón entre insultos y risas nerviosas. Nadie los había mandado a meterse ahí, pero después de pasar la tarde libre de Keisuke en el arcade, era natural ir a echar un ojo al sector en donde accedían en su mayoría adultos. Hacía tiempo que ese callejón los llamaba con una curiosidad irrefrenable por ver cosas que no debían.
Pese a que Keisuke parecía el de más experiencia entre los dos (se veía mayor, tenía más desplante con los adultos, le caía bien a las señoras), era bastante más inocente y de hecho era menor que Kazutora por unos meses, que se traducían en muchísimo menos saber del mundo, sumado a que aún era bastante infantil para algunas cosas. Le llegaban muchas cartas de amor en la escuela y propuestas para salir, pero prefería pasar la tarde con el gato de los vecinos. Kazutora siempre andaba con una revista porno en la mochila cuando visitaba a Kei, y el anfitrión nunca estaba del todo interesado en verlas, cosa que a Tora le costaba comprender, pero lo resumía en “ah bueno Baji es maricón” y ya no insistía.
Bueno, los saberes de Kazutora no eran los de una persona madura tampoco. Aprender de sexo mirando porno era garantía de una educación sexual peor que deficiente, pero a Keisuke sí le sorprendía que supiera tantas cosas. Nombres de barrios dedicados al comercio de lo sexual, calles, tiendas, juguetes, prostíbulos, chicas dedicadas a ello, centros de masajes con final feliz, y un montón de cosas de las que Keisuke quizás nunca habría sabido por cuenta propia a esa edad.
Mientras caminaban por los callejones, llegaron a un lugar donde había chicas de pie, muy quietas, como maniquíes detrás de unas vitrinas. Baji no había visto algo como eso, todas ellas se veían muy bonitas, con trajes de maid y lolita, colores pasteles, cintitas, lacitos, y sonrisas.
Ellas brillaban con destellos, las mejillas rosadas, gloss labial con glitter, pestañas largas preciosas, y miradas de muñeca.
- ¿Quieres pedir los calzones de alguna, o…?
- ¿Eh?
- Te veo que las miras mucho – Kazutora movió las cejas de arriba abajo, casi con ritmo.
- Son lindas
- Puedes pedir que una te venda sus calzones, pero no sé si es lo tuyo, Baji. Aunque te apuesto lo que quieras a que entremedio hay chicos.
- ¿De eso se trata?
- Claro, es un burusera. Vas, pides a una chica, pagas, y te pasan el calzón que está usando. Si pagas más puedes ir con la chica a pedirle que pose y te dé su calzón así cara a cara.
- No me sorprende que sepas tanto de esto
- Sólo soy un hombre de cultura. La verdad, no pagaría por una cosa así, es caro y puedo yo mismo conquistar a una chica y quedarme con su ropa interior
- Las chicas huyen de ti, Tora – Baji blanqueó los ojos
- Claaaro, como tú eres popular te burlas de mí. Esas chicas no tienen idea del ridículo que hacen enviándote cartas, ¿por qué no le das la oportunidad a una al menos?
- Ya sabes…
- Chifuyu Matsuno. Lo sé. – Kazutora suspiró, rendido.
Baji suspiró también. De sólo escuchar su nombre podía visualizarlo de la forma más preciosa en su cabeza, como un verdadero príncipe. Mucho más hermoso y destellante que cualquier chica con ropas lindas y maquillaje pastel. Tenía los ojos más bonitos que hubiera visto, de un tono entre verde y celeste como las aguas claras de un manantial. El cabello no era rubio natural, pero le quedaba tan bien como si hubiera nacido para llevarlo así. Una piel rosada y suave como ninguna, tan distinta a la suya; una complexión delicada y blandita, y a su vez, Chifuyu tenía un carácter algo áspero a veces, que contrastaba con su apariencia. Era el perfecto equilibrio entre la dulzura y la fuerza.
Chifuyu era su adoración. Pero él no tenía cabida en los pensamientos del chico. No había manera de que fuera correspondido, ni en un universo paralelo, porque Chifuyu soñaba con un romance shoujo con una chica tímida y sencilla.
Dejó salir otro suspiro para dejar de ahogarse en sus ensoñaciones.
- ¿Cuándo vas a decírselo?
- JAMÁS, Kazutora.
- Así nunca tendrás sus calzones.
Baji lo miró con seriedad. Él tenía una mirada muy dura, no por nada mucha gente le tenía miedo, pero, así como reaccionaba con intensidad al enojarse, también lo hacía cuando estaba de buen humor, así que terminó riéndose y dándole una amistosa palmada en la espalda a Tora que casi lo tira a piso.
- No quiero su ropa interior, Tora, yo quiero su corazón
- Maricón
Ambos se echaron a reír y caminaron hasta la casa de Tora, que vivía más cerca.
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Pensar en Chifuyu era motivo de mucha distracción. No bastaba con reunirse con él casi todos los días en el edificio y la escuela (porque al universo le encantaban las casualidades y el par vivía a unos escalones de distancia en el mismo complejo de apartamentos e iban al mismo colegio), sino que también salían bastante a todas partes. Se juntaban en los recesos, en el almuerzo, y en las tardes en que Keisuke no tenía que trabajar. Básicamente pasaba el 90% del tiempo con Chifuyu y el resto, pensando en él.
En uno de esos breaks, se quedaron viendo por más segundos de lo que normalmente se permitían. Baji adoraba hundirse en los ojos claros de Chifuyu, y deseaba con poder detener ese instante, como una fotografía al tiempo.
- Tienes el cabello muy bonito, Baji-san
El comentario lo tomó por sorpresa. No por la formalidad, Chifuyu era excesivamente respetuoso con porque según él, Baji era un año mayor y debía tratarlo como merecía por su experiencia y madurez (que Baji no estaba ni cerca de alcanzar). Sí lo sacó de su normalidad ese cumplido inesperado. ¿Su pelo era bonito? Su mamá decía lo mismo, pero toda mamá siempre tendría palabras lindas para su hijo, ¿no?
Chifuyu era amable, siempre. Pero ese comentario alimentó todas las esperanzas e ilusiones de Keisuke.
- ¿Tú crees? He pensado en cortarlo – confesó, con las mejillas rojas.
- ¡No! No lo hagas. Se ve bonito así largo, es sedoso, y se ve suave. Es más bonito que el pelo de las chicas
- Hm… entonces no lo cortaré
- ¿Te he convencido tan fácilmente? – Chifuyu deja salir una sonrisita. Sus mejillas están rosadas.
- Uhm… es que no sabía realmente cómo me vería mejor – respondió, el color de su rostro a juego con el de Chifuyu – porque en general no me importa, pero… si lo dices tú…
- ¿Uhm?
Chifuyu abrió unos ojos grandes, y en ese momento sonó el timbre para volver a clases. Baji se apresuró en volver a la sala como si realmente hubiera visto al diablo. Una vez sentado en su pupitre, respiró hondo para aplacar los latidos desesperados de su corazón.
Pasó todo el resto de las clases sin poner ni un miserable punto en su cuaderno, y con sus pensamientos colmados de Chifuyu.
Al llegar a casa, Baji estuvo mirándose en el baño, desnudo. De espalda, si encogía sus hombros, podía parecer una chica. Algo flaca, dura y sin culo, pero, bueno, una chica, al fin y al cabo, algunas de sus compañeras tampoco tenían tetas ni trasero. Si torcía un poco su cabeza, dejando ver su perfil entre su cabello, su nariz respingada se veía delicada. Él no era nada feo de cara, y aunque parecía que estaba siempre enojado, era dueño de una nariz bonita y ojos almendrados muy atrayentes.
A quién quería engañar, no tenía nada que lo hiciera verse como una chica, sólo el pelo largo y ni siquiera era un motivo de peso, Ken también tenía el pelo largo y muchos otros chicos también.
Pero bueno, Keisuke no quería ser una chica, ni para gustarle a Chifuyu. Deseaba ser correspondido por quien era, sin cambiar nada.
Pero… probarse un vestido no estaría mal, ¿o sí?
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Debía recordar bien en donde iba cada cosa. La blusa blanca con volados en las muñecas y el vestido gris de oficina y fue lo primero que tomó, en ese orden. Luego estaba el vestido rojo ajustado que su madre había usado el año nuevo pasado. Ella se vio deslumbrante esa noche y con el parecido que tenían entre los dos, Baji aseguraba que él se vería igual de bien. También había un vestido a rayas con el que su madre presumía su figura espigada por los pasillos del edificio, haciendo girar las cabezas de los vejetes de los demás apartamentos.
A Baji le irritaban esos viejos degenerados y mirones, más de una vez se había tenido que aguantar las ganas de darle una paliza a uno. Las señoras alegaban que “la Baji es desvergonzada y coqueta” pero su madre sólo era una mujer alegre y bonita, ¿qué culpa tenía?
Keisuke terminó de ponerse el vestido de oficinista sobre la blusita y el cierre de la espalda no le llegó hasta el final, pero viéndose de frente en el espejo, y dejándose caer el pelo largo a ambos costados de la cara, tapando un poco su mandíbula dura, podía parecer una linda chica asalariada. Se puso unos tacones negros, y no fue difícil estar de pie ni caminar con ellos, pero el dedo pequeño le molestaba bastante allí confinado a estar aplastado.
- Desvergonzada y coqueta, así son madre e hija Baji – se dijo a sí mismo en el espejo, y luego sonrió. Agh, esos dientes, esos colmillos prominentes, su madre no había podido pagar la ortodoncia que le había prometido a causa de la maldita pobreza. – No importa, la secretaria Baji es seria y no sonríe. – dijo, volviendo a hablar solo. Era divertido hasta que caía en cuenta que siempre había estado bastante solo en casa y ya hablar consigo mismo era lo normal.
Cuando pequeño, se había pintado los labios una vez y fue imposible esconder que metió mano en el maquillaje de su mamá porque no se le ocurrió nada mejor que morder la barra labial y comérsela. Le cayó un palmetazo en la cabeza que nunca olvidó y esos deseos reprimidos de pintarse los labios pasaron al rincón más oscuro de su inconsciente. Pero ahora no era tan estúpido, no se comería un lápiz labial, qué criminal hacer eso, no. Pigmentó sus labios con rojo, casi profesionalmente, y se miró al espejo.
- Hm… el rojo hace ver más lo desperfecto de los dientes – dijo frente a un espejo redondo pequeño. - ¡Ah! Chúpate esa, Mitsuya, se más de estas cosas que tú – afirmó, engreído y con seguridad, y se quitó el carmín con una toallita con crema. Sus labios quedaron de un tono más rosado que lo normal, pero si verse tan llamativamente rojos.
Con cuidado, se quitó la ropa de su mamá y la dejó sobre la cama. Luego se probó el vestido rojo. Le dio risa verse en el espejo y reconocer a su mamá, aunque con el cuerpo tableado y duro. No se veía nada mal, pero quizás parecía muy mayor.
- Quiero parecer una chica linda para Chifuyu, no quiero parecer su tía o algo así – gruñó
Finalmente, con el vestido a rayas se veía mejor. Parecía un look de verano si se amarraba el pelo en una coleta hacia el costado, si cogía un sombrerito y una cartera pequeña. Ah, sí, look perfecto. Se paró quieto frente al espejo grande del cuarto de su mamá, y se visualizó tal cual como él se imaginaba que luciría en un burusera. Con una mirada dulce, disimulando el cansancio por estar de pie, y con una ropa interior bonita y limpia para entregarle a quien pagara lo que costaba aquello.
- Hola, ¿quiere mis panties? – se dijo a sí mismo, simulando, y luego de pronunciar eso, se avergonzó, de seguro ninguna chica del burusera decía cosas tontas como esa. Lo peor es que ni siquiera podía preguntarle a Kazutora cómo era el asunto, cómo había que actuar, qué había que decir, ¿o debía estar callado? ¿Debía usar una voz aguda, o su voz normal? Tenía la puta voz de Drácula, a nadie le parecería lindo eso.
Al soltarse el cabello, seguía pareciendo su madre y eso no era del todo emocionante. Ordenó todo tal como estaba y volvió a su cuarto, y se quedó allí, desnudo sobre la cama, contemplando lo que acababa de hacer.
Eso había cruzado el límite.
Imaginarse a sí mismo con un vestidito no estaba mal, de seguro no era el único de sus amigos que lo fantaseó alguna vez. Rayos, si hasta Mikey el año pasado se puso un vestido de caperucita roja en Halloween y nadie le dijo nada. Ah, claro, gran detalle es que ese precisamente era el límite, esa delgada línea entre lo que es un disfraz y lo que es parte de un atuendo cotidiano. Mikey fue la caperucita esa noche de 31 de octubre, pero de seguro jamás usaría la ropa ni el maquillaje de su hermana en otro contexto.
