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La guerra por el amanecer

Summary:

El castillo negro era tan decadente, que Daemon se preguntó por qué, si se supone que la profecía de Aegon era un secreto fielmente guardado, nadie jamás hizo nada para mantener la dignidad de los hombres que protegieron a la humanidad. Eso tendría que cambiar lo antes posible.

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La guerra finalmente está aquí, en el norte Daemon debe poner en forma la decadencia del castillo negro y la guardia de la noche, y en el sur, los enemigos intentan aprovechar la ausencia del dragón.

Notes:

Y bueno, aquí estamos, finalmente llegamos al punto critico de la historia, y se me ha ido de las manos, desconozco la cantidad de capítulos que tendremos aquí, pero ya tengo claro el rumbo.

He tomado parte de los libros y parte de la serie, por lo que aquí no existe el Rey de la noche, sino "El gran otro" y la batalla será larga, agonizante y a veces pareciera que le irá mal a nuestra pareja de protagonistas, sin embargo para aliviar las preocupaciones de todos: No van a morir lo prometo, habrá final feliz para ambos, pero antes deben iniciar una cruzada bastante larga y extenuante.

Quiero agradecer todos sus comentarios, kudos y follows, de verdad los aprecio mucho, y espero que mi trabajo los siga cautivando como hasta ahora.

Chapter 1: Prologo

Chapter Text

Erase esa una extraña paz cuando arribó a King’s Landing, fue recibido por un tropel de capas doradas que lucieron como los caballeros de los viejos cuentos, cuando la dinastía Targaryen estuvo en su mejor momento. Ser Jorah sonrió a sus adentros, orgulloso y en júbilo por los logros de su Khaleesi. La fortaleza roja se elevó orgullosa con el estandarte de los dragones ondeando, ligeramente cubiertos de una capa de nieve, el invierno finalmente había alcanzado la capital, y la plebe, buscó refugio entre braseros, tabernas o cualquier lugar donde pudieran calentar sus cuerpos, Daenerys procuró a la gente, observó el viejo oso.

 

Las historias de la reina eran una más fantástica que la otra, el corazón le dolió al saber de un nuevo marido, jinete de dragón que atravesó el tiempo, distancia y espacio para llegar a ella, y aunque descabellado, Jorah no lo descartó. Daenerys era capaz de milagros inimaginables, era ell, madre de dragones y rompedora de cadenas, si alguien merecía convocar a un hombre de leyenda para protegerla, sería ella y solo ella.

 

Estaba acompañado por una veintena de niños vestidos en sacos de harina, con el cabello apelmazado por los días de viaje y sus caritas hambrientas. Daenerys siempre tuvo un corazón débil por los más pequeños, Jorah pensó entonces que la madre de dragones, bien podría recibir a los muchachitos para servir en las cocinas y establos. Pediría sopa y algo de pan para ellos más tarde, ahora apremiaba informar a la reina de las noticas más urgentes.

 

―Ser Jorah Mormont, ―lo anunció una capa dorada mientras se adentraba en la sala del trono. Gran sorpresa (y decepción) se llevó al encontrar a la anciana matriarca Tyrell a pie del trono de hierro.

 

―Bienvenido a la capital Ser, ―saludó la dama―, vaya, ―farfullo despacio―, creí que estaría de camino al norte ahora.

 

Ser Jorah negó con un gesto, ―mis disculpas, ―acotó el caballero en un tono manso e interrogante―, creí que encontraría aquí a la reina.

 

Olenna Tyrell sacudió una mano desestimando las palabras de Jorah.

 

―Temo decepcionarte Ser, la reina ha viajado hacia el norte, al parecer los muertos caminan sobre esta tierra, han llegado con el invierno, todo el mundo lo sabe ¿O dónde es que estabas metido Ser? No hay otra cosa en el continente de lo que se hable.

 

Jorah intentó ahogar la sorpresa. Oltown ardió, el recuerdo continuaba fresco y horroroso en su memoria, y sucedió solo en una noche, los Hightower cautelosos como eran, se atrincheraron en su faro y sin embargo, eso no los protegió, cuando Jorah se fue, el faro de Oldtown brillaba en verde para llamar a los abanderados, demasiado tarde, pensó el oso.

 

―Recibí tratamiento para la psoriagris en la ciudadela, ―dijo Jorah―, los hijos del hierro saquearon la ciudad hasta dejarla en los huesos, pocos sobrevivieron y he traído a algunos. Fue repentino, y nadie lo esperaba, esperaba que la reina Daenerys respondiera.

 

Olena Tyrell hizo bien en ocultar el horror, aunque no del todo, a la anciana le temblaron las manos, y luego le hizo señas a un caballero apostado en la puerta.

 

―Convoca al consejo, ―ordenó la anciana.  

 

Jorah narró lo sucedido: bestias con forma de hombres atravesaron los muros de la ciudadela, en solo una noche habían hecho un infierno en la tierra, una masacre de la que, ni siquiera el más aberrante crimen de Maegor se comparó, y mientras lo narraba, los grandes señores y damas del consejo de la reina permanecieron enmudecidos.

 

―Había escuchado cosas del ojo de cuervo, ―murmuró una de las serpientes de arena―, pero jamás pensé que solo un hombre fuera capaz de tal horror.

 

Olenna suspiró, ―hmm, la juventud ignorante, Tywin Lannister no cayó lejos del árbol si de atrocidades hablamos.

