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Español
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Published:
2022-08-25
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13,453
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1/1
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1,310

Entre mil y un demonios

Summary:

Corre hacia el dueño de todos ellos y el único que puede envolverlo en calidez. Que lo mirará eternamente y nunca más lo soltará sino hasta romperlo en pedazos y convertirlo en polvo estelar y guardarlo eternamente en una estrella de cristal que llevará como collar hasta que la existencia entera se desvanezca.

(Y él sabe que está perdido.)

Notes:

uh, yo... ya escribí las advertencias, si siguen leyendo ya no será mi culpa

me torcí la muñeca y en vez de descansar llevo escribiendo esto desde ese día, porque soy un maldito estúpido masoquista y me gusta el SPOD

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Hay algo frío subiendo por su pierna. Apenas lo capta, en el momento en el que el pseudo apéndice llega más arriba de sus pantorrillas.

Da un paso hacia atrás de golpe y baja la mirada hacia sus rodillas.

Nada. No hay nada. Sólo están sus piernas pálidas y delgadas, adornadas con algunas banditas coloridas debido a los últimos restos de alguna herida que se habrá hecho al caerse hace un par de días. No hay alguna cosa extraña además de ello, no está la fría ni húmeda sensación tangible de un tentáculo subiendo por su piel. Lo único que acaricia su sensible carne es el aire cálido de la cocina.

Traga pesado.

Está seguro de que no fue su imaginación, no podría serlo, no después de que haya ocurrido esto más de una vez. No es sólo un delirio. Definitivamente hay algo que lo está atormentando.

—¿Dokja-yah? ¿Sucede algo?

La melodiosa voz de Uriel lo saca de sus pensamientos, y rápidamente vuelve a levantar la vista hacia la bonita dama que sigue de pie a su lado. Ella le mira con preocupación y curiosidad, los ojos mieles brillantes y amorosos, como ha sido desde la primera vez que lo rescató de un tren en el que no sabía que estaba confinado.

Kim Dokja todavía no se acostumbra del todo a esto, a este cariño inaudito que le muestran las personas quienes alguna vez pensó que eran meros personajes ficticios, pero no le desagrada en lo absoluto que lo traten con amabilidad, así que muestra una sonrisa para la adorable señorita Uriel.

—Nada —miente fácilmente, y luego suelta un suspiro bajo mientras vuelve a agarrar los utensilios sobre la isla de la cocina. Espera que los temblores en sus dedos no sean notorios—. Creí que un insecto se había subido a mi zapato, es todo.

—No hay insectos en esta casa.

La grave voz obliga a su cuerpo a tensarse, y sus pupilas tiemblan fuertemente por tres segundos, antes de obligarse a sí mismo a guardar la calma y girar su mirada hacia la nueva persona en la cocina.

Yoo Joonghyuk— Secretive Plotter, como había dicho llamarse luego de haber contado la historia tras las cicatrices y el manto estelar, junto con la eternidad y las muertes incontables que trae consigo desde hace casi una eternidad; ese hombre que se ve exactamente como alguna vez había imaginado al protagonista de Ways of Survival pero que, de alguna manera, actuaba tan diferente al mismo. No era la persona que esperaba, pero no es que alguna vez hubiera esperado algo, en primer lugar, así que Kim Dokja— Oldest Dream, como se supone que es llamado en un montón de universos e incontables vidas, no puede sino aceptar esta existencia que se halla frente a él.

Una existencia imponente que hace que su respiración se corte y que un latigazo de miedo suba por su columna. Trata de permanecer firme, pero sus dedos tiemblan con más notoriedad, pierden fuerza, casi dejando caer las cosas que trae entre las manos. La sensación desagradable de cosas húmedas, viscosas y escurridizas sube de nuevo por su piel, pero sabe que es una treta mental suya, sabe diferenciar los delirios de la realidad.

Por eso sabe que Secretive Plotter ha estado tocando partes de su cuerpo en algunas ocasiones, usando esos extraños tentáculos que forman parte de su existencia física como Dios Exterior.

Lo que no sabe es por qué él haría algo así.

Yoo Joonghyuk no haría eso sin una buena razón.

—Claro, por supuesto. —El bufido de Uriel hace a Dokja regresar a la realidad, y pronto quita su mirada del hombre en el marco de la puerta para pasarla a la chica, quien mantiene una mirada mordaz en dirección al Rey de los Dioses Exteriores—. Porque el capitán es un enfermo de la limpieza. No habría bichos en su adorada mansión.

Secretive Plotter tararea por lo bajo. Oldest Dream no sabe si esa respuesta vaga es una afirmación o una negación a las palabras del arcángel, pero prefiere no pensar mucho en ello y centrarse en sus propios asuntos.

Camina en dirección al fregadero, donde deja los cubiertos usados, y trata de doblar sus mangas para empezar a lavarlos.

De repente, entre sus cuidadosos intentos, un par de grandes manos sujetan sus muñecas y todo su cuerpo se tensa abruptamente. Un grito de sorpresa se ahoga en lo profundo de su pecho y hace lo posible por no hacer un movimiento brusco en contra de la persona que está ayudándolo a doblar más rápidamente las mangas de su suéter.

—También deberías usar un delantal si no quieres mojarte. —Las suaves palabras del hombre vienen acompañas de un aliento cálido, que choca contra el cabello negro del adolescente y mueve un par de suaves mechones. Kim Dokja cierra los ojos por un momento, sintiendo un cosquilleo abrumador en su vientre debido a ese gesto, a los toques amables de las manos llenas de cicatrices, y al cuerpo más grande que parece sumir el suyo, mucho más pequeño, en una sombra completa—. Uriel, pásame el delantal.

Uriel lo mira con cautela un segundo, y luego se gira para ir en busca del delantal colgado en un perchero al otro lado de la cocina.

En ese tiempo, Kim Dokja siente escalofríos fuertes subir por su espalda, debido a la mirada intensa que recibe de parte de Yoo Joonghyuk. No tiene el valor para girarse y encararlo y preguntar qué sucede, pero su imaginación va con rapidez, creando la imagen de una hermosa cara estoica observando con frialdad su diminuta existencia. Tal vez uno de los ojos del protagonista esté brillando, haciendo uso de una habilidad poderosa, leyendo su interior como quien revisa un producto que nunca ha usado pero que parece defectuoso a simple vista.

Oldest Dream entiende que tal vez sea algo así. Los cardenales en sus brazos, los hilos claros en sus piernas, las malditas constelaciones que abundan en sus ojos y el polvo estelar en su ser— No es más que un dios impotente, lleno de desperfectos, sin solución, que sólo debería esperar con ansias el momento en que será desechado. Con simpleza, un producto defectuoso.

Y, a pesar de ello, Secretive Plotter ata amablemente un moño en su espalda al terminar de colocarle el delantal.

Luego se retira en silencio.

Dokja ya no siente escalofríos.

—Bueno, terminemos de limpiar, Dokja-yah —habla Uriel, con sus ánimos renovados después de que ese hombre se hubiera desvanecido del lugar. El niño no se pregunta mucho por qué siempre actúa así, así que simplemente asiente con alegría—. ¡Así podremos tener tiempo de retar a un duelo de videojuegos a Jihye-yah y NamNam! ¿Qué te parece? ¿No te agrada la idea?

—Soy malo en los videojuegos —declara secamente el adolescente, soltando un bufido al volver su vista al frente, la cara adornada con una sonrisa irónica.

Uriel no tarda en disculparse e intentar consolarlo, aunque no necesite un consuelo.

Lo que sí necesita, en cambio, es deshacerse de la incertidumbre que sube por su ser cada vez que tiene un momento de tranquilidad. El sentimiento de estar siendo observado constantemente se abre paso en el momento en el que baja la guardia. No puede relajarse.

No le gusta.


Un golpe ligero, seguido de dos más, mucho más suaves que el primero. Los ojos de Kim Dokja observan con cansancio el borrador dando saltos en el suelo, rodando lejos hasta perderse de su vista, escondiéndose debajo del escritorio.

Empujando la silla hacia atrás, se levanta de su lugar y luego se arrodilla sobre el frío piso de la habitación. Sus rodillas duelen ligeramente debido a las heridas que no sanan (que tal vez nunca sanarán, debido a este cuerpo eternamente joven), se apoya en sus palmas y baja la cabeza en busca del pequeño objeto blanco que se le había resbalado hace un momento. Efectivamente, está debajo del escritorio y no se ha perdido en el cosmos debido a un inoportuno agujero universal. Pero por alguna razón ha llegado hasta el fondo del mueble.

Se inclina más y extiende el brazo por debajo de la mesa. Cuando sus dedos alcanzan el borrador, la sonrisa de satisfacción que pudo haber hecho se transforma instantáneamente en una expresión de sorpresa y, medio instante después, su tez palidece.

Algo frío sube por sus muslos.

Se aparta con rapidez, golpeando la silla en su costado, haciéndola caer de manera ruidosa. Se arrastra por el piso, alejándose de la mesa, hasta que su espalda choca contra la cama de su habitación.

Respira con fuerza y aprieta el objeto en su mano derecha. Sus pupilas hechas puntos tiemblan escandalosamente, buscando de aquí para allá cualquier signo de movimiento, pero lo único que capta es su propio pecho subiendo y bajando y sus piernas temblorosas.

Siente una arcada y lleva una mano a su boca. Sudor frío baja por su frente. Todo su cuerpo comienza a temblar, así que aprieta sus rodillas contra sí y mira a la nada, mientras intenta desviar su mente a algo más calmado, a algo que no tuviera que ver con las sensaciones asquerosas sobre su piel, las que estaba seguro de que había sentido hace no más de diez segundos.

Realmente no es una alucinación.

Pero aún no puede imaginarse que esa persona estuviera haciéndole esto. No podía ser posible. No él, definitivamente no.

Todavía temblando, lleva sus dedos a sus piernas y palpa suavemente la tela de sus pantalones. No hay humedad alguna, como todas las otras veces, pero Oldest Dream sabe que esas cosas estaban húmedas, era indudable para él. No fue una pesadilla.

Desearía que lo fuera.