Él acababa de ponerse la ropa de su vieja pensando en cómo se vería vestido de chica para enamorar a Chifuyu, y, si eso no era lo peor, también se imaginó ofreciendo su ropa interior en venta.
Lo de enamorar a Chifuyu era una burda fantasía que no se cumpliría jamás, eso estaba claro, así que Baji quería pensar que sólo fue un lapsus de su mente que no debía ser tomado en serio. Pero lo de vender los calzones no sonaba tan descabellado. O sea, sí, era terrible, nadie debía saberlo jamás, sería su secreto mejor guardado bajo siete llaves, pero… tenía sentido, era un trabajo como cualquiera, y ¿qué otra cosa Baji necesitaba con ahínco (que no fuese Chifuyu)? Pues, plata. Mucha plata, la suficiente para comprar un auto y pagar una multa.
Suspiró derrotado. Eso tampoco se haría realidad. Había estado fantaseando toda esa tarde, en vez de aprovechar el día libre de trabajo en algo más productivo. Sólo quedaban quince minutos para que su madre llegara, así que corrió desnudo por la casa hacia la habitación de la mujer a revisar una última vez que todo estuviera en su lugar, y así era, ningún detalle acusativo, ni un milímetro de diferencia que lo delatara. Todo lucía perfecto, tal como su madre lo había dejado antes de salir al trabajo.
Ella llegaba tan tarde, toda cansada y con los pies rojos, quizás ni siquiera notaría que alguien se metió en sus cosas. Keisuke siempre le hacía un té y le tenía pan caliente recién horneado, de esos congelados y pre-cocidos que vendían en el Seven/Eleven, y juntaba agua caliente en un lavatorio para que ella metiera los pies. Diablos, no había comprado pan, ni cebado té, ni preparado el agua, esa sí que era una jodida diferencia, y ya quedaban cinco minutos, estaba en bolas, y definitivamente no lo conseguiría.
Su mamá llegó, él estaba en pijama, la tetera aún no hervía y no había pan, pero puso a calentar arroz. Su mamá se derritió acostada en el sofá, y para compensar la falta de agua para sus cansados pies, Keisuke le hizo un masaje en ellos.
Diablos, trabajar en una oficina era horrible, ella tenía los pies con la piel toda raspada y roja. Latían en las manos de Kei. Pobrecita, no se quejaba de nada, sonreía con cansancio mientras su hijo la agasajaba.
- Tengo el mejor hijo del mundo
- Estás delirando
- Nunca. Ningún chico de tu edad hace esto por su madre
- Ninguno quema autos tampoco – reconoció avergonzado
- Ya, olvídate de eso Keisuke – le elevó la voz. Ella podía ser dulce y amorosa pero también intimidante. – Te dije que tenías que pensar que estás juntando dinero para comprarte un auto y fwooosh, cuando pagues todo, será como si te compras un auto, pero no lo recibes, porque debes pensar que un chiquillo de quince años te lo quemó, y todo eso
Keisuke se quedó mirándola. - Vieja… eres bien enferma – le dijo, apretándole el pie, y la mujer pataleó - ¡Eso es peor que simplemente pagarlo y quejarme!
- Bueno, es para que aprendas tu lección. Tú ya sabes que ahora me lo tomo con humor
- Qué humor de mierda es ese…
- Del que a mí me gusta, Kei, es chistoso porque te ardes todo y en realidad, ya a nadie le importa, sólo tienes que trabajar y ya, el tiempo pasa rápido. Estoy segura que nadie te molesta por ello ni nadie te tiene miedo
Eso era cierto. En un principio sus amigos se habían cagado de la risa, los chicos de la escuela le tenían terror, los vecinos lo miraban con juicio y hasta Chifuyu lo veía diferente, pero todo aquello se había desvanecido en el tiempo, así como algún día lo haría su deuda.
Ella parecía tan relajada porque, pese a todo, confiaba en Keisuke y en su promesa de pagarlo todo sin que ella gastara ni un peso en ello. Sin embargo, ella seguía proveyendo un techo para él, su comida, todo lo necesario para la escuela y también le guardaba un dinerito aparte por si de repente Kei quería salir a la playa o al campo con alguno de sus amiguitos, así que, si ella lo consideraba el mejor hijo del mundo a pesar de sus cagadas, para él, ella era la mejor mamá del mundo no obstante su carácter sarcástico.
La tetera hirvió, como el canto de una sirena en los oídos de Keisuke, quien corrió a la cocina a apagarla. Estando allí, solo, preparando el té, pensaba si ella sí acabaría decepcionándose definitivamente si se enteraba de todo eso que tenía profundamente escondido en el closet de su alma, y si además llegaba a saber que Keisuke pensaba ponerle precio a esa intimidad.
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- ¿Le llamas hamburguesa a esta mierda?
La jefa estaba aplastando con una espátula de cocina un trozo de carne seco y medio negro que estaba sobre el mesón de aluminio. Keisuke la miró, agachó la mirada e intentó explicarse.
- No, o sea, si era una hamburguesa, pero se me quemó, voy a hacerla de nuevo, botaré esa, nadie la comerá
- Nadie la comerá, ¿eh? Precisamente ese es el problema, Baji. Que nadie la comerá. Esa mierda se irá a la basura. Eso es dinero a la basura.
Keisuke miró alrededor, y todos los empleados estaban mirando. Vamos, no era la primera vez que a alguien se le quemaba algo, o daba vuelta un vaso con bebida recién servida, o hasta una vez alguien desenchufó una nevera por error y se derritieron los helados y todos solidarizaron con su desastre, ¿por qué con él era distinto? ¿Fue porque era un delincuente al que le dieron una oportunidad? Nadie jamás le regaló nada, él postuló a su trabajo con sus sinceros antecedentes y pasó los filtros legalmente.
- Yo no voy a permitir que botes comida
- Vamos, jefa, se bota comida todos los días acá…
- ¿Qué estás diciendo?
- Todos los días botamos un montón de comida que sobra, usted siempre lo ha sabido-
- ¡No me hables de vuelta!
La saliva salpicó la cara de Keisuke y casi se evaporó al instante con el ardor de la cólera y esa cocina conoció más que una hamburguesa quemada esa tarde, porque el muchacho explotó como lo haría el gas licuado en el fuego, y todo ese sentimiento visceral que esperaba salir hacía rato de su interior, se esparció por todo el puto patio de comidas.
- ¡Métete la hamburguesa en el culo, vieja re concha de tu madre, no vuelvo a pisar esta cagada de local en mi puta vida! Tú cómetela toda, así como te la comes atravesada en la noche, ¡me voy de acá y no me vas a ver nunca más!
Se deshizo del delantal entre pataleos y manotazos intentando sacárselo, se quitó el gorrito con malla que sostenía su cabello, y los arrojó al piso con furia, y salió de ahí, una grosería tras otra, los insultos en escalada, nadie nunca había escuchado tantas formas de maldecir a una persona, su jefa pasmada y un silencio sepulcral, acompañaron su salida y veto definitivo de la tienda de comida rápida.
Corrió hasta casa y cuando llegó, se tiró sobre la cama a llorar y patear, toda la tarde. Dios, nunca en la vida lo recibirían en ningún trabajo, había escuchado a su mamá y la de Chifuyu hablar sobre cómo en los trabajos llaman a tu jefe anterior para saber cómo te portaste y mierda, Baji estaba condenado, jodidamente sentenciado a no tener un trabajo decente nunca más. ¿Vería su cara en todos los restaurantes con un cartel de “se busca”? ¿Sería conocido como una persona irrespetuosa con los mayores? ¿Y qué más le quedaba para el futuro? ¿Ser un mafioso? ¿Narcotraficante? ¿Prostituto? ¡No, por favor! Se jaló el cabello y siguió pataleando sobre la cama.
Las horas pasaron, y ya no tenía energías ni para molestarse. Para peor, ese día su madre llegaría antes y lo encontraría en casa y obviamente le haría preguntas, y él no le mentiría, no quería hacerlo, engañar a su madre era peor que agarrar a puteadas a una señora equis.
El momento llegó, y las preguntas no se hicieron esperar. “Estás temprano en casa hoy, Kei”, “¿no tenías trabajo hoy?”, “¿saliste antes?” y ya cuando el silencio comenzó a prolongarse demasiado, su madre plató los pies duramente en el suelo y le habló duro.
- ¡¿Qué pasa Keisuke?!
El muchacho empezó a llorar, en silencio. Sólo le caían las lágrimas por el rostro sin decir nada. A su madre no le molestaba que su hijo expresara sus sentimientos, no era alguien quien coartaría su llanto, pero sí le enervaba que no le respondiera y la dejara así, suponiendo cosas y haciendo conjeturas, porque en ese momento se estaba imaginando lo peor.
- Vas a decirme AHORA lo que está pasando
- ¡Me echaron! ¡Eso es! ¿Eso querías saber? ¡Me echaron, para siempre!
- ¿Qué hiciste?
Esa pregunta irritó más a Baji, él no habría hecho nada de no ser por la forma en que su jefa lo humilló.
- ¡¿Qué hice yo?! Tú me has dicho que si me humillan yo me tengo que defender, y me defendí, le canté un rosario completo de puteadas a mi jefa, ESO HICE.
- Keisuke por la mierda no puedes darte el lujo de perder un trabajo – habló en forma seca. Ella estaba muy, muy seria, no como Kei solía verla.
- ¡No voy a seguir trabajando en un lugar en donde me tratan como un imbécil! ¡Y si tengo que putearla otra vez, lo voy a hacer!
- ¡Keisuke debes plata que tienes que pagar todos los meses! ¿De dónde vas a sacar dinero ahora?
- ¡No sé! ¡No séeee! ¡Ya déjame solo!
Keisuke empujó suavemente a su mamá hasta sacarla del cuarto, y cerró la puerta, mientras la mujer afuera seguía reclamando, y de seguro lo haría hasta el anochecer. Claro, ella era relajada y se tomaba con humor el delito de Keisuke mientras él demostraba ser un hijo responsable, pero apenas este se encontraba mal, ella le daba la espalda.
Por la noche, ambos hablaron y Keisuke lo vio de otra manera. Ella estaba preocupada, ella tenía miedo por él, ella no quería tenerlo lejos, en el reformatorio, y hasta asumiría su deuda, pagaría todo, pero Keisuke no lo permitiría, él le había prometido hacerse cargo de su delito trabajando y cambiando.
Iba tan bien, estaba ganando su dinero y siendo responsable. Su jefa siempre lo había mirado con desdén, pero ya qué importaba, podía con eso. Pero no aguantaría ser humillado y su madre lo entendió, una vez que estuvo más calmada y Keisuke le contó todo.
Se quedó dormido entre los brazos de ella, asegurándole que encontraría un trabajo y que pagaría todo, que por favor confiara en él, y ella lo haría, porque los Baji podían ser mal genio, explosivos, impulsivos, pero siempre eran sinceros, y, a decir verdad, sólo eran ellos dos, así que no tenían a nadie más que a ellos mismos.
卍
Apenas Keisuke salió del colegio, fue a mirar trabajos. Pasó a preguntar por allí a un taller de motos, en donde fueron muy amables con él, pero fueron honestos en decirle que no admitían a menores de dieciocho años. En fin, nada qué hacer.
Vio que, en muchas partes, incluido el edificio en donde él vivía, ofrecían trabajo como canguro cuidando niños. Si no tenía paciencia con los adultos, no se veía teniéndola con niños jodiendo todo el día, y definitivamente no estaba preparado para limpiar vómito ni lavar bacinicas.
Lo intentó también en una clínica veterinaria y tienda de mascotas, su trabajo soñado para su adultez, pero no había vacantes part time, buscaban a alguien a tiempo completo y a Baji aún le quedaba bastante tiempo en la secundaria. Finalmente, pasó por Akibahara y pensó en trabajar como vendedor, así podría entrar en el mundo de los coleccionistas de figuras de acción y los nerds de los videojuegos. Sonrió con más optimismo cuando pensó en que eso lo acercaría aún más a Chifuyu, ya que a él le gustaba ese mundillo, pero todos sus sueños se fueron al carajo al no encontrar vacantes y enterarse de que todos los chicos de su edad querían trabajar en eso, así que la competencia era difícil.
Caminó rendido por las calles, y fue como si un aroma lo guiara hasta la comida, como si un imán lo atrajera a aquel destino, como si una carnada lo llamara a esa recóndita boca de lobo escondida en la ciudad.
Caminó por fuera de los karaokes, los bares, en donde ni se molestaría en preguntar por trabajo porque no podía laburar de noche, hasta llegar allí, al lugar en donde Kazutora le abrió los ojos a un nuevo mundo: los burusera.
