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Español
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Published:
2022-06-24
Words:
9,070
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1/1
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204

Días perros

Summary:

“No es lo mismo. Tener un humor de perros. O que te gusten los perros. Y Jensen sabe la diferencia porque nunca, ni siquiera de pequeño, quiso un puto perro”

Notes:

Le he dado muchas vueltas a si republicar o no mis historias de RPS porque una cosa era hacerlo en Livejournal, donde teníamos una especie de valla protectora de “A Nadie Le Importa Esto Realmente” que protegía del mundo exterior estas historias inspiradas en personas reales en las que todo es absolutamente de ficción, y otra cosa publicarlo aquí, a plena luz del día. He optado por publicar algunas y espero haber hecho bien.
¡

Work Text:

No es lo mismo. Tener un humor de perros. O que te gusten los perros. Y Jensen sabe la diferencia porque nunca, ni siquiera de pequeño, quiso un puto perro. Josh quería un perro. Kenzie quería un perro. Tuvieron no uno, sino varios perros y Jensen los sacó a pasear, recogió sus cacas de perro y les acarició la cabeza cuando había que acariciarles la cabeza. Pero nunca quiso un perro, nunca ha creído que haya nada especialmente maravilloso en sacarles a pasear, recoger sus cacas de perro y acariciarles sus peludas cabecitas de perro. No es algo que vaya diciendo por ahí porque la gente cree que si no lloras cuando un cachorrito te mira eres un hijo de puta sin entrañas y a Jensen no le gusta que la gente crea (sepa) que es un poco hijo de puta sin entrañas. Un poco, tampoco mucho. Lo justo para sobrevivir en su trabajo.

Es domingo cuando Jared toca el timbre en su casa. Oye los ladridos subido al Stairmaster, con el corazón bombeando sudor y el canal Hollywood en silencio, emitiendo una de Brando que nunca ha visto antes y parece un coñazo. Le hace sentir mejor, pensar que Brando hizo pelis de mierda, esa es la verdad. Pensar que cada uno tiene su “Devour” en esta vida. Son las once de la mañana, la huelga le ha dejado sin nada que hacer y no tiene ni idea de qué estará haciendo Jared en su casa y con los perros pero no tiene buena cara.

-¿Qué mierda te ha pasado?

-Sandy me ha dejado.

Cuatro palabras y Jensen nunca pensó que las oiría. SandyJared, era como un continente, como una variable universal, como un episodio de Urgencias. Algo que siempre está ahí. A veces tan presente que pasa desapercibido pero ahí.

-Pasa.

****

No es que Jared se haya mudado con él.

-No se ha mudado. ¿Te lo repito otra vez? ¿Tienes tapones de cera? ¿Cuánto hace que no te duchas?

-Estáis viviendo juntos, Jensen. Ya erais maricones antes, pero esto es un nuevo nivel. Es como la fase final antes de ser marica del todo y oír a Cher. Espero que al menos te la casque mientras le pones el culo.

Lo que pasa con Chris es que a veces tienes que recordar todos los motivos por los que, en el fondo, es un buen amigo.

-No tiene casa en Los Ángeles, Kane. No voy a mandarle solo a Vancouver cuando nadie sabe cuando volveremos a rodar. –Sadie le mira como si escuchara la conversación y es una idiotez pero por algún motivo tiene que darse la vuelta y esquivar esos ojos de perra sabelotodo-.Está deprimido, Kane. Intento ser un buen amigo. Te acuerdas, ¿no? De lo que es un buen amigo, digo. ¿Todavía te acuerdas?

Chris dice “ajá” y siempre parece que mastica algo.

-Dime una cosa. ¿Lloras mientras te corres, Jen?

-Te voy a colgar.

-No tienes por qué avergonzarte. Hacéis el amor, es bonito. De SuperMaricones pero bonito. Ni siquiera estoy celoso. Te apoyo cien por cien.

Le cuelga. Mientras Chris dice “te quiero, princesa” a voz en grito.

****

Jared duerme unas quince horas al día, como los koalas. Hurley se queda a los pies de su cama o encima. Si quiere mear mira la puerta y la roza con la pata. A veces llora pero ni un solo ladrido. Es deprimente. Sadie, mientras tanto, sigue a Jensen. Es lo único que hace. Da igual lo que haga, Sadie siempre está detrás. Ni siquiera puede cerrar la puerta mientras se ducha porque entonces se oyen en todo el apartamento, esos lamentos tristones de perra desesperada. A Jensen no le importan mucho, está acostumbrado a lloriqueos irracionales (salió en un culebrón, trabajó con Jessica Alba, ha estado en muchas convenciones, está acostumbrado a mujeres perdiendo la chaveta) pero si Sadie llora Jared parece más triste de lo normal. Vestido con pijama y, polvo de ganchitos en la cara, parece el tío del “antes” en un anuncio para antidepresivos. Jensen intenta ser comprensivo. El chaval está mal, necesita hacer el duelo. Y Jensen quiere apoyarle.

-Si no haces algo de ejercicio, todo ese músculo se convertirá en grasa. ¿Eres consciente de eso, no? Y estamos hablando como de treinta kilos de grasa. Tendrás que mejorar tu movimiento de cadera para imitar a Elvis en Las Vegas.

Vale. Apoyarle tampoco se le da muy bien pero es que no es fácil ver a alguien regodearse en su miseria día y noche y no tener ganas de zarandearle hasta que reaccione.

-Hicimos el viaje desde San Antonio a Los Ángeles un par de veces en coche. Una vez paramos en Las Vegas y gané trescientos pavos en las máquinas tragaperras del Caesar´s Palace. Sandy dijo que nadie gana nunca en Nevada, que teníamos que cruzar el estado y hacer historia antes de que se gafara.

Le abraza. Qué coño va a hacer. Le abraza y punto. Sadie intenta meter la cabeza entre sus piernas mientras lo hace.

-No, en serio, ¿qué coño le pasa a esta perra?

Jared se mete una mano llena de ganchitos a la boca. Le mira como si fuera retrasado, como si fuera lo más normal del mundo.

-Le gustas –dice-. ¿Sadie? Siempre ha estado enamorada de ti. La intenté cruzar con un perro que había ganado un concurso de belleza y le ladró hasta que el bicho se echó a llorar. Le llevaron a un psicólogo canino.

-¿Me estás tomando el pelo?

Se encoge de hombros y por primera vez desde que se presentó en casa, con la noticia de la ruptura y ni una sola explicación sobre los motivos, sonríe. No una sonrisa de Jared, cien mil watios de energía y una subida inmediata de la factura de la luz pero algo es algo.

-Pensé que ya lo sabías. Se ve que eres irresistible, Jen.

Sadie le está chupando los zapatos. Hubo una tía que le escribió durante “los días de nuestra vida” y se ofreció a hacer lo mismo. Desde entonces no lee cartas de admiradoras.

-Cállate. Y dúchate. Hueles a ganchitos y pelo de perro.