Con rapidez se levanta del suelo, sus rodillas todavía tiemblan, pero se obliga a caminar apresuradamente de regreso al escritorio. Agarra su cuaderno y lápiz y corre hacia la salida del cuarto.

Camina con prisas por los casi interminables corredores de la casa. Más sudor se desliza por su rostro, una gota fría yendo por su mejilla, bajando por su mandíbula y cuello hasta secarse en el cuello de su camiseta. Sus ojos buscan desesperados algo más, una diferencia entre la infinidad de puertas que se alzan frente a él, hasta que finalmente halla una en específico y corre hacia allí.

Golpea varias veces con prontitud. Los escalofríos suben de nuevo, se aferran a su carne. La mirada desconocida y ominosa está de nuevo sobre su ser completo.

Tiene miedo.

—¡Adelante!

La voz femenina es como un salvavidas. Con rapidez, gira la perilla de la puerta y la abre, entrando de golpe al lugar, pero se mantiene cerca del marco y no suelta su mano de la cerradura. Se queda un momento allí, sabiendo que no puede hacer malos movimientos incluso si el horror carcome su mente.

—Ah, eres tú. Hey. —Lee Jihye lo saluda tranquilamente desde el puff frente al televisor. Hay un control entre sus manos, movimientos rápidos de sus dedos y la punta de una lengua saliendo de entre los labios, lo que indica que está pasando por un nivel difícil en el videojuego que está jugando—. Dame un momento, ya casi lo tengo... ¡Maldición! ¡Este demonio...!

Perdió.

Oldest Dream se reiría del montón de insultos sin sentido que suelta Jihye en contra de un ser ficticio tras una pantalla y una consola, pero hay algo más pesado estirando su cuerpo y no hay sonrisa alguna que pueda fingir.

En cambio, pone un rostro sumiso, del tipo que sabe que funciona para casi todos en la casa.

—Um... Noona —le llama, suavemente. La chica deja de maldecir para mirarle, y la expresión molesta pasa a curiosidad y una pizca de dulzura—, yo... estaba haciendo tareas y... hay un ejercicio en aritmética que no entiendo así que...

—No soy buena en aritmética —admite tranquilamente, dejando estático al niño. Ella bufa y se pone de pie de un salto, tirando el control a un lado para caminar hacia Dokja—. Pero déjame ver. Tal vez si lo veo recuerde algo.

Kim Dokja le pasa el cuaderno que había arrugado sin querer en mitad de su huida. Para suerte suya, Lee Jihye no hace preguntas sobre eso, sino que mira con atención, ojos entrecerrados y boca torcida, lo que hay escrito allí.

En realidad, el niño no necesita ayuda con la tarea. Ya lo habría terminado todo en soledad, de no ser por lo que ocurrió en su cuarto.

Pero no siente que tenga el valor para permanecer solo de nuevo. No quiere. No puede. Espera que la compañía de Jihye pueda—

—No, en serio no entiendo nada —bufa la muchacha, devolviéndole el cuaderno con cierta rudeza. Dokja lo recibe contra su pecho y trastabilla un poco hacia atrás debido al ligero empujón, y su expresión se deforma en incredulidad. Ella no parece darse cuenta de esa reacción, porque de pronto está sonriéndole de lado—. Pero sé de alguien que sí. ¡Ven! ¡Vamos con el Maestro!

Antes de que Kim Dokja pueda decir que no necesita hacer tal cosa, Lee Jihye le agarra de la mano y lo jala sin esfuerzo hacia la salida de la habitación. El chico intenta resistirse, pero no puede hacer mucho más que ser arrastrado por el pasillo. El temor vuelve a subir a su cabeza e intenta zafarse del agarre de la joven, pero no consigue mucho y ella ni siquiera se inmuta en sus esfuerzos.

Oldest Dream maldice por lo bajo la diferencia de fuerzas. Había supuesto en algún punto que ambos deberían tener más o menos la misma edad (física, al menos) y, sin embargo, Lee Jihye tenía los hombros mucho más anchos y una dureza impresionante. Kim Dokja apenas había logrado alcanzar su nariz el último año, lo cual había sido un milagro teniendo en cuenta que su cuerpo no podría cambiar mucho más en el tiempo que siguiera corriendo para todos ellos.

Sus pensamientos se detienen en cuanto percibe que Jihye ha dejado de caminar, y se encuentra golpeando una puerta distinta.

Está a punto de abrir la boca para pedirle que se detenga, pero entonces ella abre descaradamente la entrada al estudio.

—¡Maestro, el pequeño Dokja necesita ayuda con su tarea!

Kim Dokja siente que su rostro entero enrojece de golpe al escuchar esa ridícula manera de referirse a él y, además, de gritar a todo pulmón la (fingida) deficiencia estudiantil.

Secretive Plotter deja de prestar atención a los libros en su escritorio y gira su cabeza hacia el par de adolescentes en la puerta de su sagrado estudio.

Oldest Dream apenas tiene el valor para mantener la cabeza en alto, y en cuanto recibe la mirada directa del hombre, inconscientemente se esconde detrás del cuerpo de Lee Jihye.

Por un segundo, puede ver el ceño del dios exterior fruncirse con más fuerza, pero no dura más que eso, tan poco tiempo que Dokja se dice a sí mismo que debió ser cosa de la luz.

—Déjame ver la tarea —ordena el adulto, con voz plana.

El chico está a punto de decir que no es necesario, pero el cuaderno en su pecho es arrebatado por Jihye, y la misma va rápidamente a entregarle el objeto a su maestro. Kim Dokja siente la traición subir a su corazón y lo que jamás pensó que podría sentir se asienta en su ser entero.

Empieza a despreciar a esta mocosa.

Sólo que no puede darse el tiempo de pensar mucho en ello porque, de pronto, es jalado de nuevo por la misma y puesta a un lado del hombre sentado tras el escritorio.

—Bueno, ya se lo dejo aquí, Maestro —dice ella con total naturalidad, una sonrisa alegre adornando su cara. Da vuelta de tirón, golpeando con su larga coleta de caballo la cara de Kim Dokja—. Tengo trabajo que hacer.

Iría a jugar videojuegos de nuevo.

Dokja en serio está molesto ahora. Bien había escuchado antes que no era buena idea conocer a tus crushes ficticios en la realidad, porque serían distintos a la imaginación. Nunca había estado más de acuerdo.

Cuando la puerta es cerrada con un portazo, el niño siente que toda la sangre se escapa de su cuerpo.

Sudando, mira de reojo al hombre sentado a su lado. Escucha el pasar de las páginas de su descuidado cuaderno. Es el único sonido que llega a sus oídos, además de su propia respiración errática y la tranquila de Secretive Plotter.

Pero todavía persiste la sensación de ser observado. Si no estuviera mirando disimuladamente a este hombre, cerciorándose de que la atención del mismo estuviera sobre las notas y no sobre él, fácilmente podría pensar que los ojos depredadores del mismo estaban únicamente encima suyo.

Ninguna otra mirada le haría sentir así.

Abre la boca lentamente, deseando decir algo, pero es interrumpido cuando la libreta es puesta sobre la mesa frente a ambos. No fue dejada de manera ruda, pero aun así no evita soltar un ligero respingo de susto.

Si Yoo Joonghyuk lo vio, no parece querer mencionarlo.

—Sólo es aritmética —declara con calma, como si no fuera la gran cosa. Realmente no lo es, pero Dokja ya se ha metido en un lío y su mentira ya ha cavado muy profundo como para salir—. Ven, te explicaré.

Instantáneamente, los ojos del chico van directamente sobre el adulto.

Parpadea varias veces, y luego mira a los alrededores, antes de volver su vista al dios exterior.

—Uh... Yo...

Secretive Plotter no parece impresionado por su intento de parecer confundido, así que Oldest Dream entiende que ha sido descubierto, sólo que no sabe qué tanto. Por ello, solamente le queda tragar pesado y obedecer, acercándose más al hombre e inclinándose para mirar sus propias notas.

De repente, una mano agarra su cintura y es empujado hacia un lado, cayendo sentado directamente sobre el regazo del otro dios.

Dokja se tensa de pies a cabeza. Su respiración se corta y cierra los ojos inconscientemente. Aprieta los puños sobre sus rodillas y siente el sudor volver a hacer presencia sobre su piel.

Espera algo. Un toque extraño, un apéndice inhumano subiendo por sus piernas, arrastrándose bajo su ropa, una caricia de esa mano todavía encima de su cintura.

Sin embargo, nada ocurre.

Escucha un golpecito leve, así que abre lentamente los ojos. Ve la mano de Yoo Joonghyuk, los dedos llenos de cicatrices, golpeando levemente una de las páginas de su cuaderno abierto, más específicamente, un problema matemático no resuelto.

—Esto de aquí —comienza a hablar esa voz grave, en un tono bajo, ligero y amable. Las respiraciones y exhalaciones entre palabras hacen cosquillas en la nuca de Kim Dokja, pero evita removerse, aún si empieza a sentir su rostro calentándose con rapidez—, tienes que hacerlo de esta manera...

Un par de explicaciones complejas salen de la boca del hombre, pero el adolescente apenas capta todo ello. Hay algodón en sus oídos y es hiperconsciente del calor del cuerpo ajeno, la temperatura de esta persona, tan distinta a la propia. Kim Dokja tiene el cuerpo frío, frío, frío; pero Yoo Joonghyuk lo tiene cálido, casi como si ardiera. Las piernas del mismo, la mano que sigue sujetándole, el brazo que se extiende a su costado para señalar las fórmulas, el pecho firme que no ha tocado la espalda del niño pero que podría tocar si tan sólo Dokja tuviera el valor de reclinarse, las bajas respiraciones y— Todo es tan cálido.

De pronto, Kim Dokja se siente cansado. Toda la tensión inicial y la adrenalina de su huida apresurada y sin razón (¿sin razón?) baja por completo, y se vuelve en una fatiga abrumadora que absorbe la energía de todo su cuerpo.

Antes de darse cuenta, su espalda choca contra el pecho de Secretive Plotter.

Cuando se da cuenta de ello, el pequeño dios abre grande los ojos e intenta apartarse, pero esta persona de pronto apoya su barbilla en su cabeza.

Oldest Dream queda estático.

