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Cuando eran jovenes, con tan solo 16, apenas adolescentes que recién iban entendiendo de la vida, Usan y Shen pasaron el primer calor de Usan juntos.
Shen había sostenido a Usan en sus brazos, llenandole de su olor, y mimando el cuerpo del muchacho, quien temblaba y se restregaba en su agarre.
Ocasionalmente presionaba su pierna en el espacio entre las del albino, tratando de otorgarle algo del placer por el que su cuerpo lloraba.
Shen siempre fue la persona más dulce del mundo con él en esas épocas. Y la única razón por la que nunca pasaron de unos cuantos toques indebidos, fue por el temor de este a que Usan quedara embarazado siendo tan jóvenes.
Honestamente....ese trato lo habia hecho tan feliz....
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Sin embargo, las cosas evidentemente iban a cambiar una vez crecieran.
Ya no eran los mismos adolescentes melosos que no podían nisiquiera tomarse de las manos sin ponerse totalmente rojos. Eran adultos bien desarrollados, y muchas cosas habían pasado entre ellos tras tantos años.
Traiciones, secretos, mentiras, alianzas...
Estaban lejos de ser los mismos que alguna vez fueron.
Sin embargo, eso no los detuvo de juntarse nuevamente para el celo de Usan, ahora llamado Zed.
No lo habían hecho en años, y sin embargo, una vez su relación volvió a pisar un suelo algo estable, sucedió.
De nuevo en aquella vieja cabaña que usaron por años para esconderse del mundo exterior durante las épocas más vulnerables del omega.
En algún momento, estos se hubieran acurrucado entre sí, apenas y atreviéndose a tocar al otro pese a lo que sus cuerpos les rogaban.
¿Actualmente? Estaban haciendo absolutamente lo contrario.
Las dulces y suaves caricias dejadas en el olvido horas atrás, lo único que resonaba en aquella habitación era el choque de sus pieles y los obscenos sonidos que provenían de las bocas de ambos.
Una mano rodeaba con fuerza pero cuidado la garganta del maestro de las sombras, lo suficientemente fuerte para hacer a su cabeza sentir ligera, pero jamás lo suficiente para realmente lastimarlo.
Hablando del mismo, era claro que cualquier pensamiento racional había muerto en su cabeza desde tiempo atrás.
Debido a su separación por años, Zed jamás había vuelto a pasar un calor con absolutamente nadie. Su omega interno demasiado reacio a dejar que otros alfas lo tocaran, y a la vez llorando por la ausencia del alfa que por años lo había aliviado y hecho sentir seguro.
Y ahora estaban aquí, por fin reunidos de nuevo. El alfa por el que su omega interior lloraba tanto, y su yo conciente se lamentaba día tras día, estaba ahí, dentro de él.
La sonrisa boba que debía tener entre tantos gemidos ha de ser cuanto menos vergonzosa.
Por su parte, Shen no estaba en ninguna mejor situación.
Había sufrido por incontables noches cuando Zed se fue. Incapaz de soportar la traición de su más cercano amigo y amor más profundo.
Y aunque no lo admitirá en voz alta, el alfa en su interior se lamentaba diariamente por perder a aquel omega que, incluso sin una marca, había declarado suyo.
Pero ahora lo tenía aquí de nuevo. A su más grande amigo, a alguien a quien amo y casi odio por partes iguales, estaba aquí, bajo de él.
Sobraba decir la oleada de emociones que esto provocaba en ambos.
- Zed...¿Puedo...?
Entre la neblina de su mente a causa del celo y de los ya numerosos orgasmos a los que habia sido conducido esa noche, la pregunta apenas se registro en su mente.
Pero oh, claro que la entendió.
- Alfa...porfavor...
Sin necesitar más, el alfa alcanzó su propio orgasmo, dentro del albino.
Cuando el nudo disminuyo, saco su miembro, apreciando la vista mientras una parte del líquido goteaba fuera de la entrada del omega, mezclándose con el lubricante natural. El omega estaba hecho un desastre de jadeos y temblores, pero al mirar a su rostro, podía ver la mirada más suave y enamorada que hubiera visto en toda su vida, aún más que aquellas que le dio cuando eran tan solo unos jóvenes.
¿Quien diría que el temido maestro de las sombras podría verse tan hermoso?
...su mente reacciono de que, tal vez, debería ir a buscar algo de comer y con lo que limpiar al omega, pero antes de poder moverse, este lo atrajo hacia sí mismo y se aferro a él.
Shen logró mover la posición para que el albino descansará en su pecho, y por un momento parecieron los mismos jóvenes que alguna vez fueron.
Oh, bueno, podrían permitirse esto por unos días.