Protesta. Insiste en que es “au de Jared” pero se ducha. Jensen se intenta convencer de que tiene un buen motivo para estar cerca del baño hasta que deja de escuchar el agua. No es por nada, es que hay un montón de estadísticas raras sobre gente partiéndose la cabeza al resbalar en la bañera. Muere más gente en accidentes en casa que en accidentes de tráfico. O tal vez no pero es su casa y puede escuchar la ducha si le da la gana. Coño.

***

Los perros comen poco.  No quieren salir a pasear más que para mear. Nada de correr y agotarse cogiendo un palito. Nada de morder huesos de plástico. Nada de nada. Excepto imitar el comportamiento de Jared y no hacer nada.

-No, en serio. ¿Qué rayos les pasa?

Aunque, ¿la verdad? La verdad es que quiere preguntar “Jared, ¿qué coño ha pasado y por qué has roto con Sandy y cuándo vas a dejar de no parecer tú mismo y qué mierda puedo hacer para arreglarlo?”

-La echan de menos, Jen. Solo eso.

A veces no preguntas algo porque crees que quedarás como un idiota si lo haces. Y luego lo preguntas y efectivamente quedas como un idiota.

-Ya. Claro. Sí.

***

Jared lleva cinco días en casa. Ha pasado la fase de ver Teletienda y ahora le ha dado por Oprah. Si consigue que empiece a ver “The Office” será un avance. Puta huelga. Si trabajaran al menos tendría algo con lo que distraerse.

-Jared, en serio. ¿No quieres hacer nada? ¿Salir o… algo?

Llevan tres horas en el sofá y Jensen no quiere ver otro emocionante testimonio de una madre soltera criando a quintillizos con la ayuda de su abuela sorda y un paralítico cerebral.

-Nah. Prefiero ver esto.

De vez en cuando Jared le da con un codo o pasa por encima de él para acercarse a la mesita y coger nachos. No tiene sentido del espacio personal y está dejando el sofá crujiente, el tío cerdo. Jensen va a decirle “eres un marrano, te lo juro” pero de repente Jared dice “perdona” y como “perdona” no tiene ningún sentido porque no ha hecho nada aparte de estar ahí y vegetar, Jensen pregunta “qué” y oye su explicación con la boca abierta.

-Perdona. Digo…me presento aquí y ni siquiera te he pedido permiso y seguramente quieres salir o hacer algo aparte de estar aquí conmigo. Ya sé que doy pena es que… debería irme a casa, solo que… -se desencaja un poco y le ha visto llorar antes, así que reconoce los síntomas pero no está seguro de poder aguantarlo, si llora de repente-… pensaba que íbamos a casarnos algún día, en serio, pero ella quería, sé que quería casarse ahora, o sea no entendía por qué no íbamos a hacerlo y yo tampoco lo entiendo, es solo que no podía, ¿sabes? Siento que… ni siquiera te he pedido permiso para estar aquí, simplemente vengo aquí y me instaló y traigo a mis perros y sé que te has dado cuenta pero Hurley se está comiendo tu sofá.

Sí que se ha dado cuenta y si Jared le vuelve a pedir perdón por esperar de él que se comporte como una persona decente y le devuelva una mínima parte de todo lo que él le ha dado los últimos cuatro años, va a vomitar. Hacer algo por él ni siquiera es hacer algo. Lo que le irrita, joder, es no poder hacer más.

-Sí que me he dado cuenta. De lo del sofá. Pero no quería que te agobiaras por eso.

Esta vez le abraza Jared. Semi inclinado en el sofá. Chocando como un buque. Huele a su champú. Jared y su champú, es una combinación inesperada.

-Eres un gran amigo. En serio. Te lo juro.

Algo… dios. Jared no tiene ningún sentido de ningún tipo de espacio. Desparrama sus sentimientos por ahí y luego Jensen tiene que pasar quince minutos buscándose la tripa, redibujando los mapas de su cuerpo para recordarse donde empieza y dónde acaba.

-No, qué va –dice, incrustado en su cuerpo-. Pienso cobrarte un sofá nuevo.

Jared no se deja intimidar por ninguno de sus intentos de recuperar ese espacio. Ni bromas, ni chistes, nada. Repite “en serio” y “te lo juro, el mejor” y venga ya, venga ya, Jensen intenta siempre guardar las cosas que valen dentro de treinta y cuatro mil capas de papel de aluminio pero Jared se cuela entre las rendijas como el aire y con él es imposible, mentir, esconderse, guardarle nada. Se escucha diciendo “todo va a ir bien, está bien” y su estómago hace tres vueltas de campana sin que nadie le dé permiso y sin una sola explicación razonable.

***

-Es una mierda, Jared.

-Es un clásico.

-¿De mierda?

-¡Es el Tetrix, chaval!

Jared encaja las fichas como si supiera, el cabrón, la que va a venir después.

-Odio este juego.

-Odias perder, Ackles.

Es verdad. Sobre todo porque se ha comprometido a hacer la cena si pierde y Jared come por él y por todos sus compañeros.

-Tengo hambre –dice-. Dame algo de comer, cabrón.

No es adorable. Para nada. De camino a la cocina murmura “¿darte, capullo? ya verás lo que te voy a dar” y escucha la risa de Jared, un estruendo atronador, espectacular.

****

Al principio usaba su manta verde del sofá. Después le dio por uno de los cojines de la cama pero ahora, Hurley ha decidido que le gusta mucho más su pierna. Cada vez que Jensen se sienta, Hurley se arrima, se pone sobre dos patas y a galopar, Catalina.

-Jared. Tu perro se está follando mi pierna. Otra vez.

Jared saca la cabeza del baño, con el cepillo en la boca porque, por algún motivo, tarda siempre media hora en lavarse los dientes.

-Déjale. Es un impulso natural. Al menos ya no se limita a llorar y pasar de la comida.

-¿Qué tenía de malo cuando hacía eso? Me gustaba esa fase. En esa fase mi pierna no estaba mancillada.

Se mete en el baño, escupe. Sale limpiándose la cara con el reverso de la mano. Un impulso reflejo de cuando se crió en una cuadra en San Antonio, seguramente. Tiene una mirada malévola, la primera desde que se instaló.

-Si te quedas quieto, Jensen, termina enseguida.

-Si se corre en mi pierna, vamos a cenar carne de perro. Te aviso.

Es un poco como estar bebido de champán, este rollo con Jared de tomarse el pelo. Casi como flirtear. Solo que no porque, o sea, jared. Y eso.

-Como que es la primera vez que alguien lo hace. Ya sé cómo conseguiste a Dean, Jen. Kripke lo va contando por ahí.

-Qué cabrón. Me dijo que tú lo habías conseguido así. Te llaman rodilleras Padalecki, ¿no lo sabías?

Se sienta con las piernas abiertas en el sofá. Es tan grande que le llegan las rodillas al cuello. Más o menos.

-Tengo que trabajar, Jensen, y no puedo confiar en mi talento. A veces hay que hacer lo que hacer y esta es una ciudad muy dura.