Paseó por ahí, durante varias tardes, así como que simplemente pasaba por allí. Le resultaba irónico no poder trabajar en un taller de motos por ser menor, pero, vender calzones era completamente aceptable, es decir, esas chicas se veían jóvenes, como de su edad y quizás otras veinteañeras, pero la mayoría eran solamente chiquillas.
Se hizo común pasar por allí, aprovechando que Chifuyu estaba de semanero haciendo aseo en la escuela esas dos semanas. Estando solo, podía fantasear viéndose a sí mismo al otro lado de la vitrina, con un vestido de Gothic Lolita o de marinera, todo bonito y dispuesto, y sonrió al imaginarse así. Su sonrisa se esfumó al darse cuenta de que estaba perdiendo tiempo como un idiota en vez de buscar un trabajo real, y ya no le quedaba tiempo.
- Bienvenido a Cute Lolita
Baji se quedó helado al escuchar que lo habían descubierto y le estaban hablando, quien parecía ser el dueño del lugar.
- Uhm…
- ¿Primera vez?
- Uh…
- ¿Nunca has estado en un burusera?
Baji se quedó en silencio. Debía confesar que había pasado por fuera más veces de las que el pudor le permitía confesar.
- Esas chicas venden la ropa interior que llevan puesta.
Sí, sí, Baji ya sabía todo eso, pero no podía más que fingir inocencia.
- Eliges a la chica y recibes sus bragas. Es un espejo de un solo lado. Ellas no te pueden ver. – el tipo movió las cejas. – Sólo anota el código aquí. – le dijo entregándole un tablero con un documento. - Si quieres ver a una chica personalmente, es una tarifa extra por namasera. Entras a un cuarto privado, tienes cinco minutos en donde eliges tres poses del catálogo, puedes hablar con la chica por intercom, y al final te entrega sus bragas a través de una ventanilla. ¿Está bien?
- No… no quisiera… no tengo dinero.
La gracia costaba 4000 yenes en el modo básico. Namasera podía ascender a 8000. Wow, ser un pervertido costaba caro.
- Bueno, cuando puedas.
El hombre se disponía a entusiasmar a otro cliente cuando Baji lo interrumpió.
- ¿Yo no puedo vender mis bragas?
El tipo soltó una risa – Ppppffttt. ¿es en serio? ¿Quieres agarrarme para el chiste, crío?
- No… de verdad, es que tengo una deuda
- No es mi problema
El tipo jamás le daría trabajo a alguien como él, había sido una estupidez atreverse a preguntar. Debía salir de allí cuanto antes porque la vergüenza lo estaba matando en vida, pero tortuosamente, siguió rogándole. Diablos, no iba a conseguir ningún trabajo, ni en un año completo.
- Por favor
- No tienes ningún puto encanto
Baji se avergonzó ya a más no poder, esa era una humillación de la cual no podía defenderse, porque de seguro era verdad. Quizás por eso Chifuyu nunca se fijaría en él. Nada en él era remotamente interesante, había repetido un año, era un tontorrón, apenas leía bien los kanjis, tenía fama de delincuente, le gustaban los chicos, quería vender calzones, diablos, con cada característica restaba más y más puntos.
No podría trabajar en esa mierda, ni en ninguna otra puta cosa, ni jamás podría enamorar a Chifuyu. Estaba acabado.
- Disculpe
Baji volteó y caminó para irse de ahí. No servía ni para vender calzones, carajo, eso le daban ganas de quemar otro auto, pero si volvía a meterse en problemas, acabaría en la correccional. ¿Era ese su destino? ¿Estar encerrado lamentándose? Probablemente se lo merecía.
Repentinamente, sintió un agarrón fuerte en el brazo y cuando ya preparaba el puño para golpear a quien lo estaba tironeando, se dio cuenta que era el tipo del burusera.
- ¿Eh? ¿Qué quiere?
- ¿Cómo voy a contratar a alguien delante de un cliente? ¿No te parece sucio?
- Uhm… ¿le da vergüenza? ¿Aun con todas las chicas que tiene ahí? – Baji sonrió confundido, era contradictorio hacerse el santo si todos sabían para qué era ese local. El dueño lo miró fijamente, internándose en sus ojos como si fuera dueño de todo el lugar y de todos los cuerpos y almas que se atrevían a hacer tratos con él.
- Tienes la voz demasiado gruesa – el hombre como que arrugó la nariz, y luego lo miró con una coquetería repugnante. –, pero tienes los dientes chuecos, es la sonrisa más inocente que he visto, a todos les va a encantar. Esos colmillos tuyos hacen que tus labios se vean como con un mohín precioso. Y tu pelo… es hermoso. ¿no te molestaría ponerte un vestido? ¿hacerte coletas?
- No estaría mal. – intentó aparentar seguridad e indiferencia, pero en su interior su corazón daba retumbos. - De lo que cobra, ¿cuánto es para mí?
- 60 por ciento
Baji sacó cuentas en su cabeza. Era malo para la clase de japonés, pero las matemáticas no se le daban tan mal. - Hmmm… es bueno, mucho más que la comida rápida, y no me causa ningún problema todo eso de venderme, ¿sabe?
- Tranquilo – sonrió el viejo, como sabiendo que, en realidad, bajo esa fachada de seguridad, Baji estaba aterrado como un cachorrito. – No hay nada ilegal aquí, ni tampoco eres una puta. Ven, pasa a probarte un vestidito.
- Ando con boxers
- No trabajarás hoy. – le habló como si fuera estúpido. - Sólo pruébate la ropa.
Baji pasó a un cuarto privado a probarse lo que el tipo le entregó en unas bolsas. Eran vestidos de Gothic Lolita y Maids, como las chicas de la vitrina. Estaba todo perfectamente planchado y doblado, y con un rico aroma a suavizante. Sacó cada una de las piezas con delicadeza, y primero los puso delante de su cuerpo, como visualizándose con los vestidos puestos, pero sin ponérselos realmente. Estaban preciosos, tenían muchos detalles intrincados y a Baji le encantaban. Siempre le habían llamado la atención las revistas de Gothic Lolita porque los trajes, tanto de mujeres como de hombres, eran hermosos, elegantes y muy detallados.
Ya se dejó de desvariar y por fin se quitó la ropa y se los probó, y siendo honesto consigo mismo, se ve increíblemente bonito. Claro, tenía las piernas peludas pero una rasurada y asunto arreglado. Se recogió el cabello en una coleta, luego en dos coletas también, y se veía muy lindo, al punto de querer llevarse los vestidos a casa, pero eso lo metería en más problemas que los que ya tenía.
Mejor buscó ideas menos peligrosas, así que se imaginó con un look completo, con calcetas largas, portaligas, zapatos con plataforma, y quizás con algo de maquillaje natural para resaltar sus rasgos.
- ¿Y cómo te ves? – se asomó el viejo por la puerta. – Precioso, espero que tengas varios clientes.
Baji no esperaba un cumplido de alguien que parecía tan crítico, así que, si lo decía, debía ser verdad. Era como escuchar un cumplido de Mitsuya.
- ¿Hay más chicos verdad? Creo haber visto un símbolo de mujer u hombre en las etiquetas, aunque todos parecen chicas
- Sí, hay chicos. No tenemos por qué mentirles a los clientes.
- Claro.
- Tienes que estar siempre relajado, sonriente, dispuesto, complaciente. Si piden privado, les dices tu nombre, edad, y las cosas que te gustan. Trátalos como si les tuvieras cariño, y ya. Ya relájate.
Cuando el tipo cerró la puerta, Baji notó como sus manos temblaban. No tenía control sobre aquella respuesta de su cuerpo, estaba aterrado, esto era dar un paso del que no podría retroceder, el límite, lo que había pensado antes, cuando se probó la ropa de su mamá. El disfraz, versus la identidad. Sólo sería un trabajo, pero lo disfrutaría bastante más que cualquier otra labor. ¿De verdad estaba dispuesto a hacerlo? ¿Qué tal si salía por la puerta y decía que mejor se arrepentía? Quizás podría trabajar bien como camarero o haciendo aseo en baños, pero no ganaría ese dinero jamás.
Suspiró y se decidió.
Lo haría.
Se puso su ropa, y salió del vestidor, se despidió cortésmente del dueño, quien antes de que se fuera le dijo “no olvides comprarte calzoncitos. A nadie le gustan los boxers acá”.
Bueno… tendría que hacerlo. No sabía exactamente qué talla era en calzones de chica, ni quería gastar demasiado, para aprovechar las ganancias, obviamente. Pasó a una multitienda y compró calzoncitos en pack de 4, estaban lindos, con blonditas, encajes y dibujitos lindos. Se imaginó siendo sorprendido por Mikey o Draken, o Mitsuya, sus amigos de hace años, así que si le preguntaban les diría que son para su vieja. A nadie le llamaría la atención, los Baji se tenían la confianza suficiente como para que él le comprara ropa interior, toallas higiénicas, y ella le ponía condones en el velador (los cuales estaba coleccionando porque no la ponía ni por lástima). Mikey de seguro se quejaría de que su abuelo jamás sería así de confiado, y Ken y Mitsuya, bueno, ellos eran más maduros que otros críos, Ken prácticamente vivía como adulto y esas cosas no le sorprendían, y Mitsuya convivía con puras mujeres, entonces no era tema para él.
Si se topaba con Kazutora, el pendejo se burlaría y haría sus comentarios de siempre, como las burradas que jamás diría delante de la madre de Keisuke, presumiendo saber cómo eran los calzones de la MILF más bonita de Tokyo, porque vivía enamorado de la señora Baji. Kei siempre le recordaba el parecido entre mamá e hijo y Kazutora se asqueaba. Sí, de seguro pasaría algo así.
Pero bueno, nadie se cruzó por su camino, así que, casi llegando a casa, pasó encapuchado a comprar también unos sostenes a un supermercado, pues llevaría el look completo. Esperó pacientemente a que su mamá estuviera dormida, y se probó las tanguitas y los sostenes. Su culo pequeño y delgado lucía bien con las blondas. Podía ser plano, pero era un culo elegante. No sólo se miró por detrás. El bulto de su pene se veía bien contenido e insinuante, mostrando lo necesario para despertar el interés, y lo suficiente para mantenerla.
El brassiere era toda una experiencia nueva, algo incómoda, pero su pecho lucía bonito así, con las curvas bonitas de un escote que, de seguro, los chicos no se atreverían a experimentar en carne propia y vaya que se perdían de algo emocionante.
Hacía falta ser más osado, así que definitivamente lo hizo, probó a ponerse en cuatro frente al espejo, y notó como por atrás se veía muy bien, pues el culo daba la ilusión de ser más grande y gordo, y el bulto se veía bonito entre sus piernas. Así también, en ese ángulo, pareciera ser más acinturado y le gustó mucho verse así.
Se volteó, quedando sentado en el piso, sobre un costado de su cadera y con las piernas dobladas y juntas, como una señorita sentada sobre una manta en un atardecer de picnic. Tocó su pecho, lentamente, y arrastró el sostén hacia abajo, mostrando sus pezones sin quitarse el sujetador por completo. Le gustaba eso, mostrar piel, pero no dejar que se viera todo, siempre mantener ese misterio. Por ejemplo, Kazutora nunca se quitaba la camisa, pero a veces la llevaba abierta o caída, mostrando las clavículas y los hombros, y eso le resultaba muy sensual, sólo que Kazutora no despertaba deseo en él, pero sí debía reconocer que era un detalle coqueto y llamativo.
Pero no pensaría en nadie más, sólo en lo increíblemente bien que le quedaba la ropa interior femenina y lo excitado que estaba sintiéndose consigo mismo.
Sus manos viajaron del pecho al abdomen, y esa era una parte que adoraba de su propio cuerpo. Hacía ejercicio por ese bien mayor, porque le gustaba comer bastante y un abdomen plano no se conseguía haciendo nada por ello. Se había esforzado para que se viera así, y le gustaba mucho. Quizás un piercing en el ombligo le quedaría lindo.
Lentamente fue pasando sus manos por sobre el panty. Se empezó a tocar el pene por encima del calzón, notando que ya estaba endureciéndose sin haberlo rozado siquiera. Realmente le gustó ver como su polla hacía fuerzas bajo la tela, moviéndose, palpitando, hasta crecer lo suficiente como para salir solito por sobre la blondita del calzón. Cuando ya estuvo completamente erecto, se podía ver casi completo por fuera de la prenda, la cual no podía cubrirlo ni contenerlo.
