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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-09-08
Completed:
2022-09-08
Words:
19,273
Chapters:
2/2
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2
Kudos:
14
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4
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161

no quiero ser tu amigo, quiero besar tu cuello

Summary:

Dean sufre por la muerte de Castiel y por su regreso.

Notes:

el título es de la canción fallingforyou de the 1975

esto es un relato de lo básico que creo que debió tener el final, no es mucho pero lo tenía estancado en mí

me disculpo si hay algún error de tipeo

;>

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?.

            -La caricia perdida, Alfonsina Storni.

 

 

                        Ni siquiera tiene un cuaderno para hacer esto, ya no. Antes llevaba consigo un diario casi completo que pertenecía a su padre pero del que se apropió después. Antes Dean también llevaba consigo un montón de pulseras, uno que otro collar barato y algunos anillos de plata en sus manos. Todo esto cuando era más joven.

Menos vivido, tal vez no menos dañado pero sí más energético.

            Han pasado dos días después de que el mundo fuese salvado una última vez (por favor), han pasado dos días desde que Jack se fue con la promesa de estar en todas partes, han pasado dos días desde que Dean tontamente ha estado cargando su celular en la mano a todos lados con la esperanza de recibir una llamada diciéndole “Hola, Dean. Ya regresé…”, han pasado dos días desde que Dean comenzó a practicar un tonto discurso que suene medio divertido-medio serio con el que recibirá a Cas de vuelta.

Desbloquea la pantalla de su celular, abre la aplicación de notas y escribe en una nota que ya tiene empezada con un:

  • espárragos
  • tomate cherri

Agrega, para no olvidarlo cuando vea a Cas:

  • preguntar por qué me dejó aquí solo
  • preguntar por qué me ama
  • preguntar por qué se fue si me ama
  • preguntar por qué

Y piensa, son demasiadas preguntas, tal vez cuando Cas encuentre su puerta fuera del Vacío estará desconcentrado, así que tal vez comience con:

  • siento lo mismo por ti
  • eres mi mejor amigo
  • te puedes quedar aquí? conmigo?
  • siempre me he sentido así
  • nunca lo notaste?

Se detiene porque se da cuenta que está escribiendo preguntas de nuevo. Guarda su celular en el bolsillo de su pantalón de pijama.

            Tiene que hacer el desayuno porque Sam volverá de su carrera diaria por la colina, Eileen entrará a la cocina para recibirlo y tendrán un momento muy doméstico mientras cocinan y/o comen juntos, compartiendo miradas secretas y tratando de hacer que Dean no se sienta incómodo. Y no se va a sentir incómodo por lo que ellos tienen, sino por lo que a él le falta. Por lo que Dean pudo haber tenido durante los últimos años al lado de la única persona que siempre ha estado a su lado, incluso cuando ni él mismo lo estaba.

Desayuna solo y tranquilo.

 

 

 

 

 

“¿Estás seguro que puedes quedarte aquí solo?” Sam pregunta, nuevamente, luciendo su siempre-confiable gesto de preocupación, el que hace que toda su atención se vaya al ceño entre sus cejas.

“Por supuesto,” Dean apenas levanta la mirada por encima del libro que sostiene firmemente en su regazo.

“Tal vez Eileen pueda tomar este caso sola y yo la puedo apoyar desde aquí,” sugiere.

“¿Por qué harías eso?” Dean rueda los ojos.

“Así puedo quedarme aquí para hacerte compañía,” explica lentamente.

Dean cierra su libro y le lanza una mirada muerta a su hermano, él estaba tranquilamente leyendo en la biblioteca hasta que Sam vino con fuertes intenciones de molestarle la tarde.

“No te necesito aquí, Sam, puedes ir con Eileen,” se encoge de hombros pero se siente como un niño al que su madre no quiere dejar en su primer día de clases en el jardín de niños. No que él sepa reconocer la sensación en específico.

“O puedes venir con nosotros,” el rostro de Sam se ilumina con su genial idea.

“¿Y compartir habitación con ustedes? Sí, no, gracias,” se burla.

“Dean, no entiendo por qué te querrías quedar aquí,” extiende sus brazos para señalar al bunker en el que se encuentran. “Literalmente aquí fue donde Cas—

“Y probablemente será donde vuelva,” Dean lo interrumpe, elevando la voz un poco.

Sam cierra la boca por unos fuertes segundos.

“No sabemos si Cas vaya a regresar,” dice despacio.

“Cas va a volver,” Dean declara.

“No sabemos si Jack vaya a sacarlo del Vacío, ni siquiera sabemos dónde está Jack o si tiene el poder suficiente para hacer algo como eso,” Sam continúa.

“Cas va a volver, nunca se queda muerto,” niega con la cabeza.

“Esta vez es diferente—

“De hecho no tanto,” Dean se pone de pie, cansado. “Cas siempre se ha ido tratando de salvar mi vida y siempre vuelve.”

“Salvando nuestra vida—

Mi vida,” corrige sin pensarlo.

“Pero Chuck ya no está, no puedes asegurar que Cas va a volver porque si no lo hace, vas a estar muy decepcionado,” dice Sam. “Tal vez Jack… No va a interferir, de verdad.”

“¿Por eso trajo a Eileen de vuelta?” Dean alza sus cejas en pregunta.

Sam se rinde tras haber perdido ante ese argumento.

“Eileen regresó hace dos días,” comenta.

“Ella no estaba en el Vacío tras haber hecho un trato estúpido, ¿o sí?”

“Dean—

“Sam, me voy a quedar aquí,” Dean vuelve a interrumpirlo, negando con la cabeza. “Porque si Cas vuelve no quiero que se encuentre solo, tengo que estar ahí. Tengo unas preguntas que hacerle, decirle unas cuantas cosas y pedirle otras.”

“¿En serio?” Sam se cruza de brazos en reto. “¿Le vas a preguntar si quiere acompañarte a ver alguna película o tu tonta serie de doctores?”

“En realidad no,” pero piensa que debe agregar eso a su nota. “Es más bien sobre… eh, sobre sus palabras finales.”

Sam frunce el ceño en total confusión. “¿Él dijo algo?”

“Oh, sí, dijo varias cosas,” resopla sin diversión. “De hecho, es la principal razón por la que el Vacío vino por él.”

“¿Algún hechizo?”

“Así que, Cas dijo que me ama, entre muchas otras cosas, ¿y el trato estúpido que mencioné que hizo con el Vacío? Resulta que el Vacío vendría por él cuando fuese muy, muy feliz,” Dean asiente repetidas veces.

“¿Cas fue feliz mientras Billie les perseguía?”

“¿No te acabo de decir? Cas dijo que me ama, por eso se sintió extremadamente feliz, y por eso el Vacío vino por él,” Dean rueda los ojos.

“Pero…” Sam luce aún más confundido. “Cas ya nos ha dicho que nos ama antes, ¿por qué esta vez sería diferente?”

“No entiendes nada,” Dean se acerca a su hermano. “A mí. Cas me ama a mí. Su momento de mayor felicidad era decirme a mí, que me ama a mí.”

La boca de Sam se abre al igual que sus ojos.

“Me voy a quedar aquí porque no quiero que Cas llegue y no me encuentre, y porque tengo tantas cosas que decirle,” vuelve a decirle a Sam. “Porque el día que se fue ni siquiera pude responderle.”

“¿Qué le habrías dicho?” Sam controla su mandíbula y logra preguntar.

“Lo tengo enlistado en una nota,” señala el celular en su mano

“De acuerdo pero ¿en general? ¿Tú… lo… correspondes?” Sam pregunta con mucho cuidado.

“Sí,” confirma sin dudar.

“Oh, vaya, estas bastante determinado y por lo que veo, bien preparado para su futura charla,” Sam asiente distraídamente.

“He tenido tiempo,” Dean está de acuerdo.

“Entonces, lo mejor es que Eileen y yo…

“Vayan solos a ese caso,” Dean termina por su hermano.

Sam parece querer hablar más, preguntar y preguntar, pero Dean no tiene tantas respuestas y su hermano parece imaginarlo porque solo se retira en busca de Eileen para salir tras ese caso.

Dean agrega:

  • quieres ver una película conmigo? puedes elegirla tú

 

 

 

 

 

            Dean visita la habitación en que Cas solía esconderse, es una cercana a la habitación de Jack. Tiene la esperanza de sentarse ahí y encontrar objetos que lo lleven directamente a algún recuerdo con Cas, lo cual es estúpido dado que Cas jamás dejó ninguna pertenencia en la habitación, está vacía a excepción de los muebles básicos que probablemente el ángel del señor ni siquiera usó.

Pero Dean sabía eso, a veces le gusta pensar que Cas pudo haber encontrado un hogar aquí, junto a ellos.

            Si Dean quisiera realmente sujetar un objeto entre sus manos y que este lo envié a un momento en el pasado, tendría que ir a su propia habitación porque ahí está la chamarra que aún tiene la marca de Cas, colgada en el respaldo de una silla; encima de una cajonera tiene el ticket de un restaurante al que fueron Cas y él durante una noche lluviosa; junto a las fotos de su madre guarda una foto de Cas con el ridículo sombrero de vaquero y junto a esas fotos tiene también uno de los botones de la gabardina de Cas, se cayó durante una cacería pero Dean lo recogió con intenciones de regresarlo cuando volvieran al bunker pero se olvidó de ello.

            Dean comienza a dormir en la habitación de Cas para no tener que volver a su propia habitación donde si se queda demasiado tiempo tiene que ver y recordar con la intensidad que lo hace llorar. La habitación de Cas es estéril, Cas no ha dejado nada detrás de sí, excepto claro, a Dean.

 

 

 

 

 

 

            Pronto más días se suman a la cuenta, pronto han pasado siete días, quince, treinta, pronto es un mes desde que Cas no está.

“El tiempo pasa rápido,” dice Sam, está sentado frente a Eileen en la biblioteca, Dean se ha unido a ellos porque juran necesitar ayuda con una investigación, lo cual seguramente es una mentira que usan para hacerlo sentir incluido.

            Ojalá Dean pudiera sentir que el tiempo pasa rápido, para él las horas suceden con terror, cada día es un nivel diferente de ansiedad.

“Tal vez Jack está teniendo problemas para traerlo de vuelta,” Eileen agrega, ambos lo miran con cuidado. Siempre le tratan con cuidado.

“No tienen que hacer esto,” Dean comenta. “No necesito escucharlos hablar sobre Cas con esperanza, o lo que sea que sea esto. Les agradezco pero no es necesario.”

“Bueno, Dean, alguien tiene que hacerlo,” Sam alza las manos en un gesto cansado. “Has estado vagando por el bunker, ¿si quiera duermes? No te he visto ir a tu habitación por las noches—

“Duermo en la habitación de Cas,” responde frío.

“¿Cas tenía una habitación?” su hermano pregunta genuinamente sorprendido.

“Sí, idiota,” Dean se pone de pie, de repente enojado. “Cas tiene una habitación, está junto a la de Jack, la tomó ahí para cuidarle cuando estaba enfermo.”

“Oh, yo no… No tenía idea, estoy seguro de que está vacía,” agrega inseguro.

“No está vacía, yo duermo ahí,” cierra el libro que ha estado fingiendo leer y camina para dejarlo junto a Eileen. “Estoy seguro de que no me necesitan para esto, me voy a dormir.”

“¿Ya cenaste?” Eileen pone una mano sobre la de Dean que aún está sobre el libro, para llamar su atención.

“Sip,” Dean le asegura con una media sonrisa y Eileen deja ir su mano. Cenó una cerveza y una manzana.

“Tal vez Eileen y yo salgamos en la mañana, tenemos que ir a… ver esto,” Sam señala su celular y Dean se encoge de hombros.

 

 

 

 

 

            Una de las cosas más genuinas a su corazón que Dean ha hecho ha sido rezar. Cuando le rezó a Castiel, soldado de Dios, cuando le rezó a Cas para salvar a su hermano y este no respondió, cuando le rezó a Dios para traer de vuelta a Cas y a todas las aves del planeta, también cuando le rezó a Cas para disculparse por no poder ser un buen mejor amigo. Nunca se ha sentido más vulnerable que en los momentos en que tiene que pedir por una salida que él simplemente no puede encontrar.

            Se pregunta si puede rezarle a Jack pero cuando está decidido a hacerlo se da cuenta de que en realidad quiere rezar a Cas, no quiere pedir, quiere implorar por su regreso. Tal vez un mes atrás podría haber preguntado ‘¿cuándo volverás?’ pero sabe que ahora solo sonará como ‘vuelve, vuelve, vuelve, vuelve…’, y probablemente en otro mes todo se torne bastante violento. Como todo a su alrededor, sus pensamientos son violentos también.

No va a rezar porque si Cas no está escuchando, porque si Cas no responde a sus plegarías, solo se sentirá más vacío.

 

 

 

 

 

            Dean está solo en el bunker, se inclina sobre la encimera de la cocina para hacer la lista de compras, se les ha terminado la leche. Sam y Eileen están a unas cinco horas en un caso que ya les ha tomado tres días pero que están por cerrar.

Su celular vibra en su pierna, lo saca de su bolsillo inmediatamente, decepcionándose por milésima vez al ver cualquier nombre que no sea el de Cas, su corazón se hunde cada vez, sin importar cuantas veces haya pasado por eso.

“¿Qué pasa, Sam?” trata de no sonar molesto

“¿Dean, dónde estás?” Sam pregunta agitado.

“¿Qué clase de pregunta estúpida es esa?” rueda los ojos, eliminando el tocino vegano que le gusta a su hermano de la lista de compras como castigo.

“No estoy bromeando, Dean, ¿dónde estás?” casi le grita.

“Estoy en la playa, pies en la arena, piña colada en mi mano, Sam,” se burla. “Estoy en la cocina.”

“¿Sigues en el bunker?” la pregunta hace que Dean deje de sentirse burlón.

“Sí, ¿dónde más?” endereza su postura.

“Cas volvió,” le dice Sam, todavía agitado.

“¿Qué?” su visión se vuelve ligeramente nublada.

“Me llamó para que lo recoja.”

“Puedo ir yo,” le informa, no está seguro de cómo su voz esté saliendo porque apenas y se puede escuchar a sí mismo, ni siquiera se da cuenta de que ya está caminando a la salida.

“No, Dean, estoy a tres horas de llegar a donde me ha dicho que se encuentra,” Sam le dice rápidamente. “Tú harías al menos ocho para llegar.”

“Sam, voy a ir,” sacude la cabeza, ignorando el chillido en sus oídos.

“No, Dean,” Sam usa su tono duro. “No vas a venir, es ilógico. Quédate ahí, vamos a llevar a Cas al bunker.”

“Sam—

“Quédate ahí, nosotros lo llevaremos, por favor,” le pide con cuidado.

Dean se detiene junto a las escaleras sin poder seguir caminando.

“¿Pero… su caso?”

