Work Text:
Las campanas de la iglesia comenzaron a sonar, indicando que la ceremonia empezaría pronto.
Yuuri no sabía por qué estaba ahí en primer lugar, sentado al fondo del edificio, escondiéndose del novio y de los demás invitados que se encontraban afuera. Quizás sólo era para recordarse a sí mismo que la persona que más amaba no le correspondía, que nada había sido real y que sólo lo habían utilizado porque fue conveniente. Pero, él lo había sabido desde el inicio y no le importó. Vivió cada día disfrutando de los momentos que pasaron juntos y sabiendo que podría ser el último. En verdad, qué patético.
En aproximadamente veinte minutos una feliz pareja estaría de pie frente al altar, se jurarían amor eterno, se besarían (probablemente, definitivamente con más sinceridad que todas aquellas veces que había besado a Yuuri), e iniciarían su vida juntos.
Yuuri no iba a llorar, o por lo menos intentaría no hacerlo. Aún así estaría bien si lo hiciera, después de todo, ¿acaso no era normal que las personas lloraran en las bodas?
Sintió cómo sus ojos ardían por las lágrimas que aún no se derramaban. Maldita sea.
Yuuri respiró profundo y se puso de pie. Necesitaba salir de ahí, no podía soportarlo.
Algunos de los invitados comenzaron a entrar justo cuando él salió.
Yuuri dio unos pasos hacia atrás y se quedó petrificado. Tenía que actuar rápido ya que no quería llamar la atención. Siguió su curso hacia afuera y sacó su celular para llamarle a su amigo para que fuera por él. Yuuri no tenía ganas de manejar y no era como que pudiera hacerlo de manera segura con su vista tan borrosa.
La peor cosa posible sucedió cuando terminó la llamada… El novio lo miró con una expresión sumamente resguardada.
Yuuri alejó su mirada y se echó a correr, escuchando que el otro hombre estaba corriendo tras de él.
¿Qué más quería? ¿No había tenido suficiente? ¿Acaso sólo se iba a reír en cara de Yuuri por ser tan ingenuo?
Yuuri no sabía por cuánto tiempo había corrido, pero probablemente había sido por el suficiente ya que había llegado a un parque. Las campanas de la iglesia aún se podían escuchar claramente, por lo que tal vez estaba cerca. Ahí se van sus planes de huir lejos.
Yuuri se sentó detrás de un arbusto de flores para ocultarse del hombre que lo perseguía.
Se le escapó un suspiro cuando el silencio era lo único que podía escuchar.
Sabía que debía sentirse aliviado, pero no pudo evitar sentirse decepcionado. Parte de él deseaba que lo hubieran atrapado, pero lamentablemente no fue así.
Yuuri se exaltó a sentir la mano de un extraño en su hombro.
—¿Yuuri? —dijo una voz bastante familiar—. Estás aquí.
—¿Qué quieres Victor? —Yuuri preguntó con el tono más firme que le fue posible. No le iba a dar al otro hombre la satisfacción de verlo llorar.
—Pensé que habías vuelto a Japón. —dijo Victor.
Si Yuuri pudo escuchar el pesar en la voz de Victor, lo ignoró.
—Sabía que me querías lejos de ti, pero no tanto. —Yuuri se rio con amargura.
—¿Qué? —preguntó Victor confundido,
—¿Que estás haciendo aquí, Victor? ¿Qué no te vas a casar con una hermosa mujer en tan solo unos minutos? ¿Viniste a restregarme en la cara que no fui más que un tonto por pensar que algún día seríamos nosotros allí, y no tú con alguien más? —Yuuri alzó la voz molesto.
Su voz se quebró y sus lágrimas comenzaron a caer libremente de sus ojos. Sus sollozos querían salir pero Yuuri no lo permitió.
Victor logró poner su mano en el hombro del japonés. Hace unas semanas Yuuri hubiera considerado el gesto reconfortante y se hubiera inclinado hacia él, pero ahora sólo le quemaba por lo que quitó la mano con un golpe.
—¡No te atrevas a tocarme! —gritó—. Dejaste claro en tu mensaje lo mucho que te repulso, así que por favor déjame en paz, ya hiciste suficiente. —Su respiración se aceleró aún más, pero no sabía cómo calmarse.
Victor flaqueó.
—¿Cuál mensaje? ¿De qué estás hablando?
—Oh, ¿así que te vas a hacer el tonto? —acusó Yuuri—. ¿Me vas a decir que no me enviaste ningún mensaje hace dos semanas diciendo que te ibas a casar y que ya no me necesitabas? ¿Que ya no querías que estuviera cerca de tí? ¿Que yo no era nada más que algo para ayudarte a pasar el rato? —golpeó a Victor en el pecho con su dedo índice.
—Pero no lo hice. —los ojos de Victor brillaban por sus propias lágrimas que no dejaba salir—. Yuuri, no te he enviado nada porque tú me dijiste que no te volviera a contactar nunca más.