Tiene una especie de flash centelleante. Jared sentado justo así pero con los pantalones desabrochados, esa puta sonrisa de come mierda, tocándose con una mano, diciendo ¿vienes o qué? con ese acento deslizante que tiene cuando está borracho. Se lo sacude de la cabeza a fuerza de voluntad. A veces la imaginación vuela demasiado rápido y no significa nada, excepto que uno tiene demasiada imaginación.

***

Danneel es la única persona con la que ha salido y de la que sigue siendo amigo. Aunque lo de que “han salido” puede que no sea del todo cierto. Hace cuatro meses, ella le dijo “Jensen, tú y no salimos, somos amigos que follan, es lo que siempre hemos sido”. Tardó media hora en examinar su expresión, estudiar el tono de su voz y entender que acababa de romper con él. O no. O sea, técnicamente se han acostado un par de veces desde entonces. O sea que podrían estar saliendo, si no fuese porque aparentemente nunca llegaron a salir. Es todo muy confuso. Las mujeres son confusas.

-Así que, estás viviendo con Jared.

Otra vez la misma conversación. Si tiene la misma reacción que Chris, se marcha.

-No. Sí. Temporalmente. Sandy le ha dejado. Han roto. No sé, no lo tengo muy claro.

-¿No te ha contado? –Antes de que Jensen conteste algo como que no, no se lo ha contado y es asunto suyo, de todos modos y a veces uno no quiere hablar de cosas privadas, ella le mira, ve algo que seguramente Jensen preferiría haber escondido y ya está. Pillado, juzgado, condenado-. ¿No se lo has preguntado, verdad? Asco de hombres, te lo juro. No pasa nada por hablar a veces, ¿sabes? Los testículos no se encogen por hablar, es solo una leyenda urbana.

-A veces hablamos.

-“Pásame otra cerveza” no es hablar, cariño.

Esperan cola para que les sienten a tomar el brunch en un sitio a tres kilómetros de casa de Danneel. Más lleno de gente de lo normal porque esto es Los Ángeles de huelga y nadie tiene nada que hacer, muchas gracias por preguntar. Danneel ha llegado haciendo ejercicio, pantalones elásticos, top ajustado, sudadera en la cintura, pelo recogido en una coleta que le acaricia los hombros cuando se ríe. Jensen se empalmó por primera vez viendo al equipo de gimnasia olímpico en una exhibición y tal vez eso expliqué por qué no puede esperar a que les sirvan ni el café antes de arrastrarla a su casa, meter la mano dentro de las bragas, sacarlas fuera, meter la lengua, empujarla contra la encima de la cocina y lamerle todo eso tan suave y tan caliente hasta que se estira, blasfema y se corre. Por él seguirían ahí, en la cocina pero Daneel le arrastra hasta la cama con un argumento muy convincente (“quiero sentarme encima de ti, quiero estar arriba”) y deshacen las sábanas hasta primera hora de la tarde. No es que recuerde polvos malos con ella, pero ¿este? uno de los mejores. Es como si no se hubiera dado cuenta de toda la energía sexual que acumulaba hasta que ha empezado a sacarla y una vez que ha empezado, es que si no pudiera parar. Danneel no se queja. Tiene esas mejillas encendidas de felicidad sexual y la coleta casi deshecha.

-La teoría de Chad es que con la huelga va todo el mundo caliente porque nadie tiene nada que hacer. Aunque no esperaba que te afectara a ti. Pensaba que eras inmune a todo.

-Por haber dicho “Chad” en la cama te has quedado sin el cuarto.

No, en serio. Eeww. Ahí abajo alguien había empezado a levantar la cabeza otra vez pero ahora imposible. Por más que Danneel se ría y diga que no puede ser para tanto y que no piensa dejarle marchar sin batir alguna especie de récord.

-No. Imposible. La has matado. –Mira debajo de las sábanas-. Muerta.

Dios, le encanta su tono de voz cuando pregunta “¿estás seguro de eso?”. Le encanta cómo se agacha y la toca, cuando todavía está suave y descansando sobre una pierna. Le encanta cómo la besa para provocar una erección y lo despacio que la llena de saliva, como si no tuviera prisa, como si estuviera haciéndolo solo porque le encanta besarla hasta que está rígida y palpitando. Besarla con mucha lengua, atraparle contra la cama, lamerse un dedo y meterlo, hacerle sisear, gemir, quejarse, correrse y terminar.

-¿Ves como no estaba muerta?

En realidad no tiene fuerza física pero antes de marcharse se esfuerza en darle un último orgasmo. Besándole la boca hasta que se le duerme la lengua, usando los dedos como a ella le gustan. Suave, despacio, besándole el cuello de vez en cuando. La deja casi dormida y podría quedarse hasta la mañana siguiente pero ya no hacen eso y Jared ha podido encontrar alguna nueva tortura como escuchar a Lionel Ritchie, así que tiene que marcharse.

-Eh, guapo. –Danneel es más guapa casi dormida, exhausta y desenredada-. Cuida de ti, además de cuidar de él.

No está seguro de entenderlo pero asiente. Cuando llega a casa es casi de noche y no hay ningún motivo pero se siente ligeramente culpable cuando Jared asoma la cabeza del sofá y los perros enseñan las orejas y Hurley ladra y Sadie le olisquea. Si los perros realmente tienen un olfato más desarrollado tiene que estar a punto de desmayarse porque incluso él mismo nota que apesta a sexo. Necesita entrar a la ducha y necesita hacerlo ya, antes de que Jared se levanta y....vale, está de pie, demasiado tarde.

-Sí que se ha alargado el desayuno.

-Era el brunch. –Qué respuesta más gilipollas. Jared no se lo está recriminando. Solo parece... bueno, está depre así que parece depre. Y también... ¿curioso? Lo que sea, tiene demasiadas expresiones faciales, de todos modos-. Y sí, se ha alargado. Un poco. Ya sabes.

Sadie ladra. Le olisquea y ladra y eso es justo lo que necesitaba. Una perra celosa. Justo eso. Necesitaba una perra celosa y las preguntas de Jared.

-¿Estáis saliendo otra vez?

-No. –Tajante. Tal vez demasiado-. No-repite. Más suave-. Qué va. No.

Cuatro. Se ha corrido cuatro veces pero en la ducha todavía siente que le tintinea la piel bajo el agua. Una sensación de electricidad estática que no desaparece bajo el chorro. Podría machacársela pero no tiene la estamina suficiente y de todas formas, está casi seguro de que eso tampoco le aliviaría.

***

-¡Padalecki!