“Ya terminamos eso, vamos por Cas,” dice Sam.

Sí, tal vez tiene sentido que Sam traiga a Cas a casa.

“De acuerdo,” murmura pasando una mano por su cabello.

“Probablemente llegaremos mañana temprano,” Sam explica.

Sí, sí, sí, piensa Dean en su mente. A la hora que sea, quiere a Cas a la hora que sea.

“Te aviso cuando lo encontremos.”

“Bien,” asiente solemnemente para sí mismo.

“Dean, todo está bien,” escucha a su hermano decir y cuelga la llamada antes de que se diga algo más.

Está enojado. Y ¿avergonzado?

            Se siente como si estuviese avergonzado pero no sabe con quién, tal vez porque Cas llama a ¡¿Sam?! para que lo recoja, ¿por qué llamaría a Sam? No es a Sam a quien ama y por quien se sacrificó múltiples veces. ¿Por qué Cas no llamó a Dean? Dean habría respondido y habría emprendido su viaje sin pensarlo dos veces, ni siquiera le hubiese llamado a Sam para avisarle que Cas estaba de vuelta.

Incluso Sam sabe que Cas ama a Dean, hasta Eileen debe saberlo ahora. ¿Y por qué Cas no llama a la persona que ama como primera cosa una vez que vuelve del Vacío?

Se sienta en el último escalón de la escalera y sujeta su celular con más fuerza de la necesaria contra su pecho, es totalmente involuntario pero sabe que está esperando que su celular suene en cualquier segundo, y sea el contacto de Cas o que sea un número desconocido pero que sea Cas. Pero ese segundo no llega, tampoco llega ningún mensaje para avisarle que está de vuelta, que Dean puede dejar de esperar.

 

 

 

 

 

 

            Por la mañana Dean se levanta de la cama y va a la cocina, siguiendo su rutina diaria como si hubiese dormido la noche anterior, como si su alma no estuviera tratando de salir de su cuerpo de pura desesperación. Aún no sale el sol, lo sabe porque lo revisa en su celular, no porque el bunker tenga alguna estúpida ventana para verlo, porque viven bajo tierra. Ya no quiero vivir bajo tierra, piensa Dean mientras revuelve huevos en el sartén.

Tal vez Cas ha decidido que ya no lo ama, tal vez ha abierto los ojos y ha reaccionado, tal vez ha recordado lo fracturado que Dean está, tal vez Cas ya ha reconsiderado las cosas, pensado con claridad, que Dean realmente no vale tanto la pena.

            La pesada puerta del bunker se escucha siendo abierta a través de varias habitaciones de distancia entre la entrada y la cocina, Dean apaga la estufa y prácticamente corre a la entrada, deteniéndose cuando llega a mesa del mapa, deteniéndose solo porque el aire abandona su cuerpo.

Cas está bajando las escaleras haciendo ruido con cada paso, Eileen y Sam vienen detrás de él pero Dean apenas los registra.

“Volvimos,” Sam anuncia.

“Puedo ver eso,” Dean asiente sin dejar de ver a Castiel, quien se detiene al otro lado de la mesa, mirando de vuelta, apenas mirándole de vuelta. “Cas.”

“Hola, Dean,” trata de sonreír y Dean también finge hacerlo.

Sam se aclara la garganta para llamar la atención de todos, excepto de Dean porque no puede dejar de ver a Castiel. “Creo que nosotros iremos a dormir, ha sido un viaje largo.”

“Tal vez deberíamos desayunar primero,” Eileen hace una mueca.

“Seguro, hice huevos revueltos” Dean asiente.

“Bien, desayunaremos en nuestra habitación,” Sam vuelve a hablar fuerte porque cree que va a romper la tensión. “Castiel, amigo, me da gusto tenerte de vuelta.”

“Gracias, Sam,” Castiel le da una sonrisa segura, amable, completa antes de volver a mirar hacia Dean con cuidado.

Eileen y Sam salen de la habitación con dirección hacia la cocina.

La habitación se queda en silencio pero tan llena.

Dean suspira con lentitud, con ganas de que esto sea menos real, que Cas esté vivo pero que esto no esté pasando.

“¿Cómo has estado, Dean?” es cierto que ha esperado tanto poder escuchar su nombre desde los labios de Cas pero no quiere ser tratado con este cuidado, todos lo han tratado como si estuviera a punto de romperse, y tal vez lo estaba, pero no quería ser notado de esa manera.

“¿Cómo he estado?” pregunta burlándose. “Tú eres el que recién revivió de entre los muertos. ¿Cómo estás tú?”

“Yo…,” se corta para suspirar con cansancio. “Voy a mejorar.”

“¿Por qué no volaste hasta aquí?” es una de las muchas preguntas que tiene acumuladas en la garganta.

“Mis poderes fueron restaurados apenas, mi cuerpo se está acostumbrando a ellos de nuevo,” explica pacientemente.

“Así que eres cien por ciento ángel de nuevo,” dice Dean.

 Castiel solo asiente.

“¿Por qué no me llamaste?” Dean suelta sin más, porque no sabe cuánto tiempo Cas piense quedarse esta vez, cuando piense sacrificarse una vez más, y no se quiere quedar con dudas.

“No quería molestarte,” responde después de varios segundos.

Dean cierra los ojos con fuerza, de verdad deseando que esto no le esté pasando a él.

“Cas,” murmura casi solo para sí mismo. “¿Cómo pudiste pensar eso? Yo habría ido por ti.”

Castiel permanece de pie sin decir nada, su semblante apretado y su mirada clavada en Dean.

“No sabía cómo reaccionarías,” Cas añade y Dean se mueve en automático hasta llegar frente a él, dos pasos de distancia entre ellos.

“¿Cómo pensaste que iba a reaccionar a ti volviendo a casa?” Lo reta. “¿Qué— Pensaste que diría, ‘Sí, Cas, qué bueno que estés vivo, toma un uber de vuelta al bunker’?”

“No me expliqué con claridad,” Castiel niega ligeramente, casi molesto. “No sabía cómo reaccionarías al saber de mí después de lo que ocurrió.”

“¿Después de que te sacrificarás por mí?” Dean se burla. “Por cierto. No te recomiendo para nada que veas morir a tu mejor amigo en tu nombre.”

Cas exhala con fuerza. “Me sacrifiqué justamente para no verte morir.”

“Sí, gracias por eso,” dice sarcásticamente.

“No espero que lo entiendas,” Castiel sacude la cabeza, una ceja alzada en resignación.

“¿Por qué no esperas eso de mí?” lo incita.

“Porque no es igual, Dean, somos diferentes y nos sentimos diferentes el uno sobre el otro,” responde con claridad pero no para Dean, para él eso no tiene sentido.

“Claro, somos diferentes,” Dean asiente múltiples veces y busca apresuradamente su celular en los confines del bolsillo delantero de su pantalón. “Bueno te tengo noticias…”

“¿Qué haces?” Cas pregunta bajo.

“Lo que debí haber hecho en el momento en que me dijiste… Todo eso que me dijiste antes de que viniera el Vacío,” consigue su celular y abre la nota que tanto ha repasado.

“Dean, está bien,” Castiel se lleva una mano a su frente. “No tienes que decirme nada, yo…— Pensé que esa sería la última vez que te vería, no creí que… Yo no creí que me encontraría contigo de nuevo.”

Eso congela los dedos y el cerebro de Dean, deja de moverse a excepción de sus ojos que buscan la mirada de Cas.

“Lamento mucho haberte hecho pasar por eso, no era mi intención hacer que me vieras morir y después verme regresar una vez más,” Castiel continúa.

Dean bloquea la pantalla de su celular. “¿Querías quedarte muerto?” ¿Lejos de mí? piensa pero no lo dice.

“No… precisamente,” niega, ligeramente bajando la mirada.

“No querías volver aquí,” no pregunta, Dean lo entiende. Cas no quería volver a él.

“Yo… Hubiese prefiero haberme quedado ayudando a Jack en el Cielo,” admite, aún con lentitud, aún cuidando innecesariamente a Dean de un daño que quizá no tendrá remedio.

Los antebrazos y los pies de Dean se sienten fríos al igual que una tensión que se forma en su columna vertebral.

“Pero Jack no me necesita para restaurar el Cielo y él prometió que vendría a visitarnos de vez en cuando,” dice Castiel.

“¿Así que viniste aquí por default?” esta vez medio pregunta, mirando directamente a la siempre fuerte mirada de su mejor amigo, quien no lo admite pero tampoco lo niega. No volvió porque necesitaba ver a Dean, la persona que ama, ¿que amó? Tal vez nunca lo hizo pero esa era la mejor forma de atraer al Vacío, ¿con una mentira? Él no volvió porque fuera su decisión, prácticamente fue orillado a hacerlo, con la promesa de ver a Jack en algunas ocasiones.

“Tal vez… ¿Tal vez ustedes no me necesiten aquí?” sugiere Cas. “Por lo que Sam me contó, hay pocos casos, todos fáciles, tal vez ya no soy útil aquí.”

“¿Útil?” resopla con ironía. “No eres una herramienta, Cas. Te queremos aquí porque eres parte de la familia, no porque necesitamos un ángel.”

En realidad, Dean lo quiere aquí porque no concibe la idea de Castiel estando vivo en el mismo planeta que él y no estando cerca. Que ya ha ocurrido pero que Dean no quiere ni recordar.

“Eso es… Agradable de escuchar, Dean,” dice sonando bastante honesto. “Gracias.”

“La verdadera pregunta es si tú quieres estar aquí, es decir, Jack no te permitirá estar en el cielo pero ¿quieres estar aquí? ¿Con nosotros?” ¿Conmigo?

“Sí,” admite inmediatamente, casi logrando que Dean quiera volver a buscar sus notas.

“Asombroso,” mueve la cabeza en asentimiento, relajándose un poco, apenas un poco. Pasan varios segundos antes de que Dean vuelva a hablar. “Tú… Eres un ángel completamente de nuevo, ¿quieres desayunar? ¿Necesitas comer algo?”

Castiel lo considera. “Creo que podría comer un poco, al igual que dormir.”

            Así que eso es todo, de verdad Cas no volverá a mencionar lo que le dijo antes de morir y Dean no volverá a hacer preguntas que no le han dejado dormir adecuadamente por varias noches.

Avanzan a la cocina, otra habitación vacía que se siente repleta en el momento en que Castiel toma un lugar a la mesa mientras Dean se ofrece a calentar el huevo revuelto y servirle.

Se sientan a comer uno frente al otro, en silencio extenso hasta que tienen que romperlo.

“¿Entonces Jack te trajo de vuelta?” Dean pregunta, esta vez siendo él quien hable con cuidado.

“Estuvo tratando de sacarme del Vacío por un tiempo, no quería que yo dejará atrás mi gracia para poder salir de ahí, eventualmente el Vacío accedió, tal vez porque no le gusta lidiar con dios en el cuerpo de un adolescente,” lo último lo dice con un tono claramente molesto y Dean se pregunta si esa es la forma en que Cas le está reclamando eso. “Jack me mostró un poco lo que ha estado haciendo en el Cielo, luego me explicó que lo terminará con ayuda de Amara, y aunque eso no me da ningún tipo de seguridad… Puedo imaginar que se las arreglaran para hacerlo funcionar,” hace una pausa para reacomodarse sobre su propio lugar. “Luego me envió a la Tierra. Y por alguna razón aparecí en el granero donde nos conocimos.”

Dean se siente golpeado por el recuerdo y su sorpresa debió haberse coloreado en todo su rostro porque Castiel rió suavemente.

“¿Seguía igual?” pregunta tontamente.

“Estaba tal cual lo dejamos esa noche,” asiente, observando detenidamente a Dean, haciéndolo sentir como la noche en que Castiel lo observó por primera vez en ese granero. “Y de ahí conseguí un teléfono.”

“Y llamaste a Sam,” Dean agrega, sonando grosero.

“Sí.”

“Mi número sigue siendo el mismo,” le informa.

“Lo sabía,” Cas declara.

“Claro,” Dean le da una sonrisa falsa a la que Cas responde con una inclinación de cabeza. “Lo que sea.”

“Creo que debería dormir un poco,” su plato ya está vacío. “Gracias por la comida, Dean. Te ayudaré a limpiar—

“No, yo puedo hacer eso,” niega rotundamente. “Ve a dormir. Cambié las sábanas de tu cama recientemente.”

Dice, tratando de no sonrojarse.

Castiel le mira sorprendido. “¿Tú… Sabes cuál es mi habitación?”

“¿Qué?” Dean pregunta igual de sorprendido. “Por supuesto que lo sé, Cas.”

“Oh,” murmura, poniéndose de pie. “Bueno. Gracias por todo, Dean.”

“No hay nada que agradecer,” asegura antes de poder observarlo marcharse.

Al menos ya había tenido la oportunidad de alimentarlo y Cas se iría a dormir sobre sábanas limpias, esas son buenas noticias para Dean.

            Incluso si todo lo que había planeado decirle a Cas una vez que regresara se había quedado escrito en una aplicación en su teléfono, al menos Cas estaba a unas cuantas puertas de Dean.

 

 

 

 

 

            El día de Dean se pasa en dos partes, su cuerpo está por todo el bunker, moviéndose para encontrar algo que deba limpiar, la cocina, la ropa, el suelo, los estantes; pero su cabeza, su mente está solo pensando en Castiel.

De por si no ha podido dejar de pensar en su mejor amigo diciéndole que lo ama, ahora no puede dejar de preguntarse si Cas lo habrá dicho en serio, si aún lo siente, o si por alguna razón, Dean ha confundido el tono en que se lo dijo, tal vez sí fue platónico, tal vez Dean es el único enamorado.

            Cuando llega la noche y Dean entra a su habitación con movimientos automáticos se da cuenta de que no ha estado aquí para dormir desde hace varias noches, solo entra y sale con la ropa que va a usar. Se pone su pijama, haciéndose a la idea de dormir en donde se supone que debería hacerlo, su cama. Solo.

Piensa que si usa su celular para distraerse un poco eventualmente le dará sueño, que si lee el libro que dejó hace mucho tiempo en la mesita al lado de su cama llegará el momento en que se quede dormido. Pero nada de eso sucede. Solo siente los ojos cansados por el brillo de la pantalla del celular y no puede prestar atención a nada de lo que quiere leer.

No va a poder dormir.

            Cuando dan las dos de la madrugada se pone de pie lanzando las sábanas con fuerza, sale de su habitación, cruza los pasillos del bunker con mucha frustración y determinación. Se dirige hacia la habitación de Cas con la intención de llamar a la puerta sin importar que está a punto de despertarlo, pero no tiene que hacerlo porque Castiel en el pasillo a punto de entrar a la habitación con un vaso de agua en la mano.

Y está desnudo.

No está desnudo en realidad, más bien solo lleva puesto un pantalón deportivo gris y una playera negra muy vieja, ropa que seguramente robó de la lavandería del bunker.