Sus dedos largos se abrazaron a la verga, primero despacio y muy suave. Mojó las yemas de sus dedos con algo de saliva y estuvo acariciando el frenillo en forma tan lenta, que le sorprendía ser capaz de mantener la erección con tan poca estimulación táctil. Es que nunca había estado tan caliente, a decir verdad, nunca su propio cuerpo le había resultado ser objeto de tanto deseo. Se preguntó si a Chifuyu le gustaría, si halagaría su ropa, si le pediría posarle, si le diría lo bonitos que eran sus pezones morenos, así duritos y escapándose del sujetador, si le pediría tocarse más fuerte. Keisuke lo visualizó en su cabeza, toda la escena, Chifuyu frente a él, sin ponerle ni un dedo encima, admirándolo, repitiendo cuánto le gustaba, y pidiéndole tocarse más.
Abrió los ojos, por reflejo, y la fantasía se murió (al igual que su verga) de sólo pensar en que Chifuyu probablemente creería que es un freak y asqueroso, usando ropa de mujer en secreto, masturbándose viéndose a sí mismo, pensando en él, y estando dispuesto a vender su ropa interior.
Ugh, que sensación más incómoda el estar terriblemente caliente y con la verga toda dura, y no poder acabar, simplemente no pudo, y las ganas quedaron ardiendo bajo la piel.
Pero bueno, aún no ha hecho nada. Aún no es momento de sentir asco por sí mismo. Se da una última ducha (ya había perdido la cuenta de todas las veces en que se había duchado ese día) y se depiló los brazos, las piernas, las bolas, el ojete, y se rebajó el vello del pubis. Se probó la ropa interior una vez más, y así todo lampiño le gustaba más, pero ya no había ánimos ni para admirarse una última vez en el espejo.
卍
Su primer día laboral en Cute Lolita llegó demasiado rápido. Keisuke fue bien preparado a la escuela, con los calzoncitos puestos y llevó escondido un sujetador (aunque eso no era necesario) en la mochila. No lo había pensado antes, mientras se ponía el panty en casa, lo complicado que sería ir al baño. Los compañeros tenían una fijación con mirarse el pene en los urinarios, Baji jamás lo entendería, y eso que a él le gustaban las vergas, pero no quería ver las de sus compañeros. Esos heteros eran tan raros con sus cosas, pero, en fin. Pasar a los cubículos a mear era objeto de burlas también, así que se aguantó las ganas de mear en los recreos y fue en clases, para no toparse con nadie.
Como el destino siempre le tenía preparadas las sorpresas más ingratas, justo se encontró con Chifuyu en el baño, quien iba recién entrando para orinar. Él nunca parecía tener vergüenza delante de Baji, así que usó el urinario como de costumbre, pero Baji pasó al cubículo. En ese momento prefería que Chifuyu creyera que estaba cagando antes que le vea la ropa interior. Y el chico todo confiado le hablaba desde fuera del cubículo mientras Baji lo escuchaba mear, y parloteaba sobre Peke J y la comida nueva que estaba probando, sobre un idiota de su curso al que no le gustaban los gatos y Chifuyu no podía perdonarle tal osadía, y así, un millón de cosas porque así era Chifuyu, una bomba de confeti que explotaba en entusiasmo y llenaba todo de alegría, hasta en los momentos más inauditos.
Y así con toda naturalidad le conversó y luego se fue, tan sencillamente como llegó. Baji revisó su ropa interior antes de salir, tocándola y olfateándola. La tela olía un poco a nuevo, y a un sudor leve, que para él no era desagradable, pero bueno, son sus propias bolas después de todo. Que otra persona lo oliera era un mundo de diferencia que a Baji le costaba dimensionar.
La jornada escolar pasó como un jet cruzando los cielos. Al salir de la escuela, Chifuyu fue hasta su sala y eso era todo lo que Keisuke estaba queriendo evitar, encontrarse con él. Además, estaba tan entusiasmado con ir al arcade que Baji de verdad dudó si ir a trabajar, pero debía hacerlo. Se excusó con que tenía que buscar trabajo, porque supuestamente no le había ido bien en esos días en la búsqueda.
- Te acompaño, Baji-san
- No Chifuyu, te aburrirás si vas conmigo a algo así, buscar trabajo es aburrido
- Nunca me aburro contigo
- Es que no haremos nada entretenido ahora
- No importa, para mí tu compañía es entretenida
- ¿Chifuyu qué es lo que no entiendes? – Baji no se dio cuenta como su tono se había endurecido, y como esa mirada intimidante y el ceño fruncido cortaron a Chifuyu por la mitad.
El muchachito se quedó en silencio, sobándose las manos, y sus ojos se pusieron brillantes y luego esquivó su mirada. Baji lo vio claramente, como Chifuyu pasaba saliva, la manzana de Adán se movía en su garganta y parecía estar aguantándose de llorar, o decir algo más. Diablos, pareciera que Chifuyu estaba ¿triste? Keisuke no entendía realmente por qué, Fuyu era un chico de lo más relajado con todo y comprendía todo por lo que su amigo pasaba.
“Te acompaño, Baji-san”
“Nunca me aburro contigo”
“Para mí tu compañía es entretenida”
Entonces, Baji tomó consciencia de que Chifuyu acababa de decirle un montón de cosas lindas y el idiota apenas le tomó asunto.
- Lo siento – Chifuyu pidió disculpas, y salió corriendo en dirección contraria.
Baji la había cagado. Definitivamente. Haber sido despedido y considerado persona non grata en el patio de comidas del centro comercial no tenía ninguna importancia al lado de la tremendísima cagada que había hecho ahora. El azabache terminó corriendo en dirección al baño y encerrándose en un cubículo, poniéndose en cuclillas agarrándose de pelo. Qué mierda importaba ir a vender unos calzones, tenía que haber ido al arcade con Chifuyu, luego invitarlo a una pizza, un helado con forma de patita de gato, luego mirar la ciudad desde algún puente, tomarle la mano, y decirle que lo quería, que no aguantaba más, que lo quería mucho, mucho más que un amigo.
Besaría su boca y sentiría el sabor del helado de frambuesa y adoraría lo gordito de sus labios. Se envolverían en un abrazo mientras comparten un beso largo, y luego se irían a casa, a soñar con el otro y contar las horas para el día siguiente.
Sintió como la rabia en su piel comenzaba a oler a gasolina y quiso quemar, ver todo arder, Tokyo en llamas sería un buen panorama, mejor que cualquier otra cosa en ese momento, pero esas encendidas fantasías le hicieron recordar que debía pagar ese estúpido coche, y que si se había puesto calzones y había espantado a Fuyu era por ese bien mayor.
“Perdónate a ti mismo por todo esto, Keisuke Baji”
Se puso una mano firme en el pecho, abrió la puerta fuertemente y salió de la escuela rumbo a su trabajo.
卍
Baji fue hasta Cute Lolita ya resignado a perder a Chifuyu para siempre y entró, con timidez. El dueño lo recibió con bastante calidez, para hacerlo entrar en confianza, y le entregó el vestido del día. Era un vestidito de maid en color lavanda, con un delantal blanco con volados, blondas y lacitos. Tenía un escote y mangas englobadas translúcidas, y un cuello de camisa con un corbatín de lazo. Llevaba un tocado lavanda, muñequeras y dos ligas, para hacerse coletas. También llevaba unas calcetas largas blancas que llegaban hasta sus muslos, y un cinturón bonito que lo hacía ver delgado y delicado.
Aunque, Baji no era nada delicado. Su cuerpo bajo el bonito vestido seguía siendo duro y tosco, y justo ese día tenía un pelón en una rodilla después de caerse jugando a la pelota. Lo disimularía con la calceta, que por suerte llegaba más arriba. Tomó el cartel con su número y lo colgó de su pecho. Ya no existía Baji Keisuke, ahora era el “1421”, con simbolito de “sexo masculino”.
Y sin dudarlo más, atravesó la cortina y se puso en la vitrina. Estar ahí era como pararse frente a un espejo. Nadie hablaba entre sí, todas miraban su reflejo, sabiendo que afuera pasaba la gente mirándolas. Era casi surrealista, toda esa experiencia compartida, todos estaban allí con un mismo fin. A Baji en algún momento lo carcomieron los nervios, y sintió el temblor en sus manos otra vez, pero se dio fuerzas y permaneció derecho, sonriendo y coqueteando consigo mismo y con los anónimos.
Escuchaba el mini parlante decir “1345”, “1206”, “1090”, y los modelos salían de la vitrina. Diablos, Baji no había dimensionado que quizás nadie lo escogería, quizás jamás vendería nada y los calzones tan bonitos que compró se los comerían las polillas ahí, todos añejos y no ganaría ni un miserable yen.
“1421”.
¿Eh? ¿Había oído bien?
Cuando vio que una chica a su costado lo miraba como diciéndole “oye anda ya” se espabiló y salió de la vitrina.
“1421, namasera” le dijo el dueño, abriéndole una puerta. Diablos. Sentía que no estaba preparado. ¿Namasera? Oh dios, eso sí que era más personal, no había ensayado nada, maldita sea, maldita sea.
Se encontró otra vez estaba en una sala de espejo, pequeñísima, con un par de audífonos en arco colgando en la pared. Recordaba bien los pasos, así que se puso los audífonos, acomodó el micrófono, y escuchó una respiración al otro lado. Diablos, diablos, ¡diablos! Toda esa mierda era real.
- Buenas tardes, Soy Keisuke Baji, tengo diecisiete años, me gustan los gatitos y dar paseos en motocicleta – dijo, con una sonrisa plástica, intentando ocultar que le temblaban incluso los pómulos. ¿Por qué mierda no se había inventado un seudónimo? Su vieja conocía a medio mundo, diablos, estaba haciendo todo mal.
- Eres muy lindo, Keisuke, me gustaría poder darte un beso – la voz de un viejo sonó en los audífonos. Joder, qué asco, no sabía qué decirle.
- Y a mí me encantaría darle un beso a usted – respondió, simulando la mayor naturalidad posible, como le había indicado el jefe. Ser siempre complaciente, obediente, sonriente y coqueto.
Siendo realista, Baji nunca había dado un beso a otro hombre. Una vez le dio un beso a una chica como en sexto grado, pero luego nunca más besó a nadie, ni por penitencia, así que casi que era virgen de labios.
Volviendo a la realidad, Baji vio en la pantallita dentro de la caseta las poses 1, 3 y 12. Ni siquiera había estudiado bien todas las poses, había muchas. De las que escogió el cliente, la uno era de pie, poniéndose en puntillas, cerrando los ojos y estirando los labios, como dando un beso suave, nada muy difícil de hacer.
La pose 3 era con los puños juntos al lado de su mejilla y levantando un pie, una pose infantil y supuestamente tierna, muy de anime. La última, y todas las que pasaban de la diez, eran poses eróticas, Baji lo sabía. La doce era ponerse en cuatro, levantando el culo, dejando ver la ropa interior, y mirando hacia atrás con lascivia. En piloto automático simplemente lo hizo, y después de eso, cuando sonó un pitido, se puso de pie, se quitó las bragas con cuidado, las mostró por el espejo de una cara para que el cliente viera que eran reales y que eran cien por ciento suyas, y luego cogió una especie de papel de regalo que había en la ventanilla. Envolvió las braguitas como pudo (le quedó como las pelotas el envoltorio, no se le daban las manualidades) y se las entregó al cliente, para por fin poder respirar.
El trabajo estaba hecho. 4800 yenes al bolsillo por 5 minutos de trabajo activo y menos de 20 minutos de estar parado en una vitrina. 4800 yenes, ¡menos de 25 minutos y a la casa! Oh dios, después de todo el jodido temblor de piernas podía decir que sí, había nacido para ese trabajo.
Caminó hasta el vestidor con el pecho inflado, viendo como sus colegas seguían de pie en la vitrina, cansando sus cuerpos y esperando el dinero. Les deseaba suerte, internamente, porque él tuvo miedo de permanecer allí toda la tarde, y simplemente decidió cambiarse de ropa para acabar la jornada.
Ah, pero a Keisuke Baji jamás le salían bien tantas cosas juntas, imposible. Con lo idiota que era, había olvidado llevar sus boxers, así que se puso los pantalones así nada más y salió del lugar, un tanto avergonzado y apurado.
4800 yenes.
Menos de 25 minutos.
¡Podría hacer eso toda la vida!
Pero podría haber estado en el arcade con Chifuyu. Eso valía millones de veces más que esos jodidos 4800 yenes. No tenía precio, porque era gratuito pero impagable, era como querer comprar el mar o el cielo.
Se sintió angustiado. Acababa de mostrarse lascivamente con un extraño, anónimo, usando su nombre real, para posarle y venderle su ropa interior. Le había hablado mal a Chifuyu, quien solamente quería estar con él. Se sentía pisoteado por la vida y felicitado por el diablo.
