Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-11-24
Words:
2,272
Chapters:
1/1
Kudos:
9
Bookmarks:
2
Hits:
140

Luna y luciérnagas

Summary:

Prompt de Noviembre para los borusara drabbles: cita doble

Work Text:

            Luces de ocaso, perfume dulzón de flores, típica estación de primavera se cernía en las calles de Konoha que cada día estaban más transitadas. En uno de sus puentes peatonales, un grupo de jóvenes estaba reunido junto a un banco sobre el cual dos de ellas estaban sentadas. Una era una chica pelivioleta; tenía una carpeta apoyada sobre su falda y un peinado prolijo, parecía recién salida de su trabajo. La otra tenía pelo negro azabache, apenas caído por los hombros, cuerpo musculoso y un par de lentes rojos que resaltaban el negro de sus ojos.

            – Bueno, ya hice una reserva a Yakiniku Q para este viernes, me dijeron que podemos ser hasta seis personas. Con Sumire estábamos pensando en celebrar juntas – explicó una chica de tez oscura, ojos almizcle y cabello colorado, semi recogido. Al igual que la morocha, tenía puesta su vestimenta ninja.

            – ¿Ya les avisaron a las chicas? – quiso saber la morocha. Su nombre era Sarada Uchiha, una importante jonin que en los últimos meses se había convertido en una figura que la aldea miraba con suma admiración y veneraba su calidad como líder en misiones.

            – Con ellas festejaremos cuando regresen. Ayer partieron por una misión hacia el País de Hierro.   

            – Ah – respondió Sarada en un principio. Pero tras un pensamiento, el plan de su amiga tan querida de tantos años, Chocho Akimichi, no le cerraba. – Espera, ¿cómo que juntas? Pero si las chicas tendrán tiempo de volver para este viernes.

            Chocho sonrió dulcemente y negó con la cabeza.

            – Este festejo es diferente – dijo y comenzó a tocarse el cabello para peinarlo. – Mi admirador me susurró suficientes cumplidos aceptables ayer por convertirme en jonin. Así que decidí darle una oportunidad – confesó con el tono de alguien que parecía hablar de una nimiedad.

            Sumire soltó una risita y le guiñó el ojo.

            – ¿Aceptable? Me parece que estabas más que emocionada cuando se acercó a hablarte a solas – como respuesta Chocho le hizo un gesto de protesta y su amiga Sarada acompañó la risa burlona.

            – ¿Entonces seremos nosotras tres y Mitsuki? Vaya lugar para una primera cita.

            – No será la primera cita. Accedí a pesar de mis complicados horarios a pasear mañana por la aldea nueva junto a él.

            Chocho batió aire hacia sus mejillas ruborizadas con la palma de su mano y dio un par de pasos de un lado a otro.    

            – Pero tenemos que invitar a alguien más.

            – ¿A quién?

            Ojos miel miraron hacia arriba haciéndose los desentendidos. Luego de unos segundos Sarada chequeó a Sumire para buscar entender de quién se referían. La científica miraba convenientemente hacia otro costado.

            – ¿A quién? Díganme.

            – Pista, es amigo tuyo...

            Sarada se detuvo por un instante. Tenía demasiados amigos para saber por cuál empezar.

            – También es bastante irascible.

            Allí la lista bajó a pocos números. Poquísimos.

            – Última pista, es bastante apuesto. ¡Ya, Sarada! Es imposible que no aciertes.

            Tal vez uno solo venía a su mente, pero entonces analizó que ese chico debía ser apuesto para los gustos de Chocho. Y que ella recordara... quedaban dos, solo que Shinki estaría muy lejos de Konoha para poder asistir a la cena.

            – ¿Kawaki?

            – ¡Esa es mi chica! – festejó Chocho con otra renovada sonrisa, apoyando mano en su cintura.

            – Ah, está bien, ¿por qué a él?

            – ¿Cómo que por qué? ¿Acaso no lo sabías?

            – ¿Qué? ¿Qué cosa?

            Chocho movió la cabeza de lado a lado y bufó irradiando toda la decepción existente en ella.

            – No puedo creerlo. ¿Ni siquiera Boruto te contó?

            Sarada abrió los ojos de par en par. ¿Qué?

            – Ay Sarada – se llevó la mano a la cara indignada. – La señorita Kakei, recién promovida a jefa de departamento de herramientas tecnológicas ninjas, tiene a ese guapetón a sus pies.

            – ¡Chocho! – Sumire movió las manos con nerviosismo, pidiendo, demasiado tarde, que no contara la novedad. – N–no, no está a mis pies, solo–

            – Por favor, ¿te piensas que no te estuvimos siguiendo con Wasabi y Namida todas estas semanas? – la enfrentó la pelirroja acercando a su cara, inclinándose hacia la bastante agitada muchacha que tenía frente a ella. – “Perdonen chicas, tengo que cocinar temprano para llevarme la comida mañana al trabajo”, “me olvidé de hacer las compras así que debería regresar ahora”, “Nue está con fiebre por lo que no voy a poder acompañarlas esta noche” – burlonamente imitó una voz no muy acercada a la de Sumire para recriminarle sus pretextos.