Lo mira sorprendido. “¿Dean?”

“Cas,” es lo único que puede decir. No sabía que lo que había estado esperando era más bien ver la cara de su amigo. Y se siente casi aliviado.

“¿Tú… Venías a buscarme?” Cas empuja la puerta para que abra pero no entra.

“No,” responde porque piensa que solo venía para poder dormir en la cama a la que ya se ha acostumbrado. “Sí,” dice luego porque no puede decirle que la cama a la que ahora está acostumbrado es en efecto, la de Cas. “No, es solo que…” y no sabe que decir.

“¿No puedes dormir?” Cas trata de ayudar.

“No,” sacude la cabeza. “¿Tú tampoco?”

“He dormido casi todo el día, creo que he tenido suficiente,” se encoge de hombros.

“Claro,” Dean resopla.

“Podríamos… ¿ver una película?” Cas sugiere, porque Cas sabe que el idioma que Dean habla mejor es aquel en que no necesita decir muchas cosas para ser entendido, sabe que Dean verá películas y escuchará música para no estar callado.

“Seguro,” asiente, tratando de no sonar tan entusiasmado. “¿En tu cama?”

Castiel lo considera. “Claro, pasa.”

Dean entra rápidamente y se da cuenta que no tiene que ir a buscar su laptop porque esta se encuentra en la mesita de noche, ahí la dejó la última vez que estuvo en la habitación. Y su laptop no es la única cosa que ha encontrado un espacio en la habitación de Cas, también una sudadera gris, una chamarra oscura, un par de calcetines, y eso es tan solo lo que Dean puede ver a simple vista.

Siente calor en su rostro antes de hablar. “He estado pasando tiempo aquí.”

Castiel asiente lentamente mientras cierra la puerta detrás de ellos. “Me preguntaba que hacían tus cosas aquí.”

“De hecho, he estado durmiendo aquí,” Dean suelta apresurado como si no pudiera guardarlo para sí mismo ni un segundo más.

“Oh,” una ceja de Cas se alza en entendimiento y un poco de sorpresa, deja el vaso sobre la mesita y se sienta en la cama.

“Y hoy es la primera vez que intenté dormir en otro lugar, y no creo poder,” se rasca un lado de su cabeza, sintiendo su corazón golpear con fuerza.

“Tal vez podríamos intercambiar de habitación,” Castiel sugiere rápidamente. “No tengo problemas con darte esta habitación.”

“No, no, Cas,” niega varias veces con la cabeza. Dean no va a poder dormir en una habitación que no sea de Cas, en una cama que no sea de Cas. “Eso no será necesario. Ya me acostumbraré de nuevo a mi cama.”

“Si tú lo dices,” Cas le dice.

“Bien,” se aclara la garganta, acercándose a su laptop y tomando un lugar en la cama, con su espalda recargada contra la cabecera. “¿Qué veremos?”

“Lo que tú quieras,” Cas responde, subiendo a la cama completamente, dejando un espacio considerable entre sus hombros que Dean quiere que cierre.

“Me prometí a mí mismo que te dejaría elegir la película cuando volvieras,” murmura, abriendo su laptop y encendiéndola.

“¿Pensaste en esto?”

“Por supuesto,” Dean resopla, tratando de no sentirse nervioso.

Castiel permanece en silencio a su lado.

“¿Entonces?” Dean alza las cejas, mirándolo, solo para asegurarse de no encontrar a Cas molesto, y no lo está. “¿Cuál eliges?”

“Elijo que tú elijas la película,” responde, mirándolo directamente a los ojos.

“Asombroso, Cas,” ríe pero niega con la cabeza. “Veremos Footloose.”

“De acuerdo,” asiente.

Pone la película, no pasan ni cinco minutos para cuando ya siente sueño, sus ojos se cierran sin que pueda evitarlo, se acomoda unos centímetros más cerca de Cas para poder recargar su cabeza sobre el hombro de su amigo. Cas le permite a Dean poner su cabeza en su hombro y Dean se permite a sí mismo dormir como no lo ha hecho antes.

 

 

 

 

 

            Cuando despierta por la mañana su primer miedo es recordar la posición en que se quedó dormido porque seguramente le dolerá el cuello apenas intente moverse pero eso no sucede. Tal vez Cas lo reacomodó en la cama en cuanto se quedó dormido. Y el segundo miedo de Dean viene cuando no encuentra a Cas en ningún espacio cercano a él, no hay nadie más en la habitación, lo que pone alerta a Dean.

Tal vez solo fue un sueño, tal vez Cas aún no ha vuelto.

La mente de Dean ya le ha jugado fantasías con el fantasma de Castiel antes.

Sale de la habitación, recorre los pasillos con el corazón latiendo cerca del nudo en su garganta, entra a la cocina porque es donde hay luz y ruido.

Todos están ahí, Sam, Eileen, Cas (gracias al cielo) y Jack. Todos lo miran de manera divertida cuando lo ven entrar y no puede ocultar su sorpresa.

“Buenos días,” saluda para todos, aún con el corazón en la mano, trata de relajarse. Todos están en casa. Cas está en casa.

Le responden el saludo a destiempo.

“¿Quién les dijo que podían hacer el desayuno?” gruñe, caminando hacia la estufa.

“No sabíamos a qué hora ibas a aparecer y teníamos hambre,” Sam explica, lleva consigo una sonrisa burlona que esconde detrás de una taza de café humeante.

            Dean puede discutir con su hermano pero no tiene la iniciativa para eso, aún se está recuperando de haber sentido que había perdido a Cas una vez más solo para encontrarlo en la mesa junto al resto de su familia, tomando café como si pudiera sentir su sabor.

“Jack,” Dean dice y el chico lo mira con ojos bien abiertos. “¿Cómo va todo el lío de ser Dios?”

 

 

 

 

            Pasan el día hablando con Jack, quien explica con mucho detalle cómo fue sacar a Cas del Vacío, todos escuchan con mucha atención pero Dean solo quiere salir de la habitación. No lo hace porque no quiere que todos tengan nuevas preguntas sobre su comportamiento. Solo elige no escuchar detenidamente porque su mente vuela a Cas siendo arrastrado por esa cosa, recuerda perfectamente el sonido que hizo la pared abriéndose para llevarse a Cas. Todo lo vio sin parpadear, sin perderse un instante.

            Se da cuenta de que está conteniendo la respiración cuando de pronto siente una cálida mano sobre su hombro izquierdo. Ni siquiera tiene que girarse para encontrar a Cas, él reconoce la presión, reconoce la sensación eléctrica cuando él lo toca sobre el hombro donde aún está la marca que dejó al irse.

“Hey,” susurra para Castiel.

Con miedo de que Cas vaya a quitar su toque, Dean pone una mano sobre la suya.

La conversación sigue entre el resto pero Dean solo puede escuchar el sonido de sus propias respiraciones, solo presente para que Cas deje su mano ahí.

           

 

 

 

 

 

            Antes de dormir hacen una noche de películas, Sam y Dean llevan las botanas mientras Eileen, Jack y Cas eligen la película.

“Estás inusualmente callado,” Sam le dice, arqueando una ceja hacia él.

“No sé de qué hablas,” se encoge de hombros. Claro que sabe de qué habla. Dean se ha quedado sin palabras desde que supo que Cas había vuelto, no entiende muy bien a que se debe. Puede ser por el miedo básico de decir alguna estupidez y hacer que Cas decida irse de nuevo, irse para siempre.

“¿Estás feliz no es así?”

“Sam, no preguntes cosas obvias,” se las arregla para decir pero la sola mención de la felicidad hace que su voz pueda romperse. “Cas está de vuelta, Jack está aquí también, ustedes están aquí—

Dean se detiene a sí mismo, sin aliento, Sam lo mira con una sonrisa amable.

“¿Tú y Cas ya hablaron de lo que pasó?”

“No exactamente,” hace una mueca. “Pero tenemos tiempo.”

“No quiero sonar pesimista pero deberías hacerlo, de las lecciones más importantes que la vida alguna vez nos dio es que no sabemos cuánto tendremos a las personas alrededor,” Sam se encoge de hombros, desganado. “Nos conviene expresar lo que sentimos.”

“Pero no es tan fácil, ¿o sí?” Dean medio ríe, ya casi llegan a la puerta de la habitación donde les esperan. “No crecimos diciendo lo que sentimos, Sammy. Dame tiempo.”

“¿Tienes miedo de algo?” Sam pregunta confundido, acertando como casi siempre.

“Cállate,” le dice Dean en el umbral de la habitación.

Las luces ya están apagadas, cada quien tiene su espacio en alguno de los sofás, o en el suelo sobre la afelpada alfombra que habían conseguido. Pero Dean elige sentarse al lado de Castiel. Como siempre.

 

 

 

 

 

 

 

            Todos se rinden y se retiran a sus habitaciones, excepto Cas y Dean.

Dean no está prestando atención en lo absoluto, sus sentidos están atentos al más mínimo movimiento que Castiel haga a su lado. Los cuales no son muchos. Pero Dean no quiere dar la noche por terminada incluso si técnicamente ya es el siguiente día.

“¿Sabías que a veces me rezas inconscientemente?” Castiel interrumpe el silencio en el que se habían quedado.

Dean siente la cara caliente, tomado por sorpresa. “¿Qué?” trata de reír.

“Sé que lo haces inconscientemente porque no dices nada realmente,” explica. “Es más bien como que estas pensando en mí, o algo relacionado a mí con la misma… ¿Intención? Que cuando rezas conscientemente.”

“Oh,” Dean resopla, sin saber qué decir. A veces puede controlar lo que dice pero lo que piensa es otro tema en lo absoluto. “Lo siento.”

“No me molesta,” Cas se encoge de hombros. “Deberíamos ir a dormir,” dice, alejando la mirada de la pantalla hasta que Dean lo ve a él.

“Sip,” se pone de pie y apaga la pantalla, sus rodillas se sienten algo rígidas tras haber pasado tanto tiempo sentado sin moverse.

“Deberías venir a dormir a mi habitación, así aún tienes problemas para dormir,” Cas añade.

Dean se paraliza pensando ‘oh dios, ¿aún me amas?’. Parpadea fuera de su trance y asiente, totalmente de acuerdo.

“Iré al baño, te veré ahí,” dice, saliendo del lugar antes que Cas.

            Realiza su rutina nocturna y se dirige a la habitación de Cas, pensando que hoy no habrá excusa de ver una película. Al entrar, Castiel ya tomó su lugar en la cama, con su espalda recargada contra la cabecera, está usando su celular, escribiendo sin levantar la mirada hacia Dean que acaba de entrar.

“¿Mensajeando?” pregunta, tratando de sonar divertido.

Cas levanta la mirada. “Me estaba reportando con Claire.”

Dean se retuerce por dentro al recordar la serie de mensajes que recibió por parte de Claire cuando Sam les informó a todos cómo había resultado la pelea contra Dios. Fueron mensajes amenazantes, tristes, en general muy enojados.

“Puede que ella esté algo enojada conmigo,” Dean murmura, caminando al otro lado de la cama. Castiel levanta las mantas el lado de Dean para que este entre debajo de ellas.

“Le va a pasar,” dice Cas. “Ella estaba enojada, no quiso decir todo lo que te dijo.”

Dean se hunde en la comodidad de la cama y suspira. “¿Eso dijo ella?”

“Claire entiende que no eres el culpable de lo que pasó.”

“Pero sí lo fui,” casi entierra la cara por completo en las mantas, lo dice sin pensarlo demasiado. Se gana una mirada dura por parte de Cas, quien bloquea su teléfono para dejarlo en la mesita.

“Dean, no fue tu culpa,” lo dice con severidad, con la mirada adherida a la de Dean, sin oportunidad de volver a negarlo audiblemente. Dean solo mira de vuelta, con ganas de sollozar. “Y lo volvería hacer.”

Dean aprieta sus ojos cerrados tratando de pasar el nudo en su garganta. “No digas eso.”

“No lo diré pero no significa que no lo haría,” dice suavemente, siempre cuidadoso.

Sin abrir los ojos, Dean se desliza más cerca a Castiel, hasta que sus brazos se pueden abrazar del torso de Cas, hunde su rostro contra su costado, su nariz toca el musculo suave sobre las costillas de Cas. Inhala y su mente se llena completamente del aroma del suavizante que usa para la ropa pero además del olor de Castiel.

“Dean,” lo llama, sonando sorprendido.

Dean niega con la cabeza, moviéndose imposiblemente más cerca.

Castiel parece entender que no es momento para hablar porque Dean no va a poder, y quizá está leyendo su mente porque una de las manos de Cas viaja a su cabello, tocando con miedo, como si se fuera a romper o peor aún, como si Dean se fuera a enojar por tocarlo.

Una vez establecido el hecho de que a Dean no le molesta el contacto, la mano libre de Castiel toca el codo del brazo de Dean que pasa por encima de su estomago, no es un toque estático, su mano se desliza por su brazo hasta que descansa sobre el hombro marcado de Dean.

            Esto es justamente lo que Dean ni siquiera se ha permitido soñar. Ha llevado la marca de la mano de Castiel en su hombro con frustración y un dolor inmensurable cada vez que veía su reflejo en el espejo o cada vez que su playera rozaba su hombro de cierta manera. Porque la única forma en que quiere llevar la marca de Cas es sabiendo que Cas pondrá su mano ahí nuevamente.

 

 

 

 

 

            Dean ha empezado a creer que ronca mientras duerme porque nuevamente al despertar Cas ya no está en la habitación.

De nuevo, todos están almorzando. Todo siguen ahí.

En total, Jack se queda por cuatro días seguidos donde caen en una rutina, incluso Eileen y Sam se toman un momento para quedarse en el bunker y no salir corriendo detrás de cualquier caza que les surgiera, siempre encontrando alguien que pudiera tomar su lugar y asistir al caso.

            Cada día Cas pasaba mucho tiempo interactuando con Jack, acompañándolo con juegos de mesa, charlando con Sam o Eileen. Cada noche Cas seguía ofreciendo su cama para que Dean no tuviese problemas de insomnio. Y cada noche Dean aceptaba.

Dean se queda dormido con cualquier tipo de contacto que su piel tenga con la de Cas, a veces solo era su tobillo con el tobillo de Cas.

            Para el séptimo día con Cas de vuelta, Dean se despierta primero lo que le da la ventaja de no despertar solo en la cama.

La desventaja, la única desventaja es que ahora se ha despertado envuelto por los brazos de Castiel. La espalda de Dean descansa contra el calor del pecho de Castiel, unidos desde donde el aliento de Cas golpea contra su cuello hasta sus pies enredados. Su posición anclada por el pesado brazo de Cas por la cintura de Dean.

            Es perfecto de hecho, jamás en su vida Dean se ha sentido que pertenece tanto a un sitio como esa mañana. Pero jamás en su vida se ha sentido tan avergonzado, siente que sus oídos zumban y su rostro se calienta.