—Aquí. —El adulto vuelve a golpetear con un dedo una fórmula en específico, sacando a Dokja de su ensimismamiento—. Resuelve este primero.

Kim Dokja ni siquiera se da cuenta del momento en el que mueve su mano para empezar a resolver el problema. Su mente divaga lejos por un momento, perdida en una comodidad inaudita, perdida en el calor que sube por su vientre, ahogada entre la sensación de los latidos del corazón de Yoo Joonghyuk que llegan a sus oídos debido a la cercanía.

Las manos del hombre no le causan rechazo alguno. No se mueven sobre su cuerpo en ningún momento. La que se mantiene en su cintura es un mero apoyo, menos que una caricia. La otra persiste en señalar los errores en la tarea. La cabeza del hombre no se mueve de su sitio, pero tampoco le obliga a quedarse cerca, eso ya ha sido decisión del niño.

El lugar es silencioso, salvo por la punta del lápiz moviéndose sobre las hojas de papel. Al contrario del ambiente, los pensamientos del pequeño dios se vuelven ruidosos, buscan una respuesta, van de aquí para allá pero, en especial, una realidad más grande salta frente a sus ojos: la persona que lo sostiene no podría ser quien le ha estado atormentando todos estos días. No puede compararlos, no puede superponerlos. Es imposible e improbable. No hay razón, no puede ser Yoo Joonghyuk, se dice, no puede ser él el culpable de aquellas cosas que acechan en su soledad, porque él es cálido y ellos le causan escalofríos, así que es una respuesta directa lejos de las sospechas.

Con eso aclarado en sí mismo, siente que el peso en su ser disminuye.

Kim Dokja resuelve el resto de problemas con una ligera sonrisa en su rostro, y un suave sonrojo en sus pálidas mejillas. Por su cabeza ya no rondan pensamientos fríos de ningún tipo, ni siquiera acerca de las cosas que solían arrastrarse sobre su débil cuerpo.

Se sume en su manera de arreglar dilemas ficticios, y no percibe la mirada vacía de Secretive Plotter.

Los ojos del dios exterior no dejan de mirar los números escritos sobre el papel.

Le había explicado mal a Kim Dokja a propósito y, sin embargo, el chico lo estaba haciendo todo bien. Eso dejaba en claro varias cosas, entre ellas la farsa de estar presente en este momento.

El niño se ha perdido.

Eso es bueno.


Juega con sus manos nerviosamente mientras escucha la animada charla de las personas a su alrededor.

Hay algo resbalando en su nuca, pero no está seguro de que sea sudor. Quiere limpiarse, pero realmente no encuentra fuerza en mover alguna parte de su cuerpo, así que hace vagar sus ojos de un lado a otro en un vano intento de distraer sus pensamientos hacia algo más coherente, hacia cualquier cosa que no fuera la sensación sofocante de ser vigilado.

Pero los colores que le rodean, lejos de calmarlo, hacen que su nerviosismo aumente. Se siente abrumado. Quiere salir corriendo.

—¡Hey! ¿Y este qué tal?

Una prenda es puesta frente a sus ojos. Parpadea varias veces antes de procesar lo que tiene enfrente. Lo agarra entre sus dedos, sintiendo la textura suave.

Frunce el ceño y mira a Kim Namwoon.

—No usaré un vestido.

El maldito ente demoníaco le da una sonrisa maligna. Pone la prenda en su hombro y da media vuelta.

—Tú te lo pierdes —bufa, con clara diversión, pero antes de dar dos pasos más lejos, vuelve a mirar a Dokja, con una expresión más tranquila y curiosa. Regresa a enseñar el bonito vestido de colores claros—. Pero, ¿crees que le quedaría a Jihye?

—Jihye-noona no usaría un vestido, en primer lugar —le recuerda, haciendo uso de la mueca de asco más fea que pudiera crear con su rostro. Namwoon vuelve a bufar, molesto por esa muy certera respuesta.

El muchacho de pelo plateado le da la espalda una vez más y pone el vestido en otro lado. Empieza a buscar en otra sección. Oldest Dream suspira por lo bajo y da una pequeña sonrisa, ya más calmado luego de ese torpe y nada sincero intercambio de palabras con la peor escoria con la que antes había tenido la desgracia de convivir, y con la que le toca compartir espacio hasta que decida por sí mismo desaparecer.

Esa última idea es una raíz y lo sabe. Apenas aparece, lo recuerda. Lo frágil de su situación.

No debería estar aquí, rodeado de estas personas. No debería. Tendría que ser improbable e imposible. Y aun así—

—Dokja-yah, tal vez este te quede bien.

La voz de Lee Hyunsung hace que gire su atención hacia él. A diferencia de Kim Namwoon, el antes soldado sí está verdaderamente empeñado en conseguir buena ropa en mitad de esta tienda tan aburrida y sofocante.

Caminando con cierta prisa, Kim Dokja se acerca al hombre para ver cómo ha escogido conjuntos decentes de su talla. Aunque realmente quiere decirle que no necesita elegir prendas para él, porque se supone que Oldest Dream no tiene la edad que aparenta (estará atrapado eternamente en este cascarón roto como penitencia por sus pecados), pero no encuentra el valor de abrir la boca mientras mira la sonrisa suave de este tipo hecho de acero.

Kim Dokja es débil, así que asiente con una sonrisa y acepta las piezas de ropa que se han escogido de entre las demás.

—Me las probaré —afirma suavemente, y el soldado mueve la cabeza con ánimos, señalándole el lugar donde se encuentran los probadores.

Entra a uno al azar, cierra la puerta y cuelga la ropa en una percha. Sus dedos van a su propia ropa.

Queda estático un segundo antes de poder quitarse el primer botón de la camisa.

Un temor helado sube desde su columna, crece en su garganta, tapa su respiración.

Puede vislumbrar su cara palidecer frente al espejo, mientras se hace presente la repugnante sensación de arrastre contra sus piernas y cintura. La fría viscosidad deslizándose bajo su ropa, tanteando su piel, manchándola. A diferencia de otras ocasiones, puede ver que su vestimenta se mueve con los apéndices intrusos, puede escuchar la humedad pegándose a su carne, y puede sentir los infernales latidos de su propio corazón expectante.

Quiere moverse, quiere apartarse, pero está repentinamente en blanco. Ninguno de sus miembros responde y sólo puede soltar un bajo sonido desde lo profundo de su garganta.

Por un instante se pregunta si su asfixiante parálisis es porque se encuentra en un lugar casi tan pequeño como un armario. Como uno de aquellos muebles de su infancia, donde mamá lo metía antes de que papá apareciera abruptamente en la casa, rompiendo una botella y maldiciendo el nombre de su esposa e hijo en voz alta. Es parecido, definitivamente es parecido. Kim Dokja no puede evitar comparar las medidas, comparar el aroma, comparar el espacio que tiene para moverse y los lugares que podrá tocar sin hacer mucho ruido. Si extiende los dedos hacia los lados, podrá sentir las paredes frías que lo cubren de un exterior peligroso.

Pero este lugar tampoco es seguro. El armario se abrirá en algún momento y ese hombre alcanzará su pequeña figura y lo sacará a la fuerza. Solía pasar. Ocurría cuando no era lo suficientemente silencioso, cuando hacía sonidos bajos como los que está haciendo en este momento.

Antes de darse cuenta, lleva una mano a su boca.

Sus ojos arden.

La piel le quema.

Pero esas cosas extrañas enfrían el dolor, de alguna manera.

Hay lágrimas bajando por sus mejillas. Su respiración se vuelve errática. Cuando se atreve a volver a mirar su realidad, se topa con la imagen que le da el espejo.

Los botones de su camisa han sido todos abiertos, dejando al descubierto su pecho blanco, pintado en morados, rojos y amarillos. Tinta horrenda puesta bajo su carne, creada a partir de vasos sanguíneos rotos bajo manos crueles. Pero hay algo— hay algo extraño en todos ellos.

Si mira un poco más, podría admitir que estas marcas amargas son tan bonitas como las nebulosas en el universo.

De pronto, es empujado hacia adelante. Por inercia pone las manos al frente, evitando golpear por completo el espejo de cuerpo completo. Sus palmas sudorosas se pegan al vidrio y se empañan en los bordes de sus dedos. Cuando respira, sus bocanadas vuelven borrosa la zona de su rostro, y se horroriza. Le recuerda a él, a ese demonio en el tren, a ese hombre que era él mismo y que había buscado matarlo con una espada (rota). Es horripilante.

Pero pese a todo eso, es incapaz de apartar la mirada.

Una cosa retorcida sube por su cuello. Pasa de ser intangible a tangible. Un tentáculo que no puede ver con los ojos (pero puede sentir, puede imaginar su forma, si sólo cierra los ojos un instante), se desliza alrededor de su garganta, acaricia su nuez de Adán y sube más, por su mandíbula. Oldest Dream hace una mueca de asco. Puede sentir lo pegajoso y también puede percibir un aroma extraño que no podría definir si es real o falso. Tilda la cabeza, deseando apartar esa cosa, pero no consigue mucho más que notar los demás, que continúan arrastrándose alrededor de su delgada figura.

Bajando la vista, sus pantalones también son desabrochados. Intenta hablar, pero su voz no sale. Decide calmarse y pronto nota que los apéndices no buscan desnudarlo por completo. Se quedan allí, solamente rozando varias áreas descubiertas.

Nada de esta extraña amabilidad le quita las ganas de vomitar.

Cierra los ojos y reza a cualquier dios existente que se detengan, por favor que se detengan. Pero los dioses nunca han sido amables (él ha sido el más cruel de todos, e incluso si no lo sabía, eso no podría expiar su culpa) y nadie escucha sus silenciosas plegarias.

Al abrir los ojos, sólo vuelve a toparse con un cuerpo debilucho lleno de colores vacíos.

Por su mente pasa la idea de que, tal vez, el culpable de esta situación embarazosa quisiera esto.

Quería que viera lo repugnante que es.

La cosa horrible que ha estado mirando tan fijamente por tanto tiempo.

Y quiere llorar.

—Basta... Ya basta...

