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Sus pies dolían por el esfuerzo, el pasto bajo sus zapatos sonaba con cada paso que su alocada carrera daba; la gran mochila amarilla que reposaba en sus espaldas se hacía cada vez más pesada pero se rehusaba a parar. Detrás de la joven uniformada, una amenazante mancha roja intentaba darle alcance.
—¡Kagome! Ingrata ¿a dónde crees que vas?— grito Inuyasha aterrizando justo enfrente de Kagome y cortando instantáneamente su huida. Pero ella sin desperdiciar un segundo inmovilizo al hanyou con un gran — ¡Abajo! No tengo tiempo, quítate—
Esta mañana al despertar en la cabaña de la anciana Kaede, Kagome decidió prepararse para emprender en la búsqueda de los fragmentos de la perla de Shikkon. Resulta que una falsa pista los guio a un nido de monstruos y aunque salieron bien librados, decidieron reponerse de algunas heridas y pasar por suplementos a la cabaña de la anciana Kaede ya que era la más cercana. Sango ya completamente lista jugaba con kirara fuera de la cabaña en la que estaba Kagome. Unos pasos más lejos, bajo un frondoso árbol Miroku le hablaba a Shippo sobre las “artes amatorias”, y ella aunque repasara más de cinco veces el paisaje de la apacible aldea no encontraba a Inuyasha. Imaginando al hanyou con alguna rabieta por retrasarse no perdió más tiempo y se apuró a guardar el resto de sus cosas, ya solo faltaba su pequeña libreta rosa de anotaciones que reposaba en el piso; cuando la tomo para guardarla en la mochila, una foto de su familia cayó al suelo; estaban todos sonriendo a la cámara y frente a todos un gran pastel lucia pequeñas velas de cumpleaños. La foto fue tomada por ella el día en que su madre cumplía años, un día muy peculiar, el día en que su madre nació el sol brillaba en lo alto, pero cuando ya eran casi pasadas las nueve de la mañana el sol se escondía para dar paso a fuertes tormentas; este evento se repetía cada cumpleaños, era asombroso ver como el día cambiaba tan de repente, justo como ahora, sin aviso nubes negras aparecían instantáneamente para iniciar la lluvia.
Mientras los demás ingresaban a la cabaña ella termino de llenar su mochila. Ahora solo quedaba esperar a que Inuyasha apareciera y que la torrencial lluvia parase, la torrencial lluvia que apareció de la nada en un día soleado. De pronto todo tomo sentido, la lluvia inesperada, la foto de su madre, ¡hoy era el cumpleaños de Naomi Hugrashi! Su mamá cumplía años y ella no lo recordó. Sin importar la lluvia, ni los gritos de sus amigos Kagome tomo su mochila y corrió directo al pozo.
El rostro de Inuyasha se estampo contra el barro del suelo, solo escucho como Kagome saltaba hacia el pozo y volvía a su época — ¡Maldición! Otro día perdido por la tonta de Kagome, un día de estos me voy yo solo a buscar los fragmentos, ahg esa tonta, ojala y no olvide mi ramen— Resignado y con las manos dentro de su ahori Inuyasha volvió a la aldea.
En la época actual Kagome ya llevaba una semana con su familia, después de celebrar el cumpleaños de su madre, decidió dedicarle un tiempo a su vida normal en Japón, en la que su mayor preocupación era un examen sorpresa, le entusiasmaba volver con su familia y amigos, conectar con la vieja Kagome y su estable vida. Sentada en su pupitre y con el profesor de aritmética dando las instrucciones para el examen final del periodo, su entusiasmo ya no era el mismo. Mientras intentaba recordar las pocas clases que presencio y los apuntes que Ayumi muy amablemente le presto, no despegaba sus ojos de la hoja, tan concentrada estaba que no se dio cuenta cuando la clase finalizo, sus amigas la miraban con compasión en sus ojos y ella solo podía pensar en ese examen; no alcanzo a responder casi nada y esperaba a que lo poco que pudo hacer estuviera correcto.
