Chapter Text
Era un día cualquiera, la noche hacia su entrada triunfal trayendo el atardecer y el frio consigo. Me encontraba junto a la que he amado en secreto por tanto tiempo pero que nunca he podido demostrar mi afecto hacia ella, nuestra cita estaba llegando a su fin y súbitamente, capta mi atención con su voz elevada:
-Deberíamos dejar de vernos. – dijo firme, pero sin mirarme.
Me cayó como un balde de agua fría, estaba cortando conmigo. Súbitamente lo que me había retenido preso como un cobarde se esfumo, en la cara del rechazo mi máscara por fin se rompió y bajé a mis rodillas en una postura de súplica.
-Por favor no lo hagas, sé que he sido un imbécil todos estos años y que he tenido incontables oportunidades pero te prometo, que si me concedes esta última oportunidad haré todo lo posible para darte la vida que te mereces. Estoy consciente de todo el tiempo que he tenido para decirte esto pero… estoy enamorado de ti. – Levanté mi mirada para encontrarme con sus ojos afilados como una daga, que no mostraban más que ira y disgusto.
Cuando terminé mi discurso lastimero, todo se quedó en silencio y los segundos se sentían como horas completas, las miradas de la gente alrededor se sentían como estoques clavados en mi espalda, desviándose entre ella y yo, todos expectantes de una respuesta. Un minuto completo había pasado, mi espera me puso ansioso, mis manos inquietas mientras contemplaba el rostro de Rebeca, hasta que sus labios se movieron, gesticulando ira, tristeza, satisfacción, melancolía y alegría:
-Esperaste hasta el último segundo posible, no para decirme las palabras que he querido escuchar desde siempre, sino para pedirme más tiempo del que te he dado y que no podré recuperar. Cuando hablaste no fue para disculparte, ni para considerar como me siento yo; ¿Qué te hizo tener el coraje, para finalmente decirlo? ¿Fue el miedo al rechazo? Cuando yo te escribía para conversar contigo, me respondías cortante, que estabas cansado y no tenías ganas de hablar. Cuando salíamos siempre estabas con un aura deprimente y te querías ir en todo momento y yo, estúpida como siempre, lo soporté durante años; pero ya no. Ni siquiera me miraste mientras comíamos, ese fue el momento en que me di cuenta ¿Qué estoy haciendo? .Esperaba que sucediera este momento, pensando que todo cambiaría y me darías el amor y el cariño que siempre esperé de ti. Pero ahora que te veo, de rodillas, rogándome por una última oportunidad; me doy cuenta que todo será igual a como siempre ha sido, nada cambiará no importa lo mucho que intentemos tu no cambiarás, y yo ya he dejado muchas partes de mi para encajar contigo. Vete, lárgate de mí vista y nunca vuelvas a contactarme, no trates de hablar con nuestros amigos porque yo no estaré en las palabras que te digan, te esfumarás de mi vida como yo lo hago con la tuya y ni siquiera un recuerdo quedará más que este. Cuando por fin te diste cuenta, que ya no tienes tiempo. – Me miro directamente a los ojos, queriendo que el mensaje quedase clavado en mi mente. Cuando terminó de hablar, se sonrió a sí misma y dio la vuelta sin mirar atrás mientras se perdía en el mar de gente.
Por un momento escuché como el micrófono que dejó ir chocaba contra el suelo, como la tela de su teatro cerraba la función sin esperar aplausos. Yo de rodillas ante el sublime final, con el amargo sentimiento de saber que nunca más podré presenciar otra de sus obras, que el día de mañana me levantaré con este pesar y el sonido de la campana llevándome a la realización de que… todo se acabó y ella continuará con su vida, como si yo no hubiese existido en la suya; mientras que yo… me quedaré atrapado en este momento, pensando en lo que pudo haber sido si tan solo, hubiera hablado un momento antes, un minuto antes, pero ya de nada sirve, me ha olvidado y lloré. Sabiendo que no tengo derecho alguno de hacerlo, pero el velo que cubría mis ojos se esfumo y todos los recuerdos que tenía junto a ella pasaron en una rápida película a través de mis ojos, para aterrizar en los baúles del olvido. Me di cuenta de cuan injusto fui con ella todos estos años, pensé en acabar con mi vida en ese preciso instante pero dije eso no sería justo para ella, debo sufrir lo que le hice sentir todo este tiempo; y la campana sonó de nuevo, ya no le importa, no le importa lo que haga a partir de ahora… YO ya no le importo.
La gente que miraba se disolvió en una brisa de la noche, nadie se acercaba a mí porque el espectáculo había terminado y ahora me cubrían con una muralla de indiferencia, el único que sentía algo hacía mí era yo. Entonces me quedé arrodillado en medio de la multitud, esperando que todo haya sido un sueño, mientras una solitaria lagrima se deslizaba por mi mejilla.