Milagrosamente, sus palabras parecen surtir efecto y, antes de poder darse cuenta correctamente, esas cosas se desaparecen de la misma manera en la que aparecieron.

Oldest Dream cae al suelo.

—¿Kim Dokja?

Una voz reconocida se escucha al otro lado de la puerta sellada. Apenas puede levantar la mirada hacia allí, pero se alegra de no poder ver la cara de esa persona.

Lleva las manos a su rostro. Está sucio de lágrimas, y no le queda más que limpiarlas. El sabor de la bilis se queda sobre su lengua y traga varias veces, intentando hacer desaparecer el nudo en su garganta antes de poder hablar.

—¿Estás bien? —aventura el dios exterior más allá de la puerta sellada.

No lo estoy.

No dice eso.

A pesar de que no pueden verlo, sonríe.

—Estoy bien —miente, miente, miente tan terriblemente. Es un mentiroso sin remedio y morirá siéndolo.

Se levanta del suelo. La camisa desabrochada cae por uno de sus hombros, sus pantalones están arrugados y hay sangre en lugares poco apropiados de su cuerpo. Su cuerpo traicionero es algo que no desea ver en el espejo ahora mismo, así que no lo hace, sino que mantiene su atención sobre esa desabrida puerta cerrada.

—Sólo... me caí.

El adulto al otro lado no le dice algo más, como si supiera que está mintiendo y estuviera esperando a que le dijera la verdad. Pero eso es imposible.

Tan imposible como que Kim Dokja fuera a decirle la verdad.

—Está bien.

Con eso dicho, ya no vuelve a hablar.

Dokja suspira por lo bajo. Se acomoda la ropa de nuevo, y después observa de reojo las prendas que no llegó a probarse. Siente escalofríos y rápidamente agarra las perchas. Tendrá que disculparse con Hyunsung, pero de verdad no usará estos, no con los recuerdos que ha creado cerca de ellos.

Cuando intenta salir rápidamente del probador, sus pies se enredan y trastabilla hacia adelante. Choca contra el pecho de otra persona.

Reconoce el aroma y la calidez.

El cansancio hace que quiera cerrar los ojos y sumirse en esta sensación placentera, pero una mano en su hombro le regresa a la realidad y rápidamente aparta la cara de los pectorales del hombre.

Cuando levanta la mirada, un ojo dorado y otro ónice están observándolo fijamente, pero Dokja sólo puede perderse en la cicatriz que adorna uno de los párpados. Una línea perfecta, tan bien hecha, pero tan dolorosa. Quiere extender una mano y tocarla.

Se aparta un paso antes de sucumbir a sus ideas.

—Lo siento —suelta con rapidez, desviando la mirada de manera incómoda—, por tardar.

—Está bien. —Una respuesta seca, muy natural en Secretive Plotter. Aunque los dedos del mismo aprietan ligeramente el hombro que todavía está sosteniendo, y Dokja no puede evitar girar su vista hacia allí, maravillándose un poco ante la elegancia de los guantes negros que está usando esta vez.

La vista no dura mucho porque esa mano se aparta. La fatiga regresa al pequeño dios impotente, pero evita hacer muecas que delaten su estado debilitado. En cambio sonríe, vacío, en dirección a Yoo Joonghyuk, y luego se dirige a otro lado, en busca de Hyunsung.

Las disculpas son bienvenidas y el gran tipo con aire amable no se enfada con él. Oldest Dream está feliz de no ser visto de mala manera, pero como compensación busca algo mejor.

De alguna manera, y por alguna razón desconocida, un par nuevo de prendas son puestas frente a sus ojos.

Esta vez es Secretive Plotter.

No se esperaba esto.

—Creo que esto te quedará bien.

Kim Dokja observa la ropa. Toda es blanca.

—No sabía que te gustaba el blanco...

—No lo hace.

Hay un sabor ácido subiendo por su garganta. Dokja intenta reprimir esa fea sensación.

Yoo Joonghyuk se inclina suavemente hacia él, acariciando su cabeza y después, de la nada, limpiando bajo sus ojos. Eso le recuerda que su rostro probablemente todavía tendría signos de llanto, lo que le hace sonrojarse con fuerza.

Oldest Dream escucha una risa baja, pero no tiene el valor de mirar hacia arriba.

—Pero el blanco te quedaría bien a ti.

Sólo con esas palabras, el chico olvida lo mucho que le aterran los espacios cerrados, y vuelve al probador.


Ha sido ingenuo.

Corre más rápido. Sus piernas duelen, sus pies descalzos golpean con fuerza el suelo, creando sonidos demasiado fuertes, alertando su propia posición. Intentaría ser más silencioso, pero no tiene oportunidad para tal cosa, no cuando los brazos negros están rasgando su sombra, pisando sus talones, buscando atraparlo entre sus garras congeladas. No puede desacelerar y tampoco puede hacer algo para huir de verdad, sólo puede correr por los interminables pasillos de la casa compartida en la que habita junto a los seres más poderosos en la existencia.

Seres poderosos que no están cerca.

Pasa de la habitación de Lee Jihye. También de la de Kim Namwoon. Ni siquiera mira la de Lee Hyunsung y la de Uriel es menos que un borrón en el costado de sus ojos. Todas están cerradas, ninguna se abrirá, los dueños no están. Todos han salido y no regresarán en un tiempo determinado, tiempo que no podrá pasar simplemente huyendo porque no es tan fuerte como para aguantar hasta allí.

Sólo le queda una opción.

Escucha a alguien llamar por su nombre, pero sabe que no debe contestar. Acelera tanto como puede, hasta que sus piernas arden y no llega oxígeno a sus pulmones.

Finalmente, golpea una puerta y ésta se abre. La vuelve a cerrar con fuerza. Se apoya contra la madera e inhala furiosamente.

Sin embargo, su calma dura poco. Su pierna es sujeta y cae hacia el frente. Mira hacia atrás y patea con fuerza lo que se aferra a su tobillo, liberándose por un instante antes de ser atrapado de nuevo. Se arrastra con rapidez lejos de la puerta, por donde esos entes no pueden pasar sino desde la rendija de abajo. Alcanza la cama en mitad de la habitación y extiende el brazo para sujetarse de las sábanas. Sube a ella.

De repente, las cosas aferradas a sus piernas se deshacen. El alivio sube rápidamente y él escala al colchón.

Queda sentado en mitad de las sábanas negras llenas de estrellas. Respira con fuerza, sus jadeos escuchándose en mitad de todo el lugar, reponiendo un oxígeno perdido en una carrera de vida o muerte. Todo su cuerpo arde en adrenalina, así que se toma su tiempo para volver lentamente a la normalidad.

El cansancio no tarda en golpearlo, pero la sensación de seguridad que viene con él es gratamente bienvenido.

Su mente ajetreada divaga por un instante hacia lo que le rodea, en un intento de mantener la calma y no hundirse en pensamientos paranoicos. Sus ojos oscuros observan el silencioso lugar.

—Ostentoso... —murmura para sí mismo, observando las constelaciones bajo sus rodillas y manos.

Pero, a pesar de todo, es suave.

Antes de perderse en las brillantes estrellas al alcance de sus dedos, observa mejor el resto de la habitación, en la cual nunca antes había entrado. Sus ojos vagan curiosos entre la penumbra que es opacada por una lámpara encendida a un lado de la cama y las rendijas casi cerradas de una ventana que deja entrever algo de un sol apenas aparecido en la mañana.

El lugar también es tranquilo, y cálido. Tanto como lo es ese hombre, el dueño de este cuarto.

Oldest Dream siente que una diminuta sonrisa tira de sus labios.

—Esta habitación definitivamente es de...

Sus palabras se atascan en el momento en el que algo frío toca su espalda.

Intenta apartarse, pero esa cosa sube a toda velocidad hasta enredarse en su cuello y tirarlo para atrás.

Grita y patalea. Encaja sus uñas en el apéndice adherido a su yugular, pero no consigue mucho y, por primera vez, es capaz de sentir vívida y horriblemente la viscosidad pegándose a su piel. No es un resabio que más tarde le hará preguntarse sobre una alucinación ridícula, sus dedos realmente se llenan de una mucosa suave y resbaladiza que evita que sus uñas causen algún tipo de daño en la cosa que lo sujeta.

Más de ellos aparecen y se cierran contra sus muñecas, apartando sus manos y poniéndolas juntas hacia arriba. Sus nudillos golpean la dura cabecera de la cama y Dokja suelta un gemido de dolor. Mueve las piernas, pero sus tobillos también son apresados y sus pies son firmemente pegados al colchón, dejando sus rodillas dobladas.

Abre la boca para gritar, pero apenas sus labios se separan, algo frío los roza y busca entrar a su boca. Kim Dokja la cierra inmediatamente y esa cosa no hace más que quedarse frente a su rostro, como si estuviera esperando pacientemente a que separara los labios para entrar allí.

Siente náuseas. Se traga una arcada. La bilis le quema la garganta.

Un par de lágrimas escapan desde las comisuras de sus ojos. Caen a los lados de su cabeza, mojando su pelo despeinado y empapando las sábanas estrelladas. Se remueve aun así, entre sus ataduras, queriendo escapar. No puede dejarse vencer de esta manera y lo sabe. Si acepta esto no sería diferente a seguir siendo una existencia vulnerable hecha para proteger, y se suponía que no pensaba serlo. No más para la familia que había llegado a conseguir pese a todas las penurias bajo y fuera de su poder.

De pronto, siente más tentáculos deslizarse por su cuerpo. Trata de removerse con más fuerza, pero uno más grande se enreda en su cintura y lo mantiene quieto sobre el colchón. Más lágrimas escapan de sus ojos, mojando sus pestañas y haciendo que su pelo se pegue a los lados de sus mejillas. Los apéndices suaves y maleables se pasean por su cuerpo, colándose bajo su ropa; tantean sus piernas y palpan sus muslos, Dokja puede sentir cómo humedecen su ropa y la vuelven pegajosa. Dos más se deslizan por sus manos, bajan por sus antebrazos, hacen cosquillas en sus hombros y continúan bajando, los restos de su mucosa vuelven pegajosa su camiseta y es incluso más asqueroso. Realmente quiere vomitar.

