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Harry reconocía que esa no había sido su mejor idea probablemente en años, pero ya estaba allí, esperando por que ese omega prácticamente prohibido atendiera su celo.
Conocía a Louis desde que ambos eran unos críos que saltaban en camas y desordenaban cuartos. Sus madres, mejores amigas desde el instituto, se empeñaron en que sus hijos de edades parecidas fueran inseparables. Y ellos lo eran, probablemente también estaban enamorados el uno del otro, aunque no hablaran de ello. El problema de todo eso era Harry y su obsesión con mantenerse alejado de él hasta su mayoría de edad. Problema que estaba decidido a solventar aprovechándose un día de su despiste.
El alfa había estado conversando con uno de sus amigos sobre su próximo celo tan fuerte, inconsciente de quién pudiera escucharle a su alrededor, que lo sorprendió de un salto cuando se halló sin compañía.
"Como no tienes a nadie con quién pasar el celo, puedes hacerlo conmigo."
"Louis no. Tú y yo, sabes por qué no sería correcto." Harry hablando de su diferencia de edad y del hecho de que técnicamente era ilegal porque estaba a un mes de sus dieciocho no era lo que había pedido ni lo que iba a escuchar.
"Ugh, basta con eso. Solo llámame si se siente tan mal que no puedes soportarlo tú solo y tu mano duele."
"No lo haré hasta que seas mayor."
"No lo hagas por mí, hazlo por tu amiguito," mencionó punzante, terriblemente convincente, dándole la espalda y dejándolo allí con las palabras en la boca.
Al principio lo tomó como una mala broma, un comentario sin gracia, no obstante su cerebro lo procesó como la mejor de las ideas al encontrarse sin pareja y excitado. En sus veintidós años de vida, era la primera vez que se veía en tal desesperación vergonzosa.
Esa noche, cuando el timbre de su casa sonó, abrir fue lo último que debió hacer.
"No pensé que realmente vendrías." Le dedicó una mirada a su atuendo, cuidadosamente elegido en su honor. Vaqueros ajustados y el jersey que le regaló en su decimosexto cumpleaños, definitivamente la mejor combinación. "Te queda bien el morado, por cierto."
"Gracias." Un suave rubor se extendió por las mejillas del chico frente al apartamento. "Tampoco pensé que llamarías."
"¿Quieres tomar algo antes de hacerlo? Creo que aún puedo controlarme." Louis lo dudó, percibiendo la erección a través de los pantalones negros.
"No, gracias." Rechazó la oferta. "Yo no creo que pueda. Llevo oliendo tus feromonas desde hace un rato y me está afectando más de lo que creía. Deberías comprar una puerta más gruesa."
Harry le dedicó una expresión torcida. Un intento de preocupación frustrado en su cara.
"Ni siquiera ha empezado mi celo y estás temblando. Deberías replanteártelo."
"Y tú deberías dejarme pasar en lugar de decir tonterías. Hace frío aquí fuera."
Harry se apartó del borde de la puerta con un gesto exagerado. El omega entró, abrazando el calor que esa casa aún le brindaba. No era la primera vez que estaba allí. El primer día que Harry se mudó fue el único en ser invitado, sin embargo no había ido en meses y en la decoración se notaban los cambios. No más colchones en el suelo y cajas en cada rincón. En ese momento parecía una verdadera casa de muebles caros, adornos personales y noches solitarias que esperaba solucionar.
"Has tenido tu oportunidad de huir. Después no digas que no te lo advertí."
Blanqueó sus ojos cansado del mismo discurso estúpido. Oyó la puerta ser cerrada tras él y los pasos del alfa acercándose a su costado derecho. De soslayo lo vio cruzarse de brazos y apoyar su peso en el borde de la encimera abarrotada de objetos sin sentido ni orden alguno.
"¿Desde cuándo tienes un piano?" Observó el instrumento reluciente apartado en una esquina de la habitación. El brillo en su material le hizo intuir que se trataba de una adquisición reciente.
"Hace un par de semanas."
"¿Tenías pensado decírmelo?" Alzó una de sus cejas, profundizando su interrogatorio.
"En cuanto me hubiera aprendido alguna partitura."
"¿Querías impresionarme?"
"Tal vez."
La respuesta vaga causó un mar de emociones en su pecho del que le costaría deshacerse.
"Cuando tu celo acabe, ¿me dejarás tocarlo?"
"Solo si lo hacemos juntos." Louis pareció pensarlo.
"Trato."