Diez días en casa. Tienen rutinas. Jared ha empezado a correr por las mañanas. Cuando Jensen se levanta, tiene zumo preparado. Cuando Jared llega de correr, él ha hecho café y huevos. A veces tortitas porque total, tampoco es como si tuvieran otra cosa que hacer sin serie y con la ciudad parada, suspendida en el vacío, sin guiones. A la vuelta del ejercicio diario, Jared suele traer pan, así que lo tuestan. Lo come todo integral, el chaval. Jensen ha tardado días en acostumbrarse, no hace más que ir al retrete. Los perros, obviamente, han entendido que la casa es SUYA. Quieren el mejor sitio en el sofá y es totalmente inútil razonar con Sadie. Si Jensen se sienta, ella quiere poner la cabeza en sus piernas, sin discusiones. Hurley sigue obsesionado con su pierna.

-¡Eh, San Antonio!

Le ha oído. Sabe que ha llegado de correr. Sabe que va a venir a la cocina antes de nada, abrir la nevera y sacar un botellín de agua mientras hierve el café. Lo sabe. Que no hace falta gritarle, ya lo sabe. Pero es chachi, gritarle un poco. Jared nunca se irrita, es como una sartén antiadherente. Todo lo que no le viene bien, le resbala.

-¿Me chillas por qué me quieres, no? No pasa nada por expresar tus sentimientos, Jensen, puedes decirme que me quieres. No hace falta que los disimules en forma de cabreo. Una demostración de afecto demuestra que te sientes seguro de tu masculinidad.

-Precioso, Freud. Pero tu perro se está chupando la polla.

O al menos eso cree. Hurley lleva un rato lamiéndose. Echo un ocho sobre sí mismo, con las patas traseras abiertas y la cabeza metida... por ahí. Tiene que ser una especie de auto-mamada de perro. Tiene que ser eso. Al principio pensó que se lavaba pero el chucho se come su propio vómito, está claro que la limpieza le importa un huevo. Eso no es limpieza, es masturbación.

-No le mires, Jen. Es privado. Esta no es una de tus pornos gays, Jen.

Jared se acerca, con esa mano enorme, sudando con intensidad. Se le pega la ropa por todas partes, el pelo en la cara, energía acumulada como para prender fuego al edificio. Intenta taparle la cara y es asqueroso, en serio, todo ese sudor. Sí, en serio. Insiste, “no mires, Jensen” y cuando le quita la mano, se queda ahí, cerca de él. Jadeando para recuperar el aliento. Un animal enorme, más grande que ningún perro.

-Privado tus cojones, Jay. Lo está haciendo en mi cocina.

-Eres como el Pitufo Gruñón, ¿lo sabías? Solo te jode porque tú no puedes hacerlo.

-¿Quién dice que no puedo? 

Le nota vibrar, reírse.

-No eres tan flexible.

-A lo mejor no me hace falta. A lo mejor me llega hasta la cara.

Seguramente la carcajada de Jared es un insulto. Pero se ha tomado el primer trago de café y toda irritación es imposible después del primer trago de café. Cuando Jared se agacha, se le eriza el vello de la nuca, cogido sin aviso, con la guardia baja.

-No te hagas el interesante, Jen. Respecto al tamaño todo el mundo sabe que salgo yo ganando. ¿No te has pasado nunca por elpadalecki latienemásgrande punto com?

Se muerde la lengua porque la única manera de contestar a eso es decirle “perro ladrador, poco mordedor, Jay”. La única manera es decirle “mucho ruido y pocas nueces, Padalecki”. La única manera de salir ganando en eso, ante algo así (dios, Jared, ¿por qué me haces esto?) es decirle “¿comparamos?” y Jensen no quiere comparar, no quiere saber, no quiere pensar. Y desde luego no quiere flirtear. Y contestar ciertas cosas, no importa cómo lo mires es flirtear.

Así que se muerde la lengua.

Hasta que se le gangrena el esfuerzo y no aguanta más. A quién quieres engañar, no sabes resistirte .

-Ya sabes lo que dicen, Jared. Perro ladrador...

Deja la frase sin acabar y Jared dice

-... ¿guau?

Se toma el café despacio, apoyado en la cocina, dejando que caigan gotas de sudor, chisporroteando energía, mensajes de texto en la mirada que Jensen envía a “recibidos” y de ahí a “marcar como spam” y “suprimidos”, maldita sea. Pero ya es tarde y se le cierra el estómago en canal. Así, de repente. Se deja el café a medio tomar. Las tostadas casi sin morder. Y es así, de repente, solo que no, solo que no es tan de repente. Que haya ignorado los avisos hasta ahora, no significa que no los haya habido. Hacerse el tonto no tiene un recorrido tan largo como debería.

***

Darse cuenta lo hace todo más difícil. Convivir con Jared y los perros.

Sadie insiste en dormir con él. No con Jared. Con él. Al chaval le parece tronchante. Dice cosas como “es amooooor” y Jensen quiere atizarle pero no lo hace porque se acaba fijando en sus patillas. Cuando se le ocurre cerrar la puerta del dormitorio para dejar a la perra fuera, la muy... se caga en la alfombra. No es ninguna metáfora.

-Jared, no es ninguna metáfora.

No consigue que se deje de reír.

-Literalmente, se ha cagado en la alfombra.

Qué va, es imposible. Lo encuentra hilarante.

-Te odio. ¿Me estás oyendo, no? Me caes mal.

Pero no le odia. Y ese es parte del problema. Tiene que resignarse a que Sadie duerma a los pies de su cama. Ella no se conforma con eso. Intenta encaramarse, pegarse a su cuerpo, y echarle aliento de perro en la nuca pero Jensen consigue mantenerla a raya de la cintura para abajo. A pesar de que pueda parecer lo contrario tiene límites. No es que le resulte fácil ponerlos cuando se trata de Jared pero los tiene, en serio.

Y son como límites firmes. Y super sólidos. Y lo que hace Jared con esos límites es básicamente cagarse en ellos. Por suerte (esta vez sí) metafóricamente.

****

Juegan al Guitar Hero y Jensen siempre pierde. Así que le saca de casa para jugar al golf porque necesita ganar a algo. Una idea de mierda. Le acaba enseñando qué es exactamente lo que hace mal en su swing y pegado a su cuerpo como una infección, sensaciones vagas y difusas se vuelven carne y pecado.

-¿Así?

Se balancea con el palo en la mano. Concentrado. Cuando le conoció pensó “ostia, qué alto” y le ha visto mejorar tanto como actor que a veces siente verdaderas oleadas de orgullo. Un sentimiento caliente y bienvenido, como de hogar. Asco de crío, en serio. Es como una bomba de profundidad contra el cinismo.

-Así.

Mandan la bola lejos, en la dirección correcta. Los dos juntos, pegados como siameses unidos por la cintura.

-Eh, ¿has visto? Soy super bueno, Jensen. Soy como... –se queda colgado en los puntos suspensivos-, ostia, ¿qué jugadores famosos de golf hay?

Joder.

Le gusta Jared.