Dos de ellos llegan a su pecho. Lentos y torpes, tocan por todos lados, rozando sus pezones y enfriando su piel con el líquido que secretan. Oldest Dream jadea debido a la estimulación obligada, pero rápidamente vuelve a apretar los labios cuando percibe algo pinchando sobre ellos. El bastardo frente a su cara continúa esperando su oportunidad para adueñarse de su boca, pero no piensa darle ese gusto.

Como si los otros notaran su reacción, continúan sus atenciones sobre el magullado, delgado y frágil cuerpo del chico. Aprietan más las zonas blandas, bordeando los moretones y acariciando otros sitios con una suavidad inaudita, pero lo suficientemente rudos como para recordarle a Kim Dokja que son reales, que no es una pesadilla y que en serio lo tienen cautivo y no podrá escapar.

Dos de ellos juegan con sus pezones. El chico cierra los ojos e intenta ignorarlo, pero los pellizcos leves lo obligan a hacer sonidos bajos con la boca todavía cerrada. Entre ese toque, apenas capta los que se enredan de manera temeraria por sus muslos, yendo hacia adelante y hacia atrás en un vaivén demasiado subjetivo. Es desagradable, pero las sensaciones son muy buenas, tanto que Oldest Dream no puede evitar que la sangre en su cuerpo vaya agresivamente a lugares no deseados.

Algo frío toca su vientre bajo y aprieta las rodillas con fuerza. Más lágrimas se derraman por su rostro.

—N-no... —pide, ruega, mientras percibe a ese tentáculo en específico bordear su ombligo y luego volver a bajar, colándose desde su camisa hasta su pantalón—. No... No, detente, no... Basta...

Todos se detienen pero, a diferencia de la vez anterior, ninguno se desvanece. Todos siguen allí, sobre su cuerpo debilitado, para dolor de Kim Dokja.

Y luego, un sonido.

La puerta es abierta y se escuchan pasos entrando al cuarto. Rápidamente, el chico gira su vista hacia allí, sintiendo su ser entero aliviarse en el momento en el que reconoce la figura imponente que se alza entre la penumbra del cuarto.

Pero su calma dura poco.

Deja de respirar.

—Oldest Dream.

La voz de Secretive Plotter es distinta. Es la misma voz, por supuesto; grave, plana y llamativa, digna de un dios (o un monstruo de pesadilla). Lo extraño es el tono, la cadencia, la suavidad con la que ha llamado a su título y no a su nombre.

Un cariño enfermizo.

Kim Dokja siente otra arcada.

La mirada del hombre permanece sobre él, un ojo dorado bajo una cicatriz, como el sol tras una grieta en una cueva. Pero no es cálido, no hay nada amable allí. Y el pequeño dios finalmente lo entiende, finalmente ha descubierto quién lleva atormentándolo desde hace tanto rato, quién se había atrevido a verle de manera tan asquerosa en mitad de su oasis de ensueño.

Este bastardo enfermo.

—Yoo Joonghyuk.

El dios exterior sonríe un poco. Es casi imperceptible entre la casi completa oscuridad de la habitación.

Mueve una mano en el aire. Un asiento es puesto a un lado de la cama, y toma su lugar en él. El ojo dorado brilla de nuevo, de una manera espeluznante. Yoo Joonghyuk recuesta su rostro en sus nudillos vestidos de negro, mientras que en su otra mano hace girar una copa con un extraño líquido que Dokja no puede descifrar qué es. El hombre solamente se queda allí, en silencio, observando. El niño no entiende su actuar, no entiende del todo cuál es el objetivo de toda esta ridícula situación, pero nada de lo que está ocurriendo le gusta.

Intenta liberarse de nuevo.

—Sugeriría no luchar —dice de pronto Secretive Plotter, finalmente bebiendo un sorbo de esa bebida, sin dejar de mirar al pequeño dios atrapado.

—¡Haz que se detengan! —gruñe Oldest Dream, y muerde la punta bulbosa que trata de adentrarse en su boca, escupiendo con asco la mucosa que se adhiere a sus dientes.

Hay otra sonrisa ligera. La mirada fija se torna en algo casi comprensivo y suave.

—¿Crees que son cosa mía, Kim Dokja?

Kim Dokja vuelve a mirarle, con sorpresa.

Yoo Joonghyuk probablemente no está mintiendo, le dice una parte de su mente, desesperadamente, intentando desconectar los puntos que ya ha unido. Esto no podría ser cosa suya, agrega, porque es un idiota. Estas cosas que lo atormentan posiblemente no fueran parte de él, en realidad. No con lo desagradable y asqueroso que eran y todas las cosas que le habían hecho.

Definitivamente no.

No es de Yoo Joonghyuk.

Pero cuando vuelve a mirar a esta persona, Kim Dokja simplemente no encuentra nada de lo que busca.

Siempre ha sido él, por supuesto.

—Ah...

Hay lágrimas empañando su visión de nuevo. Sus brazos y piernas dejan de luchar mientras más observa la lejana figura de un hombre invencible que no extenderá su mano para ayudarlo de nuevo. Una ilusión se asoma desde lo profundo de su ser, algo, alguien que le dictaba ser su apoyo incondicional, un ente capaz de romper lo irrompible y sacarlo de una miseria infinita, una burbuja creada por sí mismo. Y es casi risible. Una ironía de mal gusto.

Que la persona que lo salvó ahora ha decidido simplemente verlo sufrir.

No es natural. Pero ¿cuándo Kim Dokja ha tenido la oportunidad de salvarse realmente de todo lo que le atormenta?

Secretive Plotter vuelve a beber en silencio.

Oldest Dream siente esas cosas arrastrarse por todas partes de su cuerpo nuevamente.

Abre la boca, queriendo decir una última cosa, pero es abrupta y violentamente interrumpido. El maldito apéndice frente a su rostro se cuela con fuerza entre sus labios, aplastando su lengua y pegándose a sus dientes, hasta tocar su garganta, creando una serie de arcadas dolorosas en el chico. Pero antes de que el mismo pueda vomitar lo que no tiene en el estómago, hay una sensación derramándose por su esófago. Los ojos llenos de brillo estelar se agrandan en sorpresa y el horror abruma su mente, pero no tiene chance alguna de escupir una sola pizca de lo que es obligado a beber.

Secretive Plotter continúa observando en silencio.

Hay un sonido ahogado, desesperado, escapando del niño. Él no deja de intentar moverse, pero no es que pueda hacer mucho mientras está siendo sujeto desde todas partes.

Su mente se fragmenta con rapidez entre la asquerosa sensación que baja a su estómago y los fríos empujes y toques ligeros en distintos lugares de su cansado cuerpo. También está la sensación constante de ser observado, un sentimiento tan horrible y degradante que hace que sus ojos vuelvan a llenarse de lágrimas pesadas y manchen más sus pestañas, su cabello y las sábanas. Sus nudillos continúan presionados con rudeza contra la cabecera de la cama, los músculos sin forma de esta cosa monstruosa presionando sus brazos, haciendo doler los moretones en sus muñecas y antebrazos.

El chico trata de mover las piernas, pero eso continúa siendo tan inútil como desde un principio. Los tentáculos que se adhieren a sus tobillos siguen con su firme agarre, mientras que los que se deslizan por sus muslos van más rápido de arriba abajo, empapando sus pantalones y creando un sonido viscoso que llega a sus oídos incluso por encima de sus propios quejidos desesperados. El objeto en su boca amortigua cualquier tipo de grito que intente soltar, en especial en el momento en el que el apéndice sobre su vientre vuelve a bajar y se cuela bajo la parte inferior de su ropa.

Hay un gemido involuntario desde lo profundo de su pecho en cuanto esa cosa fría toca su entrepierna, que de alguna manera se había endurecido entre las atenciones externas. El calor se agolpa en toda su cara y Dokja niega con la cabeza, pero es detenido por el apéndice que está en su cuello, que sujeta su mandíbula con cierta tosquedad y le obliga a mantener la mirada en el techo del cuarto.

Sus ojos se tornan cada vez más vacíos mientras pasan los segundos.

Uno, dos, tres.

No hay forma en el cielo raso. No hay color. Lo único que puede diferenciar es la oscuridad infinita y una poca de luz.

Cuatro, cinco, seis.

Las serpientes húmedas continúan deslizándose por su piel pero, se da cuenta apenas, son más amables que cualquier mano humana que le haya tocado antes, y no dejan herida alguna sobre su ya eternamente magullado cuerpo.

Siete, ocho, nueve.

Escucha un sorbo silencioso.

El sabor dulce inunda su boca.

Lágrimas continúan bajando, así que cierra los ojos.

—No sueñes.

No lo hace.

Otro quejido escapa de sus labios justo después, pero mantiene los párpados apretados. El calor ardiente permanece en su rostro, su mandíbula duele por tener la boca todavía abierta, con una cosa extraña asaltando ese lugar, acariciando el interior de sus mejillas, dejando rastros pesados entre sus dientes y palpando su lengua. Pero tales sensaciones se opacan bajo las que sufren su pecho y vientre, que son constantemente atacados con dulzura por los tentáculos. Sus pezones saltan debido a la humedad dejada sobre ellos y la frialdad de la habitación, y son acariciados con puntas romas y esponjosas, mandando choques de placer a su cerebro.

La cosa que rodea su cintura también se mueve, tanteando las zonas menos frágiles, pasando de los cardenales, dejando rastros mojados que ensucian la ropa, pinchando su ombligo y regalando algo parecido a adoración en los lugares más suaves. Se desliza y se desliza al igual que los demás.

El pequeño dios abre apenas los ojos y ve un movimiento por el borde de la oscuridad. Otro sorbo.

Deja escapar un grito ahogado y amortiguado en el instante en el que una cosa helada se pega a la erección bajo su ropa interior. Este es delgado como un dedo y gira y gira y se enreda desde la base hasta la punta. Frío. Es tan desagradable y le causa repulsión, pero la viscosidad y los movimientos que empieza a hacer consiguen que su mente vaya más lento que antes, se rompa con más amabilidad hasta dejar fragmentados sus pensamientos. La idea de luchar se disipa con la misma velocidad con la que esa cosa acaricia su miembro. Una cosa amable y casi dedicada, como si fuera hecho para hacerlo sentirse bien.