"¿Seguro que no quieres beber algo al menos? He comprado tu té favorito."
"Estoy seguro."
La tensión era evidente por varias razones. Louis había esperado meses ese paso definitivo en su relación, el cambio que los conduciría a los tratos cariñosos que Louis se había aprendido de memoria en sus sueños o los estancaría en el radio amistoso que se asemejaba al infierno. Él iba a impedir lo último. Esa noche lo harían sin importar qué.
"No deberíamos ir directamente a ello. Si estás nervioso no funcionará."
"Probemos a ver."
Louis rompió la distancia en dos sencillos pasos que lo posicionaron contra los labios del alfa. Temió una reacción tosca y fría, terminó recibiendo el deleite de la satisfacción vencida. Adicto era a la droga que ese beso ofrecía; un nuevo vicio del que sabía no podría deshacerse.
Se movió experto sobre él, repasando cada punto estudiado, lo que causó vacío y necesidad cuando se apartaron.
Rendido ante las nuevas sensaciones no intuyó el dedo que se precipitó en un camino hacia el interior de su boca. La yema cepilló el filo de sus dientes e ingresó más allá, repasando una línea sobre su lengua que le hizo temblar. Harry tragó duro ante la imagen erótica, imaginando lo que podría hacer con esa lengua.
"Eres tan sensible."
Louis gimió en respuesta y él continuó su viaje en la zona más baja de su espalda, donde el límite entre lo posible e imposible se cruzaba. La oprimió entre sus dígitos, enloqueciendo cualquier capacidad de raciocinio en el omega.
"¿Esa es la parte que más te gusta de mí?," Louis preguntó en un hilo de voz tenue.
Harry negó suavemente. "La parte que más me gusta de ti es esta." Besó sus labios. "Y esta." Besó su cuello. Louis tembló, su glándula omega siendo acariciada por los labios gruesos del alfa. No temía la dentellada de esos colmillos en su nuca, más bien temía su ausencia. Aunque rogara, Harry no lo marcaría hasta su último curso. Otros cuatro años de muestras furtivas y un deseo silenciado.
El alfa continuó un recorrido de besos que se detuvo en las clavículas.
"Entonces," comenzó Louis, barriendo con sus pestañas todo rastro de inocencia, "¿haremos un poco de juego previo antes de que quieras arrancarme la ropa?"
"No te arrancaría nada, sé controlarme lo suficiente para eso." Harry suspiró en arrepentimiento, alejándose del cuerpo del omega que irremediablemente terminó por preguntarse qué era lo que había hecho mal, su corazón y mente agitándose por miedos crecientes. "Y no, no te esfuerces más, no necesitas obligarte a hacer algo que no sabes."
"¿Qué has dicho?," exclamó ofendido en un ceño fruncido y su típico tono agudo.
"Lou, creo que deberíamos parar. Aún eres menor, y no veo justo que me des tu virginidad así. Tomaré un supresor así que está bien si te vas ahora, lo entenderé. No debí llamarte tampoco." La mezcla de palabras trayéndole de vuelta a lo que era Harry; descarado sin compasión.
Louis respiró, su cara cambiando a través de varias expresiones hasta finalmente decidirse por algo exasperado y dolido.
"Después de todos estos años sigues siendo un completo idiota."
Sin permitirle ningún tipo de reacción, tiró del cuerpo musculoso hacia el sofá. Harry ni siquiera luchó. Sabía que no debía, pero joder, ver ese rostro tan dispuesto y sonrojado cerca de cruzar su linea... Le faltaba cobardía en esos ojos para rechazarle.
"Louis, de verdad que no-"
"Si dices algo más te morderé, así que cállate y disfruta lo que este virgen puede hacer."
Sus dedos dudaron en su labor, no acostumbrados a ese tipo de encargos. La cremallera fue sencilla, a pesar de sus nervios. Quería poder jugar con él y su paciencia, meciendo su mano sobre la base de aquel miembro sin prisa, no obstante tal situación le obligaba a ser cuidadoso en su acción.
Lo deslizó fuera de la ropa interior, jadeando por su tamaño. Harry era malditamente demasiado, incluso para ser un alfa.
Polla gruesa y dura esperando por su toque y él no tenía la experiencia. Todo lo que sabía lo había visto o leído en internet, y esperó que fuera suficiente.
Repasó la circunferencia con su índice y en un rápido apretón se descendió sobre la base. El jadeo que lo recibió le hizo conocer el acierto en su movimiento. No se contuvo ahí, construyendo un recorrido húmedo desde lo más bajo de aquel miembro hasta su punta. La sensación placentera le instó a dejarse guiar por su instinto, succionando la mitad hasta que lo sintió fluyendo caliente por su garganta.