¡Qué va! Era temprano aún, iría al apartamento de Chifuyu a pedirle disculpas y pasar un buen rato, si es que el muchacho aún le dirigía la palabra.
Tocó el timbre, y Fuyu salió. Era tan precioso como un angelito, no se merecía a un demonio vende calzones con olor a bolas a su lado.
- Baji-san – parecía aún algo triste.
- Quería pedirte disculpas por hablarte mal – habló, directo y sentido, sin rodeos ni actuaciones.
Chifuyu sonrió. Él era un verdadero ángel, no era de este mundo. – Ya está olvidado. – dijo, relajado, soltando una mano en el aire. - Cuéntame, ¿Encontraste trabajo?
- ¡S-sí! Y me han pagado
- ¡¿Hoy mismo?!
- Sí… es que, eh… bueno, estoy… ¡lavando autos! Sí. Pagan por día. ¿Quisieras ir a por una pizza? ¿O una hamburguesa? O salchichas, o waffles, papitas. Lo que quieras.
- Hmmm… ¿de verdad puedo elegir?
- Obvio, ¡elige lo que quieras!
- Uhm… - Chifuyu pensó, mordiéndose la mejilla por dentro - Quisiera una papa frita en espiral – dijo, pensándolo, como si fuera una tarea tan difícil decidirse.
- ¡Vamos, vamos!
- ¿Ahora ya?
- ¡Sí!
- Le avisaré a mamá
Chifuyu entró y salió, no se demoró ni un segundo, estaba realmente feliz. Entonces, Keisuke sintió que la vida le sonreía, porque por fin salieron, comieron papita en espiral, tomaron soda y fueron al río a ver el atardecer, como una cita.
- Quiero bañarme – le dijo Fuyu, con una sonrisa pícara. Él siempre salía con esos planes improvisados, pero divertidos.
- Pero ya no hace tanto calor, Fuyu
- ¿No? Yo tengo calor
- Yo no realmente…
- Vamos, Baji-san, te acostumbrarás en cuanto llevemos unos minutos en el agua
- ¿Pero y la ropa?
- ¡En bóxers pues!
Diablos, eso era lo primero en que tuvo que pensar, llevar su ropa interior de cambio, ¿cómo había sido tan idiota? Hasta tuvo oportunidad de pasar a buscar un bóxer antes de invitar a Fuyu a salir, y se le olvidó. Sí que era un verdadero estúpido, Draken tenía razón cuando se lo decía.
Chifuyu no era de los que rogaba por compañía, así que se sacó los pantalones y se metió al agua, y así se veía feliz, libre y desatado. Baji quería meterse también, pero no podía. Aunque quizás si doblaba los pantalones hacia arriba… sí, eso haría. Lo hizo, y metió los pies al agua, y estaba tibia, tanto que le dieron ganas de quitarse todo y bañarse entero, entrar a la parte más profunda y hasta nadar.
En un momento ambos chicos estaban jugueteando en el agua, tirando chorritos con las manos, dando pasos anchos, marchando, y entre todas esas payasadas Chifuyu metió la pata en un hoyo que no se veía bajo el agua, y con toda la adrenalina de estar cayendo, se sujetó de los pantalones de Baji y se los bajó, y terminó cayendo entero al agua.
Ahí estaba el momento más temido por Keisuke Baji, verse completamente vulnerable, a culo pelado en el río, obligado a dar explicaciones. Chifuyu quedó en shock, y bueno, Baji también, ¿qué más podía hacer?
- Baji-san…
No supo cuánto tardó en reaccionar, pero atinó a subirse los pantalones mojados a como diera lugar. Joder, no quería que Chifuyu lo viera en bolas así, no de esa manera, por último, en los baños públicos no sería una cosa extraña, ¿pero allí? Tenía demasiado que aclarar.
- Baji-san, lo siento, es que había un hoyo, no fue con intención
- Lo sé, lo sé, no importa
Sin decir más nada, y en el momento más incómodo de la vida de ambos chicos, salieron del agua, y afuera estrujaron la ropa. Baji notaba como Chifuyu daba pequeños temblorcitos y cuando lo miró bien, se dio cuenta de que el rubio estaba con una sonrisa que ya casi se convierte en carcajada.
- Baji-san – le habla canturreando – ¿Cómo es que andas sin ropa interior? – el chico sonrió, y Baji se puso imposiblemente más rojo. – No habría imaginado eso de ti – rió, sonrojándose también.
- Se lo dices a alguien, y estás muerto, Matsuno – la verdad Chifuyu era la persona que menos debía saberlo y ahí estaba, enterándose de primera fuente. De verdad Keisuke estaba maldito, quizás la tipa del Mc Donald’s era una bruja o algo.
- Oye tranquilo, no se lo diré a nadie – lo tranquilizó, casi consolándolo, pero aún con una risa en la boca. – pero ¿por qué? ¿Es más cómodo o algo? Me sentiría algo raro con todo eso libre allí abajo
- Es que… no se alcanzaron a secar bien, la ropa que lavó la vieja estaba húmeda, y no tenía otros de repuesto – mintió con facilidad
- ¿Sabes que nos tenemos la confianza suficiente como para que puedas pedirme un par? Bueno, si no te da asco. Y estamos a sólo unas escaleras de distancia – Chifuyu se encogió de hombros. Quizás era una oferta un poco desvergonzada, pero si ofrecía algo como eso era porque de verdad le tenía una confianza infinita, y Baji estaba agradecido.
- No me daría asco usar tu ropa interior. Sé que está limpia – respondió Baji, sin ni siquiera pensarlo. Ahora que Chifuyu lo decía, hasta quería pedirle un par sin tener una razón de peso, nada más por hacerlo.
- Ya sabes, por si vuelve a pasar algo así, puedo ayudarte
- Gracias Chifuyu. Y perdona, por lo de hoy
- ¿Qué cosa?
- Te hablé fuerte, cuando querías acompañarme
- Ah… ya te dije que no es nada. A veces me pongo muy molestoso, e invado tus espacios, y tu tiempo. Quizás tenías que decírmelo
- No, no, jamás, Chifuyu. Jamás me has molestado
Chifuyu se sonrojó, y se rascó la cabeza. – Entonces ¿está bien si pasamos la tarde juntos luego de secarnos?
- Me parece perfecto
- No olvides ponerte la ropa interior, Baji-san – nada más dicho esto, Chifuyu salió corriendo para escapar de un posible castigo, que en realidad nunca llegaría, porque Baji no podía molestarse con él, por nada.
- ¡Oye! ¿Qué te has creído? – Baji lo persiguió, entre risas, y llegando a casa se secaron, se cambiaron de ropa y pasaron el resto del día en el cuarto de Chifuyu, leyendo y conversando, como si Keisuke no hubiera pasado la vergüenza más grande de su vida, porque Chifuyu lo hacía sentir tan en calma que, simplemente se le olvidó.
卍
Al otro día, Baji fue a la escuela muy feliz. Habían arreglado sus asuntos con Fuyu, aunque bueno, tampoco podía decir que se hayan dicho nada especialmente comprometedor, pero bueno, no estaban peleados al menos.
Después del colegio, fue a trabajar, y ahora llevaría siempre sus boxers de recambio. Su madre estaba contenta de que fuese tan trabajador en el “auto lavado”, pero Baji no le entregaba todo el dinero de la deuda, se dejaba un poco para él, escondido, o a su mamá le iba a parecer extraño que ganara tanto lavando coches. Además, el buen salario le permitía no tener que ir todos los días, y así compartía con Chifuyu o Tora.
- ¡Muy buenas tardes! Mi nombre es Kyosuke Maji, me encantan los animalitos y montar motocicleta
Ya se estaba acostumbrando a la ardua labor. Se puso otro nombre, por seguridad. Maquillarse se había hecho cada vez más fácil, y ya les pilló la maña a todos los vestidos. Los había usado casi todos en el local, y hasta le entraron ganas de comprarse uno propio, para lucirlo en la soledad de su casa y tomarse fotos bonitas. Estaba juntando una buena cantidad de dinero, y se preguntaba si una vez que pagara la deuda ya no necesitaría trabajar en eso, pero, siendo sincero consigo, le estaba tomado gusto a ese empleo.
Uno de esos días, Baji y Kazutora estaban en casa del primero, y Tora con toda confianza estaba en su cama, pataleando y moviéndose como si estuviera en su propio lecho y metió las manos, sin darse cuenta realmente, debajo de la superficie del closet en donde dormía Baji, y encontró una caja de lata bastante extraña. Inmediatamente la abrió, y el contenido le sorprendió bastante.
- Baji qué mierda, ¿de dónde has sacado tanta plata? – preguntó, entre risas
- Pues ahorro – respondió, rápido, sin dudarlo. No era mentira.
- ¿Es para pagar tu deuda?
- Sí, así que no te metas
- Pero es bastante, al menos presta unos yenes
- Tú con sólo pedirle plata a tu vieja te da más que eso – se quejó Baji. Kazutora nunca lo reconocía porque era un abajista, pero él había nacido en una cuna de oro.
- Oye, no tengo una vida taaan fácil
- Bastante más fácil que la mía así que no te metas con mi platita
- Okay, okaaaay... ah, pero a Chifuyu lo invitas a salir todos los días ¿no? A comer hasta hartarse
- Chifuyu no tiene dinero
- Quieres conquistarlo por el estómago
- Ya no te metas, Tora – se sonrojó. No le gustaba que su amigo hablara de Chifuyu con tanta libertad, porque no se conocían tan bien. No tenía derecho a opinar nada.
- No es bueno comer mucho antes de hacerlo por el culo, Baji
- Tú sabes de eso – le respondió molesto y sonrojado. – No estoy intentando hacer eso con Chifuu, idiota
- No ahora, pero luego…
- Sólo quiero que me corresponda… y si no es así, al menos que sea mi amigo
- Eres guapo, hombre, y encima ahora tienes plata. No será difícil que Chifuyu caiga
- No quiero hacer trampas ni nada raro. Que sea lo que tenga que ser y ya
- Bueno, es lo más sano, supongo
Pasaron esa tarde juntos hasta que Kazutora volvió a su casa, con más dudas que respuestas, pero Baji era un jodido reservado con sus cosas. Tora sólo esperaba que no estuviera haciendo nada ilegal, pues ya debía salir de un problema y no le convendría nada meterse en otro.
卍
Ah, el dinero, mueve montañas y hace suspirar a cualquiera, y Baji no era la excepción. Inevitablemente, se empezó a poner más y más ambicioso con cada yen en su bolsillo y en su cajita de metal, que ahora escondió en otro lugar de su cuarto.
Para ganar el doble, llevaba un calzoncito más, para trabajar dos veces. El jefe le dijo que, si el calzón estaba demasiado nuevo, recién puesto, no tendrá mucha gracia para el cliente. Joder, Baji no pensó en eso antes, si la gente los compraba usados era por algo. Bueno, no se le ocurrió mejor idea que ponerle un escupo al calzón para que parezca que está mojadito ¡Cuánta sensualidad!
- Oye, oye, 1421, ¿aceptas dos mil yenes más por una foto con el cliente? Di que sí, y yo me llevo mil quinientos…
- Uh… bueno, es una foto y nada más – Baji encogió los hombros. No hacía mucha diferencia.
- Claro, sólo una foto, después de entregarle la ropa interior al cliente.
Keisuke entró a la caseta, e hizo lo de siempre. Ya hasta les tomó costumbre a las poses sexys, levantando el culo sin avergonzarse, subiéndose el vestido, abriendo las piernas de par en par, bajando una orilla de su ropa interior para mostrar más piel, y así, cada vez con más espontaneidad.
- Buenas tardes, soy Kyosuke Maji, me encantan los gatitos y todos los animales, quiero ser veterinario y me gusta montar motos
Lo de siempre, una rutina casi robótica. Posar, sacarse el calzón, envolverlo en papel (cada vez era más habilidoso con la envoltura y la cinta) y entregarlo por la ventanilla. Baji salió, para tomarse la foto, y quedó en shock. Él conocía a ese infeliz, maldita sea, era un imbécil del colegio.
Estaba acabado, enterrado. Ese era el día del juicio final para Keisuke Baji.
- Hola… Kyosuke – dijo eso con una expresión confusa. Baji no estaba seguro si eran nervios o burla. Parecía algo raro en la forma de expresarse. ¿Acaso lo había reconocido? Diablos, obvio que sí, ese era de esos tipos que lo sabía todo, un nerd de estos que querían aparentar rudeza yendo al solárium y usando accesorios dorados chabacanos. Aunque, Baji pensaba con fe que quizás no lo había identificado, pero esa mirada era inquisitiva. Además, ¿Kyosuke Maji? ¿En serio no se le ocurrió otro nombre mejor? Y no debía decir sus gustos reales, debía haber inventado cosas, qué mierda tan terrible. Ahora el freak lo sabía, de seguro.