Ahora entiende porque Cas siempre es el primero en despertar y huir del lugar, tal vez todos estos días Dean se las arregló para meterse de cucharita entre los brazos de Castiel y al pobre no le ha quedado más que salir de ahí cuanto antes.

Cas ya ni siquiera duerme.

Dean está tan perdido. Vuelve a intentar dormirse con la esperanza de que Castiel se levante y lo deje dormido solo en la cama.

“Buenos días,” dice Cas con voz más grave de lo usual. Como si de verdad hubiese estado durmiendo. Dean deja salir una larga exhalación. Tal vez es buen momento para decirle a Castiel todo lo que planeó decirle cuando volviera y eso sería justificación suficiente para quedarse en la cama por el resto del día.

“Buenos días,” responde en voz baja, dolorosamente deslizándose fuera del abrazo en que estaban recostados, Cas lo deja ir con facilidad. “Lo siento por… Esto.”

Castiel se ve confundido pero se encoge de hombros. “No tengo ningún problema con esto.”

Cas se refiere a ello con tanta facilidad que Dean se siente tonto de hacer toda una fiesta por un simple abrazo.

“Claro,” se aclara la garganta, listo para levantarse. “Será mejor que gane la cocina, no hay forma de que coma más huevos preparados por Sam o por Eileen.”

“Diría que prefiero tu comida pero no sé que tan en serio me vayas a tomar,” Cas comenta.

“¿Porque no puedes degustar la comida?” Dean lo ve de reojo.

“Más bien porque tengo favoritismo,” dice Cas, con mucha intención y también con expresión calculadora, como si estuviese poniendo Dean a prueba.

De acuerdo, entonces tal vez Castiel no ha dejado de sentirse de la misma manera sobre Dean. Una vez más su mente le ha traicionado al si siquiera pensar que Cas le mentiría sobre quererlo, o que Cas rápidamente se ha olvidado de sus sentimientos por Dean.

Dean deja salir una risilla involuntaria, se pone de pie completamente y se gira para que no lo miren sonrojarse. “Andando, Cas.”

 

 

 

 

 

            Afortunadamente Dean y Castiel son los primeros en llegar a la cocina.

Dean cocina mientras Cas se entretiene a sí mismo mirándolo o revisando su celular. Eventualmente Sam se une a ellos.

“Jack se fue esta mañana,” les informa.

“Oh,” Dean piensa en lo ridículo que es por haber esperado escucharlo salir del bunker.

“Me dejó un mensaje para avisarme que se iría,” Cas añade.

Probablemente Dean es al único al que Jack no le avisó.

“Eso huele muy bien,” Sam comenta acercándose a la estufa junto a Dean.

“Dile a Eileen que el desayuno está listo.”

“Creo que dormirá otro rato hasta que salgamos al Mercado,” Sam mueve una mano con desdén.

“¿Al Mercado?” Cas frunce el ceño.

“Sam y Eileen tienen citas ñoñas en el mercado de agricultores de la ciudad,” Dean se burla, de alguna manera había estado preparando ese chiste hasta que se lo pudiera decir a Castiel.

“¿Venden miel real ahí?” Castiel lo ignora para dirigirse a Sam.

“Sí,” asiente, burlándose de Dean. “¿Quieres venir? Venden otras cosas asombrosas.”

“Sí, me encantaría ir,” acepta, luciendo satisfecho. “Pero no quiero entrometerme en su cita.”

“No te preocupes por eso, no es una cita,” Sam niega con la cabeza, sirviéndose café. “Dean tiene un concepto de citas bastante peculiar.”

“Ya veo,” Castiel asiente.

“Aún sigo aquí,” les recuerda pero sigue siendo ignorado.

“¿Quieres ir también?” Sam le pregunta.

“Sí, yo creo que paso, necesito… Limpiar algo,” responde.

“Claro, bueno, lo mejor es que te quedes a limpiar ese algo,” su hermano se burla de nuevo e incluso Cas está sonriendo.

Si no se sintiera doblemente traicionado, todos estos juegos lo harían sentir bastante cálido por dentro o alguna mierda así.

 

 

 

 

 

            Una vez que se encuentra solo en el bunker Dean se da cuenta de que en realidad sí tiene algo que hacer así que está aliviado de haber rechazado la oferta de salir. Tiene que hacer el cambio de aceite a Baby y después de despertar enredado en Cas, tiene que darse una ducha fría. Ni siquiera sabe qué debería hacer primero.

Pero para cuando su familia está de vuelta él ya terminó ambas cosas. Los tres llegan al bunker cargando bolsas llenas. Dean los encuentra en la cocina revisando todo lo que compraron como si no lo hubiesen visto al comprarlo.

“¿Cómo les fue?” les pregunta al entrar.

“De maravilla,” Eileen le informa.

“¿Había miel real?” pregunta a Cas sin intención de sonar burlesco pero sin poder ocultarlo.

“Sí, Dean,” le responde de mala gana, haciéndolo sonreír.

“Hay que enseñarle a Castiel a hacer las compras, en especial aquellas de productos orgánicos extra caros,” Sam murmura, lavando un motón de tomates brillantes en el grifo del agua.

“¿Ah sí?” Dean alza las cejas, viendo los dos frascos de miel cerca de Castiel.

“Quería comprar todos los frascos de su estante pero el apicultor no me dejó,” responde malhumorado, haciendo reír a Eileen y Sam. Dean no puede creer que se perdió ese gran momento. “No entiendo, es el vendedor del producto, ¿no debería impulsarme a comprar más?”

“En realidad, Cas, creo que el sujeto solo quería poder verte de nuevo,” Eileen le señala.

Castiel frunce el ceño confundido. “Pues lo va a lograr si solo me recomendó comprar dos frascos y volver cuando se terminaran.”

“Oh,” Dean expresa inteligentemente al unir los puntos.

“Solo es un pretexto para verte de nuevo,” Sam se ríe. “Vamos, Cas. Incluso intercambiaron números de teléfono.”

“Para discutir las técnicas de la—,” se detiene a sí mismo. “Oh, ahora lo veo.”

“Tal vez deberías aceptar una cita con él, Cas,” Sam sugiere, mirando a Dean, en lugar de Cas, que es a quien le está hablando. “Podrían tener una cita en el Mercado.”

Dean se encuentra considerando severamente si valió la pena haber dado su alma para salvar a su hermano. Luego decide que sí porque así conoció a Cas. Pero igual fulmina a Sam con la mirada.

“No lo sé, parece del tipo que le rompería el corazón,” Eileen hace una mueca de desagrado. “Aunque tiene bonitos ojos, tal vez lo valga.”

“Bueno,” Dean interrumpe, cansado de todos. “¿Qué más trajeron? ¿O solo pasaron el tiempo hablando con este apicultor?”

            Entre los cuatro ponen las frutas y verduras en el refrigerador, guardan las mermeladas, la miel y el resto de cosas que trajeron. Eileen y Sam salen de la cocina una vez que todo está ordenado, dejando solos a Cas y Dean.

Dean todavía siente el estomago hecho nudo de pensar en el entrometido vendedor de miel.

“¿Te gustó el Mercado?” pregunta distraídamente, secándose las manos.

“Sí, es una práctica muy amable con la economía y el medio ambiente,” asiente desde el otro lado de la isla de la cocina. “Bueno, la apicultura puede tener un gran impacto positivo o negativo sobre el ecosistema. Es por eso que siempre hay que tratar de tener buenas prácticas y técnicas para ello.”

“Eso es… Eso de lo que querías hablar con el vendedor ese, ¿no?” Dean no encuentra la forma de preguntarlo sin sonar desesperado. Cuando levanta la mirada para ver a Cas, este ya lo mirando de vuelta.

“Sí, eran mis genuinas intenciones, aunque al parecer no son las mismas que Hugo tiene,” se encoge de hombros.

“No suenes tan decepcionado,” Dean lo regaña.

“Pero en realidad lo estoy,” responde.

“¿No vas a tomar la oportunidad?” Dean bromea, o lo intenta.

Castiel entrecierra los ojos hacia él, luciendo molesto. “No, Dean.”

“Eileen dijo que tal vez lo vale solo por sus ojos,” insiste y no sabe porque siente que debe molestar a Cas con el tema pero no puede dejar de hacerlo.

Castiel suspira, relajando su expresión. “Dean, aunque admito sentirme atraído por unos ojos bonitos, me temo que en mi cabeza no queda espacio para que me guste otra persona.”

Dean deja de sonreír, en shock. Se siente como si recibiera un balde de agua fría sobre la espalda. Deja salir una carcajada nerviosa y junta sus palmas en un raro aplauso.

Castiel parece satisfecho consigo mismo después de eso.

“Sabes, de hecho yo no terminé de… Limpiar eso que tenía que limpiar,” dice tontamente después de unos minutos, siente la garganta seca.

“Claro,” Castiel asiente, como si entendiera totalmente. “¿No necesitas ayuda?”

“¡No!” se siente enrojecer, sonríe. “No, yo puedo hacerlo solo.”

“¿Seguro?”

“Yep,” asiente convencido, caminando a la salida.

“De acuerdo,” Cas le sonríe complacido.

 

 

 

 

 

            La noche ese mismo día, Dean duda al ir a la habitación de Castiel pero se permite a sí mismo dejar de creer que Cas no lo va a recibir. Igual llama a la puerta en espera de recibir permiso para entrar.

Cas ya está en la habitación, sin camisa porque al parecer apenas está buscando una en los cajones que ha empezado a llenar de ropa robada de Dean y Sam.

“¿Veremos una película?” le pregunta cuando Dean cierra la puerta.

“No lo sé,” intenta no mirar hacia Castiel. “No creo estar de humor por el momento, estoy cansado. Hoy chequé a Baby toda la mañana.”

“Muy bien,” Cas asiente, girándose para verlo mientras se pone una playera blanca con un movimiento fluido perfecto.

Se recuestan bajo las mantas que pronto Dean tendrá que lavar para reafirmar ese olor a suavizante aunque se perderá el aroma a Castiel.

Después de un buen rato Cas rompe el silencio. “¿Sabes qué más me gustó del Mercado?”

“¿Además del apicultor Hugo?” Dean vuelve a bromear como si eso le trajera algo bueno.

“Además de la miel de buena calidad,” Cas lo corrige gruñón.

“¿Qué más?” pregunta sin poder borrar su sonrisa.

“Había una amable señora vendiendo todo tipo de cactus y suculentas,” responde.

“¿Ella también se enamoró de ti?” lo molesta.

“No, Dean, nadie se ha enamorado de mí,” y puede sentir a Cas rodando sus ojos.

“Entonces, ¿te gustan los cactus?” Dean cambia de tema rápidamente porque ya no le gustó la dirección en la que se dirigían.

“Son muy agradables,” asiente.

“¿Y por qué no compraste unos?”

“A pesar de que algunas especies de suculentas y cactus no requieren tanta luz solar, vivimos en un bunker,” dice Cas. “No es el lugar adecuado para cualquier tipo de planta. Incluso para las plantas que viven bajo sombra pueden sentirse mal aquí abajo.”

Dean se siente señalado porque de alguna manera es responsable de que Cas tenga que vivir en el bunker. Se siente mal por privar a Castiel de tener cactus.

“Sí, no es un buen hogar para eso,” murmura.

“Pero si Sam y Eileen me invitan seguido al Mercado puedo verles ahí,” Cas agrega en voz baja.

“¿La señora no se molestará si solo vas a verlas y nunca compras nada?”

“Bueno, admito que es probable que la señora me haya tomado cierto…  cariño,” dice sonando avergonzado.

“Oh, Cas, eres todo un casanova,” se balancea un poco para golpear el codo de Cas juguetonamente.

“No me siento como uno,” responde, menos gruñón, más como si comenzara a compartir la broma. “Es culpa del físico de Jimmy Novak.”

“¿Bromeas, verdad?” Dean se gira sobre su costado para ver de frente a Castiel. “Amigo, Jimmy no tenía esos brazos. Ese cuerpo ha cambiado desde que es tuyo.”

Están bajo la oscuridad a excepción de la lámpara encendida en la mesita detrás de Dean, así que puede ver perfectamente el rostro de Cas, que lo mira sin parpadear.

Espera que el nivel de oscuridad sea suficiente para que no se note lo rojo en su rostro tras darse cuenta de lo que acaba de decir.

“Así que ¿se enamoran de mí por mis… brazos?” Cas suena divertido.

“Supongo, ¿cómo voy a saber?” responde sin interés, subiendo las mantas más para cubrir su rostro, girándose por completo para darle la espalda a su amigo.

“Claro,” Castiel murmura. Pasan un par de respiraciones antes de que Cas cierre el espacio entre ellos para pasar uno de sus brazos por encima de su cintura y el otro por debajo de su cabeza. Su boca tan cerca de la parte posterior del cuello de Dean, que cuando habla siente su aliento haciéndole cosquillas. “Buenas noches, Dean.”

El corazón de Dean palpita con tanta fuerza que resuena en sus oídos.

“Descansa, Cas,” responde como puede, ganándose un reajuste por parte de Castiel, uno de sus pies se desliza entre ambos tobillos de Dean y de alguna forma eso los acerca más.

¿Se supone que Dean pueda conciliar el sueño de esta manera? ¿Cas de verdad espera que Dean se quede dormido con él tan cerca?

 

 

 

 

 

 

           

            Resulta que Dean pudo dormir a la perfección.

            Aún despierta en la misma posición, Cas lo saluda pero se levanta de inmediato, dejando a Dean aún en la cama. Lo cual es perfecto porque Dean tiene que tomar una ducha de inmediato y es mejor que Cas no este presente mientras Dean se pone de pie y corre al baño.

            En todo el día sin importar lo que haga el único pensamiento que ronda su cabeza es el de Cas sin cactus. El hombre no puede traer cactus al horrible bunker bajo tierra.

            Cas y Dean están sentados en la biblioteca, cada uno en uno de los sillones, apartados físicamente mientras Castiel lee el libro en su regazo y Dean ve vídeos en su laptop.

Castiel se merece más que un hogar oscuro.

Castiel se merece un jardín. Una casa con espacio para el jardín donde pueda plantar las semillas que seguramente conseguirá en el Mercado (al cual Dean lo acompañará). Incluso podrá tener cactus junto a las ventanas. ¿A Cas le gustan las flores? También habrá espacio para flores.

En la casa que Cas se merece hay espacio para todo, no un bunker oscuro y frío. Pero no tienen una casa.

Aún.

            Encorvándose más sobre sí mismo y su laptop en el sillón, Dean abre una nueva ventana para buscar casas con posible espacio para jardín. Le toma todo el resto de la tarde ver varias opciones, encuentra unas cuantas a una hora de distancia entre ellas y Lebanon. Y le toma otro par de horas arreglar citas con los vendedores para visitar cada casa.