Subió y bajó sin dientes de por medio y con arrogancia inventada, como una brisa de primavera en pleno invierno. Casi parecía tener experiencia con la profundidad que aceptaba las embestidas, las manos inquietas que se revolvían en todo lo que su garganta no captaba y la cantidad justa de sus feromonas que permitía liberar sobre las del alfa.
"Mierda Lou." Se maldijo por permitirse ceder ante el juego sucio y su debilidad frustrada. "Sabes que no tienes que hacer esto," añadió en un gruñido, sintiendo vaho caliente sobre su erección.
"Pero quiero hacerlo," mencionó separándose con un hilo de saliva fluyendo por su mandíbula.
Algo estalló allí. Quizá fueron sus palabras o la manera provocativa que tuvo de pronunciarlas, con su cabello levemente desordenado y las lágrimas abarcando sus ojos azules. Harry fue incapaz de retener su control intacto por más tiempo.
El celo de un alfa se adueñó del último resquicio de cada habitación. Fue brusco y violento, un aroma tan intenso que vibró en el omega. Louis no creía capaz de sentirse arder por la mezcla de feromonas que aquel cuerpo emanaba. No imaginó el golpe que ello supuso en su anatomía, trémula y anhelante de un solo ser que era su alfa.
"Mi celo, ¿por qué ha reaccionado al tuyo?" Sus ojos centellearon en un mar profundo. "¿Eso significa que somos-?"
No le permitió decir más. Presionó sus labios contra los del omega en una danza estricta que Louis apenas supo responder, enredando sus piernas en el alfa insistente y dejándose arrastrar inconscientemente por él hasta su cama.
Ambos gimieron sobre los labios del otro por el roce de las posiciones.
"R-rápido, por favor, hazlo ahora. No te detengas, de verdad te necesito," jadeó Louis. Ya estaba rogando y ellos apenas habían empezado.
"Oh bebé, lo haré tan fuerte y profundo que tus piernas temblarán por un mes entero."
Su voz se había convertido en un sonido áspero y frío, demandando aquello a lo que ningún omega se podría negar. Inesperadamente Louis halló algo cálido allí y no lo dejó ir. Se aferró a esa sensación en un intento posesivo, casi desesperado y cruel. Harry le ofrecía una elección y él elegía subyugarse.
El alfa se deslizó entre las piernas abiertas del omega, tirando del jersey con manos enredadas y librándose de él sobre la moqueta gris. Los pantalones se resistieron, dando un espectáculo antes de terminar derribados junto a la otra prenda y su ropa interior.
"Tu turno," expresó en un sutil bermellón arrasando sus mejillas.
Harry sonrió, estirado sobre sus rodillas. Hizo todo un juego de provocación lenta, desabrochando cada botón de su camisa con la misma lentitud que una tortuga. Louis se quejó en un gruñido cuidadoso que divirtió a su compañero.
"Tan impaciente. Pensé que era yo el que estaba en celo."
"Ahora somos los dos así que date prisa." Quiso sonar más demandante de lo que pareció. Aunque tampoco lo necesitó. Harry obedeció su exigencia, deshaciéndose de las prendas lejos de ellos. "¿Por qué tienes que ser tan grande?"
"¿Tienes miedo ahora?" Se burló. "Cuando te advertí que no me detendría."
"No tengo miedo. Hazlo de una vez."
"Tan imprudente como siempre. Tengo que prepararte antes."
Atacó primero sus pezones rosados, lamiendo y mordiendo hasta dejar marcas oscuras alrededor. Fue bajando en precipicio por el tobogán de su abdomen, concluyendo en su ingle donde la sangre fluía. Le dedicó la misma atención recibida e introdujo en su interior su dedo medio. Louis era un lío de gemidos y Harry bebió de ese placer.
Besó el interior de los muslos empapados en el fluido de su lascivia, marcándolos en mordidas suaves y removiendo entre ellos un nuevo dígito que acompañaría al otro.
"N-no necesitas prepararme más, solo hazlo rápido," rogaba con impaciencia.
"Ssh, déjame disfrutarte un poco más," Harry dijo, terminando de abrirse paso en el interior caliente y resbaladizo. Tres dedos se introducían lentamente, sin prisa por adueñarse de cada lugar que acariciaban, empujando a Louis a un límite de sí mismo hasta entonces impensable.