Baji simplemente actuó natural, y se puso de pie al lado del chico, quien hizo un corazón con la mano para que Baji lo complete, pero Baji sólo hizo un gesto de pulgar arriba, con una risa nerviosa. Algo en su interior le decía que tomarse esa foto era un error, pero el click ya estaba hecho y su apariencia, inmortalizada.
- Gracias, eres muy bonito, Kyosuke-chan
Baji lo miró desde lejos, después de despedirse. Quizás no lo reconoció. Bueno, si es que lo hubiera reconocido, ¿qué podía hacer? El tipo tendría que asumir que iba a comprar calzones usados y eso era bastante más indigno que usarlos y vestirse de Gothic Lolita.
De todas maneras, Baji decidió no trabajar nunca más dos veces, y también acordó ponerse otro nombre e inventar otros gustos. La avaricia y su estupidez innata lo estaban poniendo en peligro.
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En la tarde pasó donde Chifuyu, quien estaba enamoradísimo leyendo un manga, si hasta movía sus piecitos sobre la cama cada vez que daba vuelta las páginas. Sin embargo, cuando Baji quería verlo, lo escondía o lo intentaba hacer pasar como un shoujo del montón. En un momento que Fuyu fue a preparar el peyoung, Baji no respetó su privacidad y revisó el manga, se fijó bien donde Chifuyu lo puso, entremedio de otros libros parecidos, y lo identificó.
Cuando Keisuke miró las páginas, se encontró con un personaje de cabello largo y negro, y como que, igual se parece un poco a él, ¿o es sólo sugestión? No, de verdad tienen algo parecido. Baji sintió algo raro en el pecho, como una alegría, pero pensó que se estaba pasando películas por la cabeza. Bueno, algo que sí le servirá será al menos usar la identidad del personaje.
“Angus Lanson” pensó, sonriendo, y ni siquiera lo podía pronunciar bien, pero se decidió a usar ese nombre y diría que le gustaba… a ver… ¿qué cosas les gustan a sus amigos? A Chifuyu también le gustan los gatitos y las motos… podría decir que le gusta el manga, no estaría mintiendo. Hmm… y la moda, a Mitsuya le gustaba la moda, y también podría decir que le gustaban los tigres como Kazutora y ya, ¡personaje construido!
Minutos más tarde, Fuyu llegó con el yakisoba calentito para comer, y fue una tarde preciosa, como todas las que pasaba con su amigo.
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Los días seguían pasando, y Baji ya se tranquilizó después de recibir la visita del cliente ese de la escuela. Lo estuvo mirando de lejos, y el tipo se comportaba de lo más normal. Pero una tarde, definitivamente pasó algo más. Baji fue sorprendido en el baño por el freak, quien le habló desde atrás.
- ¿Con qué calzoncito andas hoy, Kyosuke-chan?
Joder. No podía mostrarse nervioso, eso lo delataría, debía tener el control de cada uno de sus nervios y músculos.
- ¿De qué mierda estás hablando?
- Ambos tenemos secretos
- ¿Qué putas te pasa? Yo no tengo secretos contigo
- ¿No? Pues tengo un calzón tuyo, y estaba mojado cuando me lo pasaste… ¿te excita ponerte vestiditos y posar como una zorra, Baji?
- Mira enfermo hijo de puta – lo agarró del cuello y lo apretó contra la pared, sin dudarlo – ¿no debería darte vergüenza gastarte un montón de plata comprando calzones? Y para peor, el calzón de un tipo de tu escuela, un tipo que podría sacarte la mierda ahora
- No me importa si me pegas, Baji. Pero a ti si te importará si se entera Chifuyu
Baji lo soltó. ¿Qué sabía él de Chifuyu? Jodido freak, seguro era de esos que investiga todo de todos, como un puto detective. Odiaba a esos idiotas así.
- Aaaah, lo sabía, todos lo saben Baji, ese es tu punto débil
- Me importa una mierda – le dijo Baji, haciéndose el fuerte – Tú pierdes más que yo
- Yo no pierdo nada. He sido “el inadaptado social” toda la vida. En cambio, tú eres muy querido, a pesar de tu carácter
- ¿Y qué ganas con esta mierda?
- Pues eso quiero, ganar algo. Baji, debes estar metiéndote mucha plata al bolsillo, ¿no?
- Sabes que estoy con sentencia a pagar los daños de un vehículo
- Sí, no es mi problema, tu temperamento es el culpable. Quiero dinero, Baji
- ¿Tienes para pagar un calzón ajeno y me pides plata?
- ¡Nunca es suficiente!
- No voy a darte plata
- Voy a mostrarle a Chifuyu quién eres
Baji tragó saliva. Esto ya se había ido a la mierda, ya estaba enteradísimo en la mierda y lamentó darse cuenta de que siempre subo que pasaría y no hizo nada para evitarlo, nunca pudo detenerlo.
No le quedó más que aceptar el trato cuando se imaginó la pena que sentiría ante el rechazo de Fuyu y la reacción de su madre si llegara a enterarse. Estaba completamente jodido y la vida le daba lección tras lección de que estaba haciendo todo mal.
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Baji estaba muy contrariado. En toda su vida, a él nadie nunca lo molestó, nadie lo amenazó jamás, nunca fue extorsionado, ni nada de eso. Había sido siempre muy respetado, incluso temido por sus pares. Y ahí estaba, pasándole plata a Tetta Kisaki cada vez que trabajaba. Jamás había sentido tanta rabia, bueno, quizás el peak había sido con su jefa anterior, pero ahora estaba al borde de un ataque de ira. Para más remate, no podía dejar de pensar en que Kisaki estaba al otro lado del espejo cuando vendía su ropa interior. Joder, no tenía como enterarse, no podía saber quién era el cliente. Quería avisarle al jefe que alguien estaba acosándolo, pero eso quizás lo iba a meter más en problemas. Además, debía ser fuerte y luchar contra esa adversidad, como su madre lo haría.
Joder, sus días estaban contados. Seguro llegaría el momento en que no podría pagarle más a Kisaki, ya fuese por quedarse sin trabajo, o por estar enfermo, o por cualquier otro motivo, y todo se destaparía. Lo sabría Chifuyu y sería despreciado, se enteraría su madre y definitivamente lo desheredaría. ¿Qué cosa tan mala había hecho en su vida para merecer eso? Quemar un auto no merecía tan castigo divino, ya había aprendido su lección con creces, ni siquiera quemaba papeles ya y el fuego ya prácticamente era un antiguo amigo con el que ya no tenían nada en común.
Todo se estaba yendo de a poco a la mierda.
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Una tarde, Tora no dejaba de mirarlo raro, como analizándolo. Él tenía unos ojos grandotes, saltones y amarillos, como la mirada de un lunático, que a esas alturas Baji consideraba normal, pero ese día estaba viéndolo de medio lado, con los párpados entrecerrados, y sin decirle nada. Baji se hartó definitivamente, ese Kazutora estaba tramando algo y el asunto lo involucraba definitivamente, o no lo habría estado mirando así.
Tora suspiró. Eso no era bueno, y luego, dejó salir sin rodeos que lo vio en un burusera, en Cute Lolita, y que era obviamente él, y que no serviría de nada mentirle porque, dios, se conocían desde críos, Tora podía identificarlo en una muchedumbre de idiotas de pelo largo.
Baji ni siquiera se esforzó en mentirle, y derechamente se puso a llorar, así sin más palabras de por medio, y en plena calle. Tora sintió que la cagó, por lo menos pudo haber esperado hasta llegar a la casa antes de decirle, pero no, tuvo que irse de bocazas en medio del camino. Arrastró a Keisuke hasta su departamento (que estaba más cerca) y allí estuvieron solos para conversar. Tora abrió dos latas de cerveza que tenía escondidas en un librero, y estaban tibias y eran horribles, pero bueno, era alcohol, al fin y al cabo.
Baji le contó todo, todo lo que estaba pasando, toda esa travesía desde que pasaron por primera vez por el callejón de tiendas sexuales. También le contó que debía seguir trabajando para pagar la deuda, a su vez mantener su secreto con Kisaki, y darle plata, y como había caído en un círculo vicioso. Si dejaba de trabajar, le iba a costar mucho más tener dinero para su deuda y para Kisaki, y si seguía trabajando, nunca podría salir de allí sin encontrar algo con lo que ganara aún más, y no existía tal empleo.
Kisaki había sido más astuto, y Baji simplemente ya se había rendido. No quería saber nada más del mundo y ya sólo quería pagar el maldito coche e irse lejos, en donde nadie reconociera su cara.
- ¿Quién eres y qué le hiciste a Baji?
El muchacho lo miró, con los ojos llorosos y la nariz roja. Él nunca lloraba, era un idiota muy duro para expresar la tristeza. Si estaba triste, parecía que estaba enojado, entonces daba para mucha confusión en quienes no lo conocían.
- Este no eres tú
- Me gustan los vestidos – respondió, avergonzado. Respiró hondo, halando aire y mocos a la vez.
- No idiota, eso no me importa, a mí también me gustan, me pondría uno de leopardo y vendería mis calzones si tuviera el carácter que tú sí tienes. En serio, ¿qué pasó contigo? El Baji que conozco le habría sacado la mierda a Kisaki, y no le habría dado ni un jodido yen
- Me tiene con una soga al cuello, Tora
- ¿Porque va a contarle a Chifuyu? ¿Y qué si le cuenta?
- Estaré acabado, Chifuyu pensará que soy un pervertido horrible y un prostituto, y si mi mamá se entera, olvídate de mí Tora, ella va a MATARME.
- Baji ¿cómo va a ser peor vender tus calzones que quemar un auto?
- Mi mamá tiene la brújula moral buena, Tora. La tuya y la mía están defectuosas y lo sabes
- Exageras. Vender calzones me parece perfectamente respetable. Pero bueno, tu mamá no tiene que saberlo, ya lo sé. ¿pero Chifuyu?
- Tampoco, no puede, ¡no puede!
- Baji. Seré muy directo. Si Chifuyu siente asco por ti al saberlo, es porque definitivamente no es para ti. Nadie que te tenga asco o se avergüence de ti, se merece tu amor. Así que o te acepta, o te acepta. Y si no, no es para ti. ¿quieres estar con un chico tan cerrado de mente? ¿no quieres que te culee con el vestido puesto?
- Tora – se sonrojó, pero al menos sirvió para sacarle una sonrisa
- ¿De verdad no quieres que sepa? ¿quieres salir con un monje que ni te toque o qué? ¿no contarle nada y mantenerlo en secreto por “el bien de la relación”? – exageró unas comillas en el aire
- No… soy caliente, lo sé – casi llora otra vez.
- Entonces Chifuyu tiene que estar a la par contigo, ¿entiendes? Si a Chifuyu no le va lo kinky nasty, olvídate, vas a aburrirte. Además, si él te quisiera, no le importaría. Yo lo sé, me lo dice mi intuición, Chifuyu tiene eso que se ve como que es picarón en secreto.
- Es que... tampoco querría perder su amistad
- Baji, mi consejo es para cualquier tipo de relación entre ustedes, novios, follamigos, amigos, lo que sea. Chifuyu debe aceptarte tal cual eres y con todo lo que haces. Salvo cuando realmente seas un imbécil. Si no, next
Baji se quedó pensando. Estaba bien echar a andar las neuronas cada cierto tiempo y simplemente analizar las cosas y quedarse callado. Quizás, si siempre hubiera sido así de reflexivo, se habría ahorrado todos esos problemas.
Aunque, el gusto por los vestidos estaba implantado en su mente desde antes que tenía memoria, pero bueno, podría haber disfrutado de ello sin estar temiendo por un reproche social que él mismo pudo haberse ahorrado si hubiera decidido hacer las cosas más encubierto.
Pero Keisuke Baji no era un ratón que se escondiera en las cuevas así que, al día siguiente, con todo desplante fue a Bodyline y se compró su propio vestido victoriano, uno rosa pastel hermoso y muchísimo más bello que los de Cute Lolita. No fue solo, porque Tora lo acompañó durante todo el proceso como el chamán que le ayuda a encontrar respuestas en la vida, y bueno, el chico terminó quedando fascinado con unos vestidos también, no iba a negar que uno de estampado de cebra le llamó la atención, y Baji lo supo apenas vio el vestido puesto en un maniquí, porque, como Tora podía leerlo con tanta precisión, él también podía hacerlo sin ni siquiera hacerle preguntas.