La punta mojada juega con su raja, toqueteando la hendidura que escupe su propio tipo de líquido. De no ser por la interrupción contra su garganta, Kim Dokja tal vez estaría soltando sonidos y sollozos más fuertes. Sus caderas intentan moverse a compás mientras olvida las cosas dolorosas, pero no puede hacer movimientos debido al agarre de hierro sobre todos sus miembros y contra su vientre, así que lloriquea por lo bajo. Se siente bien, se siente bien. La picazón extraña aumenta y la tensión se desvanece, no sabe si su estado letárgico será culpa de la cosa que ingirió a la fuerza, pero no encuentra la fuerza mental para centrarse en ello. No mientras su erección es atendida tan dulcemente y las caricias contra sus muslos, cintura y pecho son tan deliciosas.

El calor en su cabeza permanece. Apenas capta la falta de oxígeno en su cerebro, culpa de la cosa que continúa apresando su cuello y apretando ligeramente el lugar, sin llegar a lastimarlo verdaderamente. Su visión borrosa pasa a segundo plano mientras sus cuerdas vocales tratan de dejar en claro lo que todo esto le está provocando a su ser entero.

Entre los sonidos húmedos, capta otro sorbo lejano. Apenas es consciente de la mirada ajena que no se aparta, pero ya no encuentra que le importe. En cambio, casi podría admitir un enfermo deseo de—

El apéndice dentro de su boca se aparta, permitiéndole gemir ruidosamente. La sangre en sus mejillas sube con más fuerzas y sus orejas enrojecen también, al igual que su pecho, pero no tiene oportunidad de pensar en eso mientras los arrastres contra su pene aumentan de velocidad. Sus piernas son más separadas a la fuerza, pero apenas le presta atención a eso. Sólo puede atinar a apretar los puños y curvar los dedos de los pies mientras un quejido más ruidoso escapa de sus labios hinchados. El ardor en su piel contrasta con la frialdad de los tentáculos y apenas es capaz de discernir el momento en el que la tensión en su estómago aumenta.

Luego se siente como un borrón, el instante en el que finalmente se libera y llega al clímax. La cosa delgada a su alrededor se detiene y se aprieta ligeramente, como si buscara exprimir cada gota de líquido blanquecino que chorrea desde la punta de su miembro. Los hilos se derraman a su alrededor, manchando la tela de sus pantalones puestos y bañando con calor el resto de su cuerpo.

Jadea ruidosamente.

Mientras trata de estabilizar su respiración, apenas capta sus muñecas y tobillos siendo liberados. También su cuello. Casi puede sentir el oxígeno volver liviana su cabeza y, con ello, sus pensamientos. Hay algodón en sus oídos todavía y apenas es capaz de hilar una idea, pero todo su cuerpo hormiguea en gusto y es lo único que parece importar realmente.

Sin embargo, su éxtasis dura poco.

Siente algo deslizarse entre sus piernas y pinchar su borde, causando un latigazo de entendimiento en menos de un segundo. Inmediatamente usa sus manos libres para intentar sentarse en la cama, pero las cosas alrededor de sus muslos lo estiran hacia abajo y lo mantienen recostado. Intenta apartar los apéndices pero sólo llega a empujar sin ningún resultado bueno. Gruñe por lo bajo y trata de cerrar las rodillas, pero eso también le es prohibido y, con horror, percibe ese tentáculo en específico acariciar su trasero y tratar de hundirse más.

Patalea y grita. No quiere esto, definitivamente no.

Entre sus forcejeos, su ropa es arrancada de él. Los pantalones finalmente bajan hasta sus tobillos y la camisa sube hasta su cuello, dejando al descubierto su torso, caderas y piernas. Las cicatrices y moretones parecen brillar dolorosamente frente a sus ojos, realmente como nebulosas y constelaciones en un espacio infinito sin color. Las estrellas en la cama no ayudan a esconder su piel pálida y coloreada en horror y vergüenzas pasadas que nunca se irán.

Y aun así aferra sus dedos a las cosas que lo sujetan. Encaja sus uñas, aunque no sea efectivo. Sabe que es débil, sabe que no puede, pero no piensa dejar que esto simplemente continúe sin que él—

—Sugerí antes el evitar luchar.

La voz de Yoo Joonghyuk hace que quede estático. Su mente apenas procesa el recuerdo y el hecho de que, en realidad, no se encuentra solo en este cuarto sofocante.

Gira su vista hacia allí.

El hombre bebe de su copa hasta acabar con el último rastro de lo que fuera que hubiera allí. Se relame los labios. Los ojos deslumbran, el orbe de oro es hipnotizante. Las pupilas de abismo no se apartan de la figura diminuta sobre el colchón.

Él ha estado viéndolo todo este tiempo.

Y no ha hecho absolutamente nada.

Kim Dokja aprieta los dientes. Las lágrimas vuelven a aparecerse alrededor de su visión.

—Tú... Yoo Joonghyuk...

—¿Finalmente pedirás mi ayuda?

Este imbécil. Dokja quiere extender sus manos hacia Joonghyuk, agarrarlo del cuello y matarlo.

Pero ese es un pensamiento fugaz y, tan pronto como se aparece, se desvanece, porque la imagen de sí mismo haciendo algo así a esta persona le aterra. No puede. No puede. No sería capaz porque, en realidad, no hay algo que adore más que a este monstruo despectivo que ha estado bajo sus ojos por casi una eternidad.

Y con ese pensamiento, lo recuerda.

Yoo Joonghyuk ha pasado una eternidad siendo observado por Kim Dokja.

Ahora es el turno de Kim Dokja.

Secretive Plotter, que ha sufrido el infierno en vida debido al capricho de un niño inútil, está tomando lo que tanto había buscado conseguir. Es el turno de Oldest Dream de ser la marioneta.

Finalmente comprende a este Yoo Joonghyuk.

O espera hacerlo.

—¡Gah! —masculla en cuanto otra sensación potente le regresa a la realidad.

Solloza en cuanto la sobreestimulación golpea su entrepierna. El apéndice mojado no lo ha soltado y ha comenzado a moverse de nuevo, haciendo que la suave fricción se vuelva dolorosa para sus sentidos. Gime fuertemente y se queja.

—¡Detente...! —ruega, apoyándose en sus codos y extendiendo una mano a ese lugar. No consigue detenerlo. Sus dedos se resbalan y llora más fuerte cuando los movimientos son más insistentes, como si estuviera buscando torturarlo con un raro exceso de placer. No le gusta—. ¡Basta...! Yo estoy... Acabo de... Ugh...

Patalea, pero sus rodillas permanecen cruelmente separadas por extremidades mucho más fuertes que él. En un punto incluso lo levantan del colchón, y un tentáculo en específico se pasea por su espalda hasta volver a su trasero, deslizándose entre los montículos y pinchando nuevamente su agujero.

—¡Ya basta! ¡Detén...! ¡No!

Entre la bruma de la desesperación y el exceso de sensaciones apremiantes que no hacen más que marear sus sentidos, gira la cabeza hacia la otra persona en el cuarto.

Hay un dedo vestido de negro sobre los labios perfectos. Una señal de silencio. Los ojos de Secretive Plotter se mantienen serenos, sin dejar de mirarlo ni por un segundo.

Oldest Dream aprieta sus propios labios por inercia. Más lágrimas se deslizan por su rostro.

No le gusta. No le gusta. No le gusta. No le gusta. No le gusta.

No le gusta nada de esto.

No quiere que estas cosas extrañas lleguen más allá. No quiere algo así. No de esta manera. Que no se hundan en él sin que pueda evitarlo. Todo esto es demasiado cruel.

Cierra los ojos en cuanto la sensación hormigueante vuelve a subir por su débil cuerpo.

—No sueñes.

De nuevo son esas palabras, que se parecen a una orden que debe acatar sin rechistar. De nuevo es incapaz de guiar su mente hacia otro lado, como hubiera deseado, para poder librarse de toda la realidad que lo atormenta.

Es verdad. No tiene derecho a tal cosa.

Gime bajito. Sus caderas se retuercen. Siente otra dolorosa erección que es atendida por esa cosa de allí. Grita, se mueve, lucha de nuevo.

Nada es de ayuda.

—¡Yoo Joonghyuk!

Por un instante, percibe cómo los tentáculos se detienen, antes de volver a retorcerse una vez más encima suyo.

Los ojos estrellados del chico miran fijamente, entre el polvo líquido lleno de ensoñaciones rotas, la figura vestida de blanco y negro a su lado.

Secretive Plotter no se mueve de su sitio, sin embargo, ha dejado de hacer girar el vino estelar en su copa. El brillo de oro se apaga suavemente, como si estuviera dispuesto a sacrificar su intención de ser un espectador para volverse un oyente.

Oldest Dream parpadea para quitarse las lágrimas de las pestañas.

—Por favor...

El hombre enseña una sonrisa comprensiva. O tal vez sea una mueca de burla. El niño no sabría decirlo, no entre el velo de sensaciones que golpean su cerebro sin piedad.

Los desagradables tentáculos finalmente se detienen, dejan de torturarlo, pero no lo sueltan. Lo mueven y lo sujetan en una posición casi cómoda. Su espalda mojada puede volver a sentir la suavidad de las sábanas y sus rodillas son puestas juntas de nuevo, como un indulto cargado de amabilidad que no sirve de nada en este punto. Pasan incontables segundos para Oldest Dream. Puede escuchar su propio corazón golpear contra su pecho y sus oídos. Le duelen las piernas y los brazos, hay escozor en sus muñecas, tobillos, cuello y cintura y está tan cansado que sólo desea cerrar los ojos y dormir.

Entonces escucha el crujido de la tela.

Adormilado y exhausto, se levanta sobre sus codos y vislumbra pobremente una gran figura poniéndose de rodillas sobre el colchón, justo frente a él. Sus ojos enfocan mejor y, justo entonces, manos calientes lo agarran desde detrás de las rodillas y lo jalan hacia abajo, haciendo que su cabeza vuelva a caer contra el lecho. Entre una sorpresa no grata, se da cuenta de que sus pantalones son tirados lejos y sus muslos están siendo apoyados contra otros mucho más grandes y vestidos todavía.