Hay que joderse. Tiene que ser la huelga y su mente jugándole malas pasadas ahora que tiene tiempo libre. Asco de guionistas. En las entrevistas cuando le preguntan dice “oh, que les vaya bien”. ¿Que les vaya bien? Que se vayan a tomar por el culo, la mitad de las cosas que ha leído en su vida eran peores que el menú de un restaurante chino de a tres dólares el plato. La única razón por la que quiere que consigan su pasta es para que la asociación de actores pueda negociar luego un pellizco mayor. Por eso y para joder a los productores. Sea cual sea la guerra, el lema es siempre joder al que paga. No le puede gustar Jared. Es para troncharse. ¿Cómo le va a gustar Jared?

No, en serio.

Si le gusta Jared ya se puede despedir de su vida, echarla por el retrete y tirar de la cadena. ¿Qué va a hacer? ¿Trabajar así? No puede trabajar así, pensando en tirarle del pelo para que abra la boca y meterle la lengua dentro. Va a tener un ataque de pánico. Va a tener un ATAQUE DE PÁNICO.

-Jensen, ¿estás bien? Tío, estás blanco.

No está bien. Jared le agarra. Le ha agarrado mil veces y ahora es una tortura.

-Estoy bien. Hace calor. Estoy bien.

No está bien. No está nada nada bien. Está tan no-bien que esa tarde se lleva a los perros a correr solo para que ladren fuerte y no tener que oír su propio pensamiento. Corren tanto, los cabrones, que no puede bajar el ritmo y cuando acaba le duelen los pulmones, le suda todo el cuerpo.

****

Pasa tres noches seguidas fuera. La tercera hasta las ocho de la mañana que no era su intención pero estar en casa respirando las paredes tampoco es una gran alternativa y el sexo no es que solucione nada pero alivia mientras dura. Supone que Jared estará corriendo cuando llegue y se equivoca. No corre, mira el Variety en la mesa del desayuno, con el zumo delante y una expresión cautelosa.

-Eh.

-Eh.

-Has salido.

-Sí.

Le acerca el zumo.

-Tienes que hidratarte si no quieres tener reseca mañana. O luego.

Es una trampa para ratones y cae como un primo. Se acerca a por el zumo y a esa distancia, no hay alcohol que valga, Jared le olisquea como si fuera uno de esos chuchos por los que siente demasiado afecto. Le olisquea y huele exactamente qué ha estado haciendo desde las tres de la mañana.

No huele igual, cuando es un hombre y Jared es bastante mayor como para saber la diferencia. No dice nada. A lo mejor Jensen no debería esperar que dijera algo pero tiene la sensación de que va a hacerlo.

Se equivoca.

 

**

Al menos ese día se equivoca. Pero pasan dos días más. Hace un calor irreal para estar en enero, la ciudad hierve de cotilleos sobre negociaciones paradas y gente que no puede pagar las deudas. Los ejecutivos hacen crucigramas en sus despachos y la mitad de los actores de segunda fila que no tienen ahorros para sobrevivir a semanas de inactividad se plantean el porno como alternativa porque, ¿no hay guiones en el porno, verdad? La última huelga duró cinco meses. Jensen no puede soportar cinco meses de estar suspendido en el vacío. Cinco meses de Jared viendo teletienda hasta que se queda dormido en el sofá, con los perros tirados a sus pies como trapos de pelo o peluches vacíos.

Cómo va a soportar cinco meses si ya es dificil soportar un momento. Es dificil levantarse a por un vaso de agua y verle. Mirando la tele, girado en el sofá, ojos de niño, labios rosa chicle, el pelo revuelto. A oscuras, iluminado por un anuncio de un pelapatatas mecánico que también pela berenjenas y todo tipo de verduras. Todo a velocidad vértigo y sin ese molesto lagrimeo que da cortar cebolla.

-¿Me traes un Seven up?

Le trae un Seven Up de la nevera.

-¿Te crees que soy tu niñera?

-Te quedaría bien una cofia. ¿Viste aquel reportaje de las pornochachas?

Le dice “vete a tomar por culo” pero está apoyado en el sofá, la cara sobre la mano y suena “vetatomarpculo”. O algo. El pelapatatas es bastante chulo.

-¿Por qué no venderán toda esta mierda en tiendas? –pregunta-. Es muy sospechoso, ¿no?

Y de repente, así de repente, Jared lo suelta.

-¿A veces te acuestas con tíos, no?

Así, plof. Como cuando caga un pájaro. Jensen nota que le arde la cara y da gracias por la penumbra. Quiere mentir pero qué mentir ni qué ostias. No se le miente a Jared. Eso no se hace.

-Normalmente no.

Sabe que Jared le está mirando. Él prefiere mirar el pelapatatas.

-¿Es mejor?

Es más íntimo. Es más personal. Es más violento. Qué puta pregunta.

-Diferente, Jared. Es diferente.

Reza para que ese sea el fin de la conversación y se decepciona cuando, efectivamente, lo es. Ni siquiera es consciente de ello pero le revuelve el pelo a Jared antes de salir. Necesita voluntad de acero para no meterse la mano dentro del calzoncillo. Tumbado en la cama piensa en cómo reaccionaría Jared si le hiciera sujetarse las rodillas, agachara la cabeza y le besara el culo hasta que empezara a abrirse. En su mente Jared se escandaliza, se derrite, se muerde los labios y pide por favor, "Jensen, por favor".

Su mente es claramente un guionista mal pagado. Se toma demasiadas licencias en la caracterización de los personajes. Que Jared quiera saber si se acuesta con tíos, no es lo mismo que Jared con el culo a punto de hacerse mantequilla y suplicando que acabe con la tortura de una lengua que es demasiado y no lo suficiente.

Jesús. La manera en la que Jared lo pide. En su mente. Jesús.

****

En el instituto Jensen tuvo una idea fugaz. Fue como una revelación pero al revés. Como una mala revelación. Pensó que Dios existía (era claro, existía, lo vio con nitidez) pero él no le caía bien. Vale que había bebido mucho tequila y todo daba vueltas pero parecía muy real. Dios existía y le tenía manía. Se deprimió tanto que cuando se despertó a la mañana siguente todavía seguía de mal humor. Entonces, por algún motivo, decidió que todo había sido producto de su imaginación y tuvo que controlar un ataque de risa.

¿Ahora?

Cree que entonces tuvo razón.

Dieciocho días de Jared en casa. Demasiadas semanas de huelga. Sin noticias de Sandy. Y va Jared y le besa. Ni siquiera están borrachos. No es… ¿qué sentido tiene? Jensen está haciendo guacamole. Qué tendrá que ver el guacamole con los besos. Está haciendo guacamole, contando cómo flipaba cuando todos aquellos actores horribles de “los días de nuestro vida” podían llorar como si tal cosa y va Jared y dice “te voy a” y es como “qué-“ y Jared “besar” y lo hace. Va y lo hace. Cuando Jensen tiene las manos ocupadas con trozos de aguacate y un cuchillo con filo romo. Sin dejarle capacidad de reacción, le besa. Seco y mal, chocando las narices y mal, de puta pena. Asco. ASCO de beso.

-Qué. ¿Jared? Qué-

No se pone rojo. Se pone blanco. Pide perdón.