Por la tarde, Baji le dio las gracias, y le deseó todo lo bueno del mundo antes de echarlo de casa, para por fin probarse el vestido frente a su espejo.
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Baji por fin decidió tomar al toro por las astas, como siempre debió ser, y comenzó a quedarse con todo el dinero sin darle ni un yen a Kisaki. Veía al moreno mirarlo como pidiendo explicaciones, pero Keisuke ni se le acercó, ni el otro chico tampoco a él. Tampoco le no hizo preguntas, y ambos simplemente se vieron a distancia.
A los 3 días, Baji lo vio hablando con Chifuyu. Desde lejos, ambos lo miraban, Tetta con un gesto de completa reprobación y juicio, y Chifuyu parecía confundido, viéndolo una y otra vez. Kisaki se reía como un idiota cada vez que cruzaba miradas con Baji, pero el azabache estaba en un estado contemplativo en el que no se enojaría con nadie en esos días y simplemente viviría la vida con libertad.
Esa tarde, Chifuyu caminó con Baji a casa como cualquier otro día. Parecería una jornada normal, pero Baji era perceptivo, y notó como si Fuyu quisiera decir algo, pero luego se arrepentía y cambiaba el tema.
La conversación no pareció llegar a ninguna parte, y cuando estuvieron por llegar al block, Chifuyu lo detuvo en su andar, así como también su corazón no respondió más.
La hora del final había llegado.
- Baji-san, ¿podemos hablar?
No pudo hacer más que tragar saliva – Uhm… sí
Chifuyu guió el camino hasta una pequeña placita, y se sentaron en unos columpios. Habían estado allí varias veces, columpiándose, jugando con tierra, montando el sube y baja, y recordaba que habían ido con otros amigos de Baji, con un enano que siempre era un problema porque se montaba al sube y baja con un chico súper alto, y este se quedaba abajo todo el rato sentado, y el enano en las alturas. Se habían reído hasta llorar.
Otra vez fueron con Kazutora y estuvieron dando vueltas en uno de esos juegos que giran, hasta que Tora vomitó y era la manera en que Chifuyu lo reconocía, con la frase “tu amigo el vomitón”, y no tenía más recuerdos con él, pero jamás lo olvidaría.
Era un punto en el que habían forjado recuerdos divertidos y hasta lindos. Pero quizás también sería el lugar en donde su amistad se acabaría, y Baji no podría nunca estar preparado para perder a Chifuyu.
- Kisaki me contó que… trabajas vendiendo tu ropa interior usada. Usas vestidos de mujer, haces poses. Todo eso. No le creí, es que Kisaki siempre ha sido un poco raro y pareciera que odia a todos. Pero me mostró fotos y… sí eras tú.
- Sí, era yo – confirmó de inmediato, sin siquiera pensarlo. – Soy yo.
- Woh… ¿por eso no has querido que te acompañe al trabajo?
- Sí. Tenía miedo
- ¿De qué?
- De que reaccionaras mal. Que me odiaras, o tuvieras asco de mí. Yo no tengo asco de eso, pero otras personas lo ven mal. No sabía cómo lo verías tú, y tenía miedo
- Eso no me da asco, Baji-san. Me da asco Kisaki. Me molesta, no que compre calzones usados, ¿sabes? Me molesta que urda cosas, que se aproveche.
- Es cierto – Baji miró al piso, sus propios pies.
Chifuyu lo miró, y sólo ahí Keisuke levantó la vista. El rubio le sonrió, y Baji lo supo. Fue la sonrisa más reconfortante que había recibido en su vida.
- Me molesta… me molesta que te haya visto así… y yo no, yo que me he esforzado tanto – Chifuyu confesó, sonrojado. Decir que Baji estaba atónito era no hacerle justicia a su reacción, porque de verdad se quedó paralizado. - pero bueno, él te vio trabajando. Yo quisiera verte de otra manera. Que tú me dejes verte, que para ti no sea una obligación.
Baji, después de unos segundos de contemplación, le sonrió también. Siguió inmovilizado, pero estaba verdaderamente feliz, más que nunca. Puso sus músculos en movimiento, y se levantó, tal como Chifuyu lo hizo también, y se dieron un abrazo fuerte y cálido.
Abrazar a Chifuyu era como dejarse envolver por los rayos del sol al amanecer. Todo parecía oscuro, pero él estaba allí, con su luz y calor. Era más bajito y menudo, pero absolutamente protector y fortalecedor. No se habían abrazado antes con esa intensidad. Quizás en año nuevo habían compartido el gesto, pero no se había dado la ocasión nuevamente. Baji siempre anheló tener la oportunidad de abrazarlo sin que pareciera extraño.
El chico apartó los mechones largos del rostro de Baji, y luego dejó uno, dos, tres besos fuertes sobre sus labios, besos que casi parecían mordiscos y de seguir así, el rubito lo devoraría entero. Eran los primeros besos de Keisuke, pero parecía que definitivamente Chifuyu había besado más que él, y no se quejaría por ello, porque esa experiencia se traducía en la rica sensación de ser enseñado por Fuyu.
- Me molesta imaginar que él hunde la cara en tus bragas, yo quiero meterme debajo de tu vestido y no salir nunca
Tora tenía razón, bendito animal, Chifuyu era tan puerco como él lo había predicho y, ¿cuándo sería el día en que Chifuyu dejara de sumar tantos puntos a su haber? ¡Era perfecto!
- Te he amado siempre, Chifuyu, siempre. – le dijo con todo el amor que cabía en su pecho. - Me compré un vestido muy bonito, ¿quieres verlo?
- ¡SÍ QUIERO, SÍ QUIERO!
Matsuno era un derroche de entusiasmo durante todo el camino al edificio, que en realidad eran apenas dos cuadras (que se sintieron como kilómetros). Hacía preguntas, “¿de qué color es?”, “¿es cortito?”, “si te agachas, ¿se te ve el culo?”, para acabar con un “diablos ya quiero verte” que le salió del alma.
Llegando a casa, Baji se aseguró que su madre no estuviera, pero ella nunca estaba a esa hora. Sacó el vestido de una caja muy guardada entre su ropa, y lo tomó en las manos, mostrándolo completo y los accesorios para la cabeza, las medias, los lacitos y los zapatos.
Chifuyu estaba embelesado.
- Vamos, modélalo para mí
- Ya, pero la magia no es igual si me ves cambiándome. Iré al baño a cambiarme, por favor espérame y no fisgonees
- Claro, claro, voy a esperarte aquí. Estoy ansioso – comentó, con una sonrisa amplia.
Ese rato esperando en el cuarto se sintió tan largo, así que Chifuyu intentó acortarlo hablándole a Baji desde donde estaba. “¿te falta mucho?”, “si quieres te ayudo”, le ofrecía, pero Keisuke lo hacía esperar pacientemente. Apenas escuchó la puerta del baño, Fuyu quiso correr como un correcaminos a mirarlo, pero Baji le gritó que se quedara en su lugar. El rubio obedeció, y entonces vio a Baji entrar al cuarto con el vestido puesto, unas coletas, las mejillas en color coral, brillo labial y las pestañas crespas.
Dios, era tan bonito. Las chicas solían decir que Baji era atractivo, pero para Chifuyu era eso y más, era lindo y precioso como una muñeca y sólo él tenía derecho a saberlo y disfrutar su belleza de más cerca que cualquier otra persona.
Demonios, estaba jodidamente enamorado de Baji, desde hacía tanto tiempo, y con cada acto le gustaba más y más. No aguantó el deseo, no podía contenerse más, así que se le arrojó encima, y terminaron arrancando el futón de la cama de Baji y poniéndolo en el piso, para recostarse sobre él y besarse por tan sólo unos minutos, porque había que aprovechar la tarde antes de que llegara la madre de Kei, y sólo un par de besos era muy poco.
Keisuke se había vestido para la ocasión, ¿no? No perderían esa oportunidad.
Chifuyu se acomodó entre las piernas de Keisuke y las acarició, besó y mordió hasta romper las medias. El muchacho de cabello largo refunfuñó, pero secretamente le gusta ese salvajismo. Se compraría otras medias de repuesto y muchísimas otras, en otros colores y diseños, para que Chifuyu las rompiera con los dientes, ¿por qué no?
El rubio le abrió las piernas y observó con deleite el tesoro bajo el vestido. Baji ya estaba erecto y las bragas blancas con lunares rosados que llevaba no podían ocultar su piel ni su excitación. La verga estaba casi toda afuera y un hilito de pre-semen conectaba el glande con el interior de su vestido y Chifuyu sintió hambre de comerse todo eso de una sentada.
- ¿Puedo? – Miró a Baji al preguntar, y el mayor le dijo que sí, aunque realmente no sabía para qué estaba pidiendo permiso ni qué quería hacerle, pero aceptaba todo, sí a todo. Entonces Chifuyu se sintió plenamente autorizado y bajó la cabeza entre sus faldas para lamer la polla y luego chuparla fuerte, ahuecando las mejillas, sin acallar los sonidos mojados ni tampoco su voz deseosa. Había esperado demasiado por ello, no se tomaría las cosas con calma porque era incapaz de postergarlo más.
Tomó a Baji por las caderas y lo levantó de tal manera que el muchacho apenas se estaba apoyando en la cama con los hombros, la nuca y la cabeza. Todo su torso, caderas y piernas estaban en el aire, en perfecto equilibrio, y el vestido cayó a causa de la gravedad, amontonándose en su cuello como una gran bufanda rosada con volados. Chifuyu vio que llevaba un sujetador del mismo color que el calzón y pensó en que, o Baji tenía un excelente sentido de la coordinación, o bien sabía lo que iba a pasar entre los dos.
Chifuyu nunca había visto un sostén de cerca, que no fuesen los de su mamá. Nunca había tocado el de una chica, tampoco en ninguna tienda. Lo tocó por encima, sintiendo el pecho plano de Baji bajo la tela y los pezones endurecidos, y quiso arrancarlo, pero Baji gimió un “¡no!” y tomó la mano de Chifuyu con firmeza. – No lo rompas, por favor, que es bonito
Chifuyu sonrió y se lamió los labios. Demonios, estaba deseoso por comerlo más. – No te preocupes, Baji-san
Sólo lo bajó un poquito y jugueteó con los pezones entre sus dedos. Estaban duritos y de seguro serían ricos de morder, pero en ese momento estaba más concentrado en lo que lo invitaba de la pelvis hacia abajo. Se arrodilló sobre la cama para sostener todo el torso de Baji con su cuerpo y mantenerlo así, cabeza abajo y culo arriba, y la cara de Fuyu justo entre sus piernas. El rubio comenzó a tratar de quitarle las bragas, y en un acto casi gimnasta, Baji estiró las piernas hacia arriba y así facilitó la labor. Cuando estuvo desnudo de la cintura a los pies (bueno, aún le quedaban las medias destrozadas y los zapatos), Chifuyu se detuvo a mirar el detalle de su piel más oculta y pensó de inmediato en comerle el culo, pero nunca en la vida había dado un beso negro.
Había visto eso en las porno y también escuchó alguna vez a chicos del colegio hablando de ello, pero, sabía que no era ningún experto y que era una práctica que no solía hacerse a la primera vez, más bien, parecía todo un acto de confianza bien cimentada. Pero diablos, Baji lo estaba mirando expectante, sus mejillas rojas y los ojitos vidriosos, y Chifuyu no necesitó más empuje y lamió una línea gruesa justo en medio del culo.
La respuesta que obtuvo fue gloriosa, Baji gimió alto, con una sonrisa en los labios, y cerró los ojos. Chifuyu continuó comiéndole el trasero y Baji se mordía la boca para mantenerse callado, había vecinos bastante hocicones y no iba a ser el blanco de los rumores.
Llegó el momento en que Keisuke estuvo cansado y comenzaba a marearse por estar tanto rato invertido. Chifuyu lo notó, y lo acostó sobre la cama a descansar. Se posó sobre él y besó su boca con pereza, mientras metía la mano bajo el vestido y lo masturbaba. Baji estiró las manos y tocó a Fuyu por encima de los pantalones. Estaba muy, muy duro y desatendido, así que Baji rápidamente le quitó el botón, bajó la cremallera y le dio libertad.
Chifuyu era todo lo que estaba bien, tenía una polla toda linda. Él se vería perfecto en bragas, pensaba Baji, mientras lo masturbaba lánguidamente. Algún día invertirían papeles.
- ¿Quieres hacerlo, Baji-san?
- Sí, pero… joder, no tengo lubricante
- ¿Está bien si usamos saliva?
No, no estaba bien, pero era lo que había y seguía siendo mejor que usar aceite de cocina o mantequilla, así que Baji respondió escupiéndose los dedos y abriendo las piernas para introducirlos.