 

 

 

 

 

 

            En mañana siguiente Dean se levanta primero a pesar de que Castiel está despierto, lo deja ahí mientras él corre para hacer el desayuno. Veinte minutos después Cas lo alcanza en la cocina.

“Te levantaste más temprano de lo común,” le dice.

“Tengo algo que hacer,” Dean se encoge de hombros, sonriente. No sabe cómo hacerle saber a Cas que ha estado buscando una casa.

“¿Sí?” su amigo frunce el ceño y ladea la cabeza, recargando su cadera contra la encimera al lado de la estufa.

“Un pequeño viaje,” asiente feliz y la expresión de Castiel cambia a una más preocupada.

“¿Un caso?” pregunta débilmente.

“¿Qué?” Dean casi se ríe. “No. No un caso. No he salido a cazar desde… No recuerdo.”

“Oh,” Cas relaja su semblante. “Bueno, ¿entonces a dónde vas?”

“Vamos,” Dean lo corrige. “Vamos a ver unas casas.”

Castiel parece estar descifrando un gran enigma en su cabeza. “Pensé que no era un caso.”

“Las casas que vamos a ver no están embrujadas,” Dean rueda los ojos a la par que voltea un hotcake en el sartén. “Espero.”

“No entiendo, Dean,” Cas se cruza de brazos, dándose por vencido.

“Ya verás,” es lo único que se anima a decir. Termina los hotcakes y apaga la estufa, sirviéndose su propia ración. “Hay que comer algo antes de salir.”

“No siento apetito.”

“Hay café,” Dean señala.

“Bien,” suspira pero toma una taza para llenarla y acompañar a Dean mientras termina de comer.

Dejan el desayuno para cuando Eileen y Sam despierten.

 

 

 

 

 

 

 

            Van a su habitación para que Cas se cambie de ropa, Dean mira hacia el techo mientras su amigo pasa de la pijama a su ropa casual y al salir de la habitación Castiel abre un cajón para sacar una chaqueta de cuero.

“Probablemente llueva,” Cas murmura, ajustando la chaqueta sobre su antebrazo.

“Espera,” Dean lo sujeta de la mano para que no se mueva. “Déjame ver eso.”

Tira de la tela resbaladiza hasta que puede verla claramente.

“¿No debí robar esa?” Castiel pregunta divertido.

“Era de John,” Dean no sabe que hacer con la cazadora en sus manos, hace años dejó de usarla, antes de que incluso pudiera llenarla igual que su padre.

“Dean, no tenía idea, la encontré en una caja de su ropa vieja” Cas intenta tomarla pero Dean no lo deja.

“No pasa nada, solo no…,” traga el nudo en su garganta. “No deberías usarla.”

“Claro,” asiente firmemente. “Perdón—

“No es eso, no te tienes que disculpar,” Dean vuelve a abrir la puerta de la habitación y lanza la chaqueta sobre una silla, esta se resbala hasta el suelo. “Vamos, tengo una chaqueta de repuesto en el auto.”

            Caminan a la salida y entran en el auto. No estará soleado por mucho tiempo, Cas tenía razón, hay nubes cargadas de agua que se acercan, ha estado lloviendo después del medio día y ese día no parece la excepción.

Dean conduce por diez minutos en pleno silencio entre ellos, lo único que se escucha es el estéreo.

“Dean, de verdad lamento haber tomado algo de tu padre,” Cas rompe el silencio.

“Ya te dije que no te tienes que disculpar por eso,” sacude la cabeza. Suspira, tiene que decirle, tiene que explicarle. “Esa chaqueta tiene mucha historia.”

“Tu papá—

“Al diablo John, Cas,” Dean lo interrumpe. “Él la compró o la robó -lo que sea-, pero en realidad creo que yo la usé mucho más tiempo. John la olvidó en el motel donde me dejó sin avisarnos que iba a desaparecer y la comencé a usar con mucho orgullo. Ni siquiera me quedaba.”

“Era demasiado grande,” Castiel murmura, Dean siente que lo está mirando pero no se atreve a regresarle la mirada.

“Estuvimos solos mucho tiempo y no estoy tan seguro de estar cien por ciento orgulloso de lo que hice mientras la llevaba puesta,” se estremece de siquiera pensar en recordar su solitario tiempo. “La comencé a usar desde que era muy joven, diecisiete, tal vez. Y yo… Eh, yo hice cosas muy estúpidas con tal de conseguir dinero para Sammy y—

“Dean, está bien, entiendo,” Cas le dice. “Vi eso mientras te reconstruía.”

“De acuerdo,” Dean asiente, inhalando profundamente. Aclarando su voz y su mente. “Tú… ¿tú lo viste…-viste eso?”

Castiel hace una pausa reflexiva. “Sí,” admite.

¿Y aún así Cas eligió amarlo?

“¿Y aún así elegiste amarme?” reúne valentía para hablar, sorprendiéndose a sí mismo y a Castiel, quien parece golpeado con la pregunta.

“Sí, por supuesto,” responde firmemente. “Aunque si te soy honesto, amarte no fue una decisión exactamente.”

“¿Qué significa eso? ¿Alguien te obligó?” Dean se burla para no llorar.

“Lo que quiero decir es que sí, yo eventualmente decidí estar enamorado de ti, Dean, pero enamorarme de ti fue un accidente,” explica con cuidado. “Un ángel no espera enamorarse del hombre más terco con el que el Cielo y el Infierno deben pelear. Un ángel no espera enamorarse de nadie, y punto.”

Dean baja la velocidad, así puede mirar un poco a Castiel a su lado. “Eh…”

“Imagina mi sorpresa al darme cuenta de que me había enamorado del Hombre Justo,” Cas rueda los ojos. “¿De la Espada de Michael? Se supone que debía cuidarte no… amarte.”

“¿Tú…,” ni siquiera sabe cómo preguntarlo, su cabeza se siente vacía. “… Tú lo sabías entonces?”

“No, en ese momento no creo haberlo sabido, tenía muchas dudas así que probablemente tú eras la respuesta a todas ellas,” responde honestamente.

“¿Entonces, cuándo?” intenta.

“¿Desde cuándo te amo o desde cuánto lo sé?” Cas pregunta y Dean estuvo muy cerca de soltar el volante para volverse a enterrar en el pecho de Castiel como lo ha hecho durante la noche.

“Ambas,” se aclara la garganta.

“De acuerdo,” Cas suena divertido. “Bueno, es difícil determinar desde cuando te amo, me revelé contra el Cielo apenas me topé contigo. Y sé que te amo… Quizá desde que Naomi intentó hacer que te matara.”

Dean trata de recordar. “¿Cuándo me rompiste la cara?”

Castiel resopla. “Sí. Creo que mi amor por ti rompió la conexión pero cuando me preguntaste no estaba listo para admitirlo.”

“Ojalá me hubieras dicho,” se encuentra diciendo.

“No era el momento.”

Dean se queda callado. Pensando, pensando.

 

 

 

 

 

 

            Después de una hora de camino, estacionan frente a la primera casa, hay un hombre esperándoles en la entrada.

“Recuérdame de nuevo qué estamos haciendo,” Cas pide.

“Vamos a ver unas casas,” repite, sonriente. Si se esfuerza un poco puede fingir que está tratando de ser el gracioso amigo de Cas, llevándolo a hacer algo divertido que los amigos hacen todo el tiempo. Y así no tiene que reprenderse a sí mismo por llevar a Cas a elegir una casa donde planea mudarse. Con él.

“Eso ya me lo dijiste,” rueda los ojos.

“De acuerdo,” suspira. “Veremos si estas casas califican o no como un hogar.”

Castiel se ve aún más confundido. “¿Qué?”

“Es un ritual humanesco, Cas,” se rinde.

“Debo admitir que es uno de los más raros,” Castiel masculla, abriendo la puerta del auto para salir.

            La casa está localizada en un barrio bastante adecuado para la convivencia en familia, todas las casas tienen el mismo estilo, hay una cantidad justa de árboles alrededor del vecindario, incluso hay una pequeña plaza a dos cuadras de la casa con juegos para infantes.

Suben los escalones del pórtico y saludan al vendedor, hacen un par de presentaciones y dan por comenzado el recorrido. Después de que ven todo el interior y el pequeño patio trasero, el vendedor los deja a solas para darles privacidad.

“Tiene una chimenea,” Castiel desliza su mano por el borde de esta. Están en la sala de estar, hay una ventana con vista hacia la calle.

“¿Te gustan?” Dean pregunta.

“Debe ser agradable,” asiente distraído, viendo hacia el techo, aquí la habitación es tan alta que tiene una lámpara colgante de luz blanca.

“No tiene patio enfrente,” Dean señala por la ventana sin cortina.

Castiel dirige la mirada, casi divertido. “No, no lo tiene.”

“Tampoco cochera,” Dean hace una mueca.

“Esta casa definitivamente no te gusta,” Cas ríe.

“No, es bonita solo no es…”

“’Adecuada’,” lo imita.

“Sí, eso,” Dean rueda los ojos.

            Ambos le dan las gracias al vendedor y le dicen que tienen que pensarlo, este se despide de ellos con una sonrisa amable.

           

            La siguiente casa tiene patio delantero y tiene una cochera.

“No tiene chimenea,” Dean señala después de dar todo el recorrido.

“La falta de una no puede arruinar una casa, Dean.”

“En realidad sí, un hogar necesita calidez,” explica tontamente, ganándose una mirada penetrante por parte de su amigo, medio incrédulo.

“Creo… Que la calidez de un hogar viene más bien de la gente que vive ahí, no de la casa en sí,” Castiel repone. “Pero leer frente a una chimenea durante el invierno debe ser bueno también.”

Dean lo imagina. Castiel sentado en una pijama suave, frente a la chimenea leyendo. Definitivamente necesitan una chimenea.

“Sí, debe ser bueno.”

            Antes de pasar a la tercera casa tienen una hora y media libre para comer, Dean los lleva por un par de hamburguesas, papas fritas y refrescos que comen al lado de la carretera. Ya está nublado pero aún no llega la lluvia. Mientras comen en silencio el fresco aire del campo los golpea un poco, de vez en cuando responden mensajes a Sam y no charlan demasiado.

Castiel se ve bastante épico de pie junto a Baby, sosteniendo un vaso de refresco lo suficientemente cerca para mantener el popote cerca de sus labios, con el aire agitando su cabello en diferentes direcciones.

            La siguiente casa es bastante grande, tiene cochera, jardín delantero y un amplio jardín trasero. Es la más lujosa de las tres que han visto, también parece antigua aunque recientemente renovada.

“Se siente embrujada,” Castiel murmura solo para Dean mientras los dos suben las escaleras detrás del vendedor.

Incluso si no lo está Dean podría decir que sí tan solo con ver las paredes con paneles de madera, las piezas de arte con detallados marcos y las pesadas cortinas guindas.

El vendedor los deja a solas cuando están en la habitación principal. Es bastante grande, entra muy poca luz, todo se ve limpio pero es simplemente tenebroso.

“Esta tiene chimenea,” Dean añade, abriendo las puertas a un enorme closet perfecto para albergar vida supernatural dentro.

“También tiene un espíritu malvado,” Castiel rueda los ojos, abre una puerta que al parecer va al baño. “Oh, tiene una gran bañera.”

Los ojos de Dean se abren en sorpresa y va detrás de Cas al baño. También tiene un gran espacio, un baño privado para el retrete, un gran tocador con dos grifos de agua, una ducha y al final de la habitación, cerca de la ventana, como lo dijo Cas, hay una gran bañera.

“El baño podría hacer que valga la pena,” Dean medio bromea, perdido en la manera en que el cabello de Castiel se ilumina castaño con la poca luz que entra del nublado exterior. 

“Hay una puerta secreta a un sótano que ni siquiera nos mencionaron durante el recorrido,” Castiel sacude la cabeza.

“Pero acaban de cambiar las tuberías y el cableado eléctrico, ese puede ser un gran problema en algunas casas,” Dean explica, acercándose para por lo menos tocar la porcelana blanca de la bañera con la punta de sus dedos.

“Es más fácil cambiar tuberías que liberar un viejo espíritu,” argumenta.

“Puedo diferir en eso,” Dean repone. “Pero sí. Tienes razón, toda la casa tiene una mala vibra.”

“Literalmente está embrujada,” Castiel rueda los ojos y sale del baño. Su actitud hace reír a Dean.

            La penúltima casa que Dean tiene planeada visitar está un poco más alejada de Lebanon, incluso hay que tomar camino sin pavimentar para poder llegar a ella, hay pocas casas vecinas y todas está considerablemente alejadas de la casa.

“Buenas tardes, señores Winchester,” el joven vendedor los recibe con una sonrisa en el porche delantero de la casa.

Dean se sonroja, él nunca le mencionó al vendedor que vendría acompañado y al parecer solo va a asumir.

“Hola,” Castiel se adelanta antes de que Dean corrija al hombre, estrecha la mano del vendedor.

“Entremos antes de que llueva,” les invita, abriendo la puerta para ellos.

Por fuera la casa tiene un color amarillo pálido, desgastado incluso pero por dentro la pintura, el papel tapiz y el piso están intactos.

La casa es un poco más pequeña que todas las que han visto, el recibidor es pequeño y en seguida pueden verse las escaleras hacia el segundo piso. De la entrada a la izquierda está la sala, a la derecha el comedor y la cocina. Detrás de las escaleras hay un armario y frente a ese hay un baño sencillo. En el segundo piso hay dos recamaras, la principal con baño completo y una de invitados, y otro baño completo al fondo del corredor.

“Los esperaré afuera mientras lo piensan,” el vendedor les avisa, desapareciendo por las escaleras.

Cas y Dean se pasean por el pasillo, llegan a la ventana que muestra el patio trasero, sin muros que lo separen del paisaje alrededor de la casa, solo un espacio libre.

Dean suspira. “¿Y bien? ¿Qué opinas de esta?”

“También tiene chimenea,” Castiel comenta, sonando nervioso. “Aunque no tiene cochera.”

“Tiene un tejado para poner el auto,” Dean dice.

“Y tiene patio enfrente.”

“Y patio trasero. Bastante espacio para un jardín.”

“Es una casa muy bonita,” Cas asiente.

“Necesita algunas reparaciones,” Dean agrega.

Castiel entra a la habitación principal para checar el baño.

“La bañera es de tamaño normal,” señala, haciendo reír a Dean.

Afuera comienza a llover y se puede escuchar el ruido del agua cayendo sobre las laminas de la improvisada cochera. El sonido es muy relajante. No hay muchos lugares donde puedas escuchar el agua golpeando los techos. Dean piensa que le gusta.

Bajan a la sala de estar para dar otra vista al lugar.

“¿Entonces?” Dean pregunta.

“¿Qué?” Castiel lo mira sin entender.

“¿Deberíamos comprarla?”

“¿Quién?”

“Nosotros, Cas,” Dean rueda los ojos. “Tú y yo.”