 

La matriarca Tyrell rompió la tensión con esas palabras, no obstante, contempló el escenario mientras apretaba los arrugados nudillos.

 

―¿La reina debería volver? ―preguntó un hombre de aspecto Valyrio, Jorah miró entonces el caballito de mar colgando de su pecho.

 

―No, ―desestimó Olenna―, podemos resolverlo, Ser Jorah ¿Ha sido encendido el faro de Oldtown?

 

―Lo hace, mi Lady.

 

―Bien, los Hightower sabrán resolverlo, si Ser Jorah está aquí, significa entonces que pronto recibiremos un emisario, hay que prepararnos, llamamos a los leales de la reina ¿Qué números tenemos?

 

―Con todo el grueso de las fuerzas reales marchando al norte, contamos solo con una guarnición de mil hombres entre los Velaryon, Massei y Celtigar, ―contestó el hombre Velaryon―, podemos llamar a priori a las reservas de los Rosby, y los Stokeworth, reuniríamos tres mil efectivos-

 

―Podría comandarlos, ―dijo uno de los nietos de Lady Olenna, Willas conjeturó Jorah―, junto a Lady Nym,.

 

Las serpientes de arena hicieron gestos de coquetería que ruborizaron a la muchacha en cuestión, pero Olenna silenció cualquier alboroto con una mirada.

 

―¿Cuánto tiempo nos llevará esto Ser Mondord? ―preguntó Olenna.

 

―Una semana, enviaré a mis mejores hombres para organizarlo.

 

Poco antes de que continuara la reunión un mensajero interrumpió, tenía un cuervo en la mano y lo entregó directamente a Olenna.

 

Alas oscuras palabras oscuras…

 

Victarion Greyjoy se dirigía hacia Dragonstone, con treinta barcos, y en palabras del castellano, los dragones se inquietaron, entrando en la profundidad de las cavernas del monte dragón, negándose a salir. Jorah se mordió la lengua, era más útil aquí, que, en el norte, le susurró una voz, Daenerys contaba con dragones, ejércitos y fieros hombres dispuestos a morir por ella. Es verdad, le había jurado volver a ella en cuanto una cura le fuera otorgada, y sin embargo, se sintió terriblemente mal, abandonar al saqueo la ancestral fortaleza Targaryen.

 

―Iré, ―dijo determinado―, le sirvo más a la reina cuidando su fortaleza ancestral, símbolo de su herencia, que allá en el norte.

 

Se propuso a defender la isla, con todo cuanto tenía y sin desperdiciar la oportunidad que un joven y tímido intento de maestre le brindó. Samwel, recordó que se llamaba.

 

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.

 

El muro se extendió por kilómetros y kilómetros en un fantasmal manto blanquecino, donde las torres de la guardia nocturna parecieron insignificantes. Sería una maravilla de ver, de no ser por la situación en la que se encontraban ahora. Los dragones chillaron anunciando su llegada, y los cuervos se alborotaron en el cielo.

 

El castillo negro era tan decadente, que Daemon se preguntó por qué, si se supone que la profecía de Aegon era un secreto fielmente guardado, nadie jamás hizo nada para mantener la dignidad de los hombres que protegieron a la humanidad. Eso tendría que cambiar lo antes posible.

 

Su abuelo el viejo rey Jaehaerys y su hermana esposa Alyssane hicieron poco, el agasajo era una tierra estéril sin ocupar, la guarda de la noche no le daba uso, no por falta de interés, más bien por la precariedad de hombres y suministros, fue intransigente, que las guarniciones erigidas en la gloria y nombre de los Targaryen, no fuesen mantenidos más allá de bonitos castillos para presumir, cuando los hombres que lo habitaron eran excusas de ladrones y violadores. Donde alguna vez el muro fue sinónimo de honor, decayó hasta ser el refugio de la escoria.

 

Daemon no apreció el descuido ni falta de respeto que su propia casa propinó a los que se supone, serían la primera defensa contra el invierno y la muerte… Vaya… el golpe de realidad le supo amargo.

 

Su esposa descendió de su montura con gracia encantadora, y él la siguió, el Lord comandante salió para recibirlos, un hombrecito encorvado y flacucho que en sus ojos mostraba los horrores y presiones de mantenerse en pie en la precariedad de su situación, Edd Penas suspiró, hasta que los ojos se le iluminaron ante la visión del bastardo Nieve.

 

―Has venido, ―dijo el hermano negro―, y traes un ejército.

 

Jon Nieve asintió, entre orgulloso, tímido y precavido.

 

―La reina Daenerys Targaryen, y su rey consorte, Daemon Targaryen, con toda la fuerza de los reinos del sur-

 

El Lord comandante medio sonrió, a esos hombres no les importaban los títulos ni nombres, adivinó Daemon, sobrevivían y buscaban perdurar, solo querían armas, comida y dignidad de una muerte justa, una muerte que valiera la pena. Daemon dio un paso hacia adelante y señaló a algunas mujeres Dothraki con canastas rebosantes de alimento, pieles, y los Unsullied llevaron armas.

 

―Venimos para responder a su llamado, ―dijo Daemon―, entonces Lord comandante ¿Iniciamos?

 

Por primera vez, pensó Daemon, pudo notar la esperanza en los ojos moribundos de la guardia de la noche.