"Ah Hazza, por favor." Harry sonrió con silenciosa satisfacción, torciendo sus dedos para estirar el orificio.
"¿Esto es lo que imaginas los viernes por la noche?" Hizo una nueva marca en la última costilla donde había dejado abandonada su razón. "Usando tus pequeños dedos, pensando que son los míos en su lugar. Que es mi respiración la que estremece tu piel y son mis labios los que recorren tu piel." Louis no esperó la reacción física que llegó tras el juego sucio de palabras. Su entrada vaciló, presionándose alrededor de los dedos enfocados en enseñarle la tortura y el placer que hasta entonces ignoraba.
"N-no, ahí."
"¿Ahí te gusta?"
"Harry por favor, basta con los dedos."
Un minuto entero tardó en obedecer. Colocándose un condón, se alineó en la entrada trabajada, tanteando la zona y su cordura. Fue un instante lo que la duda se apoderó de él, y Louis lo percibió.
"Te juro que si te detienes y empiezas con tu discursito te haré mío a la fuerza."
Ambos sabían que mentía. Nunca se atrevería a cruzar una línea así.
"Tú no tienes la fuerza para hacer eso."
"Claro que la tengo," inventó. "Te ataré y-"
En un ataque de impaciencia y disciplina Harry entró en él con un movimiento directo.
"No necesitas hacerlo," habló con una voz terriblemente profunda y lenta. "Ya me tienes completamente dentro de ti."
Louis se apretó sobre las sábanas, un gemido reprimido escapando desde la parte inferior de su garganta. Osado de él por rogar lo que no sabía si podía aguantar. Cogió aire en una respiración tan profunda que lo desgarró en su camino hacia abajo. Ardía en una molestia apenas soportable. Procuró relajar cada punto exacto en el fondo de su orificio y Harry no ignoró ese hecho.
"No... no te muevas aún."
"¿Después de tanto rogar me pides que me quede quieto?" Sonó más austero de lo que pretendió, su alfa rugiendo por más y él solo encerrándolo en lo profundo de su ser.
Louis se mordió el labio inferior. Lo admitía, había tentado su suerte con todo su griterío de demandas más que justificadas, empujando a un alfa en celo a su límite y diciéndole que se detenga de golpe justo ahí. Era su error. Sin embargo Harry, pese a su instinto incontrolable, luchaba contra su alfa por no dañar de ninguna forma al omega debajo de él.
"Muévete."
El alfa gruñó negando en sorpresa.
"Pero aún no estás-"
"Solo hazlo lento. Puedo acostumbrarme." Harry dudaba. "Vamos alfa, de verdad puedo." Tanteó, empujándose sobre la erección necesitada y acariciando cada músculo tenso.
Realmente Louis no entendía aún a lo que jugaba calentándolo así.
El primer movimiento fue lento, impreciso, un intento de algo desconocido para ambos. Harry sabía, por dios que sabía, pero tener a ese omega en celo bajo su propio celo no era cualquier tontería. Perdía el control sobre su alfa por momentos en los que su deseo de follarlo y de cuidarlo se alternaban. Y las provocaciones incoherentes eran lo contrario a una ayuda.
Apretó los dientes, impidiendo someterse a su instinto básico, y respiró hondo, saliendo y entrando una vez más en un ritmo precipitado pero cuidadoso.
Louis se acostumbró, perdido en la fragancia territorial del alfa: menta y madera. Le traía de vuelta los días donde ambos jugaban bajo el árbol decorado de navidad, un día después de su cumpleaños.
Inconscientemente enterró las cortas uñas sobre la espalda ancha, queriendo centrar su recientes sensaciones en la piel ajena. Harry, más que dolor, fue una ola de excitación lo que apreció.
"Mierda, estás tan apretado. ¿Estás bien?"
"Se siente mejor ahora." Louis declaró en una sonrisa, arrastrando su mano sobre su vientre bajo para añadir, "Por fin estás completamente dentro de mí."
"Tú de verdad quieres ser incapaz de caminar mañana."
Giró el cuerpo liviano en una postura que prometía ser favorable en cada lugar erógeno. Rodillas y codos flexionados sobre el colchón y espalda arqueada bajo sus manos, demostrándole el pecado que había cometido. Harry se enterró otra vez en el agujero dilatado capaz de tomar toda su longitud sin excepción.
Louis gimió fuerte, llevando una mano sobre la del alfa en su cadera. Era áspera y suave. Sentía su toque, su dedo avanzando sobre cada hueso de su columna vertebral, asentándose en el de su pelvis en un agarre posesivo.