Castiel abre la boca para decir algo pero la cierra de nuevo. “¿Eso es lo que estábamos haciendo? ¿Vamos a comprar una casa?”

“¿Cuál pensaste que era el propósito de esto?”

“¿Cómo iba a saberlo?” Cas se cruza de brazos. “Dijiste que valoraríamos las casas por su potencial a ser buenos hogares.”

Dean solo parpadea. Cierto, él dijo eso. “¿Y esta lo es?”

“Bueno… Sí,” admite con dificultad, mueve su mirada sobre las paredes de la sala, ahora con una intención diferente, su mirada se ha vuelto más suave.

Sí, sí lo es. Dean puede verlo.

“¿Nos vamos a mudar aquí?” Castiel pregunta, sonando tímido.

“Sí.”

“¿Solo… Solo tú y yo…?” Cas lo mira con total atención.

“Sí,” Dean logra decir, su voz sale más baja de lo que pretende, su corazón martilla contra su pecho con fuerza. “Hay una habitación extra por si Jack o Claire o Sam quieren venir de visita.”

Los ojos de Castiel parecen brillar con lágrimas en ellos pero está sonriendo débilmente. “De acuerdo.”

“Bien.”

“Bien,” Cas lo imita, sonriendo.

            Le informan al vendedor que definitivamente van a comprar la casa, el joven parece muy contento y les da un par de instrucciones para realizar el pago y el intercambio de propietarios a las escrituras, se despiden de él, quien entra a la casa.

Afuera todavía está lloviendo, Dean baja del pórtico sintiendo a Castiel caminando detrás de él.

Ni siquiera tienen que ver la última casa en la agenda de Dean porque ya han encontrado lo que buscaban.

“Dean,” lo llama una vez que está debajo de la lluvia, Dean se gira para encontrarse con un fuerte abrazo de Cas. Un abrazo aplastante que no quiere que termine nunca.

El rostro de Dean se hunde en el cuello de Castiel y también enreda sus brazos alrededor del torso de su amigo. Cas huele tan bien, podría quedarse abrazado a él por horas sin importar que tan fuerte sea la lluvia.

Se separan cuando Castiel lo empuja suavemente por los hombros para verlo fijamente a los ojos, Dean apenas puede verlo con las gotas de lluvia cayendo en rostro, luego sus manos de Cas viajan a las mejillas de Dean, el corazón de Dean va a toda marcha. Cas pasa los pulgares con mucho cuidado por las pestañas de Dean, como si estuviera limpiando las gotas de lluvia que se han quedado ahí.

“Cas,” Dean exhala sin aliento porque la mirada de Cas viaja por todo su rostro.

“Hay que entrar al auto, te vas a enfermar,” dice, rompiendo la tensión que se ha formado por la cercanía física en la que se encuentran.

“Claro,” murmura pero no se mueve hasta que las manos dejan ir su rostro.

            En el viaje de regreso Dean permanece en silencio porque esta muy ocupado pensando. Castiel no estaba mintiendo cuando dijo que lo amaba, lo sabe ahora porque nadie le ha mirado de la manera en que Cas lo ve. Antes no habían tenido la oportunidad de tocarse tanto, siempre con miedo, siempre reprimidos, pero ahora, ahora que Dean puede sentir el tacto de las benditas manos de Cas, ahora lo sabe. Ahora lo entiende.

Pero ahora no entiende por qué Cas no lo besó, hubiera sido perfecto, después de comprar una casa donde vivirán, con sus manos enmarcando la cara de Dean, ¡bajo la lluvia! ¿por qué Cas no lo quiere besar?

 

 

 

 

 

 

            Llegan al bunker para la hora de la cena, Eileen y Sam les hablan de su tranquilo día sin ellos, Cas les hace mención de la casa embrujada que encontraron, no les menciona cómo fue que la encontraron pero Eileen dice que le darán un vistazo.

Al terminar la cena Eileen le pide ayuda a Cas con… Algo, algo sobre un caso o lo que sea. Dean se queda a solas con su hermano en la cocina.

“¿A dónde fueron?” pregunta Sam, ayudando a recoger los platos sucios.

“Estábamos solo… Dando un paseo,” se encoge de hombros.

“¿Todo el día?” Sam alza ambas cejas, sin creerle.

Dean lo considera. “De hecho, estuvimos buscando una casa para mudarnos.”

“Oh,” Sam suelta tranquilo. “Eso suena bien.”

“¿Sí?” Dean lo observa curioso. “¿No estás ni un poco sorprendido?”

“Dean, duermes con Cas desde que volvió del Vacío,” Sam resopla, haciéndolo sonrojar. “Es decir, me sorprende un poco que hayas decidido irte del bunker tan rápido pero no me sorprende que quieras mudarte con él.”

“Yo no… Él y yo no—,” trata de hablar, sintiendo que se pone aun más rojo. “Duermo en su habitación pero—

“Oye, no tienes que darme los detalles,” Sam hace una mueca de disgusto. “Lo único que me importa es que por fin estas dejando de ser un reprimido.”

“Hey,” Dean le llama la atención. Solo él se puede llamar de esa manera a sí mismo. “Aún falta camino por recorrer.”

“Estoy seguro de que llegarán ahí,” Sam rueda los ojos.

“Es difícil para mí, expresarle todo lo que quiero,” la frente de Dean se arruga con molestia, de la clase de molestia con la que siempre se trata a sí mismo.

“Puede ser que Cas no sea muy bueno para captar algunas cosas, pero estoy seguro de que a ti te lee a la perfección,” dice Sam, sonando confiado. “Eventualmente se dará cuenta de que dormir en la misma cama o comprar una casa y mudarse contigo no son exactamente actividades que se hagan con tu mejor amigo.”

Dean permanece en silencio.

“A menos que tú lo quieras conservar solo como tu mejor amigo…,” Sam se burla.

“Cállate,” Dean rueda los ojos, molesto, avergonzado, divertido.

Claro que Dean ama tener a Castiel como su mejor amigo pero necesitan ser algo más para que Dean pueda besar sus labios, sus manos, su cuello, etcétera.

 

 

 

 

 

 

            Al siguiente día todos salen del bunker desde temprano, Eileen y Sam toman dirección hacia la casa embrujada mientras que Cas y Dean van a la ciudad, tienen una casa que decorar y llenar de cosas.

“Dean, esta es realmente suave,” Cas comenta, tocando una de las mantas en el estante.

“Cas, has estado viéndolas desde hace media hora, solo escoge,” Dean rueda los ojos, sin estar molesto.

“¿Cómo puedo escoger solo una?” mira de arriba abajo todas sus opciones.

“¿Por qué te importa tanto, ni siquiera duermes?”

“Pero puedo sentir la textura de lo que me rodea,” Cas explica. “Además tú sí duermes, tiene que ser algo cómodo.”

“Muy considerado de tu parte,” Dean asiente. “Crecí en moteles, lo único que necesito para descansar cómodamente es un buen colchón, y ese ya lo tenemos.”

“Tenemos que conseguir uno más grande,” Castiel dice sin lugar a comentarios.

“¿Qué? ¿Ya te cansaste de dormir cerca de mí?” Dean bromea entre balbuceos, desde que empieza a decirlo sabe que expresarlo le hará sonrojarse pero igual lo hace.

Es de conocimiento universal (entre ambos) que en la nueva casa dormirán juntos porque solo hay dos habitaciones y una de ellas es para sus visitas, Dean ni siquiera se detuvo a preguntar si Cas estaría de acuerdo pero él tampoco ha objetado.

Castiel lo mira en silencio sin expresión, fijamente. “No podría cansarme de eso, no solo porque soy un ángel y hay muy pocas cosas que puedan cansarme, sino porque dormir contigo es de las mejores cosas que he experimentado desde que he estado en la Tierra.”

“Seguramente probaste las hamburguesas con queso cuando eras humano,” Dean sigue bromeando.

“No puedo compararte con una hamburguesa con queso, Dean,” Castiel resopla, acercándose un paso más hacia él.  “No está ni de cerca a ser tan divino como estar cerca de ti.”

¿Y qué se supone que Dean diga a eso? Solo se queda viendo sin palabras a su mejor amigo.

Solo suelta una risita nerviosa. “Esta manta parece ser la más suave de todas y es bastante gruesa.”

Castiel lo observa con cuidado, divertido, pero le sigue la corriente. “Estoy de acuerdo.”

“Llevaremos más de una porque tenemos que poner una cama para Jack,” explica, tomando las mantas para ponerlas en el carrito. “Hay que comprar cosas para la cocina, una cafetera para empezar.”

“Y almohadas,” Cas agrega, siguiéndole. “Y sabanas. A menos que quieras llevarte las que hay en el bunker.”

“Sí, estaba pensando en actualizarlas,” Dean hace una mueca. “He ignorado el olor a viejo desde hace mucho tiempo.”

“Deberíamos llevar unos cuantos de estos para ponerlos sobre la chimenea,” Castiel dice después de unos pasos por el pasillo, señalando unos portarretratos de varios tamaños.

“¿Qué? ¿Tienes fotografías para ponerlas ahí?” Dean se burla.

“Más bien estaba pensando poner las fotografías que tú guardas,” Castiel responde. “De Mary, de Sam.”

“O de ti,” Dean repone. “Con el tonto sombrero que usaste en Dodge City.”

Castiel frunce el ceño. “¿La guardaste?”

“¿Qué pensaste que iba a hacer con ella? ¿Tirarla?” resopla y comienza a poner algunos portarretratos en el carrito.

“Solo… No pensé en eso, creo,” habló a sus espaldas, siguiéndole de cerca.

            Después de poner demasiadas cosas en ahora dos carritos de supermercado, Castiel se dirige a la sección de cuidado personal.

“Tú realmente no necesitas nada de eso,” Dean se burla de su amigo, observando mientras mira detenidamente, siempre concentrado los productos en los aparadores.

“He estado pensando que debería familiarizarme un poco más con los rituales humanos, solo por decisión propia,” le responde medio gruñón. “Y me gustan los aromas.”

Dean rueda los ojos y espera no dejar ver que eso puede resultarle emocionante, considerar que Castiel tenga un aroma distinto al residuo que deja la ropa recién lavada sobre él.

“Ponlo en el carro entonces,” se toma el tiempo de responder un par de mensajes a Sam. “Hay que buscar macetas.”

Castiel no le responde verbalmente pero sí le da una de sus amables miradas que a Dean le gusta pensar solo tiene para él.

            Después de llenar la cajuela y el asiento trasero de Baby con las compras, pasaron a comprar muebles que pidieron que su entrega se hiciera dentro de un par de días porque ya era tarde. Por ahora, irían al bunker a cenar y dormir.

 

 

 

 

 

            Durante tres días hacen más recorridos por las tiendas en busca de artículos que les hacen falta para la mudanza. Hasta que por fin el vendedor les hace la llamada para informarles que los trámites de compra están por finalizar pero que ya pueden mudarse a la casa.

De vuelta en el bunker, cenan mientras ven una película en la Dean Cave, cada uno recargado a cada esquina del sillón con sus pies rozándose. En pleno silencio y oscuridad a excepción de la vida que la televisión le pone a la habitación.

Si Cas quisiera, este también podría ser un buen momento para besar a Dean. No hay nadie más en el bunker y la atmosfera es bastante romántica.

“Mañana podemos pasar al Mercado de agricultores para comprar tus cactus,” dice Dean, rompiendo el largo y cómodo silencio.

“¿Podemos tener cactus?” pregunta en voz baja.

“Por supuesto, ¿para qué querrías tener una casa donde no pudieses poner lo que tú quieras?” Dean resopla.

“Dean,” Castiel lo llama por su nombre, logrando que despegue la mirada de la televisión pero permanece callado por largos segundos, como considerando. “No quiero hacerte sentir que tienes la responsabilidad de hacerme sentir bien solo por lo que… Por lo que te dije antes de que me llevara el Vacío. Mis sentimientos no deben empujarte a hacer—

“Cas, no se trata de eso,” niega rotundamente, con un nudo en la garganta que en los últimos días se forma muy rápido cada vez que trata de expresarse. “Por primera vez en mucho tiempo no siento la responsabilidad de hacer algo. Esto es algo que quiero hacer porque… Porque volviste y porque tenía mucho miedo a que no lo hicieras y porque por fin somos libres.”

Los ojos de Castiel se suavizan demasiado y Dean no puede mirarlo demasiado sin quebrarse.

            Terminan la película, se preparan para ir a dormir y Castiel vuelve a envolverlo en sus brazos para ello.

            Con el auto cargado de las compras, Cas y Dean salen temprano de la casa, después del desayuno, con el plan de pasar al Mercado antes de ir a la casa donde esperarán los envíos de algunos muebles.

“De acuerdo, no sé cómo funcione el lugar así que tú diriges,” Dean le advierte una vez que bajan del auto, aún hay varias personas que apenas van llegando a instalarse en sus puestos.

“Dean, literalmente es una calle,” Castiel le rueda los ojos, aún en su humor mañanero al que está perfectamente ajustado a pesar de no sufrir como un humano en la mañana.

“Eso es más de lo que yo sé,” se defiende.

“La señora que vende cactus está casi al final, ven,” tira suavemente de la manga de la chaqueta de Dean, dejándolo ir rápidamente.

            Pasan cerca de varios puestos pero Castiel está concentrado en una sola cosa, llegar al puesto de las plantas. Que son un par de mesas llenas de pequeños cactus, suculentas, otras plantas y flores.

“Volviste, corazón,” una señora mayor le sonríe a Castiel desde el lado opuesto de la mesa.

“Volví,” Castiel le sonríe casi tímidamente, Dean baja la cabeza para ocultar su propia sonrisa.

“Espero que esta vez estés dispuesto a llevarte alguna de estas pequeñas a casa,” la señora ajusta sus pesadas gafas a su nariz.

“De hecho, sí,” la sonrisa de Cas se extiende.

“Maravilloso,” ella aplaude emocionada y por fin nota la presencia de Dean. “Oh y trajiste un nuevo amigo, ¿todos ustedes son así de guapos? ¿Dónde está el otro, el alto con gran cabello?”

“Sam está en un viaje fuera de la ciudad,” Castiel responde. “Este es Dean, es hermano de Sam. Y esta es la señora Gloria.”

“Hola, un gusto,” Dean mueve la mano en saludo.

“El gusto es mío,” Gloria asegura. “¿Tú también llevarás algunas pequeñas?”

“Eh… Pues vivimos juntos así que, es un trabajo en equipo,” Dean explica.

“Nos acabamos de mudar a un sitio donde podemos tener plantas,” Castiel agrega.

“Me da mucho escuchar eso, así Castiel no vendrá a verlas con un puchero en su rostro,” dice Gloria, muy alegre.

“Oh definitivamente, no queremos que haga pucheros,” Dean le sigue el juego para burlarse de Castiel, quien ya le da una mirada gruñona.