Hace el intento de moverse, pero un peso se asienta sobre su vientre. Una palma caliente y pesada lo mantiene quieto allí, y lo único que atina a hacer es enredar sus propios dedos en las sábanas debajo suyo.

Baja la cabeza, viendo con horror cómo Secretive Plotter mantiene una cara estoica. La misma expresión que siempre lo ha visto poner frente a todos, y eso hace que a Dokja se le revuelva el estómago.

Es como si esta situación no fuera distinta a los momentos de siempre para Joonghyuk.

—¿Por qué...? —murmura inconscientemente, con voz casi quebrada, llena de desesperanza. No hay salvación para él, lo ha entendido, pero su corazón continúa latiendo y recordándole que está vivo y se odia por ello.

El imponente dios exterior le mira otro rato más. Observa con cuidado la diminuta, delgada y delicada figura bajo sus manos. Mira con atención el rostro pálido y angelical del niño eterno, se graba en sus pupilas las facciones suaves, la nariz pequeña, las ligeras heridas incurables, las pestañas largas, los labios rojos y abusados, los bonitos ojos oscuros pero brillantes como estrellas fugaces. Ve la compostura rota y el alma resquebrajada, una existencia abandonada y el infinito poder que podría desatar en su cruel infantilidad.

Kim Dokja es lindo de cualquiera manera.

Lleva una de sus manos a su propia boca, usando sus dientes para quitarse el guante negro y dejarlo caer entre ambos. Extiende los dedos llenos de cicatrices hacia una mejilla enrojecida y pintada con lágrimas secas. Las comisuras de los ojos del niño está roja, casi parece que empezará a llorar sangre en cualquier momento.

Y tal idea no se le hace tan mala.

Yoo Joonghyuk ve, con absoluto gusto, cómo el inocente y abandonado mocoso no rechaza su toque. No como lo había hecho con los miembros monstruosos y desagradables que eran parte de su forma como un ente prohibido.

Oldest Dream sólo se queda allí, con la mirada repentinamente perdida.

Luego se inclina hacia el toque, cerrando los ojos de manera mansa y dulce.

Secretive Plotter sonríe.

Este chico no tiene remedio.

—De verdad, no alcanzarás la salvación, Dokja.

Kim Dokja vuelve a abrir los ojos. Sus pupilas están vacías.

La respuesta de Yoo Joonghyuk nunca llega. En cambio, el hombre aparta su toque y vuelve a alcanzar la copa de antes, bebiendo un sorbo para después inclinarse hacia adelante y juntar sus labios con los del pequeño dios. Hay un rechazo inicial que no dura mucho. Antes de darse cuenta, Kim Dokja abre la boca y un líquido espeso y dulzón llega a su paladar. Traga con rapidez, apenas reconociendo que es la misma cosa desconocida que le había hecho beber aquel tentáculo asqueroso de hace un rato.

Al igual que la primera vez, su mente e ideas empiezan a distorsionarse. Comienza a sentirse más liviano, y sus manos van inconscientemente hacia la persona que continúa besándole, enredando sus dedos en el cuello del mismo. Es caliente, la tela de la camisa se arruga y se empapa y pronto la falta de aire hace estragos con sus pensamientos.

Cuando se separan, apenas recuerda cómo volver a respirar.

—Dime, Dokja. —La voz de Yoo Joonghyuk llega perfectamente a sus oídos y puede entender sus palabras, pero al mismo tiempo todo está amortiguado y no es capaz de comprender una sola cosa de lo que está diciéndole. Sólo puede pensar y pensar en la bonita sonrisa que le dedican y a la mirada que nunca se aparta de su ser—. ¿Qué querrás primero, a mí o a ellos?

Oldest Dream no entiende, pero hace el esfuerzo de hacerlo.

Parpadea lentamente. Poco tiempo después, se da cuenta de que los apéndices fríos regresan a él; suben por sus tobillos y hombros, tantean su vientre.

Quiere hacer una mueca. Se remueve con desagrado, pero en cuanto lo hace percibe algo duro contra su trasero. Apenas es capaz de entender qué será eso y, luego de hacerlo, sólo puede atinar a sentir su cabeza caliente y dando vueltas.

La idea no es mala. Hace que una cosa extraña revolotee dentro suyo.

Está tan mal.

Pero no es que tenga más opciones.

—A ti —murmura débilmente, sus brazos aferrándose con más fuerza a este cuerpo imponente que se alza sobre él. De reojo, ve un par de cosas negras moverse entre la penumbra y el asco lo asalta—. No los quiero... No los quiero a ellos... No más... No dentro de mí.

Está a punto de llorar de nuevo hasta que siente un beso ligero contra su mejilla, despertándolo del miedo. Vuelve su vista al hombre encima suyo y se maravilla con la suave expresión que le dedica.

Quiere decir algo, pero su boca es asaltada una vez más. Es su segundo beso, en realidad. Nunca antes había besado a nadie más, pero Secretive Plotter ya le estaba quitando la primera y segunda vez. No es que lo odie, pero no se habría imaginado algo así antes.

Las manos del protagonista vagan por los lados de su cuerpo. Son cálidas. A diferencia de esas cosas que lo acompañan, Dokja no puede odiar este toque. Quiere que continúe, quiere que siga paseándose sobre su sucia piel, incluso si está yendo a lugares donde no debería estar, donde nadie más debería tocar sino quien él hubiera elegido.

Kim Dokja no había elegido esto, pero ya se ha rendido en detenerlo.

Una lengua larga inunda su boca. Es tan distinto. El sabor de la saliva ajena es tan diferente a la viscosidad desconocida, y se siente tan bien. No siente las horribles ganas de vomitar de nuevo.

La mano desnuda de Secretive Plotter llega a su entrepierna, pero no lo toca. Bordea esa zona y baja por su muslo, apartando la cosa húmeda que seguía adherido allí. Es un alivio, el frío deshaciéndose en el calor de los dedos del adulto hasta llegar de nuevo detrás de su rodilla, continuando con una caricia en las zonas donde había sido tocado en exceso. Baja al interior de su muslo y finalmente llega hasta atrás.

Un dedo pincha esa sensible zona y Dokja no puede evitar retorcerse y gemir con molestia. Joonghyuk le muerde el labio, tal vez como un castigo por actuar así, o solo para distraerlo, no lo sabe. Pero más tarde, la boca del hombre baja y deja besos por su mandíbula y cuello, mordisqueando la tierna carne.

La diferencia entre Yoo Joonghyuk y los tentáculos es, sin duda alguna, que él no muestra piedad en las zonas heridas del cuerpo frágil de Oldest Dream.

Los besos se vuelven chupetones y los chupetones se transforman en mordidas. Kim Dokja jadea y se queja por lo bajo, otro par de lágrimas se le escapan de los ojos debido al dolor seco, pero se muerde los labios en lugar de pedirle al hombre que se detenga. Se aferra a la tela de la ropa ajena y deja que por su visión pasen destellos blancos de dolor y placer entremezclados.

De pronto, una cosa se hunde en su interior. Gime con desagrado y esconde su cara completamente roja en el hombro del adulto. La sensación de arrastre es asquerosa, un dedo abriendo su agujero con demasiada lentitud, entrando y retrocediendo varias veces. Pero su atención se desvía prontamente de ello hacia los besos que son regados por su cuello enrojecido y a la mano que todavía está tapada por un guante, que no deja de acariciar su cintura con cuidado y luego sube a uno de sus pezones, jugando de una manera casi ruda. Lo que fuera que estuviera haciendo este tipo con él, funcionaba para que el toque en su trasero pasara a segundo plano.

Hasta que entra el segundo, y empieza a doler. No puede evitar los quejidos que vienen con los movimientos ligeramente más rápidos. Aun así, todavía no le pide que se detenga.

De todas maneras, no está seguro de que Secretive Plotter fuera a detenerse incluso si se lo rogaba.

—Relájate. —Las palabras de Joonghyuk apenas son perceptibles por encima de su propia incomodidad—. Te dolerá más si no lo haces.

Dokja lo maldice en el interior y muerde el hombro en el que se apoyaba.

Como castigo, los dedos en su interior se curvan hacia arriba y hacen convulsionar casi todo su cuerpo. Su mente vaga y luego regresa, ahogándose con rapidez en el horror de haber sido atacado y echado abajo con tanta facilidad.

El toque en ese lugar prevalece. Secretive Plotter no tiene piedad de él, ni siquiera cuando escucha más quejas. Oldest Dream puede sentir la sonrisa que está poniendo en su contra, pero no puede hacer algo para detenerlo. Sus piernas se han vuelto gelatina y apenas es capaz de tensar los pies y arquear la espalda. Sus dedos se aferran desesperados a la camisa del adulto y, si tuviera un poco más de fuerza, probablemente la hubiera roto.

Grita y convulsiona de nuevo. Cuerdas de semen se escapan de su pene por segunda vez, sin que nadie lo hubiera tocado allí en esta ocasión. Manchan la ropa del hombre encima suyo y también se entremezclan con la mucosa que todavía tiene en casi todas partes del cuerpo. Repentinamente, se siente tan jodidamente patético y avergonzado.

No cree que pueda volver a ver a alguien a los ojos en su vida. Menos a este tipo.

—Ya... Yo ya... Ya no puedo... —balbucea y solloza, pegando su frente sudorosa a la tela seca que tiene enfrente—. Por favor, ya no...

—No hemos terminado —sentencia con frialdad.

Kim Dokja no tiene oportunidad de hablar de nuevo cuando un tercer dedo se agrega a los otros. Gimotea y llora, pero se muerde de nuevo los labios en el momento en el que su boca quiere soltar palabras congruentes, ruegos para que todo se detenga.

No tiene derecho.

Y tampoco es que desee realmente que todo esto pare.

Los arrastres pronto dejan de ser molestos. De alguna manera, su zona inferior comienza a entumecerse hasta volver nulo el dolor o el placer, y siente que puede respirar aliviado sólo con eso, incluso si no es una buena señal para su cuerpo. Pese a ello, los sonidos de los chapoteos y los ligeros empujes lo mantienen consciente de lo que ocurre, y esta vez encaja los dientes en sus labios no para callarse, sino para no sucumbir ridículamente ante el gusto de su propia mente aceptando como satisfactoria tales recepciones.