-Perdona.

Ha sido el peor beso de su vida. Casi traumático. Se han chocado los dientes. Ese Dios. Ese Dios juega con cartas trucadas, asco de tío, en serio.

-¿Qué ha sido-? Jared, si tienes curiosidad ve a besar a Chad.

Es un poco cruel pero es que, ostia. Joder. Jared no puede hacerle esto. Así. De la nada. Solo porque Sandy le ha dejado y pasa demasiado tiempo viendo la tele. Porque se saltó la fase bisexual de la universidad y ahora tiene ganas de desquitarse.

-Te he dicho perdona. -Ahora sí. Ahora está rojo-. Tampoco es para tanto. Haces cosas peores con otros.

Jensen tiene que hacer un esfuerzo titánico por no partirle la cara. Es la primera vez desde que le conoce que quiere hacerle daño. Ver esa cara partida. Daño. Mierda.

-No es asunto tuyo. Qué haga, con quién y por qué.

No da un portazo pero sale sin mirar atrás y cuando entra en el coche tiene los nudillos blancos y está temblando. Es la primera vez que se pelean. Una pelea de verdad, la primera vez. Y lo único que puede pensar es que en su vida ha querido ha muy poca gente como a ese chico. Y normalmente no piensa en ese sentimiento, no le da nombre. Es solo “lo que siente por Jared”, pero, ¿la verdad? la verdad es que su vida es mejor con él dentro y él es mejor con Jared y no hay mucha gente así en el mundo y si estropea esto, si estropea esta cosa entre ellos está estropeando oro puro, lo mejor que tiene. En serio. Lo mejor que tiene.

Nunca planeó quererle así. En qué estaría pensando. Querer así puede hacerte polvo. Ya lo sabía, siempre lo supo. Pero se le fue de las manos, desde el primer día. Se le fue de las putas manos.

****

Otra cosa que no se había planteado hacer jamás.

Visitar a un veterinario de urgencia.

-Le hemos vendado la pata, pero era una herida superficial. Estará perfectamente. Puede que cojee unos días.

Estupendo.

-Gracias.

A Sadie le han dado algún tipo de calmante. A Jensen le encantaría tomarse un par. Intravenosos a ser posible. Estaba claro que había una razón cósmica por la que no le gustaban los perros. Era porque a veces los sacas y te paras mirando un escaparate y lo siguiente que sabes es que tu perro y un bicho peludo y enano cruce de pequinés y rata radioactiva se están ladrando en la cara. Si no hubiera metido la mano en medio para separarles, a lo mejor el semi chucho jibarizado ese no habría intentado morderle. A lo mejor si no hubiera intentado morderle, Sadie no habría intentado… ¿cómo decirlo suavemente? ¿asesinarle? A lo mejor entonces no habría acabado en el veterinario de urgencia, no habría amenazado al dueño del otro bicho con siete demandas diferentes y no tendría que darle ahora explicaciones a Jared.

-¿Qué ha pasado?

Decir que lo flipa se queda corto. Cuando ve las vendas le salen los ojos de las órbitas.

-La versión corta es que un engendro con cara de pequinés quiso morderme la mano y Sadie intentó desmembrarle. El bicho se enganchó de su pierna pero se lo sacó de encima. –Jared le acaricia las ojeras y le dice cosas que Jensen prefiere hacer como que no escucha-. He tenido un flashback a la tía esa de Londres que intentó fertilizarse contra mi cuerpo.

Hace dos días que Jared intentó besarle. Las 48 horas más incómodas de su vida, actuando como si no pasara nada y sacando a pasear a los perros una media de veintincico horas al día para no sufrir esos silencios preñados de preguntas. Odia esa puta tensión entre ellos. Si la tensión fuera algo tangible le dispararía entre ceja y ceja para matarla. Quiere a su Jared, maldita sea y lo quiere de vuelta ya.

-¿Cojea un poco, no?

Sí, cojea por todas partes.

-El veterinario dijo que se le pasaría.

****

Cosa ciento un millón que Jensen pensó que nunca haría.

Limpiar vómito de perro de la colcha de su cama mientras Sadie le mira con esos ojos que parecen pedir perdón.

-A mí no me mires así, ¿me estás oyendo?

Es un nuevo nivel de fracaso personal, esperar sinceramente que una perra le conteste.

-En serio, de verdad, ¿hay alguna razón por la que Hurley y tú y tu dueño estáis intentado hacerme sufrir? ¿Alguna razón especial que me quieras contar o es solo sadismo?

Bosteza. Esa es su respuesta. Bostezar. No es una respuesta y Jensen medita sobre si será o no será buena idea largarse a un hotel a vivir y admitir que no puede, sencillamente no puede seguir haciendo esto. Jared apenas le habla y sus perros apenas le dan un respiro.

****

-Eh. Acabo de pasar por tu casa y no estabas. ¿Dónde estás?

Llueve. En Los Ángeles. Tiene que ser de broma. Una tromba de agua. La voz de Steve parece llegar de otro mundo. A través del tumulto de la lluvia en vez de a través del teléfono.

-Estoy en una lavandería.

-¿Qué haces en una lavandería?

-Intentar que los perros de Jared no chupen el suavizante que hay en el suelo.

-Te puedo preguntar de qué me hablas pero casi mejor si me cuentas la historia completa y luego te voy haciendo preguntas con las dudas que me surjan.

Sonríe. Con ganas. Steve tiene una capacidad poco común para hacerle sentir cómodo en una conversación.

-He salido con los perros. Se ha puesto a llover. No tenía dónde meterme y estoy como a cuatro kilómetros de casa. No puedo entrar en un restaurante con estas fieras y aquí no hay nadie de seguridad que me eche. ¿Qué hacías en mi casa?

Steve hace “mmm”. Es algo que Steve hace cuando sonríe y no quiere contestar una pregunta sin pensarse bien la respuesta. Jensen vigila con un ojo a Hurley para que no coma restos del suelo porque el cabrón tiene el mismo gusto que su dueño. O sea, ninguno.

-Pasaba por allí, pensé que podíamos hacer algo. Me encontré con Jared. Te esperamos un rato, nos tomamos unas cervezas.

Hay un silencio. Después de “hacer algo”. Antes de “me encontré con Jared”. Y en ese silencio, en esas cervezas. Hay algo. A Steve no le gusta hablar por teléfono pero le ha llamado y es por ese algo.

-¿Unas cervezas?

-Yo unas cervezas. Jared me llevaba un poquito de ventaja con el whisky. No esperamos que tardaras tanto, supongo.

Algo pasa. Qué pasa.

-Se puso a llover –dice y siente que tiene que justificarse por algo-.¿Ha pasado algo?

Qué Steve. Qué pasa.

-No sé qué decirte, ha sido tirando a raro. Pero-

-pero…

El “mmm” patentado y tranquilo de Steve y luego, esa frase y al carajo la lluvia, Jensen hace cuatro kilómetros hundido hasta los huesos, con los perros felices y, mojados, ladrando y salpicando.