“¿Qué se llevarán?” extiende sus brazos por encima de los pequeños brotes. “Tengo cactus en todos sus tamaños.”

“Llevaremos un poco de todo, excepto plantas grandes, no tenemos espacio en el auto para llevarlas hoy,” Dean responde.

Castiel escoge varios cactus y suculentas, Dean no quiere entrometerse porque esto se trata de lo que Cas quiera llevar a la casa y con eso él se sentirá satisfecho. Gloria les pone las plántulas en portavasos desechables que usualmente dan en las cafeterías cuando compras varias bebidas. Tanto Dean como Cas terminan con las manos llenas.

“Muchas gracias, Gloria, son realmente hermosas,” le dice Castiel una vez que han pagado por todas.

“No agradezcas, cariño,” mueve la mano con desdén. “Vuelvan cuando quieran, incluso si solo es para saludar.”

“Tal vez tenga que regresar por el resto, primero llevaré estas al auto, ya vuelvo,” Castiel se adelanta.

“Te espero,” Dean medio sugiere aunque no es como que tenga muchas opciones porque Cas ya se ha alejado a paso rápido.

“Castiel es un hombre realmente dulce, ¿no es así?” dice Gloria, tomando a Dean por sorpresa.

“Sí, supongo que sí,” casi se encoge de hombros para disimular su nerviosismo.

“Me da gusto saber que está con alguien que lo hace feliz,” agrega.

“¿Cree que está feliz?” Dean pregunta tontamente.

“Por supuesto,” ella asegura. “Se ve más contento que el día que vino con tu hermano. ¿Ustedes dos están juntos?”

“Bueno… No, creo que no precisamente,” siente calor en su rostro.

“¿Pero quieren estarlo, no?”

“Espero que podamos,” le cuesta admitir en voz alta, su rostro en llamas. “Hemos pasado por muchas cosas juntos y es bastante complicado.”

“Apuesto a que podrán,” ella insiste. “Quiero decir apenas hace unos días él vino aquí sin esperanza de poderse llevar unos cactus, ahora vienes con él y tienen una casa donde ponerlos. Claramente algo está funcionando.”

“Realmente espero hacer las cosas bien,” Dean suspira. “Es lo mínimo que puedo hacer por él.”

“Comprarle plantas a un ser querido nunca es lo mínimo,” Gloria sacude la cabeza, claramente en desacuerdo. “Pero si incluso quieras esforzarte más, le comprarías unas flores.”

Dean entrecierra los ojos ante la suave táctica de venta de Gloria pero… Pero la idea no es mala. “Sí… Tal vez después le compre flores.”

“No tardes demasiado,” dice ella sonriendo.

Pronto Castiel está de vuelta, toma los últimos dos portavasos cargados de cactus bebés, se despiden de Gloria una vez más y se alejan del puesto. Cas es bueno para mantener su postura estoica pero se nota que apenas puede contener la emoción al ver las pequeñas plantas que están llevando.

“Castiel,” antes de que puedan llegar al auto una voz desconocida para Dean llama a su amigo, ambos se detienen.

“Hola, Hugo,” Cas le saluda al hombre a tres pasos de ellos, Dean frunce el ceño. Así que este es el apicultor. No es tan alto.

“¿Cómo has estado?” pregunta sonriente. Sus ojos no son tan bonitos. “¿A dónde llevas todas esas plantas?”

“A casa,” Cas le responde fácilmente.

“Asombroso, yo tengo varios de estas pero tienen una flor blanca,” señala uno de los cactus más grandes que Castiel lleva en su portavasos. “Tal vez podamos intercambiar hijuelos un día para hacer injertos de ellos.”

Dean no entiende nada de lo que este hombre balbucea pero tiene la impresión de que esta conversación suena sexual, se aclara la garganta para ser notado y hasta entonces es que el hombre le dirige una mirada.

“Sí, esa es una buena idea,” Cas admite. “Aunque por el momento ya tenemos que irnos.”

“Después será,” se encoge de hombros. “¿Este es otro amigo tuyo?”

“Sí, somos muy buenos amigos,” no sabe por qué pero Dean se adelanta a que Cas responda a pesar de que Hugo no le ha dirigido la palabra a él. “Y ya tenemos que irnos, Cas, recuerda que pronto pasarán a dejar los muebles de la casa.”

“En un par de horas empiezan a hacer las entregas,” Castiel murmura mirando su reloj. “Pero sí, ya deberíamos irnos.”

“¿Seguros que no quieren pasar por un nuevo frasco de miel?” el hombre se esfuerza.

“Aún tenemos bastante miel,” Dean responde. “Te vemos luego.”

Castiel rueda los ojos, luciendo molesto por no participar en la conversación, se gira sobre sí mismo y entra al auto. Extraño, piensa Dean.

“No me dijiste tu nombre,” Hugo se acerca un poco, menos sonriente.

“Dean.”

“Oh así que tú eres Dean,” su rostro se ilumina.

“¿Disculpa?”

“Castiel te mencionó cuando vino hace unos días, dijo que tal vez te molestaría que comprara mi miel,” dice casualmente. “Sonaba a alguien que sería muy gruñón y viejo.”

Dean lo observa sin decir nada por unos segundos. “De acuerdo.”

“¿Ustedes no son pareja, verdad?” pregunta por lo bajo para que Castiel resguardado en el auto no lo escuche. “Porque estaba pensando que podría invitar a Castiel a salir—

“Sí somos pareja,” responde rápidamente. “Estamos casados de hecho.”

“Oh,” Hugo se ve genuinamente sorprendido y ya no tan juguetón. “Lo siento. De verdad pensé que Castiel estaba soltero.”

“Sí, es una pena,” Dean se encoge de hombros, sintiéndose satisfecho. “Pero nos gustó tu miel, probablemente volvamos por más.”

“Me alegro,” Hugo le sonríe tratando de no parecer incómodo.

“Adiós, Hugo,” Dean se apresura a alejarse del hombre para rodear el auto y subir.

Castiel lo ira inexpresivo. “¿Qué tanto discutían?”

“Le hice saber que su miel es muy costosa,” Dean explica, echando a andar el motor.

“Ni siquiera sabes su precio,” Cas repone.

“No necesito saberlo,” se encoge de hombros, sin argumentos.

“Eso ni siquiera tiene sentido.”

 

 

 

 

 

 

 

 

            El día se vuelve bastante pesado después de que los muebles comienzan a llegar, se involucran en la carga y acomodo de ellos, un poco de limpieza. El día había estado bastante caluroso y la sensación de temperatura era mucho peor después de haber subido y bajado las escaleras múltiples veces. Lo único rescatable de la experiencia era ver a Castiel ni un poco acalorado, para nada fatigado por el trabajo y cargando con facilidad muebles cuando piensa que nadie lo está mirando. Vestido con una simple y muy vieja camisa gris.

Finalmente los hombres de la entrega se retiran, dejando a Dean y Cas solos en la casa.

“Se nubló,” Castiel comenta distraídamente entrando a la casa después de poner un tapete en la entrada.

“Probablemente lloverá por eso hace este calor infernal,” Dean se queja, secándose el sudor de la barbilla con el cuello de su playera. Castiel baja la mirada tras ser atrapado mirando con mucha atención.

“Lo hará,” Cas asiente. “Tal vez deberíamos dejar el resto de las cosas por hacer para mañana.”

“¿Por qué?” Dean se burla. “Ya hicimos lo más pesado, solo hay que poner las decoraciones.”

“Creo que deberías descansar, ha sido un día largo de trabajo,” pero lo dice encogiéndose de hombros, como si en realidad no le importara. “Pero como gustes.”

Dean entrecierra los ojos. “Mejor ayúdame a traer las mantas para las camas, en lugar de estar siendo un amargado.”

Cas no le responde pero lo sigue hacia el segundo piso. Empieza a llover mientras acomodan las camas, las cortinas de las ventanas, las cortinas en los baños, alfombras junto a las camas, lámparas sobre mesitas de noche.

            Un par de horas después la lluvia solo incrementa, sonando fuerte cuando impacta sobre la lamina del tejado al lado de la casa y los rayos aturdiendo cuando algunos traen consigo un estruendo después de iluminar el cielo.

“Nos lloverá todo el camino de regreso al bunker,” comenta Cas. Ahora se encuentran en la cocina, Dean está cambiando el grifo del agua.

“Nos podemos quedar aquí,” murmura en respuesta. Ahora que el calor del día se ha ido gracias a la fuerte lluvia, Dean incluso está comenzando a sentir frío en especial donde el sudor de su ropa ya se enfrío. “Espero que no se vaya la luz, no he revisado el cableado—

Ni siquiera termina de decirlo cuando un rayo ilumina todo el exterior y las luces de la casa se apagan al mismo tiempo.

“Voy a encender la chimenea,” es lo único que Castiel dice en la oscuridad y Dean escucha sus pasos alejándose.

Con la linterna de su celular Dean termina de poner el grifo del agua. Le toma tres minutos finalizar esa tarea, tomar un par de cervezas del refrigerador y para cuando alcanza a Castiel en la sala este ya encendió el fuego.

“Hiciste trampa,” se queja sin motivo.

“¿Me disculpo?” dice dudoso, de pie inmóvil junto a la chimenea que ahora ilumina suavemente la sala de estar.

“¿Para eso usas ahora tu Gracia? ¿Para encender fogatas realmente rápido?” medio bromea, acercándose al calor.

“También la puedo usar para que tu cuerpo ya no se sienta cansado,” sugiere, mirando fijamente al fuego.

“No estoy tan cansado.”

Entonces Castiel lo mira, divertido. Todo el costado izquierdo de su rostro iluminado cálidamente por la luz de la chimenea.

“Puse unas cervezas en el refrigerador cuando lo conectamos,” dice Dean, mostrando las latas en su mano. “¿Quieres una?”

“Claro,” acepta, probablemente igual que siempre lo hace, por acompañar a Dean. Cuando toma la cerveza sus dedos se rozan y el tacto es igual de cálido que el calor emitido por la fogata pero más breve.

Dean se sienta en el suelo no sin antes hacer todo un espectáculo de dolor en el proceso hasta que puede cruzar sus piernas extendidas. Castiel lo imita sin la canción dolorosa de articulaciones viejas.

            Permanecen en silencio por un buen rato.

“Creo que no te he agradecido por todo lo que estás haciendo,” Castiel es quien rompe el silencio, deslizando su dedo índice alrededor de la parte superior de la lata en su mano.

“No tienes que agradecer, Cas,” si tienen que tener conversaciones similares a esta entonces Dean no está preparado para hacerlo constantemente. “Solo deseo que sea algo que tú también quieres porque entonces puedo decir que es lo mínimo que te puedo ofrecer.”

“¿Cómo no podría querer un hogar contigo en él, Dean?” pregunta triste. “Solo no sé si es lo que merezco.”

Dean observa a Castiel detenidamente. “Claro que lo mereces.”

Castiel lo mira de vuelta, con los ojos brillantes, parece sin palabras.

“Cuando no estabas…” Dean duda sobre proseguir. “Cuando estuviste en el Vacío, pensé en rezarte pero tenía miedo, porque no tenía idea de qué iba a decirte o hacer si respondías pero mi mayor miedo, el más grande de todos… Era que no respondieras porque te habías ido para siempre. No quería rezarte y que no estuvieras ahí, Cas. Así que no te recé en lo absoluto porque yo sabía que ibas a volver y lo primero que harías al volver era encontrarme.”

La mano de Castiel se desliza hasta sobreponerse a la suya, dándole un apretón a la mano de Dean, sin dejarla ir.

“¿No pensaste ni por un segundo que tal vez no volvería?” Castiel pregunta curioso, asombrado.

“¿Estás loco?” Dean deja salir una carcajada sin diversión y niega con la cabeza.

“Tú de verdad me tienes mucha fé,” Cas murmura casi para sí mismo pero no deja de ver profundamente a los ojos de Dean.

“Cada vez, Cas,” Dean comienza, sintiendo sus propias lagrimas opacar su vista. “Cada vez que te vas… Tú no sabes, no tienes idea de lo duro que es verte morir.”

Castiel deja su cerveza en el suelo para cubrir la mano de Dean con sus dos amplias manos.

“Lo siento mucho, Dean,” dice. “Todo el tiempo he estado tratando de salvarlos, de salvarte.”

“Lo sé,” asiente sintiendo su cabeza más pesada, una lagrima se derrama sin su permiso. “Pero la próxima vez que quieras salvarme voy a tener que irme detrás de ti.”

“No digas eso—

“Bueno, no es justo, Cas,” sube la voz un poco, quebrándose en el proceso. “No es justo que tenga que verte morir para yo poder vivir, ¿qué gano yo con eso? Me dejas solo, ¿de qué me sirve continuar viviendo si sé que tú moriste por mi culpa?”

“Siempre trato de darte otra oportunidad, para que vivas feliz, Dean, que tú y tu hermano puedan vivir en paz,” se inclina un poco para acercarse más a Dean.

“Pues no quiero esa oportunidad porque no voy a tener una vida feliz si no estás,” suelta torpemente, dejando ir otro par de lagrimas.

“Dean,” Castiel suspira sin poder decir nada más, solo se observan. Cas levanta una de sus manos para limpiar las lagrimas del rostro de Dean.

Dean recarga su rostro a la cálida palma de Castiel para que no aleje su toque.

Se quedan así por largos minutos hasta que la mano de Castiel se mueve hasta la parte posterior de su cuello y comienza a moverse más cerca de Dean, sus caras a unos centímetros de distancia.

Ya han compartido esta cercanía pero ahora Dean puede sentir estática donde los dedos de Castiel tocan su piel. Ya ha dejado de llorar y siente las lagrimas secas en sus mejillas.

Con mucho cuidado de no perder el contacto, Dean se reacomoda para doblar sus piernas debajo de su cuerpo, de rodillas, sentado sobre sus talones. Une su frente a la de Castiel.

“Prométeme que no me volverás a dejar,” pide en voz baja. “Que te quedarás.”

“Dean—

“Prométeme, Cas.”

Pasan unos segundos hasta que Castiel vuelve a hablar. “Lo prometo.”

Dean suspira aliviado, tembloroso.

“Los besos frente a una fogata son muy románticos,” murmura.

“¿Lo son?” Castiel resopla, ahora divertido.

“Uh-hum,” asiente suavemente, con los ojos cerrados.

“¿Querrías uno?” la respiración de Cas lo golpea cuando habla.

“Los quiero todos,” su voz sale con dificultad.

Sin perder ni un segundo más, Castiel atrae la cabeza de Dean el resto de centímetros que faltaban para que sus labios se unan.

Dean deja salir un sonido lamentado cuando prueba los labios de Cas, con el más mínimo contacto Dean ya sabe que esto es lo que quiere hacer el resto de su vida. Se aferra al beso con sus manos tirando de la camisa de Castiel sobre su pecho, no ayuda nada que Cas bese con exigencia porque eso solo hace que Dean no pueda tener suficiente de su primer beso.