"Harry. Hazza." Levantó su cadera, persiguiéndolo en cada embestida. Harry no quería confesarlo, pero le encantaba verlo retorciéndose en su nombre. "M-más."
Ejecutó su orden como un soldado raso, dispuesto a todo deseo que le fuese exigido. Sus empujes se volvieron agresivos, incitadores de nuevas experiencias, obsequiando a su demandante lo que ningún otro sería capaz de darle. Y Louis era consciente, ningún otro alfa podría complacerle como él.
"¿Tanto te gusta ser follado por mí? ¿Así de mal lo deseabas?" Las palabras fueron pronunciadas antes de pensar en su efecto, aunque no podía encontrarse a sí mismo arrepentido por ello.
Louis sintió la agitación en su ser, su corazón golpeando contra sus costillas. Su interior punzó contra la polla hinchada, lo que obligó al alfa a contenerse en su vaivén.
"Tan mal, y tú seguías resistiéndote a mí," susurró finalmente cuando recuperó su voz. "Si hubieras aceptado antes, habrías follado mi culo todo lo que quisieras."
Dios, había perdido la cuenta de las veces que los comentarios de Louis le habían hecho gruñir por reflejo esa noche. Se apretó más fuerte alrededor de las caderas, marcando una combinación de dedos en la piel tersa como respuesta a su descaro, y continuó más rápido.
Louis chilló y se quejó por la postura, amenazando con su cercano orgasmo. Con Harry de nuevo entre sus piernas no esperó la imagen que lo recibió. El verde de sus ojos apenas se percibía tras la oscuridad de sus pupilas, espejo nítido del lío que ambos acompasaban, encontrando en ello una especie de calma. Pues Harry era eso, calor, remedio y tormenta en una tarde de viernes frente a la orilla de su mar.
No luchó por reprimirlo, cuando estalló sobre su vientre frente a los ojos ahogados en lascivia. Gimió el nombre del alfa como un recordatorio de quién era el protagonista de sus fantasías, agarre débil descendiendo del hombro a la muñeca con el tatuaje del ancla.
Harry empañó su retina con esa actuación, embelesado en el arte que era Louis. Deseó detener ese instante y grabarlo para siempre en su memoria, aunque ante la imposibilidad de aquel acto se conformaba con disfrutar más noches como aquellas junto a ese único omega.
La mezcla de placer y el omega desordenado arremetieron contra su límite, haciéndole venirse más de lo previsto. Sus golpes incesantes se fueron apagando a medida que liberaba su nudo en el condón. El tiempo que estarían unidos no era una broma, por lo que situó al omega encima de él en la mejor posición para los dos.
"Te quiero," confesó. Un destello brotó de ahí, suspendido en un instante.
"Repítelo," Louis pidió a través del cansancio.
"Te quiero Lou." Acarició su flequillo despeinado, colocándolo un centímetro encima de su ceja.
"Yo también lo hago, también te quiero."
"Lo sé."
"No arruines el momento," advirtió en un ceño fruncido. "¿Y cuando ibas a dejarme saber que somos destinados?, ¿o esperabas que no lo descubriera nunca?"
"No pensé que lo descubrirías tan pronto, en unos años quizás."
"No me lo puedo creer. ¿Cuánto hace que lo sabes tú?"
Harry pensó en no decirlo, o incluso mentir. Ninguna de esas opciones le ayudaría si se trataba de Louis.
"Cuatro años."
"¿¡Cuatro años!? Eres increíble," le dijo sarcástico. "¿Y cómo fue?"
"Siempre lo intuí en realidad. Pero lo supe una de las veces que fui a tu casa, cuando estabas pasando por tu primer ciclo de celo. Era lo mejor que había olido nunca, y lo sigue siendo. Me hiciste entrar en celo a pesar de haber tomado un supresor. Tuve que volver corriendo a casa y mi madre lo supo."
"¿Por qué no me lo has dicho hasta ahora?"
"Tu madre también lo descubrió y me hizo prometer que no te tocaría hasta tus dieciocho. Va a matarme."
"¿Todo este tiempo estabas cumpliendo una promesa que le hiciste a mi madre?" Él asintió. "Entonces ahora que ya lo has hecho una vez podrás hacerlo más y mi madre no tiene por qué enterarse."
Harry besó sus labios de forma suave, repasando círculos en su espalda.
"Ya lo veremos. Por ahora vamos a ducharnos."