            – Ahora todo tiene sentido – concluyó Sarada luego de detenerse a estudiar lo que relataba Chocho, conectando situaciones dispersas de los meses anteriores y otros detalles que ella había notado en ambos.

            – Claro que lo tiene. Con solo verle la cara deberías haberte dado cuenta.

            Sumire se mantuvo callada. Nue a su costado reafirmó el romance novicio con un nyaa que las chicas no supieron traducir.

            – Bueno, eso significa que seremos nosotros cinco.

            – Si.

            Hubo un silencio infernal entre las tres.

            – Hay algo que no me están diciendo – intervino Sarada para romper con tanta sospecha. – ¿Qué es?

            – Nada – dijo Chocho y miró hacia un costado, cruzándose de brazos.

            Sarada observó a Sumire en busca de una respuesta. Ella se alzó de hombros repitiendo lo mismo que su amiga.

            Hacer un comentario al respecto de lo que había notado Sarada implicaba morder el anzuelo. La propuesta incluía seis personas en la mesa. Hasta ahora había contado que eran cinco. Ninguna de las dos diría lo que, lamentablemente la Uchiha sospechaba, pensaban con honestidad. Suspiró.

            – Suena como que se tratará de una cita doble. Y yo, de colada.

            – Quiero decir... si te da cosa quedar apartada, siempre puedes invitar a alguien.

            – No necesito invitar a nadie.

            Sarada juró haber escuchado un gruñido de Chocho. Quizás inaudible, o tal vez lo imaginó. De tanto que la veía reaccionar así cuando se acercaban a tocar ese tema, es probable que se hubiera equivocado.

            – Bueno, como tu digas.

            Otro largo tiempo mudo las atravesó a las tres. Tan largo que pudo haber durado minutos, pero fueron tan solo unos segundos.

            – En fin. ¿Nos vemos el viernes?

            – El viernes en Yakiniku Q.

            Las tres partían para diferentes direcciones. Sin embargo, Chocho se ofreció de acompañar a Sumire hasta su casa, ya que aun le faltaba tiempo para su siguiente trabajo en jornada nocturna. Sarada creyó que por fin se alejaba de tal acusante incomodidad hasta que escuchó a sus espaldas una última advertencia:

            – Recuerda que si cambias de idea y quieres ocupar ese asiento, estará libre hasta que vayamos. ¡Hasta pronto ♥!

            Un escalofrío recorrió la mandíbula de Sarada. Si pronto no conseguía algún pretendiente para acallar a sus amigas, perdería la cordura. Pero al final, eran todas indirectas. La vida es así, sobre todo para los ninjas, enfocarse en sus objetivos estaba primero, el resto venía después.

            “¿De verdad es tan importante eso? Tómate un tiempo y vete a disfrutar del día” fueron las palabras de un amigo suyo. Todavía recordaba aquel atardecer. Sarada llevaba días asfixiada por los nervios del examen que debía rendir para convertirse en jonin. Él se tomaba las cosas con más tranquilidad. Era más suelto en su forma de vivir, aunque era serio.

            Pronto se dio cuenta que se puso a pensar por demasiado tiempo en esa persona y en lo mucho que le agradaba su forma de ser. Incluso sonreía. Había recordado lo bonito que se sentía ser su compañera de equipo cuando esos sentimientos no estaban entrometidos en el medio.

            De camino a la oficina del Hokage, distrajo su mente repasando tareas que tenía pendientes y cuando terminó, aprovechó el tiempo de sobra haciendo hipótesis de la misión que podrían asignarle aquella noche.

            Al final la misión resultó ser otra investigación aburrida sobre técnicas de shinjutsu. Naruto no hizo mención de otro participante, por lo que supuso que de nuevo debería hacerla ella sola. Y es que eran agobiantes por eso mismo; debía leer largos, densos textos de un tema sobre el que ya no había tanta información.

            De nuevo, a pesar de todos sus esfuerzos, volvió a pensar en aquella persona por recordar que solo era entretenido junto a él. Incluso era eficiente. Otra vez suspiró, por fin lamentaba no tenerlo cerca, quería trabajar en equipo. No, no. Más bien, quería verlo.

            – ¿Sarada? – preguntó una voz que parecía provenir de un árbol. Ella subió la cabeza y encontró a Boruto sentado en una rama alta, próxima a la copa.

            En cuestión de un parpadear de ojos, Boruto se había lanzado al suelo para aproximarse a su amiga.

            – Boruto. ¿Qué haces aquí?

            Qué cálida noche. La primavera cada vez era más calurosa, indicando su próximo fin de ciclo y junto a ella, características típicas de verano trastocaban el ambiente de la aldea.

            Boruto se apoyó contra el tronco del árbol, flexionando una de sus piernas. A veces su cicatriz en el ojo derecho le generaba a Sarada ganas de acariciarla. Ya no dolía, pero todavía palpaba lo mucho que habían sufrido antes y después de que se la marcaran.     