-Jared ha intentado besarme.

****

Deja a los perros en la cocina, bebiendo de sus cuencos, poniéndolo todo perdido y haciéndose un ovillo encima de las toallas. Sigue el olor de las latas de cerveza vacías hasta el salón. Le encuentra viendo la tele sin sonido, expresión casi culpable de haber metido la mano en el tarro de las galletas sin permiso. Es verle y sentir que se enfada y se ablanda a parte iguales. Rabioso y vencido, mierda de crío.

-¿Estás intentando hacerme enfadar a propósito, Jared?

Ni siquiera ha encendido la luz y es un atardecer nudoso, lleno de lluvia, sin cielo. Jensen gotea pero ni lo siente.

-No.

Sin levantar la mirada del suelo. Sin acabar de mirarle.

-¿No? ¿No tienes un plan secreto para hacerme la vida difícil? Porque lo estás haciendo muy bien. Lo estás haciendo tan bien que, perdona si no te creo pero resulta muy dificil pensar que no sea premeditado. –Jared no protesta, se limita a escuchar el chaparrón, inmóvil e indescifrable. Le saca de sus casillas-. Jared, ¡no puedes ir besando por ahí a la gente!

Y va y se enfada. Allí mismo, delante de él. Va y se enfada. Se pone en pie y dice “no quiero hablar contigo”, dispuesto a marcharse, tambaleándose y bebido, con saliva de Steve probablemente en la cara y dando tumbos como un payaso. Le corta el paso. Le basta una mano en el pecho. Se la mira y tiene los nudillos blancos.

-¿No quieres hablar conmigo? ¿Qué tienes, tres años? ¿Qué demonios te pasa?

Estalla. Le resbalan las vocales, mirada líquida. Estalla.

-¡Fue un beso de mierda! Cómo pudo ser… ¡un beso de mierda! Se suponía que tenía que aclararlo todo y fue… ¡un beso de mierda!

Que lo diga una vez vale (la verdad es que fue malo) y hasta dos (terriblemente malo) pero que el gilipollas lo haya repetido tres veces es inaceptable. Le besa sujetándole las crines, forzándole a abrir la boca para meter la lengua dentro y su puta madre si no le gusta porque piensa besarle con todo lo que tiene hasta quedarse seco. A ciegas hasta encontrar la pared, le besa sujetándole el cuerpo para que no se le ocurra escaparse, le besa diciendo te follo, te juro que de esta te follo, embistiendo contra él con la ropa mojada. Está casi seguro de que quería decir te mato pero da un poco igual porque Jared, que básicamente le había dejado hacer despierta del estupor de repente, le maneja como a un muñeco, y le pone contra el sofá como si siguiera indicaciones de una coreografía porno. Dice “no”, dice “yo”. 

-Yo primero, Jen, ¿no quieres? te follo yo primero.

Fingir que no quiere sería perder el tiempo en batallas inútiles consigo mismo. Total. Como si alguna vez le hubiera ganado a Jared en algo.

****

Nunca se ha reído en la cama. Pero Jared se ríe y le hace reír, sudado dentro de su cuerpo, lamiéndole el cuello, obligándole a encoger las piernas para buscar postura, diciendo de repente, con ese puto brillo en los ojos “eh”. Embestidas curvas y profundas y de nuevo “eh”, sonrisa diabólica, a punto de una carcajada mientras están follando. Eh, ¿te das cuenta de que la tengo metida en tu culo? Sería ridículo en otro. De hecho es un poco ridículo pero también es gracioso, por algún motivo desconocido. No puede evitar reírse –“eres… te lo juro”- y las vibraciones de la risa le hacen apretar el culo hasta que Jared sisea, cierra los ojos y embiste. Metido hasta la voz entrecortada dentro.

No es que Jensen fuera virgen (ja, muy gracioso) pero reírse en la cama, eso nunca lo había hecho (Jared le hace virgen donde otros le han hecho amargo, poco comunicativo, cansado). Tampoco había comido nunca en la cama pero Jared tiene hambre y desayunan (¿cenan?) un poco de todo. Sobre todo tortitas (Jared), cereales (él), galletas, bollos, trozos de algo no podrido pero definitivamente poco sano (Jared, Jared, por supuesto Jared). En la cama.

-Estás dejando migas, Padalecki.

-¿Ni siquiera el sexo, Jensen? ¿Ni siquiera el sexo te pone de buen humor?

-¿Qué dices? Estoy de buen humor. Este soy yo de buen humor.

Se ríe otra vez (se reía cuando se corría, gimiendo y muriéndose, la cabeza echada hacia atrás, un largo Jeeeeeenseeeen y mordiéndose los labios para controlar un llanto / gemido / lleno de risa). Le explica a dos carrillos que el sexo siempre le ha abierto el apetito y eso sí que es para morirse de la risa (Jensen se muere un poco, colocado de sexo y sudado). En serio, para morirse.

-Jay –le sorprende incluso a él, lo sexy que suena-. A ti todo te abre el apetito.

Jared le mira un buen rato, como si examinara el esfuerzo que va a necesitar para hacerle suplicar. Ya te lo digo yo, Jared, ninguno. Ningún esfuerzo.

-Ponte bocabajo.

Sí. Sí, dios. Sí.

-¿Ahora? –Se resiste pero es un juego-. Pero si no he hecho la digestión.

-Tú me has abierto el apetito, yo te voy a abrir otra cosa.

Se pone rojo al oírle. No se ponía rojo en la cama desde Dallas, hace un millón de años y ahora va este crío y le sonroja solo con prometerle la lengua en el culo. En su defensa, hay que decir que es una gran lengua y que Jensen probablemente haya sido siempre fácil para el sexo. No pasa nada. Nadie tiene que saberlo. 

Jared usa saliva, un dedo y más lubricación de la que le hace falta para el segundo. Dos dedos, el pulgar le acaricia cerca de los testículos. Cuando empieza a morder y usar la lengua para comérselo entero se acabó. Jensen no sabe ni lo que le dice, le jura que le va a hacer correrse luego, suelta blasfemias e insensateces mientras busca fricción para aliviarse. Jared le hace perder la compostura y adivina cuántas veces le había pasado eso.

...

Sí, exacto.

****

A la mañana siguiente, naturalmente, Sadie se ha hecho pis en la cocina. Jensen cree que por celos. Jared cree que porque son las diez de la mañana y no aguantaba más.

-La culpa es tuya, Jen.

-¿Perdona?

-La has acostumbrado a salir todas las mañanas temprano y ahora se lo hace encima cuando le llega la hora.

-Mi culpa, un huevo. Ni siquiera me gustan los perros.

Lo dice sin pensarlo. Probablemente el sexo le ha vuelto idiota y ya no sabe cómo medirlo todo antes de hablar. Ups. No quiere que Jared sepa que no le gustan los perros. A Jared le encantan los perros. Y a nadie le gusta la gente a la que no le gustan los perros. Todo el mundo piensa que son unos hijos de puta y puede que Jensen lo sea. Un poco. Puede que a veces ladre cuando hay que gruñir y gruña cuando hay que-

-Espera, ¿no te gustan los perros?