Con su otra mano libre, Castiel sujeta la mandíbula de Dean. “Necesitas respirar,” le dice, alejándolo suavemente.

Dean se niega a hacerle caso, con todo el dolor de sus rodillas, se mueve para sentarse sobre el regazo de Castiel, deja ir la camisa para abrazadar el cuello de Cas. “No tanto,” le dice antes de besarlo brevemente en los labios de nuevo y empezar un camino de besos por la mejilla de Cas, por su mandíbula hasta establecerse en su cuello.

El cuello de Cas siempre ha despertado una increíble curiosidad en Dean, que se ha imaginado en varias ocasiones besándolo, probándolo con su lengua, marcándolo con sus dientes. Vuelve realidad cada una de sus ideas y las manos de Castiel encuentran su camino a la espalda de Dean, acariciando con cuidado la longitud de su columna vertebral.

“Dean,” la voz de Cas se escucha entrecortada, más profunda.

“Ocupado,” balbucea entre besos lánguidos que deja sobre la unión del cuello y el hombro de Castiel.

“Lo puedo notar,” responde, una de sus manos sube hasta tomar el cabello de Dean y tirar suavemente de él para despegarlo de su cuello. Su otra mano toca la mejilla de Dean, el pulgar acariciando su pómulo con cuidado. “Pareces muy emocionado.”

“¿Es esa una queja?” Dean lo enfrenta, mirándolo directo a los ojos a través de sus pestañas.

“Para nada,” sus ojos vagan por todo el rostro de Dean pero se adhieren a sus labios, observando con atención hasta que su pulgar toca lentamente el labio inferior de Dean. Aplica un poco de presión sobre el labio y Dean abre la boca sin poder evitarlo, Castiel suspira satisfecho, como si eso hubiese respondido a alguna pregunta que se había hecho para sí mismo. “Pero quiero besarte también.”

Dean rueda los ojos y sonríe al volver a unir sus labios.

“Cas, le dije a Hugo que estamos casados,” confiesa después de un par de minutos de largos besos.

“Lo sé,” Castiel inhala profundamente.

“¿No te pareció extraño?”

“Hay muchas cosas que haces que a veces no entiendo,” suelta divertido. “Oh, bueno, que no solía entender.”

“¿No te molesta que le haya dicho eso?” pregunta genuinamente curioso.

Castiel parece considerarlo. “No… No.”

Se besan hasta que sus labios se sienten adormecidos e hinchados, gastados. Aún no se han cansado de explorarse pero se besan hasta que las rodillas de Dean protestan de manera implacable.

“Espera,” se detiene con todo el dolor de su corazón. “Tengo que ponerme de pie.”

Ambos se ponen de pie pero a Dean le toma unos segundos poder moverse hasta que sus piernas ya no están dormidas. Y hasta que ya está de pie se da cuenta de que está más cansado de lo que creyó posible.

“Vamos a dormir,” Castiel desliza una mano por el antebrazo de Dean hasta que se detiene sobre la marca quemada en su hombro y lo lleva suavemente a las escaleras.

“De acuerdo,” acepta sin ganas pero sin opción.

Suben a la habitación tomados de la mano.

“Cas, estoy todo sucio, voy a ensuciar las sabanas nuevas,” lloriquea, Castiel pone dos dedos sobre su frente, procedimiento que usa para curarlo, pero esta vez solo lo limpia, su cuerpo y su ropa oliendo a jabón.

“Vamos a dormir,” repite casi malhumorado.

Dean resopla divertido, se aleja de Cas para poder deshacerse de sus jeans, zapatos y calcetines, tratando de no sentirse cohibido por Castiel que está al otro lado de la cama haciendo lo mismo.

La cama es muy cálida y suave, Dean cree que se puede quedar dormido en su segundo pero espera hasta que Castiel entra a la cama y ambos toman su posición favorita para dormir. Con Castiel abrazándolo por detrás pero esta vez la mano de Cas viaja rápidamente debajo de la camisa de Dean para tocar la piel de su abdomen.

Dean se estremece al contacto, retrocediendo para que su espalda esté al ras del pecho de Castiel. “Puedes usar tu Gracia para que no me sienta cansado—

“Tienes que descansar,” Castiel habla cerca de su cuello.

“Solo digo, podríamos estrenar esta cama de maneras menos aburridas que solo dormir,” murmura a través de su cansancio.

“Lo haremos después,” promete y planta un beso en la parte posterior del cuello de Dean.

“Okay,” suspira pesadamente, el sueño apoderándose de él.

 

 

 

 

 

            Después de una semana de haber reparado la electricidad de la casa, de invitar a Sam y Eileen para que les ayuden a mudar sus últimas cosas a la casa, después de irse a dormir al lado de Cas y despertar para encontrarlo aún calentando su costado, Dean decide visitar el Mercado solo.

            Cada día comparten la cama, las duchas, las comidas, las noches de películas o de solo sentarse afuera para ver hacia el exterior. Castiel ha iniciado oficialmente su jardín, Dean no puede no unirse a la construcción de cajas para cultivo de hortalizas y en los preparativos de la tierra. Aún hay varias cosas por arreglar en la casa pero rápidamente Dean se ha dado cuenta que los hogares nunca dejan de necesitar cambios, enmiendas, así que no se presionará por cualquier cosa.

Castiel había pasado la noche fuera de casa, Sam había pedido asistencia para un caso y a regañadientes Dean lo dejó ir solo mientras él se quedaba sustituyendo las tuberías viejas. Cas terminó quedándose en el bunker por la noche y ahora Dean debía ir a recogerlo.

Pero ha decidido que tiene un pendiente en el Mercado.

Puede encontrar el puesto de la señora Gloria con rapidez, cruza el Mercado con ganas de no toparse a alguien que le caiga mal (Hugo) y se acerca nervioso al puesto de plantas.

“Oh. Hola, Dean,” Gloria lo recibe con una gran sonrisa.

“Buen día,” imita el gesto.

“Qué bueno que has regresado, ¿cómo han estado? ¿Hoy no viene Castiel contigo?” echa un vistazo detrás de Dean para asegurarse, tratando de ocultar su tristeza.

“No, voy a recogerlo,” responde y se aclara la garganta. “Pero antes de ir por él estaba pensando que tal vez podría llevarle un… Detalle.”

La sonrisa de Gloria se vuelve más suave. “Ya veo. ¿Pensaste en comprarle flores?”

“Sí,” asiente, sintiendo su rostro acalorado. “No sé cuáles le podrían gustar, ni siquiera sé si tiene algunas preferidas.”

“No hay mucho que pensar sobre eso,” Gloria mueve su mano con desdén y se acerca a los ramos de flores que tiene armados. “Todas las flores son hermosas.”

Dean observó los ramos, todos eran ciertamente bonitos, imaginó lo que Cas haría con uno, probablemente lo pondría en agua en la cocina hasta que ser marchitara. “Oh, no sé si a Cas le gustará ver las flores morir.”

“Entonces puedes darle una flor viva,” Gloria le dice después de considerarlo un momento.

 

 

 

 

 

           

            Dean conduce a Baby con rumbo al bunker con una buganvilia rosa de copiloto. Tuvo que elegir entre geranios, orquídeas, dalias, claveles y buganvilias y espera haber hecho la elección adecuada.

            Entra en el bunker con bastante seguridad porque sabe que Eileen y Sam duermen hasta después de las diez de la mañana pero se detiene sorprendido al encontrar a Sam y Castiel hablando en la cocina, ya tomando su primera taza de café.

“Buenos días,” tartamudea, sosteniendo la maceta entre sus manos.

Castiel frunce el ceño al notar la buganvilia.

“Llegas temprano,” Sam comenta.

“Eso es usual en mí,” camina inseguro y deja la planta sobre la encimera sin despegarse de su lado. “¿Tú qué haces despierto temprano?”

“Cas y yo tenemos un proyecto,” responde contento.

“No me digan,” balbucea.

“¿Por qué traes contigo una buganvilia?” Castiel pregunta, aún con su cabeza ladeada en confusión. Dean siente un golpe de aumento de seguridad de inmediato.

“¿Te gustan las buganvilias?” suelta una carcajada nerviosa pero se concentra de nuevo en el tema principal de la conversación con su hermano. “¿Qué planean?”

“Sí, me gustan,” Cas asiente y Dean le sonríe tontamente, lo ha extrañado bastante y solo estuvo lejos de él una noche.

“Cas quiere deshacerse de su Gracia,” Sam también habla y la sonrisa de Dean flaquea.

“¿Qué?” suelta, sorprendido. “¿De qué hablan?”

“¿No sabías?” Sam le pregunta.

“No se lo había comentado,” Castiel añade.

“Oh, lo siento,” Sam parece avergonzado.

“Está bien, solo es un pequeño dato,” Dean intenta reír mientras intenta ser sarcástico. “Para nada importante.”

“No te lo había dicho porque lo acabo de decidir,” Castiel se pone de pie con la taza de café en la mano.

“Creo que iré a ver si Eileen ya se despertó,” Sam se pone de pie y camina rápido fuera de la cocina.

“Sí, haz eso,” Dean murmura en respuesta y espera a que estén a solas. “¿Cas, qué ocurre?”

“Sam me ayudará a extraer mi Gracia,” explica inútilmente.

“Sí, eso ya lo sé,” Dean rueda los ojos. “Cas, serás humano.”

“Ese es el objetivo,” asiente complacido.

“Humano, Cas,” extiende las manos, frustrado. “Completamente mortal.”

“Sé lo que ser humano significa,” vuelve a asentir. “Sigue siendo el objetivo.”

“Me prometiste que no me dejarías de nuevo,” Dean da un paso más cerca de Cas para poder hablarle despacio.

Castiel lo mira confundido. “Dean.”

“Serás mortal, ¿qué pasa si te pierdo de nuevo?” murmura asustado, Castiel termina de cerrar el espacio entre ambos.

“Te hice una promesa,” extiende su mano para tomar la de Dean. “Sin importar si soy humano o ángel. Te prometí que no me iría. No quiero ser humano para ser más propenso a morirme, quiero ser humano porque quiero experimentar la vida al igual que tú.”

Dean siente un nudo en la garganta. “No tienes que sacrificar tu Gracia para eso. Cas, no me importa si… No me importa si eres un ángel. ¿Qué mas da si no puedes probar la comida que hago? Eso no importa.”

Castiel suspira. “Para mí importa. Quiero poder probar tu comida, quiero poder relajarme por las sábanas frescas, incluso quiero poder enfermarme. Lo quiero todo porque voy a estar a tu lado.”

“Pero tu Gracia, al fin la tienes por completo de vuelta, Jack te la dio de vuelta y ahora quieres renunciar a ella por… Por tan poco, Cas,” se lleva una mano a la frente donde puede sentir que está por comenzarle un dolor de cabeza.

“Hay muy pocas cosas que no sacrificaría por envejecer a tu lado, Dean.”

“Ya hablamos sobre los sacrificios,” sacude la cabeza. “Ya hemos hecho muchos de ellos en nuestra vida.”

“Déjame hacer este último, un último antes de quedarme para siempre,” la mano libre de Cas sube hasta tocar su mejilla.

“Te voy a ver enfermar y sentir dolor, y me voy a culpar,” dice y siente un escalofrío recorrerle la espalda.

“¿Y si yo fuera feliz siendo humano? ¿Eso no te haría sentir bien a ti?” Cas lo cuestiona.

Dean quiere decir que sí. Que obviamente quiere ver a Cas feliz, mucho más si es feliz a su lado. Este se volvió su objetivo desde que el momento de mayor felicidad de Castiel había sido decirle a Dean que lo ama, Dean se sintió miserable por eso, queriendo darle a Cas todo lo que se merece y hacerlo feliz de maneras menos dolorosas.

Dean respira múltiples veces de manera detenida, tratando de aclarar más sus pensamientos.

“Yo…—,” trata de hablar. “Cuando no estabas… Hice una lista de preguntas que te quería hacer, de cosas que te quería aclarar para cuando volvieras.”

Castiel frunce el ceño. “¿Ah sí?”

“Era bastante estúpido pero no podía pensar en nada más,” ahora trata de sonreír. “Y luego volviste, no sabía por donde empezar y soy terrible para comunicación, Cas. Preferí quedarme callado, una vez más, en lugar de reclamarte o corresponderte.”

“No te culpo por eso, Dean,” le recuerda con voz suave.

“Yo sé que no porque eres demasiado bueno,” resopla. “Pero ahora… Ahora lo entiendo, ¿okay? Entiendo que tú… Que tú me ames y que te quieras quedar. Es difícil para mí creerlo cuando casi nunca nadie ha querido quedarse.”

Castiel ahora sujeta sus dos manos, la punta de su pulgar acariciando con cuidado el dorso de la mano de Dean, dejándolo hablar.

“Pero tú también debes saber que eres mi mejor amigo pero te amo más de lo que he amado a otros amigos. Y que quiero que te quedes, no solo eso, quiero que te quedes conmigo,” hace lo mejor que puede por recordar todo lo que había enlistado en la aplicación de notas. “No sé desde cuando te he amado pero no tengo un recuerdo de ti en que no recuerde haberme sentido emocionado por tenerte cerca. Sé que debí decirte todo esto desde el primer día en que volviste pero estoy haciendo lo mejor que puedo por demostrarte que puedo hacerte feliz.”

Castiel sonríe cariñosamente, lleno de amor. Por Dean. Y lo besa, se acerca hasta que puede besar sus labios. Un beso sencillo pero firme.

“De acuerdo,” Cas murmura aún cerca de los labios de Dean. “He estado captando tu mensaje pero agradezco mucho la confirmación verbal.”

Dean ríe. “Lamento que haya tardado tanto.”

“No tienes nada que lamentar,” dice Cas. “Dean, esto es lo mejor que me ha pasado en mi existencia.”

“Y eso que aún no te he regalo esta flor,” Dean limpia cualquier rastro que pueda tener de lagrimas y se aleja un poco para acercar la planta.

“¿Es para mí?” Castiel finge.

“Obviamente,” rueda los ojos.

“Gracias,” Castiel lo vuelve a besar, tocando los suaves y delicados pétalos de la flor.

Dean tararea cualquier cosa en respuesta porque ya está siendo distraído por la mano libre de Cas jugando con el borde de su camisa.

“Así que,” se separan. “Este procedimiento de extracción de Gracia.”

“Totalmente inofensivo, Sam está bien informado,” responde de inmediato.

“¿No sería mejor llamar a Jack?”

“Jack está muy ocupado, dijo que no intervendría después de haberme sacado del Vacío.”

“Bien,” asiente no muy convencido. “Si están seguros de que pueden hacerlo sin lastimarte.”

“Lo estamos,” Cas le asegura.

“Luego iremos a casa,” Dean añade sin pensarlo.

“Por supuesto, Dean,” Cas sonríe con amor.