            – Hablé con mi papá hace un rato y decidí quedarme un rato aquí a... – respondió él, pero pensó y pensó y no se le venía a la cabeza una buena forma de continuar. – A buscar un gato. Sabes, siempre se pierde alguno, así que podría estar ahorrándole una misión engorrosa a unos pobres genin.

            Se llevó la mano a la nuca, rascándola con nerviosismo.

            – ¿Y como sabes que hay un gato perdido por aquí? ¿Dónde lo has visto? O no será que otra vez te lo confundiste con un simple animal salvaje.

            Sarada rápidamente se consumió en ideas para encontrar a la pobre mascota felina perdida. No sabía por qué a él le importaría encargarse de esa nimiedad a esa hora, ni si realmente veía muy bien para tener en cuenta su testimonio, pero en lugar de poner en duda las cosas, se ponía en marcha para agilizar el trabajo. Eso de verdad le gustaba a Boruto. Como más cosas.

            – ¿De qué color era?

            – ¿Negro? Eh... no, espera, creo que era atigrado. Si, así como con rayas.

            – Boruto, con esa descripción no me alcanza. Muchos gatos atigrados pueden ser de varios colores. ¿Qué era, marrón? – y él negó con la cabeza. – ¿Gris? – tampoco. – ¿Anaranjado?

            – Si, anaranjado.

            – No existen gatos de esos colores. A menos que hayas visto un tigre.

            – Tal vez era un tigre.

            La joven de lentes perdió la paciencia y soltó una bocanada de aire, masajeando su sien con una sola mano.

            – Me estás tomando el pelo, ¿no?

            Boruto se rio.

            – ¿Cómo sabías?

            – Boruto – gruñó ella. – Me haces perder el tiempo.

            – ¿En serio? – la sonrisa de Boruto comenzó a desdibujarse hasta solo sobrevivir su mitad. Pero luego se recompuso con una mentira de risa jactante como si esas palabras no hubieran generado repercusión alguna en sus expectativas. – Siempre tan apurada.

            – No, no estoy apurada, quise decir...

            Él estaba mirándola detenidamente a los ojos. Casi que se le escapa el remordimiento por los labios. Pero se mantuvo así, contemplándola, preparado para escucharla. A pesar de todo, adoraba oírla. A veces lamentaba no haber hecho algo al respecto con esa afición por su voz. O por estar junto a ella.

            – Te estaba mintiendo. Estaba aquí haciendo tiempo porque mi papá dijo que vendrías, y esperaba cruzarte en el camino.

            Las pupilas de Sarada centellearon.

            – Pero ahora que acabo de decirte la verdad, creo que el secreto ha perdido sentido, ¿no?

            Los grillos sonorizaban la hierba fresca a sus pies. La noche se cernía por fin entre ellos desmantelando su oscuridad, ofreciendo única luz de luna y luciérnagas. Como era de costumbre, también soplaba la brisa mística de Konoha, acarreando hojas consigo. Diciendo en el sonido del viento lo que dos personas no expresaban con palabras.

            – Sarada...

            – Te he extrañado – soltó Sarada de repente.

            A Boruto no le alcanzaba con sonreír. Se sintió tan débil por un momento, tanto pero tanto tanto que tuvo que correr a ella y traerla hacia sí para que lo abrace. Se mordió los labios, creía que era un ambicioso por sentir que ya ni los abrazos eran suficientes. Hundió su cara en el hombro de Sarada y respiró profundo.

            – Lo único que pensé la última vez que te vi es cuánto tiempo faltaba para verte.

            – Yo no quería despedirme de ti.

            – Yo no debí irme.

            Finalizaron el abrazo, se soltaron. Sarada miró a Boruto con una sonrisa tímida.

            – Suena como un problema.

            – ¿Qué solución le darías? – quiso saber el chico rubio.

            – Quizás... podríamos vernos más seguido.

            – Me gusta esa idea.

            Sarada se acomodó un mechón detrás de su oreja.

            – Espero que me invites a esa investigación de shinjutsu que comentó mi papá...

            – Es una buena manera de comenzar. Podemos ir juntos.

            Después de tanta vacilación, con el brazo temblando como las cuerdas de una guitarra musical, Boruto tocó en una delicada caricia su mejilla para poder apreciar sus ojos con más intensidad y calidez.

            – ¿Recuerdas mi promesa?

            Sarada apoyó su mano sobre la que Boruto reposaba en su cara, acompañándola.

            – ¿Qué cuando yo sea Hokage, tú serías mi mano derecha?

            – Y que iba a esforzarme para protegerte.

            – Si, lo recuerdo.

            – Entonces, tenemos que estar juntos.

           

            Viernes por la noche, a metros de la entrada de Yakiniku Q, dos jóvenes esperaban a sus pretendientes paradas frente a una casa. De pronto, Chocho abrió los ojos como platos pataleando como una chica que iba a ver a su banda favorita, y Sumire veía, perpleja y sin palabras, a dos invitados agregados a la que se suponía sería una cita doble. Y aunque quisieron guardar apariencias llegando al lugar, simulando ir separados y hablando como siempre, como simples amigos, ambas llegaron a ver como Sarada y Boruto iban agarrados de la mano.