Pero su mente es una traidora e, incluso fragmentada, le hace ver el panorama.

Yoo Joonghyuk, su adorado protagonista, lo tiene encerrado bajo sus brazos y lo toca y lo besa y parece adorarlo. Y, a pesar de todo, está haciéndolo sumirse en absoluto placer.

Los cosquilleos extraños regresan a hacer mella en su vientre. La tensión regresa, avisándole de una nueva erección mientras su próstata es golpeada por tres dedos esta vez. No quiere pensar en eso, sin importar cuánto adore la sensación caliente de esa mano tocando su interior y haciéndolo sentirse tan bien. Prefiere perderse en la imagen de un rostro hermoso puesto al alcance de su boca.

Besa el rostro encima suyo. El gesto es devuelto de manera feroz, atrapando los labios doloridos del chico, mordiéndolos, como si el hombre buscara devorarlo de verdad.

Cuando se separan, ve la saliva escapando entre ambos. Es apabullante.

—Cuatro —murmura de pronto Joonghyuk, curvando ligeramente los labios.

Dokja no entiende hasta que percibe el aumento de velocidad. Suelta un grito y dobla las rodillas. Siente un nuevo orgasmo cerca y cierra los ojos. El estiramiento doloroso pasa a ser sumamente placentero y no puede evitar soltar varios gemidos que no procesa como propios.

Se siente bien. Se siente tan bien.

Y, de la nada, cuando está a nada de alcanzar su clímax, los toques se detienen abruptamente.

Apenas es capaz de respirar correctamente y un lloriqueo escapa de su boca. Los dedos ajenos se retiran y puede percibir su interior llenarse con nada. Es desagradable, asqueroso y no le gusta.

—No... No... Tú... —balbucea, golpeando con un puño débil el pecho de la persona que se ha erguido encima suyo. Entre su vista empañada, apenas capta la figura sobre él—. ¿Por qué...? Estaba a punto...

—Mhm. Malcriado.

El título absurdo lo obliga a hacer un puchero de molestia.

Antes de que pueda volver a quejarse, sus caderas son agarradas y, con una facilidad ridícula, es dado vuelta hasta quedar boca abajo. Luego su trasero es levantado al obligarlo a apoyarse en sus rodillas.

Dokja enrojece de golpe, intenta levantarse y apartarse, pero una mano se posa en su nuca y lo obliga a permanecer abajo, la cara pegada a la sábana suave. Se queja por el trato rudo y araña el brazo del hombre que lo mantiene en su sitio.

—No seas impaciente, es por tu bien.

Ridículo. Cómo se atreve a decir algo así.

A pesar de eso, Oldest Dream no encuentra la necesidad de enfadarse realmente. Supone que es cosa de su estado adormilado y extremadamente excitado.

Una mano de nuevo en su cintura lo regresa a tierra. Esa misma mano tantea su piel y va hacia otros lugares, deslizándose por su espalda y bajando por su columna. Es una caricia amable. Hasta que los dedos malditos entran de nuevo en su agujero y tocan su zona más sensible.

El orgasmo pendiente golpea con fuerza, y casi está allí de nuevo. Kim Dokja aprieta las piernas juntas y aferra sus manos a la sábana. Respira entrecortadamente.

Luego, una vez más, todo se detiene abruptamente.

Tiene tantas ganas de llorar.

—Maldito monstruo...

Escucha una risa baja y grave. Su estómago revolotea otra vez.

Los dedos se apartan y otra cosa toca ese lugar. Dokja no necesita pensar mucho para saber lo que es, así que respira profundo y se prepara mentalmente, por si acaso. La punta bulbosa es mucho más grande que un par de dedos, eso lo puede discernir sin perder mucho tiempo. Aun así, nada lo prepara para cuando se abre paso dentro.

Aprieta los dientes y arrastra las uñas por encima del colchón.

—D-duele... Para... —pide en voz baja, amortiguado por una almohada cercana. Trata de mover su mano hacia atrás, pero su muñeca es sujetada firmemente y puesta de nuevo sobre la cama.

—Quédate quieto o te dolerá más.

Su tono no es amable en lo más mínimo, es aterrador, pero entre la advertencia de su voz se pueden notar los rastros del placer que está sintiendo. Dokja casi se sentiría contento de provocar algo así en esta persona, pero está más ensimismado en sí mismo y en el dolor de ser penetrado por primera vez. Su interior arde y sus piernas tiemblan, está a nada de caerse hacia el frente, de no ser por la mano que lo sujeta por la cintura y mantiene su trasero en alto.

Los centímetros aumentan. El pequeño dios grita por lo bajo, mordiéndose los labios hasta sacar sangre. Algunas lágrimas manchan la tela debajo suyo.

La mano en su muñeca se afloja y los dedos cálidos hacen círculos suaves sobre su piel. La caricia hace que se distraiga del dolor y vuelque su atención a otras cosas. Repentinamente perdido debido a ese toque amable y al sonido y crujir de las cosas a su alrededor, a la piel caliente, al ardor suave en otras zonas de su cuerpo y a la propia imagen que podría estar dando a los demás, su consciencia se desconecta por un par de segundos.

De la nada y con un golpe seco, el chico regresa en sí y suelta una gran bocanada de aire en el instante en el que las caderas del hombre llegan hasta su trasero. Se marea, sintiendo una explosión de sensaciones extrañas, y sus ojos van hacia atrás, apenas siendo consciente de las ligeras convulsiones que sufre todo su cuerpo.

—Apenas entré y ya te corriste, Dokja.

Kim Dokja no es capaz de procesar las palabras de Yoo Joonghyuk sino hasta un par de segundos después. Jadeando, la información golpea con fuerza su cabeza hasta poder procesarla y, llegando a un nuevo nivel de rojo, el niño usa su tembloroso brazo libre para levantar el pecho del colchón y mirar hacia abajo.

Las sábanas están manchadas y su miembro está goteando, señal de su indudable y repentino orgasmo, del que no se había dado cuenta. Casi no puede creerlo. De verdad había llegado así sin más.

Pero puede entender el por qué en el momento en el que mira su vientre distendido por la longitud de Secretive Plotter.

Traga pesado y sus ojos vuelven hacia atrás. Cae sin fuerzas hacia el frente, hundiendo su cara en la almohada más cercana.

Escucha una risa grave. Su interior hormiguea.

Kim Dokja ya ni siquiera tiene la fuerza física o mental para permanecer despierto, pero aun así lo hace. La mano sobre su mano se aparta y va a su cintura al igual que la otra. Los callos se clavan en su piel amoratada pero el dolor anticuado es el último de sus problemas cuando la cosa monstruosa en su interior se aleja, sólo para volver a empujar después.

El chico deja salir un jadeo ahogado. Se aferra con fuerza a la almohada. Una vez más, un arrastre hacia afuera y otro hacia adentro. Es ridículamente lento, pero se siente terriblemente bien. Su lánguido cuerpo es incapaz de rechazar el tamaño o la forma del miembro ajeno, así que no existe tensión entre la fricción repetitiva. Los sonidos viscosos al moverse son el único problema, ya que todavía le trae recuerdos fríos, pero es superpuesto al calor del sicalipsis al que es arrastrado.

Antes de que lo note, la velocidad aumenta. Golpea con más fuerza, sacándole más aire y varios gemidos agudos. Su próstata es tocada en cada embestida y sólo causa otra erección demasiado dolorosa para este punto. El continuo empuje sin descanso sólo acaba con él sintiendo temblar su pene al escupir lo que sea que quede dentro suyo y se mezcle más con el desastre de otros fluidos. Un orgasmo seco tras otro es su penitencia, de seguido, provocando que su mente se rompa con más rapidez que antes, hasta dejarlo en un estado parecido a un sueño profundo.

No se desmaya, pero su consciencia es apenas un hilo. Y en ese hilo una sola cosa es repetida.

—Yoo Joonghyuk... Yoo Joonghyuk... Ah... Yoo Joonghyuk...

Un sólo nombre.

Quiere alcanzarlo.

La mano de Secretive Plotter va a su cuello y lo levanta. Sin dejar de empujarlo desde atrás, besa sus dóciles labios. Oldest Dream apenas capta de nuevo ese sabor dulce y el líquido que se derrama por su barbilla y se desliza por su pecho.

Por alguna razón, ya no puede soñar.

—Mi querida estrella.

Pero incluso si no puede, no le importa.

No mientras Joonghyuk siga besándolo y amándolo así. Paseando sus manos por su carne, dejando nuevas heridas sobre su piel, manchando de colores su ser entero, llegando en lo profundo y pintando su interior, empezando de nuevo una y otra y otra vez una danza cálida que le hace perder fuerzas hasta casi sentirse morir y alcanzar el cielo.

Entre brumas y velos que no puede reconocer, el niño extiende sus dedos hacia abajo. Percibe y siente el movimiento desde su interior. La sangre se agolpa en su cara y entrepierna, abandona sus rodillas y manos. Cae de nuevo en un abismo de estimulación casi infinita.

Está tan perdido.

Tan perdido que incluso cuando siente de nuevo la frialdad de los tentáculos arrastrarse sobre su piel, ya no le importa. El temor se desvanece hasta que su consciencia también lo hace.

Lo último que ve son las rendijas de la ventana.

Ya no hay sol.


Ojos vacíos observan un punto oscuro en el frío cuarto.

Kim Dokja mira las estanterías. Mira los libros. Mira lo que debería ser su espacio más seguro.

Ve los tentáculos removerse por las paredes.

Todos quieren atraparlo.

Él tiembla.

Corre.

Corre hacia el dueño de todos ellos y el único que puede envolverlo en calidez. Que lo mirará eternamente y nunca más lo soltará sino hasta romperlo en pedazos y convertirlo en polvo estelar y guardarlo eternamente en una estrella de cristal que llevará como collar hasta que la existencia entera se desvanezca.

Y él sabe que está perdido.

Notes:

iba a agregar doble penetración pero ya me empezó a doler la mano