-No es que los odie. Solo que no me- o sea, los gatos. Creo que soy más una persona de gatos.

Tampoco le encantan los gatos pero no le dices a alguien la mañana siguiente después de cuatro polvos que eres mucho peor de lo que aparentas ser porque entonces alguien podría decepcionarse y no darte una oportunidad de demostrar que no eres tan malo y-

Jared está sonriendo. Sujetándole la cara con las manos. Sonriendo.

-Has dejado que duerman contigo, les has sacado, limpiado los vómitos, recogido sus mierdas y dado de comer, ¿y ni siquiera te gustan?

Ha visto a Jared feliz otras veces. Le ha visto cuando ganan los Spurs, cuando ponen ese pollo con brócoli en el catering de la serie, cuando hay tarta de chocolate (u otro tipo de tarta), cuando tiene buenas noticias de San Antonio, cuando renuevan temporada, cuando Bob dice algo como “te diría que ha estado muy bien pero se te subiría a la cabeza y eso es subir muy alto”. Le ha visto feliz muchas veces, es casi un estado perpetuo en él pero la luz que emite esa mañana, en su cocina, besado, magullado, lleno de saliva y sin duchar no la había visto nunca. Hace que le desaparezca el suelo bajo tus pies.

-Bueno –consigue decir-, eran tus perros.

Va a tener que empezar a usar gafas de sol si Jared (y este sí, este es el genuino, el de siempre, su Jared) va a empezar a sonreír así.

-Tío. Eres totalmente la tía de esta historia.

****

Solo para que conste que NO es una tía.

Se lo hace bocabajo y en el sofá del salón, con los perros huyendo hacia la cocina para no verlo y Jared maldiciendo a María Santísima mientras pone el culo. Estrecho como un martirio, sudando ese placerdolor ardiente de la primera vez, tensando todos los músculos del cuerpo y jurándole que es demasiado y no puede y "para, quieto, no puedo-" 

-Sí que puedes.

Le besa la nuca, besos largos en la espalda. Murmura “ssshhh, despacio, despacio ¿mejor?” Le masturba mientras embiste buscando la curvatura perfecta. Jared le insulta ("cabrón, mejor- qué puto cabrón-") y cuando se corre, salpica la tapicería, suelta una risa-alarido que Jensen no va a poder olvidar nunca. Se queda hecho un desastre, despatarrado como un chucho, sonriendo como un imbécil.

-¿Por qué demonios sonríes?

Que la sonrisa sea contagiosa y Jensen trate de aguantarse no tiene nada que ver.

-Porque ahora ya sé por qué no podía casarme con ella.

Que se le haga como una sonrisa en el estómago y el corazón le haga flip-flop. Nada que ver.

                                                           ***

Sacan juntos a los perros. Jared les hace correr hasta que revientan de cansancio y eso es mucho correr. Jensen quiere hacer un chiste sobre lo mucho que se parecen los perros a sus dueños. Sobre ver el palito y correr. Pero no se le ocurre uno bueno, así que se lo guarda. Arrastra a Jared a un hueco entre dos coches donde Hurley ladra a los gatos y le saca un beso a mordiscos.

Se pasan tres días saliendo de casa solo porque los ladridos les obligan. Ven la serie porque Jared quiere verse y Jensen no sabe decirle que no. En medio del capítulo, interrumpiendo su larguísimo monólogo sobre el frío que pasó en esa escena, aquella historia que contó el técnico de sonido entre toma y toma y diez mil cosas más que es increíble que recuerde, Jared le metó la mano dentro del pantalón. Y sigue hablando. Le toca mientras ven el episodio. Dice “así tienes algo en lo que pensar cuando volvamos a rodar”, el DEMONIO y Jensen protesta “eres un payaso” pero se deja hacer porque tonto no es. Aunque puede que lo acabe siendo porque Jared agacha la cabeza y lame de abajo arriba, succión de aspiradora, mucha saliva, sin dejar de mirar la pantalla, el malnacido, parando justo cuando Jensen está como a medio segundo del orgasmo solo para señalar a Sam y decir

-ostia, ese tío está super bueno

Cuando Jensen recupera la función cerebral le promete matarle. Exactamente como se ha corrido. Lento, profundo, letal.

****

-No puedo creer que te vayas a Australia, Jen.

-No puedo creer que te dé envidia. Ya has estado. Y es un día entero de avión.

Se duchan juntos. Los perros mojan los pies en el baño y luego llenan de huellas negruzcas toda la casa.

-¿Ves por qué odio a estos bichos?

-Cállate.

En el aeropuerto todavía le duele la boca. Jared le ha hecho callar besando y con argumentos así es difícil resistirse.

****

Hace un calor más que interesante en Sydney y ya no recuerda qué hora es en el otro lado del mundo. Tiene el móvil en modo silencio pero ve cómo se ilumina y lo coge estirando el brazo desde la cama. Llega tarde, cuando el buzón ha saltado. Tiene que esperar un rato hasta que quien sea grabe el mensaje. Es tarde o demasiado temprano pero es su voz y cualquier hora es buena.

“Los guionistas firman el preacuerdo así que mueve tu culo de ahí abajo, Ackles, ¿no ves que Canadá te echa de menos?” Se oye un ladrido al fondo y otro más fuerte, desincronizado y ruidoso. “Aparentemente, estos chuchos idiotas también te echan de menos”. Un silencio luminoso y dios, su voz, “no, yo no, capullo, ¿por qué iba a echarte de menos?”.

-Cómo que por qué. –Le llama sin pensar en la diferencia horaria-. Porque soy fabuloso.

-No, no, no. Tú eres guapo. Yo soy fabuloso.

Le gruñiría pero sería puro teatro. Jared derrite su enfado, como un perro enorme, sin rastro de mala baba.

-Tengo ganas de volver -confiesa.

-Es un día entero de avión.

Ya bueno. Sí.

-No me importa.

Un silencio al otro lado del mundo. Y luego, su voz. Toda esa felicidad, un borde de emoción en el filo de las palabras. Jared son manos invisibles. Le cogen el corazón y aprietan.

-Ostia, Jensen. Tú me quieres un huevo. 

Es un largo viaje de vuelta pero se le hace corto. En realidad el viaje más largo ya lo ha hecho. En casa le esperan ladridos, babas por todas partes. Jared.

-¿Has tenido un buen vuelo, cariño?

Jared con su tono burlón, vestido con delantal, cocinando un pastel incomible que acaba siendo una llamada al chino para conseguir la cena.

-De perros, cielo.

Le besa sujetándole la cara con una mano. Cuando Sadie se acerca le acaricia la cabeza con la otra. En el mismo sitio donde le gusta a Jared que le besen. Justo detrás de las orejas.