La siguiente clase inicio, la profesora ingreso al salón con dos jóvenes chicas siguiéndola—Buenos días estudiantes, el día de hoy le damos la bienvenida a dos nuevas estudiantes, espero que sean amables con ellas y les colaboren en todo lo posible. Higurashi, ya que decides honrarnos con tu presencia el día de hoy, estarás encargada de enseñarles la escuela, niñas preséntense —
Concentrándose en sus libros la profesora les dio el espacio para que las nuevas estudiantes escribieran sus nombres en el tablero y se presentaran. La tiza abandono el contacto con el tablero y la joven peli plateada paso al frente —Muy buenos días, mi hermana y yo estaremos compartiendo con ustedes este año escolar. Mi nombre es Izayoi Taisho, mi hermana y yo venimos del extranjero, espero con ansias hacer muchos amigos y aprender de su cultura. —
Apenas el apellido Taisho llego a los oidos de Kagome los apuntes perdieron su importancia, todo este tiempo estuvo verificando sus respuestas del examen de aritmética y no observo a las nuevas estudiantes, cuando al fin las noto se congelo en su puesto. Eran la viva imagen de Inuyasha, ambas compartían rasgos físicos y el apellido no dejaba espacio a dudas, ¿qué significa esto? ¿Acaso estaban frente a ella las descendientes de Inuyasha? —
Con gran asombro observo como la chica que se presentó como Izayoi se hacía a un lado con una amable sonrisa, su cabello plateado no era distractor suficiente para notar su naturaleza amable, tenía grandes ojos ámbar brillantes que te invitaban a acercarte, una postura relajada y correcta le daba un aire casi maternal a pesar de estar vistiendo un uniforme del colegio; sencillamente ella era una de esas personas que ves y en quien inmediatamente confiarías, por otra parte y con sonoros pasos su hermana se colocaba al frente, las dos se parecían mucho a excepción de su cabello y color de ojos, Izayoi tenía un largo cabello plateado mientras que su hermana lucía un corto pero alborotado cabello azabache combinado con penetrantes ojos marrones. Idénticas en un gran numero de facciones físicas, casi podrían pasar por la misma persona; pero detalles como el cabello, los ojos y su estilo ayudaban a diferenciarlas bien. A diferencia del aura amable y maternal de Izayoi, esta vez una mirada fiera y penetrante repasaba la clase, una sonrisa de burla y suficiencia parecía reírse de todos; un sentimiento de familiaridad lleno a Kagome, la hermana de Izayoi con notable aburrimiento se sentó encima del escritorio del profesor y procedió a presentarse— yo soy su hermana, vengo a aprender o eso se supone, también a hacer amigos y todas esas babosadas. Me conocen como ¡puño de acero!— termino su frase estampando su puño en la otra palma abierta de su mano.
Los murmullos crecían entre los estudiantes, La profesora no supo que decir así que decidió calmar a los jovenes primero, cuando el silencio reino de nuevo, toda la clase dirigió su atención a las nuevas, todos estaban en espera de que la presentación terminara. —señorita Taisho, tal vez no este familiarizada con las costumbres japonesas pero es de mala educación no presentarse adecuadamente ¿podría ser tan amable y darnos su nombre?— la nueva estudiante ladeo su cabeza en confusión y Kagome podría jurar que por un instante vio un par de orejas en su cabeza — ¿costumbres japonesas? … ¡oh ya entiendo! Sí, mi nombre es puño de acero-chan— entono con una sonrisa disfrazada de inocencia.
Toda la clase, incluyendo a la profesora quedaron muy asombrados, la única logro reaccionar fue Kagome, su frenética risa llegaba hasta las afueras del aula de clase; casi cae del asiento, poco a poco sus demás compañeros la seguían en su risa. La profesora más que indignada empezó a citar en voz alterada un discurso sobre respeto y como esta generación estaba perdida, cuando dentro de toda su perorata paso la palabra expulsión Izayoi decidió intervenir. — lo siento mucho profesora, es que a mi hermana la dejaron caer de pequeña— las risas aumentaron y la profesora se sonrojo de la rabia contenida, con regla en mano se dirigió a la chica en el escritorio y la bajo con una mano —¡dígame inmediatamente su nombre o las dos serán expulsadas de aquí!— conteniéndose para no iniciar una pelea la joven se soltó del agarre de la profesora y con reticencia dijo su nombre —mi nombre es Kikyo, Kikyo Taisho— el resto de la clase aun reía, pero Kagome se detuvo al instante; su cara poco a poco perdía su sonrisa y sus ojos se llenaban de lágrimas. No, no puede ser. Inuyasha. Su visión de volvió borrosa y poco a poco su cuerpo fue perdiendo fuerzas, con ese último pensamiento fue perdiendo la conciencia y su cuerpo cayó al suelo.