—¡¿De qué estás hablando?! —preguntó Yuuri confundido,
—Hace como tres semanas tú me enviaste un mensaje diciéndome que terminábamos y que no te volviera a contactar. Y no pude ir a buscarte porque estaba al otro lado del mundo y todos los vuelos estaban llenos, y cuando regresé ya te habías ido. —logró decir Victor, quien ni siquiera se había dado cuenta de que había comenzado a llorar a la mitad de su discurso.
—Yo jamás envié eso. —Dijo Yuuri débilmente, frunciendo su ceño por la confusión.
Victor se secó las lágrimas.
—Sabes, le presté mi celular a mi papá cuando estábamos allá. —Suspiró derrotado.
El resto de las reclamaciones de Yuuri no se vocalizaron. No le sorprendería que el papá de Victor intentara separarlos. Después de todo, ya lo había intentado hacer antes. Quería que Victor se casara con una mujer y que le diera muchos nietos, porque él pensaba que así era como tenían que ser las cosas.
Pero, ¿qué había del mensaje que Victor había recibido? Ese no pudo haber sido de parte del papá de Victor, y Yuuri ciertamente no lo escribió. ¿Entonces eso cómo pasó?
—Soy un idiota, —Yuuri ocultó su rostro con sus manos —. La secretaria de tu papá necesitaba un número de teléfono y le di mi celular para que lo buscara. Ella debió de haberlo enviado.
Yuuri se pasó la mano por el cabello empujándolo hacia atrás.
—Victor, lo sien…
Yuuri fue interrumpido por el abrazo del otro hombre. El abrazo era fuerte y Victor estaba temblando, los dos lo hacían. Ninguno quería soltar al otro. ¿Y por qué iban a hacerlo? Casi habían perdido al otro.
—¿Cómo supiste en dónde iba a estar? —murmuró Victor.
—Recibí la invitación, —dijo Yuuri, soltando a Victor para hablarle de frente —. No tenía planeando hablarte, sólo quería ver con mis propios ojos que ya habías encontrado a alguien más.
—Nunca va a haber alguien más.
Victor sostuvo el rostro de Yuuri y se relajó cuando el japonés se inclinó hacia el contacto.
—Me enteré hace una semana que me iba a casar, —Victor rio sin gracia —. Debí saber que algo estaba pasando, todo era demasiado conveniente.
Estuvieron unos momentos en silencio procesando todo lo que habían escuchado.
—Yuuri, —dijo Victor nervioso—. ¿Puedo besarte?
Los ojos de Yuuri se abrieron más por la sorpresa, pero se recuperó rápidamente. No se molestó en responder. En su lugar, acortó la distancia que había entre ambos.
El beso fue un desastre: aún había lágrimas cayendo de sus ojos, Yuuri ni siquiera estaba seguro de estar besando a Victor en los labios. Aun así, no pudo haber sido más perfecto.
Estaban juntos y eso era todo lo que importaba.
—¿Y ahora qué? —preguntó Yuuri temeroso de la respuesta.
—Podemos escaparnos. —Sugirió Victor.
Yuuri lo miró con picardía.
—¿De verdad?
—De verdad, —aseguró Victor —. Tal vez podemos ir un tiempo con tus padres o hacer ese viaje en carretera del que siempre hablamos.
Victor besó a Yuuri en la frente.
—¿Qué opinas? ¿Quieres escaparte conmigo?
Yuuri debería decir que no. Victor estaría dejando a sus amigos y familia, su vida. No era justo que Yuuri pidiera eso. Pero, Victor no lo hubiera ofrecido si fuera algo que no quisiera hacer. Maldición, le estaba rogando a Yuuri con sus ojos para que aceptara, rogándole que fuera egoísta sólo esta vez.
—Sí. —Dijo Yuuri seguido de un beso en los labios a su pareja.
—¡Victor! ¡Ahí estás! —interrumpió una voz—. Me alegra que te encontrara a tiempo, Quién sabe lo que tu padre hubiera hecho si te hubiera visto con él,
—No voy a volver, mamá. —Dijo Victor antes de que su madre pudiera decir algo más,
—Lo sé, —sonrió dulcemente y volteó a ver a Yuuri—. Me alegra que vinieras, no estaba segura de si lo harías.
Yuuri quería preguntar si ella había sido quien le había enviado la invitación.
—¿Por qué? —fue todo lo que pudo decir.
—Porque haces feliz a mi Vitya, —le tomó las manos a Yuuri—. Deben irse, la novia va allegar en cinco minutos y tu padre también te está buscando.
Ella soltó las manos de Yuuri y miró con determinación a ambos hombres.
—Les pedí un taxi, los está esperando en la esquina. —Señaló a la esquina del parque más alejada de la iglesia.
En efecto, un taxi estaba estacionado ahí.
—Gracias, mamá. —Victor la abrazó con fuerza y la besó en la mejilla.
Él la soltó con nuevas lágrimas llenando sus ojos.
La mamá de Victor miró a Yuuri y le sonrió. Yuuri no titubeó en abrazarla y llorar en su hombro, agradeciéndole por todo lo que había hecho por ellos.
Victor tomó a Yuuri de la mano y ambos corrieron hacia el taxi con sonrisas idénticas.
Todo iba a estar bien.