Eso no sería del todo nuevo. Se había metido los dedos antes, pero en contadas ocasiones, y siempre se había sentido algo culpable al hacerlo. Ahora además estaba dando un espectáculo a alguien más, lo cual lo hacía sentir tan gozoso como aterrado, pero también sabía que Chifuyu lo cuidaría y se ocuparía de hacerlo sentir bien.
Mientras Baji se introducía dos dígitos, Chifuyu mojó uno de los suyos y lo metió también, tratando de coordinar el movimiento. Su dedo llegó más profundo que los de Baji, así que el muchacho mejor le dejó el trabajo al rubio, sabía que lo haría mejor. Así que Chifuyu tomó las riendas del asunto y dejó caer saliva en el agujerito y en sus dedos. Los introdujo, los tres juntos, y preparó el camino para internarse en su cuerpo, no sólo dilatándolo sino también acariciando su pecho y rostro, apretando sus muslos, besándolo en la boca y el cuello, mordiendo sus clavículas y susurrando las más lindas y sucias palabras en su oído.
- Hmm, Chifuyu
- ¿Sí, Baji-san? – le preguntó, con la voz raspada, mientras seguía internándose en su cuerpo, preparándolo para el momento que ambos esperaban con irrefrenable deseo.
- Por favor, estoy listo. Quiero hacerlo, quiero sentirte, dentro
- También quiero sentirte, Baji-san
Keisuke asintió, y rebuscó en la parte baja del closet sin ponerse de pie, sólo estirando los brazos y tanteando el terreno a ciegas, hasta dar con un frasco en donde guardaba los preservativos. Tomó uno, y se lo entregó a Chifuyu, quien lo abrió, rajando el paquete con los dientes, sorprendiéndose gratamente al verlo.
- Es rosado – dijo, mostrándoselo a Baji, tomándolo con delicadeza entre los dedos. Baji le sonrió, con coquetería.
- Combina bien
- Ahá – dijo Chifuyu, mientras se ponía el condón. Ya se había puesto condones antes porque no quería parecer un fracasado cuando lo hiciera por primera vez. Su pene adquirió un lindo brillo rosa gracias al látex. Baji lo miró, mordiéndose el labio inferior y aplastando su repolludo vestido para poder ver todo con lujo de detalles. - ¿Listo?
- Sí – Baji respondió rápido, sin ninguna duda. Chifuyu sí se tomó su tiempo, aunque a Baji parecía que le gustaba todo a velocidad, pues mientras el rubio se internaba pausadamente en su carne, Keisuke le daba golpecitos en las nalgas para que lo penetrara sin tanta delicadeza.
Vaya, no le estaba doliendo entonces. Si lo quería más duro, Chifuyu se lo daría. Entró por completo con un poco más de fuerza, y Baji lo recibió con un enorme gemido, los ojos en blanco y las uñas enterrándose en las nalgas pálidas de Fuyu. El rubio permaneció quieto, y se obligó a hacerlo o simplemente se iba a venir sin que Baji apenas disfrutara nada. Demonios, su calor interior lo estaba envolviendo con tanta presión que Fuyu no estaba seguro de querer salir de allí.
Por parte de Baji, la sensación de tener una verga dentro era tan placentera como vulneradora. Nunca se había sentido tan lleno con sus propios dedos, nunca había sentido su piel estirarse así. No había tenido otro cuerpo tan cerca, unido al suyo, y no lo había querido hasta que fuese con Chifuyu. Jamás había pensado en entregarse así, sin dudarlo nada, sin haber tenido siquiera una cita antes. Pero con Fuyu podía permitirse ser tan fácil porque, por mucho que faltara el respeto a sí mismo, Matsuno siempre lo adoraría. Lo supo en ese momento y estaba seguro de que así sería siempre.
Chifuyu balanceó la pelvis después de darse ese minuto de gracia, y experimentó como el cuerpo de Keisuke se amoldó a sus manos, a sus besos y a sus golpes de caderas. El azabache envolvió a Fuyu con sus piernas, encadenándolo a su cuerpo, recibiendo toda su fuerza en lo más profundo de su interior.
Fuyu parecía morir de agotamiento, la piel roja y sudada, y su respiración corta y acelerada. Keisuke le ordenó descansar y lo acostó de espalda sobre el futón, para subirse a horcajadas y montarlo rápido, haciendo valer el tiempo y pensando inevitablemente en que su madre llegaría demasiado pronto como para disfrutar del sexo lento. Levantó el vestido con sus manos y Fuyu acarició su polla al ritmo de sus sentones, hasta que Keisuke le avisó que estaba muy cerca, demasiado cerca y eyaculó sobre el abdomen del rubio. Sólo unos segundos después, con Baji agotado encima suyo, Chifuyu acabó en su interior, deseando haber podido pintarlo con su esencia sin los límites de un preservativo.
Baji elevó su cuerpo, despegándose del otro muchacho, y así Chifuyu se quitó el condón, le hizo un nudito y lo dejó a un costado. Baji vio todo el proceso, y se acostó a su lado, abrazándolo con cariño por el corto tiempo que les quedaba.
- Dios, Baji-san, yo pensaba que estas cosas se planeaban durante semanas, acabamos de culear y yo en la mañana pensaba en que hoy pasaría la tarde en casa viendo tele
- No me quejo, me gusta este cambio de panorama
- Es perfecto. En serio, debiste contarme antes. Ya seríamos novios
- ¿Ah? No cambia nada habértelo contado antes – sonrió –, quiero ser tu novio ahora
- Ya no te guardas nada, Baji-san – Chifuyu lo molestó. – Me gusta eso – le dijo el rubio, buscando sus besos una vez más. – Sé mi novio, Baji-san
Baji le dio un último beso, antes de ponerse de pie y disponerse a cambiarse a su ropa casual. – Hmm… lo pensaré
Chifuyu se rió y luego se puso de pie para darle nalgadas a Keisuke, sin detenerse, ni cuando el chico estaba poniéndose los bóxers y pantalones. - ¿No querías ser mi novio ahora ya?
- Hmm… - Baji no alcanzó a hacer ninguna broma, porque Fuyu estaba dándole nalgadas más fuertes. - ¡Aghh pequeña mierda, pegas duro!
- ¡Me gusta!
- Cerdo Matsuno. Sí, sí quiero ser tu novio, quiero serlo desde que nos conocemos – reconoció Baji, evitando sus ojos claros y mirando el reloj. Su madre llegaría en cualquier momento. No era ningún problema que Chifuyu estuviera ahí, pero de ninguna manera sería bueno que los sorprendiera en medio de un beso o algo más.
De todas maneras, aceptó un último beso, para sellar su compromiso. Fuyu no quería terminar el contacto, así que le mordió el labio inferior y lo retuvo entre sus dientes, estirándolo un poco, hasta soltarlo y sonreírle con malicia.
Baji estaba absolutamente sorprendido con los resultados, es decir, Chifuyu, el eterno romántico ¿follando antes de pedir ser novios? ¿en la primera cita? ¡Y es que ni siquiera habían tenido una cita! Kazutora no se había equivocado al creer que era un cochinote.
Sí que era bastante diferente de lo que había imaginado. Y le estaba encantando.
卍
Al día siguiente, y con algo de dolor de culo, Baji fue al colegio con la frente en alto. Si todo el mundo sabía su secreto, ya no le importaba nada. Pero en realidad todo está muy normal, como cualquier otro día. Kisaki no le dijo a nadie más, al parecer, y, además, no fue a clases. El maldito estaba ausente, y es que Baji lo buscó por todas partes (sin preguntar por él) y, o se estaba escondiendo muy bien, o definitivamente o fue. Claramente no le convenía decir nada ni aparecerse por la escuela o Baji lo golpearía.
Pero ya qué importaba. Baji ya no pensaba en golpearlo, ni siquiera en desafiarlo, al contrario. Deseaba hablar con él y entenderlo. Chifuyu con toda esa follada le había traspasado algo de su generosidad, o algo por el estilo, y de paso había agotado la propia porque si había alguien que quería sacarle la mierda a Kisaki, ese era Fuyu.
Los días pasaron. Baji continuó en su trabajo con total profesionalismo, y por las tardes quien le quitaba las bragas era Chifuyu, con total privilegio de atesorar también todos sus aromas, su calor, su piel, y sus gemidos, eso que los demás no podrían siquiera soñar.
Días después, Kisaki volvió a la escuela después de todas esas sospechosas ausencias. Baji se aprovecharía un poco, algo dentro de él aún disfrutaba de intimidar a los que se lo merecían. Apenas lo vio en los baños, lo agarró del cuello de la camisa ante la vista de otros muchachos y le dijo que lo esperaría a la salida detrás del patio del kínder, y que, si no iba, que se diera por muerto.
Kisaki casi que se caga, así que, apenas sonó la campana de salida, fue obedientemente al sitio de reunión.
- ¡Kisaki!
- Baji… - sonrió fingido. El hijo de puta estaba aterrado.
- Aquí estás
- Así es – Kisaki lo miró de frente, un poco más desafiante, pero cauteloso.
- Me alegro, ¿sabes? Quiero agradecerte que le contaras todo eso a Chifuyu. Me ha pedido ser su novio y le ha gustado mucho que use vestiditos
Kisaki abrió unos ojos grandotes y lo miró, evidentemente sacado de onda.
- Yo jamás me hubiese atrevido a decirle – se le acercó. Kisaki lo miró con miedo, podría jurar que Baji iba a partirle la cara.
– Así que… - siguió mirándolo muy de cerca. Kisaki no entendía nada. Sabía que Baji estaba loco, y podía esperarse cualquier cosa. - Estoy en deuda contigo – le sonrió. - ¿Hay algo que quieras a cambio? Te gustaba la plata, ¿no? ¿O prefieres mis calzones? – le dijo, bajando una orilla de su pantalón. Bajo su oblicuo se notaba un calzón de mujer.
- ¡Ya tápate! – Kisaki miró a todos lados. Sólo le faltaba que saliera Chifuyu de entre los árboles a sacarle la porquería. – En realidad, tampoco quería tus calzones esa vez. No eres mi tipo. Quería exponerte y tener algo más de plata, y ya – confesó con cierta vergüenza. No era un muy buen delincuente.
- Aaaww, te salió muy mal al final. En fin, sigo con un compromiso contigo así que, si quieres algo, sólo habla
Kisaki lo vio marcharse. Todo ese intercambio había sido la cosa más extraña de su vida, aún más raro que sorprender a nadie más ni nadie menos que Keisuke Baji vendiendo su ropa interior vestido de chica.
- ¡Baji!
El nombrado volteó. Se veía de lo más relajado, no como días atrás. Kisaki había conocido a ese Baji nervioso y resignado del que no quedaba ni un rastro. Aprovecharía esa mirada gentil para pedirle un favor.
- En realidad, si hay algo. Hay alguien. Va en la secundaria de tu amigo, eso sí
- ¿Cuál de mis amigos?
“Engreído” pensó Kisaki, él podía presumir de que tenía un montón de amigos mientras que Tetta apenas conocía a un par de personas, y muy superficialmente.
- El pelo de plátano. Un amigo suyo, me gusta. – se sonrojó el muy puto. – Yo nunca le hablaría, pero quizás tú podrías, no sé… darle saludos de un admirador
- Aaah, ¡te gusta un amigo de Kazutora! – le dijo, sonriente y pícaro.
- Sí, pero ya cállate, no hables tan fuerte. Ya que nos vean hablando es raro
- Da nombre y hago el trabajo
Tetta lo consideró. Diablos, quizás todo eso sería un error, pero ya había arrojado la bomba y no podía dar pie atrás - Shuuji Hanma… alto, delgado, manos tatuadas
- Te gustan los chicos malos, Tetta, ¡qué nasty! Sí, conozco al tipo.
- ¿Podrías… hablar con él? Al menos, que sepa que existo
- Date por pagado, Kisaki
Baji asintió, y luego, cada cual siguió su camino. El chico bronceado vio como Chifuyu estaba esperando a Baji detrás de un pilar, y lo escuchó decir algo así como “te demoraste, baji-san, vamos a casa” y le agarró la manito con ternura. Se veían bien juntos, el par de idiotas. No podía creer que después de haber querido cagarse a Baji, las cosas terminaron saliéndole de maravilla al pelinegro.
Nada de lo que tramaba salía a su favor al final, pero, de alguna manera Baji no tenía rencores y se había ofrecido a ayudarle.
Probablemente Baji era un buen tipo y, además, con bastante suerte. O quizás Kisaki no supo planearlo bien y su idea fue absurda desde el principio.
O quizás simplemente era momento de aprender que todo en la vida se paga, para bien o para mal.
